Descifrando a Santa Engracia con José Manuel Herráiz

Descifrando a Santa Engracia con José Manuel Herráiz

Tiempo de lectura: 4 minutos

En una tabla de madera vemos pintada la imagen de Santa Engracia. LLeva una elegante capa, un traje dorado y mira de soslayo hacia abajo. Enseña disimuladamente su zapato en el que se ve una inscripción. ¿Qué significan esas letras? Para contestar a esta pregunta hay que ver el documental ‘El enigma de Santa Engracia’, de José Manuel Herráiz.

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Santa Engracia posa para la foto con su famoso zapato encriptado.

El director sigue las pistas que le proponen varios expertos hasta llegar a dar con una teoría que resuelve el misterio. Así conocemos la historia de esta pieza del siglo XV y de su pintor Bartolomé Bermejo. «Fue la primera obra de Bartolomé que salió a la luz, 500 años después de su muerte y sorprendió a todo el mundo porque era muy bonita», señala Herráiz. La obra ya era conocida, pero no se sabía quién era el pintor. «Si no te fijas expresamente pasa desapercibida», advierte, para indicar que «mira hacia abajo como si estuviera señalando algo. Efectivamente, en el zapato hay seis misteriosas letras que nadie sabe muy bien lo que significan, pero que para el pintor debían tener un significado importante». ¡Comienza el juego histórico!

Realizamos una tourné por Boston, donde vemos el cuadro de la señora Engracia, Londres, Valencia, Madrid, Córdoba, Barcelona y Zaragoza. Desde el mismo coso zaragozano, en la Audencia Provincial, enviaron la famosa tabla que viajó por diferentes paises hasta llegar a Boston. En 1904 la compró Isabella Stewart, una señora bostoniana, muy rica, de principios del siglo XX, que tenía muchísima afición a coleccionar arte y dijo «voy a montar mi propio museo». Hasta allí se marcho el equipo de Albella Producciones para admirar la enigmática obra.

Bartolomé vivió en Barcelona, Valencia, Daroca y Zaragoza, dominios de la Corona de Aragón. «Como siempre, los documentalistas aragoneses tenemos que estar buscando temas que tengan relación con Aragón, de cara a ser financiados. Se mezcla la labor del productor, con la del autor al que le apetece contar la historia», reconoce el director. «Me gustaba mucho que, desde lo muy local, hemos conseguido contar una historia internacional«.

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Todos los libros que se tuvo que leer el director para descifrar ‘El enigma de Santa Engracia’

SANTA ENGRACIA IN PERSON Y SIN IA


Una parte very important del enigma es contarlo con recreaciones, aquí aparece en escena el director de arte Luis Sorando. «Se volcó totalmente en el proyecto», tanto que llenó una furgoneta hasta arriba de atrezzo. «Se ocupó de hacer el traje de Santa Engracia. Lo reprodujo para hacer la escena de la pintura. Es un traje extrañísimo y quedamos muy contentos». Herráiz ya tenía claro desde hace años quién iba a ser la Santa y en un evento familiar ya se lo hizo saber a la susodicha. «En una comunión, le dije a min sobrina: he pensado en ti para hacer de Santa Engracia. Me dijo sí tío, lo que quieras. No se creía que al final lo sería».

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Luis Sorando ateclando a Santa Engracia mientras Bermejo pinta el cuadro

«Las interpretaciones tamoco eran muy exigentes», bromea, por eso atreve él mismo a hacer un cameo en la ficción y su compañero de rodajes, Emilio Gazo, también. «Es más que del equipo y él también es muy exigente. Es el primero que opina y estamos muy compenetrados». Llevan trabajando juntos en varios proyectos desde 2018 y lo seguirán haciendo, dado el feeling que hay entre ellos. También trabajan en este proyecto Javier Gracia, a la cámara, Josian Pastor, como auxiliar de rodaje, e Irene Tudela y Abilio Langa en maquillaje y peluquería. Esta vez, tras 20 años con el mismo locutor, narra la historia Eva Magaña. «Este cambio se debe un poco al protagonismo femenino que tiene la película. Me gustaba mucho su voz y cómo interpretaba. Ha sido un acierto elegirla», asegura a Secuenciadas.

Estamos deseando descifrar ‘El enigma de Santa Engracia’. Próximamente habrá un estreno muy especial en una sala de Zaragoza y el dire espera repetir la fórmula en otras ciudades relacionadas con el pintor. Al ser una coproducción con Aragón TV, podrá verse en el canal en abierto. «Yo creo que este documental hay que verlo, que a la gente que le gusta el tema lo va a disfrutar muchísimo«. También tiene entre manos el documental ‘Dos reales azules: Historia de un sello de un millón de euros’ , un corto rodado en La Aljafería con Saúl Blasco y Jorge Asín, y un largo de comedia romántica que se rodaría en Alcañiz.

Y algo que nos ha llegado al corazón, un cortometraje documental ‘Icosaedro’ sobre su padre. «Ya falleció y era ingeniero de caminos. Él diseñó la central hidroeléctrica de Jaca, que es un icosaedro, una figura geométrica muy curiosa». Nos cuenta que se hizo en 1967, una obra muy rompedora y vanguardista que Julio Herráiz Soriano nunca firmó. «La gente se cree que se ha hecho hace una semana, porque tiene una pinta muy moderna«.  Os contaremos desde Secuenciadas la andadura audiovisual de este creador aragonés y dónde verla.

Cartel diseñado por Emilio Gazo:

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Iván Castell lleva el cine fantástico a La Aljafería

Iván Castell lleva el cine fantástico a La Aljafería

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El cine fantástico aterriza en La Aljafería de Zaragoza en formato cortometraje. Un equipo liderado por el director Iván Castell ha rodado ‘D.I.T’, una historia del cine dentro del cine. Una movida que ahora llaman metacine. «Durante la pausa entre dos planos, hay una conversación por los walkies, entre el D.I.T, que está en la torre de la Aljafería y una becaria de producción», explica el director a Secuenciadas. ¿De qué hablan? De tengo un guion, no sé por dónde tirar, te lo cuento. Y ahí aparecen personajes fantásticos que dan miedito: un monstruo y dos políticos.

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Ignacio Estaregui sostiene la claqueta sorprendido al ver a Jorge Desentre. Foto de Silvia Pradas.

Los obreros del audiovisual que mantienen tan animada conversación son los actores Pablos Lagartos (D.I.T) y Laura Torrijos-Bescós (becaria). Plano a plano van contando sus idas de olla, de lo que es el guion, mientras se recrea la escena, Jorge Desentre, el monstruo, y Raquel Anadón y Jaime García Machín, los políticos. «Realmente va sobre la creación y las típicas conversaciones que puede haber en un rodaje», señala Castell. Pero primero el D.I.T le explica a la becaria que significan sus siglas y ya de paso os lo contamos a vosotros.

Es el Digital Imaging Technician y se encarga de descargar los archivos de grabación y hacer copias de seguridad, por si acaso no ocurra una desgracia. También se encarga de que la imagen sea la más óptima, realizando un control de calidad de los planos: foco correcto, parámetros adecuados, aplica LUTS a la imagen propuestos por el DOP, entre otras muchas más cosas. Aunque sus labores, os confesamos, dependen del nivel de producción de la película.

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El D.I.T, Pablo Lagartos, intentando entender su trabajo. (Fotograma de ‘D.I.T.’)

El corto forma parte del ciclo ‘La Aljafería, un lugar de cine‘ un proyecto de Vicky Calavia en el que propone a realizadores rodar una obra en la Aljafería con una pequeña ayuda monetaria. «Rodar ahí es una maravilla, es un espacio tan particular. Nosotros rodamos de noche, que está todo cerrado y tienes toda la Aljafería para ti solo», recuerda el director. Cuando le llegó la propuesta, sus compañeros y amigos Ignacio Lasierra e Ignacio Estaregui, los Nachos, le animaron a apuntarse a ello. Y es que ellos ya habían rodado en el palacio. Así que tenía que buscar una gran idea.

La encontró y para desarrollarla contó con otro buen amigo, Carlos Val. » Yo sabía que la idea se me iba a atascar. Entonces llamé a Carlos. Él es muy buen guionista y somos amigos y le dije, venga échame una mano y vamos a escribirlo juntos». Se puso manos al ordenador y bajo a la Tierra todas las ideas de Castell. «Él, como grandísimo guionista que es, le dio, digamos, coherencia y estructura a todo lo que yo le contaba. Que eran auténticas locuras», confiesa.

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La becaria, Laura Torrijos-Bescós, escuchando un podcast de Aragón Radio.

TRES NOCHES DE CINE EN LA ALJAFERÍA

Ya tenían el guion, los actores y el equipo técnico ¡Acción! Tres noches rodaron entre los muros del Palacio de la Aljafería, aunque extra muros también. Laura Torrijos-Bescos, la becaria, habla desde el foso con Pablo Lagartos, el D.I.T que está en la torre de arriba del todo. Esto hizo que los actores no tuvieran que coincidir en el día de rodaje. Aunque ellos, que son muy majos, se acercaron igualmente a darse la réplica el uno al otro. «Me gusta mucho el trabajo de Laura y de Pablo», reconoce Castell.

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Los políticos, Raquel Anadón y Jaime García Machín, cuando se enteraron de que a Ayuso le gusta la fruta. (Fotograma ‘D.I.T’.)

Y la última localización es el hemiciclo de las Cortes de Aragón, donde está el monstruo haciendo de las suyas con los políticos. «Quería destacar el trabajo de arte de Pilar Sicilia. Con un presupuesto extremadamente escaso le pedí hacer un monstruo que tuviera bastante enjundia. La verdad que yo creo que ha quedado un trabajo bueno y interesante. El director de fotografía (DOP) es Adrián Barcelona. «Yo quería darle a los espacios un rollo como muy oscuro, que no fuera tan preciosista como es ya de por si si la Aljafería. Cada uno de los espacios quería que tuviera una tonalidad diferente. Nos entendimos muy bien y la verdad es que lo ha hecho con los medios que había».

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El director, Iván Castell, explicando el guion al ayudante de dirección, Saul Gallego, a la derecha. Foto de Silvia Pradas.

El 22 de noviembre ‘D.I.T‘ se pudo ver en la séptima edición del ciclo ‘La Aljafería, un lugar de cine’, en su lugar de origen. Ahora comienza su ruta por festivales dedicados a este género. Mientras, Iván Castell, continúa trabajando, escribiendo el guion de un largo basado en su erasmus de juventud en Bélgica e intentando levantar otro proyecto de ciencia ficción. También colabora con otros directores como montador. Del nuevo corto de Silvia Pradas, ‘Puedes tu solito’, con Ignacio Lasierra, un documental, que lleva varios años grabando, sobre una de las protas de ‘Las niñas’, Andrea Fandós. Y ha montado junto a Jorge Nebra la peli sobre vampiros ‘Cuando los amos duermen’, que se ha podido ver en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges.

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Unos chavales del barrio de la Jota irrumpen en Netflix

Unos chavales del barrio de la Jota irrumpen en Netflix

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Raúl “La Cofia” y José “El Dos” llevan veinte años contra viento y marea grabando discos y subiéndose a los escenarios. Están grabando su último disco y pasan bastante del reggaetón. Solo quieren hacer la música que les gusta, sin estar pendientes de las tendencias. En este gran viaje les acompañan otros amigos músicos como Kase.O, Sho-Hai o Mariano Casanova. Esta es la historia real que narra el documental ‘Cuatro puntas. Música desde abajo’ de Pablo Aragüés y está protagonizada por dos chavales del barrio de la Jota de Zaragoza. El próximo año llega a Netflix.

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Raúl y Jose pasando de las tendencias

Este ¡notición!, su estreno mundial, es algo que Pablo Aragüés lleva unos meses guardando en secreto hasta a los propios Raúl y Jose, hasta que ha podido contarlo a los cuatro vientos. «No es solo un documental sobre música, que habla sobre la vida del artista, sobre la amistad de ellos dos y de cómo esa amistad se traduce en un trabajo conjunto que es hacer música», explica el director a Secuenciadas.

¿Quiénes son Raúl y Jose? Empezaron en el instituto a interesarse por la música a tope y decidieron formar un grupo, ‘Frutas y verduras’, y es que ensayaban en un local que era una antigua frutería que aún conservaba el nombre en su fachada. Hubo tantos cambios en la formación que al final, al seguir ellos dos, decidieron llamarse ‘Melancrónico’. «Me parecía que había una historia muy bonita ahí detrás. A pesar de todo, de los cambios de formación, ellos dos han seguido haciendo música. Es una forma de ser amigos y hacer música les hace ser amigos», relata Aragüés.

Pablo Aragüés los conoció a raíz de empezar a realizarles videoclips, se hicieron amigos y continuó filmando grabaciones de discos, conciertos … Pronto le surgió la idea de hacer un documental. «Llevaba varios años queriendo hacer un documental sobre ellos, pero no encontraba la manera de hacerlo, cómo enfocarlo» hasta que le llegó la inspiración en 2019. Grabaron el videoclip ‘Greatest Shits’, en el que colaboran sus coleguis Kase.O, R de Rumba y Sho-Hai. «Ahí me di cuenta de que lo que de verdad tenía que contar era su historia de amistad». Y así se lo comunicó a ellos y al día siguiente empezaron a rodar el docu.

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Melancrónico en uno de sus conciertos, siempre llenan

EL PASADO SIEMPRE VUELVE

Aparecen entrevistas con amigos y familiares, la grabación de su último disco ‘Doble personalidad compartida’, trabajan ocho horas en cosas que no tienen que ver con la música y luego se van a ensayar para preparar un concierto. Todo ello aderezado con imágenes del archivo del director, que les ha seguido desde 2008, hasta grabaciones en vhs que les ha pasado el propio grupo de los años 90. «Se grababan en el local ensayando. También en algún concierto, uno en Interpeñas en 1998 en el que están tocando con Kase.O y que está liándola gordísima», dice entre risas el director.

Acabaron el rodaje en febrero de 2020 y el dire aprovechó el confinamiento para hacer la edición. Hasta que les mostró la película a los protas que quedaron en shock. «A los pocos días quedamos con Javi (Kase.O) y Sho-Hai para verlo y fue alucinante. Ellos se tiraban por el suelo del gusto porque los conocen de toda la vida».

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Kase.O cuenta cómo en su adolescencia grababa a cuatro pistas las maquetas de estos chicos

Y así ya todo montadico se reunieron con Netflix que les dijo: oh yeah lo quiero para mi catálogo, y en enero formará parte de la plataforma VOD. «Lo hemos grabado en su local y lo he montado en mi casa. Entonces, que algo que ha sido tan do it yourself acabe en Netflix es una cosa que todavía me alucina«, confiesa. La productora Marta Cabrera ha trabajado también en el rodaje y sobre todo se ha encargado de la postproducción de Netflix y de la distribución.

Y antes de su proyección international, pasará por la Filmoteca de Zaragoza este viernes, 19 de noviembre, a las 20.30 horas, con entrada libre en riguroso orden de llegada. Un estreno aragonés en el que estarán sus protagonistas. «Son producciones enteramente aragonesas, que nacen aquí, se ruedan aquí, se producen desde aquí, se postproducen desde aquí, el equipo es de aquí y el trabajo es de aquí», recalca el dire. Próximamente se podrá ver también en Aragón TV.

Pablo Aragüés, que tiene a sus espaldas películas de ficción como ‘Vigilo el camino’ (2013) o ‘Novatos’ (2015), acaba de finalizar el rodaje de ‘Para entrar a vivir’, con Bárbara Goenaga y Borja Otxoa. Se trata de una peli de terror en la que una pareja encuentra el piso ideal, pero el piso ideal tiene truco. Ahora se encuentran en fase de postproducción y se estrenará la primavera que viene.

Trailer ‘Cuatro puntas. Música desde abajo’.

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«Cuando vi ‘Ciudad de Dios’ supe que quería hacer algo así, contar una historia que hiciese flipar a la gente»

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Tiempo de lectura: 15 minutos

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

Director y guionista, el zaragozano Alex Rodrigo (1988) desborda creatividad, buena intuición para los proyectos y talento. Asistimos en CaixaForum Zaragoza a una charla en la que desgranaba cómo ha evolucionado el panorama audiovisual nacional y aprovechamos la ocasión para repasar también su trayectoria. 

Os hacemos un spoiler nada más empezar: también le pedimos que posara en una foto como si fuera un vampiro (cosas nuestras) y accedió de buen grado y con una amplia sonrisa. Estamos seguras de que si le hubiéramos pedido atracar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre también hubiera accedido de buen grado. Director de éxitos de series como ‘El partido’, ‘Vis a vis’, la archiconocida ‘La casa de papel’, ‘El embarcadero’ o ‘Veneno’, ha creado y combinado su labor de director con la de guionista en la primera ficción televisiva aragonesa, ‘El último show’. Pasen, lean y descubran a Alex en este nuevo Secuenciando a. 

¿Cómo eras de niño? 

Mi infancia se ha marcado mucho porque la persona que más me ha criado ha sido mi abuela. Mis padres se divorciaron teniendo yo cinco años y, por circunstancias de la vida, ha sido mi abuela la que se encargó un poco más de mi. En esa crianza con mis abuelos me han marcado mucho mis salidas al pueblo, a Broto, que está en el Pirineo. Íbamos todo lo que podíamos y había algo como muy de descubrimiento, fascinante, en ir al pueblo con mi abuelo. Un poco más mayor también mi pueblo ha sido el lugar del primer amor, de la primera pandilla de amigos, el primer beso que te das escondido en el río, esos momentos del crecimiento. 

Aprendí a hablar antes que a andar, me empezaba a inventar historietas y eso sí que me lo recuerdan mucho. También recuerdo mucho el nacimiento de mi hermana como un bofetón de volverme adulto sin transición, de tener responsabilidades. Me flipaba quedarme cuidándola. 

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Además de esta fascinación por crear tus propias historias, ¿cuándo se inicia tu vinculación con el audiovisual? ¿cuándo te das cuenta de que quieres ser director?  

Primero quería ser escritor, porque se me daba muy bien escribir. En quinto de Primaria un profesor me dijo que podía ser escritor y me voló la cabeza porque no tengo un referente en el mundo de las letras ni de las artes en mi familia como para entender que eso era un oficio. Eso me motivó muchísimo, me puse a escribir más y luego fue con 14 o 15 años que descubrí el lenguaje cinematográfico como una forma de narrar igual que el escrito. Me di cuenta de que las historias que tenía en mi cabeza eran más audiovisuales que de literatura. 

Descubrí que hay un oficio que es director de cine, de guionista, y flipé porque el universo audiovisual en ese sentido es mucho más amplio, en cuanto a los distintos departamentos, al equipo, cómo se trabaja. Vi la película ‘Ciudad de Dios’, y además de flipar con la historia, porque entonces se estaba gestando mi identidad política, a nivel de narrativa audiovisual también fue increíble ver cómo trabaja con las líneas temporales, el montaje, que era una locura en ese momento, te volaba la cabeza. Con esa dije: “yo quiero hacer algo así, no se cómo, ni el camino, ni los años que tardaré, pero quiero contar una historia que haga flipar a la gente como acabo de flipar yo”.

«La primera vez que me sentí director fue en unos campamentos en Villanúa. Éramos cincuenta chavales y rodamos tres cortos»

A los 18 años te fuiste a estudiar a Madrid, ¿cuál fue tu primer trabajo, en el que te sentiste director? 

Por una parte, me puse a grabar a una compañera que hacía danza del vientre sus vídeos de fin del curso y siempre le intentaba sacar jugo, quedarme con las miradas que tenían entre ellas, con sus historias. En esos pequeños curros alimenticios, porque era puramente para pagar el alquiler, puedes encontrar mucho brillo a nivel creativo si le pones el foco y lo quieres ver desde ahí. 

La primera vez que me sentí director fue en unos campamentos que hacía el Gobierno de Aragón, ‘Vacaciones de cine’, que te llevaban a Villanúa y tenías que hacer un corto. Recuerdo que éramos como cincuenta chavales aragoneses y gallegos y se rodaban tres cortos, todo el mundo que tenía una idea la tenía que contar en público y luego se elegían solo tres. Tenía 15 o 16 años y me marcó mucho ese campamento, convencer a la peña de que rodaran conmigo y todo el proceso de aprender por qué funciona un plano y por qué no. 

¿Qué parte de intuición hay en tu carrera, de saber qué funciona y qué no?

Para bien o para mal, el hecho de no ir a una escuela de cine, que era un sueño mío, hace que surjan soluciones creativas o una identidad más fuerte, a pesar de que tiene muchas carencias. Estaba en Madrid con una beca de renta baja, que me permitía casi el 80 por ciento de mis ingresos y el otro 20 por ciento venían de las danzas del vientre y bodas, bautizos y comuniones. Envidiaba un poco cuando los finalistas de festivales de cortos eran todos alumnos de grandes escuelas y pensaba que yo no estaba en esa liga. De ahí surgió que un grupo de chavales formáramos una pseudoproductora, que en realidad no lo era: éramos cuatro mataos de 18 años que no teníamos ni cámara propia y luego se la teníamos que pedir a alguien. Hay algo en el no haber tenido profesores académicos con reglas claras que igual te hace más ecléctico, aunque en las artes tener buenos formadores es enriquecedor, hay tutores que son padres artísticos y yo no lo tuve. 

Estaba en la Complutense (estudiando Comunicación Audiovisual) con gente que no había pisado un rodaje, no había prácticas, no tocamos una cámara prácticamente en toda la carrera, tuvimos que ponernos a rodar por nuestra cuenta, buscar un par de libros del tema e ir cruzando la información que tenías con lo que grababas y lo que veías que funcionaba o no funcionaba. De pronto un día te saltabas el eje y pensabas que molaba.

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¿La webserie ‘Libres’ te cambió la vida? 

Hay dos proyectos que me marcaron la vida. Uno es ‘Los ojos de Laia’ (2011), un cortometraje que hicimos en una maratón de 36 horas de supervivencia fílmica. Íbamos equipos de chavales de toda España a Donosti y hacías un corto en 24 horas y lo montabas en 12. Lo hicimos el grupo de la facultad y ganamos el primer premio y el de mejor actriz. El primer premio eran 5.000 pavos y éramos seis personas; de pronto veías que habíamos contado una historia de 6 minutos y volvíamos con 900 pavos, que es es un salario de puta madre. Vimos que se podía vivir del cine. 

Los jóvenes de mi generación nos comimos la crisis de 2008, hemos salido al mercado laboral ya de por sí con una carrera (Comunicación Audiovisual) que no tiene salidas y teníamos una sensación de que si a lo que nos dedicábamos para pagar el alquiler tenía que ver con cámaras o con escribir, ya nos dábamos con un canto en los dientes si no teníamos que acabar en otro sector o en el paro o fuera de España. El logro era dedicarte a algo que tuviera que ver con el audiovisual y conseguir un salario haciendo un corto fue como ¡hostia! 

Después, con ‘Libres’ (2012) la movida fue conseguir financiar la serie. Estábamos orgullosos del contenido final y técnico, la levantamos con un crowdfunding por internet y sentimos que había un público al que le interesaba mucho lo que le contabas, por eso me cambio la vida, porque más allá del circuito de festivales sentimos que con el teaser se había movido gente interesada en la serie, que la apoyaba con el crowdfunding y, encima, empezamos a ganar premios fuera de España y surgieron entrevistas en medios nacionales. La suma de ello, de estos dos trabajos, fue mi toma de consciencia de que se podía dedicar uno a esto y con un curro creativo. A nivel mental, con ‘Los ojos de Laia’ y ‘Libres’ rompí esas barreras. 

«El primer día de rodaje en Vis a Vis pregunté cuánto costaba el capítulo y entré temblando»

¿Cómo llegas a la televisión y a dirigir capítulos de ‘Vis a Vis’? ¿Esa fue tu gran oportunidad? 

Sin duda. Ha habido como un camino doble para llegar a ‘Vis a Vis’. Por un lado, estábamos haciendo ‘El partido’ (2005), que era una webserie que estaba ya dentro de Atresmedia, estábamos en Flooxer haciendo ficción online y de corta duración; y por otro lado, porque hice un cortometraje (Un millón) con Miguel Amoedo como director de fotografía. Había visto de Amoedo su trabajo en ‘De tu ventana a la mía’, de Paula Ortiz, me flipaba y pensé que igual tenía buen rollo con los maños y que le podría entrar. Me acerqué, le moló el guión y fuimos a rodarlo y fue una suerte que él, cuando ya estaba tan consolidado, aceptara hacer un corto con un chaval poco conocido. 

Después, en la segunda temporada de ‘Vis a Vis’ necesitaban un director más y ya surgió el debate de si llamar a alguien con más recorrido en la tele o abrir la puerta a sangre fresca y joven. Yo estaba bien posicionado porque ya conocía a Miguel, él me recomendaba, ‘El partido’ estaba funcionando muy bien en Flooxer y me colé. 

¿Qué sentiste el primer día de rodaje en ‘Vis a Vis: emoción, temor? 

El impacto más grande fue que pregunté cuánto costaba el capítulo y casi me caigo al suelo y entré con las piernas temblando, no lo debería de haber preguntado justo el día que empezaba a rodar, tuve bastante pánico. Lo bueno, que me empecé a comunicar con el equipo, dirigiendo a actores y hablando con el equipo técnico vi que era gente con la misma pasión y motivación, aunque me sacaran veinte años, que tenían esa chispa en las ganas de hacerlo bien y conecté con ellos. Fue primero pánico y, cuando vi que nos entendíamos, después me sentí a gusto. 

¿Cómo es dirigir una gran producción televisiva?  

Si destilas todo, te quedas con el grano y quitas la paja, es igual que hacer una webserie. Hay mil condicionantes, si tienes ochenta figurantes, un rappel por no se dónde y una explosión con un especialista que sale volando, pues lo que necesitas para este tipo de secuencias, que técnicamente son tan complejas, es exprimir muchísimo cada segundo de rodaje, porque cada segundo de rodaje es carísimo. Cuanto más caro y menos puedes perder el tiempo, más trabajo requiere en preproducción. 

En la quinta temporada de ‘La casa de papel’ ha habido un capítulo que era especialmente complejo por la acción y por primera vez he contratado a un dibujante de storyboards, por no hacerlos yo. Esto no lo haría en una serie más sencilla. Luego hay que hablar mucho con el equipo de cámara para saber si un plano es mejor con un tipo de grúa o con otra, si se hace con dron, o mil movidas que cuanto más caro es todo, más responsabilidad tienes en no perder ni un segundo de tiempo. Por lo demás, hay que intentar que toda esta carcasa de dimensión, presupuesto y técnica no te quite energía para dirigir actores, eso es algo que me intento autoimponer mucho en estos rodajes tan complejos, solucionar todo antes del set, de dar acción, y luego dedicarte a los actores

En ‘La casa de papel’ los guiones están vivos, se escriben conforme transcurre el rodaje. ¿Con qué margen disponéis de los guiones para trabajarlos? ¿Es un proyecto muy colaborativo entre directores y guionistas?

Los propios guionistas, más en la primera temporada, cuando los capítulos eran más sencillos, veían cómo se montaban las secuencias y hablábamos de qué trama era guapa y darle pie, por la química entre personajes, o al revés. Es cierto que conforme la serie se vuelve más compleja eso se puede hacer menos, porque el plan de rodaje es mucho más complejo, las secuencias son mucho más difíciles de montar, hay más planos, más técnica, hay que integrar más VFX. 

Tenemos los guiones con semanas de antelación en plural y, a veces, con una semana en singular y te tienes que pegar una semana encerrado. Yo planifico las secuencias con música, cada capítulo me hago mi selección en Spotify y cada secuencia la trabajo con mis cascos. Igual dos semanas me encierro en mi cuarto o en la oficina del plató de Vancouver, me pongo mis cascos y de ahí no salgo hasta que no tengo los dibujos de las plantas, me apunto las emociones de cada momento de la secuencia, la subrayo con colores, indico si lo quiero llevar más a tensión, a drama intimista o a comedia. Me hago una especie de mapa de tramas por capítulo, con una línea temporal del minuto 1 al 45, y veo qué tono le quiero dar tanto a nivel actoral como de cámara, de encuadres, de arte. Voy viendo si un capítulo queda demasiado intenso en cuanto a tensión o si tiene demasiada comedia y se pierde el espíritu adrenalínico de la serie y voy modificando en base a eso; aunque cuando salen los guiones más pegados a rodaje lo haces todo más rápido y te frustras más o te pegas una semana sin dormir. 

«Lo mejor de este oficio es estar rodeado de gente apasionada»

Tienes proyectos para dar el salto al cine. ¿Te gustaría que formara parte activa de tu futuro?

Sí, pero para ya forma parte, lo rodaría igual que ruedo una serie, trabajaría el guión igual que trabajo en una serie, ensayaría con los actores igual, preproduciría con el equipo técnico igual, montaría de la misma forma porque seguramente llamaría a los montadores con los que ya he currado y tengo una química increíble y trabajaría todo igual, excepto la emisión final, dado que el tipo de pantalla sería distinto. Me gustaría sacar la idea que tengo de largometraje como largometraje, pero en sí el cine ya forma parte de mi vida. 

Oye, ¿pero a qué se dedica un director exactamente? 

Separando el director del guionista: te llega guión, te reúnes después de la lectura para proponer las cosas que no te encajan o posibles cambios que se te ocurren a nivel estructura o diálogos. Luego pides ensayos con actores, las localizaciones técnicas con las características que crees que tienen que tener, hablas mucho con el departamento de arte y vestuario para ver cómo configuras visualmente y cómo hablas de los personajes a través de elementos externos. Con el director de fotografía también, y vas dando pasos y tomando decisiones, que esto es algo que al principio llevaba muy mal y que ahora ya he asimilado y es que cada paso que das tienes que tomártelo como que no hay marcha atrás, ser consciente del peso que tiene cada una de las decisiones, que es una de las cosas que más vértigo da de dirigir. Una vez que entra el chorro de desembolso presupuestario de por medio, ahí cada paso es un paso hacia adelante. 

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

Una vez que tienes los ensayos, has trabajado bien el tono, sabes la puesta en escena, cómo vas a colocar a los actores dentro de la secuencia, o si has pedido materiales a arte, llegas al día de rodaje que es un día de curro en el que cada departamento sabe lo que tiene que hacer, lo habéis hablado en la preproducción y llegas y ejecutas los planos, la puesta en escena y todo lo que tenías en la cabeza. Previamente tu has dibujado una planta, que es, como a vista de pájaro, dónde están los personajes y las cámaras, los elementos de atrezzo que intervienen y demás y, según como sea el proyecto, también dibujas un storyboard para que cada plano vaya acompañado de una viñeta. En las secuencias complejas lo hago, en las sencillas, con un equipo congeniado, no es necesario.   

Y con eso te pones a rodar, toma a toma, todo lo que te falta tanto técnico como interpretativo lo vas matizando; para dirigir a actores tienes que conocerlos y saber cómo reconducir su interpretación para que acabe teniendo la secuencia el sentido que querías. 

Una vez que tienes esto te vas a montaje, primero el montador hace un premontaje suyo, que llamamos en broma un ‘premonster’, porque es un monstruo que asusta y generalmente en ese primer visionado piensas: “mierda, no valgo para esto, he engañado durante toda mi trayectoria a los productores para que pensaran que valgo, pero esto es una puta mierda”. Te pones a trabajar en el tempo, en la interpretación por tomas, en la música, en lo que se te ocurre viéndolo, hay muchísimo debate y diálogo con el montador y de ahí sacas el montaje del director y lo presentas a los productores ejecutivos, que mandan cambios, algunos más rígidos e incontestables y otros debatibles, y de ahí sale el corte que se lleva a la plataforma o a la cadena y ellos vuelven a dar sus notas de cambios, que generalmente son poquita cosa, matices. 

¿Qué es lo mejor y lo más complicado de tu trabajo?  

Lo más complicado, en algo práctico, es cuando crees que hay mucho potencial en lo que estás haciendo, pero no tienes el tiempo suficiente para exprimirlo. La falta de presupuesto es una condición dada y no hay nada que hacer, pero cuando no se ha organizado bien la producción y tienes menos tiempo del que deberías para hacerlo bien y sabes que no va a quedar todo lo bien que podría por falta de tiempo, es muy frustrante y gestionar eso puede que sea lo más complicado. Y el miedo a que tu futuro laboral siempre depende de lo bien que salga lo que estás haciendo ahora; depender de eso a veces es complicado a la hora de gestionar la autoestima.

Lo más bonito es estar en un trabajo en el que estás rodeado de gente muy apasionada, que está ahí porque desde una edad muy temprana han tenido una vocación y que disfrutan haciéndolo, a pesar de que con las tensiones hay broncas y con las diferencias de opiniones hay tensiones, pero es una industria en la que te rodeas de gente con mucha pasión. De las artes, junto con la música, es una de las más colectivas y me parece muy bonito la energía que desprende, el debate creativo que genera y como al final es algo como muy de comuna: parimos, criamos y cuidamos a una criatura, que es la serie, entre un grupo muy heterogéneo de personas, de distintos departamentos. Obviamente el director tiene la voz final y dirige como es su rol, pero somos como una comuna de gente que está dando vida a algo entre todos. 

En tu labor como guionista, ¿cómo te planteas la escritura de un guión?

Lo normal es que tengas una idea más o menos vaga, que evalúes si tiene salida o no con las necesidades actuales de plataformas y teles, y a la que ves que tiene potencial, aunque no sea comercial, te lo curras más y lo presentas. También verbalmente lo peloteo con la gente que conozco y me voy fijando en las caras de la gente que la recibe y, en base a eso, me motivo o me desmotivo, que puede ser algo infantil por mi parte, pero voy apostando más por unas ideas o menos por otras muchas veces porque las voy contando a mis colegas y me fijo en sus caras

Ahora estoy en desarrollo de una idea con una plataforma y la idea en sí misma surgió del confinamiento. Tenía unos insomnios brutales, habíamos parado de rodar ‘Veneno’ y no sabíamos cuándo íbamos a volver y en esos insomnios cogí cosas de mi infancia, una obsesión que tengo desde entonces, con referentes que había visto en pelis últimamente y fui cuajando una movida que luego le conté a mis representantes y ellos me dan feedback de si a eso en el mercado le ven salida o no. Era una locura personal, pero me dijeron: “dale caña que sueña muy bien”. La primera plataforma que recibió la idea me dijo que la quería y ahora estoy escribiendo con otro guionista, poniendo negro sobre blanco, porque el dossier era un tratamiento global y estamos haciendo el guión puro y duro. En cuanto acabe ‘La casa de papel’ nos pondremos a desarrollarla. 

Por otro lado ha ocurrido al revés, que una persona que ha tenido una idea se la ha comprado una tele y me ha llamado a mí. Sobre una idea de una chica de Valencia nos hemos puesto a escribir los dos. Coescribir es muy bonito, no tienes estrés de tiempo como en un rodaje, hay más ensayo error y es guay y tienes toda la libertad para soltar barbaridades y ya te dirá otro que no funciona. 

«Si había algún lugar en el que podía hacer ‘El último show’ era en Aragón»

Si no fueras director y guionista, ¿qué serías? 

Siempre me ha gustado mucho la música, he tocado el saxofón con varias bandas durante muchos años y en la carrera me salió más curro de músico que de realizador, hacía música para publicidad. Al final me reconduje, le metí más tiempo a dirigir que era lo que más me gustaba, pero el mundo de la música me fascina porque tiene algo que no tiene la escritura y es que utiliza un código que no tiene que ver con el lenguaje humano, el lenguaje musical genera emociones sin ser tan literal, me parece superior.

Has liderado la primera ficción de la televisión autonómica de Aragón, ‘El último show’, una idea fruto de tu encuentro cuando eras pequeño con el humorista Marianico el Corto. ¿Cómo fue ese momento de decirle a la tele quiero que Marianico sea Buñuel?

Lo primero fue hablar con Miguel Ángel Tirado para contarle la idea, que le fascinó porque a su personaje le vio enseguida la dimensión dramática. Conociéndole, vi la dimensión dramática que tenía él y la ternura que despertaba y con él a favor pensé en intentarlo. En la reunión (con la tele) se que no esperaban que les fuese a presentar algo así, creo que toda la gente de la tele a la que dije que quería hacer esta serie interpretó muy bien el papel de no decir “qué coño nos has traído” (ríe). Me escucharon, se leyeron el dossier y sentí que si había algún lugar en el que podía hacer esa serie era aquí y era también la oportunidad de darle la vuelta a una tele autonómica, que bajo el disfraz de tele regional había hecho algo muy moderno. Creo que ellos lo entendieron, cuando otra gente en lugares mucho más grandes no entienden algo así. 

¿Fue un orgullo llevar a cabo esta idea en tu tierra, sientes que tiene algo de reconocimiento? 

Es una forma poética del destino, justo cuando lo ha megapetado ‘La casa de papel’ a nivel internacional, el siguiente paso lógico es tocar Hollywood y precisamente lo bonito era que lo que me tocaba hacer era esta serie. 

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¿Has pensado en dar ese salto a Hollywood?

No puedo avanzar mucho, pero estoy escribiendo, en desarrollo, ahora dos series, una de ellas estamos negociando en EE.UU. porque la propia historia tiene que transcurrir allí. Apunta bien y esperemos que se llegue a materializar. Es una comedia, de 30 minutos. 

¿Sigues el panorama audiovisual aragonés?

Dentro de Aragón igual sigo más a la gente con la que he compartido experiencias y conozco más, o que han estado en ‘El último show’, a ellos sí que los sigo más de cerca. Estoy ahora con los dientes largos de que Miguel Casanova me enseñe el primer montaje del corto que va a hacer (‘No te verán correr’), porque el guión me pareció putoincreíble, y también estoy salivando con las pelis de Paula Ortiz y la que va a empezar Pilar Palomero

¿En qué estarán próximamente?

Ahora mismo me espera por delante un año de escribir, tengo apalabrados dos desarrollos con plataformas, son dos ideas en las que estoy como creador, que voy a estar desarrollando, pero que no quiere decir que se lleguen a rodar. Todo esto es un proceso de ir superando pantalla a pantalla, impredecible. Uno de ellos seguramente rodemos parte de la historia en Aragón, el otro es de época y transcurre en EE.UU., son súper distintos, uno es un thriller de 50 minutos con algo de comedia negra, y el otro es comedia pura, de época y al otro lado del charco. Iremos escribiendo, teniendo feedback de la plataforma y viendo cómo encaja luego si se llegan a rodar los dos o solo uno. Este año he dicho que no a muchos rodajes para poder concentrarme en esto, siempre me pide el cuerpo cuando estoy en una etapa muy larga rodando el escribir y viceversa, soy un culo inquieto. 

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