El martirio de Sebastienne

El martirio de Sebastienne

Tiempo de lectura: 4 minutos

Sebastienne es un restaurador de patrimonio del Palacio de la Aljafería que un día recibe un grabado sobre el martirio de San Sebastián. Desde ese momento, le empiezan a pasar movidas extrañas que le llevan al límite entre la realidad y un mundo onírico en el que lucha contra sí mismo y sus fantasmas por reivindicar su propia personalidad y su manera de ser. ¿Cómo os quedáis? Pues si ya alucináis con la trama aún lo haréis más al contemplar la belleza visual que ha creado el realizador oscense José Alberto Andrés Lacasta en ‘Sebastienne’. 

Ingrid y Antonio en un momento del rodaje de ‘Sebastienne’ (Foto: Leonor Villaluenga)

“Indagando en los archivos del Palacio de la Aljafería descubrí que tenían un grabado del santo, una estampa que nunca habían expuesto, pero que forma parte de sus colecciones, y gracias a los conservadores descubrí que era un grabado magnífico, en el sentido más colorista”, nos explica el realizador. Mientras las representaciones de otros santos son más austeras, clásicas y sobrias, éste es “totalmente colorista”, con tonos rosas, verdes, azules, y esa estampa le inspiró en su trabajo. 

A la figura de San Sebastián se le vincula una leyenda en la que se elucubra sobre la posibilidad de que estuviese enamorado de una persona de su mismo sexo y que esa circunstancia le costara el martirio, relata Lacasta, para destacar que en la representación del martirio aparece “ajeno al dolor, lleno de flechas, pero sin dolor, y posando, a diferencia de otros santos”, algo que le pareció muy curioso. 

(Foto: Leonor Villaluenga)

CINE EXPERIMENTAL 

Este trabajo “tiene mucho de cine experimental” nos confiesa su director y no tiene un desarrollo tradicional de presentación, nudo y desenlace, aunque lo pretende. “Bailamos con las estructuras clásicas de la narración y proponemos al público que haga un viaje con el personaje”, una experiencia a momentos inquietante, con unos bailarines hipnóticos y visualmente una pasada.  

Se rodó en distintos espacios del palacio, como la escalinata, la biblioteca o la Torre del Trovador, “grabamos en tres noches” y, salvo el inicio y el final, todo transcurre de noche. “Fuimos un millón de veces antes para preparar el rodaje, a medir la luz, a preparar los tiros de cámara”, recuerda el director, agregando que todo se inicia con la creación de la banda sonora, para la que Lacasta ya tenía una idea y que es obra de Pablo Contreras, y de la coreografía exclusiva, que idearon e interpretan los bailarines Antonio Ayesta e Ingrid Magrinyà

El director y Antonio, súper concentrados, antes de grabar (Foto: Leonor Villaluenga)

EQUIPAZO 

Todo el equipo participó y aportó sus ideas para llevar a escena esta danza, en la que también aparecen como actores Félix Martín y Ana Pórtoles. Producido por Factory du Cardelin, encontramos a Lacasta y Leonor Villaluengua en la dirección de producción; a Óscar Lorente y Javier Espada como productores asociados; a las cámaras a Diego Martín y Jorge Yetano; M.A. Ochoa y Jorge Claver como eléctricos; Ana Bruned es la responsable de maquillaje y efectos especiales; Diego Martín, de VFX; y Leonor Villaluengua y el dire están a cargo del vestuario. Además, Daniel Peña se ha hecho cargo del sonido; Jorge Yetano de la edición; Jorge Armengod y Jorge Yetano de la dirección de fotografía; y Carmen Pérez ha ejercido de ayudante de dirección.   

Todos ellos han contribuido a lograr esa puesta en escena con una iluminación “muy barroca”, en la que han tenido como referente a Caravaggio. “Trabajamos con un concepto de la teatralidad con el fondo imponente de la arquitectura de la Aljafería, focalizando mucho en la expresión facial de los personajes, eso me obsesionaba”, reconoce el realizador. Rodado con dos cámaras Blackmagic URSA en 4k, el resultado es, según su director, “elegante, con una parte de deleite visual”. “Queríamos que fuera algo digno de ver y que le sacara partido a la arquitectura de la Aljafería y al propio baile”, subraya.    

Un momento del rodaje en la escalinata, Ingrid ante la cámara de Lacasta (Foto: Leonor Villaluenga)

Hay algo muy bizarro, un gallo que es una “aparición buñuelesca, una presencia casi demoniaca”. Pobre gallo, tan tranquilo paseando por el palacio sin saber que está encarnando a una figura diabólica. En cuanto al vestuario, está basado en dos bocetos de la diseñadora Miriam Ocariz, con referencias en su paleta de colores y la forma de tratar determinados tejidos, aunque es creación de Villaluengua y Lacasta.

NON STOP 

La cinta se presentó en formato online en el estreno de los trabajos del ciclo ‘‘La Aljafería, un lugar de cine’, liderado por Vicky Calavia y que este año ha reunido además los trabajos de Javier Estella, ‘Retirada’; Pilar Gutiérrez, ‘Centella’ e Ignacio Lasierra, ‘Parresia’ con más de 400 personas disfrutando de los cortos desde sus ordenadores. Desde entonces, “estamos teniendo un aluvión de selección en festivales”, tanto en el circuito de cine experimental y de videodanza, como en certámenes generalistas y el feedback “está siendo muy positivo”.

José Alberto Andrés Lacasta tiene una extensa trayectoria en el audiovisual aragonés, como los docus ‘La Nakba permanente’ o ‘Una mujer sin sombra. Asunción Balaguer’; el docu largo ‘Tras Nazarín’, o los cortos ‘Residencia el Milagro’, ‘Epílogo para la muerte del Fauno’, ’Prelinger: chapter 19’ y su más reciente ‘Ofra & Khalil’, que lo está petando aún en el circuito festivalero, con su selección para el próximo Festival de Cine de La Almunia.

En estos momentos se encuentra grabando un documental sobre Manolo Kabezabolo, con la participación del cantautor y al que dedicará este año; así como escribe a cuatro manos junto al actor y dramaturgo José Luis Esteban un proyecto de serie. ¡Un no parar! del que nos alegramos enormemente. 

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«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

Tiempo de lectura: 13 minutos

El actor zaragozano José Luis Esteban se define a sí mismo como un vehículo diésel, que ha ido cogiendo velocidad de crucero en su carrera profesional y está en continua reinvención, un “culo de mal asiento” que mantiene intacta su pasión por aprender. 

Nosotras lo vemos como un fórmula 1, en el que todas las piezas encajan como un reloj para cumplir con sus metas. Tenaz, persistente, apasionado. Actor, dramaturgo y poeta, pero por encima de todo actor, de larga trayectoria en teatro y, después, en televisión y cine. Entre sus últimos trabajos en el audiovisual, sus apariciones en las series ‘Servir y proteger’, de TVE, y ‘El último show’, de Aragón TV. 

Charlamos con él sobre los inicios de su carrera, sobre la necesidad de entender el mundo para explicarlo en los escenarios o en las letras de sus textos. Admirador de Berlanga y orgulloso vecino, en su juventud, del barrio de San José de Zaragoza, os invitamos a conocer a José Luis Esteban en este ‘Secuenciando a’.     

¿Qué te llevó a ser actor?

Surgió en el último curso de Bachillerato, en el instituto, convocaron un taller de teatro, un profesor de francés, para montar ‘La cantante calva’, una obra de Eugène Ionesco. Jamás había pensado en el teatro ni remotamente, me parecía una de esas cosas absurdas en el mundo, que existían no se sabía muy bien por qué. Pero entonces, haciendo el taller en el instituto, me subí al escenario y ahí hubo un click brutal, porque yo era un crío muy tímido, con muchos problemas para entablar una relación cordial con el mundo, con mis compañeros y conmigo mismo y, de repente, el escenario era un lugar en el que yo me sentía libre. Y encima sentía que con lo que hacía la gente se lo pasaba bien; el escenario contribuyó a mejorar mi autoestima y entonces ya no me bajé nunca más. 

A partir de ahí montamos un grupo aficionado de teatro, fuimos por los pueblos, en los años 80, íbamos en tren o en autobús, con la maleta al hombro, nos pagaban lo que nos pagasen, ni me acuerdo. Luego me puse a estudiar Filología enseguida, la literatura me salvó la vida, y me matriculé en la escuela de teatro y con 22 años me monté una compañía de teatro con colegas. Y pasamos directamente de que nos gustara mucho el teatro a deber un huevo de pasta, y allí empezó la cosa. 

¿En ese momento comienza tu carrera profesional? 

Sí, estando en la escuela de teatro, en primero, hay una compañía, el Teatro de la Ribera, que buscaba gente para un espectáculo y me hacen el primer casting de mi vida y, sorprendentemente, me cogen. Ese fue el verano del 85, mi primera gira cobrando dinero, 3.000 pesetas por función. Me quedaba afónico después de estar cantando en la furgoneta, después de seis horas seguidas de viaje, todas las canciones que sabíamos porque aquello era una fiesta. 

Si no fueras actor, ¿dónde te encontraríamos actualmente?

En la universidad, dando clase. Al acabar la carrera, acabé a la vez Filología y la escuela de teatro, enseguida montamos la compañía, pero simultáneamente hubo un concurso público en la Facultad de Educación, me presenté, me lo dieron y estuve trabajando tres años en la universidad, dando clase. Salí espantado, porque el escenario era una competencia muy dura, pero estuvo bien y me permitió ganar dinero en un momento raro de mi vida, en que era todavía muy jovencito. 

«El oficio ha sido muy generoso conmigo»

Empezaste en el teatro, pero ¿cómo diste el salto a la tele? 

La tele vino muchísimo, muchísimo después. De hecho, todos los días me levanto, abro los ojos y pienso “gracias azar, cosmos, Paulo Coelho”, porque he hecho muchas cosas que no imaginaba ni en mis mejores sueños. En ese sentido, el oficio ha sido muy guay, muy generoso conmigo.

Empecé a hacer televisión en serio en el año 2004, hace cuatro días en comparación con los años que llevo en el oficio y fue porque fui a Madrid a trabajar, con un montaje del Centro de Arte Dramático de Aragón, que se titulaba ‘Misiles melódicos’, estuvimos en el Teatro Español de Madrid y entonces yo dije: “esta es mi oportunidad”. Venía de hacer una serie de trabajos muy buenos con el Centro de Arte Dramático de Aragón, Ricardo III, que había tenido mucha repercusión, me habían dado un par de premios de interpretación y sentía algo que nunca había sentido, que estaba en una situación distinta y que necesitaba dar un paso más allá. Así encontré mi primera representante, empecé a hacer mis primeros episódicos, teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca tele, lo que quiere decir que lo hacía muy mal, era muy distinto, sobre todo la manera de trabajar. 

Aunque los fundamentos son los mismos, cuando te has educado en un ecosistema donde lo único que existe es determinada manera de hacer el teatro, que no digo que sea buena, además, descubrí que tenía que desaprender todo lo que había aprendido y cuando llegué y me puse delante de una cámara me di cuenta de que tenía que volver a desaprender todo lo que había aprendido después de desaprender por primera vez. Veo, aunque no los veo nunca, mis primeros trabajos en ‘Siete vidas’, en ‘Matrimonio con hijos’ y pienso: “eras un pringadillo, chiquillo, no sabías de qué iba el oficio realmente”. En ese sentido creo que mi carrera es como yo, un poco diesel. Luego la aparición del cine fue ya el summum porque adoro el cine. Y todo nos lleva al ahora, un momento de una ilusión tremenda porque veo que tantos años de oficio me ponen en situación de aprender de verdad

¿Cómo fue el aterrizaje en el cine?   

En cine he hecho papeles secundarios, media docena de películas, he hecho muy poco cine en realidad. Con el primero que hice cine, aunque fue un mediometraje, fue con mi amigo José Miguel Iranzo, que falleció el verano pasado. Él rodó en 1996 un mediometraje en 16mm, titulado ‘Tempora y Violeta’, que fue un hito en el audiovisual aragonés porque era la primera vez que un realizador de aquí se metía en un pollo como aquel. A mi amigo Iranzo le debo que fue el primero que confió en mí para algo que no fuera teatro. Luego fue Paula (Ortiz), en ‘De tu ventana a la mía’ (2011) me hizo un pequeño regalo que luego por cosas de montaje quedó muy disminuido, pero yo siempre se lo he agradecido muchísimo a Paula. 

Luego vino la película que más me ha dado, no por el trabajo en sí mismo sino por lo que supuso, que fue ‘Altamira’ (2016), por el hecho de trabajar en inglés, con un grupo de actores ingleses a quienes admiro mogollón y allí había tres o cuatro de los que a mi me molan mogollón, Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas que es un tipo genial, y eso me dio un plus de confianza, porque ya el casting lo hice en inglés con Hugh Hudson. Nunca pierdo de vista de dónde vengo, dónde empecé y yo empecé prácticamente en los carromatos, en las eras, en los campos, y este tipo de oportunidades me han dado un corpus, un bagaje que para mi es muy valioso y un empuje muy grande para seguir trabajando. 

Después hice ‘La higuera de los bastardos’ (2017), con Ana Murugarren, que fue también una cosa de estas extrañísimas porque a Ana, que es una de las personas más punkis que he conocido en mi vida, yo no la conocía de nada. Fui a trabajar a Bilbao, a una cosa de teatro a casa de Ramón Barea, que es mi maestro, y me llaman y me dicen que había una directora que me había visto en una foto en Facebook y que me quería para su próxima película porque necesitaba mi careto. Pues vamos para allá y allí fuimos a grabar ‘La higuera de los bastardos’ que fue otra escuela, con un rodaje durísimo, que nunca había hecho, de noche prácticamente entero, con el tiempo vasco, frío, lluvia, unas condiciones durísimas, haciendo un personaje que era un secundario, pero con presencia. Y trabajar con Karra Elejalde que es una escuela en sí mismo, un tipo fascinante. Fue muy grato, y ahí andamos. 

Has hecho cine, teatro, tele, eres poeta, dramaturgo, ¿qué te aporta cada una de esas facetas?

Entender el mundo, entender lo que pasa, intentar explicarlo, ese es mi oficio como actor. Yo siempre digo que soy un actor que escribe, que publica libros de vez en cuando, que de vez en cuando da una clase de hablar en público, pero siempre es el actor el que está detrás y un actor que necesita entender, aunque todo sea incomprensible, pero necesito entender algo para poderlo contar después en el escenario. Porque además pienso que estamos en un momento flipante a nivel cósmico, terrenal, cultural, artístico, teatral, es un momento flipante.

Hay una frase de Antonio Gramsci, que era un pensador marxista italiano, que decía: cuando lo viejo todavía no se ha muerto del todo y lo nuevo todavía no ha terminado de nacer del todo, en ese periodo incierto es donde surgen los monstruos y yo creo que estamos en un momento de esos. Los antiguos paradigmas, a todos los niveles, están en cuestión, hay una nueva realidad y explicación de la realidad, un nuevo humanismo, hay un cambio brutal y el cine, el teatro, la novela, la literatura, la moda, todo tiene que explicar eso que está pasando, contarlo.

«En estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario»

Además de la pasión por el teatro, conocemos tu pasión por escribir

Esa pasión llegó más tarde, son cosas que han ido surgiendo con el tiempo. No pude escribir nada hasta que no me compré mi primer ordenador. Y se podrá pensar: “pues vaya pijada”, pues es que es verdad. En el año 2000 me compré mi primer ordenador y empecé a escribir. ¿Por qué? No lo se. Buñuel decía que somos básicamente un 80 por ciento de química y un 20 por ciento de misterio, pero lo que realmente detona las cosas es el misterio y eso me ha pasado, se han ido detonando pequeñas cosas ahí. 

¿Empezaste a escribir obras teatrales o poesía?

Empecé haciendo una obra de teatro, escribiendo teatro. Soy culo de mal asiento, me gusta trabajar, pero siempre me ha costado permanecer en un sitio mucho tiempo, periódicamente necesito conocer gente distinta, modos de trabajar distintos, visiones distintas, puntos de vista diferentes, necesito salir de mi zona de confort casi constantemente porque es lo que me mantiene vivo, en forma, alerta. 

¿Y cómo empezaste en la poesía?

El actor una vez hubo un momento en que descubrió la poesía, una cosa que no me interesaba nada en absoluto, como a otros jóvenes, pero en un momento de mi vida determinado cae en mis manos un libro de Allen Ginsberg, que se titula ‘Aullido’, y me pega una patada en la frente tan descomunal que me doy cuenta de que no puedo seguir viviendo si no hago eso en un escenario, no se cómo ni con quién, pero tenía que hacerlo ya. Entonces me junté con un músico amigo, José Javier Gracia, un maravilloso guitarrista de rock, él con su guitarra eléctrica y yo con el libreto de ‘Aullidos’. Nos emborrachamos juntos una noche pensando en lo que íbamos a hacer y a la mañana siguiente pasó algo mágico, y es que realmente nos juntamos, con una resaca del siete, pero los dos acudimos a la cita que teníamos y creamos ‘Territorio beat’.

Y la poesía empieza a formar parte de mi actividad de manera constante, porque funciona de puta madre en el escenario, porque la poesía tiene un poder escénico que es algo que fue para mí completamente inesperado, pero en lo que me volqué y en estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario, que me ha permitido conocer a mogollón de músicos, trabajar con ellos, descubrir la relación maravillosa que hay entre la palabra, la música, el gesto, el movimiento, la cámara, porque hemos hecho experimentos con televisión y seguimos, me flipa. 

Empecé a leer la poesía que me gusta a mí, no con la que nos han torturado durante años en el colegio y nos han hecho que nos alejemos de la poesía, sino la poesía que se está haciendo ahora, la mayoría de mujeres, que escriben una poesía que es la rehostia. Pero hay versos que no he leído y esos modestos versos que no he leído los tengo que escribir yo y por eso publiqué ‘Big Bang’ hace año y medio. 

En ‘Don Quijote somos todos’, con Teatro del Temple, además de interpretar un papel en la obra, con la que estás nominado en el Teatro Rojas de Toledo, eres autor del texto. ¿Cómo te enfrentas a esa escritura? Pones a Don Quijote a solucionar la despoblación

Para empezar a escribir siempre me hago preguntas, en este caso una pregunta: en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué, qué pasa en ese pueblo, por qué no te quieres acordar, dónde está, quiénes son, quiénes quedan hoy en día? Y de la respuesta a esa pregunta surge todo el texto. Yo estaba leyendo, además, ‘La España vacía’, de Sergio del Molino, que me había flipado, y eso sumado a la influencia de Berlanga, Azcona y Cuerda. No les conocí personalmente, pero es como si estuvieran muy cerquita de mí y no me explico por qué no han dejado más huella, por qué nadie sigue esa estela tan nuestra, ese humor cervantino. 

A raíz de todo eso surge y porque estoy muy interesado en cómo se funden cine y teatro, aunque a veces tienen problemas de relación. Pero yo no creo que deban tener problemas de relación, el cine es un hijo aventajado del teatro que en el siglo XX toma vida propia, aunque a veces se consideren que son dos fenómenos separados el uno del otro. Tanto en dramaturgias como en guiones hay esa sinergia en el tratamiento de diálogos, en el desarrollo de los personajes, en el uso de la elipsis y la economía expresiva. Fruto de todos estos movidones surge ‘Don Quijote somos todos’, una manera de dialogar, de replica contrarréplica que sea muy rápida, que trascienda el ritmo del teatro. 

Volvamos a tu faceta audiovisual, ¿cuál ha sido el último trabajo en el que has participado? 

‘Servir y proteger’, en TVE, como actor. Estoy muy ilusionado con la tele porque empecé mayor, mi carrera es incomparablemente más corta en la tele que en teatro, pero es que le pongo mucha ilusión y soy muy tozudo e insistente, persistente y cabezón, cuando quiero algo de veras no tengo prisa, y estoy acostumbrado a salirme con la mía. En este momento de mi carrera me gustaría mucho, y en ello estoy, espaciar un poco más el teatro y frecuentar un poco más los platós, que es una cosa que ahora, con 57 años, aunque me quedan muchos años buenos de carrera, siento que estoy en un momento muy bueno para reinventarme otra vez. Con esta pandemia esto nos está ocurriendo a todos, pero estoy muy  ilusionado con eso, y rodeado de gente estupenda, que me quiere mucho y me están apoyando mogollón y ahí vamos a estar. 

¿Cómo es trabajar en una serie diaria?

Encantador. He hecho dos series diarias, en ‘Servir y proteger’ he estado dos meses y en ‘Amar es para siempre’ estuve una temporada y estaba entonces haciendo teatro en Madrid. Yo descanso cuando trabajo, con ‘Servir y proteger’ estuve en diciembre y estaba haciendo ‘Don Quijote somos todos’, en Valencia y recuerdo el primer día de grabación en ‘Servir y proteger’, entraba en el primer turno de grabación del día, lo que significa que tenía que estar en maquillaje a las seis y media de la mañana. Me pasaban a buscar a las 5:45 horas del jueves. Pero yo estaba en Valencia haciendo teatro, la función empezaba a las ocho de la tarde y acababa a las nueve y media.

Me tuve que coger un coche de alquiler, algo de cena, y conducir pitando a Madrid; llegar, devolver el coche de alquiler, que parece una cosa sencillísima, pero que a las dos de la madrugada es una putada enorme; irme al hotel, dormir, pasar a buscarme, grabar hasta las dos y media de la tarde, ir a Atocha, coger un AVE y volver a Valencia para subir al escenario a las siete de la tarde. No digo esto como quien vive un vía crucis, no lo puedo decir, hubiera preferido que hubiera habido Aves por la noche, pero es que este oficio es así y me críe viendo como los grandes actores y actrices hacían un ‘Estudio 1’ que se pegaban diez horas grabando y luego se iban al teatro a dos funciones. Hay que currar. 

«El gran producto que Aragón exporta es cultura y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí»

Has participado en otras series nacionales, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuéntame’, episódicos, ¿pero qué te han aportado esos papeles?

La necesidad de adaptarte enseguida a un equipo que funciona perfectamente, eso fue lo primero que aprendí en estos episódicos en que grabas un día y desapareces. Llegas a un ecosistema compuesto por ciento cincuenta millones de piezas que funcionan todas de puta madre y donde lo único que te exigen es hacer un ensayo con cámara y una toma. Siempre he pensado que una de las responsabilidades de los actores es, lo primero, no dar mal, lo segundo solucionar problemas y, lo tercero, adaptarse a los ritmos, a los estilos, a los modos de trabajar de cada equipo y ficción. 

Ese trabajo era la única manera de hacer tele porque ahora en casa, en Aragón, parece que empieza a moverse algo, pero hace diez años no podía pensar en hacer nada aquí en tele. La única manera que he sabido ha sido esta, empezar de muy abajo, que sigo estando ahí, e ir haciendo cosas y que me sirva para progresar. Luego pienso que de alguna manera las cosas cuadran, porque luego surge la oportunidad de ‘El último show’, con un personaje que no era para mí, que no estaba escrito para mí, que no era la primera opción, ni la segunda, seguramente tampoco la tercera, pero que al final hubo casting, convencí a Alex (el director) de que era yo. Y sin todo lo de antes, y el background del teatro… 

Te vimos en ‘El último show’ y en la película ‘Reset’, en la que participas en el corto de Nata Moreno, ¿qué piensas de esa apuesta de la tele por la ficción desde Aragón?

Qué os voy a decir, esto lo necesitábamos. Hay una cosa que me llena siempre de perplejidad y es que en Aragón, si echamos un vistazo a su historia y le decimos a cualquiera que nos diga cinco aragoneses ilustres, me juego el dinero que no tengo a que de los cinco nombres cuatro son de artistas. El gran producto que Aragón exporta es cultura, es arte, artistas, y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí, como las lombrices de los terrarios que hacen el hueco en la tierra para que eso se oxigene, la tierra no se compacte y acabe aplastando la raíz; pues eso es lo que ha pasado. Lo que hace falta es que esa trayectoria continúe. 

Me hizo muchísima ilusión participar en ‘El último show’. La época dorada del audiovisual está por venir, todavía están los monstruos ahí, todavía lo nuevo no ha nacido del todo y todavía lo viejo no acaba de morir. Esta ciudad es un ecosistema muy complicado, pero tengo mucha ilusión por la gente joven, que algunos son los que nos están dando momentos de exaltación como ahora mismo Pilar Palomero, Javi Macipe, lo que está haciendo Paula Ortiz, no quiero reducirlo a ellos tres, pero es brutal, en una comunidad como esta. Yo trabajo mucho en Bilbao, que es una comunidad mucho más potente y con un concepto de lo propio mucho más desarrollado que el nuestro, un afán de intervenir y de proteger su fenómeno cultural que es indiscutible y que está plasmado en lo práctico, en la pasta, y mis colegas vascos me dicen: “pero por qué os queréis tan poco en Aragón si las cosas que vemos son de puta madre, pero no os queréis” y les digo que nos queremos mucho, pero que los que no nos quieren son los que podrían hacer esto más fácil, los políticos, los gestores, los funcionarios. 

Además de teatro con ‘Don Quijote’, ¿dónde te podremos ver ahora? 

Hay un proyecto muy bonito en el que llevo ya tres años con él, que es una versión de Macbeth de Shakespeare, he escrito una versión para cabaret y ese espectáculo debería haberse producido este año pasado en Madrid, pero por la pandemia no se pudo hacer, retrasamos el plan de producción y se va a hacer el año que viene. Estoy muerto de ilusión con ese trabajo porque llevo tres años peleando con él. 

En lo audiovisual, como soy un poco supersticioso, me vais a permitir que me calle. En cada una de las facetas en las que estoy intentando desarrollarme tengo proyectos estupendos, estoy ahora acabando mi segundo libro de poesía y estoy escribiendo un proyecto de serie de televisión a medias con Alberto Andrés Lacasta. 

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Una novedad en Zaragoza

Una novedad en Zaragoza

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Si eres de los que te pones Netflix y te pegas media hora intentado decidir qué ver y al final no ves nada, ha llegado la solución a tu aburrimiento. Te vamos a hablar del universo ‘Confluye Zaragoza’, que dirige Hugo Falcón, un portal en el que pinchar en lo que más te interese, que seguro que es mucho. Vas a disfrutar del arte maño como nunca antes lo habías hecho.

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Todos los artistas que se encuentran delante y detrás de las cámaras de ‘Confluye Zaragoza’. Les ha quedado un collage bien majico.

Siete artistas de diferentes disciplinas componen esta locura que ha nacido en la capital aragonesa; David Ballestar (escultura), Elena Gil (danza), Gustavo Giménez (voz-poesía), Laura Mesones (pintura), Pilar Serrano (pintura mural), Evyenia Tzortzi (joyería) y Yaguar (video-arte).

¿ESTO TAN MODERNO QUÉ ES?

Si los términos documental web hipermedia hacen que te encuentres más perdido que Marco el día del padre, te diremos que hipermedia es la suma de hipertexto y multimedia, algo muy chulo con lo que mostrar las facetas más desconocidas de los artistas de manera personalizada para el espectador.

«La idea es crear una página que sea ver, escuchar y leer. Cada usuario va a poder hacer el recorrido que quiera», explica Falcón a Secuenciadas. Y es que el usuario se va a convertir en el autor de su propio documental: «es la gran diferencia que hay con el documental normal y corriente que es algo lineal, tú le das a play y te lo terminas», pero aquí podrás vivir una narración interactiva en formato web en función de tus motivaciones. ¿Cómo? explorando vídeos, textos, bocetos, fotografías, audios y animación. Un popurrí de multimedia que te dejará ojiplático.

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El director Hugo Falcón flipa con David Ballestar y las herramientas de trabajo que utiliza para hacer sus esculturas. Foto de Aránzazu Navarro.

EL PROCESO CREATIVO

Para la realización de este documental Hugo Falcón pidió a cada artista una obra inédita. «A veces ves una obra que te gusta o no te gusta, pero no sabes todo el proceso que ha tenido el creador», mientras que aquí podremos descubrir el proceso creativo que les ha llevado a crear la obra y que nunca vemos. Falcón, que cuando no graba estudia Historia del Arte, destaca: «algo que me parece esencial es transmitir el interés didáctico, que la gente aprenda cosas del arte y valore más la cultura».

En este documental vemos a creadores que llevan años trabajando. «Vamos a crear una comunidad para que la gente pueda ver obra y trabajo de personas que a lo mejor no tiene tanta visibilidad», afirma el director. «Es darles un poco de valor e importancia, una forma de unir. Yo creo que el arte une a la gente«, sentencia.

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La bailarina Elena Gil y Hugo Falcón que también opera la cámara, luchan contra el cierzo en plano aberrante al lado del Ebro. Foto de Aránzazu Navarro.

REMINISCENCIAS

Hugo Falcón, que reconoce que desde pequeño ha estado rodeado de artistas, recuerda sus primeras inmersiones en el audiovisual. «Con una cámara minidv grababa ensayos y algún concierto. Esa inquietud por grabar a artistas la he tenido siempre«. Entre sus artistas más cercanos se encuentra su hermano, Ignacio Falcón que es músico y colabora también en el documental haciendo la música original. Más de un concierto de piano del tato le habrá tocado grabar a Hugo.

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Gustavo Giménez (voz-poesía) y Hugo Falcón (dire) conversan sobre la peluquería a la que van a cortarse las puntas. Foto de Aránzazu Navarro.

Más adelante, como muchos, se fue a estudiar a Madrid, en este caso dirección de fotografía, y con su mejor amigo Diego García, le surgió la idea de este documental. «Pensamos en crear una comunidad para dar visibilidad a tanta gente que hay buena por ahí y que está escondida«. García se quedó en la producción y se unió al equipo Nuria Rubió. Así nació ‘Confluye Zaragoza’ en el que todo confluye a cascoporro. «Confluir es unir las diferentes disciplinas en un mismo sitio«, precisa el dire.

CONFLUYE Y HAZ TU APORTACIÓN

Actualmente están grabando a los artistas del docu y, para que todo fluya, han abierto una campaña en la que tú puedes aportar dinero al proyecto y llevarte una recompensa. «Me está sorprendiendo mucho el apoyo que está teniendo de gente que no conozco de nada y eso me llena un montón y también que me apoye la gente más cercana que me quiere» y es que en menos de diez días ya han alcanzado el 50 % del objetivo. «Esperamos llegar a la meta que son 3.600 euros». Ya sabes, si te mola colabora y podrás conseguir productos de edición especial de ‘Confluye Zaragoza’ con su logotipo, como una bolsa o una súper camiseta y si eres de los que te gusta ser protagonista podrás salir también en los créditos.

Hugo Falcón dirigió en 2016 otro documental, esta vez al uso, sobre las radios libres en Aragón, con el título ‘Ondas en libertad‘, que se pudo ver en diferentes ciudades. Con ‘Confluye Zaragoza’ afronta su proyecto más personal y ambicioso. «Voy a coger a gente de Zaragoza pero quiero ampliar a Aragón, a España e ir a más. Quiero ser ambicioso en ese sentido». Nosotras estamos encantadas y esperamos disfrutar de esta comunidad de artistas que esperamos vaya creciendo hasta convertirse en un portal web de referencia de la escena artística.

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El director Hugo Falcón coge foco a uno de estos siete artistas del documental web y se prepara para traspasar fronteras. Foto de Aránzazu. Navarro.

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Somos personas

Somos personas

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Una clase de interpretación en la escuela de cine Un Perro Andaluz de Zaragoza es el origen del largometraje documental ‘Personas’, una historia de inclusión social a través del arte, dirigido por la periodista y realizadora María de Rada, quien además ejerce como guionista y es la profesora de interpretación en este aula en la que ocurrían cosas tan mágicas, y majicas, que María se decidió a grabarlas para la posteridad.  

Adrián lee con atención el guión del corto mientras piensa que podría venir como actor secundario Clint Eastwood. El compañero a su lado se le da un aire, pero no domina tanto el inglés. (Foto: Personas)

El trabajo se basa en una historia real, en lo que ocurre en esta clase con unos 25 alumnos que reúne desde niñas de 7 años a personas de 67, treinta y quinceañeros y, “en medio de todo eso, también había una persona con Asperger, Adrián, una persona con síndrome de down, Paola, y otra con autismo, María”, explica María de Rada a Secuenciadas momentos antes del estreno de su docu en el Centro de Historias de la capital aragonesa, donde se podrá ver de nuevo este domingo, día 7, a las 13.00 horas. 

“Al principio fue un reto poder dar esas clases y pensar si sería capaz de hacerlas con gente tan diversa”, recuerda. Sin embargo, se formó un grupo “tan bonito, era tan mágico lo que ocurría en esas clases que pensé: aquí hay una historia que se debe contar sobre cómo fomentar la inclusión social a través del arte” o, en este caso, de la interpretación y el teatro, que tienen el poder de unir a personas tan diversas.    

Después de unos tres o cuatro meses impartiendo esta clase, y al comprobar “lo potente” que era el grupo, decidió comenzar a grabarles con el objetivo de evidenciar que «no es tan sencillo para las personas con discapacidad ser incluidas en actividades de ocio” porque en muchas ocasiones resulta difícil normalizar esa inclusión. “No estamos acostumbrados a tratar con personas con discapacidad, quería que se viera que es normal y es maravilloso”, subraya, para aclarar que el mensaje de este docu es, sencillamente, que la inclusión es posible

Los alumnos María, Adrián, Paola y Eva, metidos a tope en sus papeles. ¡Sí a los selfies! (Foto: Personas)

LECCIÓN DE VIDA 

En esta experiencia, María de Rada ha aprendido que “todos somos capacitados en algo y discapacitados en otra cosa” y de eso habla el documental, destacando también el poder que tiene el arte para facilitar la inclusión. “Al final es jugar con nuestro cuerpo, con las emociones, jugar con los demás, volver a ser niños, favorece el compañerismo, fomenta la alegría”. Vamos, que da un buen rollo muy necesario ahora mismo, tras este año pandémico que nos ha impedido muchas veces mantener esas relaciones con los demás.   

“Siempre que doy clase aprendo muchísimo de mis alumnos, más que lo que aprenden ellos”, asegura. En este caso concreto, “aprendí que tenemos mucho desconocimiento sobre las personas con discapacidad y que, al final, es más sencillo de lo que parece, que hay que normalizarlo un poco más” porque todos somos distintos.  

‘Personas’ se grabó en 2019 y, en su inicio, el realizador, fotógrafo y creativo Lorenzo Izquierdo se apuntó al proyecto como director de fotografía y responsable de edición. “Le conté la idea y se unió enseguida, de manera voluntaria y altruista desde el principio”, recuerda María. Gracias a una ayuda de Zaragoza Cultural han completado las entrevistas en estos últimos dos meses y han llevado a cabo la edición final, “que ha sido un trabajazo tela, pero estamos muy contentos”, relata. El resultado del trabajo en el aula, además de revivirlo en el docu, se puede conocer en los cortos que ruedan en estos talleres y que están disponibles en la página web de la escuela.  

María de Rada, con la mente a cien por hora pensando en su próximo audiovisual. ¡Esta mujer no para! ¡Olé! (Foto: Secuenciadas)

HISTORIAS NECESARIAS 

Tras su presentación en el Centro de Historias, con entradas agotadas en las proyecciones, la realizadora intentará “mover” el documental entre asociaciones y fundaciones que trabajan la inclusión y “sería maravilloso” poder llevar este trabajo a colegios e institutos, porque “el mensaje que se muestra es claro y necesario”. También se presentará en festivales y se organizarán nuevas proyecciones en los próximos meses, si bien lo primero será “conseguir financiación para poder distribuirlo, porque en estos momentos no tenemos”. Ya sabéis, give her the money! Para que el mensaje siga calando. 

La zaragozana María de Rada siente pasión por los temas sociales en su doble faceta como directora y periodista. “Me encantan las historias de la gente que lucha día a día”, esas historias que “casi nadie cuenta y que son muy necesarias y bonitas de contar”

Actriz y formadora, ha trabajado como guionista y reportera en varias cadenas de televisión y programas de radio y, en los últimos años, ha creado su propia productora audiovisual ‘El patio de las pinzas’, con la que ha dirigido, con este trabajo, tres largos documentales, los dos primeros dedicados a los barrios de Torrero-La Paz y la Madalena. Tras concluir ‘Personas’, se centrará ahora en su distribución, pero estamos seguras de que en su mente ya idea nuevas historias sociales que llevar a la pantalla.  

Paola alegrando el estreno de ‘Personas’, con Lorenzo Izquierdo, María de Rada, Adrián, María y la directora de Un Perro Andaluz, Leonor Bruna, partidos de la risa con su speech. (Foto: Secuenciadas)
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