«La pasión que siento por el cine no se me va a pasar nunca»

«La pasión que siento por el cine no se me va a pasar nunca»

Tiempo de lectura: 11 minutos

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Estudió Empresariales, trabajó en la Base Americana y, después, se convirtió en fotógrafo antes de llegar a su actual empleo como técnico en marketing internacional. Pero desde pequeño amó el cine y esa pasión le ha llevado a ser cineasta, ayudante de dirección, actor, locutor, guionista, productor y director de teatro. Es, además, presidente de la Academia del Cine Aragonés (ACA) desde el año 2016. 

Quedamos con Jesús Marco Murillo en un espacio muy apropiado para celebrar este fin de semana el Día de Aragón, el Parque Tío Jorge en Zaragoza. En este nuevo Secuenciando a, hablamos con el director de su carrera profesional, del audiovisual aragonés y del presente y futuro de la ACA.

¿Cómo surgió tu amor por el cine?

Le debo mucho a mi madre, que es una gran cinéfila. Ella coleccionaba los panfletos que daban en los cines y, desde muy pequeño, me decía si había visto tal película, que era muy buena; ahí empezó. Además, iba al colegio Maristas y había un cine abierto al público todos los sábados y domingos por la mañana y yo iba a ver lo que fuera, daba igual lo que pusieran, que iba a verlo. Así, cada vez me gustaba más el cine y era una forma de evadirme. 

¿Qué significaba poder ir al cine todos los fines de semana?

Siempre buscaba los entresijos de ver cómo se había hecho esa película, esos efectos, aunque a esas edades disfrutaba de la misma historia que estaba viendo. Recuerdo que salíamos al acabar la película, nos escapábamos al patio del colegio y nos poníamos a emular lo que habíamos visto. Si era una de mosqueteros, una de mosqueteros, o de espías, vivía las historias. 

¿Las vivías desde el punto de vista del protagonista o también te ponías detrás de la cámara con tus compañeros? 

También. Jugábamos a representar lo que habíamos visto, siempre llevaba la voz cantante y, de pequeño, reunía a mis amigos para poner las películas que tenía en un Cinexin. Después, animado por un profesor de Maristas que vio que valía para eso, hice teatro. El profesor hizo un concurso, había premios, nuestro grupo ganó y yo me llevé el premio a mejor actor. A raíz de eso, el profesor me regaló un libro de teatro contemporáneo, empecé a escribir mis propias obras y logré que se representaran en el colegio, pagando entrada el público. Representamos tres obras de teatro que me inventé, con los compañeros de clase como actores. 

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¿Qué temas te interesaban entonces?

La comedia. Las tres obras que hice fueron comedia pura y dura. Una fue ‘El pequeño Draculín’, me inspiré en una película de Mortadelo y Filemón que vi en el cine y el protagonista era yo. Para las otras dos busqué en la Librería General alguna obra o novela que pudiera adaptar y adapté ‘Tom Sawyer, detective’. Además, con 13 o 14 años, Alejandro Dumas y los tres mosqueteros eran para mí un referente e hice otra obra de teatro titulada ‘Los tres mosqueteros y medio’. Esos fueron mis inicios en el mundo de la farándula; me hubiera gustado hacerlo en cine, pero no tenía dinero, ni medios, ni nada y en aquella época te autoconvencías de que no ibas a poder hacer nada nunca de eso porque eso, era para otra gente con más medios o suerte, o lo que fuera. 

«Mi primer cortometraje fue ‘El pañuelo’, una historia sobre un amor que nunca muere»

¿Cómo llegó ese momento de empezar a hacer cine?

A la vejez, viruelas. Tenía esa espinita clavada de que no me había podido dedicar profesionalmente a algo audiovisual. Trabajaba entonces en la Base Americana, pero los americanos se fueron y nos echaron a todos a la calle y pensé en qué hacer. Había estudiado Empresariales, pero no me gustaba, era algo impuesto por exigencias familiares, y a la vez en el primer año estuve en la Escuela de Arte Dramático, pero hice caso a mis padres y me decanté por lo que no me gustaba. 

Al quedarme en el paro, al cerrar la Base Americana (1992), pensé que era una oportunidad, aunque en esa época no había el movimiento que hay ahora de cortometrajes, no se hacían apenas. Pensé que, ya que no podía contar historias en cine, las contaría en fotografías, y monté un estudio de fotografía del que viví durante más de diez años. En esa etapa tuve acceso a los medios, conocí gente que hacía vídeos y me lancé a hacer el primer cortometraje, que me costó 10.000 pesetas y lo hicimos con la colaboración de amigos y familia. Se llama ‘El pañuelo’ (estrenado en el año 2000).

¿Y de qué va?  

Mezcla la fantasía, jugando un poco con el tiempo. Trata de un soldado que estaba en los Balcanes y que, de repente, se encuentra con un soldado de la Guerra Civil española. Es sobre el amor eterno, el amor que nunca muere, porque este soldado español es un fantasma que se había quedado vagando y se aprovecha del otro soldado para darle el último mensaje a su amada, un pañuelo que ella le da cuando se va a la guerra y, como él muere, no regresa. Y el soldado aprovecha esa ocasión para que vuelva a ella, ya anciana, antes de que también fallezca. 

Pasaste de la comedia en teatro a una fantasía dramática en audiovisual. 

Totalmente. No he sido capaz de hacer comedia en cine. Tengo un trabajo, ‘Tacones de Stanislavsky’, que es una comedia. Pero con lo costoso que es sacar adelante un proyecto, y lo mal visto que estaba llevar comedia a los festivales y es difícil, pues pensé en hacer cosas serias, temas que me interesaran, denuncia social. Quitado ‘Tacones de Stanislavsky’, que el guion en principio no era mío y luego lo adapté, lo demás son todo dramones. 

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¿Cuáles eran tus referentes en el audiovisual a la hora de empezar a trabajar?

A veces lo he pensado, pero tengo tal mezcla, me pasa igual con la música, me gusta toda clase de música siempre que sea buena, que me llegue, y en el cine me pasa igual. Puedo ser un gran admirador de Akira Kurosawa, que es un gran contador de historias, pero también me gusta el cine más comercial, como el de Spielberg, el cine de acción, bélico, los musicales. Tener un referente al que querer copiar, no, aunque sí que tomas cosas de uno y de otro. 

Scorsese me gusta mucho, por ejemplo, sobre todo el estilo visual, de los planos, igual que Spielberg, es otro maestro. O el cine clásico de Chaplin, el cine negro de los 40 y 50. A veces he intentado simular la estética visual del impresionismo, y de enfocar la cámara de Orson Welles, en ‘Ciudadano Kane’ o ‘El tercer hombre’. Me gusta mucho jugar alguna vez con grandes planos secuencia, que son un reto para un director, porque bien hechos me encantan y siempre que puedo intento meter alguno.  

¿Qué trabajo destacarías de tu carrera y por qué? 

Quizás el que más cariño puede que le tenga, porque fue el primero y fue un reto, sin dinero, con condiciones climatológicas adversas, es ‘El pañuelo’. Si ahora lo tuviera que volver a dirigir no lo haría como entonces, cambiaría muchas cosas porque era mi primer trabajo y cada vez que lo veo, veo los fallos que cometí, pero le tengo un cariño especial al guion, creo que es el más redondo que he hecho. Y también lo gocé dirigiendo ‘Al, uno de tantos’, con Jesús Guzmán como actor, por lo que pude aprender de un actorazo como es Jesús Guzmán, y por la historia. Quise adentrarme en el mundo del Alzheimer, de cómo se puede sentir una persona con esa enfermedad. Esos dos son de los que más orgulloso me puedo sentir, aunque de los demás también. 

Es inevitable querer corregir o ver errores en los trabajos realizados… 

Siempre, a veces pasa mucho tiempo sin ver nada y un día te pones a revisar y piensas “por qué he hecho esto así, por qué puse la cámara allí y no en otro lado”. Siempre pensando “si ahora lo volviera a hacer, lo haría de otra forma”, pero ahí queda, es un proceso y cada vez vas aprendiendo más, nunca acabamos de aprender. Y otra de las cosas que me ha valido y que he hecho bastante es de ayudante de dirección con gente muy distinta entre sí, desde Fernando Usón, Sadie Duarte, Raúl Guíu, y son muy distintos a la hora de dirigir, pero eso te aporta mucho porque ves cómo dirigen otras personas. Es una de las facetas, además de como realizador, en la que más disfruto. 

Eres director, ayudante de dirección, director de teatro, productor, guionista, locutor, actor, ¿qué destacas de cada faceta? 

Lo más cómodo quizás es ayudante de dirección, porque tienes una gran responsabilidad como mano derecha del director y te tienes que saber la película igual o mejor a la hora de afrontar un rodaje, pero la carga es menor, porque la responsabilidad la tiene otro. Otra faceta muy cómoda es poner voz, hacer locuciones, porque lanzas el texto y ya está. 

Del resto, lo primero que hice fue ser actor, con 14 años, y es una de las cosas que me encanta y me gusta muchísimo, aunque quizás es una de las facetas que menos estoy haciendo porque me tienen asociado como realizador y no se acuerdan nunca de que como actor llevo una larga trayectoria. He sido profesor de teatro y ahora dirijo un grupo de teatro amateur, en el que nos lo pasamos muy bien. 

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¿Qué se necesita para vivir del audiovisual? 

Estar en el momento adecuado, en el sitio adecuado y tener mucha suerte. Además de si vales o no vales, si no vales por mucho que estés…, aunque es discutible porque hay gente que no vale y ahí está. Con la edad que tengo se me pasó el tren hace mucho tiempo; si ahora me pillara con veinte años no haría lo que hice, porque quería estudiar cine en Madrid, pero no me dejaron mis padres e hice caso. Si ahora volviera atrás no haría caso, me iría a ver qué sale. 

Ahora hay más facilidad y formación.

Es que antes no había nada en Zaragoza, existían los cineclubs, pero profesionalmente no te lo planteabas, la única manera era irse a Madrid o Barcelona a la escuela de cine, que costaba mucho dinero. Y al final te convences tu mismo pensando en que te conformarás con ir al cine, pero ahora es una gozada, en las escuelas públicas puedes estudiar realización, producción, aquí mismo en Zaragoza, si no tienes la privada. 

Aquí estaba la Escuela de Arte Dramático, pero el título no era oficial, no te garantizaba una salida profesional y más en Zaragoza. Podías hacer tu compañía de teatro amateur, pero me autoconvencí, estuve muchos años no queriendo saber nada, pero al tener la posibilidad de coger una cámara y un foco, lo hice y hasta ahora. 

«Estar en la Academia del Cine Aragonés es una manera de vivir el cine y es una ventana para que la sociedad aragonesa conozca lo que se hace en Aragón»

¿Cómo ves el panorama audiovisual aragonés? 

Está muy bien y a las pruebas me remito. Raro es el año que no tengamos algún aragonés nominado a los Goya y es por eso mismo, ha habido mucho acceso a la formación, gente con talento y que se forma ya tiene las herramientas adecuadas para sobresalir. Y llevamos muchos años en que las ayudas al audiovisual han hecho mucho bien. Antes no existían, no había nada, ni un duro de ninguna institución, pero se han ido concienciando de que merece la pena aportar y ayudar a la gente joven, lo que ha hecho que gente bien preparada se haya lanzado a hacer cortos, que han ganado festivales, han llegado ayudas a largometrajes. Y eso ha hecho que tengamos a Paula Ortiz, a Pilar Palomero, a Javier Macipe, que son el futuro del cine no ya aragonés, sino del cine español, porque el cine es global. 

¿Se podría hacer algo más para darle otro empujón al sector? 

Sí, dedicar más presupuesto. Tener en cuenta que a veces las ayudas salen muy tarde, lo que hace que gente que está en el proceso al final no puede hacer su proyecto por no poder adelantar el dinero; aunque poco a poco se ha dado cuenta la administración e intentan que las ayudas salgan cuanto antes. 

Con Aragón TV lo mismo, tenemos una televisión autonómica que gracias a Jaime Fontán (jefe de producción de Aragón TV, fallecido en 2021) apostó por el cine aragonés. Y falta otro pilar que es la privada, que se den cuenta de que si invierten en cine aumentarán las posibilidades de hacer más largometrajes en Aragón. 

Eres el presidente de la Academia del Cine Aragonés y próximamente se celebrará una nueva edición de los Premios Simón, ¿nos puedes hacer algún spoiler de cómo será la gala? 

Se va a hacer en Huesca, por fin, que era una de las reivindicaciones que teníamos como Academia, que no se hicieran solo en Zaragoza. El año pasado lo hicimos en Andorra (Teruel), con grandes problemas climatológicos, y este año la iniciativa no partió de nosotros, porque tras la experiencia del año pasado no nos apetecía mucho movernos, pero ha habido mucho interés por parte de Huesca, porque este año es el 50 aniversario de su Festival de Cine y querían dedicar el año 2022 al cine en Huesca. Tuvimos reuniones, nos convencieron y lo haremos en el Palacio de Congresos el 25 de junio, a las 20.00 horas. 

Este año se han recibido 43 trabajos audiovisuales, que votan los miembros de la Academia para completar la lista de nominados en cada categoría ¿En qué fase están los trabajos presentados a concurso?

En este momento estamos en la fase de que se tienen que estar viendo ya los trabajos presentados y votando para que a mediados de mayo se conozcan los nominados. Cuanto más vote la gente ahora, más justo es el resultado. Como se tienen que votar a tres trabajos se evitan favoritismos, se vota porque ha gustado el trabajo y eso es fundamental. Lo que suele pasar es que la gente vota poco en la primera fase y luego se vota en la segunda, cuando tendría que ser al revés casi. Votar más en la primera fase y también en la segunda, cuanto más mejor. 

Se ha notado este año la pandemia en el número de cortometrajes, ha habido un bajón porque la pandemia frenó los rodajes. En cambio, tenemos tres largometrajes a concurso y muchísimos documentales. Es lógico, porque en cuanto a la vida comercial de un proyecto, para un realizador o un productor es más fácil recuperar el dinero invertido con un documental y la gente se ha volcado más. Además, son de gran calidad, puede que seamos la comunidad que más documentales hace. 

Llevas desde 2016 como presidente de la ACA. ¿Qué significa para ti la Academia?

Desde el año 98, cuando nació la Asamblea de Cineastas Aragoneses e hice mi primer corto, busqué de alguna forma relacionarme con gente que hiciera lo mismo que yo y ahí fue cuando conocí esta Asamblea. Desde el principio me involucré mucho, sin tener ningún cargo ni aspirar a tenerlo, porque es una manera también de vivir el cine, ya que no puedes estar rodando todos los años, es una manera de estar vinculado al mundillo del cine en Aragón y en Zaragoza, viviéndolo de otra forma. ¿Qué significa? Todo mi tiempo libre lo dedico a esto, a veces con los sinsabores de un cargo de responsabilidad que ejerces por amor al arte, pero acompañado de un equipo que curra mucho. Cuando deje de ser presidente seguiré vinculado y trabajando. 

La razón de ser de la Academia es promocionar y dar a conocer el audiovisual de la zona. Si no existiera la gala de los Simón, la gran mayoría de los aragoneses no conoceríamos el audiovisual que se está haciendo en Aragón más que los tres o cuatro poquitos que cada año están nominados a los Goya. De esta forma, es una especie de ventana para la sociedad aragonesa que tiene la oportunidad de conocer de primera mano qué se hace dentro del mundo audiovisual. Pero la ACA no solo son los premios, a lo largo del año intentamos aportar nuestro granito de arena en formación audiovisual, divulgación y actos como proyecciones, cursos, talleres, exposiciones. 

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¿Hacia dónde dirige su futuro Jesús Marco? 

(Ríe) A estar como estoy. La pasión que siento por el cine no se me va a pasar nunca, aunque me jubile o deje de ser presidente de la ACA, porque tienen que venir generaciones jóvenes a tomar el relevo, pero seguiré colaborando como uno más, aportando lo que haga falta y haciendo lo que se me pida, como ayudante de dirección, como actor, lo que sea. Y apoyando a la Academia en lo que me pida. 

También tengo proyectos propios, tres o cuatro, que se han quedado por el camino porque veo complicada la financiación. Prefiero colaborar con proyectos de otros, egoístamente sufro menos, y dedicarme más a fondo a la Academia. Aunque si conocéis a algún productor que ponga la “pasta”, le presento tres o cuatro (ríe). 

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Atada a lo desconocido

Atada a lo desconocido

Tiempo de lectura: 4 minutos

  

Despiertas en tu casa, pero te encuentras atada a una silla. No entiendes cómo has llegado a esa situación, ni cuándo, ni por qué, y comienzan a suceder cosas extrañas. Aparecen tus familiares y amigos también atados a sillas, pero desaparecen pronto, sin que sepas qué les sucede. Este es el angustioso punto de partida de ‘Atada’, el nuevo cortometraje del director Antonio Valdovín, un trabajo que nos mantiene en tensión y que nos hace preguntarnos sin parar qué está pasando en pantalla. 

Fotograma del cortometraje 'Atada', de Antonio Valdovín
A la protagonista no le hace demasiada gracia despertarse atada y sin entender qué ocurre… (Fotograma de ‘Atada’)

“La trama del corto es una alegoría para llegar a un problema social”, explica el director a Secuenciadas. Pero hasta ahí os vamos a contar, porque lo interesante de la historia es que esa tensión os lleve a cuestionar cuál es ese problema de fondo y a reflexionar al respecto una vez que se descubre. Un misterio que se resuelve en 17 minutos y que es fruto del trabajo de años. 

Antonio recuerda que la primera idea de ‘Atada’ “viene de bastante lejos”, cuando un conocido le pidió hace diez años que tocara este tema en uno de sus cortometrajes y que lo hiciera “sin piedad”. Aunque entonces le dijo que sí, no movió ficha hasta años después, al comprobar que el problema iba en aumento y se planteó convertirlo en documental. Sin embargo, los testimonios de ese trabajo podían molestar, eran “demasiado fuertes”, y el docu se quedó en el camino al no poder desarrollarlo. “Me quedé con la espinita y retoqué un boceto de un guion que tenía como ficción para acompañar al documental, lo redacté y al final ha salido este trabajo”, señala.  

Vamos a seguir manteniendo el misterio, pero es un tema social sobre el que hay aún “mucho desconocimiento”, un problema que al director le preocupa por cómo afecta a los jóvenes y porque es entrar en un mundo en el que “es como si jugaras con todo amañado, es un sin salida”. Aunque se ha legislado al respecto, “el problema sigue estando y sigue creciendo” y, de hecho, en tiempos de pandemia se ha incrementado

¿Qué os dejaría a vosotros atados a una silla? ¿Qué os podría causar la angustia que padecen los personajes de este corto? ¿Cómo afectan vuestras decisiones a quienes os rodean? 

Los sospechosos habituales que han trabajado en este nuevo corto de Antonio Valdovín. Aquí ya todos desatados y felices. Foto: @yes_sik

SOSPECHOSOS HABITUALES 

El rodaje de esta historia tuvo lugar el pasado mes de octubre, después de un intento fallido por la pandemia y tras fallar una de sus protagonistas un día antes de comenzar. Sonia DeLuis, Nines Mateos, Marisa Nolla, Esther Ballestero, Roberto Millán, Jorge Andoz, Miriam Martín y Amélie Valdovín, hija del director y que ha actuado en tres cortometrajes en el último año, dan vida a la trama delante de las cámaras.  

Por su parte, en el equipo técnico se encuentran “sospechosos habituales” en los trabajos de Valdovín, con Sara Abecia y María Espinosa como ayudantes de dirección; Itziar del Río en fotografía; Jon Arteagabeitia y Roberto Torrado como operadores de cámara; Silvia Puyal en las labores de comunicación; Laura Liñán y Lucía Sanz en maquillaje; Pablo Gacías y Álvaro Pérez-Peirote en sonido y @jes_ik como foto fija. Además, la banda sonora es obra de Jonay Armas y cobra especial importancia dado que “queríamos que desde el principio hasta el final del corto hubiera música, un efecto musical o sonidos” que acompañaran a la imagen y “lo hemos conseguido”, afirma el dire.

El director, Antonio Valdovín, harto de gastar en bridas, decide llevarse a una de sus actrices en brazos y con silla incluida. Foto: @jes_sik

EL FUTURO: MURMULLO CÓSMICO

Nacido en Zaragoza, en 1978, Antonio Valdovín comenzó en 2003 su carrera en el audiovisual aragonés. De Fuentes de Ebro, como David Bowie y todos los aragoneses de bien, se graduó en Relaciones Laborales, Administración y Finanzas, ha cursado masters de programación y diseño gráfico, ha estudiado cine, colaborado durante diez años con el festival de cine de Fuentes y ha sido columnista y músico. Un todoterreno, obviamente. 

‘Atada’ es su décimo trabajo audiovisual y con el que cumple 18 años desde su primer corto, ‘Decisiones’, rodado en 2003. Le siguieron ‘Out of time’ (2007), ‘Zombie’ (2007), el documental ‘Memoria del dance en Fuentes de Ebro’ (2013), ‘¿Quedamos?’ (2017), ‘Emmenez-moi’ (2019), ‘Mi turno’ (2020), ‘Gira’ (2020), ‘Perfect day’ (2020) y ‘Encadenada’ (2021).  

Ahora está preparando su primer largometraje, que tiene un nombre del que desde ya somos fans, ‘Murmullo cósmico’, y que tratará sobre la vida de una pintora. “Ya hemos rodado exteriores, naturaleza muerta y algunos planos y en mes y medio rodaremos casi el 60 por ciento” de la peli. Después, el equipo hará una pausa necesaria por “la temperatura y la luz” y a finales de mayo “confío en que pueda estar rodado”. El director espera poder estrenar este mismo año su película que tendrá en su banda sonora canciones de Fiona McAndrew y trabajo de Jonay Armas. Será una historia “luminosa”, en sus propias palabras, que ya estamos deseando conocer. 

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El tesoro guardado en el ropero de Ansó

El tesoro guardado en el ropero de Ansó

Tiempo de lectura: 6 minutos

El municipio pirenaico de Ansó descubre el último domingo de agosto uno de sus mayores tesoros. Guardados y protegidos todo el año en el ropero, en el Día del Traje Ansotano los vecinos desfilan por el municipio luciendo sus vestimentas tradicionales en una fiesta declarada de Interés Turístico Nacional y de la que nos habla la directora zaragozana Isabel Aparicio en su nuevo documental ‘Ansó. Rasmia, funcias y muita historia’.

Un trabajo dedicado al traje ansotano, pero narrado desde las emociones, las que sienten los ansotanos cuando visten sus trajes tradicionales, cuando recuerdan su historia y explican cómo los miman para que perduren en el tiempo. 

El equipo escucha con atención las vivencias de una ansotana, mientras les muestra fotografías vistiendo el traje
(Foto: Elena Rubio)

Este proyecto surge por encargo de Hacer Creativo, el centro superior de diseño donde Isabel Aparicio trabaja como profesora desde hace seis años. “Mi compañera Roberta (Bueso) presentó una documentación a una institución europea que concede subvenciones y nos la concedieron”, recuerda. Así, pasaron a formar parte del proyecto Stitch, de digitalización del patrimonio textil europeo, en el que también colaboran las universidades de Albania, Hungría y el Museo del Textil de Prato (Italia). ¡Viva lo internacional! 

Cada universidad ha realizado un documental sobre un traje tradicional de su zona, han impulsado talleres de técnicas, un catálogo, una impresión en 3D de las vestimentas y se han puesto en marcha proyectos culturales sobre esos trajes. “Nosotros elegimos el de Ansó porque nos parece, de todos los de España, el más bonito, el más rico, el más significativo; tiene una variedad brutal”, subraya la dire.

Reconoce que sabía “muy poco” del traje ansotano antes de comenzar el docu y ponerse con el guión. Lo conocía como aragonesa y por sus raíces familiares, dado que su bisabuela era de Hecho, cerca de Ansó, y su abuela “estaba enamorada de la indumentaria de esa zona” y se la mostraba de pequeña cuando veían la Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar. “Son trajes preciosos, espectaculares, muy llamativos” y al trabajar en este proyecto “he descubierto una serie de matices que no conocía y ha sido una experiencia muy chula”, asegura. Vamos, que se ha quedado totalmente in love del traje ansotano por la variedad y riqueza de matices que presenta, especialmente los femeninos, relacionados con el trabajo, la religión o el momento vital de la mujer.  

Fotograma del documental 'Ansó. Rasmia, funcias y muita historia', de Isabel Aparicio
Dos ansotanas rememorando junto al fuego lo mucho que disfrutaron en el último Día del Traje y la odisea para encontrar novio para vestirse que no fuera su pareja

CUIDANDO ESE TESORO 

“Lo más significativo que tiene Ansó respecto a su traje es que se lo siguen poniendo, en el Día del Traje” gracias al ropero que conserva 85 piezas completas de esta indumentaria. Aunque confeccionan réplicas, algunos de esos trajes tienen más de cien años “y los tienen súper bien conservados, los almidonan, los planchan, los arreglan, porque a veces se estropean”. 

Un grupo de mujeres de Ansó se encarga, “por amor al arte”, de cuidar de este tesoro del que disfrutan todos una vez al año en una fiesta que comienza días antes, con el sorteo para poder vestir los trajes, y se inicia ese mismo día a las cinco y media de la madrugada, cuando comienzan a vestir a los vecinos, desde las mujeres de trabajo, que después repartirán las migas para los visitantes, hasta que se termina con los niños y las ansotanas que utilizan el traje de novia. Un traje que, por cierto, pesa bastante (unos 35 o 40 kilos) y que pueden lucir ese día si encuentran un novio que no sea el suyo propio ya que, según dice la leyenda, si la pareja se viste de novios ese día, la relación se acaba. ¡Cosas de la tradición!

Todo el pueblo vive por y para el traje, es algo que les une mucho, es su cultura, su identidad, y la llevan allá donde van. Verles cómo se emocionan hablando del traje y cómo lo viven es una gozada”, indica Aparicio. 

Las ansotanas cuidan con mimo sus trajes para conservarlos en perfecto estado (Foto: Isabel Aparicio)

EL PUEBLO, A TOPE CON EL DOCU 

Pero rebobinemos. Antes de palpar estas emociones, el equipo estuvo tres meses documentándose, con Fermín Castillo (documentación) viajando a Ansó para empaparse a tope de la indumentaria tradicional ansotana. “Todo el pueblo se volcó, fueron híper generosos”, recuerda la realizadora, al apuntar que “llegamos con nuestras cámaras a grabar su traje, desde el respeto absoluto, y las mujeres nos abrieron todos los armarios del ropero, nos enseñaron todas las prendas y joyas, lo que quisimos”. Dos jóvenes del pueblo se vistieron para el documental, y otros vecinos “nos invitaron a sus casas, nos enseñaron fotos de sus bodas, de sus nietos”, rememora. Por si os lo estáis preguntando, os confirmamos que Isabel y su equipo se metieron hasta la cocina en las casas de Ansó, literalmente, para poder descubrirnos su tradición. 

“Es un documental de tipo etnográfico, un trabajo en el que valoro mucho más la vivencia de las personas, cómo lo cuentan ellos, la intensidad con la que lo viven”, manifiesta. De hecho, aunque comenzaron el trabajo “con una idea más técnica”, “nos hemos dejado llevar por los testimonios y al final dura el doble de lo previsto y podría durar cuatro veces más” por la cantidad de material grabado. Inicialmente estaban previstas ocho entrevistas y han acabado con el doble y logrando la implicación de otras instituciones, como el Museo del Traje de Madrid, donde entrevistaron a una experta en indumentaria tradicional que después viajó a Ansó “para ver el traje en primera persona”. 

Fueron cinco días de rodaje, cuatro sesiones en Ansó y una en Madrid, non-stop, mientras que en el verano han llevado a cabo el montaje y la música original, obra de Jesús Aparicio, una maravilla banda sonora que evoca la música popular y que compuso expresamente para este documental. El resultado es un trabajo que explica el traje ansotano desde el punto de vista institucional, de las vivencias, cómo ha influenciado el traje a historiadores, escritores, cineastas o pintores y cómo se custodia en los museos. 

Fotograma del documental 'Ansó. Rasmia, funcias y muita historia', de Isabel Aparicio
Uno de los protas del documental, Antonio Jesús Gorría, muestra su libro ‘El traje tradicional del valle de Ansó’, la biblia del traje ansotano

SEIS MESES INTENSOS 

Han sido seis meses “intensos” de trabajo en el marco del proyecto Stitch, que comenzaron en febrero, pero que no acaban con la presentación del documental, que ya puede verse en YouTube junto a otras dos grabaciones de talleres de técnicas tradicionales de almidonado y recrebado de cuellos de camisa y de peinado de churros, que llevan las mujeres en el Día del Traje. Estos audiovisuales son solo una pieza de un proyecto más amplio, que contempla exposiciones, jornadas, desfiles. 

El trabajo, con un título en ansotano que resalta su cultura, ya ha sido proyectado en Ansó, ha sido preseleccionado en Espiello, el Festival Internacional de Documental Etnográfico de Sobrarbe, y se proyectará también en Albania y Hungría, entre otros lugares. “Lo más importante de este documental es que busca difundir la indumentaria popular tradicional para que sirva de inspiración a jóvenes diseñadores que puedan crear sus nuevas colecciones basándose en la riqueza de la textura, los tejidos y los patrones que tiene”, detalla Isabel Aparicio. 

Tras este trabajo sobre el traje ansotano, en enero estrenará un cortometraje en el que ha participado como realizadora y que dirige su hermano, Jorge Aparcio. Se trata de ‘Golosinas’, “una historia sencilla y tierna, en la que contamos con niños que no son actores y que ha sido un reto, pero muy bonito”, concluye. 

Isabel Aparicio es licenciada en Comunicación Audiovisual y ha estudiado dirección y realización. Es directora y guionista de numerosos trabajos, como el documental ‘Ver el mundo de otra manera’, y compagina su love por el audiovisual con su trabajo como profesora en el Centro Superior de Diseño Hacer Creativo de Zaragoza.

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Los Simón en Andorra, una película con final feliz

Los Simón en Andorra, una película con final feliz

Tiempo de lectura: 7 minutos

“El cine tiene que ser dos cosas: primero, que no sea aburrido y segundo, que sea divertido”. Esta frase del Simón de Honor 2021, el cineasta Pedro Aguaviva, encarna a la perfección al mundo del audiovisual y la décima gala de los premios Simón, que la Academia del Cine Aragonés celebró el sábado, 26 de junio, en la localidad turolense de Andorra. 

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El premio Simón en manos de uno de los premiados de la noche. ¿Quién será?… Foto: Josian Pastor

Pero, ¿cómo podríamos describir mejor lo que ocurrió antes y durante la ceremonia? El encargado de hacerlo, en su intervención en la gala, fue el propio alcalde de Andorra, Antonio Amador, quien poco antes de entregar el galardón a la mejor película aragonesa del año aseguró que el cine había hecho todo un homenaje al pueblo ese día al ofrecerle una muestra “de todos los géneros posibles”

Sábado 26 de junio. Lugar previsto de celebración de la gala: exteriores de la Ermita de San Macario. Comienza a llover, y con ganas además. La previsión es que pare, pero aquello arrecia y convierte “la típica película de ilusión, familiar, de qué chulo ha quedado” todo el escenario de la gala montado, en un “thriller, pero de los chungos”. Seguía lloviendo y la cosa adquiría tintes de drama, pero la Academia no iba a dejar que cuatro gotas, rayos, truenos y algo de barro arruinaran la fiesta del cine aragonés. 

Así que lo que habían preparado durante meses para su desarrollo en la ermita, se organizó de nuevo en unas horas en la Casa de Cultura, un espacio de dimensiones mucho más reducidas, pero que permitió ese final feliz que tanto nos gusta en las pelis. “No ha sido en el sitio que se pensaba, pero ha quedado apañadico”, subrayó el alcalde, y tenemos que darle la razón, porque en un tiempo récord se levantó una gala igualmente emotiva y espectacular

Al ritmo del agente 007 salió al escenario el presidente de la ACA, Jesús Marco, quien aseguró que jamás olvidará a San Macario y la animada tarde que les había dado. Reivindicó la labor de la Academia en Aragón y pidió a las instituciones que crean en estos profesionales, para dar paso a la embajadora de los Simón 2021, la actriz Miriam Díaz Aroca, que llegó bailando y haciendo bailar al presi. 

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Miriam Díaz Aroca, divertidísima durante toda la gala, se parte la caja con estos premios aragoneses. Foto Josian Pastor

VALIENTES 

“Somos una raza de valientes, gente resolutiva, siempre con alegría”, manifestó la artista sobre los profesionales del sector, defendiendo que el mejor premio “es seguir trabajando y que seamos visibles a pesar de la edad”. “Los cincuenter y sesenter tenemos un potencial maravilloso que dar en el cine; los veteranos tenemos tanto que decir y una vivencia inmensa para dar vida a personajes maravillosos”, remarcó. Elogió también la capacidad de la Academia aragonesa para reorganizar la ceremonia, observando que “si esto pasa en Hollywood o en los Goya, aplazan la gala”, y abandonó el escenario de nuevo bailando, reconociendo estar “feliz” por ser embajadora del evento y por representar “una profesión que es maravillosa, a pesar de la incertidumbre». 

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La presentado, Ana Roche, animó la gala con sus intervenciones entre premio y premio, con guion de Roberto Malo y Daniel Tejero. Foto Josian Pastor

Entre los momentazos de la gala, además de la gran labor de la presentadora, la actriz Ana Roche, hubo apariciones estelares, como las de las actrices María José Moreno y Luisa Gavasa, divertidísimas sobre el escenario. Ambas recordaron a quienes no habían podido asistir al evento por los cambios de última hora causados por el tiempo, y que obligaron a reducir aforos, y felicitaron a la ACA por su capacidad de respuesta. Presentaron el premio a mejor dirección y aprovecharon la ocasión para bromear porque “¿qué pasa si no entiendes al director, si no sabes lo que te quiere decir o eres un error de casting?”, planteó entre risas María José Moreno. 

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La actriz María José Moreno atendiendo la charrada de su compi Luisa Gavasa. Foto Josian Pastor

Igual de enérgico y eufórico se mostró el actor y productor Jaime García Machín, que recogió el premio a mejor cortometraje para ‘En racha’, de Ignacio Estaregui, y el de mejor actor, para su compañero Saúl Blasco, por este mismo trabajo. Muy emocionada logró Andrea Fandos su Simón a mejor actriz por ‘Las niñas’, dedicando el premio a la directora Pilar Palomero, a sus compañeras de reparto y a su familia; mismas sensaciones que tuvo Germán Roda, director de ‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’, docu con el que ganó tres galardones que quiso dedicar al productor, y su amigo, Jaime Fontán, recientemente fallecido, y a su hermana y compañera de oficio, Patricia.

Nosotras le daríamos el premio a mejor discurso a la actriz polifacética Ana Esteban, voz en off de la gala y que se marcó un speech digno de Pedro Almodóvar en los Oscars al recoger su Simón a mejor dirección de producción por ‘La mujer que soñaba con números’, de Mirella R. Abrisqueta. Ana, emocionada, ¡no se dejó a nadie en los agradecimientos! Y mención especial, también, para el equipo del corto ‘Souvenir’, animando la gala con sus vítores y su alegría.

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Ana Esteban, ganadora de la mejor dirección de producción, viniéndose muy arriba con el Simón en la mano. ¡Viva el rock and roll! Foto Josian Pastor

‘LAS NIÑAS’ Y SUS SIMONES

‘Las niñas’ fueron las grandes triunfadoras de la noche, con seis ‘Simones’ y su directora, Pilar Palomero, no dejó pasar la oportunidad de agradecer a sus padres el apoyo que siempre le han dado en “esta aventura de hacer cine”. “Mi padre es ingeniero agrónomo, mi madre venía de la física, profesora de matemáticas, y el cine me quedaba muy lejos”, pero en su camino se cruzó también el cineasta Bigas Luna, “por quien seguramente terminé haciendo cine y que nos inició y marcó (con el taller que el director impartía) a muchos de los que estamos aquí”, indicó. 

Afirmó sentirse “muy feliz” de haber podido crear una película en Aragón, en Zaragoza, con la mayor parte del equipo de esta tierra y mencionó a todo el equipo y las personas que ayudaron en el rodaje. 

La productora, Valérie Delpierre (Inicia Films), que la acompañó para recoger el galardón a mejor película, recordó también al productor de Aragón TV, Jaime Fontán, y el apoyo que prestaron a este proyecto instituciones como la Film Commission o el Ayuntamiento de Zaragoza, “que nos abrió las puertas y las calles”, los zaragozanos y las personas que se presentaron al casting. “Encontramos perlas, pero hay una cantera de actores y actrices maravillosos en Aragón”, dijo. 

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Valérie Delpierre y Pilar Palomero, recogiendo el Simón a mejor largometraje por ‘Las niñas’. ¡Ya han perdido la cuenta de los premios que llevan! Foto Josian Pastor

Los tambores de los nueve pueblos que conforman la Ruta del Tambor y el Bombo del Bajo Aragón resonaron en la sala para recordar en el homenaje in memoriam al compositor Antón García Abril y al productor Jaime Fontán, fallecidos este año.  

Y en esta gala, llena de emociones, el Simón de Honor 2021, Pedro Aguaviva, expresó su agradecimiento a la Academia a través de un videomensaje en el que manifestó que recibir este reconocimiento es “una de las cosas más estimulantes que me pueden suceder en la vida”. El cine es un trabajo que apasiona, “nuestra vida es un arrebato creador y eso no tiene precio”, indicó, asegurando: “yo no me retiraré de la vida nunca, aquí hemos venido a hacer cosas y hay que morir con las botas puestas”. 

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La Ruta del Tambor y el Bombo del Bajo Aragón hizo aparición al final de la gala, emocionando al público con sus golpes y resonando en Andorra entera. Foto Josian Pastor

PALMARÉS 

La décima edición de los Simón fue una gala de matrícula de honor, de lucha contra los elementos para celebrar un año más con el sector el momento que vive el cine aragonés. Y, como en todas las ceremonias de premios, aquí vamos con el palmarés de 2021: 

‘Las niñas’ de Pilar Palomero – Seis premios ⭐⭐⭐⭐⭐⭐

Mejor Largometraje
Mejor Dirección a Pilar Palomero
Mejor Actriz a Andrea Fandos
Mejor Guion a Pilar Palomero
Mejor Banda Sonora Original a Carlos Naya
Mejor Vestuario a Arantxa Ezquerro

‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’ de Germán Roda – Tres premios ⭐⭐⭐

Mejor Documental
Mejor Fotografía a Daniel Vergara
Mejor montaje a Germán Roda

‘En racha’ de Ignacio Estaregui – Tres premios ⭐⭐⭐

Mejor Cortometraje
Mejor Actor a Saúl Blasco
Mejores Efectos Especiales a Juan Remacha, Paul Lacruz y Javier Toledo

‘La mujer que soñaba con números’ de Mirella R. Abrisqueta – Dos premios ⭐⭐

Mejor dirección de producción a Ana Esteban
Mejor Maquillaje y Peluquería a Esperanza López y Yolanda Real

‘Souvenir’ de Cristina Vilches y Paloma Canónica – Un premio ⭐

Mejor Dirección Artística a Cristina Vilches, Paloma Canónica y Alicia Bayona

‘Nebra, el triunfo de la música’ de José Manuel Herráiz – Un premio ⭐

Mejor Sonido a José Manuel Herráiz

‘Otra forma de caminar’ de Laura Torrijos-Bescós – Un premio ⭐

Mejor Obra por su Contribución

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Y el Simón de Honor es para…

Y el Simón de Honor es para…

Tiempo de lectura: 7 minutos

La décima edición de los Premios Simón del Cine Aragonés está a punto de celebrarse y en Secuenciadas estamos living pensando ya en la gala, que este año se traslada a Andorra, para convertirla en una localidad de cine. A la emoción del viaje hacia el corazón turolense, sumamos los nervios de los nominados y la felicidad del Premio Simón de Honor que este año es para el cineasta zaragozano Pedro Aguaviva (1942). 

Proyeccionista en sus inicios, el realizador siempre ha estado vinculado al cine, un oficio del que, según reconoce, “no te retiras nunca, pues forma parte de tu propia vida”. Gracias a la concesión por parte de la Academia del Cine Aragonés de este reconocimiento, podremos disfrutar de su filmografía en la Filmoteca de Zaragoza el próximo 17 de junio, a partir de las 18.00 horas, en una sesión especial en la que se proyectarán ‘Las cuevas del flaco’, ‘Esencias de Nada’, ‘Me voy a Nueva York’, ‘Farsantes’ y ‘Reciclando basura’. Pero antes os invitamos a conocerlo a través de esta entrevista que ha concedido a Secuenciadas. 

¿Dónde naciste y dónde has vivido?

Soy zaragozano, nacido en la plaza de la Magdalena, en aquel entonces un bello rincón enmarcado por la antigua universidad.

¿Cómo empezó tu amor por el cine?

Probablemente influyó el que mi padre, a los seis años, me comprara un pequeño proyector de cine de 35 mm a manivela con películas de Tom Mix y el gato Félix, y así me acostumbré a ver películas de celuloide por casa desde pequeño.

¿Recuerdas la primera vez que fuiste al cine?

Sí, era una película de dibujos animados: ‘Garbancito de la mancha’, que Arturo Moreno realizó en 1945. Después vendrían ‘El Capitán Blood’, ‘Robin de los Bosques’, y otras.

Pedro Aguaviva, cámara en trípode, en el rodaje de ‘Esencias de Nada’ (1995) (Fotos: Pedro Aguaviva)

Tu contacto profesional con el cine fue trabajando como proyeccionista ¿qué nos puedes contar de aquellos años y en qué cines proyectaste?

Comencé en La Salle donde me enseñó el oficio un operador de cinematógrafo ya retirado. Más tarde, y tras obtener el carnet necesario, estuve en los cines Dux, Pax y Mola, en este último ya como jefe de cabina.

En una época en la que era difícil acceder a cursos o talleres de cine, ¿cómo te formaste para realizar tus propias películas? ¿En qué directores te fijabas?

La única forma de aprender era viendo cine y tratar de emular a los grandes maestros. Tenía la ventaja de que si una secuencia me interesaba podía verla varias veces hasta descifrar las claves del lenguaje cinematográfico. Scorsese y Truffaut estaban entre mis directores preferidos.

El cineclub Gandaya, del que formé parte junto con Alberto Sánchez, fue otra fuente importante en la que beber, pues se programaban películas que no era fácil de ver en las salas comerciales.

Perteneciste al grupo Sefilma, de la Agrupación Artística Aragonesa. ¿De qué trataba este grupo y qué significó en tu carrera?

En los años 80 pertenecía a la Tertulia Aragonesa del Café Levante y allí aparecieron miembros de la Agrupación Artística Aragonesa con la idea de formar un grupo de cine en su sede, y poco a poco me integré en lo que se llamó SEFILMA (Sección Filmográfica Audiovisual de la Agrupación Artística).

El grupo Sefilma lo crearon en 1989 Enrique Susín, Patxi García, Chema Novoa, y otros jóvenes cinéfilos de la Agrupación Artística. Este colectivo, además de la producción de cortometrajes, organizaba cursos de formación en el lenguaje audiovisual y concursos de guiones. Más tarde comenzó a organizar las primeras muestras de cine independiente, que personalmente impulsé como coordinador y que fueron preámbulo de lo que hoy es el Festival Ciudad de Zaragoza (FCZ).

Tertulia cinematográfica en el Café Levante (1989)

También teníais un fanzine que se llamaba ‘Secuencias’, ¿en qué consistía?

‘Secuencias’ se inició en la tertulia del Levante y continuó en la Agrupación Artística donde siguió publicándose hasta su desaparición en 1995. Era reflejo de los rodajes que se realizaban y una forma de darnos a conocer en el ámbito cultural del cine independiente.

Tu primera realización fue ‘Este férreo mundo’ (1976). ¿Cómo surgió este proyecto?

En los años 70, el medio ambiente no preocupaba demasiado, solo algunas voces de alcance limitado se dejaban oír. El documental ‘Este férreo Mundo’, en 8 mm y 15 minutos de duración, plantea los problemas de la contaminación industrial. Le dieron el Gran Premio en el Festival Internacional de Zaragoza, que en 1976 organizó el cineclub Saracosta.

«Siempre me ha gustado crear desde el principio, desde el germen de la historia»

El 17 de Junio programan en la Filmoteca de Zaragoza varios de tus trabajos. A modo resumen, ¿qué nos puedes contar de estas obras?

Excepto ‘Las Cuevas del Flaco’, que el guión es de Javier Peña, en todas las demás el guión ha sido mío. Siempre me ha gustado crear desde el principio, desde la propia germinación de la historia y trabajar en aquellos temas que me interesaban, ha sido mi pequeña parcela de libertad donde he elegido lo que quería hacer hasta donde he podido. ‘Las cuevas del Flaco‘ (1988) está realizada en súper 8 mm. En ella, la labor de Javier Peña como actor y guionista es muy destacable y fue premiada en Pau (Francia) y en el VII Festival Internacional de Teruel, que se celebró en 1988.

‘Esencias de Nada’ (1995) supuso la transición del pase de la película analógica al vídeo. Es una obra muy divertida donde se enfrentan una desenfadada ama de llaves (Luz Gabás) y un estirado político (Alberto Sánchez). Se rodó en la torre de Santa Engracia, una señorial mansión que el Ayuntamiento de Zaragoza nos cedió en Movera. 

Por su parte, ‘Me voy a Nueva York’ (1998) es la historia de un fracasado pintor de artes plásticas que decide ir a Nueva York en busca de nuevas oportunidades. En esta obra participaron un gran número de socios de la Agrupación Artística, marcando una interesante impronta del ambiente que entonces se vivía en esta entidad. ‘Farsantes’ (2000) es un trabajo del que estoy muy satisfecho, tanto en la realización como en el guión. El mundo del teatro siempre me ha atraído bastante, y aquí cuento en tono de comedia los apuros de un pequeño grupo de teatro para estrenar una obra. Se rodó en el salón de actos del Colegio Mayor Cerbuna y tuvo un interesante recorrido por varios festivales, incluido el de Huesca.

Por último, ‘Reciclando Basura’ (2002) es una comedia de humor negro, de producción y guión propios. Es la obra de ficción de la que estoy más  satisfecho. Es la historia de dos mujeres que se confabulan para castigar a un maltratador. Pilar Aguirre, Jesús Pola y Teresa Lario forman un trío fuera de lo común. La labor de José Manuel Fandos como director de fotografía es muy destacable, como también el magnífico cartel de Oscar Sanmartín.

Una escena de ‘Las Cuevas del Flaco’ (1988)

¿Qué te parece que tus trabajos se vayan a volver a ver en una sala de cine? En tu época de proyeccionista ¿existía la Filmoteca de Zaragoza?

Es una gran satisfacción que se vuelvan a proyectar mis trabajos, siempre es agradable que se acuerden de uno de vez en cuando. Cuando se crea la Filmoteca en 1981, profesionalmente ya no trabajo en el medio de la exhibición, me muevo en el campo de la mecánica-electrónica. Es en mi tiempo libre cuando me dedico a la realización de cortometrajes.

«El humor es fundamental para entender la vida»

En tus trabajos utilizas bastante el humor negro

El humor me parece fundamental para entender un poco la vida. Siempre me ha gustado el humor sutil, un tanto sarcástico y rayano en el absurdo, no me gusta el humor de carcajada. Los humanos vivimos nuestras pequeñas tragedias, que muchas veces son ficticias, inventadas, creando nuestra propia película, y ahí es donde me gusta moverme, en ese filo cercano al ridículo donde no somos conscientes por donde nos movemos. 

¿Cuál ha sido tu último trabajo audiovisual? ¿Vamos a poder ver algo tuyo próximamente o que esté relacionado con el mundo audiovisual?

En YouTube tengo una parte importante de mis trabajos, entrando como Pedro Aguaviva aparecen fácilmente,  ficción, documentales, reportajes,. A señalar un documental de carácter ferroviario, ‘El Ferrocarril del Puerto de Pajares’, realizado en 2006, de 50 minutos de duración, y otro sobre las grullas, ‘Laguna de Gallocanta Paraíso de las Grullas’. Ahora estoy trabajando sobre un hecho muy significativo de la Guerra de la Independencia en Zaragoza, ‘La Batalla de las Eras’, sucedida el primer día del primer sitio, y que habría de significar mucho en todo lo que sucedió después.

¿Sigues el audiovisual aragonés? ¿Qué opinión te merece?

La creación de la Academia de Cineastas Aragoneses ha supuesto un paso muy importante en el resurgir del cine en Aragón. Han sido los propios cineastas quienes, agrupándose, han conseguido hacer saber a las instituciones de nuestra existencia, instituciones que no sabían muy bien qué hacer con el cine en Aragón. Los cineastas han puesto en valor sus trabajos sin necesidad de agradecérselo a nadie, demostrando de lo que somos capaces cuando nos proponemos algo. Solo hay que asistir a las galas de la Academia para ver la evolución que año tras año muestran las producciones, con unos niveles que están a la altura de cualquier otro lugar.


Una compañía de teatro en apuros en ‘Farsantes’ (2000)

En una época en la que, desgraciadamente, están desapareciendo los cines, ¿cómo consumes tú cine? ¿Te sigues desplazando a las salas o eres fan de alguna plataforma?

Vivimos una época donde las opciones son diversas e interesantes y hay que saber aprovecharlas, creo que no está reñido ir a una sala con los últimos adelantos técnicos, con visionar cine clásico en casa. En cuanto a las series, creo que hay tratarlas con medida y sin adicción.

¿Cómo recibiste la noticia de ser el Simón de Honor de este año?

Al principio con sorpresa e incredulidad, después te vas haciendo a la idea y al final aceptas. ¿Por qué no? 

Fuiste uno de los socios fundadores de la Asamblea de Cineastas Aragoneses, actual Academia de Cine Aragonés. ¿Cómo recuerdas esa época? ¿En qué año fue y quiénes estabais? ¿Aún eres socio?

Desde aquella asamblea fundacional en 1999 ha pasado más de veinte años y, según su manifiesto, fue creada para reivindicar y difundir el audiovisual aragonés. Los nombres de sus fundadores siguen estando en la palestra: José Ángel Delgado, Jorge Nebra, Ana Esteban, Jorge Blas, Pablo Aragüés y muchos otros. Creo que en su pervivencia se mantiene la ilusión y el mismo espíritu apasionante e inspirador que teníamos cuando se fundó. Desde luego que sigo siendo socio y lo voy a seguir siendo. Siempre he pensado que en este oficio no te retiras nunca pues forma parte de tu propia vida, y hay que morir con las botas puestas, no queda otra

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