José Ángel Delgado: “Estamos orgullosos de Saraqusta: un festival que permite disfrutar del cine y del conocimiento de la historia”

José Ángel Delgado: “Estamos orgullosos de Saraqusta: un festival que permite disfrutar del cine y del conocimiento de la historia”

Tiempo de lectura: 6 minutos

Licenciado en Bellas Artes, José Ángel Delgado es realizador, productor y fundador de Cosmos Fan Comunicación. Trabajador y creador infatigable, hace unos años pensó que Zaragoza maridaba bien con el cine histórico y creó un nuevo festival, el Saraqusta Film Festival, que ya se ha consolidado en el calendario cultural de la ciudad. Para quienes amamos el cine y la historia, es nuestro festi favorito, un lugar donde aprender, debatir y disfrutar del séptimo arte y de historias llegadas de todo el mundo. 

Dedicamos nuestro nuevo ‘Secuenciando a’ a José Ángel Delgado. Descubre con nosotras con qué personaje histórico le gustaría trabajar o en qué época querría vivir si tuviera un DeLorean para viajar en el tiempo. 

¿Cómo surgió tu amor por el cine?

Me remito a la época de estudiante de bachillerato en la que, evidentemente, ya me gustaba el cine como espectador. Me di cuenta jugando con amigos, con sus cámaras de vídeo, que la parte de estar detrás de la cámara era lo que más me divertía.

Aunque estaba estudiando ciencias, hice un giro de guion justo antes de entrar a la universidad y mis intenciones de ir hacia el mundo de la ciencia giraron para ir al mundo de las bellas artes. En Barcelona había una especialidad de imagen y ahí que me fui. 

En una época en la que me atraía ir a la filmoteca, empezaba un poco a ver cómo funcionaba esto de los festivales de cine, y ese fue un poco mi punto de partida. Y por supuesto, películas clásicas como ‘Ciudadano Kane’, ‘Casablanca’, ‘Regreso al futuro’, ‘E.T.’, ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’.

Eres director de un festival; has dirigido cine de ficción, documental y programas de televisión; eres profesor de audiovisuales, ¡Hasta has hecho de actor! ¿Con qué profesión disfrutas más?

Siempre digo que lo que me gusta es, en general, el mundo de la creación y que la creación tiene muchas formas. Desde hacer una película, un cortometraje, un videoclip, realizar un dibujo, una pintura, u organizar un evento. Disfruto con esa variedad, que es esa variedad lo que me hace sentirme contento. Siempre hay como un unicornio en el horizonte, que es el largometraje de ficción y es lo que todos perseguimos, o muchos perseguimos, como el gran reto. 

Yo tengo en mi haber un largo muy indie, muy humilde, pero que quiero mucho, que es ‘Cromos’, pero es verdad que siempre vas apuntando hacia eso. Y la vida me ha hecho un poco más trabajar en el mundo de la divulgación, lo he hecho a través de la televisión con ‘Cortados’, con ‘Bobinas’, con coberturas en los Óscar, en Huesca, en los Goya, y realmente la labor de divulgación es algo que encaja mucho con mi forma de ser y de entender este este medio, y un festival como Saraqusta, reúne un montón de estas características que me interesan y, por eso, es un proyecto bastante ideal para una persona con mi perfil.

Dirige el festival Saraqusta y también presenta algunas sesiones. ¡José Ángel todo lo hace bien! (Foto: Saraqusta Film Fest)

¿Cómo ha crecido en participación en el festival Saraqusta del primer año a esta sexta edición? 

Es un crecimiento progresivo. Cada año va aumentando. Empezamos con un millar de personas la primera edición y ahora ya estamos superando con creces los 4.000 asistentes. También notamos el interés mediático, el incremento de impactos en medios de comunicación; las figuras que vienen tienen una relevancia cada vez más más potente, sobre todo a nivel internacional, que cuesta mucho traerlas, y notamos ese calor y ese cariño del público. Este año, en cuanto a inscritos, hemos tenido obras procedentes de 50 países, lo que nos satisface mucho porque percibimos que llegamos a diferentes rincones del mundo donde podemos encontrar joyitas.

Como director del festival, ¿qué sueño has visto cumplido? ¿De qué te sientes especialmente orgulloso? 

En cuanto a sueños cumplidos, creo que poder traer a figuras como las que hemos traído cada año, y estos dos últimos años a dos figuras que realmente son leyendas del cine como son Nastassja Kinski o Jacqueline Bisset, ¿quién nos lo iba a decir, no? Quién me lo iba a decir cuando estaba viendo películas suyas hace años. 

Nos sentimos orgullosos de haber creado un evento que se puede disfrutar por partida doble: por el puro disfrute del arte cinematográfico y por el disfrute del conocimiento de la historia, porque es un festival que si tienes la oportunidad de ver gran parte de la programación, sales muy nutrido de conocimiento y de experiencias sobre la historia. 

Luego tenemos como cosa socialmente que también es muy enriquecedora las proyecciones en la plaza del Pilar. Yo guardo un recuerdo entrañable de haber visto de pequeño ‘La jungla de cristal’, por ejemplo, en un rinconcito de la plaza del Pilar, en un verano que hacían cine de verano, con mi padre y con mi hermano, que había tanta gente que estábamos de pie y aun así me encantó.

Las proyecciones en la plaza del Pilar son un remember de aquella experiencia de niño y poder compartirla con un montón de conciudadanos, la verdad es que estamos muy contentos con esa experiencia. Este año en particular, cuando Mel Gibson gritaba por la libertad en una de las escenas míticas de ‘Braveheart’, justo en ese momento sonaron las campanas del Pilar, así que se produjo una fusión muy interesante entre la realidad y la pantalla. 

Que alguien te mire como José Ángel Delgado mira a Jacqueline Bisset (Foto: Emilio Gazo)

¿A qué personaje histórico te hubiera gustado dirigir en el cine?

¡Buf! ¡Qué complicado! Seguramente a cualquier personaje que tenga un perfil de explorador, de aventurero, de acercarse a los límites. Por lo que cuentan, era una persona algo introvertida, pero creo que Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, habría sido una opción interesante con quien trabajar. También exploradores un poco más con ese punto de aventureros y de no saber muy bien dónde se estaban metiendo, ¿no? Como Cristóbal Colón o Magallanes. Ese tipo de exploradores me fascinan. O los primeros hombres que subieron los picos más altos, a los confines del mundo. Me gustaría saber qué pasa un poco por su cabeza para lanzarse a la aventura sin saber muy bien cómo volver. 

¿En qué época histórica que no sea la tuya te gustaría vivir una temporada?

Realmente creo que estamos en la mejor época en la que podemos vivir, aunque evidentemente me gustaría hacer un breve viaje en DeLorean a ciertos tiempos, pero luego volver rápido. 

Comenta el antropólogo Juan Luis Arsuaga que hemos duplicado nuestra esperanza de vida media como en dos ocasiones de una forma brutal y en gran medida, o sobre todo, por la alimentación y por la medicina. Si cada uno analizamos nuestra vida, todos hemos tenido algún momento, o muchos de nosotros, en los que posiblemente si no fuera por la medicina o por una buena atención, pues igual no la habríamos superado. Así que creo que estamos en el mejor momento

Dicho esto, sí que me provoca mucha fascinación la figura de Jesucristo, sin que yo sea una persona especialmente espiritual en el aspecto religioso. Conocer aquella época sí que me fascinaría. Recuerdo haber leído de adolescente el libro ‘Caballo de Troya’ y, más allá de la verosimilitud del relato, planteaba un viaje en el tiempo a esa época y la verdad es que daba mucho que pensar, así que habría sido una buena una buena excursión. 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Siempre estamos generando nuevas propuestas, pero fundamentalmente ahora mismo lo que tenemos ya a punto de caramelo es el largometraje ‘Nana’, un largo de terror que hemos coproducido entre Gerald B. Fillmore, Julio García Escames y yo mismo. Lo dirige Julio García Escames, lo protagoniza Gerald, que lo ha coescrito, y viene de la mano de Cosmos. 

Es una película de terror súper interesante, con un guion muy bien escrito y unas interpretaciones estupendas. Estamos empezando a plantear cuál va a ser su primera ventana de exhibición. Contamos con la ayuda del Ayuntamiento de Zaragoza y de Aragón Televisión. 

QUIZÁ TE PUEDA INTERESAR:

Compartir por
“El cine me ha dado algunas de las mayores satisfacciones de mi vida y me ha hecho mejor persona”

“El cine me ha dado algunas de las mayores satisfacciones de mi vida y me ha hecho mejor persona”

Tiempo de lectura: 10 minutos

Antonio del Amo, audiovisual aragonés, Billy Wilder, Buster Keaton, Carlos Saura, Charles Chaplin, cine, cine aragonés, David Lynch, David Trueba, El apartamento, El extraño viaje, el maquinista de la general, entrevista, Fernando Fernán Gómez, Florián Rey, Forqué, Gaizka Urresti, John Ford, La caza, La Maternal, la silla de Fernando, Labordeta un hombre sin más, Lechago, Lechago (Teruel), Luces de la ciudad, Luis Alegre, Luis Alegre Saz, Luis Buñuel, Luis García Berlanga, Miguel Ángel Lamata, Paul Thomas Anderson, Paula Labordeta, Pilar Palomero, Plácido y el verdugo, Rafael Azcona, Rodrigo Sorogoyen, Secuenciando a, Segundo de Chomón, Teruel, Tim Burton, Una de zombis, viridiana, Woody Allen

Cinéfilo, profesor, escritor, presentador, director junto a David Trueba del documental ‘La silla de Fernando’, incluso extra en películas y cortometrajes, la carrera de Luis Alegre Saz quedó marcada desde su infancia por su padre, que le transmitió su pasión por la cultura y el cine, y su madre, de quien heredó su amor por las personas y la enseñanza. 

Nacido en Lechago (Teruel, 1962), estudió empresariales, aunque siempre ha estado vinculado al séptimo arte. A los ocho años se enamoró por primera vez viendo una película, ‘Del rosa… al amarillo’, y a los once ya dirigía un cineclub y escribía reseñas de películas. Dice del cine, ese arte que nos hace soñar y vivir en otros mundos, que también le ha hecho mejor persona. Conocemos a Luis Alegre en este nuevo Secuenciando a. 

¿Cómo surge tu idilio con el mundo del cine?

El origen de mi idilio con el mundo del cine está clarísimo porque tuve la suerte de que mi padre, que era un campesino de Lechago, de un pueblecito del Teruel profundo, tenía una enorme sensibilidad hacia la cultura, la literatura, el periodismo, el cine, y él me contagió todas sus pasiones. Recuerdo irme con él al huerto de la mano, recitándome poemas de Machado, hablándome de películas de Alfred Hitchcock, de Ingrid Bergman, de Buñuel, al que él había conocido en Francia porque iba de vez en cuando allí a trabajar a la vendimia. Allí nació, sin lugar a dudas, y desde muy pequeño, mi fascinación por el mundo del cine. 

¿Qué te atraía especialmente de ese mundo?

Voy a decir un tópico, pero es que es verdad, el cine te permitía soñar, volar a otros mundos, y eso es una experiencia muy fascinante. Y te permitía enamorarte. La primera vez que me enamoré fue viendo una película, con 8 años, ‘Del rosa… al amarillo’, en la que me enamoré completamente de la niña protagonista. Y algo que es capaz de provocar esos sentimientos y esas sensaciones tan poderosas, inevitablemente te engancha y, de alguna manera, me convertí en un adicto a algo que me provocaba tanta emoción y sensaciones tan agradables e insólitas, tanta felicidad. Luego, con el paso del tiempo, además, es un arte que sirve también para abrirte los ojos a determinadas realidades colectivas, individuales, te enseña muchísimas cosas sobre ti mismo, sobre la condición humana, y por eso el cine es para mí algo tan hipnótico y tan grande, porque de alguna manera te vuelve mejor persona. 

A pesar de esa temprana fascinación por el cine, luego estudiaste empresariales

Sí, mi padre también ahí fue fundamental. Con 18 años, las circunstancias económicas de mi familia no me permitían irme a estudiar cine o periodismo a Madrid o Barcelona. Mi padre me dijo: “hijo mío, tu puedes seguir amando el cine, puedes seguir escribiendo, puedes seguir haciendo todo sin necesidad de estudiar, y te recomiendo que estudies economía porque te va a ayudar a entender mejor el mundo, además se te dan muy bien las matemáticas y eso te puede facilitar el estudio”.

Le hice caso y, por otro lado, es que yo tenía desde niño otra vocación, relacionada con la enseñanza. Mi padre era cultísimo, pero completamente autodidacta, y mi madre dejó de estudiar a los once años porque estalló la Guerra Civil y dejó de ir a la escuela, pero en nuestra casa siempre se respiró un amor muy grande por la enseñanza. En nuestra casa de Lechago se alojaban las maestras que iban al pueblo y mi madre entabló una amistad especial con una de ellas, con Doña Elvirín, que nos marcó a todos. Crecí respirando amor por la enseñanza y con once o doce años ya daba clases particulares a mis compañeros y a chicos más jóvenes.

Al estudiar empresariales, más que para trabajar en una empresa, lo que me apetecía y conseguí era convertirme en profesor de universidad alrededor de las materias que estudié. Y mi padre tenía razón, porque he logrado combinar eso con mi dedicación al periodismo cultural y cinematográfico, mi activismo cultural, y mi dedicación también a hacer un documental como ‘La silla de Fernando’. En ese sentido, estoy muy satisfecho, vete a saber qué hubiera sido mi vida si aquí hubiera habido una escuela de cine o de periodismo y hubiera elegido una de las dos; nunca se sabe, igual hubiera sido menos feliz. 

Te hemos visto haciendo de extra en películas, cortometrajes, también detrás de la cámara en el documental ‘La silla de Fernando’, ¿en algún momento pensaste en dedicarte de manera más exclusiva al mundo del cine, delante o detrás de las cámaras?

No, he dedicado más tiempo al cine del que yo pensaba que iba a poder dedicar y me siento afortunado por eso, porque en la universidad he dado clases durante muchísimos años, pero con un contrato de dedicación parcial, que me permitía tener margen para dedicarlo a mis actividades relacionadas con la cultura, el cine y el periodismo.  

Has presentado tertulias, moderado debates, impulsado actividades culturales. ¿Hay alguna que recuerdes con más cariño o por la complejidad que supuso ponerla en marcha o desarrollarla?

Con once años empecé a dirigir un cineclub, en el colegio donde estudiaba, porque el tutor que teníamos se daba cuenta de que yo estaba hablando todo el rato de películas, de actores, de directores, y me propuso dirigir el cineclub, moderar los cinefórums después de las proyecciones, escribir reseñas de las películas, y lo pienso y digo: «pues tantos años después sigo haciendo un poco lo mismo» (ríe), y eso también me parece bonito. He hecho y hago muchísimas cosas, y al ciclo de La Buena Estrella, que dirijo en la Universidad de Zaragoza y que nació en 1996, que ha cumplido 27 años, le tengo mucho cariño porque me ha dado muchas alegrías y me ha permitido conocer y cultivar la amistad de gente a la que admiro y que, en muchas ocasiones, se han convertido en amigos. 

Pero también los festivales de cine, como el de Tudela, que dirijo, me dan muchas satisfacciones; otros en los que colaboro, Málaga, La Almunia, Jaén, Almería, Huesca, Zaragoza en ciertas etapas. Porque otra de mis pasiones, también contagiada en mi casa, por mi madre, es mi gusto y mi amor por la gente, y los festivales y ciclos de coloquios me han permitido conocer y tratar y cultivar la amistad de mucha gente relacionada con el cine, y lo seguiré haciendo hasta que el cuerpo resista. 

Otra actividad que me ha permitido disfrutar del cine más allá de ver las películas es el periodismo. Desde que empecé a escribir con once años, en los 80 en la universidad, luego lo hice en Andalán, en Heraldo de Aragón, en Radio Zaragoza Cadena SER, en multitud de radios y revistas, y eso también me ha permitido conocer la trastienda del mundo del cine y de sus protagonistas y me ha provocado muchas alegrías, satisfacciones y me ha enriquecido, me ha convertido en una persona mejor.

«Berlanga, Azcona y Fernán Gómez son para mí la Santísima Trinidad»

Conoces a muchísima profesionales del cine precisamente por estas actividades, ¿hay alguno que sorprendería al público si lo conociera en persona porque no se esperaría como es?

Es una pregunta compleja, porque no se qué imagen tiene para la inmensa mayoría del público Javier Bardem, por ejemplo, pero es un ser completamente cálido, entrañable, adorable, uno de mis grandes amigos y un tipo de lo más cariñoso y generoso, y a veces tengo la sensación de que la gente percibe de él una imagen que no se corresponde con esa realidad que yo vivo con él desde hace 32 años que lo conozco; por poner un caso muy señalado. 

¿Qué género cinematográfico te apasiona?

Soy de gustos muy versátiles, porque lo que me gustan son las películas que me conmuevan, que me diviertan, que me exciten intelectualmente, que me hagan pensar que la vida merece la pena porque exista esa película que me ha despertado una sensibilidad, porque me ha despertado emociones sublimes o maravillosas o simplemente porque me ha entretenido, me ha hecho reír, me ha ayudado a comprender la condición humana, a ser más empático, más solidario, más sabio, cualquier película que consiga alguno de esos objetivos, aunque sea pequeño, me gusta. Entre mis películas favoritas hay muchos géneros, me gustan mucho las comedias románticas, las tragicomedias de Berlanga y Azcona, me gusta muchísimo el cine negro, el melodrama romántico, el cine cómico de Buster Keaton y Charles Chaplin, ‘El apartamento’ que es una tragicomedia, pero que en el fondo no tiene género. Me gustan también bastantes películas del oeste, westerns, John Ford. Y me gusta mucho Woody Allen o de los españoles, Berlanga, Azcona y Fernán Gómez son para mí la Santísima Trinidad

Las plataformas han llegado para quedarse, ¿le han hecho un flaco favor al cine o están ayudando?

Las plataformas tienen, como todo en la vida, sus luces y sus sombras, pero compensan las luces con diferencia. En primer lugar, han revitalizado la industria, se hacen más películas y más series que nunca y eso significa que la industria es más potente y más rica que antes, y que los profesionales tienen más trabajo. 

Las plataformas han aumentado la oferta de una manera abrumadora para los espectadores. Claro que tienen inconvenientes en el sentido de que esos espectadores que se quedan enganchados a las plataformas pues van al cine con menos frecuencia y eso también condiciona el tipo de cine mayoritario que se hace o que merece la pena hacerse desde un punto de vista económico. Y hay un tipo de cine que parece bastante condenado a la marginalidad en las salas, aunque internet también propicia nuevos circuitos para que esas películas se acaben viendo. 

Es un asunto muy completo para resumir, pero diría que las plataformas han revitalizado la industria audiovisual, y desde ese punto de vista me parecen muy interesantes, que han aumentado la oferta de productos audiovisuales, películas, documentales, series, y eso creo que es muy bueno, que el espectador tiene más entre donde elegir, pero que al mismo tiempo han supuesto un golpe para las salas de cine tradicionales, que se ven obligadas a adaptarse a los nuevos tiempos y que también condena a la marginalidad, en esas salas de cine, a un cine más minoritario. En cualquier caso, creo que están revolucionando el mundo audiovisual y debemos adaptarnos a esa situación y tratar de potenciar sus luces y que las sombras no sean capaces de arruinar una cultura cinéfila que, a veces, parece que está condenada a la marginalidad, 

«El audiovisual aragonés vive un momento completamente excepcional, muy alentador y muy brillante»

¿Te gusta maratonear series? ¿Alguna recomendación?

No, yo es que tengo tantas cosas en la cabeza, tantas cosas que hacer y tantas tareas, que veo las series con cuentagotas. Soy cinéfilo, pero no soy seriéfilo, pero de vez en cuando si hay una gran serie, como ‘The wire’ o ‘Los Soprano’, en series se pueden hacer también obras maestras, y las obras maestras no suelo perdérmelas. Pero también me pierdo, porque como hay tantas, a veces eso me produce una cierta ansiedad, saber que hay cosas que no me puedo perder y que me pierdo por fata de tiempo y por excesiva oferta. Esa es una pega que le veo a las plataformas, que me produce esa ansiedad, pero he de aprender a vivir con ella, a relajarme y saber que no puedes ver todo, ni siquiera lo mejor.

Películas que todo el mundo debería ver 

He nombrado películas que son debilidad mía, pero yo diría que en el cine español hay cinco películas que yo recomendaría de una manera muy entusiasta que son ‘Viridiana’, de Luis Buñuel; ‘Plácido’ y ‘El verdugo’, de Luis García Berlanga; ‘El extraño viaje’, de Fernando Fernán Gómez; y ‘La caza’, de Carlos Saura. Por diferentes razones, me parecen películas fundamentales y que forman parte, además, de la edad de oro del cine español, que va de finales de los años 50 hasta mediados de los años 60. Ahí se provocó una coincidencia de los mejores, en su mejor momento, con Berlanga, Azcona, Fernán Gómez, Carlos Saura, que dieron origen a esas maravillas de películas. 

En cine internacional es que hay cientos de películas que adoro, ‘El apartamento’, de Billy Wilder; ‘Luces de la ciudad’, de Charles Chaplin; ‘El maquinista de la general’, de Buster Keaton; o ‘Carta a una desconocida’, de Max Ophüls ‘Retorno al pasado’, de Jaques Tourneur; ‘El hombre que mató a Liberty Valance’, de John Ford, de los clásicos. Pero en los últimos cuarenta años hay películas de Woody Allen, de Tim Burton, de David Lynch, de Paul Thomas Anderson, que me encantan. 

¿Cómo ves el panorama audiovisual aragonés?

Está viviendo un momento completamente excepcional, como nunca lo ha vivido en su historia. Aragón ha dado a ilustres como Segundo de Chomón, Florián Rey, Luis Buñuel, Saura, Forqué, y en los años 60 y 70 muchos de ellos coincidieron haciendo cine y fue muy brillante, porque también estaba Antón García Abril como músico, Paco Martínez Soria como uno de los actores más populares de España. Pero si nos ceñimos al siglo XXI, el momento que estamos viviendo ahora, desde hace unos años, es muy alentador, muy brillante, con talentos desde que Miguel Ángel Lamata en 2004 estrenó ‘Una de zombis’, hasta ‘La maternal’, de Pilar Palomero, y el documental sobre Labordeta, de Gaizka Urresti y Paula Labordeta. Ha habido una acumulación de gente nacida en Aragón, algunos de ellos siguen trabajando en Aragón, profesionales de todo tipo, directores, intérpretes, técnicos, que me parecen de primera categoría y esto solo es el comienzo, nos van a seguir dando muchas alegrías en los próximos años y solo podemos felicitarnos y tratar de incentivar y de alentar ese periodo de esplendor.

¿Cómo puede hacerse?

Ofreciendo infraestructuras y apoyos. Infraestructuras como platós, estudios, también educación, potenciar la formación audiovisual, ayudas del Gobierno de Aragón a través de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión, las Film Commission que también hacen una labor extraordinaria. Una combinación de estímulos públicos, privados, de infraestructura, de formación, potenciar el territorio como tierra de rodajes, que es algo que se está haciendo, Aragón es una tierra privilegiada para acoger rodajes de todo tipo porque tiene escenarios de todo tipo.

«Estoy escribiendo un libro sobre el director de cine Antonio del Amo. Su vida es como un espejo del cine español y de la España de su tiempo, desde la Guerra Civil a la Transición«

¿Qué es el cine para Luis Alegre?

Es un arte y una fábrica de emociones provocadas de una manera completamente original, a través de la imagen y del sonido, y que me ha dado algunas de las mayores satisfacciones de mi vida y me ha hecho mejor persona.

Se bromea muchas veces con la cantidad de amigos que tienes en el mundo del cine, pero ¿cuántos amigos tienes, los has contado alguna vez?

No, ¡ni pienso! (ríe) Pero cuando hablo de las satisfacciones del mundo del cine incluyo también la cantidad de gente a la que he conocido gracias al mundo del cine

¿En qué trabajo podremos encontrarte próximamente?

Ahora estoy escribiendo un libro sobre un director de cine muy desconocido, español, que se llama Antonio del Amo, que empezó a hacer cine nada más estallar la Guerra Civil, empezó a hacer documentales al servicio del bando republicano y su última película la estrenó el año que murió Franco. Su carrera coincide casi exactamente con el franquismo y tiene una vida de lo más apasionante. Es el abuelo de Rodrigo Sorogoyen, aunque apenas tuvo relación con él porque murió cuando Rodrigo tenía nueve años, lo conoció muy poco, pero su vida es muy apasionante porque en ella se cuela la España de la Guerra Civil, de la posguerra, de la dictadura, de la transición y es como un espejo del cine español y de la España de su tiempo, con detalles extraordinarios. Tardaré un par de años en publicarlo, porque ahora estoy en proceso de investigación.

Compartir por
“Con la caracterización se me caen las lágrimas de la emoción, es de lo que más me gusta”

“Con la caracterización se me caen las lágrimas de la emoción, es de lo que más me gusta”

Tiempo de lectura: 8 minutos

Ana Bruned, Aragón TV, audiovisual aragonés, Bárbara Goenaga, Basura o tesoro, caracterización, Cardelinas, Carmen Barrantes, cine aragonés, El peor oficio del mundo, entrevista, Gorka Otxoa, Jorge Usón, josé Alberto andrés lacasta, Juan Pedro Hernández, La pera limonera, Luis Larrodera, Manuel Iborra, maquilladora, maquillaje, Picasso adora la Maar, Secuenciando a, trayectoria, Verónica Forqué

“¿Tienes cara? Te maquillo”. Bien podría ser el lema vital de Ana Bruned, maquilladora, caracterizadora y profesora. Nacida en Jaca, esta oscense trabaja en el audiovisual (televisión, cine, cortometrajes, documentales, videoclips, publicidad); en teatro, ópera y ballet; fotografía y moda, espectáculos de calle; maquillaje de novias y eventos; para marcas comerciales y personajes del mundo de la política, la sociedad y la cultura española, como el rey Juan Carlos I, Penélope Cruz, José Coronado, Ainhoa Arteta, Raphael, Chenoa, Mecano, Los Secretos y un sinfín de caras conocidas y que quedaron bien guapas en sus manos. 

Ganadora de dos premios Simón por ‘Leonardo muere’ y ‘Las pesadillas de Cajal’, y de dos cigüeñas de Fuentes de Ebro por su trabajo en ‘La tierra muerta’ y ‘Ofra&Khalil’, la seguimos fielmente en redes como Abrumada y, durante la entrevista, no pudimos pasar más de medio minuto seguido sin que nos hiciera reír. Risueña, bromista y algo vergonzosa ante la cámara, conocemos la trayectoria de Ana Bruned en este nuevo Secuenciando a. 

¿Cómo comienzas en el mundo del maquillaje y la caracterización de forma profesional?

Vería alguna película (de niña) y diría: “papá, esto me encanta”. En principio lo que me gustaba eran las Bellas Artes, estuve en la Escuela de Artes Aplicadas y me fascinó, y estando allí fue cuando, de repente, no sé por qué, decidí que quería hacer maquillaje. Aquí en Zaragoza no había, me fui a Madrid y allí, como todavía no había conformado un grado de caracterización que ahora sí que lo hay, busqué a los mejores profesores de maquillaje en cine, en televisión, fotografía, teatro. Fui haciendo cursos y el de teatro, que impartía Juan Pedro Hernández, un caracterizador de TVE, maquillador de Isabel Pantoja y de Pedro Almodóvar, me recondujo al maquillaje de cine, tv y fotografía.  

Estando en su clase le llamaron para hacer una película, de Manuel Iborra y Verónica Forqué (‘Caín’), que se iba a rodar en Cádiz, para ver si podía él. Como él no podía, me preguntó si quería ir yo, y como yo no tenía ni una pizca de conocimiento, le dije que sí y fui sin tener ni idea de nada. No me había leído un guion en mi vida, estaba recién salida del curso, me planté allí y estaba todo el rato con la boca abierta, no me enteraba de nada. Todavía no sé cómo pude hacer aquella peli o cómo no me despidieron. 

¿Y cómo afrontas ese primer trabajo? ¿Qué recuerdos guardas?

Fue una pasada, porque fueron dos meses en Cádiz, fuera de todo el entorno que tenía habitualmente. Nos llevamos todos muy bien, fueron dos meses de despedirnos y llorar y, de hecho, ese año quedamos en Nochevieja allí. Aprendí mogollón porque la gente que estaba en mi entorno era muy buena trabajando, llevaban tiempo y me encanta como nadie me puso ninguna zancadilla, pensé “qué buena gente”. Porque con cuatro zancadillas me hubiera roto el cráneo, me lo iba rompiendo casi sola, pero muy bien, lo recuerdo fenomenal. 

Cuando acabas ese trabajo en Cádiz, ¿vuelves a Madrid o a Zaragoza?

Ya me quedo en Madrid porque ya me estaban saliendo cosas, y pensé en probar allí porque aquí en Zaragoza no tenía ningún contacto tampoco. Me fui de trabajar en bares a estudiar maquillaje en Madrid, por lo que no tenía ningún contacto del medio audiovisual en Zaragoza, los hice en la peli, mientras estaba aprendiendo, y ya me quedé en Madrid. Luego por circunstancias personales me vine a Zaragoza, empecé a tener un entorno laboral en proyectos de fotografía, de moda, a finales de los 80 y principios de los 90. Los últimos coletazos en Madrid fueron en videoclips y dos largos que fueron un horror, un sufrimiento horroroso por el que dije “no vuelvo a hacer cine”, pero no, he vuelto a trabajar en ello. 

Trabajas en cine, moda, novias, eventos…

Si es una cara maquillable, yo maquillo. ¿Tienes cara? Maquillo (ríe). 

Ana Bruned, Aragón TV, audiovisual aragonés, Bárbara Goenaga, Basura o tesoro, caracterización, Cardelinas, Carmen Barrantes, cine aragonés, El peor oficio del mundo, entrevista, Gorka Otxoa, Jorge Usón, josé Alberto andrés lacasta, Juan Pedro Hernández, La pera limonera, Luis Larrodera, Manuel Iborra, maquilladora, maquillaje, Picasso adora la Maar, Secuenciando a, trayectoria, Verónica Forqué

Lo primero que llegó fue una película y cine, pero después, cuando te empiezas a asentar en Zaragoza, ¿en qué te centras?

Me centro en teatro y en moda. Un profesor de la escuela de teatro, cuando se enteró de que había aprendido en Madrid, me ofreció hacer los maquillajes de fin de curso y, luego, dar cursillos. Y otra vez sin conocimiento le dije que claro. Ahora lo pienso, desde donde estoy, y digo: “cómo di clase, cómo pude dar esas clases de maquillaje”, porque impartir docencia es algo serio. Pero lo hice, me picó el gusanillo y ahora es una de las cosas que más me gusta, dar clase. Luego, de hecho, me formé un año completo como formador de formadores. Mi fantasía sería dar clase, y hacer algún cortometraje de vez en cuando.

«Hay algo muy satisfactorio, que jamás pensé que lo diría, que es el maquillaje a particulares; siempre hay satisfacción absoluta»

¿Qué te aporta cada faceta?

La moda está muerta, no aporta nada, porque se hace algún catálogo, pero incluso cuando la moda está viva, las editoriales no remuneran apenas. El teatro no aporta dinero, pero aporta una satisfacción, y dando clase cada año aprendo, porque aprendo de los alumnos y me parece de lo más fascinante que puedo hacer, porque yo les enseño y ellos también me enseñan y es maravilloso. 

La caracterización, se me caen las lágrimas de la emoción, es de lo que más me gusta. En el corto ‘Cardelinas’ (2020) hay muchísima caracterización y no se ve, pero es una pasada porque hay caracterización de época y efectos especiales, marcas de hematomas en la piel, en las muñecas, todo eso no era algo visible, no es sangre; lo difícil es hacer algo que no haya sangre y que quede creíble.  

Los eventos me gustan y proporcionan dinero. Y hay algo muy satisfactorio, que no pensé jamás que lo diría, que es el maquillaje a particulares. Es fascinante por un doble motivo: porque hay casi un documental a cada sitio que vas, por las interacciones de la gente, es maravilloso, y luego porque son momentos muy gratificantes, son personas que están por la labor, siempre hay satisfacción absoluta, no hay nada de malo. 

¿Cómo has vivido la evolución en los materiales con los que trabajas?

Ahora los materiales te permiten hacer unas capas finísimas, las siliconas que se utilizan, incluso los materiales para captar el molde, los tiempos de vulcanización de todo, es todo mucho mejor. Antes en el cine se maquillaba con “pan stick” que es el horror de todo, porque no había una definición total. Yo soy fan del cine, pero no entiendo para qué hace falta un 8k. Eso para los documentales de naturaleza, que hace falta ver bien todo, pero para una piel es matar a los actores; queremos ficción-ficción, no necesito verle el poro entero a esa persona. Los adhesivos de ahora ¡cómo son! Los de antes o brillaba o el látex te intoxicaba.

Un trabajo especial para ti

Uno especial fue el primer trabajo que hice, el primero de mi vida, remunerado y que aprendí mucho, el largometraje de ‘Caín’, de Manuel Iborra y con Verónica Forqué. ¡Qué mujer, qué memoria tenía! Vino a Zaragoza a hacer ‘¡Ay, Carmela!’ y me llamó por teléfono para darme invitaciones. Al paso de los años, en el 93 fuimos a hacerle una entrevista y conforme entramos en su casa me saludó por mi nombre. Y yo pensando: “ ¿te acuerdas de mí? ”. Me pareció increíble. Luego vino ella a una conferencia en el Instituto Aragonés de la Mujer y lo mismo, pero habían pasado 500 años más.

También fue especial el videoclip de Mecano, ‘La fuerza del destino’, porque conocí a bastante gente; otro con Los Secretos, que son cosas que te marcan por cómo son ellos. Porque luego he tenido trabajos con gente muy conocida, pero que no me ha dejado huella. Me da igual eso, es la impronta humana la que deja huella. 

Ana Bruned, Aragón TV, audiovisual aragonés, Bárbara Goenaga, Basura o tesoro, caracterización, Cardelinas, Carmen Barrantes, cine aragonés, El peor oficio del mundo, entrevista, Gorka Otxoa, Jorge Usón, josé Alberto andrés lacasta, Juan Pedro Hernández, La pera limonera, Luis Larrodera, Manuel Iborra, maquilladora, maquillaje, Picasso adora la Maar, Secuenciando a, trayectoria, Verónica Forqué

¿Cuáles son tus maquillajes y caracterizaciones favoritas? ¿Cuáles te han resultado más difíciles?

Mi favorita es la de ‘Cardelinas’ y una que me resultó difícil, que fue para un vídeo de una obra audiovisual, es ‘Picasso adora la Maar’, que eran los cuadros de Picasso maquillados como trampantojos. Fue chulo, pero la gente se pensó que eran animaciones de vídeo, cuando en realidad eran maquillajes que se fundían con el fondo. De ese trabajo estoy super contenta. Hace poco se recogió en una exposición en el Torreón Fortea y el cartel de esa muestra sobre el trampantojo, también lo hice, dibujando mariposas monarca en la cara (de la modelo), que me llevó un ratico. 

«Hay mucha gente con la que siempre trabajaría. Me dirían: «Estás condenada a trabajar con ellos» y sería una condena muy rica»

¿Hay algún director o actores con los que te gustaría especialmente trabajar? ¿O con el que dirías “repetiría toda mi vida”?

Con Alberto Andrés Lacasta repetiría toda mi vida, hay muchos con los que repetiría, con Luis Larrodera también. Me encantaría trabajar con los Coen; con Keanu Reeves, me encantaría maquillarlo, ser su asistente, que me dijera “Ana tráeme, por favor, un vaso de agua” y yo diciéndole que sí aunque no sea mi misión (bromea). 

Repetiría siempre con Gorka Otxoa y Barbara Goenaga, con quienes he trabajado en la película ‘Para entrar a vivir’. Trabajaría siempre con Jorge Usón y Carmen Barrantes, todo el rato. Me dirían: “Estás condenada a trabajar con ellos”, y sería una condena muy rica. 

Hay mucha gente con la que siempre trabajaría, no os podéis imaginar, más que con la que no trabajaría. Si eres el mejor artista del mundo y eres un capullo, no quiero trabajar contigo, esto me ocurrió en Madrid; la gente que grita al equipo no me gusta, no es necesario hacer eso. 

¿Cómo está tu sector en Aragón ahora?

Muy degradado, es terrible, realmente no hay trabajo. Cuando hay mucha oferta de trabajo, hay oferta de calidad, hay una selección de calidad y la gente se preocupa por seguir formándose fuera, por continuar perfeccionando para llegar a un nivel potable, pero se hacen muchas cosas a low cost y se tiene trabajo de low cost, pero esa referencia no es cierta. Estoy con pena porque ya en España hay poco, pero en Aragón peor. 

Hay que formarse bien, yo continúo formándome, hace poco he hecho el grado de producción audiovisual y no descarto hacer algo de iluminación, aunque no vaya a trabajar en ello, eso hay que hacerlo. 

Es un debate complicadísimo, porque ¿dónde establecemos el límite de quién es profesional? ¿Te ganas la vida con ello dignamente? Antes de la pandemia me ofrecieron una entrevista de trabajo y me dijeron que el pago era salir en los títulos de crédito, pero esto es mi trabajo, tengo que pagar autónomos, el material y vivir de esto; esas desfachateces las tendríamos que guardar. 

Si Ana Bruned no fuera maquilladora, ¿qué sería? 

Actriz…

Pero ya has hecho pinitos como actriz…

Me parto, ¡qué vergüenza! (ríe). Realmente lo que me gustaría sería ser escultora.

Ana Bruned, Aragón TV, audiovisual aragonés, Bárbara Goenaga, Basura o tesoro, caracterización, Cardelinas, Carmen Barrantes, cine aragonés, El peor oficio del mundo, entrevista, Gorka Otxoa, Jorge Usón, josé Alberto andrés lacasta, Juan Pedro Hernández, La pera limonera, Luis Larrodera, Manuel Iborra, maquilladora, maquillaje, Picasso adora la Maar, Secuenciando a, trayectoria, Verónica Forqué

¿Cuáles serán tus próximos trabajos?

Hay proyectos, porque ahora estamos con el tema de las subvenciones y en este último trimestre te piden cartas de compromiso, entonces tengo firmadas un montón. ¿Qué llegará a buen puerto? Ni idea, igual hay tres largometrajes, cortometrajes también tres o cuatro. 

Lo más próximo en estreno será el cortometraje de Luis Larrodera, ‘El peor oficio del mundo’, en enero o febrero, pero por decir algo y ser creativa en la fecha (se ríe). También trabajo en los programas de Aragón TV ‘La pera limonera’ y ‘Basura o tesoro’.

Compartir por
“El cariño que recibo de la gente es motivador y me da ganas de seguir”

“El cariño que recibo de la gente es motivador y me da ganas de seguir”

Tiempo de lectura: 10 minutos

Desde que era un niño ha tenido el impulso, el instinto y la intuición de hacer reír. Con raíces en Tardienta (Huesca), Rafa Maza se inició en la carrera militar y estudió Historia, pero siempre tuvo el humor como objetivo y prioridad en su vida. El actor y cómico igual te presenta una gala, que te llena un teatro o te clava una interpretación en una pieza audiovisual, es un auténtico todoterreno. 

Su alter ego es Fabiolo, de quien dice haber aprendido mucho por el carácter alegre y desenfadado del personaje que él mismo creó. Aprovecha estos días de verano para “cargar pilas” en Tardienta, pero antes pasamos una tarde muy divertida, como es Rafa, charlando sobre la vida y su trayectoria en este nuevo Secuenciando a. Localización, el Parque Grande de Zaragoza, ciudad a la que volverá en octubre con su espectáculo más viral ‘Fabiolo Connection’.

Rafa, imagina que llega un marciano a la tierra, pongamos que es Gurb, el personaje de Eduardo Mendoza, y pregunta: ¿quién es Rafa Maza?

Empezaría por la palabra comediante y le diría que soy alguien que, de siempre, he sentido el instinto de hacer reír a los demás. Lo he mantenido hasta ahora, porque me sale como un impulso, y luego me he formado como actor. Pero de niño no pensaba en ser actor de películas, no quería ser Paul Newman o un actor dramático, me gustaba Chaplin, Jerry Lewis, los cómicos ingleses, los Monty Python, los cómicos del ‘Un, dos tres’, ‘Martes y trece’, La Codorniz, Jardiel Poncela, la tradición del humor absurdo en España. 

¿Qué soñabas ser cuando eras pequeño?

Como se me daba muy bien el ejercicio físico, la educación física –lo ganaba todo, las carreras, el atletismo–, tenía esa cosa de dedicarme al deporte. Pero mi padre es militar, ya jubilado, y lo veía como algo aventurero. Mi padre me dijo: “tienes que ser militar” y ahí tuve una crisis de identidad, porque me puse a estudiar después del instituto para la Academia General Militar, pero pensé “dónde me he metido”, porque nunca había perdido el deseo de querer hacer reír.

¿Dónde estudiaste?

Estudié dos años en Ronda, en Málaga, en un centro para hijos de militares. Pero después estudie letras, Historia. En segundo de BUP me di cuenta de que lo mío eran las letras y de que tenía sensibilidad poética, cuando una profesora quiso leer mi texto en literatura porque le pareció muy bonito. De hecho, cuando estudiaba en Ronda me llamaban el poeta. Tras decirle a mi padre que no quería ser militar, estudié Historia en Zaragoza, la acabé y me fui a Madrid a estudiar arte dramático

¿Te gustaba Historia o la estudiaste un poco forzado?

Me hubiera gustado estudiar Filología también, pero no quería perder el tiempo, quería irme a Madrid y pensé: “estudio el primer ciclo de Historia y me voy a Madrid”. Con Historia podía estudiar optativas como literatura del Siglo de Oro, cultura y mentalidades de la Edad Moderna, de la Edad Media, literatura grecolatina. Quería tener una base para irme a Madrid y me quería quitar esa espinita de las letras, así que me licencié en Historia.

Rafa Maza, secuenciadas rafa maza, actor aragonés, comediante, actor cómico, actor español, cine aragonés, audiovisual aragonés, Fabiolo Connection, Tardienta, videos virales pandemia, vuelve con mama, Jose Manuel Herraiz, El último show, entrevista actor, oficio actor, teatro, actor teatro, espectáculo teatro, espectáculo humor

«Cuando llegué a la RESAD en Madrid me eché a llorar al pensar que lo había conseguido, que iba a estudiar lo que siempre quise hacer»

¿Cómo fue tu llegada a Madrid y a estudiar teatro?

Fue muy ilusionante, no me lo creía. Tenía 23 para 24 años, ya había estudiado Historia en Zaragoza, había hecho teatro universitario aquí, trabajado en eventos, hacía cumpleaños, comuniones, hacía malabares, me metí en el mundo del clown, había hecho campamentos de verano y tenía cierta formación. Al llegar a Madrid recuerdo ver esa curva donde está la escuela de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) y echarme a llorar, pensar que lo había conseguido y que iba a estudiar lo que siempre quise hacer. Tenía 24 años, no 18, pensaba que ya había llegado tarde y fue como volver al cole, porque las asignaturas eran divertidas, hacíamos acrobacias, expresión corporal, literatura dramática, mimo, interpretación…

Éramos muy poquitos, once en clase, y era un privilegio tener a tantos profesores y empezar a empaparme del teatro gestual. Terminando la RESAD me llamaron del Centro Dramático de Aragón para hacer ‘Las tres hermanas de Chejov’ y antes me habían becado para irme a estudiar en un proyecto europeo de actores, con el que pasé un verano maravilloso en Italia, en Francia y Portugal. En ese proyecto hicimos ‘El sueño de una noche de verano’ y me dirigió el actor italiano Carlo Cecchi. 

Al acabar la RESAD hice más cursos del actor ante la cámara, castings. En uno de ellos, la actriz Carmen Utrilla me dijo que yo servía para hacer de malo. También entonces comenzó ‘El Intermedio’ y me llamaron para hacer la voz de Jiménez Losantos. 

Uno de mis primeros pinitos en la tele fue en la serie ‘Hermanos y detectives’. Un día, en 2007, me desperté y vi en una página web que buscaban a un actor que hablara japonés. Les envié un audio presentándome en japonés (no lo habla, aunque con lo que escuchamos en la entrevista nosotras nos lo creeríamos). Me llaman y me dicen que están entre otro chico que había estado en Japón y yo, pero que yo hablaba muy fluido, así que me cogen y me dan un texto en japonés. Pido ayuda a un compañero de la RESAD y llego el primer día al rodaje con Assumpta Serna, cuyo personaje visitaba un colegio de niños superdotados, hablaba a un grupo de niños japoneses y yo era el traductor. Cuando le dije al director que en realidad no hablaba japonés, se quedó en blanco. Pero lo más surrealista es que los que hacían de japoneses eran chinos, a quienes conocía de Malasaña, ¡y ese capítulo salió! (ríe). 

Tras esa primera toma de contacto con la ficción televisiva, continué haciendo castings y cursos. Uno de ellos, con la Unión de Actores, con Susan Batson, que fue un antes y un después, porque la coach de actores me dijo que tenía que estar en un teatro actuando porque era muy bueno, y me busqué un teatro. 

¿Fue tu impulso para empezar?

Sí, porque con la crisis de 2008 yo hacía un espectáculo de malabares en la calle que triunfaba en Madrid. Me empecé a meter en teatro, decidí embarcarme más en el mundo de mis proyectos, ver que podía vivir de actuar, pero en el teatro, me busqué una persona que me llevara, comencé a ir ferias de teatro, me hice autónomo.

Creaste también tu propia compañía

A finales de 2012-2013 empecé a hacer el primer espectáculo con Fabiolo, me presento en la feria de Huesca y a los programadores vascos les encanta. Son los primeros que me empiezan a contratar, entro en la red del País vasco y me empiezan a llamar, a preguntarme por mi caché, y a cerrar fechas. A raíz de eso y de que siempre he actuado en Madrid con mis espectáculos, llevo ya tres producciones, empiezo a girar. 

Un paso importante fue presentar la gala del Festival de Cine de Fuentes de Ebro. Ahí me ve gente de ‘Oregón TV’, el director del certamen, José Antonio Aguilar, me trata con cariño especial y me anima a conocer gente y allí conozco al director José Manuel Herraiz (con quien ha trabajado en su último corto ‘Vuelve con mamá’ por el que ganó el Premio Simón del Cine Aragonés a mejor actor), entre otros. 

¿Qué supone para ti ‘Oregón TV’?

‘Oregón’ está siendo muy importante porque da muchas tablas a nivel de comedia en televisión y esa sección que tengo de piso compartido es un poco Friends para todos los públicos. El oficio de actor es un oficio artesanal y hay que estar. Decía Anthony Hopkins, que para mí es un referente en todo, que no hay proyecto al que un actor que comienza tenga que decir que no, hay que hacerlo todo porque es experiencia y no sabes dónde te va a llevar una cosa o la otra. Por eso me dijeron de hacer de jurado de ‘Jotalent’, y aunque de jota no sabía, dije sí.

«Fabiolo ha enseñado mucho a Rafa, con su actitud desenfadada y de aprender a ponerse en ridículo él primero»

Has creado un personaje muy icónico, Fabiolo, pero ¿de dónde surge? 

Fabiolo nace un poco en la calle. Yo estaba en ‘El Intermedio’, haciendo otras producciones con otras compañías y me iba al Retiro a entrenar, a correr, me llevaba mis pelotas de malabares, mis mazas, y conocí a un brasileño que hacía semáforos y también entrenaba en el Retiro con el monociclo. Un día lo acompañé a ayudarle a hacer semáforos y pensé en hacerlo también. Me puse a hacer malabares en un monociclo debajo de mi casa y con una hora allí vi que ya no tenía que trabajar de otras cosas. 

Un día me metí en un bazar y compré tres raquetas por siete euros cada una, para hacer malabares con las raquetas. Me vestí de tenista y me fui a la Caja Mágica, el primer año que abrió, a la final del Madrid Open, pero fue un caos de coches y pensé: “qué horror, a qué vengo yo aquí”. Al regresar a casa me llegó la canción ‘Estoy loco por el tenis’, que ponía Gomaespuma en su programa por las mañanas, y pensé en hacer el show con esa canción. 

Entonces me imaginé el personaje: años 70, Manolo Santana. Me fui a Malasaña, me compré un polo de segunda mano vintage azul celeste, unos pantalones, calcetines y me fui al Retiro con un radiocasete a pilas a interpretar la canción. Después me compré un aparato con micro y comenzó a salir ese personaje pijo (en 2009). 

Lo hago dos años, al tercero paro, me voy a Shanghái –a actuar en el pabellón de España en la Exposición Universal de 2010–, y cuando regreso en 2011 me dice un amigo que fuera a una fiesta de cumpleaños vestido de tenista. Ahí retomo el espectáculo en la calle y un tío que tenía una sala de teatro me dice que quería que estuviera en su sala. Al año siguiente nace el primer espectáculo ‘Tenis show’; después le pongo nombre al personaje, Fabiolo, y tras ver un anuncio de Loewe que decía ‘solo Loewe’, le pongo nombre al espectáculo, ‘Solo Fabiolo Gran Slam’. Lo estreno en el Teatro Alfil el 11 de junio de 2013; y antes ‘Tenis show’ se había estrenado el 27 de noviembre de 2012. Así, algo mío entra al escenario. 

¿Qué tienes de Fabiolo y qué tiene Fabiolo de ti?

Ahora ya tiene mucho. Creo que Fabilo ha enseñado mucho a Rafa, destacaría su carácter de vivir la vida con alegría, con actitud desenfadada, de bufón, de clown, de aprender a ponerse en ridículo él primero y luego poner en ridículo a los demás. El escritor, director y guionista Ray Loriga me dijo que funcionaba porque yo era el primero en ponerme en ridículo con los gestos, la vestimenta, y luego podía ridiculizar a los demás, y que los chistes tienen que caer de pie y los míos lo hacían.   

Siempre has estado vinculado al humor, casi podríamos decir que estabas destinado a ello, pero ¿es lo más difícil, hacer reír a la gente?

Sí, pero como he tenido ese impulso desde niño, cada vez me lo creo más, desde la humildad y desde ese carácter aragonés de no presumir de lo que no eres, pero siempre me han dicho que me lo tenía que creer más. 

¿Lo tuyo es pura pasión por el teatro y los escenarios?

Sí, sin duda. Solamente lo que es el edificio, un teatro, ver el escenario y el patio de butacas ya me generaba de niño una fascinación, quería estar ahí. Y sin embargo, no era una persona que quisiera mostrarse o que fuera súper extrovertido; de hecho me echaban para atrás los actores muy extrovertidos. 

Si no estuvieras subido en un escenario, ¿a qué te estarías dedicando?

A esto. Volvería a salir a la calle, he aprendido muchísimo en la calle. He aprendido qué es un teatro, porque a veces en la calle uno tiene que generar la experiencia teatral, y si no tenía un escenario, me lo inventaba y seguro que me lo volvería a inventar. De hecho, fue lo que pasó en la pandemia. Nos encerraron en casa, tenía actuaciones cerradas que se cayeron y ¿qué hice? Vídeos, y ese fue mi escenario y lo hice inconscientemente. Había que asumir que no podría subir al escenario y empecé a darle a la creatividad, y soy conocido por los vídeos de la pandemia. 

Eres un gran imitador, pero ¿imitador se nace o se hace?

Aristóteles dice que el principio del aprendizaje es la mímesis, imitar, que los niños empiezan no aprendiendo, sino imitando. Yo en el colegio, sin querer, imitaba a los profesores, de escucharles me salía solo. Y me gustaba eso. A veces envidio a un Carlos Latre que se lo prepara bien; a mí me sale espontáneo y me cuesta. ¿Qué pasaría si me lo preparara un poco más? El acento africano (lo imita, como ejemplo) fue un ejercicio de la RESAD, porque quería hacer la historia de un africano que llega en patera y me fui a Lavapiés y solo así de escuchar cogí el acento de Senegal.

«Es un privilegio trabajar desde, por y para mi tierra, Aragón, pero que también sirva como impulso»

Te hemos visto recientemente en el corto aragonés ‘Vuelve con mamá’ y en distintos trabajos en Aragón, ¿qué supone para ti trabajar en tu tierra, cuando estás triunfando en toda España?

Es que hay que empezar por ahí, por trabajar en tu tierra. No solo me siento afortunado, sino que es un privilegio trabajar desde, por y para mi tierra, pero que también sirva como impulso. Porque nunca me fui de aquí, nunca me llegué a ir del todo. Siempre he tenido ese vínculo y he podido vivir en Madrid porque he trabajado en Aragón, porque me han salido actuaciones en pueblos en verano y me ha dado dinero para seguir viviendo en Madrid. Ahora creo que Aragón está siendo el motor de hacer cosas, tanto en televisión, en el teatro, ahora estaré en el Pilar los diez días en las Esquinas (con ‘Fabiolo Connection Match to the future’). 

Tengo dos ciudades talismán: una es Zaragoza y la otra es San Sebastián, donde siempre trabajo. También Teruel, con el Desafío Buñuel; Huesca y Sevilla. 

¿Qué te satisface más de tu trabajo? 

Lo más estimulante ha ido evolucionando con cada año, pero ahora el cariño que recibo de la gente me resulta supermotivador, estimulante y me da ganas de seguir, de esa cosa de creérmelo un poco más, eso me ayuda. Igual es porque lo intento hacer desde la naturalidad o desde la buena voluntad de hacer un vídeo gracioso y que luego la gente te agradezca que les hagas reír…

¿Quiénes son tus favoritos del audiovisual aragonés?

Me gusta mucho Paula Ortiz, con la que tuve la suerte de coincidir en un campamento de teatro en verano con 18 años; con José Manuel Herraiz queremos hacer algo más; José Delgado me llamó para ver si hacíamos esa película de Fabiolo tipo Torrente; me gustaría conocer más a Ignacio Lasierra, me gustaría trabajar con él; también con Alex Rodrigo, con quien estuve en el Festival de Huesca y que se llevó buena sensación mía de la serie ‘El último show’; con Carlos Val; me gustaría conocer a Pilar Palomero. Del audiovisual aragonés destacaría la iniciativa ‘Desafío Buñuel’, que es para mí una experiencia muy bonita, inmersiva, es vivir el cine, una fiesta, y allí tuve al suerte de conocer a Verónica Forqué y a otros actores. 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Ahora descansar, que tiene narices que sea un proyecto; también el espectáculo de Fabiolo Connection; nuevos retos en televisión; y me gustaría, sería un sueño, hacer ‘Fabiolo, la película’, pero también que confiaran en mí para un proyecto o película, una sorpresa con un papel en una peli guay, me encantaría llevarme esa sorpresa.

¿Y te pasarías al drama más profundo si fuera el caso?

Claro, sí. Lo difícil es hacer reír y Carmen Utrilla ya me dijo que yo valía para hacer de malo (ríe). 

Compartir por
«La pasión que siento por el cine no se me va a pasar nunca»

«La pasión que siento por el cine no se me va a pasar nunca»

Tiempo de lectura: 11 minutos

	ACA, academia del cine aragonés, audiovisual aragonés, cine aragonés, entrevista, entrevista en profundidad, JESÚS MARCO, Jesús Marco Murillo, premios Simón, Premios Simón del Cine Aragonés

Estudió Empresariales, trabajó en la Base Americana y, después, se convirtió en fotógrafo antes de llegar a su actual empleo como técnico en marketing internacional. Pero desde pequeño amó el cine y esa pasión le ha llevado a ser cineasta, ayudante de dirección, actor, locutor, guionista, productor y director de teatro. Es, además, presidente de la Academia del Cine Aragonés (ACA) desde el año 2016. 

Quedamos con Jesús Marco Murillo en un espacio muy apropiado para celebrar este fin de semana el Día de Aragón, el Parque Tío Jorge en Zaragoza. En este nuevo Secuenciando a, hablamos con el director de su carrera profesional, del audiovisual aragonés y del presente y futuro de la ACA.

¿Cómo surgió tu amor por el cine?

Le debo mucho a mi madre, que es una gran cinéfila. Ella coleccionaba los panfletos que daban en los cines y, desde muy pequeño, me decía si había visto tal película, que era muy buena; ahí empezó. Además, iba al colegio Maristas y había un cine abierto al público todos los sábados y domingos por la mañana y yo iba a ver lo que fuera, daba igual lo que pusieran, que iba a verlo. Así, cada vez me gustaba más el cine y era una forma de evadirme. 

¿Qué significaba poder ir al cine todos los fines de semana?

Siempre buscaba los entresijos de ver cómo se había hecho esa película, esos efectos, aunque a esas edades disfrutaba de la misma historia que estaba viendo. Recuerdo que salíamos al acabar la película, nos escapábamos al patio del colegio y nos poníamos a emular lo que habíamos visto. Si era una de mosqueteros, una de mosqueteros, o de espías, vivía las historias. 

¿Las vivías desde el punto de vista del protagonista o también te ponías detrás de la cámara con tus compañeros? 

También. Jugábamos a representar lo que habíamos visto, siempre llevaba la voz cantante y, de pequeño, reunía a mis amigos para poner las películas que tenía en un Cinexin. Después, animado por un profesor de Maristas que vio que valía para eso, hice teatro. El profesor hizo un concurso, había premios, nuestro grupo ganó y yo me llevé el premio a mejor actor. A raíz de eso, el profesor me regaló un libro de teatro contemporáneo, empecé a escribir mis propias obras y logré que se representaran en el colegio, pagando entrada el público. Representamos tres obras de teatro que me inventé, con los compañeros de clase como actores. 

ACA, academia del cine aragonés, audiovisual aragonés, cine aragonés, entrevista, entrevista en profundidad, JESÚS MARCO, Jesús Marco Murillo, premios Simón, Premios Simón del Cine Aragonés

¿Qué temas te interesaban entonces?

La comedia. Las tres obras que hice fueron comedia pura y dura. Una fue ‘El pequeño Draculín’, me inspiré en una película de Mortadelo y Filemón que vi en el cine y el protagonista era yo. Para las otras dos busqué en la Librería General alguna obra o novela que pudiera adaptar y adapté ‘Tom Sawyer, detective’. Además, con 13 o 14 años, Alejandro Dumas y los tres mosqueteros eran para mí un referente e hice otra obra de teatro titulada ‘Los tres mosqueteros y medio’. Esos fueron mis inicios en el mundo de la farándula; me hubiera gustado hacerlo en cine, pero no tenía dinero, ni medios, ni nada y en aquella época te autoconvencías de que no ibas a poder hacer nada nunca de eso porque eso, era para otra gente con más medios o suerte, o lo que fuera. 

«Mi primer cortometraje fue ‘El pañuelo’, una historia sobre un amor que nunca muere»

¿Cómo llegó ese momento de empezar a hacer cine?

A la vejez, viruelas. Tenía esa espinita clavada de que no me había podido dedicar profesionalmente a algo audiovisual. Trabajaba entonces en la Base Americana, pero los americanos se fueron y nos echaron a todos a la calle y pensé en qué hacer. Había estudiado Empresariales, pero no me gustaba, era algo impuesto por exigencias familiares, y a la vez en el primer año estuve en la Escuela de Arte Dramático, pero hice caso a mis padres y me decanté por lo que no me gustaba. 

Al quedarme en el paro, al cerrar la Base Americana (1992), pensé que era una oportunidad, aunque en esa época no había el movimiento que hay ahora de cortometrajes, no se hacían apenas. Pensé que, ya que no podía contar historias en cine, las contaría en fotografías, y monté un estudio de fotografía del que viví durante más de diez años. En esa etapa tuve acceso a los medios, conocí gente que hacía vídeos y me lancé a hacer el primer cortometraje, que me costó 10.000 pesetas y lo hicimos con la colaboración de amigos y familia. Se llama ‘El pañuelo’ (estrenado en el año 2000).

¿Y de qué va?  

Mezcla la fantasía, jugando un poco con el tiempo. Trata de un soldado que estaba en los Balcanes y que, de repente, se encuentra con un soldado de la Guerra Civil española. Es sobre el amor eterno, el amor que nunca muere, porque este soldado español es un fantasma que se había quedado vagando y se aprovecha del otro soldado para darle el último mensaje a su amada, un pañuelo que ella le da cuando se va a la guerra y, como él muere, no regresa. Y el soldado aprovecha esa ocasión para que vuelva a ella, ya anciana, antes de que también fallezca. 

Pasaste de la comedia en teatro a una fantasía dramática en audiovisual. 

Totalmente. No he sido capaz de hacer comedia en cine. Tengo un trabajo, ‘Tacones de Stanislavsky’, que es una comedia. Pero con lo costoso que es sacar adelante un proyecto, y lo mal visto que estaba llevar comedia a los festivales y es difícil, pues pensé en hacer cosas serias, temas que me interesaran, denuncia social. Quitado ‘Tacones de Stanislavsky’, que el guion en principio no era mío y luego lo adapté, lo demás son todo dramones. 

ACA, academia del cine aragonés, audiovisual aragonés, cine aragonés, entrevista, entrevista en profundidad, JESÚS MARCO, Jesús Marco Murillo, premios Simón, Premios Simón del Cine Aragonés

¿Cuáles eran tus referentes en el audiovisual a la hora de empezar a trabajar?

A veces lo he pensado, pero tengo tal mezcla, me pasa igual con la música, me gusta toda clase de música siempre que sea buena, que me llegue, y en el cine me pasa igual. Puedo ser un gran admirador de Akira Kurosawa, que es un gran contador de historias, pero también me gusta el cine más comercial, como el de Spielberg, el cine de acción, bélico, los musicales. Tener un referente al que querer copiar, no, aunque sí que tomas cosas de uno y de otro. 

Scorsese me gusta mucho, por ejemplo, sobre todo el estilo visual, de los planos, igual que Spielberg, es otro maestro. O el cine clásico de Chaplin, el cine negro de los 40 y 50. A veces he intentado simular la estética visual del impresionismo, y de enfocar la cámara de Orson Welles, en ‘Ciudadano Kane’ o ‘El tercer hombre’. Me gusta mucho jugar alguna vez con grandes planos secuencia, que son un reto para un director, porque bien hechos me encantan y siempre que puedo intento meter alguno.  

¿Qué trabajo destacarías de tu carrera y por qué? 

Quizás el que más cariño puede que le tenga, porque fue el primero y fue un reto, sin dinero, con condiciones climatológicas adversas, es ‘El pañuelo’. Si ahora lo tuviera que volver a dirigir no lo haría como entonces, cambiaría muchas cosas porque era mi primer trabajo y cada vez que lo veo, veo los fallos que cometí, pero le tengo un cariño especial al guion, creo que es el más redondo que he hecho. Y también lo gocé dirigiendo ‘Al, uno de tantos’, con Jesús Guzmán como actor, por lo que pude aprender de un actorazo como es Jesús Guzmán, y por la historia. Quise adentrarme en el mundo del Alzheimer, de cómo se puede sentir una persona con esa enfermedad. Esos dos son de los que más orgulloso me puedo sentir, aunque de los demás también. 

Es inevitable querer corregir o ver errores en los trabajos realizados… 

Siempre, a veces pasa mucho tiempo sin ver nada y un día te pones a revisar y piensas “por qué he hecho esto así, por qué puse la cámara allí y no en otro lado”. Siempre pensando “si ahora lo volviera a hacer, lo haría de otra forma”, pero ahí queda, es un proceso y cada vez vas aprendiendo más, nunca acabamos de aprender. Y otra de las cosas que me ha valido y que he hecho bastante es de ayudante de dirección con gente muy distinta entre sí, desde Fernando Usón, Sadie Duarte, Raúl Guíu, y son muy distintos a la hora de dirigir, pero eso te aporta mucho porque ves cómo dirigen otras personas. Es una de las facetas, además de como realizador, en la que más disfruto. 

Eres director, ayudante de dirección, director de teatro, productor, guionista, locutor, actor, ¿qué destacas de cada faceta? 

Lo más cómodo quizás es ayudante de dirección, porque tienes una gran responsabilidad como mano derecha del director y te tienes que saber la película igual o mejor a la hora de afrontar un rodaje, pero la carga es menor, porque la responsabilidad la tiene otro. Otra faceta muy cómoda es poner voz, hacer locuciones, porque lanzas el texto y ya está. 

Del resto, lo primero que hice fue ser actor, con 14 años, y es una de las cosas que me encanta y me gusta muchísimo, aunque quizás es una de las facetas que menos estoy haciendo porque me tienen asociado como realizador y no se acuerdan nunca de que como actor llevo una larga trayectoria. He sido profesor de teatro y ahora dirijo un grupo de teatro amateur, en el que nos lo pasamos muy bien. 

ACA, academia del cine aragonés, audiovisual aragonés, cine aragonés, entrevista, entrevista en profundidad, JESÚS MARCO, Jesús Marco Murillo, premios Simón, Premios Simón del Cine Aragonés

¿Qué se necesita para vivir del audiovisual? 

Estar en el momento adecuado, en el sitio adecuado y tener mucha suerte. Además de si vales o no vales, si no vales por mucho que estés…, aunque es discutible porque hay gente que no vale y ahí está. Con la edad que tengo se me pasó el tren hace mucho tiempo; si ahora me pillara con veinte años no haría lo que hice, porque quería estudiar cine en Madrid, pero no me dejaron mis padres e hice caso. Si ahora volviera atrás no haría caso, me iría a ver qué sale. 

Ahora hay más facilidad y formación.

Es que antes no había nada en Zaragoza, existían los cineclubs, pero profesionalmente no te lo planteabas, la única manera era irse a Madrid o Barcelona a la escuela de cine, que costaba mucho dinero. Y al final te convences tu mismo pensando en que te conformarás con ir al cine, pero ahora es una gozada, en las escuelas públicas puedes estudiar realización, producción, aquí mismo en Zaragoza, si no tienes la privada. 

Aquí estaba la Escuela de Arte Dramático, pero el título no era oficial, no te garantizaba una salida profesional y más en Zaragoza. Podías hacer tu compañía de teatro amateur, pero me autoconvencí, estuve muchos años no queriendo saber nada, pero al tener la posibilidad de coger una cámara y un foco, lo hice y hasta ahora. 

«Estar en la Academia del Cine Aragonés es una manera de vivir el cine y es una ventana para que la sociedad aragonesa conozca lo que se hace en Aragón»

¿Cómo ves el panorama audiovisual aragonés? 

Está muy bien y a las pruebas me remito. Raro es el año que no tengamos algún aragonés nominado a los Goya y es por eso mismo, ha habido mucho acceso a la formación, gente con talento y que se forma ya tiene las herramientas adecuadas para sobresalir. Y llevamos muchos años en que las ayudas al audiovisual han hecho mucho bien. Antes no existían, no había nada, ni un duro de ninguna institución, pero se han ido concienciando de que merece la pena aportar y ayudar a la gente joven, lo que ha hecho que gente bien preparada se haya lanzado a hacer cortos, que han ganado festivales, han llegado ayudas a largometrajes. Y eso ha hecho que tengamos a Paula Ortiz, a Pilar Palomero, a Javier Macipe, que son el futuro del cine no ya aragonés, sino del cine español, porque el cine es global. 

¿Se podría hacer algo más para darle otro empujón al sector? 

Sí, dedicar más presupuesto. Tener en cuenta que a veces las ayudas salen muy tarde, lo que hace que gente que está en el proceso al final no puede hacer su proyecto por no poder adelantar el dinero; aunque poco a poco se ha dado cuenta la administración e intentan que las ayudas salgan cuanto antes. 

Con Aragón TV lo mismo, tenemos una televisión autonómica que gracias a Jaime Fontán (jefe de producción de Aragón TV, fallecido en 2021) apostó por el cine aragonés. Y falta otro pilar que es la privada, que se den cuenta de que si invierten en cine aumentarán las posibilidades de hacer más largometrajes en Aragón. 

Eres el presidente de la Academia del Cine Aragonés y próximamente se celebrará una nueva edición de los Premios Simón, ¿nos puedes hacer algún spoiler de cómo será la gala? 

Se va a hacer en Huesca, por fin, que era una de las reivindicaciones que teníamos como Academia, que no se hicieran solo en Zaragoza. El año pasado lo hicimos en Andorra (Teruel), con grandes problemas climatológicos, y este año la iniciativa no partió de nosotros, porque tras la experiencia del año pasado no nos apetecía mucho movernos, pero ha habido mucho interés por parte de Huesca, porque este año es el 50 aniversario de su Festival de Cine y querían dedicar el año 2022 al cine en Huesca. Tuvimos reuniones, nos convencieron y lo haremos en el Palacio de Congresos el 25 de junio, a las 20.00 horas. 

Este año se han recibido 43 trabajos audiovisuales, que votan los miembros de la Academia para completar la lista de nominados en cada categoría ¿En qué fase están los trabajos presentados a concurso?

En este momento estamos en la fase de que se tienen que estar viendo ya los trabajos presentados y votando para que a mediados de mayo se conozcan los nominados. Cuanto más vote la gente ahora, más justo es el resultado. Como se tienen que votar a tres trabajos se evitan favoritismos, se vota porque ha gustado el trabajo y eso es fundamental. Lo que suele pasar es que la gente vota poco en la primera fase y luego se vota en la segunda, cuando tendría que ser al revés casi. Votar más en la primera fase y también en la segunda, cuanto más mejor. 

Se ha notado este año la pandemia en el número de cortometrajes, ha habido un bajón porque la pandemia frenó los rodajes. En cambio, tenemos tres largometrajes a concurso y muchísimos documentales. Es lógico, porque en cuanto a la vida comercial de un proyecto, para un realizador o un productor es más fácil recuperar el dinero invertido con un documental y la gente se ha volcado más. Además, son de gran calidad, puede que seamos la comunidad que más documentales hace. 

Llevas desde 2016 como presidente de la ACA. ¿Qué significa para ti la Academia?

Desde el año 98, cuando nació la Asamblea de Cineastas Aragoneses e hice mi primer corto, busqué de alguna forma relacionarme con gente que hiciera lo mismo que yo y ahí fue cuando conocí esta Asamblea. Desde el principio me involucré mucho, sin tener ningún cargo ni aspirar a tenerlo, porque es una manera también de vivir el cine, ya que no puedes estar rodando todos los años, es una manera de estar vinculado al mundillo del cine en Aragón y en Zaragoza, viviéndolo de otra forma. ¿Qué significa? Todo mi tiempo libre lo dedico a esto, a veces con los sinsabores de un cargo de responsabilidad que ejerces por amor al arte, pero acompañado de un equipo que curra mucho. Cuando deje de ser presidente seguiré vinculado y trabajando. 

La razón de ser de la Academia es promocionar y dar a conocer el audiovisual de la zona. Si no existiera la gala de los Simón, la gran mayoría de los aragoneses no conoceríamos el audiovisual que se está haciendo en Aragón más que los tres o cuatro poquitos que cada año están nominados a los Goya. De esta forma, es una especie de ventana para la sociedad aragonesa que tiene la oportunidad de conocer de primera mano qué se hace dentro del mundo audiovisual. Pero la ACA no solo son los premios, a lo largo del año intentamos aportar nuestro granito de arena en formación audiovisual, divulgación y actos como proyecciones, cursos, talleres, exposiciones. 

ACA, academia del cine aragonés, audiovisual aragonés, cine aragonés, entrevista, entrevista en profundidad, JESÚS MARCO, Jesús Marco Murillo, premios Simón, Premios Simón del Cine Aragonés

¿Hacia dónde dirige su futuro Jesús Marco? 

(Ríe) A estar como estoy. La pasión que siento por el cine no se me va a pasar nunca, aunque me jubile o deje de ser presidente de la ACA, porque tienen que venir generaciones jóvenes a tomar el relevo, pero seguiré colaborando como uno más, aportando lo que haga falta y haciendo lo que se me pida, como ayudante de dirección, como actor, lo que sea. Y apoyando a la Academia en lo que me pida. 

También tengo proyectos propios, tres o cuatro, que se han quedado por el camino porque veo complicada la financiación. Prefiero colaborar con proyectos de otros, egoístamente sufro menos, y dedicarme más a fondo a la Academia. Aunque si conocéis a algún productor que ponga la “pasta”, le presento tres o cuatro (ríe). 

Compartir por