Licenciado en Bellas Artes, José Ángel Delgado es realizador, productor y fundador de Cosmos Fan Comunicación. Trabajador y creador infatigable, hace unos años pensó que Zaragoza maridaba bien con el cine histórico y creó un nuevo festival, el Saraqusta Film Festival, que ya se ha consolidado en el calendario cultural de la ciudad. Para quienes amamos el cine y la historia, es nuestro festi favorito, un lugar donde aprender, debatir y disfrutar del séptimo arte y de historias llegadas de todo el mundo.
Dedicamos nuestro nuevo ‘Secuenciando a’ a José Ángel Delgado. Descubre con nosotras con qué personaje histórico le gustaría trabajar o en qué época querría vivir si tuviera un DeLorean para viajar en el tiempo.
¿Cómo surgió tu amor por el cine?
Me remito a la época de estudiante de bachillerato en la que, evidentemente, ya me gustaba el cine como espectador. Me di cuenta jugando con amigos, con sus cámaras de vídeo, que la parte de estar detrás de la cámara era lo que más me divertía.
Aunque estaba estudiando ciencias, hice un giro de guion justo antes de entrar a la universidad y mis intenciones de ir hacia el mundo de la ciencia giraron para ir al mundo de las bellas artes. En Barcelona había una especialidad de imagen y ahí que me fui.
En una época en la que me atraía ir a la filmoteca, empezaba un poco a ver cómo funcionaba esto de los festivales de cine, y ese fue un poco mi punto de partida. Y por supuesto, películas clásicas como ‘Ciudadano Kane’, ‘Casablanca’, ‘Regreso al futuro’, ‘E.T.’, ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’.
Eres director de un festival; has dirigido cine de ficción, documental y programas de televisión; eres profesor de audiovisuales, ¡Hasta has hecho de actor! ¿Con qué profesión disfrutas más?
Siempre digo que lo que me gusta es, en general, el mundo de la creación y que la creación tiene muchas formas. Desde hacer una película, un cortometraje, un videoclip, realizar un dibujo, una pintura, u organizar un evento. Disfruto con esa variedad, que es esa variedad lo que me hace sentirme contento. Siempre hay como un unicornio en el horizonte, que es el largometraje de ficción y es lo que todos perseguimos, o muchos perseguimos, como el gran reto.
Yo tengo en mi haber un largo muy indie, muy humilde, pero que quiero mucho, que es ‘Cromos’, pero es verdad que siempre vas apuntando hacia eso. Y la vida me ha hecho un poco más trabajar en el mundo de la divulgación, lo he hecho a través de la televisión con ‘Cortados’, con ‘Bobinas’, con coberturas en los Óscar, en Huesca, en los Goya, y realmente la labor de divulgación es algo que encaja mucho con mi forma de ser y de entender este este medio, y un festival como Saraqusta, reúne un montón de estas características que me interesan y, por eso, es un proyecto bastante ideal para una persona con mi perfil.
Dirige el festival Saraqusta y también presenta algunas sesiones. ¡José Ángel todo lo hace bien! (Foto: Saraqusta Film Fest)
¿Cómo ha crecido en participación en el festival Saraqusta del primer año a esta sexta edición?
Es un crecimiento progresivo. Cada año va aumentando. Empezamos con un millar de personas la primera edición y ahora ya estamos superando con creces los 4.000 asistentes. También notamos el interés mediático, el incremento de impactos en medios de comunicación; las figuras que vienen tienen una relevancia cada vez más más potente, sobre todo a nivel internacional, que cuesta mucho traerlas, y notamos ese calor y ese cariño del público. Este año, en cuanto a inscritos, hemos tenido obras procedentes de 50 países, lo que nos satisface mucho porque percibimos que llegamos a diferentes rincones del mundo donde podemos encontrar joyitas.
Como director del festival, ¿qué sueño has visto cumplido? ¿De qué te sientes especialmente orgulloso?
En cuanto a sueños cumplidos, creo que poder traer a figuras como las que hemos traído cada año, y estos dos últimos años a dos figuras que realmente son leyendas del cine como son Nastassja Kinski o Jacqueline Bisset, ¿quién nos lo iba a decir, no? Quién me lo iba a decir cuando estaba viendo películas suyas hace años.
Nos sentimos orgullosos de haber creado un evento que se puede disfrutar por partida doble: por el puro disfrute del arte cinematográfico y por el disfrute del conocimiento de la historia, porque es un festival que si tienes la oportunidad de ver gran parte de la programación, sales muy nutrido de conocimiento y de experiencias sobre la historia.
Luego tenemos como cosa socialmente que también es muy enriquecedora las proyecciones en la plaza del Pilar. Yo guardo un recuerdo entrañable de haber visto de pequeño ‘La jungla de cristal’, por ejemplo, en un rinconcito de la plaza del Pilar, en un verano que hacían cine de verano, con mi padre y con mi hermano, que había tanta gente que estábamos de pie y aun así me encantó.
Las proyecciones en la plaza del Pilar son un remember de aquella experiencia de niño y poder compartirla con un montón de conciudadanos, la verdad es que estamos muy contentos con esa experiencia. Este año en particular, cuando Mel Gibson gritaba por la libertad en una de las escenas míticas de ‘Braveheart’, justo en ese momento sonaron las campanas del Pilar, así que se produjo una fusión muy interesante entre la realidad y la pantalla.
Que alguien te mire como José Ángel Delgado mira a Jacqueline Bisset (Foto: Emilio Gazo)
¿A qué personaje histórico te hubiera gustado dirigir en el cine?
¡Buf! ¡Qué complicado! Seguramente a cualquier personaje que tenga un perfil de explorador, de aventurero, de acercarse a los límites. Por lo que cuentan, era una persona algo introvertida, pero creo que Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, habría sido una opción interesante con quien trabajar. También exploradores un poco más con ese punto de aventureros y de no saber muy bien dónde se estaban metiendo, ¿no? Como Cristóbal Colón o Magallanes. Ese tipo de exploradores me fascinan. O los primeros hombres que subieron los picos más altos, a los confines del mundo. Me gustaría saber qué pasa un poco por su cabeza para lanzarse a la aventura sin saber muy bien cómo volver.
¿En qué época histórica que no sea la tuya te gustaría vivir una temporada?
Realmente creo que estamos en la mejor época en la que podemos vivir, aunque evidentemente me gustaría hacer un breve viaje en DeLorean a ciertos tiempos, pero luego volver rápido.
Comenta el antropólogo Juan Luis Arsuaga que hemos duplicado nuestra esperanza de vida media como en dos ocasiones de una forma brutal y en gran medida, o sobre todo, por la alimentación y por la medicina. Si cada uno analizamos nuestra vida, todos hemos tenido algún momento, o muchos de nosotros, en los que posiblemente si no fuera por la medicina o por una buena atención, pues igual no la habríamos superado. Así que creo que estamos en el mejor momento.
Dicho esto, sí que me provoca mucha fascinación la figura de Jesucristo, sin que yo sea una persona especialmente espiritual en el aspecto religioso. Conocer aquella época sí que me fascinaría. Recuerdo haber leído de adolescente el libro ‘Caballo de Troya’ y, más allá de la verosimilitud del relato, planteaba un viaje en el tiempo a esa época y la verdad es que daba mucho que pensar, así que habría sido una buena una buena excursión.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Siempre estamos generando nuevas propuestas, pero fundamentalmente ahora mismo lo que tenemos ya a punto de caramelo es el largometraje ‘Nana’, un largo de terror que hemos coproducido entre Gerald B. Fillmore, Julio García Escames y yo mismo. Lo dirige Julio García Escames, lo protagoniza Gerald, que lo ha coescrito, y viene de la mano de Cosmos.
Es una película de terror súper interesante, con un guion muy bien escrito y unas interpretaciones estupendas. Estamos empezando a plantear cuál va a ser su primera ventana de exhibición. Contamos con la ayuda del Ayuntamiento de Zaragoza y de Aragón Televisión.
Actriz, directora, guionista y fundadora y directora de la escuela de cine Un perro andaluz, la zaragozana Leonor Bruna pisó por primera vez un escenario en Suiza. Arqueóloga rebelde y viajera, siempre soñó con el séptimo arte, que ha convertido en su profesión. Asegura sentirse profeta en su tierra. Conocemos más a la polifacética Leonor Bruna y su trayectoria en este nuevo Secuenciando a.
Leonor, eres licenciada en arqueología. ¿Cómo defines la profesión?
Defino a un arqueólogo como un rebelde que se niega, de alguna manera, a creer que lo que le cuentan es cierto. El arqueólogo va buscando rascar la verdad, tener su propia interpretación y encontrar sus propias piezas. Es un inconformista, que quiere buscar su propia verdad. Yo trabajé en Bílbilis (yacimiento situado en Calatayud) durante tres campañas.
¿Cómo te inicias en el mundo de la interpretación?
De pequeña quería ser actriz y bailarina. Soñaba con encontrarme a un director que dijera: “eres la niña que estamos buscando”. Después estudié arqueología, cuando terminé los estudios la vida me llevó a Suiza, donde estuve seis años. Allí me convertí, con 26 años, en la jefa del departamento de español de la facultad de economía de una escuela universitaria.
Un día, dando clases de español, una alumna me dijo que hacía teatro amateur y que si me apetecía acompañarla. Mi primer público fue en Suiza y hablando en suizo-alemán y era bastante gracioso porque cuando hacía la obra de teatro, la gente se reía mucho porque pronunciaba mal una palabra y, cuando me lo dijeron, lo hacía con más intención. Yo quería decir “eres un tío asqueroso”, pero lo que estaba diciendo, por no pronunciarlo bien, era algo así como “la bolsa de los huevos” y la gente se partía de risa.
Esos fueron mis comienzos. Y a raíz de ahí pensé que eso era algo que quería hacer toda la vida. Lo dejé todo y me presenté a las pruebas del laboratorio William Layton, que entonces dirigía José Carlos Plaza, y para mi grandísima sorpresa, me cogieron. Así, estuve cuatro años estudiando en Madrid para ser actriz.
Mientras estudiaba me presenté a las pruebas para hacer un personaje de la serie ‘Los mundos de Yupi’ y me cogieron; estuve un año grabando. Estando en Madrid, vinieron unos productores que buscaban a una actriz española que hablara alemán para presentar un programa (‘Viva España’) sobre las Olimpiadas de 1992 y me contrataron. Mi vida cambió de nuevo a nivel personal y fui a vivir a Alemania. Me fui para ocho meses, pero por amor me quedé 13 años.
Trabajando allí (Alemania) como actriz empecé a escribir y me presenté a las pruebas de la escuela de cine de Berlín, donde estuve dos años estudiando guion. Cuando terminamos los estudios, premiaron a dos alumnos por lo que habíamos escrito y el premio consistía en producirnos una película. Pero yo acababa de tener a mi hijo y decidimos regresar a España.
¿Cuál de los papeles que has interpretado recuerdas con más cariño?
Recuerdo con muchísimo cariño una obra de teatro que hice en Alemania, ‘Wir werden gut sein’, basada en la obra ‘La oración’, de Fernando Arrabal (y dirigida por Javier Andrade), que hice en Munich y que fue un reto, porque era teatro en alemán.
¿Tuvo que ser todo un reto comenzar a actuar en otro idioma?
Sí, la verdad es que es complicado y es un reto doble. La primera obra que hice fue en suizo-alemán.
Retomemos tu faceta como guionista. ¿Hay un momento en el que te das cuenta de que te gusta escribir o siempre estaba ahí?
Escribir es algo que siempre me ha gustado, que siempre estaba ahí, y en un momento de mi carrera es cuando empiezo a pensar “pues quiero también dedicarme a esto”. Una amiga me dijo: “¿no te acuerdas que escribías poesía? Y sinceramente no me acordaba. De hecho, cuando empecé a escribir siempre bromeaba diciendo que salvo la lista de la compra no había escrito nada nunca.
Berlín es la ciudad donde más creativa he estado en mi vida. Allí estudié como guionista, allí tuve a mi hijo, también una creación, y escribí mis primeros guiones, fue como un subidón de creatividad. Siempre he sido muy curiosa, he tenido muchos intereses y siempre me he subido al tren que ha pasado por delante. He sido muy atrevida o muy inconsciente; yo creo que atrevida.
Y de sus trabajos como guionista, ¿cuáles destacarías?
‘Pasionaria’, claro. Fue mi primer guion, fruto de un ejercicio de clase en la escuela de cine en Berlín. El reto era que teníamos que escribir una historia que contara un conflicto individual en un conflicto colectivo. Se me ocurrió que fuera la decisión de abortar o no abortar en un contexto colectivo como eran los últimos días de la vida de Franco.
Luego dirigiste también esta historia como cortometraje.
Una vez que tienes la historia te ves como capacitada tú en ti misma y dices: “quiero hacerlo yo». Pero aquí tenía a veintitantas personas que, encima, no conocía de nada, porque llegué a Zaragoza en 2005, en 2007 puse en marcha la escuela Un perro andaluz y ese año rodé ‘Pasionaria’, que había escrito en 1998. Cuando monté la escuela pensé que la gente aquí no me conocía, no sabía quién era y pensé en rodar el cortometraje, un poco como mi tarjeta de visita, para que la gente pudiera saber quién era.
¿Qué recorrido tuvo el corto?
Muy bueno, consiguió cuatro premios, que no son muchos, pero tuvo 40 nominaciones y en varios países. Hoy en día ‘Pasionaria’ habría tenido más premios, pero era el año 2008 y la sociedad no es la misma. Entonces el aborto era un tema, como se dice en América Latina, controversial, que despertaba mucha controversia. El tema está perfectamente vigente.
«El cine es una herramienta para aprender»
Eres la fundadora y directora de la escuela de cine Un perro andaluz. ¿Cómo surge este proyecto?
Surgió por pura necesidad. Yo me veía ya como actriz, como directora no me había lanzado todavía, pero el mundo del cine siempre me había gustado y, desde hacía años, tenía una visión muy amplia de lo que es el cine y, además, a nivel internacional.
Fue gracioso porque cuando pensé el nombre de la escuela, no se por qué, me desperté una mañana y dije: “un perro andaluz”. Y el diseñador del logo me preguntó de qué color quería el perro y, de forma inconsciente, le dije: “¿Cómo que de qué color? Verde, como yo”. Ese momento fue como una revelación.
Somos una escuela de cine para la vida, en la que enseñamos a hacer cine y analizamos mucho cine, despertando el espíritu crítico. Es una escuela para la vida, solo que a través del cine.
¿Qué se puede estudiar en la escuela?
Hay materias para niños y para adultos, con grupos desde los 9 años, hasta seniors. Se enseña todo lo relacionado con el cine: la cámara, el guion, la edición, el maquillaje, la producción…
¿Qué profesionales te acompañan en la escuela?
En este momento Álvaro Sancho; Álvaro Pérez Peirote; Álvaro Baumann; Natalia Gomara; María de Rada también ha estado de profe; Javier Millán, Jorge Yetano, Camino Ivars; Roberto Sánchez; Chusé Fernández; Pedro Andreu. Ha pasado mucha gente: Miguel Casanova; Laura Contreras; Enrique Perales; Sara Vidorreta, que estuvo de niña y después trabajando; Robert Deliman; Manu Sin y Kike Franco; Víctor Izquierdo; Guille Van Dreï; Nacho Estaregui; Vicky Calavia; Sergio Montes; Paco Gómez Luesia; Fernando Colomo…
Si a alguien le interesa la escuela, ¿dónde debe buscar información o apuntarse?
Ahora estamos en Cuarte de Huerva, tenemos página web https://www.unperroandaluz.eu, 250 cortos en nuestro canal de YouTube. Ha sido mucho trabajo y esfuerzo.
Este año va a ser muy especial porque mientras estamos en pleno periodo de captación de alumnos vamos a celebrar en una sala de Aragonia, el día 18 de septiembre, nuestro 18 cumpleaños.
Un perro andaluz lleva 18 años en activo, ¿qué balance haces?
Creo que el gran acierto ha sido ver el cine como una herramienta para aprender muchas cosas. Este curso cumplimos 18 años y es un proyecto consolidado, aunque no haya tenido apoyos institucionales se ha ido consolidando a base de esfuerzo, del buen profesorado, del trabajo, de la dedicación. Me he dejado la vida literalmente.
Se dice que nadie es profeta en su tierra, pero yo sí que siento que he sido profeta en mi tierra, que se ha reconocido el trabajo que estamos haciendo, y este es un proyecto muy valorado.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Espero que pronto comencemos un cortometraje, como directora y guionista, que estamos pensando dónde rodar.
No hay rodaje aragonés que Secuenciadas se pierda, o casi, y en este amor por el audiovisual aragonés nos acompaña Roberto Torrado. Corto al que acudimos, aparece detrás de la cámara, la melena de Torrado. Lleva más de 20 años en el gremio y nos apetecía mogollón hacerle un Secuenciando a. Le mandamos unos «wasap» proponiéndole este reportaje y nos responde: «Soy un trabajador más del audiovisual, pero si habéis valorado entrevistarme, venga pues». Así que quedamos con él en el restaurante La Bamba de Zaragoza, gracias a nuestro amigo Cotton Filgaira que nos abre un lunes para poder realizar con calma y buen ambiente la entrevista. Os presentamos a Roberto Torrado; cámara, editor, cineasta y director de fotografía. ¡Un hombre muy completo!
¿De dónde eres, Roberto?
Nací en Suiza, en un pueblecito pequeño que se llama Rorschach, al lado del lago Constanza. Mis padres fueron allí a a trabajar en los años 60 y yo estuve hasta los tres añitos. Luego nos vinimos, porque mi madre es de Zaragoza.
¿Y cómo empezó tu interés por el cine?
Mi padre trajo de Suiza una cámara Kodak y yo cogía la cámara y empezaba a disparar. Sin el carrete, porque me daba mucho apuro gastar las fotos. Luego en las bodas familiares le decía: «Oye ¿puedo hacer fotos yo?», y me decía: «Venga, que quedan cuatro en el carrete, las terminas tú». El detonante fue ver a un tío mío, que tenía un 8 mm. Tengo imágenes mías con pantalón corto y mis padres jovencitos con las patillas de los 70. También fue que a mis primos les regalaron un cinexin y estábamos siempre dándole.
¿Pudiste estudiar algo relacionado con el cine?
Di un poco de tumbos. Hasta que un día estaba con mi primo, cargando un camión, a las 4 de la madrugada, y pensamos: «Oye, ¿qué hacemos aquí?» Nos fuimos a Madrid a una escuela muy cara, con todos nuestros ahorros, con el paro que teníamos, y con ayuda también de mi padre y de mi tío.
Estudiamos fotografía publicitaria de 3D, edición, cámara… Ahí se me abrió el universo, empezabas a ver directores y gente que venía a dar clase, que conocías de la televisión. Veías cámaras de verdad. Estuve cerca de 2 años así y luego ya me vine y ya empecé, pero no definitivamente, porque no había trabajo, iba alternado.
«El primer corto que hicimos con Impacto fue ‘Cuídala bien’ de Javier Macipe«
¿En qué momento te dedicas a trabajar en el audiovisual de forma profesional?
En 2006 hablé con Francisco Javier Millán y le dije: «Oye, ¿por qué no nos ponemos por nuestra cuenta?». Porque antes, o eras del cine de 35 mm, y te gastabas un pastón, o eras el videoaficionado cutre salchichero y había un vacío en medio. Creamos Impacto Producciones y nos compramos un poco de equipo. Un montón de realizadores vieron ese nicho y empezamos a hacer cortos, documentales y todo lo que había.
El primer corto que hicimos me parece que fue con Javier Macipe, tenía 19 añicos. El primer corto que hizo ‘Cuídala bien’, que ganó cuatro premios en el festival de Fuentes de Ebro. Estuvimos como 9 años con la productora y al final la cosa flojeó bastante. La empresa no daba para los dos y nos separamos.
¿En qué trabajos has participado últimamente?
En el cortometraje de Aneta Kotwica ‘Dla mnie‘, que quería contar una historia personal que le ocurrió y llamé a Javier para que hiciera la parte de producción y dirección. Hoy he recibido la banda sonora para colocarla y creo que ya estará. También hice otro de Paco Gómez Luesia ‘Amo a mis amos’. Luego vino el señor Cotton con los gangsters (One of those things) y luego Neil Santolaya con un tema deportivo (Match Ball).
Roberto, eres muy polivalente. ¿En qué puestos has trabajado en el audiovisual?
Antes era operador de cámara y editaba. Pero desde hace unos 3 años dije ahora voy a ser director de foto. Porque yo también hacía dirección de foto, pero siempre me quedaba más en la cámara y venía otro. Ahora le digo al realizador, opero la cámara, la edición y el color. Agradezco mucho la confianza porque, en cuanto me ven dicen: «Ah, este me va a hacer todo», y descansan. Entonces ellos ya se centran en dirigir.
La parte que más me gusta es la dirección de foto porque das tu personalidad, además de que el realizador lo apruebe todo, ¿no? Envuelves el proyecto como eres tú. Me gusta mucho tocar las imágenes y cuando grabo ya estoy viendo prácticamente la imagen final.
Estoy invirtiendo mucho en iluminación y voy a coger unas ópticas un poquito más suaves, más soft. En el momento que tocas un poco la luz, para bien, te sube el caché de la imagen de la leche. No hace falta irse a una cámara que vale 40.000 euros, la luz lo es todo. Entonces también ofrezco estos materiales. Veo que hay directores de foto que se presentan a los rodajes con las manos en los bolsillos. Van de jefes y vienen sin equipo. Las cosas que podrían hacer cuatro o cinco personas las hago yo. Hombre, si hay más presupuesto, pido un asistente o dos, pero claro, como es equipo en propiedad, me gusta llevarlo yo.
«Mi mejor trabajo como director es Cutanda. La batalla olvidada«
Cuenta un poco cómo ha sido tu idilio con el cine aragonés, en concreto, con los realizadores aragoneses. ¿Cómo has trabajado con ellos durante tu trayectoria?
He trabajado con Fernando Usón, Roberto Aznar, que son de los históricos. También con Rubén Pérez Barrena, José Ángel Delgado, Raúl Guíu. Lo que sí que he estado haciendo durante ciertos años es fidelizar a todos los realizadores, tampoco a punta de pistola (bromea). También tengo un grupo de confianza de técnicos, que me llevo muy bien con ellos, y cuando viene el realizador, le digo: «No te preocupes, que yo te facilito todo, de alguna manera». Entonces al año siguiente vuelven a repetir, porque son unos jodidos adictos (a hacer cortometrajes) esta gente (ríe).
¿Qué tipo de cine te gusta y en qué directores te fijas?
Realmente tampoco soy muy de directores. Soy más de películas. Me gustan las películas de desconectar 2 o 3 horas, lo que me den. Me gustan películas de superhéroes, de Star Wars, de zombies… de algo que cuando yo entre en el cine, me olvide de lo de fuera.
Estos largometrajes que estás con un plano de una vaca 20 minutos… A los directores que hacen estas cosas los admiro y respeto pero no termino de conectar con ese tipo de cine. Me han venido clientes así, ¿eh? Me dicen: «Oye, quiero hacer un corto, pero solo va a haber 20 planos». Y digo: «Jo, pues tienen que ser larguísimos esos 20 planos». Ojo, estos que te cuentan por ejemplo un movimiento en 15, 20 planos que hacen tá tá tá, tampoco. No me lo expliques tan videoclipeado.
Roberto, ¿qué trabajo tuyo como director destacarías?
El documental ‘Cutanda. La batalla olvidada’. Estaba hablando por otro proyecto con un experto medievalista y me dijo: «Estoy haciendo prospecciones en Cutanda en el campo de batalla. Hemos sacado cerámicas, hemos sacado tal» y le contesté: «Hostias, ¿no fastidies?». Y me fui a Cutanda (Teruel). Estuve ahí con drones de infrarrojos y con escáneres para ver si hay tumbas debajo de la tierra. Puse la voz de Jordi Boixaderas, que es la voz de Russell Crowe en ‘Gladiator’. Pensé, ya que me pongo, me pongo. Además es un tío super enrrollado. Conectamos por zoom, él estaba en su estudio, y le iba dando indicaciones y te lo clava.
«Si volviera a nacer y tuviera que dedicarme a otra profesión, sería al vestuario«
Si no te hubieras dedicado al audiovisual, ¿qué estarías haciendo ahora?
He estado en ‘Juego de tronos’ de figuración y el vestuario me gusta mucho, el vestuario de época. Luego también estuve en la película ‘La promesa’, que sale Christian Bale. Éramos 400 figurantes vestidos de armenios. Así que si volvieran a nacer y tuviera que irme a otra profesión, me iría a vestuario.
Por ejemplo, con Luis Sorando, cuando lo he contratado, me quedo ahí mirando porque es un tío que domina un montón y se nota que le gusta mucho.
¿Y cómo valoras el momento que vive en el audiovisual en Aragón?
A ver cómo te lo cuento. Lo que veo es que no hay una unión. Cada uno va a su guerra. Entiendo que el trozo de tarta no es muy grande y estamos bastantes. También hay muchos jóvenes que cuando salen de estudiar, se juntan dos o tres y duran un año, dos años y desaparecen. No tienen paciencia, y en el momento que salen de audiovisuales, ven que el percal está como está y tiran los precios y aún así, cierran, pero claro, ya se ha hecho mucho daño.
Y los que estamos ya hace tiempo, lo que he comprobado, que cuando he intentado aliarme con un productor, para tomarte un café está muy bien, pero ya no hay colaboración, nadie pasa el trabajo de otro. Yo soy abierto: ¿quieres colaborar conmigo? o ¿te puedo cubrir en un sitio?, o te llamo yo, porque igual tengo necesidades y quiero que vengas tú. Eso no lo veo, cada uno va a su aire.
He hecho un último intento este año para hacer algo conjunto y en el momento que te tomas el café, después cada uno por su lado y se olvidan de ti. Entonces ya voy a por el cliente directamente y ya está.
En Aragón, se ha ido mucha gente fuera, pero hay gente muy válida y con buenos equipos y mucho potencial. Podríamos hacer un montón de proyectos. Tenemos una historia que cualquier cineasta de Hollywood mataría por la historia que tenemos aquí de muchos siglos.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy terminando de rodar con Antonio Valdovín el largometraje ‘Murmullo Cósmico’, del cual haré el montaje y el color. El próximo más inmediato creo que será un corto de Sergio Montes, que me tiene que pasar el guion, que hizo ‘La Virgen Pálida’ y ‘Lo Mereces’.
«Mi trabajo termina cuando le doy al realizador el archivo«
¿Por qué no te vemos nunca en un estreno o en un festival?
Cuando disfruto es en el barro, manejando focos, la cámara, grabando en la calle, eso es lo que más me gusta. Todo lo que es alfombra roja, photocall, famoseo y poses, es lo que peor llevo, no conecto con eso. Entiendo que puede ser necesario, pero lo veo más para actores y actrices que viven delante de la cámara o el realizador que es el responsable. Yo soy un técnico.
Los técnicos también tenéis que daros a conocer, es una labor muy desconocida y ¿si te dan un premio al montaje o a dirección de foto?
Me horroriza salir, no puedo, digo: «Sal tú y dile que estoy en el Cairo rodando una de egipcios». Además, eso queda muy bien siempre (ríe). Pero sobre todo prefiero que lo gane el resto del equipo con el que he estado, me hace más ilusión que tengan sus estatuillas porque yo alguna que otra he ganado.
¿Han recogido premios por ti?
Sí, sí. Incluso les digo: «A los estrenos de los cortos nunca voy». Es que no lo termino de pasar bien. Mi trabajo termina cuando le doy al realizador el archivo, le deseo lo mejor y a partir de ahí es su trabajo difundirlo.
Sí que acudo a pequeños pases de equipo, para verlo, tomar notas. «Ah, pues este plano voy a dejarlo más largo, o este no sé qué». Además siempre les digo a los realizadores: «Del presupuesto guardaros algo para pillaros una sala de cine o incluso podéis estrenar dos cortos a la vez, para ir a pachas».
Porque haces un DCP y eso va ahí como un tiro, a una sala de cine como Dios manda. La gente cuando va a una sala de cine dice: «Hostia, buen nivel»y habla bien de ti. No vas a un salón de actos cutre, que se ve y escucha mal. Además es un insulto a todos los que hemos trabajado. Baja el nivel un montón.
Una última pregunta, ¿tienes algún proyecto soñado que te gustaría cumplir?
Algo del siglo XVII. Cualquier tema de aquí de Aragón, de esa época, me gustaría. También me gustaría una web serie. Meterme en esa piscina. Hacer capítulos pequeños, muy potentes de ciencia ficción, que desde que empiezas a darle al play ya dan un poco de mal rollo y enganchan.
Eso me va a exigir hacer una fotografía mucho más depurada, efectos visuales yentornos que no son de aquí. Para público de internet. Hay un canal que se llama DUST (en YouTube) que tiene millones de seguidores y no te pide dinero, ni nada, y tú lo colocas allí. Es como un contenedor, donde todo el mundo que le gusta este tipo de género va. Lo único que ponen es su logotipo al principio de tu corto.
Es actriz, productora, guionista, dobladora, locutora, presentadora y, si la conocéis, sabréis también que es un ser de luz. Quedamos con Ana Esteban para conocer de dónde surge su pasión por el audiovisual y repasar algunos de sus trabajos. No hace falta que os digamos que ha sido una tarde divertidísima y que nos ha hecho reír y disfrutar de su sonrisa. Vamos con este Secuenciando a veraniego y muy especial.
Ana, eres una de las voces más conocidas de Aragón, ¿cómo empezaste en el mundo de la locución y de la radio?
Desde pequeña me gustaba mucho leer y un día descubrí que empecé a leer imitando a las locutoras de publicidad y dije “sueno bien”. Luego, en el colegio hacía teatro y una amiga me dijo que estaba en una emisora en Casetas, RCL, que necesitaban locutores. Los fines de semana iba en el casetero, estuve allí como un año o algo así y hacía un programa que se llamaba ‘En tierra de nadie’, que era de música, y entre canción y canción leíamos trocitos de poesías de todo tipo, clásicas, actuales. Así, a los 17-18 años me inicié en el mundo de la locución, de la voz, y luego ya estudié doblaje. Después me hicieron pruebas y pasé a M80 radio.
¿Y cómo empezó tu romance con el audiovisual?
Desde pequeña. A mi tío José, el hermano de mi madre, le gusta de siempre el mundo de las videocámaras, tiene proyectores de 35, de 16 o de súper 8 y pantallas. Nos proyectaba películas como ‘El gordo y el flaco’, de humor, y me encantó el cine. Luego tuve la oportunidad de estudiar en la escuela de cine de Zaragoza, que dirigía Anna Utrech y allí estudié guion e interpretación. A los 20 años conocí a Jorge Blas, Nacho Rubio, Carlos Mur, Josian Pastor, César Usán, Luis Aznar, con los que luego he seguido manteniendo el contacto. Hemos podido hacer cortos juntos. Ese fue el comienzo de mi idilio con el audiovisual, porque comencé a hacer cortometrajes, un telefilm que se llama ‘Nunca’ y que se puede ver en YouTube… Ese fue el chispazo.
Eres actriz, presentadora, locutora, dobladora, ¿nos dejamos alguna faceta o algo en lo que estés en proceso?
Soy también guionista, siempre quise estudiar Filosofía y acabar la carrera de antropología social. Como guionista tengo un cortometraje (‘La nave’) con Eva Villar, que es amiga y compañera de obras de teatro.
«Por mi trayectoria profesional, la producción y la locución son mis parejas estables»
De estas profesiones, ¿cuál sería tu pareja estable y cuál considerarías tu amante?
Creo que la interpretación es una de las artes más complicadas, difíciles y a la vez bonitas, porque cuando conectas con ese personaje o con el público es algo fugaz, algo que te tienes que trabajar mucho, pero a la vez también es que coincida la inspiración. Creo que ese es un amor de amante, a veces platónico, esquivo, pero que te da mucho. Pero no es una relación tóxica.
Y de pareja estable, por mi trayectoria profesional, sería la producción, la locución y la radio. También soy actriz de doblaje, en series como ‘Los misterios de Murdoch’ o ‘Saving Hope’, en personajes episódicos. Es algo que me encanta.
¿Qué trabajos hiciste en tus inicios y con quién los compartías?
En interpretación con el actor Nacho Rubio, por ejemplo, hice uno de los primeros cortos de Jorge Blas, ‘Los últimos días de paz’ . Comencé con mis compañeros de la escuela de cine, con Josian Pastor o Emilio Gazo, que se han tirado más por la producción o la fotografía; Iván Castell, con el que hice un corto muy bonito que se llama ‘Lea’, por el que recibí algún premio de interpretación.
¿Cómo ves el crecimiento de la industria audiovisual en Aragón?
Hay un momento de máxima creatividad y también creo que se está diversificando, no hay solamente cortometrajes, sino también incluso videojuegos y series que se están llevando a otros campos del audiovisual. Vienen muy bien las ayudas de las instituciones, espero que las sigan dando. En Aragón hay que seguir trabajando para que se pueda mantener esa industria, con el Cluster del Audiovisual o la Academia del Cine Aragonés. Hay talento, creatividad y ganas, que es lo importante.
Has hecho muchos trabajos en televisión, tanto delante como detrás de las cámaras, ¿cuáles recuerdas con especial cariño? ¿Y cuál era tu labor?
Tengo mucho cariño a ‘En ruta con la ciencia’, que fue uno de los programas pioneros de ciencia en Aragón TV, dirigido por Mirella R. Abrisqueta, de Sintregua Comunicación, presentado por Carlos Pobes, y en el que ejercí labores de producción, redacción e incluso en la última temporada estuve delante de la cámara, sustituyendo a nuestro compañero Fernando Gomollón.
También el programa ‘Lo tuyo es puro teatro’, también en producción, y que me encantaría que se repitiese en Aragón TV. Eran cámaras ocultas para llevar el teatro a la calle y había muchos testimonios que aún se pueden ver en el canal de Sintregua en YouTube. Uno de los vídeos que se hizo más viral fue un flashmob en el Aeropuerto de Zaragoza, con el grupo de teatro lírico que, disfrazados de trabajadores, se pusieron a cantar y bailar y se veían las caras sorprendidas de las personas que estaban allí esperando. Era Semana Santa y había mucha gente, y tenían mucha ilusión. En una chocolatería hicimos un trocito de ‘La casa de Bernarda Alba’ también.
Cuéntanos alguna anécdota de tus trabajos.
En producción me han pasado millones de cosas. Para el cortometraje de ‘La nave’ teníamos que rodar una escena nocturna en exteriores y hacía falta red eléctrica, pero no teníamos gasolina para el generador, y tuvimos que pedir engancharnos a la luz del lugar en el que rodábamos. Fui a pedirlo con medio rulo puesto en el pelo, porque ahí salía también como actriz y encima en esa escena me tenía que caer varias veces, me rompí las medias…
Como actriz, ¿de qué papeles guardas un mejor recuerdo?
Uno de los mejores recuerdos fue con ‘Lea’, de Iván Castell, y con ‘Equivocados’, de Rebeca Cavero. En ambos me sentí muy conectada con el personaje y con la cámara y eso que sentí, luego se transformó en varios premios de interpretación. En ‘Lea’ era un monólogo y en ‘Equivocados’ vivía una situación romántica, salía con Pablo Lozano.
Recuerdo también ‘Habla’, de Lorenzo Izquierdo, que tiene miles de visualizaciones en YouTube y aborda los malos tratos. En ese mi pareja era Jorge Asín, en uno de los pocos papeles dramáticos que hacía. Ahora está haciendo más papeles de ese tipo y le va súper bien.
También me gustaría recordar uno de los últimos trabajos que he hecho, se llama ‘El espejo’, de Luis Aznar y Montse Calderón, un cortometraje mudo sobre el amor y la falta de comunicación.
Si te dieran a elegir un papel protagonista en una película, ¿cuál sería?
Me gusta mucho Katharine Hepburn en ‘La fiera de mi niña’, que hace con Cary Grant. Me gustaría ser su compañera y compartir plató con ella.
Muchos compañeros de profesión se han ido a Madrid a trabajar, ¿has estado tentada de salir de Zaragoza para desarrollar tu profesión?
En algún momento sí que he estado tentada, y a través de la escuela de cine incluso me llegaron a proponer que fuera a grabar algo en Los Ángeles, pero al final no salió, trabajé un mes en una radio en Madrid y luego comencé en la radio en Zaragoza y aquí he podido desarrollar mi profesión. Aunque ahora con el AVE es más fácil poder trasladarte.
De toda tu trayectoria y ámbitos profesionales, ¿qué trabajos son los mejores para ti y por qué?
En televisión, me gustó un montón participar en la producción de ‘Lo tuyo es puro teatro’ como he comentado; en radio, estar en M80, en Radio Olé porque había mucha conexión con los oyentes, icluso llegamos a hacer quedadas. También trabajar con mi compañera Geraldine Hill, que es actriz y locutora, y estar ahora en Aragón Radio. En interpretación, ‘Los últimos días de paz’, de Jorge Blas, uno de mis primeros trabajos como actriz y al que le tengo mucho cariño.
«El premio más importante es estar satisfecho con tu trabajo»
Este año has ganado un premio Simón a mejor dirección de producción por el documental ‘El olvido del mar’, ¿cómo viviste ese momento?
Fue un momento especial porque estaba trabajando entre bambalinas, en la coordinación de la gala, y fue un alegrón doble, porque era trabajar desde dentro y decir “bueno, también estoy disfrutando como público y como ganadora”. También por todo lo que conllevaba el trabajo de aquel documental, dar a conocer la figura del padre de la oceanografía, Odón de Buen. También por todas las personas que nos ayudaron a nivel institucional, como la embajada de Mónaco, la Fundación Odón de Buen, que nos apoyaron; por el trabajo de la productora, Sintregua, de Mirella R. Abrisqueta. En la producción está todo el equipo, si no, no se puede coordinar nada, y había mucho talento puesto y mucho cariño en ese trabajo.
¿Para ti son importantes los premios?
El primer premio es que uno esté satisfecho con su trabajo, con la gente con la que trabajas, ese es el más importante, y si luego hay, además, un reconocimiento más público, pues muchísimo mejor.
Estamos enganchados a las plataformas de vídeo por demanda, ¿eres más de películas o de series?
Soy más de películas, pero últimamente también veo muchas series.
¡Oye, no me habéis hecho vuestra clásica pregunta de si me gusta la tortilla con o sin cebolla!
Es verdad, pues dinos, ¿qué prefieres: con o sin cebolla?
Me he visto muchos de vuestros secuenciando a y tenía la respuesta preparada (ríe). Me encanta la tortilla de las dos maneras, pero si nos ponemos, ya con cebolla mejor. Soy concebollista. Sé que hay gente que igual me odia a partir de ahora (bromea).
¿En qué proyectos vamos a verte próximamente?
Me veréis como la Reportera Fantasma en un una comedia de terror de serie B, es un largo dirigido por Cuquín del Museo Fantástico. También Jorge Blas estrenará un corto de ciencia ficción SUNRISE, en el que estuve en la producción.
Sigo en Aragón Radio, en el programa de las tardes, ‘No llegues tarde’’, donde me podéis escuchar si os apetece oír un magazine de cultura, entretenimiento e información. También, como productora, en el documental ‘Cazando lo invisible’, de Mirella R. Abrisqueta, que se ha ido cociendo a fuego lento, en el que hemos trabajado varios años. Trata sobre la materia y la energía oscura, y se verá en la televisión y en el Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón, situado en Teruel. Habrá una versión de 25 minutos, en los institutos aragoneses, con motivo de la semana de la ciencia, gracias al ciclo de actividades que organiza el Gobierno de Aragón para fomentar vocaciones científicas.
También como locutora y dobladora trabajo en Estudios Roma, hago spots, doblo personajes episódicos en ‘Los misterios de Murdoch’ y ‘Saving Hope’, y soy la voz de megafonía de Puerto Venecia.
Quedamos en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza con Miguel Ángel Lamata, un contador de historias que a veces escribe, dirige o produce o todo a la vez. Su historia de amor por este medio comenzó a través del teatro, los cortos, la televisión y el cine.
En 2003 cerró el Paseo Indepencia de Zaragoza, como si de Pilares se tratase, para rodar su primera peli ‘Una de zombis’; en 2006 escribió y dirigió ‘Isi/Disi: Alto voltaje’ con Segura y Flo como protas y luego se atrevió con ‘Tensión sexual no resuelta’ (2010), el título lo dice todo. En 2016 vivimos la bonita historia de amor entre Jenner y Noriega en la Zaragoza más cuqui en ‘Nuestros amantes’ y el cine familiar llegó a su vida con ‘Los futbolísimos’ (2018). En 2022 se pasó a la producción con el documental que todos los aragoneses estábamos esperando ‘Héroes: Silencio y rock & roll’. Estamos deseando conocer a este director aragonés que dejó Zaragoza para buscar fortuna en la capital de España. ¡Ya lo vemos abrir la puerta del teatro!
Miguel Ángel, ¿cómo empezaste a interesarte por el mundo audiovisual?
Desde muy pequeño me gustó mucho siempre ver películas, así de sencillo. Y, paralelamente, me interesaba mucho escribir historias y fantasear con convertirlas en algo más. Esta especie de pasión me acompaña desde los 7 años, entonces parecía bastante inevitable. Es verdad que el mundo del cine te da miles de razones para no dedicarte a él, pero las he ido desoyendo.
¿Cuando fuiste mayor te empezaste a formar en el audiovisual?
En mis tiempos era terriblemente caro, me hablaban de una escuela que había en Londres, la London International Film School que valía una pasta estudiar ahí y nosotros éramos una familia de clase media, así que me venía un poco a desmano irme a Londres. Pero no quería renunciar al sueño y lo que hice fue ponerme a hacer cortos, obras de teatro… He aprendido un poco a base de hostias (se ríe), autodidacta, por decirlo más finamente.
Y cuando comenzaste a trabajar en esto, ¿qué vino primero?
Primero de todo vino el teatro y los cortos. Una amiga me metió un empujón para dirigir un grupo de teatro, porque si no se iba a disgregar, fue una etapa en Zíngaras Teatro, una grupo universitario, de lo poquísimo que sé como director de actores lo aprendí haciendo teatro. Y después ya vino la televisión y enseguida Santiago Segura me propuso producir mi primera película.
¿En la televisión qué hiciste?
Empecé en Antena Aragón, después salté a Antena 3, luego estuve en Vía Digital con Pepe Navarro, después con Bertín Osborne, trabajé con Juan Ramón Lucas, trabajé en El Informal, y alguna cosa puntual de encargo. En televisión tampoco estuve tanto tiempo. A veces se cree que he estado más tiempo en televisión pero en realidad estuve desde 1997 y en 2002 lo dejé y me dediqué a poner todos mis esfuerzos en que mi primera película, ‘Una de zombis’, fuese una realidad.
«He aprendido un poco a base de hostias, autodidacta, por decirlo más finamente»
Vivías en Zaragoza, ¿por qué te fuiste a Madrid?
Yo trabajaba en Antena Aragón y hubo una oferta de trabajo muy buena de Antena 3, con una cantidad de dinero que me sigue pareciendo astronómica, 3.000 euros, y me apetecía probar un poco como era la supuesta liga mayor. Tenía la novia allí, muchos de mis amigos se habían ido para allá y la verdad es que pensé que en ese momento cambiar a Antena 3 podría enseñarme cosas. Yo siempre he funcionado así, donde veo que hay aprendizaje pues tengo una tendencia a acercarme a eso. Era un programa concurso muy ambicioso, aspiraba a ser el rey de su franja, se llamaba ‘Trato hecho’, y ahí que me fui. Fui solamente guionista, pero tuve la sensación de que aprendí mucho, porque la televisión te enseña mucho a no mirarte el ombligo, a pensar que hay un público al que tiene que gustarle lo que le presentas. Esto te lo enseña mucho la tele.
¿Cómo definirías en una frase el rodaje de cada una de tus películas?
‘Una de zombis’ fue una guerra en positivo para la que no estábamos preparados. Al final se puede decir que triunfó, fue un exitito. ‘Isi & Disi: Alto Voltaje’ me dio la confianza de saber que podía seguir siendo un director. ‘Tensión sexual no resuelta’ es la primera película abierta y totalmente personal que hice. Conjugaba las historias que a mí me interesaban contar, sobre todo en clave de relaciones, con lo que entiendo que puede ser un cine de entretenimiento para el gran público. ‘Nuestros amantes’ es una película quizá incluso demasiado personal, pero que también le tengo un cariño enorme porque fue la primera película que además de escribir y dirigir, produje. Es Lamata cien por cien, para bien o para mal.
Y ‘Los futbolísimos’ es una película totalmente de encargo que me dio un montón de cosas muy bonitas, sobre todo en mi relación con los chicos y las chicas. Además es una película extraordinariamente difícil de hacer y que todos disfrutamos muchísimo.
«La televisión te enseña mucho a no mirarte el ombligo, a pensar que hay un público al que tiene que gustarle lo que le presentas»
También has producido el documental ‘Héroes: Silencio y Rock & Roll’ que estuvo nominado a mejor documental en los Goya 2022.
Sentí una gran responsabilidad haciendo esa película y es quizá una de las cosas de las que más orgulloso me siento porque creo que ha hecho feliz a mucha gente. El alcance de esa película, en la que pusimos mucha ambición bien entendida y mucha ilusión, se ha visto más que recompensada.
¿Ese proyecto cómo nació?
Por Alexis Morante, que es un tipo que yo conocí en Los Ángeles cuando fui a hacer la música de ‘Nuestros amantes’. La hicimos allí porque Roque Baños, el compositor estaba allí, y él conocía a otros españoles afincados allí, entre ellos a Alexis que es un gran director. El caso es que Bunbury me escribió y me dijo “oye, este chico que conociste en Los Ángeles quiere hacer una película sobre nosotros, los Héroes, y queremos que se haga, ¿Qué te parecería producirla?”. Tuve una gran responsabilidad porque se la podían haber llevado a productores que tienen mucha más andadura que yo, que solo había producido ‘Nuestros amantes’. Pero me reuní con mis compañeros habituales de fatigas, Raúl García Medrano, Nacho Blasco, que fue guionista, editor de sonido y editor de imagen, y pensamos que merecía la pena arriesgarse.
La película estuvo nominada a varios premios.
La nominación al Forqué llegó porque sí, no hicimos campaña, y la del Goya lo mismo. Fue la constatación de que habíamos hecho algo un poquito a derechas, de que la cosa había hecho click, para empezar porque a los Héroes les había gustado la película, porque ellos eran un poco mi público principal. Se hace la película pensando en una audiencia lo más amplia posible, pero si al objeto del documental no les hubiera gustado, yo personalmente me hubiera llevado un disgusto.
Casi todas tus películas están orientadas hacia el humor, ¿Qué es lo que te atrae de este género?
Hay un escritor que me gusta mucho que dice que el humor no es tanto la capacidad de hacer reír a tus semejantes, que también, sino la herramienta de la que echamos mano diariamente para no volvernos locos. Y es verdad que el humor es algo que necesitamos y, de hecho, en obras de teatro extraordinariamente dramáticas, como ‘Un tranvía llamado deseo’ o en muchas de Chéjov, hay mucho humor. En Shakespeare, en sus tragedias, hay mucho humor. A mí me ayuda a sentirme vivo cada día.
¿Qué te gusta más: ver una buena serie o ver una buena película?
Una buena película, no tengo nada en contra de las series, me gustan mucho y veo muchas, pero realmente mi formato son historias que oscilan entre una hora y media, dos horas o dos horas y algo. El teatro también me apasiona mucho, aunque soy una persona más de cine.
¿Y te gustaría dirigir una serie?
Bueno, ha habido acercamientos, ideas, hemos movido proyectos, y es una cosa que me gustaría. Hay cosas que no quiero morir sin hacer. Por ejemplo, siempre quise hacer una película juvenil y ya la he hecho; siempre quise rodar una historia de amor pura y dura, la hice. Hacer una serie no estaría nada mal. Hay conceptos que tenemos en la cabeza que podrían cristalizar más como serie que como película, pero en general siento una irresistible atracción hacia las historias de aproximadamente dos horas.
Últimamente el cine dirigido por aragoneses está on fire, ¿cómo lo ves?
Para mí es maravilloso verlo y formar parte de ello, yo soy el abuelo de casi todos estos, tengo 56 años. Javier Macipe que acaba de hacer su película ‘La estrella azul’, que es buenísima, es un peliculón del primer al último fotograma, o ver las películas dePaula (Ortiz), de Pilar (Palomero), deNacho (García Velilla), de Gerald (B. Fillmore). Ahora Gerald está haciendo un largometraje que he leído el guion y es también formidable, super original. Las películas de Pablo Aragüés, Natalia (Moreno), Gala (Gracia), yo nunca he vivido un momento así del cine aragonés y hay que apoyarlo porque ya no es un sueño, es una realidad. Hay gente que está saltando de nuestras fronteras, no al resto de España, sino a Europa, el cine aragonés empieza a ser algo muy gordo y me hace muy feliz.
Siempre que puedes vuelves a Aragón, te vemos en festivales, en estrenos de películas, ¿te tira tu tierra?
Absolutamente. Mi familia está aquí, muchos amigos míos están aquí y me resulta siempre muy excitante rodar en Aragón. Además me gusta mucho la búsqueda de decir esta historia cómo aterriza en Aragón o ¿puede aterrizar en Aragón la historia? Y siempre es sí, entonces te pones a buscar los sitios y cuando la cosa empieza a cristalizar, eso me parece muy wonderful. Empiezas a ver que, verdaderamente, no es una cuestión de encabezonamiento tuyo, sino que Aragón es realmente muy buen plató y con muchas facilidades para rodar aquí.
«Aragón es realmente muy buen plató y con muchas facilidades para rodar aquí«
Ahora estás en Zaragoza porque recibes un homenaje en la Muestra de Cortometrajes Aragoneses de Delicias.
Completamente inmerecido, pero sí, lo recibo. Lo acepto.
¿Y qué tal?
Lo de los homenajes siempre da cierta congoja porque mientras haya por ahí un señor que se llama Steven Spielberg que sí que tiene una trayectoria… pero la verdad, que te reconozcan en tu tierra siempre mola muchísimo y sirve de espaldarazo para hacer más cosas. Hemos hecho seis peliculitas, se acuerdan de uno, eso está muy bien, y vamos a ver si hacemos otras seis a continuación.
Les quiero dar las gracias porque el corto es la base de todo. Los directores de cine existimos, hacemos películas, porque nos dio por hacer un cortito, con el cortito descubrimos que nos gustaba la experiencia, no nos quitó las horas de sueño suficientes ni nos dio los sinsabores suficientes para tirar la toalla y no se si habrá muchos directores que no hayan hecho cortos. Me parece bastante sensacional que exista esta Muestra porque le da la oportunidad a mucha gente de que podamos ver sus películas y eso es decisivo.
Si te jubilaras ahora, ¿dónde te irías a vivir?
Se me ocurren varios sitios, vivir en otra dimensión estaría bien, a ver qué se cuece ahí. Vivir una temporada en el cielo y otra en el infierno, para ver si el cielo es el sitio donde todos queremos estar, o el infierno es en realidad el sitio que mola, pero tiene peor agente de prensa. Pero me apetece jubilarme el día en que muera, ese es el día en que diré bueno pues me jubilo ya.
¿Cuál es el futuro laboral de Miguel Ángel Lamata?
Producir y dirigir la película ‘El árbol y el ruiseñor’, estamos produciendo aquí (Zaragoza) con Raúl García Medrano, que es una historia de amor en clave de cine de terror, después me espera ‘Los futbolísimos 2’, hay un proyecto de una película musical que tiene muy buena pinta y estamos trabajando para que ‘Mujeres que compran flores’, la adaptación al cine del best seller de Vanesa Montfort, se haga en 2025.
¿Empiezas a rodar próximamente alguna de ellas?
Sí, el año que viene, en el primer trimestre del 2024, atacaremos ‘El árbol y el ruiseñor’.
Cinéfilo, profesor, escritor, presentador, director junto a David Trueba del documental ‘La silla de Fernando’, incluso extra en películas y cortometrajes, la carrera de Luis Alegre Saz quedó marcada desde su infancia por su padre, que le transmitió su pasión por la cultura y el cine, y su madre, de quien heredó su amor por las personas y la enseñanza.
Nacido en Lechago (Teruel, 1962), estudió empresariales, aunque siempre ha estado vinculado al séptimo arte. A los ocho años se enamoró por primera vez viendo una película, ‘Del rosa… al amarillo’, y a los once ya dirigía un cineclub y escribía reseñas de películas. Dice del cine, ese arte que nos hace soñar y vivir en otros mundos, que también le ha hecho mejor persona. Conocemos a Luis Alegre en este nuevo Secuenciando a.
¿Cómo surge tu idilio con el mundo del cine?
El origen de mi idilio con el mundo del cine está clarísimo porque tuve la suerte de que mi padre, que era un campesino de Lechago, de un pueblecito del Teruel profundo, tenía una enorme sensibilidad hacia la cultura, la literatura, el periodismo, el cine, y él me contagió todas sus pasiones. Recuerdo irme con él al huerto de la mano, recitándome poemas de Machado, hablándome de películas de Alfred Hitchcock, de Ingrid Bergman, de Buñuel, al que él había conocido en Francia porque iba de vez en cuando allí a trabajar a la vendimia. Allí nació, sin lugar a dudas, y desde muy pequeño, mi fascinación por el mundo del cine.
¿Qué te atraía especialmente de ese mundo?
Voy a decir un tópico, pero es que es verdad, el cine te permitía soñar, volar a otros mundos, y eso es una experiencia muy fascinante. Y te permitía enamorarte. La primera vez que me enamoré fue viendo una película, con 8 años, ‘Del rosa… al amarillo’, en la que me enamoré completamente de la niña protagonista. Y algo que es capaz de provocar esos sentimientos y esas sensaciones tan poderosas, inevitablemente te engancha y, de alguna manera, me convertí en un adicto a algo que me provocaba tanta emoción y sensaciones tan agradables e insólitas, tanta felicidad. Luego, con el paso del tiempo, además, es un arte que sirve también para abrirte los ojos a determinadas realidades colectivas, individuales, te enseña muchísimas cosas sobre ti mismo, sobre la condición humana, y por eso el cine es para mí algo tan hipnótico y tan grande, porque de alguna manera te vuelve mejor persona.
A pesar de esa temprana fascinación por el cine, luego estudiaste empresariales
Sí, mi padre también ahí fue fundamental. Con 18 años, las circunstancias económicas de mi familia no me permitían irme a estudiar cine o periodismo a Madrid o Barcelona. Mi padre me dijo: “hijo mío, tu puedes seguir amando el cine, puedes seguir escribiendo, puedes seguir haciendo todo sin necesidad de estudiar, y te recomiendo que estudies economía porque te va a ayudar a entender mejor el mundo, además se te dan muy bien las matemáticas y eso te puede facilitar el estudio”.
Le hice caso y, por otro lado, es que yo tenía desde niño otra vocación, relacionada con la enseñanza. Mi padre era cultísimo, pero completamente autodidacta, y mi madre dejó de estudiar a los once años porque estalló la Guerra Civil y dejó de ir a la escuela, pero en nuestra casa siempre se respiró un amor muy grande por la enseñanza. En nuestra casa de Lechago se alojaban las maestras que iban al pueblo y mi madre entabló una amistad especial con una de ellas, con Doña Elvirín, que nos marcó a todos. Crecí respirando amor por la enseñanza y con once o doce años ya daba clases particulares a mis compañeros y a chicos más jóvenes.
Al estudiar empresariales, más que para trabajar en una empresa, lo que me apetecía y conseguí era convertirme en profesor de universidad alrededor de las materias que estudié. Y mi padre tenía razón, porque he logrado combinar eso con mi dedicación al periodismo cultural y cinematográfico, mi activismo cultural, y mi dedicación también a hacer un documental como ‘La silla de Fernando’. En ese sentido, estoy muy satisfecho, vete a saber qué hubiera sido mi vida si aquí hubiera habido una escuela de cine o de periodismo y hubiera elegido una de las dos; nunca se sabe, igual hubiera sido menos feliz.
Te hemos visto haciendo de extra en películas, cortometrajes, también detrás de la cámara en el documental ‘La silla de Fernando’, ¿en algún momento pensaste en dedicarte de manera más exclusiva al mundo del cine, delante o detrás de las cámaras?
No, he dedicado más tiempo al cine del que yo pensaba que iba a poder dedicar y me siento afortunado por eso, porque en la universidad he dado clases durante muchísimos años, pero con un contrato de dedicación parcial, que me permitía tener margen para dedicarlo a mis actividades relacionadas con la cultura, el cine y el periodismo.
Has presentado tertulias, moderado debates, impulsado actividades culturales. ¿Hay alguna que recuerdes con más cariño o por la complejidad que supuso ponerla en marcha o desarrollarla?
Con once años empecé a dirigir un cineclub, en el colegio donde estudiaba, porque el tutor que teníamos se daba cuenta de que yo estaba hablando todo el rato de películas, de actores, de directores, y me propuso dirigir el cineclub, moderar los cinefórums después de las proyecciones, escribir reseñas de las películas, y lo pienso y digo: «pues tantos años después sigo haciendo un poco lo mismo» (ríe), y eso también me parece bonito. He hecho y hago muchísimas cosas, y al ciclo de La Buena Estrella, que dirijo en la Universidad de Zaragoza y que nació en 1996, que ha cumplido 27 años, le tengo mucho cariño porque me ha dado muchas alegrías y me ha permitido conocer y cultivar la amistad de gente a la que admiro y que, en muchas ocasiones, se han convertido en amigos.
Pero también los festivales de cine, como el de Tudela, que dirijo, me dan muchas satisfacciones; otros en los que colaboro, Málaga, La Almunia, Jaén, Almería, Huesca, Zaragoza en ciertas etapas. Porque otra de mis pasiones, también contagiada en mi casa, por mi madre, es mi gusto y mi amor por la gente, y los festivales y ciclos de coloquios me han permitido conocer y tratar y cultivar la amistad de mucha gente relacionada con el cine, y lo seguiré haciendo hasta que el cuerpo resista.
Otra actividad que me ha permitido disfrutar del cine más allá de ver las películas es el periodismo. Desde que empecé a escribir con once años, en los 80 en la universidad, luego lo hice en Andalán, en Heraldo de Aragón, en Radio Zaragoza Cadena SER, en multitud de radios y revistas, y eso también me ha permitido conocer la trastienda del mundo del cine y de sus protagonistas y me ha provocado muchas alegrías, satisfacciones y me ha enriquecido, me ha convertido en una persona mejor.
«Berlanga, Azcona y Fernán Gómez son para mí la Santísima Trinidad»
Conoces a muchísima profesionales del cine precisamente por estas actividades, ¿hay alguno que sorprendería al público si lo conociera en persona porque no se esperaría como es?
Es una pregunta compleja, porque no se qué imagen tiene para la inmensa mayoría del público Javier Bardem, por ejemplo, pero es un ser completamente cálido, entrañable, adorable, uno de mis grandes amigos y un tipo de lo más cariñoso y generoso, y a veces tengo la sensación de que la gente percibe de él una imagen que no se corresponde con esa realidad que yo vivo con él desde hace 32 años que lo conozco; por poner un caso muy señalado.
¿Qué género cinematográfico te apasiona?
Soy de gustos muy versátiles, porque lo que me gustan son las películas que me conmuevan, que me diviertan, que me exciten intelectualmente, que me hagan pensar que la vida merece la pena porque exista esa película que me ha despertado una sensibilidad, porque me ha despertado emociones sublimes o maravillosas o simplemente porque me ha entretenido, me ha hecho reír, me ha ayudado a comprender la condición humana, a ser más empático, más solidario, más sabio, cualquier película que consiga alguno de esos objetivos, aunque sea pequeño, me gusta. Entre mis películas favoritas hay muchos géneros, me gustan mucho las comedias románticas, las tragicomedias de Berlanga y Azcona, me gusta muchísimo el cine negro, el melodrama romántico, el cine cómico de Buster Keaton y Charles Chaplin, ‘El apartamento’ que es una tragicomedia, pero que en el fondo no tiene género. Me gustan también bastantes películas del oeste, westerns, John Ford. Y me gusta mucho Woody Allen o de los españoles, Berlanga, Azcona y Fernán Gómez son para mí la Santísima Trinidad.
Las plataformas han llegado para quedarse, ¿le han hecho un flaco favor al cine o están ayudando?
Las plataformas tienen, como todo en la vida, sus luces y sus sombras, pero compensan las luces con diferencia. En primer lugar, han revitalizado la industria, se hacen más películas y más series que nunca y eso significa que la industria es más potente y más rica que antes, y que los profesionales tienen más trabajo.
Las plataformas han aumentado la oferta de una manera abrumadora para los espectadores. Claro que tienen inconvenientes en el sentido de que esos espectadores que se quedan enganchados a las plataformas pues van al cine con menos frecuencia y eso también condiciona el tipo de cine mayoritario que se hace o que merece la pena hacerse desde un punto de vista económico. Y hay un tipo de cine que parece bastante condenado a la marginalidad en las salas, aunque internet también propicia nuevos circuitos para que esas películas se acaben viendo.
Es un asunto muy completo para resumir, pero diría que las plataformas han revitalizado la industria audiovisual, y desde ese punto de vista me parecen muy interesantes, que han aumentado la oferta de productos audiovisuales, películas, documentales, series, y eso creo que es muy bueno, que el espectador tiene más entre donde elegir, pero que al mismo tiempo han supuesto un golpe para las salas de cine tradicionales, que se ven obligadas a adaptarse a los nuevos tiempos y que también condena a la marginalidad, en esas salas de cine, a un cine más minoritario. En cualquier caso, creo que están revolucionando el mundo audiovisual y debemos adaptarnos a esa situación y tratar de potenciar sus luces y que las sombras no sean capaces de arruinar una cultura cinéfila que, a veces, parece que está condenada a la marginalidad,
«El audiovisual aragonés vive un momento completamente excepcional, muyalentador y muy brillante»
No, yo es que tengo tantas cosas en la cabeza, tantas cosas que hacer y tantas tareas, que veo las series con cuentagotas. Soy cinéfilo, pero no soy seriéfilo, pero de vez en cuando si hay una gran serie, como ‘The wire’ o ‘Los Soprano’, en series se pueden hacer también obras maestras, y las obras maestras no suelo perdérmelas. Pero también me pierdo, porque como hay tantas, a veces eso me produce una cierta ansiedad, saber que hay cosas que no me puedo perder y que me pierdo por fata de tiempo y por excesiva oferta. Esa es una pega que le veo a las plataformas, que me produce esa ansiedad, pero he de aprender a vivir con ella, a relajarme y saber que no puedes ver todo, ni siquiera lo mejor.
Películas que todo el mundo debería ver
He nombrado películas que son debilidad mía, pero yo diría que en el cine español hay cinco películas que yo recomendaría de una manera muy entusiasta que son ‘Viridiana’, de Luis Buñuel; ‘Plácido’ y ‘El verdugo’, de Luis García Berlanga; ‘El extraño viaje’, de Fernando Fernán Gómez; y ‘La caza’, de Carlos Saura. Por diferentes razones, me parecen películas fundamentales y que forman parte, además, de la edad de oro del cine español, que va de finales de los años 50 hasta mediados de los años 60. Ahí se provocó una coincidencia de los mejores, en su mejor momento, con Berlanga, Azcona, Fernán Gómez, Carlos Saura, que dieron origen a esas maravillas de películas.
En cine internacional es que hay cientos de películas que adoro, ‘El apartamento’, de Billy Wilder; ‘Luces de la ciudad’, de Charles Chaplin; ‘El maquinista de la general’, de Buster Keaton; o ‘Carta a una desconocida’, de Max Ophüls ‘Retorno al pasado’, de Jaques Tourneur; ‘El hombre que mató a Liberty Valance’, de John Ford, de los clásicos. Pero en los últimos cuarenta años hay películas de Woody Allen, de Tim Burton, de David Lynch, de Paul Thomas Anderson, que me encantan.
¿Cómo ves el panorama audiovisual aragonés?
Está viviendo un momento completamente excepcional, como nunca lo ha vivido en su historia. Aragón ha dado a ilustres como Segundo de Chomón, Florián Rey, Luis Buñuel, Saura, Forqué, y en los años 60 y 70 muchos de ellos coincidieron haciendo cine y fue muy brillante, porque también estaba Antón García Abril como músico, Paco Martínez Soria como uno de los actores más populares de España. Pero si nos ceñimos al siglo XXI, el momento que estamos viviendo ahora, desde hace unos años, es muy alentador, muy brillante, con talentos desde que Miguel Ángel Lamata en 2004 estrenó ‘Una de zombis’, hasta ‘La maternal’, de Pilar Palomero, y el documental sobre Labordeta, de Gaizka Urresti y Paula Labordeta. Ha habido una acumulación de gente nacida en Aragón, algunos de ellos siguen trabajando en Aragón, profesionales de todo tipo, directores, intérpretes, técnicos, que me parecen de primera categoría y esto solo es el comienzo, nos van a seguir dando muchas alegrías en los próximos años y solo podemos felicitarnos y tratar de incentivar y de alentar ese periodo de esplendor.
¿Cómo puede hacerse?
Ofreciendo infraestructuras y apoyos. Infraestructuras como platós, estudios, también educación, potenciar la formación audiovisual, ayudas del Gobierno de Aragón a través de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión, las Film Commission que también hacen una labor extraordinaria. Una combinación de estímulos públicos, privados, de infraestructura, de formación, potenciar el territorio como tierra de rodajes, que es algo que se está haciendo, Aragón es una tierra privilegiada para acoger rodajes de todo tipo porque tiene escenarios de todo tipo.
«Estoy escribiendo un libro sobre el director de cine Antonio del Amo. Su vida es como un espejo del cine español y de la España de su tiempo, desde la Guerra Civil a la Transición«
¿Qué es el cine para Luis Alegre?
Es un arte y una fábrica de emociones provocadas de una manera completamente original, a través de la imagen y del sonido, y que me ha dado algunas de las mayores satisfacciones de mi vida y me ha hecho mejor persona.
Se bromea muchas veces con la cantidad de amigos que tienes en el mundo del cine, pero ¿cuántos amigos tienes, los has contado alguna vez?
No, ¡ni pienso! (ríe) Pero cuando hablo de las satisfacciones del mundo del cine incluyo también la cantidad de gente a la que he conocido gracias al mundo del cine
¿En qué trabajo podremos encontrarte próximamente?
Ahora estoy escribiendo un libro sobre un director de cine muy desconocido, español, que se llama Antonio del Amo, que empezó a hacer cine nada más estallar la Guerra Civil, empezó a hacer documentales al servicio del bando republicano y su última película la estrenó el año que murió Franco. Su carrera coincide casi exactamente con el franquismo y tiene una vida de lo más apasionante. Es el abuelo de Rodrigo Sorogoyen, aunque apenas tuvo relación con él porque murió cuando Rodrigo tenía nueve años, lo conoció muy poco, pero su vida es muy apasionante porque en ella se cuela la España de la Guerra Civil, de la posguerra, de la dictadura, de la transición y es como un espejo del cine español y de la España de su tiempo, con detalles extraordinarios. Tardaré un par de años en publicarlo, porque ahora estoy en proceso de investigación.