Y el Simón de Honor es para…

Y el Simón de Honor es para…

Tiempo de lectura: 7 minutos

La décima edición de los Premios Simón del Cine Aragonés está a punto de celebrarse y en Secuenciadas estamos living pensando ya en la gala, que este año se traslada a Andorra, para convertirla en una localidad de cine. A la emoción del viaje hacia el corazón turolense, sumamos los nervios de los nominados y la felicidad del Premio Simón de Honor que este año es para el cineasta zaragozano Pedro Aguaviva (1942). 

Proyeccionista en sus inicios, el realizador siempre ha estado vinculado al cine, un oficio del que, según reconoce, “no te retiras nunca, pues forma parte de tu propia vida”. Gracias a la concesión por parte de la Academia del Cine Aragonés de este reconocimiento, podremos disfrutar de su filmografía en la Filmoteca de Zaragoza el próximo 17 de junio, a partir de las 18.00 horas, en una sesión especial en la que se proyectarán ‘Las cuevas del flaco’, ‘Esencias de Nada’, ‘Me voy a Nueva York’, ‘Farsantes’ y ‘Reciclando basura’. Pero antes os invitamos a conocerlo a través de esta entrevista que ha concedido a Secuenciadas. 

¿Dónde naciste y dónde has vivido?

Soy zaragozano, nacido en la plaza de la Magdalena, en aquel entonces un bello rincón enmarcado por la antigua universidad.

¿Cómo empezó tu amor por el cine?

Probablemente influyó el que mi padre, a los seis años, me comprara un pequeño proyector de cine de 35 mm a manivela con películas de Tom Mix y el gato Félix, y así me acostumbré a ver películas de celuloide por casa desde pequeño.

¿Recuerdas la primera vez que fuiste al cine?

Sí, era una película de dibujos animados: ‘Garbancito de la mancha’, que Arturo Moreno realizó en 1945. Después vendrían ‘El Capitán Blood’, ‘Robin de los Bosques’, y otras.

Pedro Aguaviva, cámara en trípode, en el rodaje de ‘Esencias de Nada’ (1995) (Fotos: Pedro Aguaviva)

Tu contacto profesional con el cine fue trabajando como proyeccionista ¿qué nos puedes contar de aquellos años y en qué cines proyectaste?

Comencé en La Salle donde me enseñó el oficio un operador de cinematógrafo ya retirado. Más tarde, y tras obtener el carnet necesario, estuve en los cines Dux, Pax y Mola, en este último ya como jefe de cabina.

En una época en la que era difícil acceder a cursos o talleres de cine, ¿cómo te formaste para realizar tus propias películas? ¿En qué directores te fijabas?

La única forma de aprender era viendo cine y tratar de emular a los grandes maestros. Tenía la ventaja de que si una secuencia me interesaba podía verla varias veces hasta descifrar las claves del lenguaje cinematográfico. Scorsese y Truffaut estaban entre mis directores preferidos.

El cineclub Gandaya, del que formé parte junto con Alberto Sánchez, fue otra fuente importante en la que beber, pues se programaban películas que no era fácil de ver en las salas comerciales.

Perteneciste al grupo Sefilma, de la Agrupación Artística Aragonesa. ¿De qué trataba este grupo y qué significó en tu carrera?

En los años 80 pertenecía a la Tertulia Aragonesa del Café Levante y allí aparecieron miembros de la Agrupación Artística Aragonesa con la idea de formar un grupo de cine en su sede, y poco a poco me integré en lo que se llamó SEFILMA (Sección Filmográfica Audiovisual de la Agrupación Artística).

El grupo Sefilma lo crearon en 1989 Enrique Susín, Patxi García, Chema Novoa, y otros jóvenes cinéfilos de la Agrupación Artística. Este colectivo, además de la producción de cortometrajes, organizaba cursos de formación en el lenguaje audiovisual y concursos de guiones. Más tarde comenzó a organizar las primeras muestras de cine independiente, que personalmente impulsé como coordinador y que fueron preámbulo de lo que hoy es el Festival Ciudad de Zaragoza (FCZ).

Tertulia cinematográfica en el Café Levante (1989)

También teníais un fanzine que se llamaba ‘Secuencias’, ¿en qué consistía?

‘Secuencias’ se inició en la tertulia del Levante y continuó en la Agrupación Artística donde siguió publicándose hasta su desaparición en 1995. Era reflejo de los rodajes que se realizaban y una forma de darnos a conocer en el ámbito cultural del cine independiente.

Tu primera realización fue ‘Este férreo mundo’ (1976). ¿Cómo surgió este proyecto?

En los años 70, el medio ambiente no preocupaba demasiado, solo algunas voces de alcance limitado se dejaban oír. El documental ‘Este férreo Mundo’, en 8 mm y 15 minutos de duración, plantea los problemas de la contaminación industrial. Le dieron el Gran Premio en el Festival Internacional de Zaragoza, que en 1976 organizó el cineclub Saracosta.

«Siempre me ha gustado crear desde el principio, desde el germen de la historia»

El 17 de Junio programan en la Filmoteca de Zaragoza varios de tus trabajos. A modo resumen, ¿qué nos puedes contar de estas obras?

Excepto ‘Las Cuevas del Flaco’, que el guión es de Javier Peña, en todas las demás el guión ha sido mío. Siempre me ha gustado crear desde el principio, desde la propia germinación de la historia y trabajar en aquellos temas que me interesaban, ha sido mi pequeña parcela de libertad donde he elegido lo que quería hacer hasta donde he podido. ‘Las cuevas del Flaco‘ (1988) está realizada en súper 8 mm. En ella, la labor de Javier Peña como actor y guionista es muy destacable y fue premiada en Pau (Francia) y en el VII Festival Internacional de Teruel, que se celebró en 1988.

‘Esencias de Nada’ (1995) supuso la transición del pase de la película analógica al vídeo. Es una obra muy divertida donde se enfrentan una desenfadada ama de llaves (Luz Gabás) y un estirado político (Alberto Sánchez). Se rodó en la torre de Santa Engracia, una señorial mansión que el Ayuntamiento de Zaragoza nos cedió en Movera. 

Por su parte, ‘Me voy a Nueva York’ (1998) es la historia de un fracasado pintor de artes plásticas que decide ir a Nueva York en busca de nuevas oportunidades. En esta obra participaron un gran número de socios de la Agrupación Artística, marcando una interesante impronta del ambiente que entonces se vivía en esta entidad. ‘Farsantes’ (2000) es un trabajo del que estoy muy satisfecho, tanto en la realización como en el guión. El mundo del teatro siempre me ha atraído bastante, y aquí cuento en tono de comedia los apuros de un pequeño grupo de teatro para estrenar una obra. Se rodó en el salón de actos del Colegio Mayor Cerbuna y tuvo un interesante recorrido por varios festivales, incluido el de Huesca.

Por último, ‘Reciclando Basura’ (2002) es una comedia de humor negro, de producción y guión propios. Es la obra de ficción de la que estoy más  satisfecho. Es la historia de dos mujeres que se confabulan para castigar a un maltratador. Pilar Aguirre, Jesús Pola y Teresa Lario forman un trío fuera de lo común. La labor de José Manuel Fandos como director de fotografía es muy destacable, como también el magnífico cartel de Oscar Sanmartín.

Una escena de ‘Las Cuevas del Flaco’ (1988)

¿Qué te parece que tus trabajos se vayan a volver a ver en una sala de cine? En tu época de proyeccionista ¿existía la Filmoteca de Zaragoza?

Es una gran satisfacción que se vuelvan a proyectar mis trabajos, siempre es agradable que se acuerden de uno de vez en cuando. Cuando se crea la Filmoteca en 1981, profesionalmente ya no trabajo en el medio de la exhibición, me muevo en el campo de la mecánica-electrónica. Es en mi tiempo libre cuando me dedico a la realización de cortometrajes.

«El humor es fundamental para entender la vida»

En tus trabajos utilizas bastante el humor negro

El humor me parece fundamental para entender un poco la vida. Siempre me ha gustado el humor sutil, un tanto sarcástico y rayano en el absurdo, no me gusta el humor de carcajada. Los humanos vivimos nuestras pequeñas tragedias, que muchas veces son ficticias, inventadas, creando nuestra propia película, y ahí es donde me gusta moverme, en ese filo cercano al ridículo donde no somos conscientes por donde nos movemos. 

¿Cuál ha sido tu último trabajo audiovisual? ¿Vamos a poder ver algo tuyo próximamente o que esté relacionado con el mundo audiovisual?

En YouTube tengo una parte importante de mis trabajos, entrando como Pedro Aguaviva aparecen fácilmente,  ficción, documentales, reportajes,. A señalar un documental de carácter ferroviario, ‘El Ferrocarril del Puerto de Pajares’, realizado en 2006, de 50 minutos de duración, y otro sobre las grullas, ‘Laguna de Gallocanta Paraíso de las Grullas’. Ahora estoy trabajando sobre un hecho muy significativo de la Guerra de la Independencia en Zaragoza, ‘La Batalla de las Eras’, sucedida el primer día del primer sitio, y que habría de significar mucho en todo lo que sucedió después.

¿Sigues el audiovisual aragonés? ¿Qué opinión te merece?

La creación de la Academia de Cineastas Aragoneses ha supuesto un paso muy importante en el resurgir del cine en Aragón. Han sido los propios cineastas quienes, agrupándose, han conseguido hacer saber a las instituciones de nuestra existencia, instituciones que no sabían muy bien qué hacer con el cine en Aragón. Los cineastas han puesto en valor sus trabajos sin necesidad de agradecérselo a nadie, demostrando de lo que somos capaces cuando nos proponemos algo. Solo hay que asistir a las galas de la Academia para ver la evolución que año tras año muestran las producciones, con unos niveles que están a la altura de cualquier otro lugar.


Una compañía de teatro en apuros en ‘Farsantes’ (2000)

En una época en la que, desgraciadamente, están desapareciendo los cines, ¿cómo consumes tú cine? ¿Te sigues desplazando a las salas o eres fan de alguna plataforma?

Vivimos una época donde las opciones son diversas e interesantes y hay que saber aprovecharlas, creo que no está reñido ir a una sala con los últimos adelantos técnicos, con visionar cine clásico en casa. En cuanto a las series, creo que hay tratarlas con medida y sin adicción.

¿Cómo recibiste la noticia de ser el Simón de Honor de este año?

Al principio con sorpresa e incredulidad, después te vas haciendo a la idea y al final aceptas. ¿Por qué no? 

Fuiste uno de los socios fundadores de la Asamblea de Cineastas Aragoneses, actual Academia de Cine Aragonés. ¿Cómo recuerdas esa época? ¿En qué año fue y quiénes estabais? ¿Aún eres socio?

Desde aquella asamblea fundacional en 1999 ha pasado más de veinte años y, según su manifiesto, fue creada para reivindicar y difundir el audiovisual aragonés. Los nombres de sus fundadores siguen estando en la palestra: José Ángel Delgado, Jorge Nebra, Ana Esteban, Jorge Blas, Pablo Aragüés y muchos otros. Creo que en su pervivencia se mantiene la ilusión y el mismo espíritu apasionante e inspirador que teníamos cuando se fundó. Desde luego que sigo siendo socio y lo voy a seguir siendo. Siempre he pensado que en este oficio no te retiras nunca pues forma parte de tu propia vida, y hay que morir con las botas puestas, no queda otra

Compartir por
Un thriller aragonés rodado en la Magdalena

Un thriller aragonés rodado en la Magdalena

Tiempo de lectura: 5 minutos

En tiempos en los que echamos de menos salir de fiesta para bailar sin pudor y ligar con nocturnidad y alevosía, al guionista y director Miguel Casanova no se le ocurre otra idea que rodar en una bar su nuevo corto ‘No te verán correr’. Corriendo hubiéramos ido nosotras si nos llegamos a enterar de que el Crápula abría otra vez sus puertas, lástima que solo fuera para el rodaje.

corto aragonés, miguel casanova, corto sobre violencia policial, corto social, corto inmigración, Álex Rodrigo, laura contreras, vicente vergara, fernando rojo, bar crápula, cine aragonés, redada policial, guionista, jon plazaola

La policía antes de entrar al bar, a ver qué se cuece. Foto Víctor Izquierdo.

La historia del corto sucede en el barrio zaragozano de la Magdalena, pero como bien dice Casanova «podría suceder en cualquier ciudad con este tipo de barrio obrero». Contado a tiempo real, somos testigos de una redada policial, a través de una cámara pegada a los personajes. «Seguimos a un policía joven que ve algo que no debería haber visto», desvela a Secuenciadas el creador de este relato.

Para la escritura de un guion anterior «tuve que hacer mucha investigación sobre violencia policial, que al final no tuve que utilizar tanto, pero me quedé con la idea». Y tanto es así que en 2017 sucedió un hecho en Francia que le hizo recordar y abrir el cajón de esa investigación. «Vi que a lo mejor había una historia ahí que a mí me apetecía mucho contar, basándose en la búsqueda de poder«, un tema del que es fan.

Cuando tuvo una primera versión del guion lo leyó una policía nacional. «Me estuvo asesorando mucho sobre cómo se relacionaban entre ellos y procedían si consideraban que un compañero o compañera había utilizado una fuerza excesiva, que no se le estaba permitida usar».

POLICÍAS Y TODOS LOS DEMÁS

Para la elección de los actores empezaron por los secundarios. «Pensamos que lo mejor era conseguir a todo el reparto de policías porque no solamente queríamos buenos actores, sino a alguien que tu creas que te pueda parar por la calle y pedirte la documentación«. Empezaron por fichar durante el confinamiento a Laura Contreras y Fernando Rojo, dos aragoneses que ya se han visto las caras en más de un corto.

«Luego contactamos con Vicente Vergara, que a mí me lo habían presentado hacía tiempo, a raíz de que coincidíamos en muchos festivales, yo trabajando en ‘Mientras dure la guerra’ y él estaba nominado al Goya por ‘La trinchera infinita'(2019)», casi nada. Después se unió al proyecto Jon Plazaola, más conocido en el género de la comedia, y a quien le gustó mucho su personaje. «Creo que a un actor al que se le da muy bien la comedia te sabe hacer cualquier cosa y ha hecho una cosa super interesante», estima el dire, recordando que por último llegó Rafa Delacroix.

Una vez elegida esta brillante tropa decidieron ir a por el prota. «Ver quién era el protagonista que podía encajar con todas estas personas que le iban a hacer frente dramáticamente en el corto». Pepo Llopis, un actor lleno de verdad que Casanova había visto debutar en su primera peli. «Yo había trabajado con él en una película de Mod Producciones que se llama ‘La banda’ (2019), vi su prueba de casting y me pareció un tío que tenía muchísima, muchísima verdad a la hora de soltar el texto y de vivir la situaciones». Así que ya tenían al actor que iba a vivir su historia en primera persona.

corto aragonés, miguel casanova, corto sobre violencia policial, corto social, corto inmigración, Álex Rodrigo, laura contreras, vicente vergara, fernando rojo, bar crápula, cine aragonés, redada policial, guionista, jon plazaola

El director, Miguel Casanova, indicándole a Pepo Llopis a qué distancia va a estar la cámara de su cara. Foto Víctor Izquierdo.

Se nos olvidaba la aparición estelar de un aragonés, esta vez en su faceta actor, de uno de los directores más hippies y más pro y amigo del dire. Daba el perfil para el papel de un okupa que abre el corto: «un amigo me dijo medio en broma, medio en serio, que ese personaje debería interpretarlo Alex Rodrigo, un poco por apariencia. Le dijimos ¿oye Alex te apetece venir a hacer esto? y nos confirmó enseguida que sí». Este hombre vale para todo.

VOLVER AL CRÁPULA

Este mítico bar lamentablemente cerró sus puertas y no por la pandemia, sino meses antes. «Como escribir sin imaginarse un sitio físico es imposible, sin querer me imaginaba el Crápula» y es confiesa que lo ha frecuentado muchísimo.

corto aragonés, miguel casanova, corto sobre violencia policial, corto social, corto inmigración, Álex Rodrigo, laura contreras, vicente vergara, fernando rojo, bar crápula, cine aragonés, redada policial, guionista, jon plazaola

El equipo de rodaje viendo Charrín Charrán de Aragón TV. Foto Víctor Izquierdo.

También aparecen otros escenarios de la ciudad, «algunos interiores en el bar musical, en el barrio de la Romareda y al lado de la plaza San Francisco» y es que el cine es ficción y como el baño del Crápula se quedaba pequeño, tuvieron que buscar otro más amplio que simulara el aseo del bar.

El director maño, Miguel Casanova, vive en Madrid pero reconoce que rodar en Zaragoza le sienta bien. «Yo siempre digo que me siento mucho más seguro a la hora de escribir que a la de dirigir, porque tengo menos experiencia como director, entonces rodando en Zaragoza me siento más seguro. Es esa sensación de estar tranquilo, de volver a casa y sentirte bien rodeado de un equipo de profesionales increíbles». Pues claro que sí como en casa, en ningún sitio.

LA FOTOGRAFÍA

Cámara al hombro, la dirección de foto corre a cargo de Gemma Rogés. «Intentábamos huir de una cámara muy limpia”, detalla el director, al agregar que «queríamos algo quizá no necesariamente documental, pero que colocara al espectador a pie de calle, a la misma altura que los personajes, siguiéndolos con la cámara en movimiento, sin buscar el plano perfecto y bonito«. Vamos un Gloria Serra en ‘Equipo de Investigación’, pero sin ella dándole dramatismo al asunto.

Utilizaron la cámara Red Monstro que les daba el look duro y oscuro que necesitaban. «Buscábamos las expresiones de los actores con una cámara muy nerviosa, como es una redada en cualquier tipo de operación policial». Respecto a la luz, la DOP aprovechó muy bien el contraste de la luz de las farolas de la plaza y el azul de la policía que utilizaron en los interiores.

corto aragonés, miguel casanova, corto sobre violencia policial, corto social, corto inmigración, Álex Rodrigo, laura contreras, vicente vergara, fernando rojo, bar crápula, cine aragonés, redada policial, guionista, jon plazaola

Jon Plazaola con ganas de ir al baño y Pepo Llopis y Vicente Vergara que no callan. Foto Víctor Izquierdo.

GUIONISTA Y DIRECTOR

Aunque nos reconoce que le gustaría proyectarse más como guionista que como director, este es el tercer corto de Miguel Casanova como director, tras ‘Milkshake Express’ (2015) y ‘Vergüenza’ (2017).

Ha escrito el guion de cortos como ‘Moros en la costa’ (2018) y ‘En la azotea’ nominado al Goya en 2017. Este año ha ganado uno de los premios Santa Isabel de guion audiovisual por ‘La noche gira’. Actualmente compagina sus proyectos propios con su trabajo en Mod Producciones, en desarrollo, producción y marketing, trabajando en películas como ‘Mientras dure la guerra’ (2019) o ‘La hija’ (2021), esta última en posproducción.

El corto ‘No te verán correr’, producido por Ana Sanagustín, Aïda Gómez y Pablo Lagartos, con banda sonora del gran Sergio Jiménez Lacima, verá la luz a finales de verano y para abrir boca os dejamos con el pedazo de cartel que se han marcado, diseño de Jorge Simón y con el making of de Marina Selene y Raquel Ibáñez.

Compartir por
Historias de supervivencia en ‘Álbum de posguerra’

Historias de supervivencia en ‘Álbum de posguerra’

Tiempo de lectura: 5 minutos

Es una historia de superación, de supervivencia, de lucha por la dignidad. Así define el fotoperiodista Gervasio Sánchez su trabajo en el documental ‘Álbum de posguerra’, en el que muestra cómo es la vida de varios supervivientes del cerco de Sarajevo, reencontrándose con las personas que fueron fotografiadas por el reportero cuando eran niños, durante la guerra.  

El fotoperiodista, nacido en Córdoba pero afincado en Zaragoza, comenzó a trabajar en la guerra de Croacia en 1991 y, tras cubrir aquel conflicto durante dos meses, “me quedé sorprendido de la violencia que había”. Cuando se inició la guerra en Bosnia, en 1992, “al principio tuve la intención de no ir, porque me parecía que la violencia con la que se trataban allí las comunidades era más dura que lo que había visto en otras zonas donde tenía experiencia”. 

Uno de los reencuentros del documental ‘Álbum de posguerra’ (Fotos: Lukimedia)

La imposibilidad de tomar un vuelo desde Belgrado, y un encuentro con un buen amigo, terminaron por hacerle viajar en junio de 1992 a Sarajevo. “Me acuerdo que era un sábado 6 de junio, bajo una lluvia impresionante de proyectiles y pasamos tres semanas especialmente duras porque no había comida, y aunque aún había luz y teléfono, la situación era dura y violenta”, explica a Secuenciadas. 

Tres semanas más tarde abandonó la ciudad: “me juré que nunca volvería, pero seguí regresando durante la guerra y la posguerra”. Testimonio de ello son sus imágenes, en blanco y negro, que recogen el dolor de los ciudadanos y el horror del conflicto, pero también escenas de la vida cotidiana en una ciudad en guerra y, en muchos casos, del día a día de sus niños, fotografías que el periodista recopiló tiempo después en el libro ‘El cerco de Sarajevo’. 

En este documental se reencuentra con los protagonistas de esas imágenes. Este trabajo “fue iniciativa totalmente mía”, rememora, y nos parece que tuvo una gran idea. “Durante la guerra de Bosnia-Herzegovina pasé muchísimo tiempo en este país, tanto en la capital, Sarajevo, durante el cerco, como en otras zonas de Bosnia central y occidental”. Viajaba habitualmente a la zona y, tras firmarse el acuerdo de paz en 1995, continuó haciéndolo. “Volví en 1996, en el 97, 98, en el año 2000, en 2001, y en 2002, cuando hacía diez años del inicio de la guerra, para realizar un viaje por todo el país y ver los escenarios que había cubierto”, detalla. 

Los encuentros fueron muy emotivos para todos (Foto: Lukimedia)

MISMOS ENCUADRES, PERO EN COLOR 

Desde el año 2005 empezó a pensar que sería “interesante” llevar a cabo una comparación entre sus imágenes del conflicto y las situaciones que se vivían en la calle en ese momento, con los mismos encuadres, pero esta vez en color, como contrapunto al blanco y negro original, y entonces se publicó un reportaje de este trabajo en La Vanguardia. En 2007 recibió un encargo del Ayuntamiento de Zaragoza con motivo del bicentenario de Los Sitios (2008) y consideró interesante regresar a Sarajevo y completar ese trabajo que había iniciado unos años antes. “Ahí fue donde me di cuenta de que tenía la posibilidad de encontrar a algunos de los personajes de mis fotos”. 

Conforme regresaba a la zona observó que la guerra había acabado, pero “había muchísimas situaciones complicadas, el país estaba dividido, y no se veía claramente el fin de la posguerra. De hecho, hoy en día no ha acabado la posguerra”. De este modo, en 2015 surgió la idea de intentar lograr financiación para convertir estas experiencias en un documental, con el deseo de tenerlo para 2017, con motivo del 25 aniversario del inicio del conflicto, si bien entonces no lo logró. Finalmente, la productora Lukimedia ha apostado por este trabajo, al que se han sumado también distintas televisiones europeas y la aragonesa. 

Una vez lograda la financiación, “empezamos a trabajar” y a contactar con los protagonistas de las imágenes de 1992. A algunos los conocía y había tenido una relación larga con ellos, a otros hubo que buscarlos. Los encuentros “han sido muy emotivos para ellos y para mi”, reconoce, indicando que en algunos casos las únicas fotografías que conservaban esos niños de su infancia son las que tomó el fotoperiodista durante la guerra. “Algunas madres me confesaron que no se acordaban bien de cómo eran sus hijos físicamente porque no tenían imágenes de aquella época”, relata. 

El equipo trabajando en un momento del rodaje (Foto: Lukimedia)

HISTORIAS DE SUPERVIVENCIA 

Rodar este documental “me ha venido muy bien, porque al final la guerra es oscuridad, es violencia, brutalidad, son muertos y un impacto psicológico para siempre y al encontrarlos vivos y reflexionar sobre lo que ha pasado en este tiempo he podido hacer una historia de superación, de supervivencia, de lucha por la dignidad, que son conceptos muy importantes”. También para los protagonistas de las escenas, que resaltan que sobrevivir a la guerra ha sido el mayor éxito. Cada uno de ellos vive sus recuerdos según las edades que tenían entonces, por lo que se muestra lo que significa el impacto de la violencia sobre la infancia y la adolescencia

Para Sánchez, “lo importante es que las guerras no acaban cuando dice la Wikipedia, sino cuando se superan las consecuencias y en Bosnia, y en los Balcanes en general, no se han superado”. Los conflictos terminan “cuando los puentes de convivencia se vuelven a reconstruir y aquí no se han reconstruido, las comunidades viven de espaldas unas a otras y la corrupción es generalizada”, lamenta. 

Bajo la dirección de Ángel Leiro y Airy Maragall, el documental ‘Álbum de posguerra’ se rodó en diciembre de 2019 y en los meses de enero y febrero de 2020, durante mes y medio en total, y puede verse en la plataforma Movistar+.

Gervasio Sánchez trabaja con distintos medios de comunicación, ha publicado más de una docena de libros fotográficos y ha recibido numerosos premios por su labor profesional. Varios de sus trabajos han quedado recogidos en otros documentales, como ‘Gervasio Sánchez, testigo de guerra’, de Imprescindibles de RTVE.  

Compartir por
El desafío de Sergio Jiménez Lacima

El desafío de Sergio Jiménez Lacima

Tiempo de lectura: 5 minutos

Sergio Jiménez Lacima, creador de bandas sonoras a tuti, se ha enfrentado a un gran reto en su último trabajo. «A todos los que trabajamos en el proyecto nos daba un poco de respeto, porque es un tema muy delicado, reciente y hay muchas heridas abiertas todavía«, confiesa. Se trata de la música original de la serie documental, disponible en Amazon, ‘El desafío: ETA.

Sergio Jiménez Lacima, Ejea de los caballeros, Eta, El desafío:Eta, Amazon, Prime Video, Serie sobre eta, documental eta, documental, series documentales, serie documental, bandas sonoras, compositor aragonés, score, spotting

Un sobrecogedor recorrido histórico que incluye testimonios inéditos e imágenes nunca vistas y todas, o casi todas, acompañadas de la música de nuestro aragonés, con la que nos transmite la parte más oscura de esta serie y la parte mas emocional. ¿Llorará el espectador? Él reconoce que sí lo hizo, así que probablemente lo hagáis.

«La premisa que nos marcamos todos fue tratar todo desde el amor y el respeto y ese fue la forma en la que yo abordé la música», cuenta el compositor a Secuenciadas. «Le queríamos dar un punto de originalidad y autenticidad. La serie está basada en ETA, con paisajes del País Vasco y de Francia como telón de fondo». Para reflejar esa autenticidad en los paisajes con la música, Lacima emigró a un estudio perdido en las montañas vascas: «un instrumentista trajo un montón de instrumentos de los cuales algunos yo no había visto jamás, que son propios del folclore vasco, y empezamos a grabar sonidos. Quería crear una paleta de sonidos para luego componer».

Así que se montaron una charanga vasca con aparatos de todo tipo e índole: la txalaparta, el txistu, la txirula, el pandero, no apareció Gurruchaga con su orquesta Mondragón porque no lo llamaron. «Lo que hice fue procesar esos sonidos y diseñarlos para crear texturas, ambientes, sonoridades un poco raras y oscuras porque el tema lo requería», explica sobre su trabajo. «A veces son reconocibles y otras no, porque no queríamos caer en el cliché de usar música tradicional vasca».

LA PLAYLIST DE SERGIO

Nos hemos atrevido a preguntarle cuales son sus temas favoritos de la serie. «El último de todos es un tema al que yo le tengo mucho cariño porque lo he dedicado a las víctimas». Una voz cerrada, acompañada de un piano, transmite unas emociones tan obvias que no tienen que ser expresadas con palabras.

Otro tema que destaca es el del inicio del capítulo dos, dedicado a Anselmo Durán Vidal. «Cuando me pasaron el primer montaje y vi ese arranque, literalmente me eché a llorar porque es un testimonio desgarrador de una de las hijas de Anselmo. Pensé que esa música emocional tenía que ser tratada desde la distancia, transmitir una emoción contenida, desde el interior».

Sergio Jiménez Lacima, Ejea de los caballeros, Eta, El desafío:Eta, Amazon, Prime Video, Serie sobre eta, documental eta, documental, series documentales, serie documental, bandas sonoras, compositor aragonés, score, spotting

Sergio Jiménez Lacima cuando no sostiene unas batutas.

Con todos estos temas, que podéis encontrar en el album ‘El desafío: ETA’ disponible en plataformas online y disfrutar con imágenes de esta serie, Sergio Jiménez Lacima ha querido hacer su pequeño homenaje a las víctimas: » hay muchos de los temas más emocionales que les di nombres de las víctimas», indica, ya que hay secuencias concretas que tuvo que acompañar con su música y tratan de un asesinato concreto.

REALIZAR EL SCORE

Ahora nos ponemos muy didácticas, que ya sabéis que nos encanta y os explicamos vocabulario audiovisual. La banda sonora original o score de un audiovisual son todos los elementos musicales diseñados de propio para la cinta y aquí entra nuestro compositor top.

Cuando Lacima recibe el montaje final de una obra «nunca es el corte final porque siempre hay cambios» añade, y es que la era digital ha hecho mucho daño a los montadores a los que les piden cambios de última hora. Este montaje puede venir en vacío de músicas o estar montado con unas músicas de referencia lo que le da pistas de por dónde quieren ir. Es un momento especial que vive con mucha ceremoniosidad. «Probablemente es el único momento en el que mi sensación va a ser la misma que la de un espectador que ve el proyecto por primera vez y me fijo a nivel emocional qué es lo que me está transmitiendo y a partir de ahí veo dónde hay música y dónde no».

Luego realiza el spotting, listado de músicas, dónde van, duración, qué estilo y se reúne para dialogar con el encargado de dirigir al compositor, que normalmente es el director y productor y les hace muchas preguntas y una es: ¿si tuvierais que describir el proyecto con tres palabras cuáles serían? A partir de este momento este creador se mete de lleno en el proyecto, que rara vez compone en orden cronológico porque «me gusta empezar por las escenas que tienen una carga dramática mayor porque creo que eso va a ser la simiente que después va a dar origen a todo el score».

Sergio Jiménez Lacima, Ejea de los caballeros, Eta, El desafío:Eta, Amazon, Prime Video, Serie sobre eta, documental eta, documental, series documentales, serie documental, bandas sonoras, compositor aragonés, score, spotting

Sergio Jiménez Lacima viviendo a tope su profesión en el Teatro Principal de Zaragoza.

«A veces viendo películas hay músicas que me despistan mucho, me hacen desconectar, especialmente cuando hay música que no es necesaria y que está rozando un poco la obviedad». Tip de un profesional.

DE EJEA A USA

Sergio Jiménez Lacima empezó desde muy niño a jugar con la música, con tres años sus padres le apuntaron a clases, con ocho años comenzó sus clases en el conservatorio de Ejea de los Caballeros para continuar en el Conservatorio Superior de música de Zaragoza. Fue más ambicioso y cruzó el Atlántico para licencenciarse Summa Cum Laude en Composición de música para Cine y Composición de música para Videojuegos en el Berklee College of Music (Boston, MA), donde cursó con una beca otorgada por SGAE y Berklee. También se graduó del Taller de composición de música para cine y televisión de ASCAP con Richard Bellis, que se lleva a cabo anualmente en Los Ángeles.

Algunos de sus trabajos incluyen el score de la película ‘Todos los hombres son iguales’ (2016), ‘Solo’ (2018), el videojuego ‘Call of Duty: Black Ops 2’, orquestador en la serie ‘Isabel’ (2012) y ‘Mientras dure la guerra’ (2019) y música adicional en las series americanas ‘Agents of SHIELD’ y ‘Outlander’.

Sergio Jiménez Lacima, Ejea de los caballeros, Eta, El desafío:Eta, Amazon, Prime Video, Serie sobre eta, documental eta, documental, series documentales, serie documental, bandas sonoras, compositor aragonés, score, spotting

Sergio Jiménez Lacima viviendo el sueño americano en Boston.

A Sergio Jiménez Lacima le gustan los proyectos en los que puede experimentar, liberar su mente creativa y jugar a hacer algo diferente. «Siempre me pregunto qué es lo que yo puedo aportar que no aporten otros». Con esta filosofía afronta nuevos proyectos que próximamente verán la luz. Ya sé encuentra en rodaje la serie documental ‘El desafío: 11M’ de la que también formará parte y trabajará en un nuevo documental muy interesante que está dirigido por Hugo Stuven, además de otros proyectos de ficción.

AUDIOVISUAL ARAGONÉS

Un apartado exclusivo se merece nuestro cine, en el que también ha trabajado, aunque reconoce que menos de lo deseable. Miguel Casanova se podría decir que es su director de cabecera aragonés, ya que ha contado con él para la composición musical de todos sus cortos. ‘No te verán correr’ es el último, que aún está en proceso de chapa y pintura y muy pronto os hablaremos de él. Texturas electrónicas son las que podemos escuchar en el corto ‘Un millón’ (2014), de Álex Rodrigo, en el que también ha trabajado.

«Me gustaría hacer más cosas en Aragón, pero no por hacerlas yo sino porque me gustaría que se hiciera más cine y televisión. No tenemos nada que envidiar a otras comunidades en cuanto a recursos y talento», defiende, y no podríamos estar más de acuerdo.

Compartir por
«Cuando vi ‘Ciudad de Dios’ supe que quería hacer algo así, contar una historia que hiciese flipar a la gente»

«Cuando vi ‘Ciudad de Dios’ supe que quería hacer algo así, contar una historia que hiciese flipar a la gente»

Tiempo de lectura: 15 minutos

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

Director y guionista, el zaragozano Alex Rodrigo (1988) desborda creatividad, buena intuición para los proyectos y talento. Asistimos en CaixaForum Zaragoza a una charla en la que desgranaba cómo ha evolucionado el panorama audiovisual nacional y aprovechamos la ocasión para repasar también su trayectoria. 

Os hacemos un spoiler nada más empezar: también le pedimos que posara en una foto como si fuera un vampiro (cosas nuestras) y accedió de buen grado y con una amplia sonrisa. Estamos seguras de que si le hubiéramos pedido atracar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre también hubiera accedido de buen grado. Director de éxitos de series como ‘El partido’, ‘Vis a vis’, la archiconocida ‘La casa de papel’, ‘El embarcadero’ o ‘Veneno’, ha creado y combinado su labor de director con la de guionista en la primera ficción televisiva aragonesa, ‘El último show’. Pasen, lean y descubran a Alex en este nuevo Secuenciando a. 

¿Cómo eras de niño? 

Mi infancia se ha marcado mucho porque la persona que más me ha criado ha sido mi abuela. Mis padres se divorciaron teniendo yo cinco años y, por circunstancias de la vida, ha sido mi abuela la que se encargó un poco más de mi. En esa crianza con mis abuelos me han marcado mucho mis salidas al pueblo, a Broto, que está en el Pirineo. Íbamos todo lo que podíamos y había algo como muy de descubrimiento, fascinante, en ir al pueblo con mi abuelo. Un poco más mayor también mi pueblo ha sido el lugar del primer amor, de la primera pandilla de amigos, el primer beso que te das escondido en el río, esos momentos del crecimiento. 

Aprendí a hablar antes que a andar, me empezaba a inventar historietas y eso sí que me lo recuerdan mucho. También recuerdo mucho el nacimiento de mi hermana como un bofetón de volverme adulto sin transición, de tener responsabilidades. Me flipaba quedarme cuidándola. 

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

Además de esta fascinación por crear tus propias historias, ¿cuándo se inicia tu vinculación con el audiovisual? ¿cuándo te das cuenta de que quieres ser director?  

Primero quería ser escritor, porque se me daba muy bien escribir. En quinto de Primaria un profesor me dijo que podía ser escritor y me voló la cabeza porque no tengo un referente en el mundo de las letras ni de las artes en mi familia como para entender que eso era un oficio. Eso me motivó muchísimo, me puse a escribir más y luego fue con 14 o 15 años que descubrí el lenguaje cinematográfico como una forma de narrar igual que el escrito. Me di cuenta de que las historias que tenía en mi cabeza eran más audiovisuales que de literatura. 

Descubrí que hay un oficio que es director de cine, de guionista, y flipé porque el universo audiovisual en ese sentido es mucho más amplio, en cuanto a los distintos departamentos, al equipo, cómo se trabaja. Vi la película ‘Ciudad de Dios’, y además de flipar con la historia, porque entonces se estaba gestando mi identidad política, a nivel de narrativa audiovisual también fue increíble ver cómo trabaja con las líneas temporales, el montaje, que era una locura en ese momento, te volaba la cabeza. Con esa dije: “yo quiero hacer algo así, no se cómo, ni el camino, ni los años que tardaré, pero quiero contar una historia que haga flipar a la gente como acabo de flipar yo”.

«La primera vez que me sentí director fue en unos campamentos en Villanúa. Éramos cincuenta chavales y rodamos tres cortos»

A los 18 años te fuiste a estudiar a Madrid, ¿cuál fue tu primer trabajo, en el que te sentiste director? 

Por una parte, me puse a grabar a una compañera que hacía danza del vientre sus vídeos de fin del curso y siempre le intentaba sacar jugo, quedarme con las miradas que tenían entre ellas, con sus historias. En esos pequeños curros alimenticios, porque era puramente para pagar el alquiler, puedes encontrar mucho brillo a nivel creativo si le pones el foco y lo quieres ver desde ahí. 

La primera vez que me sentí director fue en unos campamentos que hacía el Gobierno de Aragón, ‘Vacaciones de cine’, que te llevaban a Villanúa y tenías que hacer un corto. Recuerdo que éramos como cincuenta chavales aragoneses y gallegos y se rodaban tres cortos, todo el mundo que tenía una idea la tenía que contar en público y luego se elegían solo tres. Tenía 15 o 16 años y me marcó mucho ese campamento, convencer a la peña de que rodaran conmigo y todo el proceso de aprender por qué funciona un plano y por qué no. 

¿Qué parte de intuición hay en tu carrera, de saber qué funciona y qué no?

Para bien o para mal, el hecho de no ir a una escuela de cine, que era un sueño mío, hace que surjan soluciones creativas o una identidad más fuerte, a pesar de que tiene muchas carencias. Estaba en Madrid con una beca de renta baja, que me permitía casi el 80 por ciento de mis ingresos y el otro 20 por ciento venían de las danzas del vientre y bodas, bautizos y comuniones. Envidiaba un poco cuando los finalistas de festivales de cortos eran todos alumnos de grandes escuelas y pensaba que yo no estaba en esa liga. De ahí surgió que un grupo de chavales formáramos una pseudoproductora, que en realidad no lo era: éramos cuatro mataos de 18 años que no teníamos ni cámara propia y luego se la teníamos que pedir a alguien. Hay algo en el no haber tenido profesores académicos con reglas claras que igual te hace más ecléctico, aunque en las artes tener buenos formadores es enriquecedor, hay tutores que son padres artísticos y yo no lo tuve. 

Estaba en la Complutense (estudiando Comunicación Audiovisual) con gente que no había pisado un rodaje, no había prácticas, no tocamos una cámara prácticamente en toda la carrera, tuvimos que ponernos a rodar por nuestra cuenta, buscar un par de libros del tema e ir cruzando la información que tenías con lo que grababas y lo que veías que funcionaba o no funcionaba. De pronto un día te saltabas el eje y pensabas que molaba.

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

¿La webserie ‘Libres’ te cambió la vida? 

Hay dos proyectos que me marcaron la vida. Uno es ‘Los ojos de Laia’ (2011), un cortometraje que hicimos en una maratón de 36 horas de supervivencia fílmica. Íbamos equipos de chavales de toda España a Donosti y hacías un corto en 24 horas y lo montabas en 12. Lo hicimos el grupo de la facultad y ganamos el primer premio y el de mejor actriz. El primer premio eran 5.000 pavos y éramos seis personas; de pronto veías que habíamos contado una historia de 6 minutos y volvíamos con 900 pavos, que es es un salario de puta madre. Vimos que se podía vivir del cine. 

Los jóvenes de mi generación nos comimos la crisis de 2008, hemos salido al mercado laboral ya de por sí con una carrera (Comunicación Audiovisual) que no tiene salidas y teníamos una sensación de que si a lo que nos dedicábamos para pagar el alquiler tenía que ver con cámaras o con escribir, ya nos dábamos con un canto en los dientes si no teníamos que acabar en otro sector o en el paro o fuera de España. El logro era dedicarte a algo que tuviera que ver con el audiovisual y conseguir un salario haciendo un corto fue como ¡hostia! 

Después, con ‘Libres’ (2012) la movida fue conseguir financiar la serie. Estábamos orgullosos del contenido final y técnico, la levantamos con un crowdfunding por internet y sentimos que había un público al que le interesaba mucho lo que le contabas, por eso me cambio la vida, porque más allá del circuito de festivales sentimos que con el teaser se había movido gente interesada en la serie, que la apoyaba con el crowdfunding y, encima, empezamos a ganar premios fuera de España y surgieron entrevistas en medios nacionales. La suma de ello, de estos dos trabajos, fue mi toma de consciencia de que se podía dedicar uno a esto y con un curro creativo. A nivel mental, con ‘Los ojos de Laia’ y ‘Libres’ rompí esas barreras. 

«El primer día de rodaje en Vis a Vis pregunté cuánto costaba el capítulo y entré temblando»

¿Cómo llegas a la televisión y a dirigir capítulos de ‘Vis a Vis’? ¿Esa fue tu gran oportunidad? 

Sin duda. Ha habido como un camino doble para llegar a ‘Vis a Vis’. Por un lado, estábamos haciendo ‘El partido’ (2005), que era una webserie que estaba ya dentro de Atresmedia, estábamos en Flooxer haciendo ficción online y de corta duración; y por otro lado, porque hice un cortometraje (Un millón) con Miguel Amoedo como director de fotografía. Había visto de Amoedo su trabajo en ‘De tu ventana a la mía’, de Paula Ortiz, me flipaba y pensé que igual tenía buen rollo con los maños y que le podría entrar. Me acerqué, le moló el guión y fuimos a rodarlo y fue una suerte que él, cuando ya estaba tan consolidado, aceptara hacer un corto con un chaval poco conocido. 

Después, en la segunda temporada de ‘Vis a Vis’ necesitaban un director más y ya surgió el debate de si llamar a alguien con más recorrido en la tele o abrir la puerta a sangre fresca y joven. Yo estaba bien posicionado porque ya conocía a Miguel, él me recomendaba, ‘El partido’ estaba funcionando muy bien en Flooxer y me colé. 

¿Qué sentiste el primer día de rodaje en ‘Vis a Vis: emoción, temor? 

El impacto más grande fue que pregunté cuánto costaba el capítulo y casi me caigo al suelo y entré con las piernas temblando, no lo debería de haber preguntado justo el día que empezaba a rodar, tuve bastante pánico. Lo bueno, que me empecé a comunicar con el equipo, dirigiendo a actores y hablando con el equipo técnico vi que era gente con la misma pasión y motivación, aunque me sacaran veinte años, que tenían esa chispa en las ganas de hacerlo bien y conecté con ellos. Fue primero pánico y, cuando vi que nos entendíamos, después me sentí a gusto. 

¿Cómo es dirigir una gran producción televisiva?  

Si destilas todo, te quedas con el grano y quitas la paja, es igual que hacer una webserie. Hay mil condicionantes, si tienes ochenta figurantes, un rappel por no se dónde y una explosión con un especialista que sale volando, pues lo que necesitas para este tipo de secuencias, que técnicamente son tan complejas, es exprimir muchísimo cada segundo de rodaje, porque cada segundo de rodaje es carísimo. Cuanto más caro y menos puedes perder el tiempo, más trabajo requiere en preproducción. 

En la quinta temporada de ‘La casa de papel’ ha habido un capítulo que era especialmente complejo por la acción y por primera vez he contratado a un dibujante de storyboards, por no hacerlos yo. Esto no lo haría en una serie más sencilla. Luego hay que hablar mucho con el equipo de cámara para saber si un plano es mejor con un tipo de grúa o con otra, si se hace con dron, o mil movidas que cuanto más caro es todo, más responsabilidad tienes en no perder ni un segundo de tiempo. Por lo demás, hay que intentar que toda esta carcasa de dimensión, presupuesto y técnica no te quite energía para dirigir actores, eso es algo que me intento autoimponer mucho en estos rodajes tan complejos, solucionar todo antes del set, de dar acción, y luego dedicarte a los actores

En ‘La casa de papel’ los guiones están vivos, se escriben conforme transcurre el rodaje. ¿Con qué margen disponéis de los guiones para trabajarlos? ¿Es un proyecto muy colaborativo entre directores y guionistas?

Los propios guionistas, más en la primera temporada, cuando los capítulos eran más sencillos, veían cómo se montaban las secuencias y hablábamos de qué trama era guapa y darle pie, por la química entre personajes, o al revés. Es cierto que conforme la serie se vuelve más compleja eso se puede hacer menos, porque el plan de rodaje es mucho más complejo, las secuencias son mucho más difíciles de montar, hay más planos, más técnica, hay que integrar más VFX. 

Tenemos los guiones con semanas de antelación en plural y, a veces, con una semana en singular y te tienes que pegar una semana encerrado. Yo planifico las secuencias con música, cada capítulo me hago mi selección en Spotify y cada secuencia la trabajo con mis cascos. Igual dos semanas me encierro en mi cuarto o en la oficina del plató de Vancouver, me pongo mis cascos y de ahí no salgo hasta que no tengo los dibujos de las plantas, me apunto las emociones de cada momento de la secuencia, la subrayo con colores, indico si lo quiero llevar más a tensión, a drama intimista o a comedia. Me hago una especie de mapa de tramas por capítulo, con una línea temporal del minuto 1 al 45, y veo qué tono le quiero dar tanto a nivel actoral como de cámara, de encuadres, de arte. Voy viendo si un capítulo queda demasiado intenso en cuanto a tensión o si tiene demasiada comedia y se pierde el espíritu adrenalínico de la serie y voy modificando en base a eso; aunque cuando salen los guiones más pegados a rodaje lo haces todo más rápido y te frustras más o te pegas una semana sin dormir. 

«Lo mejor de este oficio es estar rodeado de gente apasionada»

Tienes proyectos para dar el salto al cine. ¿Te gustaría que formara parte activa de tu futuro?

Sí, pero para ya forma parte, lo rodaría igual que ruedo una serie, trabajaría el guión igual que trabajo en una serie, ensayaría con los actores igual, preproduciría con el equipo técnico igual, montaría de la misma forma porque seguramente llamaría a los montadores con los que ya he currado y tengo una química increíble y trabajaría todo igual, excepto la emisión final, dado que el tipo de pantalla sería distinto. Me gustaría sacar la idea que tengo de largometraje como largometraje, pero en sí el cine ya forma parte de mi vida. 

Oye, ¿pero a qué se dedica un director exactamente? 

Separando el director del guionista: te llega guión, te reúnes después de la lectura para proponer las cosas que no te encajan o posibles cambios que se te ocurren a nivel estructura o diálogos. Luego pides ensayos con actores, las localizaciones técnicas con las características que crees que tienen que tener, hablas mucho con el departamento de arte y vestuario para ver cómo configuras visualmente y cómo hablas de los personajes a través de elementos externos. Con el director de fotografía también, y vas dando pasos y tomando decisiones, que esto es algo que al principio llevaba muy mal y que ahora ya he asimilado y es que cada paso que das tienes que tomártelo como que no hay marcha atrás, ser consciente del peso que tiene cada una de las decisiones, que es una de las cosas que más vértigo da de dirigir. Una vez que entra el chorro de desembolso presupuestario de por medio, ahí cada paso es un paso hacia adelante. 

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

Una vez que tienes los ensayos, has trabajado bien el tono, sabes la puesta en escena, cómo vas a colocar a los actores dentro de la secuencia, o si has pedido materiales a arte, llegas al día de rodaje que es un día de curro en el que cada departamento sabe lo que tiene que hacer, lo habéis hablado en la preproducción y llegas y ejecutas los planos, la puesta en escena y todo lo que tenías en la cabeza. Previamente tu has dibujado una planta, que es, como a vista de pájaro, dónde están los personajes y las cámaras, los elementos de atrezzo que intervienen y demás y, según como sea el proyecto, también dibujas un storyboard para que cada plano vaya acompañado de una viñeta. En las secuencias complejas lo hago, en las sencillas, con un equipo congeniado, no es necesario.   

Y con eso te pones a rodar, toma a toma, todo lo que te falta tanto técnico como interpretativo lo vas matizando; para dirigir a actores tienes que conocerlos y saber cómo reconducir su interpretación para que acabe teniendo la secuencia el sentido que querías. 

Una vez que tienes esto te vas a montaje, primero el montador hace un premontaje suyo, que llamamos en broma un ‘premonster’, porque es un monstruo que asusta y generalmente en ese primer visionado piensas: “mierda, no valgo para esto, he engañado durante toda mi trayectoria a los productores para que pensaran que valgo, pero esto es una puta mierda”. Te pones a trabajar en el tempo, en la interpretación por tomas, en la música, en lo que se te ocurre viéndolo, hay muchísimo debate y diálogo con el montador y de ahí sacas el montaje del director y lo presentas a los productores ejecutivos, que mandan cambios, algunos más rígidos e incontestables y otros debatibles, y de ahí sale el corte que se lleva a la plataforma o a la cadena y ellos vuelven a dar sus notas de cambios, que generalmente son poquita cosa, matices. 

¿Qué es lo mejor y lo más complicado de tu trabajo?  

Lo más complicado, en algo práctico, es cuando crees que hay mucho potencial en lo que estás haciendo, pero no tienes el tiempo suficiente para exprimirlo. La falta de presupuesto es una condición dada y no hay nada que hacer, pero cuando no se ha organizado bien la producción y tienes menos tiempo del que deberías para hacerlo bien y sabes que no va a quedar todo lo bien que podría por falta de tiempo, es muy frustrante y gestionar eso puede que sea lo más complicado. Y el miedo a que tu futuro laboral siempre depende de lo bien que salga lo que estás haciendo ahora; depender de eso a veces es complicado a la hora de gestionar la autoestima.

Lo más bonito es estar en un trabajo en el que estás rodeado de gente muy apasionada, que está ahí porque desde una edad muy temprana han tenido una vocación y que disfrutan haciéndolo, a pesar de que con las tensiones hay broncas y con las diferencias de opiniones hay tensiones, pero es una industria en la que te rodeas de gente con mucha pasión. De las artes, junto con la música, es una de las más colectivas y me parece muy bonito la energía que desprende, el debate creativo que genera y como al final es algo como muy de comuna: parimos, criamos y cuidamos a una criatura, que es la serie, entre un grupo muy heterogéneo de personas, de distintos departamentos. Obviamente el director tiene la voz final y dirige como es su rol, pero somos como una comuna de gente que está dando vida a algo entre todos. 

En tu labor como guionista, ¿cómo te planteas la escritura de un guión?

Lo normal es que tengas una idea más o menos vaga, que evalúes si tiene salida o no con las necesidades actuales de plataformas y teles, y a la que ves que tiene potencial, aunque no sea comercial, te lo curras más y lo presentas. También verbalmente lo peloteo con la gente que conozco y me voy fijando en las caras de la gente que la recibe y, en base a eso, me motivo o me desmotivo, que puede ser algo infantil por mi parte, pero voy apostando más por unas ideas o menos por otras muchas veces porque las voy contando a mis colegas y me fijo en sus caras

Ahora estoy en desarrollo de una idea con una plataforma y la idea en sí misma surgió del confinamiento. Tenía unos insomnios brutales, habíamos parado de rodar ‘Veneno’ y no sabíamos cuándo íbamos a volver y en esos insomnios cogí cosas de mi infancia, una obsesión que tengo desde entonces, con referentes que había visto en pelis últimamente y fui cuajando una movida que luego le conté a mis representantes y ellos me dan feedback de si a eso en el mercado le ven salida o no. Era una locura personal, pero me dijeron: “dale caña que sueña muy bien”. La primera plataforma que recibió la idea me dijo que la quería y ahora estoy escribiendo con otro guionista, poniendo negro sobre blanco, porque el dossier era un tratamiento global y estamos haciendo el guión puro y duro. En cuanto acabe ‘La casa de papel’ nos pondremos a desarrollarla. 

Por otro lado ha ocurrido al revés, que una persona que ha tenido una idea se la ha comprado una tele y me ha llamado a mí. Sobre una idea de una chica de Valencia nos hemos puesto a escribir los dos. Coescribir es muy bonito, no tienes estrés de tiempo como en un rodaje, hay más ensayo error y es guay y tienes toda la libertad para soltar barbaridades y ya te dirá otro que no funciona. 

«Si había algún lugar en el que podía hacer ‘El último show’ era en Aragón»

Si no fueras director y guionista, ¿qué serías? 

Siempre me ha gustado mucho la música, he tocado el saxofón con varias bandas durante muchos años y en la carrera me salió más curro de músico que de realizador, hacía música para publicidad. Al final me reconduje, le metí más tiempo a dirigir que era lo que más me gustaba, pero el mundo de la música me fascina porque tiene algo que no tiene la escritura y es que utiliza un código que no tiene que ver con el lenguaje humano, el lenguaje musical genera emociones sin ser tan literal, me parece superior.

Has liderado la primera ficción de la televisión autonómica de Aragón, ‘El último show’, una idea fruto de tu encuentro cuando eras pequeño con el humorista Marianico el Corto. ¿Cómo fue ese momento de decirle a la tele quiero que Marianico sea Buñuel?

Lo primero fue hablar con Miguel Ángel Tirado para contarle la idea, que le fascinó porque a su personaje le vio enseguida la dimensión dramática. Conociéndole, vi la dimensión dramática que tenía él y la ternura que despertaba y con él a favor pensé en intentarlo. En la reunión (con la tele) se que no esperaban que les fuese a presentar algo así, creo que toda la gente de la tele a la que dije que quería hacer esta serie interpretó muy bien el papel de no decir “qué coño nos has traído” (ríe). Me escucharon, se leyeron el dossier y sentí que si había algún lugar en el que podía hacer esa serie era aquí y era también la oportunidad de darle la vuelta a una tele autonómica, que bajo el disfraz de tele regional había hecho algo muy moderno. Creo que ellos lo entendieron, cuando otra gente en lugares mucho más grandes no entienden algo así. 

¿Fue un orgullo llevar a cabo esta idea en tu tierra, sientes que tiene algo de reconocimiento? 

Es una forma poética del destino, justo cuando lo ha megapetado ‘La casa de papel’ a nivel internacional, el siguiente paso lógico es tocar Hollywood y precisamente lo bonito era que lo que me tocaba hacer era esta serie. 

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

¿Has pensado en dar ese salto a Hollywood?

No puedo avanzar mucho, pero estoy escribiendo, en desarrollo, ahora dos series, una de ellas estamos negociando en EE.UU. porque la propia historia tiene que transcurrir allí. Apunta bien y esperemos que se llegue a materializar. Es una comedia, de 30 minutos. 

¿Sigues el panorama audiovisual aragonés?

Dentro de Aragón igual sigo más a la gente con la que he compartido experiencias y conozco más, o que han estado en ‘El último show’, a ellos sí que los sigo más de cerca. Estoy ahora con los dientes largos de que Miguel Casanova me enseñe el primer montaje del corto que va a hacer (‘No te verán correr’), porque el guión me pareció putoincreíble, y también estoy salivando con las pelis de Paula Ortiz y la que va a empezar Pilar Palomero

¿En qué estarán próximamente?

Ahora mismo me espera por delante un año de escribir, tengo apalabrados dos desarrollos con plataformas, son dos ideas en las que estoy como creador, que voy a estar desarrollando, pero que no quiere decir que se lleguen a rodar. Todo esto es un proceso de ir superando pantalla a pantalla, impredecible. Uno de ellos seguramente rodemos parte de la historia en Aragón, el otro es de época y transcurre en EE.UU., son súper distintos, uno es un thriller de 50 minutos con algo de comedia negra, y el otro es comedia pura, de época y al otro lado del charco. Iremos escribiendo, teniendo feedback de la plataforma y viendo cómo encaja luego si se llegan a rodar los dos o solo uno. Este año he dicho que no a muchos rodajes para poder concentrarme en esto, siempre me pide el cuerpo cuando estoy en una etapa muy larga rodando el escribir y viceversa, soy un culo inquieto. 

Compartir por