Los papeles de Ana Labordeta

Los papeles de Ana Labordeta

Tiempo de lectura: 6 minutos

Le preguntamos a la actriz Ana Labordeta cuántos años lleva en Madrid y, tras una pausa dubitativa, contesta: «en Madrid llevo tropecientos mil años, no lo he calculado nunca, igual treinta años». Y es que su vida cambió cuando se fue a la aventura a la capital a estudiar interpretación.

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Vicky en estado puro. Ana Labordeta en la serie ‘Madres. Amor y vida’

Ana Labordeta está rodando ahora la tercera temporada de la serie ‘Madres. Amor y vida’ en la que interpreta a la enfermera jefe Vicky, una mujer muy entregada a su trabajo. » Yo creo que es una mujer, como son todas las enfermeras de este país, con mucho amor hacia su profesión y con muchas ganas de hacerlo bien», explica la actriz a Secuenciadas. El personaje ha ido adquiriendo poco a poco protagonismo en esta ficción, será de lo bien que lo hace nuestra aragonesa. «Lo bueno de hacer un personaje a lo largo de varias temporadas es que lo vas conociendo cada vez más y él a ti. Los guionistas también lo van conociendo y el personaje se va enriqueciendo. Es muy bonito para una actriz el poder dar una larga trayectoria a un personaje».

El destino hizo que este entrañable papel fuera para nuestra protagonista de este más allá de Fraga. «Por una circunstancia personal estuve dos años y medio en un hospital de aquí de Madrid y tuve mucho trato con las enfermeras y tengo recuerdos de ellas maravillosos. Fueron ángeles en aquella situación tan dificil y complicada», recuerda con cariño Labordeta y a los meses ha tenido la oportunidad de meterse en la piel de una de ellas en esta serie que emitió Telecinco y podéis ver en Amazon. «Quiero hacerles un homenaje a estas mujeres maravillosas que se dejan la piel y que lo han demostrado durante la pandemia».

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Ana Labordeta feliz como una perdiz con su compañera Belén Rueda y Arón, peluquero en ‘Madres. Amor y vida’

Y como ella misma se define, inquieta, está compaginando este rodaje con otra serie ‘Luimelia’, una historia de amor y diversión en la que interpreta a la madre de Amelia. Para resumir os contaremos que esta serie es el spin off de dos personajes de ‘Amar es para siempre’, Luisita y Amelia, pero en el 2020, ya que esta longeva serie de la televisión sucede actualmente en el 79 y la dirige nuestro director maño, que también se encuentra más allá, Eduardo Casanova.

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Su nuevo trabajo en la cuarta temporada de ‘Luimelia’, toma dos.

SU PAPEL TELEVISIVO MÁS LARGO

Uno de los papeles que con más cariño recuerda Labordeta fue el de Rosario en ‘Amar en tiempos revueltos’ (2008-2010, llamada ahora ‘Amar es para siempre’) que le valió un premio de la Unión de Actores. «Rosario es un personaje que estuve desarrollando durante dos años y medio y me dio muchas alegrías. Coincidí con una serie de compañeros que después de once años se han convertido en amigos míos muy importantes» y dentro de nada vivirá un momentazo televisivo. Se reencontrará en una secuencia de ‘Luimelia’ con dos de sus anteriores compañeros, sus consuegros en esta ficción, los inmortales Manolita y Marcelino, los padres de Luisita en la serie y en la propia Amar, lo que le hace mucha ilusión.

Con esta serie se inició en la televisión con un papel más continuado. Recuerda que «trabajaba en el teatro y de vez en cuando me salían papeles de un capítulo o dos donde no hay una continuidad con el personaje». Además resalta las dificultades de interpretar a estos episódicos ya que «normalmente llegas a un plató y la serie ya está en marcha, con lo cuál, tienes bastante tensión y piensas por favor que no me equivoque, que no haya que repetir por mí». Vamos que nos imaginamos que debes estar esperando con ansias la pausa del café para empollarte más tus frases.

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Cuando rueda en otra época, la dulce Rosario de ‘Amar es para siempre’ con las actrices Inma Cuesta y Perla Cristal.

Algunos la recordaréis como gobernanta en la serie de éxito ‘Vis a Vis’. «Yo lo recuerdo con cariño y con cierta rabia porque estuve los tres primeros capítulos, los disfruté mucho y luego me mataron (risas)» y es que ahí moría más gente que en ‘Prison Break’, era fácil que te tocara Ana.

SUS PAPELES EN CINE

Primero nombraremos la peli aragonesa ‘Planeta 5000’ (2020), en la que interpreta a una madre sufridora que padece al ver cómo su hijo es seducido por una secta, así que se pasa media peli llorando por las esquinas. «Rodar en mi tierra siempre tiene un plus porque hay un vínculo emocional muy fuerte con mi tierra, con mi paisaje». Asegura que sigue el audiovisual aragonés y considera que “está en un momento que ha hecho mucho germen y ahora están empezando a florecer unas personas estupendas».

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Ana Labordeta cabreada punto de echar la lagrimilla. Fotograma de ‘Planeta 5000’.

Uno de los papeles de los que está más contenta es el de Marian en ‘Planes para mañana’ (2010), la ópera prima de Juana Macías; por cierto ha vuelto a coincidir con la directora en la serie ‘Madres. Amor y vida’. «Me vio en una obra de teatro, le gusté y apostó por mí para un papel precioso en su película», así se metió en el dificil papel de interpretar a una mujer que sufre una relación abusiva. Macías ya había ganado un goya con un corto y con esta peli se llevó varios premios en el Festival de Málaga.

SUS PRIMEROS PAPELES

Ana Labordeta desvela que lo de ser actriz no fue vocación, sino casualidad. «Por mi familia he estado muy rodeada de libros, de música, de cine y de teatro. Me ha gustado siempre el arte, pero no tenía esa vocación de ay yo quiero ser actriz«. Al acabar COU empezó a estudiar filología hispánica y, por hacer algo más, se apuntó a arte dramático en Zaragoza y ahí se dio cuenta de que le molaba actuar. Más tarde se enteró de que reabrían una mítica escuela de teatro en Madrid y se cogió el tren y para allí que se fue a vivir ¡la gran aventura!

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Junto al actorazo Federico Luppi en la gira de teatro de ‘El guia Del Hermitage’

Empezó con pequeños papeles en el teatro. «El teatro ha sido un amante muy fiel conmigo, he ido haciendo función tras función y buenas funciones además con buenos compañeros, directores y personajes que me gustaban, pero esto es una profesión muy de vivir el presente«. Señala que esta es una profesión extraña ya que puedes tener un gran éxito, pero cuando acaba tienes la sensación casi de empezar de cero.

TERUEL, ZARAGOZA Y EL PIRINEO OSCENSE

La Wikipedia dice que la actriz nace en la ciudad del Torico, un dato incorrecto, “pero como me gusta tanto Teruel no lo cambio», afirma entre risas. Por la época de su prenacimiento, su padres, profesores los dos, vivían en Teruel y, coincidiendo con las vacaciones escolares, se desplazan a Zaragoza a dar a luz, aprovechando la coyuntura de que la abuela materna vive allí. A las semanas del alumbramiento vuelven a Teruel donde Ana Labordeta vive hasta los cuatro añitos, abandonan la ciudad que existe y se mudan a Zaragoza. «Me he criado en Zaragoza con el cierzo y la niebla», bromea.

Siempre que puede vuelve a Zaragoza donde visita a su madre, hermanas y sobrinos y saca a pasear por la ciudad a su perrita Ara: «siempre termino paseando por la zona donde tenían mis abuelos el colegio, que es la zona del Mercado Central. No sé por qué, pero siempre termino por esa zona», rememora. También menciona su amor por el Pirineo aragonés: «amo mucho ese paisaje. He ido mucho sobre todo a Canfranc, Villanúa y Castiello. No voy todo lo que me gustaría ir, pero sí que es un paisaje que me acompaña mucho«.

Próximamente veremos a Ana Labordeta en la serie ‘Madres. Amor y vida’ y ‘Luimelia’ y nosotras deseamos verla, por qué no, interpretando con algún fantástico paisaje de fondo de nuestro Pirineo aragonés. Aquí te esperamos con los brazos abiertos y nuestros profesionales seguro que también.

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«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

Tiempo de lectura: 13 minutos

El actor zaragozano José Luis Esteban se define a sí mismo como un vehículo diésel, que ha ido cogiendo velocidad de crucero en su carrera profesional y está en continua reinvención, un “culo de mal asiento” que mantiene intacta su pasión por aprender. 

Nosotras lo vemos como un fórmula 1, en el que todas las piezas encajan como un reloj para cumplir con sus metas. Tenaz, persistente, apasionado. Actor, dramaturgo y poeta, pero por encima de todo actor, de larga trayectoria en teatro y, después, en televisión y cine. Entre sus últimos trabajos en el audiovisual, sus apariciones en las series ‘Servir y proteger’, de TVE, y ‘El último show’, de Aragón TV. 

Charlamos con él sobre los inicios de su carrera, sobre la necesidad de entender el mundo para explicarlo en los escenarios o en las letras de sus textos. Admirador de Berlanga y orgulloso vecino, en su juventud, del barrio de San José de Zaragoza, os invitamos a conocer a José Luis Esteban en este ‘Secuenciando a’.     

¿Qué te llevó a ser actor?

Surgió en el último curso de Bachillerato, en el instituto, convocaron un taller de teatro, un profesor de francés, para montar ‘La cantante calva’, una obra de Eugène Ionesco. Jamás había pensado en el teatro ni remotamente, me parecía una de esas cosas absurdas en el mundo, que existían no se sabía muy bien por qué. Pero entonces, haciendo el taller en el instituto, me subí al escenario y ahí hubo un click brutal, porque yo era un crío muy tímido, con muchos problemas para entablar una relación cordial con el mundo, con mis compañeros y conmigo mismo y, de repente, el escenario era un lugar en el que yo me sentía libre. Y encima sentía que con lo que hacía la gente se lo pasaba bien; el escenario contribuyó a mejorar mi autoestima y entonces ya no me bajé nunca más. 

A partir de ahí montamos un grupo aficionado de teatro, fuimos por los pueblos, en los años 80, íbamos en tren o en autobús, con la maleta al hombro, nos pagaban lo que nos pagasen, ni me acuerdo. Luego me puse a estudiar Filología enseguida, la literatura me salvó la vida, y me matriculé en la escuela de teatro y con 22 años me monté una compañía de teatro con colegas. Y pasamos directamente de que nos gustara mucho el teatro a deber un huevo de pasta, y allí empezó la cosa. 

¿En ese momento comienza tu carrera profesional? 

Sí, estando en la escuela de teatro, en primero, hay una compañía, el Teatro de la Ribera, que buscaba gente para un espectáculo y me hacen el primer casting de mi vida y, sorprendentemente, me cogen. Ese fue el verano del 85, mi primera gira cobrando dinero, 3.000 pesetas por función. Me quedaba afónico después de estar cantando en la furgoneta, después de seis horas seguidas de viaje, todas las canciones que sabíamos porque aquello era una fiesta. 

Si no fueras actor, ¿dónde te encontraríamos actualmente?

En la universidad, dando clase. Al acabar la carrera, acabé a la vez Filología y la escuela de teatro, enseguida montamos la compañía, pero simultáneamente hubo un concurso público en la Facultad de Educación, me presenté, me lo dieron y estuve trabajando tres años en la universidad, dando clase. Salí espantado, porque el escenario era una competencia muy dura, pero estuvo bien y me permitió ganar dinero en un momento raro de mi vida, en que era todavía muy jovencito. 

«El oficio ha sido muy generoso conmigo»

Empezaste en el teatro, pero ¿cómo diste el salto a la tele? 

La tele vino muchísimo, muchísimo después. De hecho, todos los días me levanto, abro los ojos y pienso “gracias azar, cosmos, Paulo Coelho”, porque he hecho muchas cosas que no imaginaba ni en mis mejores sueños. En ese sentido, el oficio ha sido muy guay, muy generoso conmigo.

Empecé a hacer televisión en serio en el año 2004, hace cuatro días en comparación con los años que llevo en el oficio y fue porque fui a Madrid a trabajar, con un montaje del Centro de Arte Dramático de Aragón, que se titulaba ‘Misiles melódicos’, estuvimos en el Teatro Español de Madrid y entonces yo dije: “esta es mi oportunidad”. Venía de hacer una serie de trabajos muy buenos con el Centro de Arte Dramático de Aragón, Ricardo III, que había tenido mucha repercusión, me habían dado un par de premios de interpretación y sentía algo que nunca había sentido, que estaba en una situación distinta y que necesitaba dar un paso más allá. Así encontré mi primera representante, empecé a hacer mis primeros episódicos, teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca tele, lo que quiere decir que lo hacía muy mal, era muy distinto, sobre todo la manera de trabajar. 

Aunque los fundamentos son los mismos, cuando te has educado en un ecosistema donde lo único que existe es determinada manera de hacer el teatro, que no digo que sea buena, además, descubrí que tenía que desaprender todo lo que había aprendido y cuando llegué y me puse delante de una cámara me di cuenta de que tenía que volver a desaprender todo lo que había aprendido después de desaprender por primera vez. Veo, aunque no los veo nunca, mis primeros trabajos en ‘Siete vidas’, en ‘Matrimonio con hijos’ y pienso: “eras un pringadillo, chiquillo, no sabías de qué iba el oficio realmente”. En ese sentido creo que mi carrera es como yo, un poco diesel. Luego la aparición del cine fue ya el summum porque adoro el cine. Y todo nos lleva al ahora, un momento de una ilusión tremenda porque veo que tantos años de oficio me ponen en situación de aprender de verdad

¿Cómo fue el aterrizaje en el cine?   

En cine he hecho papeles secundarios, media docena de películas, he hecho muy poco cine en realidad. Con el primero que hice cine, aunque fue un mediometraje, fue con mi amigo José Miguel Iranzo, que falleció el verano pasado. Él rodó en 1996 un mediometraje en 16mm, titulado ‘Tempora y Violeta’, que fue un hito en el audiovisual aragonés porque era la primera vez que un realizador de aquí se metía en un pollo como aquel. A mi amigo Iranzo le debo que fue el primero que confió en mí para algo que no fuera teatro. Luego fue Paula (Ortiz), en ‘De tu ventana a la mía’ (2011) me hizo un pequeño regalo que luego por cosas de montaje quedó muy disminuido, pero yo siempre se lo he agradecido muchísimo a Paula. 

Luego vino la película que más me ha dado, no por el trabajo en sí mismo sino por lo que supuso, que fue ‘Altamira’ (2016), por el hecho de trabajar en inglés, con un grupo de actores ingleses a quienes admiro mogollón y allí había tres o cuatro de los que a mi me molan mogollón, Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas que es un tipo genial, y eso me dio un plus de confianza, porque ya el casting lo hice en inglés con Hugh Hudson. Nunca pierdo de vista de dónde vengo, dónde empecé y yo empecé prácticamente en los carromatos, en las eras, en los campos, y este tipo de oportunidades me han dado un corpus, un bagaje que para mi es muy valioso y un empuje muy grande para seguir trabajando. 

Después hice ‘La higuera de los bastardos’ (2017), con Ana Murugarren, que fue también una cosa de estas extrañísimas porque a Ana, que es una de las personas más punkis que he conocido en mi vida, yo no la conocía de nada. Fui a trabajar a Bilbao, a una cosa de teatro a casa de Ramón Barea, que es mi maestro, y me llaman y me dicen que había una directora que me había visto en una foto en Facebook y que me quería para su próxima película porque necesitaba mi careto. Pues vamos para allá y allí fuimos a grabar ‘La higuera de los bastardos’ que fue otra escuela, con un rodaje durísimo, que nunca había hecho, de noche prácticamente entero, con el tiempo vasco, frío, lluvia, unas condiciones durísimas, haciendo un personaje que era un secundario, pero con presencia. Y trabajar con Karra Elejalde que es una escuela en sí mismo, un tipo fascinante. Fue muy grato, y ahí andamos. 

Has hecho cine, teatro, tele, eres poeta, dramaturgo, ¿qué te aporta cada una de esas facetas?

Entender el mundo, entender lo que pasa, intentar explicarlo, ese es mi oficio como actor. Yo siempre digo que soy un actor que escribe, que publica libros de vez en cuando, que de vez en cuando da una clase de hablar en público, pero siempre es el actor el que está detrás y un actor que necesita entender, aunque todo sea incomprensible, pero necesito entender algo para poderlo contar después en el escenario. Porque además pienso que estamos en un momento flipante a nivel cósmico, terrenal, cultural, artístico, teatral, es un momento flipante.

Hay una frase de Antonio Gramsci, que era un pensador marxista italiano, que decía: cuando lo viejo todavía no se ha muerto del todo y lo nuevo todavía no ha terminado de nacer del todo, en ese periodo incierto es donde surgen los monstruos y yo creo que estamos en un momento de esos. Los antiguos paradigmas, a todos los niveles, están en cuestión, hay una nueva realidad y explicación de la realidad, un nuevo humanismo, hay un cambio brutal y el cine, el teatro, la novela, la literatura, la moda, todo tiene que explicar eso que está pasando, contarlo.

«En estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario»

Además de la pasión por el teatro, conocemos tu pasión por escribir

Esa pasión llegó más tarde, son cosas que han ido surgiendo con el tiempo. No pude escribir nada hasta que no me compré mi primer ordenador. Y se podrá pensar: “pues vaya pijada”, pues es que es verdad. En el año 2000 me compré mi primer ordenador y empecé a escribir. ¿Por qué? No lo se. Buñuel decía que somos básicamente un 80 por ciento de química y un 20 por ciento de misterio, pero lo que realmente detona las cosas es el misterio y eso me ha pasado, se han ido detonando pequeñas cosas ahí. 

¿Empezaste a escribir obras teatrales o poesía?

Empecé haciendo una obra de teatro, escribiendo teatro. Soy culo de mal asiento, me gusta trabajar, pero siempre me ha costado permanecer en un sitio mucho tiempo, periódicamente necesito conocer gente distinta, modos de trabajar distintos, visiones distintas, puntos de vista diferentes, necesito salir de mi zona de confort casi constantemente porque es lo que me mantiene vivo, en forma, alerta. 

¿Y cómo empezaste en la poesía?

El actor una vez hubo un momento en que descubrió la poesía, una cosa que no me interesaba nada en absoluto, como a otros jóvenes, pero en un momento de mi vida determinado cae en mis manos un libro de Allen Ginsberg, que se titula ‘Aullido’, y me pega una patada en la frente tan descomunal que me doy cuenta de que no puedo seguir viviendo si no hago eso en un escenario, no se cómo ni con quién, pero tenía que hacerlo ya. Entonces me junté con un músico amigo, José Javier Gracia, un maravilloso guitarrista de rock, él con su guitarra eléctrica y yo con el libreto de ‘Aullidos’. Nos emborrachamos juntos una noche pensando en lo que íbamos a hacer y a la mañana siguiente pasó algo mágico, y es que realmente nos juntamos, con una resaca del siete, pero los dos acudimos a la cita que teníamos y creamos ‘Territorio beat’.

Y la poesía empieza a formar parte de mi actividad de manera constante, porque funciona de puta madre en el escenario, porque la poesía tiene un poder escénico que es algo que fue para mí completamente inesperado, pero en lo que me volqué y en estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario, que me ha permitido conocer a mogollón de músicos, trabajar con ellos, descubrir la relación maravillosa que hay entre la palabra, la música, el gesto, el movimiento, la cámara, porque hemos hecho experimentos con televisión y seguimos, me flipa. 

Empecé a leer la poesía que me gusta a mí, no con la que nos han torturado durante años en el colegio y nos han hecho que nos alejemos de la poesía, sino la poesía que se está haciendo ahora, la mayoría de mujeres, que escriben una poesía que es la rehostia. Pero hay versos que no he leído y esos modestos versos que no he leído los tengo que escribir yo y por eso publiqué ‘Big Bang’ hace año y medio. 

En ‘Don Quijote somos todos’, con Teatro del Temple, además de interpretar un papel en la obra, con la que estás nominado en el Teatro Rojas de Toledo, eres autor del texto. ¿Cómo te enfrentas a esa escritura? Pones a Don Quijote a solucionar la despoblación

Para empezar a escribir siempre me hago preguntas, en este caso una pregunta: en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué, qué pasa en ese pueblo, por qué no te quieres acordar, dónde está, quiénes son, quiénes quedan hoy en día? Y de la respuesta a esa pregunta surge todo el texto. Yo estaba leyendo, además, ‘La España vacía’, de Sergio del Molino, que me había flipado, y eso sumado a la influencia de Berlanga, Azcona y Cuerda. No les conocí personalmente, pero es como si estuvieran muy cerquita de mí y no me explico por qué no han dejado más huella, por qué nadie sigue esa estela tan nuestra, ese humor cervantino. 

A raíz de todo eso surge y porque estoy muy interesado en cómo se funden cine y teatro, aunque a veces tienen problemas de relación. Pero yo no creo que deban tener problemas de relación, el cine es un hijo aventajado del teatro que en el siglo XX toma vida propia, aunque a veces se consideren que son dos fenómenos separados el uno del otro. Tanto en dramaturgias como en guiones hay esa sinergia en el tratamiento de diálogos, en el desarrollo de los personajes, en el uso de la elipsis y la economía expresiva. Fruto de todos estos movidones surge ‘Don Quijote somos todos’, una manera de dialogar, de replica contrarréplica que sea muy rápida, que trascienda el ritmo del teatro. 

Volvamos a tu faceta audiovisual, ¿cuál ha sido el último trabajo en el que has participado? 

‘Servir y proteger’, en TVE, como actor. Estoy muy ilusionado con la tele porque empecé mayor, mi carrera es incomparablemente más corta en la tele que en teatro, pero es que le pongo mucha ilusión y soy muy tozudo e insistente, persistente y cabezón, cuando quiero algo de veras no tengo prisa, y estoy acostumbrado a salirme con la mía. En este momento de mi carrera me gustaría mucho, y en ello estoy, espaciar un poco más el teatro y frecuentar un poco más los platós, que es una cosa que ahora, con 57 años, aunque me quedan muchos años buenos de carrera, siento que estoy en un momento muy bueno para reinventarme otra vez. Con esta pandemia esto nos está ocurriendo a todos, pero estoy muy  ilusionado con eso, y rodeado de gente estupenda, que me quiere mucho y me están apoyando mogollón y ahí vamos a estar. 

¿Cómo es trabajar en una serie diaria?

Encantador. He hecho dos series diarias, en ‘Servir y proteger’ he estado dos meses y en ‘Amar es para siempre’ estuve una temporada y estaba entonces haciendo teatro en Madrid. Yo descanso cuando trabajo, con ‘Servir y proteger’ estuve en diciembre y estaba haciendo ‘Don Quijote somos todos’, en Valencia y recuerdo el primer día de grabación en ‘Servir y proteger’, entraba en el primer turno de grabación del día, lo que significa que tenía que estar en maquillaje a las seis y media de la mañana. Me pasaban a buscar a las 5:45 horas del jueves. Pero yo estaba en Valencia haciendo teatro, la función empezaba a las ocho de la tarde y acababa a las nueve y media.

Me tuve que coger un coche de alquiler, algo de cena, y conducir pitando a Madrid; llegar, devolver el coche de alquiler, que parece una cosa sencillísima, pero que a las dos de la madrugada es una putada enorme; irme al hotel, dormir, pasar a buscarme, grabar hasta las dos y media de la tarde, ir a Atocha, coger un AVE y volver a Valencia para subir al escenario a las siete de la tarde. No digo esto como quien vive un vía crucis, no lo puedo decir, hubiera preferido que hubiera habido Aves por la noche, pero es que este oficio es así y me críe viendo como los grandes actores y actrices hacían un ‘Estudio 1’ que se pegaban diez horas grabando y luego se iban al teatro a dos funciones. Hay que currar. 

«El gran producto que Aragón exporta es cultura y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí»

Has participado en otras series nacionales, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuéntame’, episódicos, ¿pero qué te han aportado esos papeles?

La necesidad de adaptarte enseguida a un equipo que funciona perfectamente, eso fue lo primero que aprendí en estos episódicos en que grabas un día y desapareces. Llegas a un ecosistema compuesto por ciento cincuenta millones de piezas que funcionan todas de puta madre y donde lo único que te exigen es hacer un ensayo con cámara y una toma. Siempre he pensado que una de las responsabilidades de los actores es, lo primero, no dar mal, lo segundo solucionar problemas y, lo tercero, adaptarse a los ritmos, a los estilos, a los modos de trabajar de cada equipo y ficción. 

Ese trabajo era la única manera de hacer tele porque ahora en casa, en Aragón, parece que empieza a moverse algo, pero hace diez años no podía pensar en hacer nada aquí en tele. La única manera que he sabido ha sido esta, empezar de muy abajo, que sigo estando ahí, e ir haciendo cosas y que me sirva para progresar. Luego pienso que de alguna manera las cosas cuadran, porque luego surge la oportunidad de ‘El último show’, con un personaje que no era para mí, que no estaba escrito para mí, que no era la primera opción, ni la segunda, seguramente tampoco la tercera, pero que al final hubo casting, convencí a Alex (el director) de que era yo. Y sin todo lo de antes, y el background del teatro… 

Te vimos en ‘El último show’ y en la película ‘Reset’, en la que participas en el corto de Nata Moreno, ¿qué piensas de esa apuesta de la tele por la ficción desde Aragón?

Qué os voy a decir, esto lo necesitábamos. Hay una cosa que me llena siempre de perplejidad y es que en Aragón, si echamos un vistazo a su historia y le decimos a cualquiera que nos diga cinco aragoneses ilustres, me juego el dinero que no tengo a que de los cinco nombres cuatro son de artistas. El gran producto que Aragón exporta es cultura, es arte, artistas, y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí, como las lombrices de los terrarios que hacen el hueco en la tierra para que eso se oxigene, la tierra no se compacte y acabe aplastando la raíz; pues eso es lo que ha pasado. Lo que hace falta es que esa trayectoria continúe. 

Me hizo muchísima ilusión participar en ‘El último show’. La época dorada del audiovisual está por venir, todavía están los monstruos ahí, todavía lo nuevo no ha nacido del todo y todavía lo viejo no acaba de morir. Esta ciudad es un ecosistema muy complicado, pero tengo mucha ilusión por la gente joven, que algunos son los que nos están dando momentos de exaltación como ahora mismo Pilar Palomero, Javi Macipe, lo que está haciendo Paula Ortiz, no quiero reducirlo a ellos tres, pero es brutal, en una comunidad como esta. Yo trabajo mucho en Bilbao, que es una comunidad mucho más potente y con un concepto de lo propio mucho más desarrollado que el nuestro, un afán de intervenir y de proteger su fenómeno cultural que es indiscutible y que está plasmado en lo práctico, en la pasta, y mis colegas vascos me dicen: “pero por qué os queréis tan poco en Aragón si las cosas que vemos son de puta madre, pero no os queréis” y les digo que nos queremos mucho, pero que los que no nos quieren son los que podrían hacer esto más fácil, los políticos, los gestores, los funcionarios. 

Además de teatro con ‘Don Quijote’, ¿dónde te podremos ver ahora? 

Hay un proyecto muy bonito en el que llevo ya tres años con él, que es una versión de Macbeth de Shakespeare, he escrito una versión para cabaret y ese espectáculo debería haberse producido este año pasado en Madrid, pero por la pandemia no se pudo hacer, retrasamos el plan de producción y se va a hacer el año que viene. Estoy muerto de ilusión con ese trabajo porque llevo tres años peleando con él. 

En lo audiovisual, como soy un poco supersticioso, me vais a permitir que me calle. En cada una de las facetas en las que estoy intentando desarrollarme tengo proyectos estupendos, estoy ahora acabando mi segundo libro de poesía y estoy escribiendo un proyecto de serie de televisión a medias con Alberto Andrés Lacasta. 

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Amar para siempre a Zaragoza

Amar para siempre a Zaragoza

Tiempo de lectura: 7 minutos

Cuando Eduardo Casanova terminó el grado de Imagen y Sonido en el CEIP Los Enlaces de Zaragoza en el año 90, segunda promoción, tan solo tenía 19 años y nunca pensó que años después acabaría dirigiendo una serie diaria de gran éxito como es ‘Amar es para siempre’ que lleva en emisión 15 años.

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Eduardo Casanova en un momento del rodaje de ‘Amar es para siempre’. Armando del Río fuera de foco. Foto de Manu Fiestas.

El director zaragozano Eduardo Casanova trajo al mundo, junto a más peña, la serie ‘Amar en tiempos revueltos’ donde vivimos el amor entre Rodolfo Sancho guapo y Ana Turpin, en tiempos de la Segunda República y de la Guerra Civil. Luego cambió de cadena y pasó a llamarse ‘Amar es para siempre’, viajando en el tiempo en sus capítulos hasta llegar a los pantalones de campana con los años 70. Nos cuenta la historia de España a través de un grupo potente de actores que van cambiando cada temporada, pero manteniendo a los originales Manolita, Marcelino y Pelayo, los inmortales de la Plaza de los Frutos.

«Una de las claves es cambiar el elenco todas las temporadas. Cambiamos alrededor de 18 o 19 personajes y nos quedamos con el nexo de unión que son los asturianos», relata su director Eduardo Casanova a Secuenciadas. Cambiar los personajes en cada temporada, mostrar nuevas caras que empatizan con el espectador, hacen que nuestro interés no decaiga viendo Amar cada tarde. Sus penas y sus alegrías son las nuestras también y, oye, si además aprendemos historia, que tanto mal nos daba en el insti, pues más didáctico todo. Para Casanova es una serie que puede conciliar fácil con todos los miembros de la familia.

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El director, Eduardo Casanova, le indica a la actriz Cayetana Guillén Cuervo donde cae Zaragoza, el actor aragonés Alberto Castrillo, a la izquierda, ya lo sabe.

«Para nosotros, desde el punto de vista profesional, es un privilegio haber trabajado con tantísimos actores y actrices. A esto súmale que cada año la biblia es nueva y los argumentos son todos nuevos», explica Casanova. Y es que por la serie han pasado más de 375 actores que han protagonizado las tramas y también unos 70 episodios cada temporada, mucho talento en el que también, por cierto, ha habido mucho aragonés entre camerinos. Itziar Miranda (Manolita), Luisa Gavasa, Cristina de Inza, Nacho Rubio, Armando del Río, Jorge Usón, Andrea Dueso… acento aragonés que ha aparecido en esta serie.

PROCESOS DE TRABAJO

LLevar a la pantalla este proyecto nos lleva a pensar que el ritmo de rodaje es un pelín frenético, pero no: «si vinierais a un rodaje palparíais calma, a pesar de la rapidez con la que trabajamos», confiesa su director. Él y su equipo, del que el 85% sigue siendo el mismo desde el principio, han montado una maquinaria de reloj suizo que funciona a la perfección y todo dentro de los tiempos que requiere una serie diaria enfocada a sacar la máxima calidad y manteniendo el sello de Amar. «Nos miramos y ya sabemos que queremos cada uno»; ¡ay que bonito Eduardo! «Hemos tenido tiempo para ir mejorando todos los procesos, que a lo mejor otra serie, cuando quiere corregir no renueva temporada», observa Casanova, y es que 15 años dan para muchos masters.

El dire nos da los titulares de ese máster que han estudiado a conciencia y que ha conseguido mantener el interés del espectador en cada capítulo. Sinopsis: 15 guionistas se ponen a trabajar como si no hubiera un mañana, para mandar las escaletas, se reúnen con Casanova para que vea qué tal va la cosa y una vez terminadas pasan al equipo que escribe los diálogos. El director revisa y ajusta el guion a las necesidades que requiere la producción, como podría ser limitarse a una serie de exteriores. Luego aparecen en escena otros cinco directores que son los que van a grabar y montar alternativamente los capítulos, Edu les indica las pautas a seguir en grabación y después cada director se reúne con todos los jefes de equipo de maquillaje, peluquería, iluminación

Para poder llevar a cabo la grabación en los tiempos estimados, disponen de dos platós que graban en paralelo, por lo que todos los departamentos están por duplicado, vestuario, sonido… y los actores van pasando del plató 1 al 2 rodando sus escenas, una orden de producción muy compleja. «Antes del coronavirus, grababamos la media de un capítulo y un tercio al día, por eso tenemos dos platós en paralelo, si no sería imposible». Y es que estamos viviendo unos tiempos muy revueltos en los que los rodajes se han ralentizado inevitablemente y las producciones van a tener que adaptarse, en la mejor medida, a las condiciones actuales. Esperamos, en todo caso, que el amor continue.

Una vez que está terminado de grabar pasa a la sala de montaje y el mismo director lo revisa y ya pasa a color y sonorización. Y ya puesto todo cuki lo ve nuestro omnipresente director Eduardo Casanova ,por si tiene que dar alguna corrección o indicación, para posteriormente entregarlo a la cadena, Antena 3. Y todo con mucha calma, recordad.

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Eduardo Casanova, al lado de Águila roja, posa en foto de familia junto al elenco de esta temporada de ‘Amar es para siempre’ en el plató de la Plaza de los Frutos.

REMEMBER BY CASANOVA

Vamos a hacer memoria, como diría Chenoa en la cabecera de la serie, y contemos la historia de amor entre nuestro zaragozano y la serie que vio nacer. A modo de transición, retrocedemos en el timeline al año 90 cuando un chico de 19 años que acaba de terminar imagen y sonido, ya cansado de prácticas gratuitas por varios sitios, como por ejemplo en una televisión local en Andorra (Teruel), envía cuatro curriculums a la capital de España.

Y tachán: «una empresa de servicios audiovisuales me llamó a las dos semanas y lo único que hice es echarle valor y venirme para Madrid», recuerda Eduardo Casanova, agregando que «si te la querías jugar y marcharte fuera había trabajo, donde no había trabajo era en Zaragoza» y es que la producción audiovisual aragonesa por ese entonces era muy poca, así que este maño se colgó la mochila a hombros, como Labordeta, y china chano se fue para Madrid.

«Eran años que había muy poca gente preparada para el audiovisual, así que era fácil encontrar trabajo. Luego me junté en Madrid con gente que me enseñó mucho y no paré de currar» y así sigue, tiene muy claro que uno adquiere los conocimientos en las aulas, pero como aprendes es trabajando.

Ya en Madrid también trabajó en retransmisiones deportivas hasta pasarse a la ficción con una serie juvenil de éxito como fue Un paso adelante (2002), que confesamos que seguíamos asiduamente, y la comedia Mis adorables vecinos (2004). Hasta llegar a su relación televisiva más larga ‘Amar en tiempos revueltos’ (2005). «Yo voy a cumplir 49 años y parece que fue ayer, de hecho entré en la serie sin tener descendencia y ahora tengo un niño de trece años, se me ha pasado volando». Para Eduardo, ‘Amar es para siempre’ es como otro hijo, como un niño pequeño que ha criado junto a su equipo.

FOTOGRAFIANDO SU CIUDAD

El director, aunque lleva 30 años viviendo fuera de su ciudad natal, lleva sus raíces aragonesas muy adentro. A la pregunta de qué echa de menos de Zaragoza, además de a la familia, responde: «no lo sé describir porque es un sentimiento, no es algo material, es el sentimiento de ser aragonés«. Cada vez que viene a Zaragoza se patea la ciudad y la mira, algo que los que vivimos aquí seguramente no hacemos. «A mí el Pilar no me había impresionado nunca, supongo que porque nací con él y de repente ahora me sobrecoge cuando paso por la plaza tan grande, de repente es como un templo enorme encajado en un sitio».

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Basílica del Pilar de Zaragoza, para los que no la conozcáis y para los que no la miréis lo suficiente. Foto de Sekofotografía.

Hay que seguir su consejo y observar la ciudad en la que vivimos. ¿Y las fiestas del Pilar? «Si mis obligaciones laborales me lo permiten siempre voy a las fiestas del Pilar y a dar la tetadica que se decía antiguamente«. Su familia a excepción de su mujer y su hijo, están en Zaragoza, madre y hermanos. Un barrio zaragozano que también lleva en el corazón es Juslibol de donde era su padre y veraneaba todos los años. «Cuando os digo que salgo andar, ando hasta allí y vuelvo, volver a mis raíces me produce mucha emoción».

AUDIOVISUAL ARAGONÉS

No podíamos obviar la temática de la que trata nuestra web Secuenciadas y abordar un tema tan recurrente como es el audiovisual aragonés. Nos sorprende con su punto de vista sobre ‘El último show’ serie de Alex Rodrigo y Carlos Val.

«Me encanta», minipunto para Aragón TV. «Para los que nos hemos tenido que ir de Zaragoza porque no había producción audiovisual, ver las calles de nuestra ciudad reflejadas en una película o en una serie es muy emocionante porque no estamos acostumbrados. Ver el paseo Independencia o localizaciones que reconozco me parece brutal y luego desde el punto de vista del argumento está muy bien escrita y muy bien rodada». Y es que HBO no hubiera comprado un producto si no hubiera visto posibilidades, así Zaragoza ha llegado más allá de Fraga.

Miguel Ángel Tirado e Itziar Miranda en un fotograma de la exitosa serie ‘El último show’.

Y también nombra a Oregón TV, programa que sigue cuando puede, en el que destaca la labor de que varios de los actores escriban también los guiones. «En todos los rodajes que he estado todo el mundo habla muy bien de los técnicos o los actores aragoneses y hablan en el sentido de lo honestos y lo buena gente que son. Con esto no quiero decir que los de Valladolid no lo sean», bromea.

Eduardo Casanova se fue en 1990 de Zaragoza porque tenía que irse y no por gusto, que también, a trabajar a Madrid. Se siente muy aragonés y también muy madrileño y siempre que sus obligaciones laborales se lo permiten, y los tiempos revueltos, regresa a visitar a su familia para que su hijo se relacione con sus abuelos y primos y se sienta también aragonés. Le deseamos todo lo bueno a este profesional que traspasa fronteras y que sigan los éxitos de ‘Amar es para siempre‘ halalala 🎵

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