Nos vamos de viaje, en este caso por el tiempo y el espacio, para cruzar al otro lado del Atlántico. Allí encontraremos algunos de los más bellos cielos españoles, techumbres de gran valor artístico, adquiridos en las primeras décadas del siglo XX por magnates americanos. Entre ellos, William Randolph Hearts, el magnate de la prensa en quien Orson Welles inspiró su ‘Ciudadano Kane’, y que llegó a tener 83 techos españoles.  

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En esta aventura más allá de Fraga se embarcaron hace dos años y medio los aragoneses Isabel Soria y José Manuel Herraiz, directores del documental ‘Los cielos españoles’, presentado recientemente en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza y que se emitirá próximamente en La 2 de TVE.

Este proyecto audiovisual, que cuenta con un equipo cien por cien aragonés, narra “la rapiña del patrimonio español a principios del siglo XX, hasta 1930 aproximadamente, por parte de una serie de personas que se dedicaban a extraerlo de sus lugares de origen, ya fuera comprándolo o robándolo directamente, y lo vendían”, explica a Secuenciadas la directora Isabel Soria.      

Muchas de esas piezas salieron al mercado internacional y acabaron en manos de los “tíos Gilito” de la época en Estados Unidos, una nación emergente en una época en la que España estaba en la más profunda de las miserias. El documental se centra, precisamente, en los artesonados de origen mudéjar expoliados, los techos de iglesias, palacios y casas particulares que abandonaron sus lugares de origen para acabar engrosando las grandes colecciones de magnates americanos.

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El salón oriental del Castillo Villandry del Loira (Francia). Esta cúpula artesonada proviene del palacio de los duques de Maqueda, construido en el s. XV en Toledo.

La idea de este trabajo surge después de que la historiadora del arte, documentalista, guionista y escritora Isabel Soria, asistiera a un congreso en el que se debatía sobre el expolio de obras de arte. “empecé a investigar, a estudiar el tema y ver qué había pasado porque me resultaba curioso”, afirma, al resaltar que consultando libros se le encendió “la bombilla” y pensó en llamar a su amigo José Manuel Herraiz, productor, realizador, guionista y editor, quien lidera la productora Albella Audiovisual. “A él le interesó y le conquistó sobre todo el título del documental: los cielos españoles”, rememora Soria. 

De hecho, Herraiz recuerda que el documental surgió con una temática más amplia. “Pensamos en hacerlo sobre el patrimonio español emigrado a principios del siglo XX, pero nos dimos cuenta de que era un tema demasiado amplio y casi inabarcable, por lo que nos pareció mejor idea concentrarnos en los techos españoles”, en esos cielos que son obras de arte “no demasiado conocidas, originales, muy bonitas y muy españolas, porque son una mezcla de culturas muy peculiar, única en el mundo”. Menos mal que centrastéis más la idea, porque no queremos pensar la “jartá” de trabajo que hubierais tenido para investigar todas las obras de arte que han salido del país.

BYNE Y HEARST 

De este modo, el documental contextualiza el momento en que se produce esa salida masiva de patrimonio español, las tres décadas entre 1900 y 1930, y centra su atención en uno de los principales causantes de esa marcha: Arthur Byne. “Era un personaje un poco oscuro, con contactos con las grandes instancias españolas, era arquitecto y anticuario y fue un personaje muy controvertido”, detalla Soria.  

Arthur Byne comenzó a colaborar con la Hispanic Society de Nueva York, un museo público y gratuito para el estudio del arte y la cultura de España y Latinoamérica que aún existe. Byne estudiaba trabajos sobre el arte español, pero llegó un momento en el que “cambió el chip” y de ser investigador pasó a ser anticuario, al detectar que la venta de antigüedades podía ser “un negocio tremendamente lucrativo”. ¡Míralo qué espabilado el señor Arturo!

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Una de las localizaciones que salen en el documental. Nueva York, la ciudad soñada de cualquier realizador que se precie.

A principios del siglo XX “en España todo estaba en venta, no había ningún tipo de cobertura legal y la gente no estaba pensando en salvaguardar según que cosas”, sino que estaba preocupada por sobrevivir. Aún así, hubo algunos objetos y lugares que se salvaron del expolio gracias a la acción ciudadana, subraya Soria. 

El señor Byne, que con ese nombre nos recuerda al malo de la segunda peli del Caballero Oscuro, tenía contactos con William Randolph Hearst, el magnate de la prensa que debía de tener un síndrome de Diógenes muy fuerte con la compra de arte. “Era el mayor coleccionista que ha habido en todos los tiempos, un coleccionista compulsivo, lo compraba todo, hasta tal punto que se rumoreaba que llegó a adquirir el veinte por ciento del arte que salía de Europa”, señala la historiadora del arte. 

¿DÓNDE LOS METES?

Así, llegó a tener 83 techumbres, “que es un número desorbitado si tenemos en cuenta el tamaño de las piezas de madera, que podían medir treinta metros de largo y pesar toneladas”, advierte Herraiz. Los cielos que adquirió nuestro Ciudadano Kane tuvieron distintos finales, no todos ellos felices. 

Algunos quedaron abandonados en almacenes, porque este buen hombre compraba tan a lo loco “que no sabía ni lo que tenía”, apunta el director. De hecho, la leyenda dice que todavía hay artesonados españoles en oscuros almacenes de Nueva York, todavía sin desembalar. De película de terror, vamos. 

Otros corrieron más suerte y acabaron instalados en sus mansiones, sobre todo en su casa de California, en Hearst Castle. En su residencia en San Simeón, en California, dormía cada noche bajo el «cielo estrellado» de un techo mudéjar turolense, mientras que su sala de billar estaba cubierta por la armadura de un palacio de Barbastro.

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Techo mudéjar turolense colocado en la residencia San Simeón de William Randolph Hearst en California.

Un tercer lote de techos fueron subastados en los años 50 y 60, cuando Hearst se arruinó y tuvo que vender parte de su colección. Si ya lo decía mi profesor de Lengua y Literatura: “no te metas a periodista que no saldrás de pobre”. Y Hearst hizo el viaje de ida y de vuelta. 

MÉXICO LINDO Y ARTESONADO

Algunos de los techos que fueron subastados acabaron en otras partes de Estados Unidos, en Francia o, cinco de ellos, en Monterrey (México) en manos del coleccionista Mauricio Fernández Garza, ya en el siglo XX.

Mauricio Fernández Garza, un empresario que ha sido varias veces alcalde del municipio de San Pedro Garza García (Monterrey, México) observa el artesonado procedente de Tarazona (Zaragoza)

Este amante del arte mudéjar se ha involucrado tanto en el documental que sorprende su viaje a España para conocer la historia y el origen de «los cielos españoles» que coronan su casa. Nos llaman la atención dos, un artesonado de Almagro (Ciudad Real) y otro de nuestra Tarazona (Zaragoza).

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Techo procedente de Almagro del s. XVI colocado en «La Milarca» casa de Mauricio Fernández Garza en San Pedro Garza García (Monterrey, México)

UNA AVENTURA 

El viaje itinerante de estos cielos españoles ha llevado a la cámara de Soria y Herraiz a rodar en España, Aragón, Castilla, Ávila, Toledo, Burgos, pero también al extranjero ya que han viajado a Nueva York, California, a la mansión Hearst; a México, a la casa de Mauricio Fernández Garza cerca de Monterrey y a Francia. “Ha sido una aventura muy viajera y eso se luce en el documental y para un narrador es una oportunidad para hacer la obra más entretenida y más variada”, sostiene nuestro camera-man. 

En su opinión, un viaje a EEUU “es siempre una aventura” y, en este caso, les permitió conocer dos extremos del país: la cosmopolita Nueva York y la California profunda, de moteles de carretera, pero también del Hearst Castle. Allí dejaron el pabellón aragonés bien alto cantando en karaokes con rockeros y personajes “muy frikis”, antes de acercarse a México y sus contrastes entre el país popular y las zonas elitistas, donde reside “gente con muchísimo dinero”. “Creo que rodamos en el suburbio más rico de Hispanoamérica en renta per cápita, está lleno de millonarios”, observa Herraiz.

A Isabel Soria este trabajo le ha permitido recordar lo mucho que le gusta el arte mudéjar, pero también descubrir que existe “una cantidad ingente del mismo en Castilla”. Pero no se ha ido tan lejos para elegir su cielo favorito: la techumbre de la Catedral de Teruel. “Sigue in situ y es una de mis obras de arte favoritas”, reconoce. 

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Techo de la Catedral de Teruel donde aparece reflejado el oficio de carpintero de lo blanco. Carpintería de lo blanco: término utilizado para referirse a la construcción de techumbres de madera y armaduras para las cubiertas del arte mudéjar.

UNA PAREJA PROFESIONAL BIEN AVENIDA

Isabel Soria y José Manuel Herraiz se conocen desde hace muchos años, “desde los tiempos de los primeros cortometrajes que se hicieron aquí en Aragón”, han mantenido el contacto y los festivales y eventos han permitido que se vean con frecuencia. “Fue ella la que me propuso trabajar juntos en esta idea del patrimonio español que me pareció interesante y el título me cautivó”, relata José Manuel. El proyecto “ha sido fecundísimo en historias y estoy muy contento de haber trabajado con ella y seguimos trabajando con más proyectos de futuro que pronto veréis en Secuenciadas”.  

De hecho, ya realizaron juntos un cortometraje documental, ‘La chica de la orquesta’, sobre la primera mujer batería de España, que reside en un municipio de la provincia de Zaragoza, “y tenemos más proyectos, como un documental largo de temática sobre patrimonio que ya está en marcha y es prometedor”, considera Herraiz. Este trabajo lleva por nombre ‘Los muros vacíos’ y estamos seguras de que también dará mucho de qué hablar. 

Juntos han demostrado ser un buen equipo. “Tenemos los mismos gustos, una misma intuición estética, una intelectualidad semejante, un interés por la cultura, por el arte, que eso viene a sumar”, manifiesta Isabel Soria. A nosotras vuestros proyectos audiovisuales nos encantan, así que ¡adelante!. Queremos más sorpresas en el futuro. 

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Isabel Soria y José Manuel Herraiz felices durante la presentación y posterior proyección de «Los cielos españoles» en Zaragoza en el Museo Pablo Serrano.

El documental ‘Los cielos españoles’ se presentó en Zaragoza porque era “bonito y justo” que los aragoneses fueran los primeros en conocer un trabajo que ha contado con el respaldo de instituciones aragonesas. Se trata de una coproducción de Albella Audiovisual con TVE, con la participación de Aragón TV y el apoyo del Gobierno de Aragón. Ahora iniciará un largo recorrido por nuestras pequeñas pantallas y en mercados internacionales, así que nuestros cielos seguirán llegando a otras partes del mundo.