«Actuar es el oficio más bello, ser otras sin dejar de ser tú»

«Actuar es el oficio más bello, ser otras sin dejar de ser tú»

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Divertida, inteligente, fuerte, generosa, emotiva, paciente y libre. Estos, y otros muchos rasgos, transmite Luisa Gavasa a quien tiene la fortuna de pasar un rato junto a ella para conocer su historia y su trayectoria. Multipremiada, y bien merecidamente, lleva a Aragón y a su Zaragoza natal en el alma y expresa su amor hacia esta tierra siempre que puede. 

Aunque estudió filología, siempre quiso ser actriz y desde muy joven comenzó a trabajar de manera profesional en un oficio que considera a veces “duro y cruel”, pero que es para ella el trabajo “más bello”, ya que le permite ser otras, sin dejar de ser ella misma. 

Reivindica Aragón como tierra de cine y se felicita de que cada vez más mujeres lleven una cámara al hombro y pasen a realizar largos, cortos, series y documentales. “Ya era hora de que nos tomaran en serio”, recalca.

Vamos con el ‘Secuenciando a… Luisa Gavasa’

Luisa, has recibido este año el Simón de Honor de la Academia del Cine Aragonés, ¿qué sientes al recibir este premio de tus compañeros?

Aunque parezca una redundancia, siento honor, que es una palabra muy bonita porque se usa poco, el honor, así que estoy muy agradecida. No es el primero que tengo, tengo dos, por actriz por las películas de Paula Ortiz, ‘De tu ventana a la mía’ y ‘La novia’, y siempre estoy recibiendo premios de mi ciudad y este es muy importante porque es el premio de la Academia aragonesa y es un honor. 

No es el primer premio que recibes de la ACA ni la primera vez que te sientes reconocida en tu ciudad, también has sido pregonera y has podido sentir en otros momentos plenamente el cariño de los tuyos 

Sí, yo creo que no hay una actriz aragonesa, y lo digo no desde la vanidad, sino desde la certeza, con más premios en Aragón, me han dado premios en todos los festivales de Aragón y yo creo que de las tres provincias, soy Hija Predilecta, que es otro honor, he sido pregonera y también he dado las campanadas, que ahora pienso que para darle la bienvenida a un año tan tremendo si lo se me quedo en mi casa, pero bueno en ese momento no podía prever la que se nos venía encima. Soy profeta en mi tierra, pero es verdad que ya no son los reconocimientos oficiales, que está muy bien, lo que me gusta es la calle y se cómo me tratan, cómo me quieren y cómo me regalan y me abrazan y eso no hay premio que lo equipare. 

¿Cómo fue tu infancia y tu vida en Zaragoza?

La Luisa de la infancia era una niña profundamente feliz, vinculadísima a mi único hermano, vivíamos en una casa en el paseo de Echegaray, en una casa con entrada de carruajes, enorme, con un patio dentro donde jugábamos. Mi abuelo tenía un conserje que tenía un nieto y estábamos Joaquinito, mi hermano y yo, los tres que éramos como la pandilla. He sido una niña muy feliz, muy querida y muy deseada; primera hija, primera nieta, primera sobrina, en un entorno socioeconómico bueno, con lo cual afortunadamente no se lo que es privarme de no poder acceder a algo o no poder estudiar lo que quería.

La vida ha sido generosísima conmigo desde el minuto cero, desde que me da un lugar de nacimiento en el que hay una librería y una biblioteca donde puedo acceder a todo, nadie me dice este libro no se lee o tienes que hacer esto. Tuve un padre que venía de la República y que me enseñó a amar la paz y la justicia por encima de todas las cosas, una madre universitaria, culta y deportista que me enseñó a ser libre y a que una mujer era libre cuando se mantenía por ella misma, que me habló de amor y de sexo, de cuando un hijo se quiere tener y cuando no se quiere tener.

Todo ha sido una consecución, más la suerte añadida de vivir con unos abuelos, como mi hermano y yo éramos chico y chica, para mi abuela y mi madre mi hermano era el favorito y para mi padre y mi abuelo yo era el ojito derecho. Era una casa muy abierta, mis padres era gente que le gustaba que los amigos vinieran, en mi casa nunca se ha hecho distinción ni por sexualidad, ni por color, ni por nada. Todo el mundo era recibido y esos valores te marcan para toda la vida, te dan una seguridad y cuando dije que quería ser actriz y que la filología ahí la dejaba, ellos me dijeron que ahí estaban para apoyarme. Cuando tienes todo eso vas muy segura por la vida, yo lo he ido siempre, incluso en los momentos difíciles de no tener trabajo o de no tener dinero, que también me ha pasado, pero he ido siempre con esa seguridad de haber tenido esos padres-roca, siempre les doy las gracias

¿Hasta qué edad viviste en Zaragoza y dónde fuiste luego?

Hasta los 23, me fui a Barcelona porque me salió trabajo como actriz profesional por primera vez en mi vida. Yo venía de la mano de Mariano Cariñena, que siempre lo nombraré porque me abrió la mano para el teatro, un ser maravilloso, que solamente los que hemos trabajado con él sabemos el honor de haberle conocido. Me fui a Barcelona a hacer teatro universitario, aprendí catalán, que es un idioma hermosísimo, y de ahí me fui a Madrid llorando porque yo no quería dejar el mar, pero tenía que ir a Castilla, aunque quería quedarme en esa Barcelona de los 70, que era Europa, mientras Madrid era un pueblo y Zaragoza entonces ya ni te digo, era provincia, la Academia General Militar y el Pilar, era entonces una ciudad muy reducida, con todos mis respetos a ambas cosas. 

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¿Estudiaste Filología? 

La filología viene por mi amor a las letras, a las palabras y a los libros. De hecho, yo hubiera estudiado literatura pura, pero en ese momento mi hermano se iba a estudiar económicas a Valencia y podría haber preguntado, pero pensé que sería demasiado para mis padres los dos hijos que se van de golpe, y me quedé en Zaragoza. Trabajaba en radio, hacia teatro, y estudié filología inglesa, aunque empecé con hispánicas, pero era muy árida, y pasé a inglés. Solo doce acabamos la promoción y en el 74, que fue cuando terminé, me fui a vivir a Barcelona dos años, en el 76 ya estaba en Madrid

Además, me matriculé en primero de Periodismo, pero en ese intervalo me fui a Barcelona, conocí a Ricard Salvat y a su familia, me ofreció trabajo como profesora de teatro y lo dejé. En todas partes pone que he estudiado periodismo y no es cierto; también se dice que fui a estudiar a Nueva York y tampoco es cierto, allí he ido de turista. 

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?, ¿cómo empieza tu carrera?

Por la puerta grande, siempre he tenido mucha suerte. Con Miguel Narros en el Teatro María Guerrero, un montaje precioso, después Marsillach con ‘Las arrecogías’, de ahí viene mi amistad con María Luisa Ponte, con Pilar Bardem, somos amigas desde entonces. Era entrar en un mundo que seguro que desconocen los chicos ahora de veinte años que se creen muy actores porque salen en una serie de éxito, que encuentras cada tontería por ahí, pero la vida se encarga de espabilarnos a todos. Concha Velasco era la protagonista y ahora cuando nos encontramos le digo “Conchita” y ella me dice “ay cariño, eres de las pocas que me llaman Conchita”, pero yo la conocí así con 26 años. Hacíamos doce funciones por semana, allí conocí también a Carmen Linares, que entonces era una chica que cantaba. 

Marsillach hizo un montaje espectacular y yo salía todos los días tarde y noche a ver a María Luisa Ponte. ‘Las arrecogías’ era un beaterio donde estaban metidas prostitutas, políticas, monjas, y María Luisa Ponte hacía de una puta que se llamaba ‘Chirrina la de la cuesta’ y Marsillach había hecho una escenografía maravillosa, había un pilón y ahí estaban las presas y María Luisa y de pronto sonaba un tiro y se hacía un silencio y María Luisa pasaba de la comedia al drama en un plis plas y en todo un teatro lleno que estaba a carcajada se hacía un silencio y yo pensaba que tenía que aprender a hacer eso. Ella me preguntaba que qué hacía y yo le decía que aprender, porque así se aprende. De ahí nació una amistad que duró hasta que se murió. 

Te hemos visto en muy distintos papeles, en todos los géneros, teatro, televisión y cine, ¿te sientes especialmente cómoda en algún género o formato?, ¿qué te aporta cada uno? 

Es un tema de personaje, si el personaje es bueno me da igual que sea en televisión que en cine. Teatro ahora hago menos porque me están llamando más para audiovisual, pero yo creo que la clave es el personaje, a veces hay un secundario que tiene muchísimo más peso que un protagonista, que tiene más carne, que te deja huella. Yo tengo un armario donde hay ciertos personajes puestos. 

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Háblanos de algunos de esos personajes

Siempre sale la madre de ‘La novia’, es el personaje más duro de mi vida, el más difícil el rodaje, en el que más puse y el que más me ha dado; pero hay más. La Loreto de ‘Amar en tiempos revueltos’; la dama del mar de Ibsen; el teatro con Mariano Cariñena, en el que había una obra en la que tenía que salir a cantar con La Bullonera, pero ellos tenían exámenes y no vinieron, lo grabaron en un casete y como entonces era una inconsciente de 22 años, ahora no lo haría ni loca, plantada en medio del escenario cantaba a pelo con la música que salía del hilo musical. 

Cuando uno elige una profesión, cuando eres muy jovencito no eres consciente de que es tu vida o va a ser tu vida, creo que elegir lo que tu amas por encima de todo, aunque te arriesgues porque este oficio es duro, es cruel y no siempre sale bien, pero al menos hay que intentarlo, porque para mi es el oficio más bello, ser otras sin dejar de ser tú. Yo he sido reina, puta, loca, monja, buena, mala, asesina, qué suerte que encima me pagan, me aplauden, me paran y me piden autógrafos. Es muy gratificante. 

Mencionas el personaje de la madre en ‘La novia’ con el que ganaste un Goya…

Un Goya, un Feroz, el premio de la Unión de Actores, dos Simones… Me lo dijo Luis Alegre, que yo no lo sabía, que era la primera actriz española que se había llevado los cuarto premios de cine en la misma temporada. 

¿Qué supuso ese año para ti?

Que el mundo del cine me abría la puerta y eso se lo debo a Paula Ortiz. Yo era una actriz que trabajaba, pero la puerta grande me la abre Paula con ‘La novia’ y de ahí paso a trabajar con Medem, con Garci, con Fesser, con Villaronga que ya habíamos trabajado. 

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¿Hay algún rodaje que recuerdes especialmente? 

Por risas ‘Miau’ porque con Manuel Manquiña, Álvaro de Luna y José Luis Gil me lo pasé… bueno, bueno… Era la única chica, me llevaban en palmitas y nos lo pasábamos los cuatro… Y Manquiña está como las maracas, es uno de los seres más maravillosos que yo me he encontrado. 

En ese rodaje me lo pasé muy bien y el que peor lo he pasado en mi vida fue ‘La novia’ porque se nos iba todo: tenía que llover, hacía calor; tenía que hacer calor, llovía; tenía que llover, hacía un aire de la leche; se cortó el rodaje en mitad de la película; se mató Alex Angulo; tuve una secuencia tremenda, que era ver a mi hijo muerto y como hubo que cortar el rodaje una parte estoy con el hijo muerto y en la otra estoy mirando una piedra y volver a retomar una situación emocional tan alta, después de un mes, con una piedra… ¡Cómo no me van a dar un Goya! Me lo gané (ríe).

Cuando Paula me mandó el guión me pidió que no lo leyera hasta que ella me dijera y yo lo tenía en la mesilla y me preguntaba ¿y no lo leíste?, y no, yo soy muy disciplinada y Paula me dijo que no leyera y ahí estaba hasta el día que me dijo que empezara a memorizar y así lo hice, memorizaba todo menos el final, cuando llega la novia con mi hijo, que era como si me pasaran una goma de borrar, no podía y pasando el texto me puse a llorar como una loca y decía “¡mi hijo, mi hijo!”. Me di cuenta de que ese personaje me sacaba el temor atávico que tenemos todas las madres sobre nuestros hijos, no hay nada más horroroso para una madre que la muerte de su hijo y cuando me di cuenta me pude aprender el texto. Fue asumir que lo que me producía el espanto de que a mi hijo Pablo le pasara algo y a partir de ahí pude aprenderme el texto. 

¿Qué esperabas de este segundo trabajo de Paula? 

Ya sabía que iba a hacer la madre, pero esperaba conseguir un sueño, porque Lorca es universal y la madre, es la madre, estamos hablando de literatura universal, de un arquetipo que todo el mundo se ha hecho una idea; todos teníamos mucho miedo, un sentimiento de responsabilidad y al mismo tiempo un concepto de equipo de sacar el trabajo hacia adelante y se sacó contra viento y marea. Nos dejamos la piel todos, la primera Paula, fue un rodaje duro; también nos reímos mucho; fue el último rodaje de mi queridísimo amigo Carlos Álvarez Novoa, que no pudo ni ver la película. Me ha pasado con dos, con Álvaro de Luna que no pudo ver ‘Miau’ y con Carlos Álvarez Novoa que no pudo ver ‘La novia’. Fue un palo, eran actores maravillosos, gente maravillosa. 

Te vemos trabajar mucho en Aragón, después de haberte tenido que marchar a trabajar fuera en tu juventud, ¿qué sientes al poder volver y rodar en Aragón y en tu ciudad? 

Es una gratificación porque estaba un poco harta de que hubiera ETB, con todos mis respetos, TV3, las del Sur, Canal Nou y que en Aragón no tuviéramos nunca una televisión que hiciera ficción. Por fin, es volver a casa, a los padres, al río, a las jotas, a todo lo que antes no me importaba y ahora me doy cuenta del peso tan profundo que tienen en mi memoria y en mi alma. 

¿Sueles volver muchas veces al año a Zaragoza, no solo por motivos de trabajo?

Ahora menos, porque solo me quedan unos primos y una gran amiga, pero como me llaman para tantas cosas. En octubre vuelvo porque se presentan unas películas mías en la Filmoteca y vengo a presentarlas. Mi representante, Alberto Bongiorno, siempre me decía: “ya has oído Aragón TV, ya has perdido el culo” y yo le decía: “pues chico, sí” (ríe). Falleció hace unos meses y fue un palo muy grande, ha sido un compañero de vida profesional maravilloso, llevábamos casi 25 años y era el tío de mis nietos, el hermano, el confidente, el cómplice, el amigo y un ser maravilloso, que amaba la vida por encima de todas las cosas. Y en 26 días falleció por un tumor cerebral, le pude acompañar y recuerdo que siempre me tomaba el pelo con que perdía el culo si me llamaban de Aragón

“Un corto, que no te van a pagar, pero claro, como es de Aragón te da igual”, me decía, y es verdad. Me llamaron hace poco para hacer un vídeo de turismo de Teruel, les dije que no pensaba cobrar en estos momentos en que está pasando lo que está pasando, que me negaba a cobrar, es un tema de solidaridad con mi tierra. Luego la vida siempre te devuelve, además, y me llamaron también para que leyese el texto en el acto de homenaje a las víctimas del Covid y fue un orgullo que me eligieran para ello. Amor con amor se paga. 

Esta semana vuelvo a Zaragoza porque se proyecta en la Filmoteca, tras el Simón de Honor’, ‘La novia’, ‘De tu ventana a la mía’ y ‘Miau’ está organizado por la Academia del Cine Aragonés y son los días 14, 15 y 16 de octubre. También así daré la “tetadica” y con mi hijo vemos que al cruzar la frontera en Aragón nos vienen palabras que en Madrid ni se nos ocurren: chipiada, espesa, palabras que en Madrid no me salen habitualmente y las salmueras que en Zaragoza me apetecen. 

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¿Has actuado alguna vez en inglés? 

Hice una prueba para una serie no hace mucho, estando aquí trabajando en ‘El último show’, que no salió, pero al menos me llamaron desde Hollywood para hacer un casting en inglés, creo que para una serie de Bayona. He trabajado en francés y he hecho teatro en catalán.  

¿Cómo ves el panorama audiovisual aragonés en la actualidad? 

Mal, pero mal porque estamos en un momento en que no se puede ver nada bien. El Covid ha paralizado todo, todos los proyectos que tenía este año se han ido, se han caído, se han pospuesto. Yo ahora tengo dos cosas, de apoyo a la Casa de la Mujer en Zaragoza contra la violencia de género, que está pospuesta, ruedo una película en noviembre en Barcelona. Teóricamente el panorama está bien, lo que no está bien son las circunstancias que rodean al panorama, se están dando cambios de guión para que la gente mantenga las distancias, es muy complicado. La que ha organizado este virus es muy gorda, el dinero que está costando en todos los campos. Hay gente que se ha arruinado, si ya tienes una profesión que solamente vivimos de ella el 9 por ciento, el resto sobrevive, viene una cosa de estas y hay gente que se ha arruinado, que no tiene ni para pagar el alquiler. 

El audiovisual aragonés sí estaba viviendo un buen momento, con muchos proyectos y calidad…

Yo puedo hablar de lo que he hecho, que fue ‘El último show’, una realización por parte de Alex (Rodrigo) y del equipo de plató extraordinaria, el tema de arte, maquillaje, peluquería, muy bien. Nada que envidiar a lo que se hace en Madrid. Aragón es tierra de cine y una cosa que me gusta mucho es que cada vez hay más mujeres con una cámara al hombro y realizando; ya no solamente las chicas son maquillaje y peluquería; ya era hora de que se nos tomara en serio

Amar para siempre a Zaragoza

Amar para siempre a Zaragoza

Cuando Eduardo Casanova terminó el grado de Imagen y Sonido en el CEIP Los Enlaces de Zaragoza en el año 90, segunda promoción, tan solo tenía 19 años y nunca pensó que años después acabaría dirigiendo una serie diaria de gran éxito como es ‘Amar es para siempre’ que lleva en emisión 15 años.

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Eduardo Casanova en un momento del rodaje de ‘Amar es para siempre’. Armando del Río fuera de foco. Foto de Manu Fiestas.

El director zaragozano Eduardo Casanova trajo al mundo, junto a más peña, la serie ‘Amar en tiempos revueltos’ donde vivimos el amor entre Rodolfo Sancho guapo y Ana Turpin, en tiempos de la Segunda República y de la Guerra Civil. Luego cambió de cadena y pasó a llamarse ‘Amar es para siempre’, viajando en el tiempo en sus capítulos hasta llegar a los pantalones de campana con los años 70. Nos cuenta la historia de España a través de un grupo potente de actores que van cambiando cada temporada, pero manteniendo a los originales Manolita, Marcelino y Pelayo, los inmortales de la Plaza de los Frutos.

«Una de las claves es cambiar el elenco todas las temporadas. Cambiamos alrededor de 18 o 19 personajes y nos quedamos con el nexo de unión que son los asturianos», relata su director Eduardo Casanova a Secuenciadas. Cambiar los personajes en cada temporada, mostrar nuevas caras que empatizan con el espectador, hacen que nuestro interés no decaiga viendo Amar cada tarde. Sus penas y sus alegrías son las nuestras también y, oye, si además aprendemos historia, que tanto mal nos daba en el insti, pues más didáctico todo. Para Casanova es una serie que puede conciliar fácil con todos los miembros de la familia.

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El director, Eduardo Casanova, le indica a la actriz Cayetana Guillén Cuervo donde cae Zaragoza, el actor aragonés Alberto Castrillo, a la izquierda, ya lo sabe.

«Para nosotros, desde el punto de vista profesional, es un privilegio haber trabajado con tantísimos actores y actrices. A esto súmale que cada año la biblia es nueva y los argumentos son todos nuevos», explica Casanova. Y es que por la serie han pasado más de 375 actores que han protagonizado las tramas y también unos 70 episodios cada temporada, mucho talento en el que también, por cierto, ha habido mucho aragonés entre camerinos. Itziar Miranda (Manolita), Luisa Gavasa, Cristina de Inza, Nacho Rubio, Armando del Río, Jorge Usón, Andrea Dueso… acento aragonés que ha aparecido en esta serie.

PROCESOS DE TRABAJO

LLevar a la pantalla este proyecto nos lleva a pensar que el ritmo de rodaje es un pelín frenético, pero no: «si vinierais a un rodaje palparíais calma, a pesar de la rapidez con la que trabajamos», confiesa su director. Él y su equipo, del que el 85% sigue siendo el mismo desde el principio, han montado una maquinaria de reloj suizo que funciona a la perfección y todo dentro de los tiempos que requiere una serie diaria enfocada a sacar la máxima calidad y manteniendo el sello de Amar. «Nos miramos y ya sabemos que queremos cada uno»; ¡ay que bonito Eduardo! «Hemos tenido tiempo para ir mejorando todos los procesos, que a lo mejor otra serie, cuando quiere corregir no renueva temporada», observa Casanova, y es que 15 años dan para muchos masters.

El dire nos da los titulares de ese máster que han estudiado a conciencia y que ha conseguido mantener el interés del espectador en cada capítulo. Sinopsis: 15 guionistas se ponen a trabajar como si no hubiera un mañana, para mandar las escaletas, se reúnen con Casanova para que vea qué tal va la cosa y una vez terminadas pasan al equipo que escribe los diálogos. El director revisa y ajusta el guion a las necesidades que requiere la producción, como podría ser limitarse a una serie de exteriores. Luego aparecen en escena otros cinco directores que son los que van a grabar y montar alternativamente los capítulos, Edu les indica las pautas a seguir en grabación y después cada director se reúne con todos los jefes de equipo de maquillaje, peluquería, iluminación

Para poder llevar a cabo la grabación en los tiempos estimados, disponen de dos platós que graban en paralelo, por lo que todos los departamentos están por duplicado, vestuario, sonido… y los actores van pasando del plató 1 al 2 rodando sus escenas, una orden de producción muy compleja. «Antes del coronavirus, grababamos la media de un capítulo y un tercio al día, por eso tenemos dos platós en paralelo, si no sería imposible». Y es que estamos viviendo unos tiempos muy revueltos en los que los rodajes se han ralentizado inevitablemente y las producciones van a tener que adaptarse, en la mejor medida, a las condiciones actuales. Esperamos, en todo caso, que el amor continue.

Una vez que está terminado de grabar pasa a la sala de montaje y el mismo director lo revisa y ya pasa a color y sonorización. Y ya puesto todo cuki lo ve nuestro omnipresente director Eduardo Casanova ,por si tiene que dar alguna corrección o indicación, para posteriormente entregarlo a la cadena, Antena 3. Y todo con mucha calma, recordad.

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Eduardo Casanova, al lado de Águila roja, posa en foto de familia junto al elenco de esta temporada de ‘Amar es para siempre’ en el plató de la Plaza de los Frutos.

REMEMBER BY CASANOVA

Vamos a hacer memoria, como diría Chenoa en la cabecera de la serie, y contemos la historia de amor entre nuestro zaragozano y la serie que vio nacer. A modo de transición, retrocedemos en el timeline al año 90 cuando un chico de 19 años que acaba de terminar imagen y sonido, ya cansado de prácticas gratuitas por varios sitios, como por ejemplo en una televisión local en Andorra (Teruel), envía cuatro curriculums a la capital de España.

Y tachán: «una empresa de servicios audiovisuales me llamó a las dos semanas y lo único que hice es echarle valor y venirme para Madrid», recuerda Eduardo Casanova, agregando que «si te la querías jugar y marcharte fuera había trabajo, donde no había trabajo era en Zaragoza» y es que la producción audiovisual aragonesa por ese entonces era muy poca, así que este maño se colgó la mochila a hombros, como Labordeta, y china chano se fue para Madrid.

«Eran años que había muy poca gente preparada para el audiovisual, así que era fácil encontrar trabajo. Luego me junté en Madrid con gente que me enseñó mucho y no paré de currar» y así sigue, tiene muy claro que uno adquiere los conocimientos en las aulas, pero como aprendes es trabajando.

Ya en Madrid también trabajó en retransmisiones deportivas hasta pasarse a la ficción con una serie juvenil de éxito como fue Un paso adelante (2002), que confesamos que seguíamos asiduamente, y la comedia Mis adorables vecinos (2004). Hasta llegar a su relación televisiva más larga ‘Amar en tiempos revueltos’ (2005). «Yo voy a cumplir 49 años y parece que fue ayer, de hecho entré en la serie sin tener descendencia y ahora tengo un niño de trece años, se me ha pasado volando». Para Eduardo, ‘Amar es para siempre’ es como otro hijo, como un niño pequeño que ha criado junto a su equipo.

FOTOGRAFIANDO SU CIUDAD

El director, aunque lleva 30 años viviendo fuera de su ciudad natal, lleva sus raíces aragonesas muy adentro. A la pregunta de qué echa de menos de Zaragoza, además de a la familia, responde: «no lo sé describir porque es un sentimiento, no es algo material, es el sentimiento de ser aragonés«. Cada vez que viene a Zaragoza se patea la ciudad y la mira, algo que los que vivimos aquí seguramente no hacemos. «A mí el Pilar no me había impresionado nunca, supongo que porque nací con él y de repente ahora me sobrecoge cuando paso por la plaza tan grande, de repente es como un templo enorme encajado en un sitio».

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Basílica del Pilar de Zaragoza, para los que no la conozcáis y para los que no la miréis lo suficiente. Foto de Sekofotografía.

Hay que seguir su consejo y observar la ciudad en la que vivimos. ¿Y las fiestas del Pilar? «Si mis obligaciones laborales me lo permiten siempre voy a las fiestas del Pilar y a dar la tetadica que se decía antiguamente«. Su familia a excepción de su mujer y su hijo, están en Zaragoza, madre y hermanos. Un barrio zaragozano que también lleva en el corazón es Juslibol de donde era su padre y veraneaba todos los años. «Cuando os digo que salgo andar, ando hasta allí y vuelvo, volver a mis raíces me produce mucha emoción».

AUDIOVISUAL ARAGONÉS

No podíamos obviar la temática de la que trata nuestra web Secuenciadas y abordar un tema tan recurrente como es el audiovisual aragonés. Nos sorprende con su punto de vista sobre ‘El último show’ serie de Alex Rodrigo y Carlos Val.

«Me encanta», minipunto para Aragón TV. «Para los que nos hemos tenido que ir de Zaragoza porque no había producción audiovisual, ver las calles de nuestra ciudad reflejadas en una película o en una serie es muy emocionante porque no estamos acostumbrados. Ver el paseo Independencia o localizaciones que reconozco me parece brutal y luego desde el punto de vista del argumento está muy bien escrita y muy bien rodada». Y es que HBO no hubiera comprado un producto si no hubiera visto posibilidades, así Zaragoza ha llegado más allá de Fraga.

Miguel Ángel Tirado e Itziar Miranda en un fotograma de la exitosa serie ‘El último show’.

Y también nombra a Oregón TV, programa que sigue cuando puede, en el que destaca la labor de que varios de los actores escriban también los guiones. «En todos los rodajes que he estado todo el mundo habla muy bien de los técnicos o los actores aragoneses y hablan en el sentido de lo honestos y lo buena gente que son. Con esto no quiero decir que los de Valladolid no lo sean», bromea.

Eduardo Casanova se fue en 1990 de Zaragoza porque tenía que irse y no por gusto, que también, a trabajar a Madrid. Se siente muy aragonés y también muy madrileño y siempre que sus obligaciones laborales se lo permiten, y los tiempos revueltos, regresa a visitar a su familia para que su hijo se relacione con sus abuelos y primos y se sienta también aragonés. Le deseamos todo lo bueno a este profesional que traspasa fronteras y que sigan los éxitos de ‘Amar es para siempre‘ halalala 🎵