«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

Tiempo de lectura: 13 minutos

El actor zaragozano José Luis Esteban se define a sí mismo como un vehículo diésel, que ha ido cogiendo velocidad de crucero en su carrera profesional y está en continua reinvención, un “culo de mal asiento” que mantiene intacta su pasión por aprender. 

Nosotras lo vemos como un fórmula 1, en el que todas las piezas encajan como un reloj para cumplir con sus metas. Tenaz, persistente, apasionado. Actor, dramaturgo y poeta, pero por encima de todo actor, de larga trayectoria en teatro y, después, en televisión y cine. Entre sus últimos trabajos en el audiovisual, sus apariciones en las series ‘Servir y proteger’, de TVE, y ‘El último show’, de Aragón TV. 

Charlamos con él sobre los inicios de su carrera, sobre la necesidad de entender el mundo para explicarlo en los escenarios o en las letras de sus textos. Admirador de Berlanga y orgulloso vecino, en su juventud, del barrio de San José de Zaragoza, os invitamos a conocer a José Luis Esteban en este ‘Secuenciando a’.     

¿Qué te llevó a ser actor?

Surgió en el último curso de Bachillerato, en el instituto, convocaron un taller de teatro, un profesor de francés, para montar ‘La cantante calva’, una obra de Eugène Ionesco. Jamás había pensado en el teatro ni remotamente, me parecía una de esas cosas absurdas en el mundo, que existían no se sabía muy bien por qué. Pero entonces, haciendo el taller en el instituto, me subí al escenario y ahí hubo un click brutal, porque yo era un crío muy tímido, con muchos problemas para entablar una relación cordial con el mundo, con mis compañeros y conmigo mismo y, de repente, el escenario era un lugar en el que yo me sentía libre. Y encima sentía que con lo que hacía la gente se lo pasaba bien; el escenario contribuyó a mejorar mi autoestima y entonces ya no me bajé nunca más. 

A partir de ahí montamos un grupo aficionado de teatro, fuimos por los pueblos, en los años 80, íbamos en tren o en autobús, con la maleta al hombro, nos pagaban lo que nos pagasen, ni me acuerdo. Luego me puse a estudiar Filología enseguida, la literatura me salvó la vida, y me matriculé en la escuela de teatro y con 22 años me monté una compañía de teatro con colegas. Y pasamos directamente de que nos gustara mucho el teatro a deber un huevo de pasta, y allí empezó la cosa. 

¿En ese momento comienza tu carrera profesional? 

Sí, estando en la escuela de teatro, en primero, hay una compañía, el Teatro de la Ribera, que buscaba gente para un espectáculo y me hacen el primer casting de mi vida y, sorprendentemente, me cogen. Ese fue el verano del 85, mi primera gira cobrando dinero, 3.000 pesetas por función. Me quedaba afónico después de estar cantando en la furgoneta, después de seis horas seguidas de viaje, todas las canciones que sabíamos porque aquello era una fiesta. 

Si no fueras actor, ¿dónde te encontraríamos actualmente?

En la universidad, dando clase. Al acabar la carrera, acabé a la vez Filología y la escuela de teatro, enseguida montamos la compañía, pero simultáneamente hubo un concurso público en la Facultad de Educación, me presenté, me lo dieron y estuve trabajando tres años en la universidad, dando clase. Salí espantado, porque el escenario era una competencia muy dura, pero estuvo bien y me permitió ganar dinero en un momento raro de mi vida, en que era todavía muy jovencito. 

«El oficio ha sido muy generoso conmigo»

Empezaste en el teatro, pero ¿cómo diste el salto a la tele? 

La tele vino muchísimo, muchísimo después. De hecho, todos los días me levanto, abro los ojos y pienso “gracias azar, cosmos, Paulo Coelho”, porque he hecho muchas cosas que no imaginaba ni en mis mejores sueños. En ese sentido, el oficio ha sido muy guay, muy generoso conmigo.

Empecé a hacer televisión en serio en el año 2004, hace cuatro días en comparación con los años que llevo en el oficio y fue porque fui a Madrid a trabajar, con un montaje del Centro de Arte Dramático de Aragón, que se titulaba ‘Misiles melódicos’, estuvimos en el Teatro Español de Madrid y entonces yo dije: “esta es mi oportunidad”. Venía de hacer una serie de trabajos muy buenos con el Centro de Arte Dramático de Aragón, Ricardo III, que había tenido mucha repercusión, me habían dado un par de premios de interpretación y sentía algo que nunca había sentido, que estaba en una situación distinta y que necesitaba dar un paso más allá. Así encontré mi primera representante, empecé a hacer mis primeros episódicos, teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca tele, lo que quiere decir que lo hacía muy mal, era muy distinto, sobre todo la manera de trabajar. 

Aunque los fundamentos son los mismos, cuando te has educado en un ecosistema donde lo único que existe es determinada manera de hacer el teatro, que no digo que sea buena, además, descubrí que tenía que desaprender todo lo que había aprendido y cuando llegué y me puse delante de una cámara me di cuenta de que tenía que volver a desaprender todo lo que había aprendido después de desaprender por primera vez. Veo, aunque no los veo nunca, mis primeros trabajos en ‘Siete vidas’, en ‘Matrimonio con hijos’ y pienso: “eras un pringadillo, chiquillo, no sabías de qué iba el oficio realmente”. En ese sentido creo que mi carrera es como yo, un poco diesel. Luego la aparición del cine fue ya el summum porque adoro el cine. Y todo nos lleva al ahora, un momento de una ilusión tremenda porque veo que tantos años de oficio me ponen en situación de aprender de verdad

¿Cómo fue el aterrizaje en el cine?   

En cine he hecho papeles secundarios, media docena de películas, he hecho muy poco cine en realidad. Con el primero que hice cine, aunque fue un mediometraje, fue con mi amigo José Miguel Iranzo, que falleció el verano pasado. Él rodó en 1996 un mediometraje en 16mm, titulado ‘Tempora y Violeta’, que fue un hito en el audiovisual aragonés porque era la primera vez que un realizador de aquí se metía en un pollo como aquel. A mi amigo Iranzo le debo que fue el primero que confió en mí para algo que no fuera teatro. Luego fue Paula (Ortiz), en ‘De tu ventana a la mía’ (2011) me hizo un pequeño regalo que luego por cosas de montaje quedó muy disminuido, pero yo siempre se lo he agradecido muchísimo a Paula. 

Luego vino la película que más me ha dado, no por el trabajo en sí mismo sino por lo que supuso, que fue ‘Altamira’ (2016), por el hecho de trabajar en inglés, con un grupo de actores ingleses a quienes admiro mogollón y allí había tres o cuatro de los que a mi me molan mogollón, Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas que es un tipo genial, y eso me dio un plus de confianza, porque ya el casting lo hice en inglés con Hugh Hudson. Nunca pierdo de vista de dónde vengo, dónde empecé y yo empecé prácticamente en los carromatos, en las eras, en los campos, y este tipo de oportunidades me han dado un corpus, un bagaje que para mi es muy valioso y un empuje muy grande para seguir trabajando. 

Después hice ‘La higuera de los bastardos’ (2017), con Ana Murugarren, que fue también una cosa de estas extrañísimas porque a Ana, que es una de las personas más punkis que he conocido en mi vida, yo no la conocía de nada. Fui a trabajar a Bilbao, a una cosa de teatro a casa de Ramón Barea, que es mi maestro, y me llaman y me dicen que había una directora que me había visto en una foto en Facebook y que me quería para su próxima película porque necesitaba mi careto. Pues vamos para allá y allí fuimos a grabar ‘La higuera de los bastardos’ que fue otra escuela, con un rodaje durísimo, que nunca había hecho, de noche prácticamente entero, con el tiempo vasco, frío, lluvia, unas condiciones durísimas, haciendo un personaje que era un secundario, pero con presencia. Y trabajar con Karra Elejalde que es una escuela en sí mismo, un tipo fascinante. Fue muy grato, y ahí andamos. 

Has hecho cine, teatro, tele, eres poeta, dramaturgo, ¿qué te aporta cada una de esas facetas?

Entender el mundo, entender lo que pasa, intentar explicarlo, ese es mi oficio como actor. Yo siempre digo que soy un actor que escribe, que publica libros de vez en cuando, que de vez en cuando da una clase de hablar en público, pero siempre es el actor el que está detrás y un actor que necesita entender, aunque todo sea incomprensible, pero necesito entender algo para poderlo contar después en el escenario. Porque además pienso que estamos en un momento flipante a nivel cósmico, terrenal, cultural, artístico, teatral, es un momento flipante.

Hay una frase de Antonio Gramsci, que era un pensador marxista italiano, que decía: cuando lo viejo todavía no se ha muerto del todo y lo nuevo todavía no ha terminado de nacer del todo, en ese periodo incierto es donde surgen los monstruos y yo creo que estamos en un momento de esos. Los antiguos paradigmas, a todos los niveles, están en cuestión, hay una nueva realidad y explicación de la realidad, un nuevo humanismo, hay un cambio brutal y el cine, el teatro, la novela, la literatura, la moda, todo tiene que explicar eso que está pasando, contarlo.

«En estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario»

Además de la pasión por el teatro, conocemos tu pasión por escribir

Esa pasión llegó más tarde, son cosas que han ido surgiendo con el tiempo. No pude escribir nada hasta que no me compré mi primer ordenador. Y se podrá pensar: “pues vaya pijada”, pues es que es verdad. En el año 2000 me compré mi primer ordenador y empecé a escribir. ¿Por qué? No lo se. Buñuel decía que somos básicamente un 80 por ciento de química y un 20 por ciento de misterio, pero lo que realmente detona las cosas es el misterio y eso me ha pasado, se han ido detonando pequeñas cosas ahí. 

¿Empezaste a escribir obras teatrales o poesía?

Empecé haciendo una obra de teatro, escribiendo teatro. Soy culo de mal asiento, me gusta trabajar, pero siempre me ha costado permanecer en un sitio mucho tiempo, periódicamente necesito conocer gente distinta, modos de trabajar distintos, visiones distintas, puntos de vista diferentes, necesito salir de mi zona de confort casi constantemente porque es lo que me mantiene vivo, en forma, alerta. 

¿Y cómo empezaste en la poesía?

El actor una vez hubo un momento en que descubrió la poesía, una cosa que no me interesaba nada en absoluto, como a otros jóvenes, pero en un momento de mi vida determinado cae en mis manos un libro de Allen Ginsberg, que se titula ‘Aullido’, y me pega una patada en la frente tan descomunal que me doy cuenta de que no puedo seguir viviendo si no hago eso en un escenario, no se cómo ni con quién, pero tenía que hacerlo ya. Entonces me junté con un músico amigo, José Javier Gracia, un maravilloso guitarrista de rock, él con su guitarra eléctrica y yo con el libreto de ‘Aullidos’. Nos emborrachamos juntos una noche pensando en lo que íbamos a hacer y a la mañana siguiente pasó algo mágico, y es que realmente nos juntamos, con una resaca del siete, pero los dos acudimos a la cita que teníamos y creamos ‘Territorio beat’.

Y la poesía empieza a formar parte de mi actividad de manera constante, porque funciona de puta madre en el escenario, porque la poesía tiene un poder escénico que es algo que fue para mí completamente inesperado, pero en lo que me volqué y en estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario, que me ha permitido conocer a mogollón de músicos, trabajar con ellos, descubrir la relación maravillosa que hay entre la palabra, la música, el gesto, el movimiento, la cámara, porque hemos hecho experimentos con televisión y seguimos, me flipa. 

Empecé a leer la poesía que me gusta a mí, no con la que nos han torturado durante años en el colegio y nos han hecho que nos alejemos de la poesía, sino la poesía que se está haciendo ahora, la mayoría de mujeres, que escriben una poesía que es la rehostia. Pero hay versos que no he leído y esos modestos versos que no he leído los tengo que escribir yo y por eso publiqué ‘Big Bang’ hace año y medio. 

En ‘Don Quijote somos todos’, con Teatro del Temple, además de interpretar un papel en la obra, con la que estás nominado en el Teatro Rojas de Toledo, eres autor del texto. ¿Cómo te enfrentas a esa escritura? Pones a Don Quijote a solucionar la despoblación

Para empezar a escribir siempre me hago preguntas, en este caso una pregunta: en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué, qué pasa en ese pueblo, por qué no te quieres acordar, dónde está, quiénes son, quiénes quedan hoy en día? Y de la respuesta a esa pregunta surge todo el texto. Yo estaba leyendo, además, ‘La España vacía’, de Sergio del Molino, que me había flipado, y eso sumado a la influencia de Berlanga, Azcona y Cuerda. No les conocí personalmente, pero es como si estuvieran muy cerquita de mí y no me explico por qué no han dejado más huella, por qué nadie sigue esa estela tan nuestra, ese humor cervantino. 

A raíz de todo eso surge y porque estoy muy interesado en cómo se funden cine y teatro, aunque a veces tienen problemas de relación. Pero yo no creo que deban tener problemas de relación, el cine es un hijo aventajado del teatro que en el siglo XX toma vida propia, aunque a veces se consideren que son dos fenómenos separados el uno del otro. Tanto en dramaturgias como en guiones hay esa sinergia en el tratamiento de diálogos, en el desarrollo de los personajes, en el uso de la elipsis y la economía expresiva. Fruto de todos estos movidones surge ‘Don Quijote somos todos’, una manera de dialogar, de replica contrarréplica que sea muy rápida, que trascienda el ritmo del teatro. 

Volvamos a tu faceta audiovisual, ¿cuál ha sido el último trabajo en el que has participado? 

‘Servir y proteger’, en TVE, como actor. Estoy muy ilusionado con la tele porque empecé mayor, mi carrera es incomparablemente más corta en la tele que en teatro, pero es que le pongo mucha ilusión y soy muy tozudo e insistente, persistente y cabezón, cuando quiero algo de veras no tengo prisa, y estoy acostumbrado a salirme con la mía. En este momento de mi carrera me gustaría mucho, y en ello estoy, espaciar un poco más el teatro y frecuentar un poco más los platós, que es una cosa que ahora, con 57 años, aunque me quedan muchos años buenos de carrera, siento que estoy en un momento muy bueno para reinventarme otra vez. Con esta pandemia esto nos está ocurriendo a todos, pero estoy muy  ilusionado con eso, y rodeado de gente estupenda, que me quiere mucho y me están apoyando mogollón y ahí vamos a estar. 

¿Cómo es trabajar en una serie diaria?

Encantador. He hecho dos series diarias, en ‘Servir y proteger’ he estado dos meses y en ‘Amar es para siempre’ estuve una temporada y estaba entonces haciendo teatro en Madrid. Yo descanso cuando trabajo, con ‘Servir y proteger’ estuve en diciembre y estaba haciendo ‘Don Quijote somos todos’, en Valencia y recuerdo el primer día de grabación en ‘Servir y proteger’, entraba en el primer turno de grabación del día, lo que significa que tenía que estar en maquillaje a las seis y media de la mañana. Me pasaban a buscar a las 5:45 horas del jueves. Pero yo estaba en Valencia haciendo teatro, la función empezaba a las ocho de la tarde y acababa a las nueve y media.

Me tuve que coger un coche de alquiler, algo de cena, y conducir pitando a Madrid; llegar, devolver el coche de alquiler, que parece una cosa sencillísima, pero que a las dos de la madrugada es una putada enorme; irme al hotel, dormir, pasar a buscarme, grabar hasta las dos y media de la tarde, ir a Atocha, coger un AVE y volver a Valencia para subir al escenario a las siete de la tarde. No digo esto como quien vive un vía crucis, no lo puedo decir, hubiera preferido que hubiera habido Aves por la noche, pero es que este oficio es así y me críe viendo como los grandes actores y actrices hacían un ‘Estudio 1’ que se pegaban diez horas grabando y luego se iban al teatro a dos funciones. Hay que currar. 

«El gran producto que Aragón exporta es cultura y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí»

Has participado en otras series nacionales, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuéntame’, episódicos, ¿pero qué te han aportado esos papeles?

La necesidad de adaptarte enseguida a un equipo que funciona perfectamente, eso fue lo primero que aprendí en estos episódicos en que grabas un día y desapareces. Llegas a un ecosistema compuesto por ciento cincuenta millones de piezas que funcionan todas de puta madre y donde lo único que te exigen es hacer un ensayo con cámara y una toma. Siempre he pensado que una de las responsabilidades de los actores es, lo primero, no dar mal, lo segundo solucionar problemas y, lo tercero, adaptarse a los ritmos, a los estilos, a los modos de trabajar de cada equipo y ficción. 

Ese trabajo era la única manera de hacer tele porque ahora en casa, en Aragón, parece que empieza a moverse algo, pero hace diez años no podía pensar en hacer nada aquí en tele. La única manera que he sabido ha sido esta, empezar de muy abajo, que sigo estando ahí, e ir haciendo cosas y que me sirva para progresar. Luego pienso que de alguna manera las cosas cuadran, porque luego surge la oportunidad de ‘El último show’, con un personaje que no era para mí, que no estaba escrito para mí, que no era la primera opción, ni la segunda, seguramente tampoco la tercera, pero que al final hubo casting, convencí a Alex (el director) de que era yo. Y sin todo lo de antes, y el background del teatro… 

Te vimos en ‘El último show’ y en la película ‘Reset’, en la que participas en el corto de Nata Moreno, ¿qué piensas de esa apuesta de la tele por la ficción desde Aragón?

Qué os voy a decir, esto lo necesitábamos. Hay una cosa que me llena siempre de perplejidad y es que en Aragón, si echamos un vistazo a su historia y le decimos a cualquiera que nos diga cinco aragoneses ilustres, me juego el dinero que no tengo a que de los cinco nombres cuatro son de artistas. El gran producto que Aragón exporta es cultura, es arte, artistas, y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí, como las lombrices de los terrarios que hacen el hueco en la tierra para que eso se oxigene, la tierra no se compacte y acabe aplastando la raíz; pues eso es lo que ha pasado. Lo que hace falta es que esa trayectoria continúe. 

Me hizo muchísima ilusión participar en ‘El último show’. La época dorada del audiovisual está por venir, todavía están los monstruos ahí, todavía lo nuevo no ha nacido del todo y todavía lo viejo no acaba de morir. Esta ciudad es un ecosistema muy complicado, pero tengo mucha ilusión por la gente joven, que algunos son los que nos están dando momentos de exaltación como ahora mismo Pilar Palomero, Javi Macipe, lo que está haciendo Paula Ortiz, no quiero reducirlo a ellos tres, pero es brutal, en una comunidad como esta. Yo trabajo mucho en Bilbao, que es una comunidad mucho más potente y con un concepto de lo propio mucho más desarrollado que el nuestro, un afán de intervenir y de proteger su fenómeno cultural que es indiscutible y que está plasmado en lo práctico, en la pasta, y mis colegas vascos me dicen: “pero por qué os queréis tan poco en Aragón si las cosas que vemos son de puta madre, pero no os queréis” y les digo que nos queremos mucho, pero que los que no nos quieren son los que podrían hacer esto más fácil, los políticos, los gestores, los funcionarios. 

Además de teatro con ‘Don Quijote’, ¿dónde te podremos ver ahora? 

Hay un proyecto muy bonito en el que llevo ya tres años con él, que es una versión de Macbeth de Shakespeare, he escrito una versión para cabaret y ese espectáculo debería haberse producido este año pasado en Madrid, pero por la pandemia no se pudo hacer, retrasamos el plan de producción y se va a hacer el año que viene. Estoy muerto de ilusión con ese trabajo porque llevo tres años peleando con él. 

En lo audiovisual, como soy un poco supersticioso, me vais a permitir que me calle. En cada una de las facetas en las que estoy intentando desarrollarme tengo proyectos estupendos, estoy ahora acabando mi segundo libro de poesía y estoy escribiendo un proyecto de serie de televisión a medias con Alberto Andrés Lacasta. 

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«Siempre me ha gustado actuar, no me imagino haciendo otra cosa»

«Siempre me ha gustado actuar, no me imagino haciendo otra cosa»

Tiempo de lectura: 8 minutos
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Foto de Ana Moreno

Para este ‘Secuenciando a’ nos hubiera encantado quedar a tomar algo, hablar en persona, hacer unas fotos y un vídeo chulísimos en algún lugar especial de la ciudad… pero las entrevistas en tiempos de coronavirus es lo que tienen y nos hemos adaptado a las circunstancias. Hace años que seguimos con interés la trayectoria de Laura Gómez-Lacueva Peralta; vamos, que somos muy fans. Esta actriz zaragozana tiene una brillante carrera en teatro, televisión y cine y, haciendo caso omiso a Fangoria, asegura que quiere tanto dramas como comedias en sus proyectos profesionales. 

Inició su formación en 1994 en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza (EMTZ) y creó cuatro años después, junto a Ana García, su propia compañía teatral, Muac Teatro. En 2011 comenzó otra aventura teatral con la compañía Nueve de Nueve Teatro, acompañada por Jorge Usón, Carmen Barrantes y Hernán Romero, que sigue activa sobre las tablas. 

En el panorama audiovisual, la encontramos en nuestra pequeña pantalla en ‘Oregón TV’ y el las salas de cine en películas como ‘El reino’, de Rodrigo Sorogoyen, ‘La novia’ y ‘De tu ventana a la mía’, de la también aragonesa Paula Ortiz, ‘Incierta gloria’, de Agustí Villaronga, o ‘Los futbolísimos’, de Miguel Ángel Lamata. Como os decíamos, dramas y comedias que completará este año, cuando el COVID lo permita, con los estrenos de las películas ‘Las Niñas’, de Pilar Palomero, la docuficción ‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’, de Germán Roda, y las ‘Historias lamentables’, de Javier Fesser, donde interpreta uno de los papeles protagonistas y que, estamos seguras, será memorable. 

¿Cómo surge tu interés por el mundo de la actuación? 

Cuando era cría siempre jugaba a actuar y a escribir, me juntaba con mi prima Begoña y con algunas vecinas y hacíamos representaciones para nuestros padres, para los vecinos; nació allí. Lo del audiovisual fue casual, comencé en el teatro y después lo primero que hice de audiovisual lo hice con Lobomedia —productora de ‘Oregón TV’ (ahora ZapZapMedia)—, con la sitcom ‘Tres eran tres’, para Aragón TV. 

¿Qué hubieras sido si no fueras actriz? 

Nunca lo he pensado, porque incluso cuando en su día pensé en qué carrera me gustaría estudiar, me di cuenta de que no me gustaba nada. Me hubiera ido hacia las letras, pero siempre me ha gustado actuar y me fui a estudiar interpretación; no me imagino haciendo otra cosa

Te asociamos irremediablemente al humor, ¿pero en qué género prefieres trabajar?

Que no me quiten ninguno: en drama y en comedia. 

Está claro que se la dan bien tanto el humor como los dramones. Fotos de Javier Mantrana

¿Qué ha significado para ti el programa ‘Oregón TV’?

‘Oregón TV’ me ha abierto muchísimas puertas, me ha dado visibilidad, porque llevamos muchos años, lo emite la autonómica y con las plataformas de internet ha llegado a España y al mundo. Por el fenómeno viral, algún vídeo engancha y la gente te conoce y desea trabajar contigo. Ha supuesto también poder seguir trabajando con compañeros y amigos con quienes ya trabajaba en teatro, como Marisol Aznar, Alfonso Palomares, Francisco Fraguas, Pablo Lagartos o Jorge Asín. A muchos niveles me colma ‘Oregón TV’, a nivel profesional y humano. 

Es difícil abstraerse de la actual situación causada por el COVID, ¿qué ha supuesto en el caso de tu trabajo? 

A nivel audiovisual, a finales de abril tenía previsto el estreno de la película de Fesser y no va a poder ser, no sabemos cuándo se estrenará ni de qué manera, porque cambiarán los protocolos a seguir en cines y teatros. En septiembre tenemos el estreno de ‘Las niñas’, de Pilar Palomero, aún falta tiempo e igual se han buscado soluciones y se puede hacer un estreno más normal.

Tenía trabajos audiovisuales realizados y no estrenados, pero no proyectos que se hayan parado mientras los hacíamos, en eso he tenido suerte. Sin embargo, se han paralizado tres proyectos teatrales y no se si se podrán recuperar y, si se puede, cuándo podría ser.

Estás teniendo un buen año, audiovisualmente hablando. Has participado recientemente en la primera serie de ficción aragonesa ‘El último show’, ¿qué pensaste cuando te dijeron de participar en una serie en la que el protagonista era Marianico el Corto?

Ya había trabajado con Miguel Ángel Tirado, él ha hecho cameos en ‘Oregón TV’, nos conocíamos y hemos coincidido muchas veces. Como conocía la idea de Alex Rodrigo me pareció una idea surrealista, maravillosa, me gustó mucho estar ahí, siendo además la primera ficción que producía Aragón TV con semejante elenco, con un porcentaje tan elevado de técnicos y artistas aragoneses. Era como estar en el mar en verano, una maravilla. 

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Dos grandes actrices, Luisa Gavasa y Laura Gómez-Lacueva, comentando la jugada de Marianico en un momento del rodaje de la serie ‘El último show’

También te podremos ver en la ópera prima de Pilar Palomero, ‘Las niñas’, ¿cuál es tu papel? 

Soy una monja, la profesora de música, es un papel muy chiquitín, pero fue un gusto participar. Había participado en el corto ‘Niño balcón’ con Pilar Palomero, me llevo bien con ella, me gusta lo que hace, tiene mucho gusto y mucho arte. Una parte de mi papel en ‘Las niñas’ la rodamos en el Pedro Cerbuna, donde se recrea un final de curso en el que las niñas cantan, y la clase en sí está grabada en el IES Miguel Servet. Pilar y yo habíamos ido a ese instituto, fue volver a los orígenes

Hice el casting para interpretar a otra de las monjas, pero como tenían una edad más elevada, Pilar pensó en la de música y así acabé siendo la profe de música. 

Eres una de las protagonistas de las ‘Historias lamentables’ de Javier Fesser, que se estrenará próximamente, ¿cómo llegaste a participar en la peli?

Son tres historias y un prólogo. Una de las historias sucedía en Zaragoza, buscaban actores aragoneses y querían que tuvieran acento aragonés. Accedí a ese casting por esta historia, pero me llegó la información un poco rara, no me enteré de que había que hacer el casting en aragonés y lo hice con acento neutro. Luego lo repetí en aragonés y les gustó mucho, quedaron conmigo para las pruebas de vestuario y de maquillaje, pero antes de llegar a las pruebas, como les había gustado mucho, me dijeron que querían que fuera la protagonista de otra de las historias, en lugar del personaje secundario en la historia aragonesa. Pasé otro casting y me dieron el papel, me hizo muy feliz. Así que tengo muchos amigos en la historia aragonesa, pero yo estoy en otra.  

¿Cómo es rodar con Fesser? 

Una maravilla, es muy inteligente, sabe de todo, de interpretación, de cámara, de luz, y tiene muy claro lo que quiere. Es fácil que si te pide algo confíes, porque lo que hace es maravilloso. Crea muy buen rollo entre el equipo, todo el mundo trabaja con positividad y muy contento 

Cuéntanos algo de ese papel protagonista 

Es en la historia ‘El cumpleaños de Ayoub’, que es un africano que pide trabajo a Tina (Valentina), que es mi personaje, y es lo peor que ha podido hacer ese hombre, porque mi personaje es… Uno es la bondad y ella es una mujer que le va a poner en una y mil problemáticas. Rodamos en varias localizaciones, entre ellas en Valencia y Torrelaguna (Madird).

¿Qué valor das a la dirección de actores? ¿Y a la improvisación? 

Depende del director, valoro muchísimo el trabajo del director, algunos son más proponedores o lo tienen muy claro, otros son menos flexibles y quieren que sigas su ruta y a otros les gusta que el actor aporte su parte. Depende de con quién trabajes. También se ve en los ensayos, que están bien para crear el personaje y para darte cuenta de cómo trabajar con ese director. Cada maestrillo tiene su librillo. 

¿En qué momento crees que está el panorama audiovisual aragonés? 

Cada vez va más hacia arriba, comenzamos a caminar más tarde que otras Comunidades, se hacían muchos cortos de aficionados, pero ahora es profesional, hay mucho talento, actores muy buenos, buenos guiones, es un buen momento para Aragón, esperemos que esta crisis no nos de un bofetón y se siga creando como hasta ahora. 

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Uno de los personajes de esta camaleónica actriz Gómez-Lacueva, el de Adela en Oregón TV, Luis Rabanaque le hace los coros caracterizado como el sufridor marido Roque. Programa que lleva en antena 12 años en Aragón TV.

Asociamos tu nombre al cine y la televisión, pero también has hecho mucho teatro. ¿Qué te aporta el teatro?

Aparte de que es mi primer amor, lo primero que conocí, el sentir al público en directo, cómo te sigue en el viaje que estás llevando, notarle ahí no es comparable a nada, es fantástico. 

Has creado dos compañías teatrales

La primera la formé con Ana García en 1998, Muac Teatro, pero decíamos Muac Teatro Clown, porque bebíamos de la comedia, pero era una dramedia o tragicomedia, uníamos humor y drama. Esa compañía duró ocho años. La siguiente fue Nueve de Nueve Teatro y seguimos en ella (con Jorge Usón, Carmen Barrantes y Hernán Romero), pero no estamos en todas las producciones todos. En ‘Al dente’, la primera, estuvimos los cuatro, pero ‘En la extinta poética’ solo participamos Carmen y yo y, por ejemplo, en la última, ‘La tuerta’, solo está Jorge, pero de director. Según lo que nos pide el cuerpo, vamos haciendo. 

Si pudieras elegir papel y compañía en el escenario o la pantalla, ¿qué te hubiera gustado interpretar, con quién y bajo qué dirección?

En teatro me hubiera encantando con La Zaranda y ya lo he hecho, Eusebio Calonge, el dramaturgo, y Paco nos dirigieron en ‘La extinta poética’, ese es un sueño cumplido. Hay tantos directores y tantos buenísimos, tanto aragoneses como nacionales, y también con alguno internacional, pero es complicado trabajar en otros idiomas.

No soy muy mitómana, no me gusta una compañía o un grupo, me gusta, por ejemplo, trabajar con los mejores y las mejores, pero los que tienen más arte, más riesgo, los que hacen proyectos maravillosos, yo quiero estar ahí con los mejores, tener los mejores compañeros que pueda tener. 

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La extinta poética’, obra de la compañía Nueve de Nueve, donde Laura Gómez-Lacueva lo da todo junto a sus compis Rafael Ponce y Carmen Barrantes. Foto de Bruno Rascão.

¿Algún día te veremos detrás de las cámaras?

De momento no he sentido la llamada, de momento no, porque soy muy feliz interpretando. Dirigiendo he hecho pequeñas cosas en teatro, pero no controlo la parte de atrás del cine tanto como para ponerme a dirigir, podría ayudar a un director con la parte actoral, pero ponerme a dirigir me parece demasiado valiente. 

¿Dónde te podremos ver próximamente? 

En ‘Historias lamentables’ de Javier Fesser, ‘Las niñas’ de Pilar Palomero, ‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’, de Germán Roda y, para quien no la haya visto en Aragón TV, en la serie ‘El último show’ que ya está disponible en HBO.

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Uno de sus próximos estrenos, la docuficción ‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’ junto al prota Pepe Viyuela. Audiovisual aragonés dirigido por Germán Roda.

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