«Siempre estoy feliz de volver a mi tierra a trabajar»

«Siempre estoy feliz de volver a mi tierra a trabajar»

Armando del Río
El último show
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Karma
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Festival de cine de Zaragoza

Quedamos con Armando del Río durante su estancia en Zaragoza con motivo de la grabación de la serie ‘El último show’ de Aragón TV. Seguimos su trayectoria desde su inicio, por lo que secuenciar a Armando (Zaragoza, 1970) es como hablar con un viejo amigo que se ha ido a vivir a otro lugar, pero al que sigues sus pasos de cerca y te alegras de cada uno de sus éxitos.

Un actor de gran talento que ha trabajado en Aragón, en su casa, y “más allá de Fraga” y que ha dado el paso también a la dirección y producción. Recientemente ha ganado el Augusto a Mejor Cortometraje Aragonés en el Festival de Cine de Zaragoza con ‘Karma’ su primer corto como director y de su productora Cromagnon Producciones.

Cantante del Kronen, Suso de Compañeros, policía, experto en vinos y recientemente médico. Es un buen resumen de una vida ligada a los escenarios y a la pequeña y gran pantalla. ¿Qué te llevó a ser actor?

No hubo una razón exacta. Siempre me gustó el cine, me hacía soñar, imaginar, y quería hacer lo que hacían los actores en la pantalla, o lo que creía entonces que hacían.

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¿Con cuántos años abandonas Zaragoza? ¿Qué recuerdos tienes de aquella época y del inicio de tu carrera? 

Me fui a Madrid con 18 años. En el inicio intenté entrar en la escuela oficial, pero no me cogieron los dos años que hice las pruebas, así que me metí en una escuela privada y más tarde acabaría en la escuela de Cristina Rota. Los inicios eran muy emocionantes. Estabas en una ciudad solo por primera vez, haciendo lo que te gustaba, conociendo gente nueva, con los mismos intereses.

Realmente los años en las escuelas de interpretación han sido los mejores, aprendías y disfrutabas a partes iguales. Aprendimos a conocernos como personas a base de indagar en nosotros para crear los personajes.

¿Cómo fueron esos primeros papeles? ¿Y tu paso por series como ‘Compañeros’?

Mi primer papel serio fue en ‘Jamón, jamón’. Hice pruebas para los personajes principales, pero finalmente me dieron un secundario. Mientras, estaba en la escuela de interpretación y empezamos a montar el grupo ‘Nuevo repertorio’ con Cristina Rota al trasladarnos a la Sala Mirador. 

Allí empezamos a llevar un negocio, un teatro, aunque la responsabilidad y la dueña era Cristina. Pero nosotros hacíamos allí de todo. Llevábamos el bar, limpiábamos, pegábamos carteles, hacíamos funciones, íbamos a clase, era un non-stop. 

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Antes de ‘Compañeros’ ya había hecho alguna otra serie como ‘Más que amigos’, así que ya entré sabiendo de qué iba la cosa. Ya no era el más joven, sino un profe enrollado y, claro, me relacionaba más con los profesores más mayores.

Ahora participas en la serie ‘El último show’, la ficción de Aragón TV. ¿Cómo está siendo el rodaje y la relación con el director, Alex Rodrigo?

Alex, el director, sabe muy bien lo que quiere y sabe analizar las escenas y dar clases a los actores, lo cual no es nada fácil de ver entre los directores jóvenes. Tiene mucho talento. Hemos estado rodando en la plaza de los Sitios, en el Plata. El rodaje está siendo divertido, al menos para mí.

¿Qué supone para ti este trabajo en tu tierra? No es la primera vez que podemos verte en un proyecto aragonés, también te recordamos en ‘La magia de viajar’ en una faceta distinta, como presentador .

Sí, ya había colaborado en Aragón TV, pero esta es la primera ficción que hace la cadena y es un paso adelante, hacer ficción es más caro y complicado. Pero yo siempre estoy feliz de volver a mi tierra para trabajar.

¿Qué opinión te merece que una autonómica, como Aragón Televisión, apueste por la ficción?

El momento es ahora. Puedes hacer una ficción desde una televisión pequeña y sabes que si sale bien se puede vender a plataformas digitales, a otras cadenas. Los costes de rodaje son asumibles y las posibilidades de que sea a nivel global han crecido mucho. Merece la pena arriesgar. Además es un tema muy local, pero con una historia muy universal. Rodar en Zaragoza con equipo técnico y artístico de aquí es un logro.

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¿Cuándo sientes que quieres pasar a dirigir tus propios trabajos?

Estamos en ello. He dirigido varios cortometrajes y estamos trabajando en el proyecto de varios largometrajes. Hemos montado una productora con mi pareja, Cromagnon Producciones, y desde ahí estamos intentando crear nuestros propios proyectos.

Tu último cortometraje, ‘Karma’, deja sin aliento. Cuenta con un reparto excepcional para la primera pieza de un proyecto mucho más ambicioso. 

Sí, acabamos de terminar la quinta versión del guión del largo y empezamos a moverlo ya. Tenemos una productora ecuatoriana interesada y esperamos poder llevarlo a cabo. Hemos tenido la suerte de contar con Alejandra Lorente, Unax Ugalde, Fernando Ramallo y Laia Alemany. Un casting potente y que nos está dando muchas alegrías en los festivales a los que estamos acudiendo.

Reencarnación, vida elegida, violencia contra las mujeres, aprendizaje, errores. ¿Todos acabamos tropezando irremediablemente con la misma piedra?

La vida es un aprendizaje continuo. Las vidas… Hay que ir experimentando el mundo físico y crecer como almas.

¿Qué historias te interesa narrar como director?

Muchas, pero me gusta el genero fantástico. cosas imposibles en mundos reales.

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¿Qué tipo de trabajos impulsas desde Cromagnon Producciones?

Con Cromagnon estamos creando nuestros propios proyectos audiovisuales, pero también estamos montando una obra de teatro que ha escrito Agustí Franch, el escritor que me está ayudando con el guión del largometraje de ‘Karma’. Es una comedia y tenemos un gran casting, así que esperamos poder ponerla en pie en 2020.También desarrollamos vídeos corporativos para marcas y productos, videoclips. Estamos abiertos a todo ahora mismo.

«Me interesa hacer reír y pensar»

«Me interesa hacer reír y pensar»

¿Sabéis cuando encontráis a una persona divertida e inspiradora y más que preguntar solo queréis escuchar sus historias? Pues eso nos ha pasado con Ángel Gonzalvo, cineasta y educador. Quedamos con él en una céntrica cafetería zaragozana y posa sereno, atendiendo a todo lo que le pedimos. Demuestra buenas dosis de socarronería aragonesa en las respuestas y eso nos encanta. 

Conocido por ser el impulsor del programa educativo ‘Un día de cine’, Gonzalvo es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza, estudió Historia y Estética de la Cinematografía en Valladolid y ha sido profesor de instituto, fundador de la Asamblea de Cineastas Aragoneses (hoy Academia del Cine Aragonés) y autor de guiones para cortos, documentales y ficción, que también ha dirigido. 

Y, lo más importante, ha sido y es inspiración para muchos jóvenes aragoneses que se acercan por primera vez al audiovisual gracias al ciclo ‘Un día de cine’.

¿Cómo comenzó tu relación con el audiovisual aragonés?

Comenzó, como para todo el mundo, como espectador. De niño iba mucho al cine con mi hermano, con mi tía o mis padres y después fui yo por gusto. Entonces vivía en Teruel, no había más que una o dos salas y más que en el cine, mi relación como espectador viene por la televisión y de ver mucho cine clásico. Era también un niño muy lector, de tebeos sobre todo, y me di cuenta de que no solo quería ver películas, sino hacerlas. Cuando estaba en la universidad, en Teruel, tuve acceso a una cámara Súper 8 e igual que hacíamos cine etnográfico o documental, podíamos usarla para nuestros cortos de ficción. Allí empecé y con intermitencias he seguido hasta ahora. También he tenido interés por la investigación, mi tesis doctoral fue sobre la memoria cinematográfica del espectador en Teruel, sobre el hecho social de ir al cine, y trabajo en la docencia con jóvenes y adolescentes.

Ángel Gonzalvo Educación audiovisual IES Pirámide Calvos anónimos Secuenciando a Ángel Gonzalvo Audiovisual aragonés Un día de cine

En los primeros trabajos que hiciste en el audiovisual, ¿qué temas tratabas?

Los primeros trabajos fueron de cine documental etnográfico, hicimos dances, artesanía, fiestas, y a partir de ahí pasé a la ficción. Me ha interesado hacer reír y pensar, cuidar el sentido del humor y los títulos, que también es importante. 

¿Cuál de tus trabajos recuerdas con más cariño o crees que tuvo una mayor repercusión?

De las diferentes películas que he ido haciendo fue especialmente importante en Aragón el corto ‘Calvos anónimos’, que hicimos Julián Martín y yo. Fue un corto que salió gracias al empeño de Julián, pensamos en pasar al cine y hacerlo en 16 o Súper 16 y Julián propuso hacerlo en 35. Nos costó hacerlo cinco millones de pesetas y recuperamos solo 100.000 pesetas, pero marcó un antes y un después, demostrando que se podía trabajar de un modo más profesional, con actores y con técnicos, y no hacértelo todo tú con dos amigos. También recuerdo ‘Res mes es the best’, una ficción con la que no se cómo no nos hicimos ricos porque fuimos unos visionarios y planteamos la hipótesis de que toda la provincia de Teruel quedaba despoblada para instalar allí el vertedero de Europa, una docu-ficción irónica y divertida que rodamos Julián Martín, Félix Serna y yo en Zaragoza, Teruel y Valencia.

Cuidar los títulos, ¿qué misterio tiene para ti?

Me gusta mucho el titular. De hecho, tengo más títulos que películas y algunos son tan buenos que para qué los vas a estropear —bromea—. Los títulos tienen que contar y no contar, tienen que incitar a ir, tienen que ser sugerentes y es algo que luego vas a recordar.

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Una de tus criaturas más conocidas es el ciclo ‘Un día de cine’, sobre la alfabetización audiovisual. ¿Qué se entiende por ello?

Estamos en el siglo XXI y la alfabetización hoy en día tiene que ser mediática o no es completa. La alfabetización audiovisual es importante porque estamos rodeados de mensajes y ninguno es inocente. El programa surge en 1999 en el IES Pirámide de Huesca, fue una idea del director. Allí había una sala con más de 500 butacas, un proyector de 35 viejo, pero que estaba mantenido y empezamos a hacer cinefórum dirigido a escolares, con un triple objetivo: que viviesen ese acto social de ir al cine, la alfabetización audiovisual y su crecimiento personal.

¿Cómo fueron esos inicios?

El primer año hicimos once o catorce sesiones, hubo una negociación con el Servicio Provincial de Educación, nos modificaron el horario a un compañero y a mí para tener horas sin clase y esa mañana venían escolares de la provincia. El segundo año, el Departamento de Educación quiso que el programa fuese autonómico y así fuimos creciendo en diferentes puntos de la Comunidad y ahora trabajamos en una treintena de localidades.

¿Para qué tramo de edad está pensado? 

Estamos trabajando con quinto y sexto de Primaria en adelante, desde diez años hasta 18 o 21, con los ciclos superiores. Hay que acotarlo porque si no hay más personas en el proyecto yo no llego a más sesiones al año.

¿Qué tipo de películas se proyectan? ¿cómo se idea la programación año a año?

La programación varía de año en año, porque si no para mí sería mortal estar trabajando cinco años seguidos la misma película, sería cómodo, pero muy aburrido. También para intentar estar cercano al público y ofertarles películas que no verían, que les puedan interesar, pero que sean distintas a las que habitualmente ven.

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Algún ejemplo de esas películas

Empezamos con ‘El Gran Dictador’, de Charles Chaplin, que es inagotable y, de hecho, cada poco recuperamos ‘El chico’, que es una maravilla; trabajamos también Segundo de Chomón con música electrónica en directo, para unir dos vanguardias de cada época; ‘Juego de lágrimas’ que funcionó; el documental gallego ‘Todas las mujeres que conozco’, sobre por qué las mujeres tienen miedo a salir a la calle y los hombres no; estamos haciendo ‘La vida de Calabacín’ para primero y segundo de la ESO, donde hablamos de stop motion, de la necesidad de tener una familia, del acoso escolar, de la adopción; este año trabajamos también con ‘Salvación’, una película de Denise Castro, una película atípica de vampiros; hicimos ‘El Bola’ hace muchos años para estar próximo al alumnado y que lo vivan cercano, pero queremos que crezcan y ponemos películas donde no tengan un referente cercano, pero sí una situación que puedan comprender. Hemos hecho ‘Para qué sirve un oso’, para hablar del cambio climático, que es algo que les tiene que interesar.

 El objetivo es hacerles pensar

Es fundamental, pensar no está reñido con pasárselo bien, aunque la gente se lo pueda pasar bien sin pensar. Si piensas igual hasta te lo puedes pasar mejor. Me gusta poner finales abiertos porque a ellos no les gustan y que no pase lo que tiene que pasar. El año pasado pusimos ‘El novato’, que no acaba como nos gustaría, pero la vida es así. El objetivo es que vean películas distintas a las que ven para que sepan que hay otras y las busquen.

¿Qué te puede más, la pasión por el cine o la vertiente educativa?

Lo que más me puede es ver las películas que hacen otros, ser público, y si tuviese tiempo me vería todos los días tres o cuatro películas. También preferiría hacerlas que enseñar, pero estoy cómodo enseñando a hacerlas y también de vez en cuando las hago.

El ciclo ha cumplido veinte años, ¿cómo ha cambiado?

Hemos ido cambiando en cuanto a programa, en cuanto a objetivos, porque al principio hacíamos unas sesiones de cinco horas, que eran una locura y aún así nos quedábamos con ganas de decir más cosas sobre la película. No queríamos hacer lo mismo que en otras clases, pero con cine, porque si quieres aburrir haz una asignatura. También hemos ido siendo más atrevidos a la hora de buscar películas, para buscar cine exigente, complejo, con poca acción, con pocos efectos especiales. Hemos trabajado con ‘Ladrón de bicicletas’ y les ha gustado, preparándoles para que sepan que quizás no les vaya a gustar, que es una película lenta, en la que hablan poco, sin gente guapa, pero cuando acaba la película coinciden en que no estaba tan mal. Hemos ido cambiando en el sentido de que la gente, de modo intuitivo y con los móviles, vienen más alfabetizados audiovisualmente hablando, pero poco, porque todos hacen fotos, pero no saben encuadrar porque nadie se lo ha enseñado. Han nacido digitales, pero no quiere decir que sean expertos y la base de todo el lenguaje audiovisual sigue siendo el cine.

También se han producido cambios en el panorama audiovisual con la irrupción de las plataformas digitales. ¿Cómo afectan a la hora de enseñar cine?

Tu quieres lo que conoces, lo desconocido de entrada te da miedo, pero yo también tengo plataformas en casa y quizás ahora vaya menos al cine porque es más cómodo en casa con la televisión. No obstante, si no avanzáramos estaríamos todavía en el blanco y negro y el mudo, pero los jóvenes tienen que tener la ocasión de ir a una sala de cine, porque muchos de los que vienen al programa ‘Un día de cine’ van por primera vez al cine al venir al ciclo. 

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Aunque una asignatura supone, en tu opinión, matar una temática, ¿sería necesaria una asignatura sobre cine? 

Es un debate que estamos teniendo con frecuencia, pero entre elegir una asignatura “o qué”, yo soy partidario del “o qué”, porque si pones una asignatura sobre cine ¿cuál quitas? Además, el modelo de asignatura está obsoleto y superado; me parece más útil un modelo como el que nosotros llevamos, una actividad, que en este caso debería de ser obligatoria, y los centros que quieren venir, vienen y trabajan con esa película que aborda todo tipo de materias, la expresión oral, la teatralización y la dicción, el montaje, contenidos de historia, literatura, ciencias sociales. Eso es imposible con el compartimento estanco de una asignatura, pero sí con varias sesiones de una actividad al año. También se enseña que el cine español no es malo, a no generalizar. Con esta labor, en la Academia me tendrían que dar un Goya de honor, una medallica —bromea (aunque nosotras te la daríamos, Ángel)—.

¿Qué sientes al saber que tus alumnos inician una carrera en el audiovisual?

El objetivo del programa no es enseñar a hacer cine, sino a verlo, pero es algo muy bonito y emocionante cuando tus alumnos sienten ese interés, como la directora Laura Torrijos o Daniel Vergara que es director de fotografía ahora. Siempre es gratificante ver que tiene una repercusión.

¿Tienes algún proyecto en marcha?

Estamos ahora con Ana Bescós con la coproducción de un documental de Laura Torrijos, ‘Otra forma de caminar’. Tengo un par de ideas para un guión, pero están en ese limbo, hace tiempo que tengo dos o tres proyectos, como un documental sobre la tortilla de patata que igual es retomable y puede ser divertido. Lo dije hace 15 años en una entrevista y lo único que he hecho hasta ahora es comer tortilla de patata. Y divertirme, aún me divierto.

«Las mujeres o estamos todo el rato diciendo somos o te dicen que no eres nada»

«Las mujeres o estamos todo el rato diciendo somos o te dicen que no eres nada»

Reconoce que en los últimos años solo lee poesía y obras escritas por mujeres, como una manera de reivindicarlas en un mundo en muchos casos escrito por hombres. Entre obras de arte en el IAACC Pablo Serrano, un lugar que conoce a la perfección, secuenciamos a la actriz María José Moreno (Daroca, Zaragoza).

¿Cómo comenzó tu pasión por la actuación?

De pequeña tenía unas vecinas, que eran dos hermanas, nos comprábamos ‘El Pulgarcito’ (periódico infantil con cuentos y entretenimientos) y todas las semanas les dirigía. Quise hacer teatro, empecé con 14 años, fui al Teatro Español Universitario (TEU), después al Teatro de Cámara y, cuando lo prohibieron, montamos una compañía la misma gente.

¿Qué te ha aportado el teatro? ¿qué ha sido en tu vida?

El teatro ha sido una verdadera escuela de vida, para mí ha sido un laboratorio de emociones. Siempre he sido una persona tremendamente tímida, y sigo siéndolo, pero el teatro me ha ayudado mucho a vivir. 

MARIA JOSÉ MORENO SECUENCIADAS LA MUJER QUE SOÑABA CON NÚMEROS ANDREA CASAMAYOR AUDIOVISUAL ARAGONÉS

¿Cómo ha sido tu experiencia en cine y televisión?

Comencé enseguida a hacer cortos, en el año 1966, cuando eran mudos. El trabajo ‘Sor felicidad’, de Alejo Lorén; obras de Pomarón. En los 80 hice la película ‘El aire de un crimen’, en la que tenía un papel estupendísimo; en la tele he hecho pequeños papeles en series como ‘Hospital Central’, ‘Grupo 2 Homicidios’. 

Pero han sido en series de gran éxito

Es un gusto hacer esos papeles. Con ‘El aire de un crimen’ fuimos al festival de San Sebastián.

¿En el teatro uno tiene la sensación de salir desnudo?

Nunca vas desnudo, no puedes ir improvisando. Hay que tener un respeto tremendo, primero por la gente que va a verte, que está pagando el dinero que ha ganado con su sudor y luego pierde su tiempo en ello. A alguien que te da todo eso tienes que tenerle un gran respeto. También a tus compañeros que se están dejando la piel igual que tú. En el cine, como no tienes el mando, te consideras un poco menos responsable, no sabes lo que estás haciendo en ese momento, pero lo del teatro es fantástico porque cada día estás sometido a lo que sea, a un error, a un hallazgo, a un descubrimiento del otro. Es fantástico. 

MARIA JOSÉ MORENO SECUENCIADAS LA MUJER QUE SOÑABA CON NÚMEROS ANDREA CASAMAYOR AUDIOVISUAL ARAGONÉS

¿Cuál ha sido tu último trabajo en el mundo de la actuación?

Junto a la pintora Pilar Catalán, en el IAACC Pablo Serrano. Ella quería hacer algo con las mujeres en la historia que han sido declaradas locas porque tenían una personalidad y un poder social, a veces ganado a pulso y a veces por herencia, que molestaba y declararlas locas era la mejor manera para que estuvieran recluidas durante años. Pensamos en realizar una pieza para un museo y se representó dos días en la sala 4 del IAACC.

¿Cómo ves el cambio experimentado por la mujer en el sector del audiovisual? ¿Hay que pelear mucho?

Lamentablemente hay que pelear todo el rato, no se puede bajar la guardia ni un instante, porque socialmente la mujer no tiene contexto, no tiene historia, o estás todo el rato diciendo somos, somos, o te descuidas y te dicen que no eres nada. Hay que estar todo el rato picando piedra y eso hace que para nosotras sea más complicado, que el 80 por ciento del esfuerzo se vaya en eso. La lucha es permanente

Para elegir o rechazar un papel, ¿por qué te decantas?

En la mayor parte de los sitios donde he trabajado es con gente que conozco y que quiero, donde me apetece. Me encanta trabajar con alguien a quien le guste trabajar conmigo y que el proyecto tenga interés para mí, que quiera decir algo en lo que estoy implicada o estoy de acuerdo.

La Academia del Cine Aragonés te concedió en 2017 el Simón de Honor

Siempre pienso que cuando te dan una mención o un premio siempre hay un 80 por ciento de cariño, entonces es la bomba. Fue muy emotivo, aunque mi discurso a algunos directores generales no les gustó nada.

MARIA JOSÉ MORENO SECUENCIADAS LA MUJER QUE SOÑABA CON NÚMEROS ANDREA CASAMAYOR AUDIOVISUAL ARAGONÉS

¿En qué situación se encuentra el audiovisual aragonés? ¿Necesita más apoyo institucional?

Al principio, cuando se propuso lo de las cuotas de participación femenina en distintos ámbitos, yo discutía con una amiga que defendía la cuota porque si no las mujeres no entrábamos a ningún sitio y tenía razón. En esto es igual, la cuota, o no llegaremos nunca. La cuota de dinero, de interés, de reivindicar el sector por parte de los poderes públicos, porque en muchos sitios se hace y nos pasan por delante. Aquí hay menos industria, pero hay gente fantástica. 

Un papel que te hubiera gustado interpretar

Me apetece hacer cualquier cosa que se vaya a hacer, prefiero hacer todo lo que se me pone por delante.

MARIA JOSÉ MORENO SECUENCIADAS LA MUJER QUE SOÑABA CON NÚMEROS ANDREA CASAMAYOR AUDIOVISUAL ARAGONÉS

¿Dónde te podremos ver próximamente?

Tengo un par de cortos en proyecto, uno con un papel cortito y otro muy divertido, una locura total que me apetece mucho que salga. También saldré en la producción ‘La mujer que soñaba con números’, de Sintregua Comunicación, sobre la primera matemática que publicó un libro, María Andresa Casamayor. Ella escribió un libro para enseñar a su padre, que era comerciante, y a sus amigos a hacer las cuentas, para que las hicieran bien y no les engañasen. Hizo una publicación útil y eso que ella era una matemática brillantísima, que podría publicar cualquier cosa.

«Soy actor de vocación, lo llevo dentro»

«Soy actor de vocación, lo llevo dentro»

Nos encontramos con Antonio Magén en una cafetería nada céntrica de la ciudad y le robamos más tiempo del decorosamente permitido para cualquier entrevista. Pero, para quien no lo sepa, Antonio es un hombre paciente y muy profesional, que atiende todos nuestros requerimientos sin rechistar y siempre con una sonrisa. Y no, no estábamos amenazando a Antonio con un arma blanca para ello. Solo con nuestra cámara, la grabadora y el bolígrafo afilado.

Antonio es un actor muy polifacético. Cine, series, cortos, teatro, doblaje, formador, modelo. Hablamos con él tras el estreno de su último corto, ‘La virgen pálida’, que dirige Sergio Montes y que protagoniza junto a Ibone Becana.

 Antonio, haces cine, teatro, televisión. Eres un todoterreno, pero ¿qué registro prefieres?

El teatro es lo que más nos aporta a la mayoría de los actores. Ahora estoy trabajando en cine y es un registro que me gusta mucho, que me hace crear, pero no es lo mismo que el teatro, que es directo, o la televisión, que es muy rápida. Llevo desde los once años trabajando, más de cuarenta años de profesión y también he hecho doblaje.

¿Siempre supiste que querías ser actor?

Sí. Cuando era niño en la terraza de mi casa creaba escenografías, el guión, ponía telones y daba premios —bromea—. Soy actor de vocación, aunque luego me he preparado con clases, me he ido reciclando y aprendiendo, pero lo llevo dentro.  

¿Qué te atrae de un papel y qué sopesas a la hora de implicarte en un proyecto?

Valoro la persona que me lo ofrece, si voy a estar a gusto trabajando. Si no disfruto haciéndolo y estoy sufriendo me costaría mucho hacer un trabajo, pero si estoy bien todo lo demás me va a dar igual.

¿Qué papel te ha marcado más?

En teatro el que más me ha marcado es la obra ‘Tres rosas y una botella de coñac’, con textos de Edgar Allan Poe, en la que estaba hora y media en el escenario, con monólogos de 25 minutos. Cuando acababa necesitaba un momento de respiro, tras hora y media intensa. He tenido muchos papeles y cada uno me encanta y lo recuerdo, pero ese es el que más he disfrutado.

¿Cómo se lleva esa tensión de estar tan cerca del público?

En esa obra no había cuarta pared y en teatro les ves las caras y las reacciones, tienes que estar metido en tu papel para no irte. En el cine estás a la expectativa, a ver qué van a decir, pero ahí lo vives.

¿Cuáles son tus referentes en la dirección y en la actuación?

Me gusta mucho el tipo de dirección inglesa, son muy rectos preparando los personajes. Y los actores también. Muchas veces me han comparado en estilo a Jeremy Irons o Anthony Hopkins, son actores muy carismáticos, con una forma de trabajar más naturalista, lo viven, se dejan llevar y eso a la hora de trabajar también cansa más, porque están poniendo mucho de su parte. Cuando lo vives más se puede hacer técnicamente o aportando mucho de ti.

 

¿Dejas lugar a la improvisación?

En teatro soy mucho de texto, pero sí que aporto algo si en un momento dado hace falta, aunque es muy arriesgado dejarlo a la improvisación y si trabajas con un compañero no puedes, porque lo vuelves loco. Hay que saberse el texto y trabajarlo, aunque cada día pueda salir distinto.

¿Con quién te gustaría trabajar?

Me identifico más con la gente joven, me aportan más y cojo las cosas muy rápido, ahora hay muchos directores muy buenos. Con Daniel Calparsoro y Santiago Segura me gustaría trabajar.

¿Qué papel te hubiera gustado interpretar?

Me apetecería interpretar un papel de mujer, pero no hacer una parodia de una mujer, sino un estilo a ‘Mi querida señorita’ o ‘Un hombre llamado flor de otoño’, de José Sacristán o José Luis López Vázquez, pero dando un toque complicado y siendo tú, sacando la feminidad de una mujer. Creo que será un reto próximo que posiblemente lo haga.

¿Qué importancia le das a la dirección de actores?

Toda, tienes que estar bien dirigido. Es muy importante la labor de dirección y que el director tenga muy claro qué es lo que quiere y luego el actor le aporta al personaje. Yo, además, me dejo dirigir y doy ideas, pero me gusta que haya una dirección, que sepamos todos a dónde vamos.

¿Cómo ves el momento que vive el audiovisual aragonés?

Lo estoy viendo genial. Hay proyectos muy buenos, pero este año lo veo un pelín parado, aunque yo estoy haciendo cosas. También es un mundo difícil y complicado, pero hay mucho futuro y gente muy buena en dirección, en cámaras, y creo que se puede llegar a lograr que se cree un mundo aquí del audiovisual. Pero hay que lograr que la gente se quede aquí.

¿Habría alguna forma de fomentar que el talento se quede aquí?

Si haces un largo, no recurrir a que todo el equipo sea de fuera, aquí hay actores también, no nos vayamos a Madrid, porque allí ya tienen su campo y los que estamos aquí tenemos que salir.

 

 

Cuéntanos alguna faceta tuya menos conocida.

Hice doblaje, fui profesor de doblaje también. Doy clases de interpretación y estoy dirigiendo una obra de teatro. También he hecho radio, relatos, he sido modelo.

Como formador, ¿con qué alumnos trabajas?

Ahora estoy con mayores, con jubilados, pero que tienen una ilusión tremenda. Están metidos en proyectos de teatro, aprendiéndose los textos y hemos hecho una muestra con tres escenas e incluso algunos se atreven a cantar, son una maravilla.

¿Y tu también cantas?

Como muchos actores yo no soy cantante, soy un actor que puede manejar la voz y hacer un musical y cantar, pero yo no se cantar. Soy actor y puedo trabajar con la voz y cantar, que es complicado, porque es interpretar, cantar y cuando acabas seguir con tu personaje.

Desde pequeño querías ser actor, pero si no te encontráramos en esta profesión, ¿qué hubieras sido?

No lo he pensado, he trabajado en otras cosas, en oficinas, he sido administrativo, electrónico, pero llevo desde crío siendo actor e insisto para conseguir hacer más cosas fuera de aquí; no tengo en mi cabeza otra profesión

¿Cuál será tu próximo trabajo?

En teatro tengo dos proyectos en el aire, una comedia y un melodrama, y en septiembre participaré en un corto de época. Será un registro distinto, con ropa de época, del siglo XVIII. Rodaremos fuera de Zaragoza, en un monasterio, en Huesca y en otras localizaciones.