El arte de la belleza

El arte de la belleza

Sombra aquí, brillo allá, peinado perfecto y… ¡oh! ¿qué es esa herida sangrienta que te ha salido en el pecho? No, no hemos cometido ningún delito, pero hemos estado hablando con unos profesionales que lo mismo os dejan más guapos que Brad Pitt en su mejor día, que os crean una caracterización con la que no os reconocería ni vuestro mejor amigo de la infancia. Os vamos a hablar del arte de la belleza y de cómo la crean y modelan a su antojo Kike Franco y Manuel Sin

Manuel Sin y Kike Franco, directores y profesores en Global Makeup Academy

Manuel Sin y Kike Franco, posando sonrientes en Global Makeup.

Global Makeup nace hace siete años por iniciativa del zragozano Kike Franco, que comenzó su carrera en el mundo de la estética hace 30 años. “Tenía mi centro de peluquería y de belleza; luego me fui inclinando al mundo del maquillaje y comencé a trabajar con marcas de moda y de perfumería”, acabando en el departamento de formación de una multinacional de perfumerías en la que trabajó once años. 

Kike Fraco, maquillador profesional, director y profesor en Global Makeup Academy

Kike Franco, brocha en mano, pensando qué colores irán mejor para maquillar este otoño.

Con esa experiencia pensó: “por qué no crear una escuela en la que formar a personas interesadas en aprender maquillaje profesional” y unió fuerzas con el grausino Manuel Sin, que se decantó por la caracterización, para ponerla en marcha. Ambos habían detectado que en Aragón existía un “hueco” para impulsar un proyecto que combinara la estética profesional y la formación y que se adentrara en ámbitos como el audiovisual, la televisión o el teatro, además del maquillaje de tipo social para las BBC y las fiestas. 

Manuel Sin, director y profesor de Global Makeup Academy

Manuel Sin, muy concentrado retocando la nariz a este señor de blanca mirada.

Manuel recuerda que se sumó al proyecto, pero con la idea de dedicarse a algo que le divirtiera, como es la caracterización. Vinculado al mundo del arte, reconoce que se divierte más “haciendo una escultura para después hacer positivos y negativos hasta convertirlo en una prótesis”, trabajando con esa construcción y modelado, por lo que Global unió la pasión por las artes plásticas de Manuel y el mundo de la belleza de Kike.

No obstante, estos profesionales de los pinceles continúan “en constante formación”, porque las técnicas evolucionan y “es necesaria una especialización continua” y estar al tanto de las tendencias. Sí, sí quieres estar on ya puedes conocer lo que es trend. 

UNA CASUALIDAD 

En el caso de su relación con el audiovisual, fue fruto de la casualidad. “Fue estar en el sitio adecuado y escuchar a una persona que decía que tenía un rodaje, pero no tenían maquilladores”, señala Manuel. Aquí todos nos sentiremos representados, porque ¿quién no ha hecho oreja de conversación ajena mientras espera en una fila para algo? Pues ellos, sin cortarse ni un pelo, se ofrecieron a socorrer al que resultó ser un grupo de alumnos de audiovisuales del centro de formación CPA que tenía que preparar un trabajo algo especial. 

“Fue un reto porque querían caracterizarse como sus profesores para hacer un vídeo parodia que se proyectaría en una ceremonia y tenían que ser igual que ellos”, rememora Manuel. Unas fotos de Facebook después y algunas explicaciones de los jóvenes convirtieron a los alumnos en sus maestros y, de ahí, empezaron a surgir proyectos audiovisuales para Global Makeup.

Kike Franco y Manuel Sin, directores de Global Makeup

Kike Franco y Manuel Sin, el alma de Global Makeup, pensando en las muchísimas preguntas que les hemos hecho para esta entrevista.

“Hemos participado en cantidad de trabajos audiovisuales y en cosas muy chulas”, afirma Kike, al recordar que trabajaron con una empresa de formación para profesionales del sector de la seguridad en la que debían caracterizar a actores que representaban un accidente en unas prácticas para estos trabajadores. “Tuvimos que hacer heridas del cuello al abdomen, las causadas por explosiones, de todo, y ponerlo en escena preparando al actor para que lo curen” y reconstruyendo después todo para el siguiente grupo, por los que era un trabajo muy real y que precisaba de gran agilidad en la reconstrucción de las heridas. 

En este sentido, Kike apunta que el maquillaje entra en facetas a veces desconocidas, como puede ser este tipo de prácticas que necesitan de veracidad en las heridas. De hecho, ha sido uno de sus trabajos más complejos porque los alumnos cuando rescataban o curaban al herido “destrozaban todo el maquillaje y había que hacerlo de nuevo en un breve tiempo”. 

Otro reto complicado fue la prótesis que Manuel tuvo que crear para el documental ‘Sangre real. Los orígenes del Reino de Aragón’ de Aragón TV, que el actor debía llevar en el pecho, sin rasurarle, y tenía que sangrar en el momento en que le arrancaban una flecha, lo que llevó a Manuel a situarse agachado con un tubo y una jeringuilla para lanzar la sangre cuando le daban la señal. 

TODO TIENE SU MIGA 

Entre sus últimos trabajos se encuentra la película ‘Planeta 5000’, de Carlos Val, que ha sido para Global Makeup su primer largo y en la que trabajó el profesor de la academia Javi Maure. En cortos, han participado en ‘La marca’, de Natalia Gomara, y en el rodaje de ‘Las luces del amanecer’, de Sadie Duarte, así como han trabajado en teatro, galas, televisión, videoclips… 

Prótesis elaborada por Manuel Sin

Algunas de las creaciones de Manuel Sin.

“Cada experiencia es diferente y tiene su miga, por sencillo que pueda parecer, porque todo lleva un trabajo previo, una preparación”, detalla Kike. ¿Y peticiones raras? Pues también, claro: “me han encargado hasta unos testículos” para una web serie, asegura Manuel. También un pene y, en el capítulo de cosas menos subidas de tono, una barba de Papa Noel para un abuelo que quería sorprender a sus nietos; esculturas de recuerdo y peticiones de lo más variopintas, como la cabeza de un T-Rex. 

En su labor como academia de formación ofrecen cursos de todas las especializaciones, entre los últimos que imparten, cursos cortos de manicura de gel y porcelana y de peluquería de plató. “También estudiamos maquillaje y peinado de época, nuestro objetivo es dar muchas herramientas a los alumnos para que luego en su vida profesional puedan abordar todos los temas que se le presenten”. 

CALIDAD 

En uno de los últimos cortos en los que han participado, ‘Las luces del amanecer’, de Sadie Duarte, maquillaron a la actriz Ana Soro con un maquillaje clásico de los años 40-50, “muy ligero y pulcro”, así como al actor Cotton Filgaira le aplicaron un maquillaje perfeccionador, ambos con peinados basados en la misma época, con tupés y un estilo rockabilly.  

“Usamos un maquillaje perfeccionador para que la piel quede homogénea, pero natural, sin brillos ni sombras”, precisa Kike, agregando que en estos casos se aplica un maquillaje correctivo, que hace que la persona no se vea maquillada, pero que quede bien en cámara. 

“Si te pasas se ve y si no llegas queda mal”, reflexiona. Vamos, que delante de las cámaras siempre con maquillaje, amigos, y si es para televisión uno que sea mate y perfectamente sellado, para que los focos no distorsionen vuestra belleza. Si lo vuestro es la gran pantalla tiene que verse natural y si optáis por rodar algo en blanco y negro, tenerlo en cuenta también porque los tonos de los colores se transforman. 

“El maquillaje le da calidad visual a un trabajo”, concluye Kike Franco, y estamos plenamente de acuerdo, así que si vais a rodar algún proyecto audiovisual ya sabéis: ¡poned un maquillador profesional en vuestra vida!

«Actuar es el oficio más bello, ser otras sin dejar de ser tú»

«Actuar es el oficio más bello, ser otras sin dejar de ser tú»

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Divertida, inteligente, fuerte, generosa, emotiva, paciente y libre. Estos, y otros muchos rasgos, transmite Luisa Gavasa a quien tiene la fortuna de pasar un rato junto a ella para conocer su historia y su trayectoria. Multipremiada, y bien merecidamente, lleva a Aragón y a su Zaragoza natal en el alma y expresa su amor hacia esta tierra siempre que puede. 

Aunque estudió filología, siempre quiso ser actriz y desde muy joven comenzó a trabajar de manera profesional en un oficio que considera a veces “duro y cruel”, pero que es para ella el trabajo “más bello”, ya que le permite ser otras, sin dejar de ser ella misma. 

Reivindica Aragón como tierra de cine y se felicita de que cada vez más mujeres lleven una cámara al hombro y pasen a realizar largos, cortos, series y documentales. “Ya era hora de que nos tomaran en serio”, recalca.

Vamos con el ‘Secuenciando a… Luisa Gavasa’

Luisa, has recibido este año el Simón de Honor de la Academia del Cine Aragonés, ¿qué sientes al recibir este premio de tus compañeros?

Aunque parezca una redundancia, siento honor, que es una palabra muy bonita porque se usa poco, el honor, así que estoy muy agradecida. No es el primero que tengo, tengo dos, por actriz por las películas de Paula Ortiz, ‘De tu ventana a la mía’ y ‘La novia’, y siempre estoy recibiendo premios de mi ciudad y este es muy importante porque es el premio de la Academia aragonesa y es un honor. 

No es el primer premio que recibes de la ACA ni la primera vez que te sientes reconocida en tu ciudad, también has sido pregonera y has podido sentir en otros momentos plenamente el cariño de los tuyos 

Sí, yo creo que no hay una actriz aragonesa, y lo digo no desde la vanidad, sino desde la certeza, con más premios en Aragón, me han dado premios en todos los festivales de Aragón y yo creo que de las tres provincias, soy Hija Predilecta, que es otro honor, he sido pregonera y también he dado las campanadas, que ahora pienso que para darle la bienvenida a un año tan tremendo si lo se me quedo en mi casa, pero bueno en ese momento no podía prever la que se nos venía encima. Soy profeta en mi tierra, pero es verdad que ya no son los reconocimientos oficiales, que está muy bien, lo que me gusta es la calle y se cómo me tratan, cómo me quieren y cómo me regalan y me abrazan y eso no hay premio que lo equipare. 

¿Cómo fue tu infancia y tu vida en Zaragoza?

La Luisa de la infancia era una niña profundamente feliz, vinculadísima a mi único hermano, vivíamos en una casa en el paseo de Echegaray, en una casa con entrada de carruajes, enorme, con un patio dentro donde jugábamos. Mi abuelo tenía un conserje que tenía un nieto y estábamos Joaquinito, mi hermano y yo, los tres que éramos como la pandilla. He sido una niña muy feliz, muy querida y muy deseada; primera hija, primera nieta, primera sobrina, en un entorno socioeconómico bueno, con lo cual afortunadamente no se lo que es privarme de no poder acceder a algo o no poder estudiar lo que quería.

La vida ha sido generosísima conmigo desde el minuto cero, desde que me da un lugar de nacimiento en el que hay una librería y una biblioteca donde puedo acceder a todo, nadie me dice este libro no se lee o tienes que hacer esto. Tuve un padre que venía de la República y que me enseñó a amar la paz y la justicia por encima de todas las cosas, una madre universitaria, culta y deportista que me enseñó a ser libre y a que una mujer era libre cuando se mantenía por ella misma, que me habló de amor y de sexo, de cuando un hijo se quiere tener y cuando no se quiere tener.

Todo ha sido una consecución, más la suerte añadida de vivir con unos abuelos, como mi hermano y yo éramos chico y chica, para mi abuela y mi madre mi hermano era el favorito y para mi padre y mi abuelo yo era el ojito derecho. Era una casa muy abierta, mis padres era gente que le gustaba que los amigos vinieran, en mi casa nunca se ha hecho distinción ni por sexualidad, ni por color, ni por nada. Todo el mundo era recibido y esos valores te marcan para toda la vida, te dan una seguridad y cuando dije que quería ser actriz y que la filología ahí la dejaba, ellos me dijeron que ahí estaban para apoyarme. Cuando tienes todo eso vas muy segura por la vida, yo lo he ido siempre, incluso en los momentos difíciles de no tener trabajo o de no tener dinero, que también me ha pasado, pero he ido siempre con esa seguridad de haber tenido esos padres-roca, siempre les doy las gracias

¿Hasta qué edad viviste en Zaragoza y dónde fuiste luego?

Hasta los 23, me fui a Barcelona porque me salió trabajo como actriz profesional por primera vez en mi vida. Yo venía de la mano de Mariano Cariñena, que siempre lo nombraré porque me abrió la mano para el teatro, un ser maravilloso, que solamente los que hemos trabajado con él sabemos el honor de haberle conocido. Me fui a Barcelona a hacer teatro universitario, aprendí catalán, que es un idioma hermosísimo, y de ahí me fui a Madrid llorando porque yo no quería dejar el mar, pero tenía que ir a Castilla, aunque quería quedarme en esa Barcelona de los 70, que era Europa, mientras Madrid era un pueblo y Zaragoza entonces ya ni te digo, era provincia, la Academia General Militar y el Pilar, era entonces una ciudad muy reducida, con todos mis respetos a ambas cosas. 

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¿Estudiaste Filología? 

La filología viene por mi amor a las letras, a las palabras y a los libros. De hecho, yo hubiera estudiado literatura pura, pero en ese momento mi hermano se iba a estudiar económicas a Valencia y podría haber preguntado, pero pensé que sería demasiado para mis padres los dos hijos que se van de golpe, y me quedé en Zaragoza. Trabajaba en radio, hacia teatro, y estudié filología inglesa, aunque empecé con hispánicas, pero era muy árida, y pasé a inglés. Solo doce acabamos la promoción y en el 74, que fue cuando terminé, me fui a vivir a Barcelona dos años, en el 76 ya estaba en Madrid

Además, me matriculé en primero de Periodismo, pero en ese intervalo me fui a Barcelona, conocí a Ricard Salvat y a su familia, me ofreció trabajo como profesora de teatro y lo dejé. En todas partes pone que he estudiado periodismo y no es cierto; también se dice que fui a estudiar a Nueva York y tampoco es cierto, allí he ido de turista. 

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?, ¿cómo empieza tu carrera?

Por la puerta grande, siempre he tenido mucha suerte. Con Miguel Narros en el Teatro María Guerrero, un montaje precioso, después Marsillach con ‘Las arrecogías’, de ahí viene mi amistad con María Luisa Ponte, con Pilar Bardem, somos amigas desde entonces. Era entrar en un mundo que seguro que desconocen los chicos ahora de veinte años que se creen muy actores porque salen en una serie de éxito, que encuentras cada tontería por ahí, pero la vida se encarga de espabilarnos a todos. Concha Velasco era la protagonista y ahora cuando nos encontramos le digo “Conchita” y ella me dice “ay cariño, eres de las pocas que me llaman Conchita”, pero yo la conocí así con 26 años. Hacíamos doce funciones por semana, allí conocí también a Carmen Linares, que entonces era una chica que cantaba. 

Marsillach hizo un montaje espectacular y yo salía todos los días tarde y noche a ver a María Luisa Ponte. ‘Las arrecogías’ era un beaterio donde estaban metidas prostitutas, políticas, monjas, y María Luisa Ponte hacía de una puta que se llamaba ‘Chirrina la de la cuesta’ y Marsillach había hecho una escenografía maravillosa, había un pilón y ahí estaban las presas y María Luisa y de pronto sonaba un tiro y se hacía un silencio y María Luisa pasaba de la comedia al drama en un plis plas y en todo un teatro lleno que estaba a carcajada se hacía un silencio y yo pensaba que tenía que aprender a hacer eso. Ella me preguntaba que qué hacía y yo le decía que aprender, porque así se aprende. De ahí nació una amistad que duró hasta que se murió. 

Te hemos visto en muy distintos papeles, en todos los géneros, teatro, televisión y cine, ¿te sientes especialmente cómoda en algún género o formato?, ¿qué te aporta cada uno? 

Es un tema de personaje, si el personaje es bueno me da igual que sea en televisión que en cine. Teatro ahora hago menos porque me están llamando más para audiovisual, pero yo creo que la clave es el personaje, a veces hay un secundario que tiene muchísimo más peso que un protagonista, que tiene más carne, que te deja huella. Yo tengo un armario donde hay ciertos personajes puestos. 

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Háblanos de algunos de esos personajes

Siempre sale la madre de ‘La novia’, es el personaje más duro de mi vida, el más difícil el rodaje, en el que más puse y el que más me ha dado; pero hay más. La Loreto de ‘Amar en tiempos revueltos’; la dama del mar de Ibsen; el teatro con Mariano Cariñena, en el que había una obra en la que tenía que salir a cantar con La Bullonera, pero ellos tenían exámenes y no vinieron, lo grabaron en un casete y como entonces era una inconsciente de 22 años, ahora no lo haría ni loca, plantada en medio del escenario cantaba a pelo con la música que salía del hilo musical. 

Cuando uno elige una profesión, cuando eres muy jovencito no eres consciente de que es tu vida o va a ser tu vida, creo que elegir lo que tu amas por encima de todo, aunque te arriesgues porque este oficio es duro, es cruel y no siempre sale bien, pero al menos hay que intentarlo, porque para mi es el oficio más bello, ser otras sin dejar de ser tú. Yo he sido reina, puta, loca, monja, buena, mala, asesina, qué suerte que encima me pagan, me aplauden, me paran y me piden autógrafos. Es muy gratificante. 

Mencionas el personaje de la madre en ‘La novia’ con el que ganaste un Goya…

Un Goya, un Feroz, el premio de la Unión de Actores, dos Simones… Me lo dijo Luis Alegre, que yo no lo sabía, que era la primera actriz española que se había llevado los cuarto premios de cine en la misma temporada. 

¿Qué supuso ese año para ti?

Que el mundo del cine me abría la puerta y eso se lo debo a Paula Ortiz. Yo era una actriz que trabajaba, pero la puerta grande me la abre Paula con ‘La novia’ y de ahí paso a trabajar con Medem, con Garci, con Fesser, con Villaronga que ya habíamos trabajado. 

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¿Hay algún rodaje que recuerdes especialmente? 

Por risas ‘Miau’ porque con Manuel Manquiña, Álvaro de Luna y José Luis Gil me lo pasé… bueno, bueno… Era la única chica, me llevaban en palmitas y nos lo pasábamos los cuatro… Y Manquiña está como las maracas, es uno de los seres más maravillosos que yo me he encontrado. 

En ese rodaje me lo pasé muy bien y el que peor lo he pasado en mi vida fue ‘La novia’ porque se nos iba todo: tenía que llover, hacía calor; tenía que hacer calor, llovía; tenía que llover, hacía un aire de la leche; se cortó el rodaje en mitad de la película; se mató Alex Angulo; tuve una secuencia tremenda, que era ver a mi hijo muerto y como hubo que cortar el rodaje una parte estoy con el hijo muerto y en la otra estoy mirando una piedra y volver a retomar una situación emocional tan alta, después de un mes, con una piedra… ¡Cómo no me van a dar un Goya! Me lo gané (ríe).

Cuando Paula me mandó el guión me pidió que no lo leyera hasta que ella me dijera y yo lo tenía en la mesilla y me preguntaba ¿y no lo leíste?, y no, yo soy muy disciplinada y Paula me dijo que no leyera y ahí estaba hasta el día que me dijo que empezara a memorizar y así lo hice, memorizaba todo menos el final, cuando llega la novia con mi hijo, que era como si me pasaran una goma de borrar, no podía y pasando el texto me puse a llorar como una loca y decía “¡mi hijo, mi hijo!”. Me di cuenta de que ese personaje me sacaba el temor atávico que tenemos todas las madres sobre nuestros hijos, no hay nada más horroroso para una madre que la muerte de su hijo y cuando me di cuenta me pude aprender el texto. Fue asumir que lo que me producía el espanto de que a mi hijo Pablo le pasara algo y a partir de ahí pude aprenderme el texto. 

¿Qué esperabas de este segundo trabajo de Paula? 

Ya sabía que iba a hacer la madre, pero esperaba conseguir un sueño, porque Lorca es universal y la madre, es la madre, estamos hablando de literatura universal, de un arquetipo que todo el mundo se ha hecho una idea; todos teníamos mucho miedo, un sentimiento de responsabilidad y al mismo tiempo un concepto de equipo de sacar el trabajo hacia adelante y se sacó contra viento y marea. Nos dejamos la piel todos, la primera Paula, fue un rodaje duro; también nos reímos mucho; fue el último rodaje de mi queridísimo amigo Carlos Álvarez Novoa, que no pudo ni ver la película. Me ha pasado con dos, con Álvaro de Luna que no pudo ver ‘Miau’ y con Carlos Álvarez Novoa que no pudo ver ‘La novia’. Fue un palo, eran actores maravillosos, gente maravillosa. 

Te vemos trabajar mucho en Aragón, después de haberte tenido que marchar a trabajar fuera en tu juventud, ¿qué sientes al poder volver y rodar en Aragón y en tu ciudad? 

Es una gratificación porque estaba un poco harta de que hubiera ETB, con todos mis respetos, TV3, las del Sur, Canal Nou y que en Aragón no tuviéramos nunca una televisión que hiciera ficción. Por fin, es volver a casa, a los padres, al río, a las jotas, a todo lo que antes no me importaba y ahora me doy cuenta del peso tan profundo que tienen en mi memoria y en mi alma. 

¿Sueles volver muchas veces al año a Zaragoza, no solo por motivos de trabajo?

Ahora menos, porque solo me quedan unos primos y una gran amiga, pero como me llaman para tantas cosas. En octubre vuelvo porque se presentan unas películas mías en la Filmoteca y vengo a presentarlas. Mi representante, Alberto Bongiorno, siempre me decía: “ya has oído Aragón TV, ya has perdido el culo” y yo le decía: “pues chico, sí” (ríe). Falleció hace unos meses y fue un palo muy grande, ha sido un compañero de vida profesional maravilloso, llevábamos casi 25 años y era el tío de mis nietos, el hermano, el confidente, el cómplice, el amigo y un ser maravilloso, que amaba la vida por encima de todas las cosas. Y en 26 días falleció por un tumor cerebral, le pude acompañar y recuerdo que siempre me tomaba el pelo con que perdía el culo si me llamaban de Aragón

“Un corto, que no te van a pagar, pero claro, como es de Aragón te da igual”, me decía, y es verdad. Me llamaron hace poco para hacer un vídeo de turismo de Teruel, les dije que no pensaba cobrar en estos momentos en que está pasando lo que está pasando, que me negaba a cobrar, es un tema de solidaridad con mi tierra. Luego la vida siempre te devuelve, además, y me llamaron también para que leyese el texto en el acto de homenaje a las víctimas del Covid y fue un orgullo que me eligieran para ello. Amor con amor se paga. 

Esta semana vuelvo a Zaragoza porque se proyecta en la Filmoteca, tras el Simón de Honor’, ‘La novia’, ‘De tu ventana a la mía’ y ‘Miau’ está organizado por la Academia del Cine Aragonés y son los días 14, 15 y 16 de octubre. También así daré la “tetadica” y con mi hijo vemos que al cruzar la frontera en Aragón nos vienen palabras que en Madrid ni se nos ocurren: chipiada, espesa, palabras que en Madrid no me salen habitualmente y las salmueras que en Zaragoza me apetecen. 

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¿Has actuado alguna vez en inglés? 

Hice una prueba para una serie no hace mucho, estando aquí trabajando en ‘El último show’, que no salió, pero al menos me llamaron desde Hollywood para hacer un casting en inglés, creo que para una serie de Bayona. He trabajado en francés y he hecho teatro en catalán.  

¿Cómo ves el panorama audiovisual aragonés en la actualidad? 

Mal, pero mal porque estamos en un momento en que no se puede ver nada bien. El Covid ha paralizado todo, todos los proyectos que tenía este año se han ido, se han caído, se han pospuesto. Yo ahora tengo dos cosas, de apoyo a la Casa de la Mujer en Zaragoza contra la violencia de género, que está pospuesta, ruedo una película en noviembre en Barcelona. Teóricamente el panorama está bien, lo que no está bien son las circunstancias que rodean al panorama, se están dando cambios de guión para que la gente mantenga las distancias, es muy complicado. La que ha organizado este virus es muy gorda, el dinero que está costando en todos los campos. Hay gente que se ha arruinado, si ya tienes una profesión que solamente vivimos de ella el 9 por ciento, el resto sobrevive, viene una cosa de estas y hay gente que se ha arruinado, que no tiene ni para pagar el alquiler. 

El audiovisual aragonés sí estaba viviendo un buen momento, con muchos proyectos y calidad…

Yo puedo hablar de lo que he hecho, que fue ‘El último show’, una realización por parte de Alex (Rodrigo) y del equipo de plató extraordinaria, el tema de arte, maquillaje, peluquería, muy bien. Nada que envidiar a lo que se hace en Madrid. Aragón es tierra de cine y una cosa que me gusta mucho es que cada vez hay más mujeres con una cámara al hombro y realizando; ya no solamente las chicas son maquillaje y peluquería; ya era hora de que se nos tomara en serio

Reseteando la pandemia

Reseteando la pandemia

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Siete cineastas aragoneses y una pandemia mundial. Podría ser el inicio de una película taquillera, ¿verdad? Aragón TV lo tuvo muy claro y encargó a la directora Vicky Calavia que coordinara un largometraje en el que siete realizadores, siete caras muy conocidas del audiovisual aragonés, contaran al público su visión personal sobre el confinamiento, la pandemia y la nueva normalidad. 

Esta apuesta se ha convertido en la película ‘Reset’, en la que un hilo invisible une las historias de los muy grandes Pablo Aragüés, Alejandro Cortés, Ignacio Estaregui, Javier Macipe, Nata Moreno, Pilar Palomero y Gaizka Urresti. Un flechazo en los tiempos de la mascarilla y la distancia social; racismo en la época del covid; las andanzas de un titiritero que regresa a los escenarios; la importancia de vivir el presente; una compañía teatral que deberá decidir su futuro; cómo el distanciamiento ha afectado a las personas, especialmente a los mayores; y las vivencias de una familia saturada de compatibilizar teletrabajo y tele-estudiar. Os suena todo, ¿verdad? 

Y muchas sorpresas, con algunos directores que se atreven delante de las cámaras, cortos en blanco y negro, falsos docus, ficción. Un planazo atractivo desde el minuto uno que podremos ver este domingo, 11 de octubre, a partir de las 21:20 horas en Aragón TV, tras su preestreno este martes en los Cines Palafox de la capital aragonesa.  

Todo ello capitaneado por la directora Vicky Calavia que cuando recibió la llamada de Aragón TV se mostró “encantada” de coordinar este proyecto y de “poder ayudar de alguna manera” en esta peli. “Me ha gustado mucho hacer de agente cultural y que el público pueda ver todos los proyectos”, explica a Secuenciadas. 

“Estamos viviendo algo histórico y una nueva normalidad tan apabullante”, observa Calavia, destacando que este largometraje recupera la fórmula de ‘París, je t’aime’, convirtiéndose en una especie de ‘Aragón, je t’aime’ para hablar de lo que estamos viviendo en un año que, cuando termine, no pasará a estar entre nuestros cinco favoritos. Eso os lo aseguramos desde ya. 

Acompañándola en esta aventura encontramos también a Carlos Navarro, que se ha encargado del etalonaje final del largo, de darle un aspecto cinematográfico, pero manteniendo la esencia de cada corto, respetando la libertad que cada director tuvo a la hora de contar su historia. 

Pero, ¿de qué van los cortos y cómo han trabajado los realizadores? 

Pablo Aragüés – ‘Runners’ 

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Es algo que nos propuso la propia televisión, me contó el proyecto y me pareció que era una cosa que estaba muy bien, era una muy buena idea contar una visión de la pandemia con un punto de vista aragonés y, sobre todo con un punto positivo, optimista, porque estábamos saturados de drama cotidiano. Nos dieron libertad para elegir qué contar y cómo contarlo y yo llevaba un tiempo queriendo hacer algo sin diálogos, de dos personas que se cruzan, se miran, pero no hablan. Quería contar la historia solo con imágenes y tan apenas diálogos

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No, la verdad es que no. Durante la pandemia sí que he ido pensando cosas, trabajando en una serie que a ver si se puede desarrollar, pero es una cosa que nos ha pillado a todos tan de sopetón que no sabes tampoco como enfocarlo porque el problema es que a toro pasado es muy fácil contar las cosas, pero cuando no sabes cómo va a acabar tienes que tener mucho cuidado con qué contar y cómo contarlo.

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Son dos runners que se cruzan todos los días en el Parque Grande de Zaragoza, un chico y una chica que van corriendo en tiempos de mantener la distancia social y de mascarillas. Se cruzan, pero no hablan y tan apenas se ven los ojos y es un poco cómo se relacionan dos personas así y si lograrán relacionarse más allá de las miradas y la distancia social o no.

¿Quiénes aparecen en el corto?

Los actores son Irene Ferrándiz y Rubén Martínez, hay alguna figuración, pero los protagonistas son ellos y llevan toda la historia. Como Aragón TV está detrás del proyecto tuvimos acceso al archivo universal de música y me pareció interesante poder contarlo con música clásica y que la música fuese también un personaje más. 

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Rubén Martínez e Irene Ferrándiz viven encuentros fortuitos en el Parque Grande de Zaragoza. Love is in the air.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

-En el Parque Grande de Zaragoza, principalmente en el paseo de los Bearneses, y se rodó durante dos días y un par de mañanas más que estuvimos en el parque rodando a la gente cuando iba pronto a trabajar y a correr.

¿Cómo fue el rodaje?

Fue muy bien, es una pena porque queríamos haber metido algún vehículo en el parque para poder hacer algunos planos, pero no pudimos, no nos dejaron, pero nos apañamos. Tuneamos un cochecito de bicicletas del parque, lo apañamos para poder poner la cámara y demás y fue una experiencia curiosa, la verdad. Yo ya había rodado otras veces en el parque y en general siempre ha salido muy bien.

Yo operaba la cámara, lo llevo haciendo desde hace tiempo porque me permite estar un poco cerca del actor. En este caso, me parecía que aportaba mucho la manera de trabajar y también como los equipos ahora con lo del Covid tienen que ser pequeños, pues facilitaba el tema de que fuéramos pocos.

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Pablo Aragües improvisando un travelling out, graba al actor Rubén Martínez en su faceta de runner.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

No lo he pensado, la verdad. Es una historia de comedia, con cierto punto de ironía. Es necesario normalizar estas cosas que hay en la nueva normalidad y verlas con un punto de humor, si ya es difícil relacionarnos de por sí de una manera normal, en un entorno normal, en esta nueva normalidad es más complicado, no te ves la cara, no te puedes acercar; creo que la clave está en eso, en darle un punto de comicidad.

Alejando Cortes – ‘La nueva normalidad’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Me llamaron para participar en el proyecto, me preguntaron si me gustaría dirigir un texto escrito por otra persona, en este caso Alex Rodrigo y me gusta mucho escribir para que dirijan otros y dirigir lo que escriben otros.

Alex y yo comenzamos a trabajar juntos con el intercambio de ideas iniciales: de qué queríamos hablar, qué temas nos interesaban y enseguida nos pusimos de acuerdo.

Alex empezó primero a mandarme sinopsis, luego la escaleta del guión y, conforme avanzábamos y corregíamos las versiones, encontramos un punto en común en el que yo me sentía súper cómodo para dirigir la historia. Los dos teníamos en mente hablar sobre los rebrotes de odio y de racismo como algo casi tan peligroso como los rebrotes de la enfermedad, de ahí partió todo. 

Teníamos la necesidad de contar también qué nos pasaba a nosotros que habíamos estado encerrados y sin poder trabajar en equipo y pensé que era el momento perfecto para este proyecto porque nos anima a hacer cine, que es un arte colectivo, y que es justamente lo que no habíamos podido hacer en casa. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

Tenía como ideas sueltas que no terminaban de tomar cuerpo porque la realidad evolucionaba tan rápido y cambiaba tanto, cada vez a peor, que muchas veces la realidad superaba las expectativas de la página en blanco. Lo que más me motivo a seguir adelante fue hablar sobre algo histórico como lo que nos está ocurriendo. Nos va a quedar algo chulo, diferente y cada punto de vista de las siete piezas será distinto e interesante, cada una en su estilo. 

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Habla de un ambiente rural en una población imaginaria donde tiene lugar una infección de coronavirus dentro de un centro de menores extranjeros y de una niña que intenta huir en un contexto hostil. 

¿Quiénes aparecen en el corto?

Es un equipo casi todo aragonés, en el que hemos contado con tres personajes jóvenes, de los cuales los dos chicos son aragoneses (Luis Herbella y Hugo Grimalt), están Rubén Martínez, Laura Gómez-Lacueva, Salomé Jiménez y Habana Rubio, que interpreta a la niña extranjera. El resto son extras y figurantes también de la tierra. Además, Usha Jadhav, que fue premio nacional de cinematografía como mejor actriz en la India, colabora de manera especial. 

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La actriz Habana Rubio, en el corto, pasea por las calles de Fuentes de Ebro mientras se cruza con un perrete.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se rodó en tres días en Zaragoza, Fuentes de Ebro y en otras localizaciones.

¿Cómo fue el rodaje?

Fue muy interesante porque aplicar los protocolos que se tienen que llevar a cabo en un rodaje por el Covid implica un 20 o 25 por ciento más de tiempo para cada toma y eso en una pieza como la nuestra que tiene tal cantidad de planos, llegamos a hacer 15 o 17 planos por día, es apurar muchísimo los tiempos. Intentamos hacer en las primeras tomas, con ensayos previos, el mejor resultado posible. Era como dirigir cuando hacía mis primeros cortos en 16 mm y en 35, como pensar que se te acababa la película, que tenías que hacerlo en las primeras tomas para poder llegar, como cuando el cine era analógico.

El equipo se redujo en lo posible, pero por la historia había un número de personas mínimo que tenía que estar, dirección, fotografía, sonido, producción, arte, vestuario, maquillaje y peluquería. Fue todo muy complejo y con el equipo indispensable para conseguir un resultado de calidad.

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Alejandro Cortés todo motivado en la vuelta a la nueva normalidad de un rodaje.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Creo que se van a sentir identificados, nuestra historia no va de buenos y malos, de blanco y negro, hay que darse cuenta de que no hacer nada implica ponerse del lado del intolerante, eso sí, y los personajes que aparecen en el corto son gente con la que te puedes identificar que puede tomar buenas o malas decisiones. Me parece que eso va a generar empatía, que a la gente le va a gustar mucho y creo que el ritmo de cómo lo contamos a la gente le va a enganchar. 

Ignacio Estaregui – ‘Astillas’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

A principios de mayo, durante el confinamiento, nos llamó la televisión y nos presentó la propuesta a diferentes autores: participar en esa mirada sobre lo que estaba pasando, sobre el confinamiento y la nueva normalidad que se avecinaba de manera inmediata. Querían dejar una especie de legado, sobre cómo se vivió ese momento. Fui uno de los autores elegido y yo encantado, era un honor que me llamasen.  

Había que crear un corto de unos doce minutos, dando una visión, cada uno la suya personal, pero regida por un patrón de cierto optimismo y que reflejase la situación que se estaba viviendo. 

Yo estaba en mi casa escribiendo, no tenía un rodaje inminente, estaba moviendo otro corto y que me llamaran es un honor y una responsabilidad también. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No, estaba escribiendo un largometraje que no tiene nada que ver y no pensaba hacer nada en concreto. Al principio me costaba un poco más centrarme y seguir escribiendo ese guión en el que estaba involucrado y cuando vi que otros artistas a nivel musical y audiovisual tomaban iniciativa de hablar sobre el tema yo no sentí esa necesidad, aunque en el momento en el que te llaman se genera y no hay quien la pare. 

El guión es mío, la historia es mía y viene un poco de la idea de contar que el momento en el que estábamos, recién terminado el confinamiento, era el de la incertidumbre de la vuelta de los espectáculos y de la cultura en general. Al mismo tiempo era conocedor del magnífico trabajo del actor y titiritero Javier Aranda, del que soy total fan, y vi la oportunidad de fusionarlo en esta historia que quería contar.

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

La historia sigue las andanzas de Javier, un titiritero que emprende una gira por pequeños pueblos durante la nueva normalidad. Él se enfrenta a los espectáculos de nuevo teniendo que llevar un gran vacío dentro que es el que le provoca la ausencia de un ser querido.

Fue curioso, porque preparando el personaje Javier tuvo como un ensayo general dado que actuó en la casa del circo justo antes de grabar el corto, el último fin de semana de junio. 

¿Quiénes aparecen en el corto?

Javier Aranda es el protagonista principal, es su historia, y se va encontrando en el corto con diferentes personajes: un guardia civil, el alcalde de un pueblo, la concejal de cultura, una espectadora. Todos son gente de Bujaraloz e interpretan a personajes muy próximos a ellos en la vida real. 

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Uno de los protagonistas de cartón del espectáculo ‘Parias’ de Javier Aranda que también tiene su propio papel en el corto ‘Astillas’.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Hemos rodado los exteriores de la furgoneta en Pedrola, pero después el grueso de la historia se desarrolla en la Comarca de Los Monegros, que es donde el personaje de Javier realiza esa gira por diferentes pueblos. Se rodó íntegramente en Bujaraloz, aunque se mencionan pueblos como La Almolda y Castejón. La asociación de cine y el Ayuntamiento de Bujaraloz se volcaron totalmente y a nivel logístico nos facilitó mucho las cosas rodar en una sola localización. Aparece el ayuntamiento, las plazas y calles del pueblo, el restaurante El Español. Fueron tres días de rodaje, sábado y domingo en Bujaraloz y al día siguiente, en rodaje nocturno, en Pedrola las tomas en las que Javier está con la furgoneta. 

¿Cómo fue el rodaje?

Fue un rodaje muy extraño, porque acabábamos de salir del confinamiento, la gente estaba como sin saber qué iba a pasar, con la incertidumbre de la propia situación en sí del rodaje, las mascarillas, el gel, mantener las distancias. Fue un buen rodaje porque fuimos un equipo muy pequeño, más de lo habitual, pero por pura precaución. En esos momentos una persona más en el equipo multiplicaba por cien las posibles conexiones y lo que hicimos es que fuera un equipo muy pequeñito, asumiendo a lo mejor más tareas de las que tocan. Tiene la parte positiva de que fue un rodaje muy llevadero, en el que estábamos muy compenetrados.  

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Equipazo del corto ‘Astillas’ con Javier Aranda en el centro e Ignacio Estaregui con calcetines azules de Zalando Moda.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Entiendo que la película se recibirá de una manera y a lo mejor los trabajos de los diferentes autores se pueden recibir de otra. Creo que el nuestro es un corto que al público le va a gustar mucho y tengo esa sensación por la propia historia y por la verdad que hay gracias al trabajo de Javier, él lleva el peso del corto en los hombros y creo que gustará mucho porque él está fantástico

Javier Macipe – ‘La tierra’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Es un orgullo que me lo propusieran y se dio la circunstancia de que la pandemia me dejó de repente sin trabajo, estaba rodando una película, La estrella azul y se tuvo que parar el tercer día de rodaje, con lo cual me vino genial porque pude trabajar en esta circunstancia en la que pensaba que iba a estar meses sin trabajar. También por el tema que nos toca a todos y me parece interesante mostrar mi visión particular del Covid. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No, como estaba tan metido en otro proyecto, en mi película, toda la pandemia la pasé más bien con conversaciones para ver cuándo la podríamos retomar, adaptando todo, reorganizando. Me vino bien para sacarme de mi propio proyecto y poder tomar aire

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Mi cortometraje habla de que la pandemia lo que nos ha hecho es, a muchos, replantearnos las prioridades en la vida, sobre todo el tener focalizada mucho la felicidad en el futuro y esto nos ha enseñado que todos los planes, todo lo que damos por hecho que se va a cumplir pues puede ocurrir algo como esto y caerse todo. Nos ha enseñado a vivir más el presente y a centrarnos en las cosas esenciales. 

Eso como concepto, en concreto lo que hicimos fue hacer un documental pasando varios días con Jaime González y Maribel Lardiés, que son dos músicos amigos míos que son un ejemplo de personas que antes de que llegara la pandemia ya tenían una vida centrada en lo esencial, una vida sabia, personas que viven mucho el presente.

¿Quiénes aparecen en el corto?

En el corto se incluye la metaficción y se nos ve a los técnicos, los que estamos detrás de las cámaras. Los protagonistas son Jaime González y Maribel Lardiés, aparecen Jaime Lapeña y Alicia Fernández y después los técnicos: Javier Macipe, el director de fotografía Álvaro Medina, Claudia Andrés y Amelia Hernández, de producción, y Adrián Barcelona.

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Jaime González, a la guitarra, formó parte del grupo Almagato junto al poeta y músico aragonés Mauricio Aznar (1964-2000).

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se ha rodado durante cinco días en casa de Jaime y Maribel y un poco en su barrio, en San Gregorio (Zaragoza), pero casi todo se centra en su rutina en su casa, porque pretendía mostrar en el corto cómo había sido su vida en el confinamiento, que en realidad es muy parecida a como es su vida normalmente. 

¿Cómo fue el rodaje?

El rodaje intentamos que fuera con el dispositivo mínimo e indispensable, por la situación del Covid, minimizamos el equipo, pero está justificado porque en el propio corto se habla de eso, decimos que preferimos rodar con más tiempo, en cinco días, disfrutarlo más. 

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Javier Macipe se atreve en ‘La Tierra’ con la guitarra y Jaime Lapeña le acompaña al violín, mientras esperan carne a la brasa.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Espero que de alguna manera pueda vivir con nosotros lo que fue pasar ese día con Jaime y Maribel. Lo que hemos intentado es un corto muy contemplativo, en el que hay escenas que respetan mucho el tiempo real, y que, de alguna forma, esa reflexión que hacemos de que vivir focalizados en el futuro nunca te lleva a ser feliz pueda calar en la gente.  

Nata Moreno – ‘El espacio vacío’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Cuando te llaman desde tu comunidad y te dicen que quieren apoyar a un sector al que uno pertenece, en el que cree y que además defiende para mi era prácticamente imposible decir no. Yo apoyo al sector y a Aragón, me siento muy aragonesa y de la tierra, me hacía especial ilusión y con Aragón TV tengo muy buena relación y me parecía que era preciosísimo generar un proyecto con muchos compañeros.

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

La verdad que no. Obviamente cuando estuve confinada me vinieron temas a la cabeza que tenían que ver con esto, porque hay un antes y un después a nivel histórico y uno piensa cómo a través del audiovisual se puede mostrar esta realidad, pero no tenía una idea muy clara. Estaba releyendo el texto de ‘La gaviota’, de Anton Chejov, y pensé que ese texto era muy actual con nuestra realidad y cuando me llamaron me pareció que era inspirador el texto de Chejov, de una compañía que vuelve a verse las caras tras estar encerrados cuatro meses. 

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Es una compañía aragonesa que ha estado ensayando ‘La gaviota’ de Chejov, que no puede ahora estrenar porque ha habido una pandemia y nos han confinado a todos, han cerrado los teatros, lo que pasó a nivel real que ha pasado en muchas compañías de teatro, y después se juntan, cuando se puede volver a salir a la calle, para decidir si van a volver a actuar o van a matar el proyecto. Se cruza la realidad personal con la realidad de los personajes de ‘La gaviota’.  

¿Quiénes aparecen en el corto?

Laura Gómez-Lacueva, Carmen Barrantes, Jorge Usón y José Luis Esteban. Son compañeros de muchos años y era un proyecto que era un reto muy grande porque yo vivo en Madrid, no nos habíamos visto hacía meses y tenía que llegar y en el día, en una jornada, rodar con los actores sin ensayar. Necesitaba que nos conociéramos y que supiéramos todos de lo que estábamos hablando para poder hacerlo fácil y ellos son cuatro bestias y me lo pusieron facilísimo. Yo aparezco como parte de la compañía

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José Luis Esteban alucinando cuando le comunicaron que Marianico el Corto no estaba en el reparto de la compañía.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Solamente tengo una localización, he rodado en la sala Oasis (en Zaragoza), en una jornada.

¿Cómo fue el rodaje?

Fue maravilloso, fue una experiencia muy nueva, que yo quería probar, basada en la improvisación, con textos diferentes para cada uno, entre ellos no conocían los unos los textos de los otros y era un gran misterio para todos. Los iba a buscar ya con las cámaras, los microfonaba y ya grababa. Está planteado como un falso documental, pero también entramos dentro de la ficción.

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Nata Moreno explicando como sostuvo el Goya por ‘Ara Malikian: Una vida entre las cuerdas’, Laura Gómez-Lacueva, Jorge Usón y Carmen Barrantes ¡atentos!.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Nunca me lo planteo mucho, no me pongo una expectativa, yo quiero que lo disfruten, que les mueva algo en el corazón, que sientan algo bello, la parte que sea, la fotografía, la música, los textos; no tengo una expectativa muy clara, obviamente que todos queremos gustar. Lo hemos hecho con un equipo íntegramente aragonés, con unos actores fantásticos, hacemos un trabajo que nos chifla, con el que nos sentimos todos muy identificados y muy en la línea de lo que queremos contar, así que ahora dependerá del espectador.

Pilar Palomero – ‘A un metro y medio’ 

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Me pareció un proyecto súper interesante por el hecho de que es el primer largo conjunto hecho en Aragón, por poder hacer una pieza en la que colaboremos directores que nos conocemos desde hace mucho, que hemos coincidido en festivales, y por hacerlo tras los meses de confinamiento y de falta de actividad. Era una propuesta bonita por el apoyo a la industria audiovisual por parte de Aragón TV; por trabajar con cineastas aragoneses y por retomar la actividad después del confinamiento y la historia que he propuesto me tocaba de cerca y me parecía que podía aportar algo al proyecto. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

La verdad que lo empece a reflexionar a raíz de la propuesta de la tele, había aprovechado en el confinamiento para escribir todo lo posible, pero de cara a un rodaje no me había planteado nada por lo incierto del momento. 

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Sobre todo lo que quiero transmitir es la sensación que han vivido las familias de no poder reencontrarse durante este periodo de confinamiento y lo importante que es el contacto físico, sobre todo para las personas mayores. Abuelos y nietos no han podido verse y se necesitan mucho mutuamente, ese es el punto de partida.

¿Quiénes aparecen en el corto?

Son mi familia. Es un corto documental en el que mi madre es la protagonista, aparecen mis hermanos y sobrinos. He trabajado con ellos porque al ser un corto documental refleja la realidad que ha vivido mi madre y la necesidad que ha tenido de contacto físico de su familia. El confinamiento le ha producido ansiedad y depresión, lo ha pasado realmente mal y el corto es una manera de entenderla, de comprender algo que le ha pasado a mucha gente y de tratar de buscar la luz dentro de toda esa tristeza que ha producido el confinamiento a ella y a otras personas mayores. 

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La mama de Pilar Palomero prota total de ‘A un metro y medio’.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se puede ver el Pilar desde el Puente de Hierro y varias calles de Zaragoza no tan reconocibles. Hemos grabado en casa de mi madre y varios días por el centro de Zaragoza. Estuvimos rodando una semana aproximadamente. Cuando grababa con mi madre, por protegerla y cuidarla, estábamos solamente la persona que me ha ayudado en todo y yo, manteniendo todos los protocolos de seguridad y grabamos menos horas al día, por lo que se extendió más en el tiempo. 

Con mi familia habíamos hecho ya alguna cosa, en los cortos ‘Horta’ (2017) y ‘Niño balcón’ (2009) aparecen como figurantes; siempre que he rodado han estado próximos y han participado de alguna manera, pero es la primera vez que protagonizan uno de los cortos. 

¿Cómo fue el rodaje?

Éramos un equipo reducido, tratando de cumplir las medidas de seguridad todo el tiempo porque trabajamos con niños, con mi sobrinos, y con una persona mayor, como mi madre. Fue muy familiar y con ilusión y ganas después de todo este tiempo de parón y a la vez difícil porque la situación es muy pesada y el shock de lo que todos hemos vivido estaba ahí, pero también muy bonito. Lo que ocurre en el corto ocurría de verdad, ese cariño entre mis familiares

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Pilar Palomero con vestido rayado dirigiendo a su propia familia y Carlos Naya en el sonido.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

No lo he pensado mucho, me encantaría conseguir que la gente logre empatizar y producir alguna emoción en quien lo vea. 

Gaizka Urresti – ‘Sitiados’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Primero que llevábamos muchos meses sin poder rodar en la circunstancia de la pandemia y era una oportunidad de salir y de intentar recuperar cierta normalidad. Luego, me parece muy bonito que sea un trabajo colectivo, siempre me han gustado este tipo de películas colectivas que tienen como escenario un sitio, como puede ser ‘París je t’aime’, y de hecho yo he fantaseado alguna vez con hacer en Zaragoza, si hubiera una financiación pública, entre varios directores historias sobre la ciudad. 

En este caso no es el tema, no era sobre la ciudad, pero sí que era un grupo de cineastas aragoneses sobre un tema y al final ahí está como obra colectiva y eso fue la máxima motivación, me parecía un proyecto bonito, una excusa para rodar e incluso para facturar también, para poder dar de comer a la máquina.

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No directamente, no tenía una idea muy clara, creo que estaba la idea germinando en la cabeza de lo que se podía contar, pero tampoco tenía yo mucho la cabeza para esto. Yo creo que ha sido el aliciente del encargo lo que me ha movido.

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Con el telón de fondo del Covid, es la vivencia de una familia normal que tiene que convivir con el teletrabajo estando confinados y teniendo a un niño en casa que también está teleestudiando y los conflictos que ello genera. Aunque es dramático como lo hemos vivido muchos padres, lo he planteado como una comedia costumbrista, llevando las situaciones al exceso, estirándolas para llevarlas a la comicidad.

¿Quiénes aparecen en el corto?

Al ser una historia tan personal, que está ambientada en mi casa, con vivencias personales, pues me animé a poner a mi familia como protagonista. Mi mujer, mi hijo y yo somos los actores principales y luego se cuelan por internet otras historias, en algunas son personajes reales como mi madre y los problemas que tenía con la tecnología, y luego he cogido actores profesionales para hacer, por ejemplo, de una paciente de mi mujer, que es psicóloga, a Carmen Barrantes y como uno de los profesores de mi hijo, a Jorge Asín. Básicamente somos actores naturales, no somos profesionales, yo de hecho nunca había interpretado, además de dirigir. Es una autoficción.

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Jorge Asín interpretando a un profe entendiéndose con las nuevas tecnologías.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se rodó en tres días, básicamente en mi casa, unos exteriores en Zaragoza, de madrugada y al amanecer que no había gente, y la escena final en la Plaza de los Sitios. Hubo planos recursos que se hicieron un cuarto día, pero lo que es con los actores en tres días. 

¿Cómo fue el rodaje?

Es complejo seguir la normativa de seguridad y la distancia social con un equipo de rodaje. Yo limité tanto por presupuesto como por seguridad el número de personas, fue un equipo reducido de un operador, un ayudante de cámara que se encargaba de las luces, un técnico de sonido, una directora de producción y un director de actores o coach, en total cinco personas, además de los actores.

Prescindimos de maquillaje, de peluquería, de dirección de arte, porque también la historia lo permitía, al ser nuestra propia casa ejercíamos también de maquillaje y vestuario, nos encargábamos de seguir el racord y de mover los muebles si era necesario. 

No había interpretado y es muy difícil estar encargándote de todo, de que el equipo esté preparado, dar acción y de repente ser tú el que tienes que empezar a decir las frases. Fue una experiencia muy interesante, pero no se si la repetiré porque es agotadora, si antes respetaba a los directores-actores ahora ya me parece que es dificilísimo estar siendo consciente de lo que estás haciendo y mirando a los demás estando tú en escena.

En cuanto a las interpretaciones, la mía creo que es correcta, me sabía el texto, lo había escrito yo, pero me quedé muy contento con la interpretación de mi mujer y de mi hijo. Estamos en general bastante bien y naturales.

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Mamá, ¿si un tren va a 180km por hora desde Bilbao…?, pregúntaselo a tu padre.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

La comedia es un género puro, espero que la gente se ría con esta historia y que, de alguna forma, mucha gente se sienta identificada con esta vivencia que hemos tenido y que quedará como testimonio de lo que hemos vivido. Igual en diez o veinte años no nos acordamos y la gente que no lo vivió viendo el corto verá en parte esas situaciones emocionales, las noticias que había en la prensa, los balcones, la policía en la calle, las calles solitarias; eso quiero reflejar pensando en el futuro, en dejar un legado de todo eso.

Unas cuantas bestias: Si no eres feliz, eres mala persona

Unas cuantas bestias: Si no eres feliz, eres mala persona

Bajo este tagline o lema para los menos anglosajones nos presenta Daniel Calavera su nuevo trabajo ‘Unas cuantas bestias’ un proyecto audiovisual en plano subjetivo, conducido por la interpretación de actores de doblaje y locutores de estudio, dando vida en imágenes a lo que podría ser un radioteatro de los años 50.

Representación gráfica de lo que es un plano subjetivo. Fotograma de ‘Unas cuantas bestias’.

Un cortometraje que lleva tres años de curro y que al propio director se le ocurrió en una de sus actuaciones de doblaje. ‘Me di cuenta que había muchos textos que podían entenderse sin imagen y me pareció muy interesante conducir al espectador a través del guion acompañándolo de imágenes, pero también haciendo que el guion funcionase sin imágenes» y así nos adentramos en un género que Calavera se saca de la manga mezclando las voces de actores de doblaje y locutores con ocho secuencias en plano subjetivo que nos cuentan la historia de Manu.

QUÉ RARO TODO ¿NO?

Nos cuenta la historia del pobre Manu, un pagafantas que está enamorado de una chica que pasa de él mogollón, pero no cesa en su empeño y decide ganarse su amor regalándole algo que le va a hacer mucha ilusión. Para ello, se traslada a la antigua casa familiar de la que considera el amor de su vida para conseguir la única foto que se conserva de ella con su hermana y su fallecida madre.

Al llegar a la casa abandonada cosas misteriosas comienzan a ocurrir. «La principal virtud que tiene un poco el guion es que hemos jugado mucho con las expectativas del espectador, queremos dar muchos giros y que la gente se sorprenda conforme lo está viendo», cuenta el director, pero no tengáis miedo: «a mí me gusta definirlo como comedia de terror, buscamos la empatía del espectador a través de la una comedia exagerada». Y así, jugando con la ironía, nos divertimos y asustamos con las situaciones que va viviendo Manu a través de conversaciones telefónicas y más surprises que no podemos desvelar.

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Casa abandona de ‘Unas cuantas bestias’, pues oye para estar abandonada tampoco está tan mal. Fotograma de ‘Unas cuantas bestias’.

ESCENA 1, PLANO 1, TOMA 45

Previamente grabaron en estudio las interpretaciones de los actores de doblaje que «trabajaron solo apoyados en el guion y en las imágenes que transmitía, ese es el mayor mérito que tienen los actores del corto», explica Calavera. Una vez editadas, había que hacer que la imagen se habituase al sonido y no al revés, como es lo habitual.

Fotograma de 'Unas cuantas bestias'.

Ese equipazo formado por la productora Lucía Santos y Daniel Calavera haciendo que miran por la cámara para la foto.

Ya en el rodaje, el ayudante de dirección Alfonso Millán, mientras iba adecuándolo todo, playeaba cada escena y era orquestada por los movimientos de cámara del director de foto (DOP) Manu Buil. «Lo que hicimos es adecuar los movimientos de cámara a la acción grabada ya en estudio«, aclara Calavera. Una labor que remata Juan Remacha, reciente premio Simón, con pequeños trucos de montaje, derrochando arte a raudales, en la postproducción de vídeo y Juan Monje con el diseño de sonido. «Es el técnico de sonido y el que ha diseñado todas las wild tracks (sonido ambiente), se pegó también un currazo de edición brutal», destaca el dire.

Daniel Calavera explicándole a Juan Remacha el argumento de ‘Come, reza y ama’ (2010).

El equipo de arte también tiene su miga, corre a cargo de la firma de diseño de producción LeMat compuesto por Rubén Blanco Alderete, Belén Villellas y María Massucco, que adecuaron los escenarios escogidos con una laboriosa y aplaudida creación de un espacio que da mucho yuyu. «Lo que hicieron es crear un universo propio en la casa ya que es un personaje más, le habla al espectador en cada habitación y en cada recoveco tiene algo de información», detalla el dire.

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Maniquí del Corte Inglés de la planta de moda de baño venido a menos. Fotograma de ‘Unas cuantas bestias’.

LOS ACTORES INVISIBLES

Pero este cortometraje no tendría sentido sin las voces en off (fuera de cámara) porque mucho plano bonito, mucho movimiento de cámara, pero ellos son los que nos cuentan realmente la historia. Un gran elenco de profesionales que sonorizan ‘Unas cuantas bestias’, empezando por el locutor de Aragón TV Enrique Gracia que hace de narrador en el trailer y la interpretaciones sonoras de Isabel Terol, Sara Lapiedra, Esperanza Sánchez, Alberto Jimeno, que se baja la cámara del hombro para ejercer su segunda profesión, Marta R. Crecente, Pablo Vegas Grau, Laura Hernando y la intervención de las jóvenes Karla Gil y Ximena Miranda.

El director Daniel Calavera buscaba la naturalidad en sus voces, dándoles la libertad que a veces no tienen a la hora de trabajar bajo una dirección concreta en la que el personaje ya existe. «Yo creo que los actores han tenido la oportunidad de crear ellos mismos a los personajes y darles el tono adecuado».

DICTADURA DE LA FELICIDAD

En el trailer de ‘Unas cuantas bestias’ Isabel Terol y Esperanza Sánchez Molina sentencian animadamente si no eres feliz, eres mala persona, acompañadas por la canción «Your time is over» de White Coven.

«La historia quiere también dar una especie de derechazo a esta filosofía de la felicidad falsa que se intenta transmitir sobre todo ahora en redes sociales». Calavera la define como una dictadura de la felicidad: «hay gente que no tolera que los demás no estén en su misma zona de bienestar y personalmente no puedo evitar decir pues oye, si alguien está triste pues que esté triste, dejarle en paz» y de ahí este tagline tan irónico.

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Que no falte esa foto de rodaje que refleja el final del trabajo bien hecho, Daniel pensando en su próxima crítica.

Daniel Calavera es actor de doblaje, operador de cámara y comentarista de cine y presentador en Aragón Cultura, no os podéis perder ninguna de sus críticas bajo el hastag #UnasCuantasPelis. Este es el segundo cortometraje bajo el sello en la producción de Daniel Calavera y Lucía Santos, tras el buen recibimiento de Greta (2019), que surgió curiosamente durante la preproducción de este proyecto y que ha pasado por varios festivales consiguiendo premios como el de segundo mejor cortometraje en el BALTICON Short Film Festival. Con la colaboración de Munt Multimedia producciones, a cargo de Pablo Lázaro, este cortometraje se encuentra en el circuito festivalero español y más allá de nuestras fronteras. ¡Mucha suerte! y solo nos queda deciros que seáis muy felices, joder.

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