Víctor Izquierdo dirige el corto ‘El nuevo barrio’

Víctor Izquierdo dirige el corto ‘El nuevo barrio’

Tiempo de lectura: 4 minutos

Barbecho Productions y La Vía Nivel han dado a conocer en un pase privado para el equipo el resultado de su nuevo trabajo: el cortometraje ‘El nuevo barrio’. Dirigido por Víctor Izquierdo, está protagonizado por José Luis Esteban, Manuel Zarzo, Miguel Ángel Tirado y Joaquín Murillo. La historia acerca al espectador a las vivencias de la tercera edad, en concreto de aquellas personas que deciden vender su piso en nuda propiedad.

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Los cuatro fantásticos del cine aragonés

El director y co-guionista, Víctor Izquierdo, el director de producción, Joshua Escribano, y el director de fotografía y co-guionista, Mario López, los tres también productores ejecutivos, explican a Secuenciadas cómo surgió este cortometraje que se centra en la historia de unos ancianos que venden su piso en nuda propiedad y a los que, después, comienzan a sucederles cosas.

“Trata los miedos en la tercera edad y cómo cambian los barrios”, señala Mario López. Se le ocurrió esta historia viendo anuncios de venta de casas en revistas y al observar que “cada vez se hace más lo de vender en nuda propiedad, que los mayores vendan sus casas viviendo dentro hasta que fallezcan”.

Mario López ya conocía a Joshua Escribano y Víctor Izquierdo tras haber trabajado con ellos en el cortometraje ‘El libro’, así que les transmitió su idea y a los dos les encantó. “A mí el tema de la tercera edad siempre me ha tocado mucho, porque he tenido muy buena relación con mis abuelos”, comenta Izquierdo. De hecho, en la reescritura del guion “mis abuelos estaban muy presentes, poder dar voz a su generación era una oportunidad que no podíamos dejar pasar”, añade.

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José Luis Esteban barrunta que algo no va bien

UN CORTO CON THRILLER Y HUMOR NEGRO

Pero Víctor, ¿qué te gustó de la historia? “Vimos toques de humor negro, de thriller, de casi terror, que se escapaban a como habitualmente se suele tratar el tema de la tercera edad”, detalla el director. Tras decir “no more drama, please”, se pusieron manos a la obra con un proyecto que “escapa a los cánones habituales” y que empodera, pero de verdad, a la tercera edad.

“Es un tema que, además, sucede, que está latente en la sociedad, que los ancianos tengan que vender sus casas para poder llegar a fin de mes” y que, una vez que fallecen, esas residencias se conviertan en algunos casos en pisos turísticos, cambiando “el concepto del barrio tal y como lo conocemos ahora”, apunta Joshua Escribano.

Sin ánimo de hacer spoiler, digamos que “la gracia” también la encontraron en el hecho de que, en la historia, los bancos comienzan a sentir la necesidad de hacerse con esos pisos cuanto antes, sin tener que esperar a que los propietarios mueran.

REPARTO

El protagonista del cortometraje es Manuel Zarzo, padre de Mario, y le acompañan los actores José Luis Esteban, Miguel Ángel Tirado, Joaquín Murillo, Elisa Forcano, Rosa Lasierra y Ángel Gotor. “Al grabarlo en Zaragoza queríamos contar con actores de aquí”, indica el co-guionista.

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Plano muy Kubrick con Manuel Zarzo al fondo

También están muy presentes las abuelas de Víctor Izquierdo, Luisa y Mari Carmen, hasta el punto de que la primera tuvo que abandonar su casa para que pudieran rodar el cortometraje allí, un ejemplo de que el dire estaba muy metido en la historia.

“Cuando escribía con Juan López de la Osa el guion (en el que también participan Jorge Dantar y Marina Parés) tenía siempre en mente la casa de mi abuela y al final, por cuestiones logísticas, se rodó en esa misma casa que yo tenía en mente”, detalla Víctor Izquierdo. Así que, ni cortos ni perezosos, “tuvimos que echar a mi abuela de casa y mandarla al pueblo con mis padres” para rodar.  

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Los actores, entre plano y plano, echan un guiñote ante la mirada atenta del director Víctor Izquierdo. Foto de Nai Martín

RODAJE EN ZARAGOZA

Una anécdota en un rodaje en el que ha predominado el buen rollo entre el equipo, aunque también han pasado momentos de estrés. “Rodamos cinco o seis días y había escenas que costaban más, que se atascaban, pero el buen rollo que teníamos ayudó a que todo fuese más llevadero y ameno”, apunta Joshua. El equipo filmó en el Cementerio de Torrero, en un piso de la avenida de Goya y en una calle del barrio de Delicias.

En cuanto a la música, ayuda a poner ese contraste entre lo nuevo y lo viejo. “Queríamos que al principio tuvieran más presencia las coplas, el universo de la tercera edad, para luego contrastar con la música electrolatina del bar”, afirman.

El resultado nos ha encantado y ahora le deseamos a este corto un exitoso recorrido por festivales, nos unimos a su deseo de llegar a los Goya y, también, de convertir el corto en una película. Víctor, Joshua y Mario ya se han comprometido a escribir el guion, así que ¡estaremos esperando el largometraje!

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«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

Tiempo de lectura: 13 minutos

El actor zaragozano José Luis Esteban se define a sí mismo como un vehículo diésel, que ha ido cogiendo velocidad de crucero en su carrera profesional y está en continua reinvención, un “culo de mal asiento” que mantiene intacta su pasión por aprender. 

Nosotras lo vemos como un fórmula 1, en el que todas las piezas encajan como un reloj para cumplir con sus metas. Tenaz, persistente, apasionado. Actor, dramaturgo y poeta, pero por encima de todo actor, de larga trayectoria en teatro y, después, en televisión y cine. Entre sus últimos trabajos en el audiovisual, sus apariciones en las series ‘Servir y proteger’, de TVE, y ‘El último show’, de Aragón TV. 

Charlamos con él sobre los inicios de su carrera, sobre la necesidad de entender el mundo para explicarlo en los escenarios o en las letras de sus textos. Admirador de Berlanga y orgulloso vecino, en su juventud, del barrio de San José de Zaragoza, os invitamos a conocer a José Luis Esteban en este ‘Secuenciando a’.     

¿Qué te llevó a ser actor?

Surgió en el último curso de Bachillerato, en el instituto, convocaron un taller de teatro, un profesor de francés, para montar ‘La cantante calva’, una obra de Eugène Ionesco. Jamás había pensado en el teatro ni remotamente, me parecía una de esas cosas absurdas en el mundo, que existían no se sabía muy bien por qué. Pero entonces, haciendo el taller en el instituto, me subí al escenario y ahí hubo un click brutal, porque yo era un crío muy tímido, con muchos problemas para entablar una relación cordial con el mundo, con mis compañeros y conmigo mismo y, de repente, el escenario era un lugar en el que yo me sentía libre. Y encima sentía que con lo que hacía la gente se lo pasaba bien; el escenario contribuyó a mejorar mi autoestima y entonces ya no me bajé nunca más. 

A partir de ahí montamos un grupo aficionado de teatro, fuimos por los pueblos, en los años 80, íbamos en tren o en autobús, con la maleta al hombro, nos pagaban lo que nos pagasen, ni me acuerdo. Luego me puse a estudiar Filología enseguida, la literatura me salvó la vida, y me matriculé en la escuela de teatro y con 22 años me monté una compañía de teatro con colegas. Y pasamos directamente de que nos gustara mucho el teatro a deber un huevo de pasta, y allí empezó la cosa. 

¿En ese momento comienza tu carrera profesional? 

Sí, estando en la escuela de teatro, en primero, hay una compañía, el Teatro de la Ribera, que buscaba gente para un espectáculo y me hacen el primer casting de mi vida y, sorprendentemente, me cogen. Ese fue el verano del 85, mi primera gira cobrando dinero, 3.000 pesetas por función. Me quedaba afónico después de estar cantando en la furgoneta, después de seis horas seguidas de viaje, todas las canciones que sabíamos porque aquello era una fiesta. 

Si no fueras actor, ¿dónde te encontraríamos actualmente?

En la universidad, dando clase. Al acabar la carrera, acabé a la vez Filología y la escuela de teatro, enseguida montamos la compañía, pero simultáneamente hubo un concurso público en la Facultad de Educación, me presenté, me lo dieron y estuve trabajando tres años en la universidad, dando clase. Salí espantado, porque el escenario era una competencia muy dura, pero estuvo bien y me permitió ganar dinero en un momento raro de mi vida, en que era todavía muy jovencito. 

«El oficio ha sido muy generoso conmigo»

Empezaste en el teatro, pero ¿cómo diste el salto a la tele? 

La tele vino muchísimo, muchísimo después. De hecho, todos los días me levanto, abro los ojos y pienso “gracias azar, cosmos, Paulo Coelho”, porque he hecho muchas cosas que no imaginaba ni en mis mejores sueños. En ese sentido, el oficio ha sido muy guay, muy generoso conmigo.

Empecé a hacer televisión en serio en el año 2004, hace cuatro días en comparación con los años que llevo en el oficio y fue porque fui a Madrid a trabajar, con un montaje del Centro de Arte Dramático de Aragón, que se titulaba ‘Misiles melódicos’, estuvimos en el Teatro Español de Madrid y entonces yo dije: “esta es mi oportunidad”. Venía de hacer una serie de trabajos muy buenos con el Centro de Arte Dramático de Aragón, Ricardo III, que había tenido mucha repercusión, me habían dado un par de premios de interpretación y sentía algo que nunca había sentido, que estaba en una situación distinta y que necesitaba dar un paso más allá. Así encontré mi primera representante, empecé a hacer mis primeros episódicos, teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca tele, lo que quiere decir que lo hacía muy mal, era muy distinto, sobre todo la manera de trabajar. 

Aunque los fundamentos son los mismos, cuando te has educado en un ecosistema donde lo único que existe es determinada manera de hacer el teatro, que no digo que sea buena, además, descubrí que tenía que desaprender todo lo que había aprendido y cuando llegué y me puse delante de una cámara me di cuenta de que tenía que volver a desaprender todo lo que había aprendido después de desaprender por primera vez. Veo, aunque no los veo nunca, mis primeros trabajos en ‘Siete vidas’, en ‘Matrimonio con hijos’ y pienso: “eras un pringadillo, chiquillo, no sabías de qué iba el oficio realmente”. En ese sentido creo que mi carrera es como yo, un poco diesel. Luego la aparición del cine fue ya el summum porque adoro el cine. Y todo nos lleva al ahora, un momento de una ilusión tremenda porque veo que tantos años de oficio me ponen en situación de aprender de verdad

¿Cómo fue el aterrizaje en el cine?   

En cine he hecho papeles secundarios, media docena de películas, he hecho muy poco cine en realidad. Con el primero que hice cine, aunque fue un mediometraje, fue con mi amigo José Miguel Iranzo, que falleció el verano pasado. Él rodó en 1996 un mediometraje en 16mm, titulado ‘Tempora y Violeta’, que fue un hito en el audiovisual aragonés porque era la primera vez que un realizador de aquí se metía en un pollo como aquel. A mi amigo Iranzo le debo que fue el primero que confió en mí para algo que no fuera teatro. Luego fue Paula (Ortiz), en ‘De tu ventana a la mía’ (2011) me hizo un pequeño regalo que luego por cosas de montaje quedó muy disminuido, pero yo siempre se lo he agradecido muchísimo a Paula. 

Luego vino la película que más me ha dado, no por el trabajo en sí mismo sino por lo que supuso, que fue ‘Altamira’ (2016), por el hecho de trabajar en inglés, con un grupo de actores ingleses a quienes admiro mogollón y allí había tres o cuatro de los que a mi me molan mogollón, Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas que es un tipo genial, y eso me dio un plus de confianza, porque ya el casting lo hice en inglés con Hugh Hudson. Nunca pierdo de vista de dónde vengo, dónde empecé y yo empecé prácticamente en los carromatos, en las eras, en los campos, y este tipo de oportunidades me han dado un corpus, un bagaje que para mi es muy valioso y un empuje muy grande para seguir trabajando. 

Después hice ‘La higuera de los bastardos’ (2017), con Ana Murugarren, que fue también una cosa de estas extrañísimas porque a Ana, que es una de las personas más punkis que he conocido en mi vida, yo no la conocía de nada. Fui a trabajar a Bilbao, a una cosa de teatro a casa de Ramón Barea, que es mi maestro, y me llaman y me dicen que había una directora que me había visto en una foto en Facebook y que me quería para su próxima película porque necesitaba mi careto. Pues vamos para allá y allí fuimos a grabar ‘La higuera de los bastardos’ que fue otra escuela, con un rodaje durísimo, que nunca había hecho, de noche prácticamente entero, con el tiempo vasco, frío, lluvia, unas condiciones durísimas, haciendo un personaje que era un secundario, pero con presencia. Y trabajar con Karra Elejalde que es una escuela en sí mismo, un tipo fascinante. Fue muy grato, y ahí andamos. 

Has hecho cine, teatro, tele, eres poeta, dramaturgo, ¿qué te aporta cada una de esas facetas?

Entender el mundo, entender lo que pasa, intentar explicarlo, ese es mi oficio como actor. Yo siempre digo que soy un actor que escribe, que publica libros de vez en cuando, que de vez en cuando da una clase de hablar en público, pero siempre es el actor el que está detrás y un actor que necesita entender, aunque todo sea incomprensible, pero necesito entender algo para poderlo contar después en el escenario. Porque además pienso que estamos en un momento flipante a nivel cósmico, terrenal, cultural, artístico, teatral, es un momento flipante.

Hay una frase de Antonio Gramsci, que era un pensador marxista italiano, que decía: cuando lo viejo todavía no se ha muerto del todo y lo nuevo todavía no ha terminado de nacer del todo, en ese periodo incierto es donde surgen los monstruos y yo creo que estamos en un momento de esos. Los antiguos paradigmas, a todos los niveles, están en cuestión, hay una nueva realidad y explicación de la realidad, un nuevo humanismo, hay un cambio brutal y el cine, el teatro, la novela, la literatura, la moda, todo tiene que explicar eso que está pasando, contarlo.

«En estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario»

Además de la pasión por el teatro, conocemos tu pasión por escribir

Esa pasión llegó más tarde, son cosas que han ido surgiendo con el tiempo. No pude escribir nada hasta que no me compré mi primer ordenador. Y se podrá pensar: “pues vaya pijada”, pues es que es verdad. En el año 2000 me compré mi primer ordenador y empecé a escribir. ¿Por qué? No lo se. Buñuel decía que somos básicamente un 80 por ciento de química y un 20 por ciento de misterio, pero lo que realmente detona las cosas es el misterio y eso me ha pasado, se han ido detonando pequeñas cosas ahí. 

¿Empezaste a escribir obras teatrales o poesía?

Empecé haciendo una obra de teatro, escribiendo teatro. Soy culo de mal asiento, me gusta trabajar, pero siempre me ha costado permanecer en un sitio mucho tiempo, periódicamente necesito conocer gente distinta, modos de trabajar distintos, visiones distintas, puntos de vista diferentes, necesito salir de mi zona de confort casi constantemente porque es lo que me mantiene vivo, en forma, alerta. 

¿Y cómo empezaste en la poesía?

El actor una vez hubo un momento en que descubrió la poesía, una cosa que no me interesaba nada en absoluto, como a otros jóvenes, pero en un momento de mi vida determinado cae en mis manos un libro de Allen Ginsberg, que se titula ‘Aullido’, y me pega una patada en la frente tan descomunal que me doy cuenta de que no puedo seguir viviendo si no hago eso en un escenario, no se cómo ni con quién, pero tenía que hacerlo ya. Entonces me junté con un músico amigo, José Javier Gracia, un maravilloso guitarrista de rock, él con su guitarra eléctrica y yo con el libreto de ‘Aullidos’. Nos emborrachamos juntos una noche pensando en lo que íbamos a hacer y a la mañana siguiente pasó algo mágico, y es que realmente nos juntamos, con una resaca del siete, pero los dos acudimos a la cita que teníamos y creamos ‘Territorio beat’.

Y la poesía empieza a formar parte de mi actividad de manera constante, porque funciona de puta madre en el escenario, porque la poesía tiene un poder escénico que es algo que fue para mí completamente inesperado, pero en lo que me volqué y en estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario, que me ha permitido conocer a mogollón de músicos, trabajar con ellos, descubrir la relación maravillosa que hay entre la palabra, la música, el gesto, el movimiento, la cámara, porque hemos hecho experimentos con televisión y seguimos, me flipa. 

Empecé a leer la poesía que me gusta a mí, no con la que nos han torturado durante años en el colegio y nos han hecho que nos alejemos de la poesía, sino la poesía que se está haciendo ahora, la mayoría de mujeres, que escriben una poesía que es la rehostia. Pero hay versos que no he leído y esos modestos versos que no he leído los tengo que escribir yo y por eso publiqué ‘Big Bang’ hace año y medio. 

En ‘Don Quijote somos todos’, con Teatro del Temple, además de interpretar un papel en la obra, con la que estás nominado en el Teatro Rojas de Toledo, eres autor del texto. ¿Cómo te enfrentas a esa escritura? Pones a Don Quijote a solucionar la despoblación

Para empezar a escribir siempre me hago preguntas, en este caso una pregunta: en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué, qué pasa en ese pueblo, por qué no te quieres acordar, dónde está, quiénes son, quiénes quedan hoy en día? Y de la respuesta a esa pregunta surge todo el texto. Yo estaba leyendo, además, ‘La España vacía’, de Sergio del Molino, que me había flipado, y eso sumado a la influencia de Berlanga, Azcona y Cuerda. No les conocí personalmente, pero es como si estuvieran muy cerquita de mí y no me explico por qué no han dejado más huella, por qué nadie sigue esa estela tan nuestra, ese humor cervantino. 

A raíz de todo eso surge y porque estoy muy interesado en cómo se funden cine y teatro, aunque a veces tienen problemas de relación. Pero yo no creo que deban tener problemas de relación, el cine es un hijo aventajado del teatro que en el siglo XX toma vida propia, aunque a veces se consideren que son dos fenómenos separados el uno del otro. Tanto en dramaturgias como en guiones hay esa sinergia en el tratamiento de diálogos, en el desarrollo de los personajes, en el uso de la elipsis y la economía expresiva. Fruto de todos estos movidones surge ‘Don Quijote somos todos’, una manera de dialogar, de replica contrarréplica que sea muy rápida, que trascienda el ritmo del teatro. 

Volvamos a tu faceta audiovisual, ¿cuál ha sido el último trabajo en el que has participado? 

‘Servir y proteger’, en TVE, como actor. Estoy muy ilusionado con la tele porque empecé mayor, mi carrera es incomparablemente más corta en la tele que en teatro, pero es que le pongo mucha ilusión y soy muy tozudo e insistente, persistente y cabezón, cuando quiero algo de veras no tengo prisa, y estoy acostumbrado a salirme con la mía. En este momento de mi carrera me gustaría mucho, y en ello estoy, espaciar un poco más el teatro y frecuentar un poco más los platós, que es una cosa que ahora, con 57 años, aunque me quedan muchos años buenos de carrera, siento que estoy en un momento muy bueno para reinventarme otra vez. Con esta pandemia esto nos está ocurriendo a todos, pero estoy muy  ilusionado con eso, y rodeado de gente estupenda, que me quiere mucho y me están apoyando mogollón y ahí vamos a estar. 

¿Cómo es trabajar en una serie diaria?

Encantador. He hecho dos series diarias, en ‘Servir y proteger’ he estado dos meses y en ‘Amar es para siempre’ estuve una temporada y estaba entonces haciendo teatro en Madrid. Yo descanso cuando trabajo, con ‘Servir y proteger’ estuve en diciembre y estaba haciendo ‘Don Quijote somos todos’, en Valencia y recuerdo el primer día de grabación en ‘Servir y proteger’, entraba en el primer turno de grabación del día, lo que significa que tenía que estar en maquillaje a las seis y media de la mañana. Me pasaban a buscar a las 5:45 horas del jueves. Pero yo estaba en Valencia haciendo teatro, la función empezaba a las ocho de la tarde y acababa a las nueve y media.

Me tuve que coger un coche de alquiler, algo de cena, y conducir pitando a Madrid; llegar, devolver el coche de alquiler, que parece una cosa sencillísima, pero que a las dos de la madrugada es una putada enorme; irme al hotel, dormir, pasar a buscarme, grabar hasta las dos y media de la tarde, ir a Atocha, coger un AVE y volver a Valencia para subir al escenario a las siete de la tarde. No digo esto como quien vive un vía crucis, no lo puedo decir, hubiera preferido que hubiera habido Aves por la noche, pero es que este oficio es así y me críe viendo como los grandes actores y actrices hacían un ‘Estudio 1’ que se pegaban diez horas grabando y luego se iban al teatro a dos funciones. Hay que currar. 

«El gran producto que Aragón exporta es cultura y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí»

Has participado en otras series nacionales, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuéntame’, episódicos, ¿pero qué te han aportado esos papeles?

La necesidad de adaptarte enseguida a un equipo que funciona perfectamente, eso fue lo primero que aprendí en estos episódicos en que grabas un día y desapareces. Llegas a un ecosistema compuesto por ciento cincuenta millones de piezas que funcionan todas de puta madre y donde lo único que te exigen es hacer un ensayo con cámara y una toma. Siempre he pensado que una de las responsabilidades de los actores es, lo primero, no dar mal, lo segundo solucionar problemas y, lo tercero, adaptarse a los ritmos, a los estilos, a los modos de trabajar de cada equipo y ficción. 

Ese trabajo era la única manera de hacer tele porque ahora en casa, en Aragón, parece que empieza a moverse algo, pero hace diez años no podía pensar en hacer nada aquí en tele. La única manera que he sabido ha sido esta, empezar de muy abajo, que sigo estando ahí, e ir haciendo cosas y que me sirva para progresar. Luego pienso que de alguna manera las cosas cuadran, porque luego surge la oportunidad de ‘El último show’, con un personaje que no era para mí, que no estaba escrito para mí, que no era la primera opción, ni la segunda, seguramente tampoco la tercera, pero que al final hubo casting, convencí a Alex (el director) de que era yo. Y sin todo lo de antes, y el background del teatro… 

Te vimos en ‘El último show’ y en la película ‘Reset’, en la que participas en el corto de Nata Moreno, ¿qué piensas de esa apuesta de la tele por la ficción desde Aragón?

Qué os voy a decir, esto lo necesitábamos. Hay una cosa que me llena siempre de perplejidad y es que en Aragón, si echamos un vistazo a su historia y le decimos a cualquiera que nos diga cinco aragoneses ilustres, me juego el dinero que no tengo a que de los cinco nombres cuatro son de artistas. El gran producto que Aragón exporta es cultura, es arte, artistas, y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí, como las lombrices de los terrarios que hacen el hueco en la tierra para que eso se oxigene, la tierra no se compacte y acabe aplastando la raíz; pues eso es lo que ha pasado. Lo que hace falta es que esa trayectoria continúe. 

Me hizo muchísima ilusión participar en ‘El último show’. La época dorada del audiovisual está por venir, todavía están los monstruos ahí, todavía lo nuevo no ha nacido del todo y todavía lo viejo no acaba de morir. Esta ciudad es un ecosistema muy complicado, pero tengo mucha ilusión por la gente joven, que algunos son los que nos están dando momentos de exaltación como ahora mismo Pilar Palomero, Javi Macipe, lo que está haciendo Paula Ortiz, no quiero reducirlo a ellos tres, pero es brutal, en una comunidad como esta. Yo trabajo mucho en Bilbao, que es una comunidad mucho más potente y con un concepto de lo propio mucho más desarrollado que el nuestro, un afán de intervenir y de proteger su fenómeno cultural que es indiscutible y que está plasmado en lo práctico, en la pasta, y mis colegas vascos me dicen: “pero por qué os queréis tan poco en Aragón si las cosas que vemos son de puta madre, pero no os queréis” y les digo que nos queremos mucho, pero que los que no nos quieren son los que podrían hacer esto más fácil, los políticos, los gestores, los funcionarios. 

Además de teatro con ‘Don Quijote’, ¿dónde te podremos ver ahora? 

Hay un proyecto muy bonito en el que llevo ya tres años con él, que es una versión de Macbeth de Shakespeare, he escrito una versión para cabaret y ese espectáculo debería haberse producido este año pasado en Madrid, pero por la pandemia no se pudo hacer, retrasamos el plan de producción y se va a hacer el año que viene. Estoy muerto de ilusión con ese trabajo porque llevo tres años peleando con él. 

En lo audiovisual, como soy un poco supersticioso, me vais a permitir que me calle. En cada una de las facetas en las que estoy intentando desarrollarme tengo proyectos estupendos, estoy ahora acabando mi segundo libro de poesía y estoy escribiendo un proyecto de serie de televisión a medias con Alberto Andrés Lacasta. 

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Un repartidor en apuros

Un repartidor en apuros

Tiempo de lectura: 6 minutos

¿Cuál es la peor pesadilla de un repartidor? ¿Realizar la entrega tarde? ¿No llegar? ¿Que te roben la bici, la moto o la furgo? Seguramente todas ellas, pero también la posibilidad de que tu bici siga en su sitio, pero se haya quedado atrapada y no puedas continuar trabajando. Este es el punto de partida del cortometraje ‘La bici’, el estreno detrás de las cámaras, como guionista y también productor, del zaragozano Antonio Oliete, que en su primer corto decide poner en aprietos a un joven repartidor que padecerá varias peripecias intentando liberar su bicicleta en pleno barrio de la Magdalena en Zaragoza. 

El dire, Antonio Oliete, muy concentrado mirando la acción en la pantalla mientras piensa cómo putear más a su prota (Foto Marcos Cebrián)

Oliete, afincado en Barcelona, se atreve por primera vez con la dirección en este audiovisual después de realizar un curso de escritura de cortometrajes. “Me apunté por mi trabajo entonces, relacionado con la distribución y venta cinematográfica, para aprender a valorar mejor los guiones, aunque ya me había picado el gusanillo antes”, explica a Secuenciadas. 

Aunque tenía distintas ideas para escribir su guión, ninguna llegaba a cuajar hasta que un día fue en bici al gimnasio en Barcelona y, al dejarla en el aparcabicis, pasó la cadena también por el cuadro de la bici de al lado. “Poco faltó para cerrar la cadena, me di cuenta y se me encendió la bombilla, pensé que la podía haber liado un montón y que sería una faena para el dueño de esa bici”, recuerda. 

¿Quién podría acabar más puteado si le ocurriera esto? Pues blanco y en botella sobre ruedas: un repartidor. De este modo, la historia trata de un repartidor que va a buscar su bici y la encuentra atrapada junto a otra, no la puede sacar y “a partir de ahí suceden una serie de peripecias en las que trata de recuperarla”. Primero, llamando a su casa, pidiendo a su hermano unas cizallas, acudiendo a la ferretería y una sucesión de ideas locas para intentar liberar a su bien más preciado. Pobre hombre, no tiene bastante con aguantar todos nuestros pedidos y lo dejas sin su elemento básico de trabajo. Vaya tela, Antonio.  

¡Prevenidos! Parte del equipo rodando una escena en un portal ‘magdalenero’ (Foto Marcos Cebrián)

Al principio, el dire escribió el guión, pero “no lo había concebido como algo que rodar, aunque a medida que avanzaba me di cuenta de que lo imaginaba con ritmo, con música, y un amigo me dijo que acabaría rondando algo antes o después, algo que no se me había pasado por la cabeza jamás”, asegura. Gracias a su colega se lo planteó y apostó por dar a su primer trabajo calidad cinematográfica, por lo que fue contactando con distintos profesionales hasta conformar todo el equipo.  

MUCHAS HORAS Y ENERGÍA 

El corto tiene toques de comedia y mucho de thriller y de acción. Ya nos imaginamos a nuestro sufrido repartidor corriendo como si no hubiera un mañana, siguiendo el ejemplo de Forrest Gump, para intentar recuperar su tesoro. También el director ha tenido que esforzarse al máximo porque, como él mismo reconoce, crear un corto es “un currazo, lleva muchas horas y energía” y más aún cuando se asume también la labor de guionista y productor. 

“No quería depender de nadie, me lo quería pagar yo y hacerlo yo”, detalla, para observar que cuando el presupuesto comenzó a aumentar “ya era tarde”. Así que con fondos propios y de sus amigos ha logrado rodar el trabajo y “ha sido muy guay no depender de nadie, ha surgido todo de manera muy natural”. Con el equipo casi formado antes de la pandemia, ya que el ayudante de dirección se sumó a ‘La bici’ tres días antes del inicio del rodaje, decidieron grabar en septiembre y en los meses pandémicos acudieron a localizar por la ciudad. 

El prota, Manuel Egozkue, corriendo como si no hubiera un mañana. Esperamos que con la mochila vacía (Foto: Marcos Cebrián)

La acción transcurre en la Magdalena, en el cruce de las calles Estudios y Cortesías, en un aparcabicis donde rodaron tres escenas; también en la Taberna Urbana, que tantas buenas tardes y noches nos ha dado; en las calles detrás del Mercado de San Vicente de Paúl; junto a la Iglesia de la Magdalena; en interiores y, por último, también en la margen derecha del río, aunque “ha sido todo bastante Magdalenero”, bromea el dire, para reconocer que, como director novel, “me dejé un poco demasiada energía en hacer y rehacer cosas, por eso de ser la primera vez, pero lo hice todo con mucha ilusión y muchas ganas”. 

Circunstancias familiares le llevaron a pensar este corto para su grabación en Zaragoza y a elegir este barrio popular para enseñar “esa Zaragoza más canalla, más vanguardista y alternativa, más parecida a otras ciudades como el Raval de Barcelona”. 

TRES DÍAS DE SEPTIEMBRE 

Fueron tres días de rodaje del pasado mes de septiembre y, como en tantos otros proyectos, la pandemia estuvo a punto de cancelar todo el proyecto, pero el equipo decidió continuar y pensó: “o nos chapan el chiringuito o no paramos”. “Siempre hemos sido prudentes en los pagos por si luego no podíamos rodar, pero todo siguió su curso aunque la amenaza estuvo ahí unos cuantos días”. Para el rodaje decidieron alquilar el equipo y utilizaron una cámara Red Gemini

Como actor protagonista absoluto encontramos a nuestro repartidor favorito Manuel Egozkue; José Luis Esteban hace las veces de sufrido padre; Alma Oliete aparece como motera; Ángel Gotor, como novio motero; Jorge Asín tiene una aparición estelar como camarero; Álvaro de Paz es músico; y desfilan ante la pantalla en la ribera Celia Sanlázaro, Carolina Camara y Lorena Torrijo; mientras que escucharemos las voces de Gonzalo Canalejo, Mikel Cormantoral y Aimar Flordelís.  

En el equipo técnico tenemos a Carlos Martín como ayudante de dirección; Lara Meléndez, como script; Marcos Cebrián, productor asociado y foto fija; Claudia Andrés, como directora de producción; Inés Bielsa, en las labores de auxiliar de producción Claudia Salcedo, como productora ejecutiva. Nacho García es el DOP; Sandra Gómez, ayudante de cámara y foquista; Cristina Gómez, auxiliar de cámara; Manu Buil y Luis Cuartero, eléctricos; Albano Sánchez, steadycam; Rafael Toledano, como jefe de sonido directo; Almudena Gotor, directora de arte y vestuario; Macarena Buena, ayudante de arte; mientras que en postproducción, Río Bravo Cinema Studio se está encargando del montaje y Veni Studio de los VFX. 

Tras el rodaje, el corto está en fase de montaje, efectos, etalonaje y sonido. “No he pensado en fecha de estreno”, afirma el director, para reconocer que le gustaría tenerlo acabado a principios de año, pero por disponibilidad de todo el equipo “estará en no menos de dos meses”. 

Manuel haciendo como que escucha a Antonio mientras canta mentalmente a lo Manolo Escobar: ¿Dónde estará mi bici, dónde estará mi bici? El dire le indica en un plano el punto exacto donde la aparcó para que no se vuelva a olvidar (Fotos Marcos Cebrián)

EL DESPERTAR 

Este proyecto “ha despertado mi vena creativa o narrativa, que he tenido apagada muchos años, pero que estaba ahí”, manifiesta Oliete, para indicar que tiene nuevas ideas en mente, aunque aún no se ha sentado a escribirlas. “De crío me gustaban mucho las redacciones, escribir e inventarme historias, y dibujar y al dirigir una peli se juntan las dos cosas, inventar una historia y ponerla en imágenes”, subraya. 

Antonio Oliete estudió LADE (Administración y Dirección de Empresas) en la Universidad de Zaragoza, cursó un máster en Marketing, Distribución y Venta Cinematográficas en la Escuela Superior de Cine y Audiovisual de Cataluña (ESCAC) en 2009 y ha sido jefe de ventas en la agencia Film Factory Entertainment hasta el pasado año. Asimismo, ha realizado varios cursos de guión y producción que le han llevado al rodaje de ‘La bici’ y está cursando un máster de dirección en la ESCAC

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Reseteando la pandemia

Reseteando la pandemia

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Siete cineastas aragoneses y una pandemia mundial. Podría ser el inicio de una película taquillera, ¿verdad? Aragón TV lo tuvo muy claro y encargó a la directora Vicky Calavia que coordinara un largometraje en el que siete realizadores, siete caras muy conocidas del audiovisual aragonés, contaran al público su visión personal sobre el confinamiento, la pandemia y la nueva normalidad. 

Esta apuesta se ha convertido en la película ‘Reset’, en la que un hilo invisible une las historias de los muy grandes Pablo Aragüés, Alejandro Cortés, Ignacio Estaregui, Javier Macipe, Nata Moreno, Pilar Palomero y Gaizka Urresti. Un flechazo en los tiempos de la mascarilla y la distancia social; racismo en la época del covid; las andanzas de un titiritero que regresa a los escenarios; la importancia de vivir el presente; una compañía teatral que deberá decidir su futuro; cómo el distanciamiento ha afectado a las personas, especialmente a los mayores; y las vivencias de una familia saturada de compatibilizar teletrabajo y tele-estudiar. Os suena todo, ¿verdad? 

Y muchas sorpresas, con algunos directores que se atreven delante de las cámaras, cortos en blanco y negro, falsos docus, ficción. Un planazo atractivo desde el minuto uno que podremos ver este domingo, 11 de octubre, a partir de las 21:20 horas en Aragón TV, tras su preestreno este martes en los Cines Palafox de la capital aragonesa.  

Todo ello capitaneado por la directora Vicky Calavia que cuando recibió la llamada de Aragón TV se mostró “encantada” de coordinar este proyecto y de “poder ayudar de alguna manera” en esta peli. “Me ha gustado mucho hacer de agente cultural y que el público pueda ver todos los proyectos”, explica a Secuenciadas. 

“Estamos viviendo algo histórico y una nueva normalidad tan apabullante”, observa Calavia, destacando que este largometraje recupera la fórmula de ‘París, je t’aime’, convirtiéndose en una especie de ‘Aragón, je t’aime’ para hablar de lo que estamos viviendo en un año que, cuando termine, no pasará a estar entre nuestros cinco favoritos. Eso os lo aseguramos desde ya. 

Acompañándola en esta aventura encontramos también a Carlos Navarro, que se ha encargado del etalonaje final del largo, de darle un aspecto cinematográfico, pero manteniendo la esencia de cada corto, respetando la libertad que cada director tuvo a la hora de contar su historia. 

Pero, ¿de qué van los cortos y cómo han trabajado los realizadores? 

Pablo Aragüés – ‘Runners’ 

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Es algo que nos propuso la propia televisión, me contó el proyecto y me pareció que era una cosa que estaba muy bien, era una muy buena idea contar una visión de la pandemia con un punto de vista aragonés y, sobre todo con un punto positivo, optimista, porque estábamos saturados de drama cotidiano. Nos dieron libertad para elegir qué contar y cómo contarlo y yo llevaba un tiempo queriendo hacer algo sin diálogos, de dos personas que se cruzan, se miran, pero no hablan. Quería contar la historia solo con imágenes y tan apenas diálogos

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No, la verdad es que no. Durante la pandemia sí que he ido pensando cosas, trabajando en una serie que a ver si se puede desarrollar, pero es una cosa que nos ha pillado a todos tan de sopetón que no sabes tampoco como enfocarlo porque el problema es que a toro pasado es muy fácil contar las cosas, pero cuando no sabes cómo va a acabar tienes que tener mucho cuidado con qué contar y cómo contarlo.

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Son dos runners que se cruzan todos los días en el Parque Grande de Zaragoza, un chico y una chica que van corriendo en tiempos de mantener la distancia social y de mascarillas. Se cruzan, pero no hablan y tan apenas se ven los ojos y es un poco cómo se relacionan dos personas así y si lograrán relacionarse más allá de las miradas y la distancia social o no.

¿Quiénes aparecen en el corto?

Los actores son Irene Ferrándiz y Rubén Martínez, hay alguna figuración, pero los protagonistas son ellos y llevan toda la historia. Como Aragón TV está detrás del proyecto tuvimos acceso al archivo universal de música y me pareció interesante poder contarlo con música clásica y que la música fuese también un personaje más. 

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Rubén Martínez e Irene Ferrándiz viven encuentros fortuitos en el Parque Grande de Zaragoza. Love is in the air.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

-En el Parque Grande de Zaragoza, principalmente en el paseo de los Bearneses, y se rodó durante dos días y un par de mañanas más que estuvimos en el parque rodando a la gente cuando iba pronto a trabajar y a correr.

¿Cómo fue el rodaje?

Fue muy bien, es una pena porque queríamos haber metido algún vehículo en el parque para poder hacer algunos planos, pero no pudimos, no nos dejaron, pero nos apañamos. Tuneamos un cochecito de bicicletas del parque, lo apañamos para poder poner la cámara y demás y fue una experiencia curiosa, la verdad. Yo ya había rodado otras veces en el parque y en general siempre ha salido muy bien.

Yo operaba la cámara, lo llevo haciendo desde hace tiempo porque me permite estar un poco cerca del actor. En este caso, me parecía que aportaba mucho la manera de trabajar y también como los equipos ahora con lo del Covid tienen que ser pequeños, pues facilitaba el tema de que fuéramos pocos.

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Pablo Aragües improvisando un travelling out, graba al actor Rubén Martínez en su faceta de runner.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

No lo he pensado, la verdad. Es una historia de comedia, con cierto punto de ironía. Es necesario normalizar estas cosas que hay en la nueva normalidad y verlas con un punto de humor, si ya es difícil relacionarnos de por sí de una manera normal, en un entorno normal, en esta nueva normalidad es más complicado, no te ves la cara, no te puedes acercar; creo que la clave está en eso, en darle un punto de comicidad.

Alejando Cortes – ‘La nueva normalidad’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Me llamaron para participar en el proyecto, me preguntaron si me gustaría dirigir un texto escrito por otra persona, en este caso Alex Rodrigo y me gusta mucho escribir para que dirijan otros y dirigir lo que escriben otros.

Alex y yo comenzamos a trabajar juntos con el intercambio de ideas iniciales: de qué queríamos hablar, qué temas nos interesaban y enseguida nos pusimos de acuerdo.

Alex empezó primero a mandarme sinopsis, luego la escaleta del guión y, conforme avanzábamos y corregíamos las versiones, encontramos un punto en común en el que yo me sentía súper cómodo para dirigir la historia. Los dos teníamos en mente hablar sobre los rebrotes de odio y de racismo como algo casi tan peligroso como los rebrotes de la enfermedad, de ahí partió todo. 

Teníamos la necesidad de contar también qué nos pasaba a nosotros que habíamos estado encerrados y sin poder trabajar en equipo y pensé que era el momento perfecto para este proyecto porque nos anima a hacer cine, que es un arte colectivo, y que es justamente lo que no habíamos podido hacer en casa. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

Tenía como ideas sueltas que no terminaban de tomar cuerpo porque la realidad evolucionaba tan rápido y cambiaba tanto, cada vez a peor, que muchas veces la realidad superaba las expectativas de la página en blanco. Lo que más me motivo a seguir adelante fue hablar sobre algo histórico como lo que nos está ocurriendo. Nos va a quedar algo chulo, diferente y cada punto de vista de las siete piezas será distinto e interesante, cada una en su estilo. 

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Habla de un ambiente rural en una población imaginaria donde tiene lugar una infección de coronavirus dentro de un centro de menores extranjeros y de una niña que intenta huir en un contexto hostil. 

¿Quiénes aparecen en el corto?

Es un equipo casi todo aragonés, en el que hemos contado con tres personajes jóvenes, de los cuales los dos chicos son aragoneses (Luis Herbella y Hugo Grimalt), están Rubén Martínez, Laura Gómez-Lacueva, Salomé Jiménez y Habana Rubio, que interpreta a la niña extranjera. El resto son extras y figurantes también de la tierra. Además, Usha Jadhav, que fue premio nacional de cinematografía como mejor actriz en la India, colabora de manera especial. 

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La actriz Habana Rubio, en el corto, pasea por las calles de Fuentes de Ebro mientras se cruza con un perrete.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se rodó en tres días en Zaragoza, Fuentes de Ebro y en otras localizaciones.

¿Cómo fue el rodaje?

Fue muy interesante porque aplicar los protocolos que se tienen que llevar a cabo en un rodaje por el Covid implica un 20 o 25 por ciento más de tiempo para cada toma y eso en una pieza como la nuestra que tiene tal cantidad de planos, llegamos a hacer 15 o 17 planos por día, es apurar muchísimo los tiempos. Intentamos hacer en las primeras tomas, con ensayos previos, el mejor resultado posible. Era como dirigir cuando hacía mis primeros cortos en 16 mm y en 35, como pensar que se te acababa la película, que tenías que hacerlo en las primeras tomas para poder llegar, como cuando el cine era analógico.

El equipo se redujo en lo posible, pero por la historia había un número de personas mínimo que tenía que estar, dirección, fotografía, sonido, producción, arte, vestuario, maquillaje y peluquería. Fue todo muy complejo y con el equipo indispensable para conseguir un resultado de calidad.

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Alejandro Cortés todo motivado en la vuelta a la nueva normalidad de un rodaje.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Creo que se van a sentir identificados, nuestra historia no va de buenos y malos, de blanco y negro, hay que darse cuenta de que no hacer nada implica ponerse del lado del intolerante, eso sí, y los personajes que aparecen en el corto son gente con la que te puedes identificar que puede tomar buenas o malas decisiones. Me parece que eso va a generar empatía, que a la gente le va a gustar mucho y creo que el ritmo de cómo lo contamos a la gente le va a enganchar. 

Ignacio Estaregui – ‘Astillas’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

A principios de mayo, durante el confinamiento, nos llamó la televisión y nos presentó la propuesta a diferentes autores: participar en esa mirada sobre lo que estaba pasando, sobre el confinamiento y la nueva normalidad que se avecinaba de manera inmediata. Querían dejar una especie de legado, sobre cómo se vivió ese momento. Fui uno de los autores elegido y yo encantado, era un honor que me llamasen.  

Había que crear un corto de unos doce minutos, dando una visión, cada uno la suya personal, pero regida por un patrón de cierto optimismo y que reflejase la situación que se estaba viviendo. 

Yo estaba en mi casa escribiendo, no tenía un rodaje inminente, estaba moviendo otro corto y que me llamaran es un honor y una responsabilidad también. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No, estaba escribiendo un largometraje que no tiene nada que ver y no pensaba hacer nada en concreto. Al principio me costaba un poco más centrarme y seguir escribiendo ese guión en el que estaba involucrado y cuando vi que otros artistas a nivel musical y audiovisual tomaban iniciativa de hablar sobre el tema yo no sentí esa necesidad, aunque en el momento en el que te llaman se genera y no hay quien la pare. 

El guión es mío, la historia es mía y viene un poco de la idea de contar que el momento en el que estábamos, recién terminado el confinamiento, era el de la incertidumbre de la vuelta de los espectáculos y de la cultura en general. Al mismo tiempo era conocedor del magnífico trabajo del actor y titiritero Javier Aranda, del que soy total fan, y vi la oportunidad de fusionarlo en esta historia que quería contar.

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

La historia sigue las andanzas de Javier, un titiritero que emprende una gira por pequeños pueblos durante la nueva normalidad. Él se enfrenta a los espectáculos de nuevo teniendo que llevar un gran vacío dentro que es el que le provoca la ausencia de un ser querido.

Fue curioso, porque preparando el personaje Javier tuvo como un ensayo general dado que actuó en la casa del circo justo antes de grabar el corto, el último fin de semana de junio. 

¿Quiénes aparecen en el corto?

Javier Aranda es el protagonista principal, es su historia, y se va encontrando en el corto con diferentes personajes: un guardia civil, el alcalde de un pueblo, la concejal de cultura, una espectadora. Todos son gente de Bujaraloz e interpretan a personajes muy próximos a ellos en la vida real. 

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Uno de los protagonistas de cartón del espectáculo ‘Parias’ de Javier Aranda que también tiene su propio papel en el corto ‘Astillas’.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Hemos rodado los exteriores de la furgoneta en Pedrola, pero después el grueso de la historia se desarrolla en la Comarca de Los Monegros, que es donde el personaje de Javier realiza esa gira por diferentes pueblos. Se rodó íntegramente en Bujaraloz, aunque se mencionan pueblos como La Almolda y Castejón. La asociación de cine y el Ayuntamiento de Bujaraloz se volcaron totalmente y a nivel logístico nos facilitó mucho las cosas rodar en una sola localización. Aparece el ayuntamiento, las plazas y calles del pueblo, el restaurante El Español. Fueron tres días de rodaje, sábado y domingo en Bujaraloz y al día siguiente, en rodaje nocturno, en Pedrola las tomas en las que Javier está con la furgoneta. 

¿Cómo fue el rodaje?

Fue un rodaje muy extraño, porque acabábamos de salir del confinamiento, la gente estaba como sin saber qué iba a pasar, con la incertidumbre de la propia situación en sí del rodaje, las mascarillas, el gel, mantener las distancias. Fue un buen rodaje porque fuimos un equipo muy pequeño, más de lo habitual, pero por pura precaución. En esos momentos una persona más en el equipo multiplicaba por cien las posibles conexiones y lo que hicimos es que fuera un equipo muy pequeñito, asumiendo a lo mejor más tareas de las que tocan. Tiene la parte positiva de que fue un rodaje muy llevadero, en el que estábamos muy compenetrados.  

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Equipazo del corto ‘Astillas’ con Javier Aranda en el centro e Ignacio Estaregui con calcetines azules de Zalando Moda.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Entiendo que la película se recibirá de una manera y a lo mejor los trabajos de los diferentes autores se pueden recibir de otra. Creo que el nuestro es un corto que al público le va a gustar mucho y tengo esa sensación por la propia historia y por la verdad que hay gracias al trabajo de Javier, él lleva el peso del corto en los hombros y creo que gustará mucho porque él está fantástico

Javier Macipe – ‘La tierra’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Es un orgullo que me lo propusieran y se dio la circunstancia de que la pandemia me dejó de repente sin trabajo, estaba rodando una película, La estrella azul y se tuvo que parar el tercer día de rodaje, con lo cual me vino genial porque pude trabajar en esta circunstancia en la que pensaba que iba a estar meses sin trabajar. También por el tema que nos toca a todos y me parece interesante mostrar mi visión particular del Covid. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No, como estaba tan metido en otro proyecto, en mi película, toda la pandemia la pasé más bien con conversaciones para ver cuándo la podríamos retomar, adaptando todo, reorganizando. Me vino bien para sacarme de mi propio proyecto y poder tomar aire

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Mi cortometraje habla de que la pandemia lo que nos ha hecho es, a muchos, replantearnos las prioridades en la vida, sobre todo el tener focalizada mucho la felicidad en el futuro y esto nos ha enseñado que todos los planes, todo lo que damos por hecho que se va a cumplir pues puede ocurrir algo como esto y caerse todo. Nos ha enseñado a vivir más el presente y a centrarnos en las cosas esenciales. 

Eso como concepto, en concreto lo que hicimos fue hacer un documental pasando varios días con Jaime González y Maribel Lardiés, que son dos músicos amigos míos que son un ejemplo de personas que antes de que llegara la pandemia ya tenían una vida centrada en lo esencial, una vida sabia, personas que viven mucho el presente.

¿Quiénes aparecen en el corto?

En el corto se incluye la metaficción y se nos ve a los técnicos, los que estamos detrás de las cámaras. Los protagonistas son Jaime González y Maribel Lardiés, aparecen Jaime Lapeña y Alicia Fernández y después los técnicos: Javier Macipe, el director de fotografía Álvaro Medina, Claudia Andrés y Amelia Hernández, de producción, y Adrián Barcelona.

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Jaime González, a la guitarra, formó parte del grupo Almagato junto al poeta y músico aragonés Mauricio Aznar (1964-2000).

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se ha rodado durante cinco días en casa de Jaime y Maribel y un poco en su barrio, en San Gregorio (Zaragoza), pero casi todo se centra en su rutina en su casa, porque pretendía mostrar en el corto cómo había sido su vida en el confinamiento, que en realidad es muy parecida a como es su vida normalmente. 

¿Cómo fue el rodaje?

El rodaje intentamos que fuera con el dispositivo mínimo e indispensable, por la situación del Covid, minimizamos el equipo, pero está justificado porque en el propio corto se habla de eso, decimos que preferimos rodar con más tiempo, en cinco días, disfrutarlo más. 

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Javier Macipe se atreve en ‘La Tierra’ con la guitarra y Jaime Lapeña le acompaña al violín, mientras esperan carne a la brasa.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Espero que de alguna manera pueda vivir con nosotros lo que fue pasar ese día con Jaime y Maribel. Lo que hemos intentado es un corto muy contemplativo, en el que hay escenas que respetan mucho el tiempo real, y que, de alguna forma, esa reflexión que hacemos de que vivir focalizados en el futuro nunca te lleva a ser feliz pueda calar en la gente.  

Nata Moreno – ‘El espacio vacío’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Cuando te llaman desde tu comunidad y te dicen que quieren apoyar a un sector al que uno pertenece, en el que cree y que además defiende para mi era prácticamente imposible decir no. Yo apoyo al sector y a Aragón, me siento muy aragonesa y de la tierra, me hacía especial ilusión y con Aragón TV tengo muy buena relación y me parecía que era preciosísimo generar un proyecto con muchos compañeros.

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

La verdad que no. Obviamente cuando estuve confinada me vinieron temas a la cabeza que tenían que ver con esto, porque hay un antes y un después a nivel histórico y uno piensa cómo a través del audiovisual se puede mostrar esta realidad, pero no tenía una idea muy clara. Estaba releyendo el texto de ‘La gaviota’, de Anton Chejov, y pensé que ese texto era muy actual con nuestra realidad y cuando me llamaron me pareció que era inspirador el texto de Chejov, de una compañía que vuelve a verse las caras tras estar encerrados cuatro meses. 

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Es una compañía aragonesa que ha estado ensayando ‘La gaviota’ de Chejov, que no puede ahora estrenar porque ha habido una pandemia y nos han confinado a todos, han cerrado los teatros, lo que pasó a nivel real que ha pasado en muchas compañías de teatro, y después se juntan, cuando se puede volver a salir a la calle, para decidir si van a volver a actuar o van a matar el proyecto. Se cruza la realidad personal con la realidad de los personajes de ‘La gaviota’.  

¿Quiénes aparecen en el corto?

Laura Gómez-Lacueva, Carmen Barrantes, Jorge Usón y José Luis Esteban. Son compañeros de muchos años y era un proyecto que era un reto muy grande porque yo vivo en Madrid, no nos habíamos visto hacía meses y tenía que llegar y en el día, en una jornada, rodar con los actores sin ensayar. Necesitaba que nos conociéramos y que supiéramos todos de lo que estábamos hablando para poder hacerlo fácil y ellos son cuatro bestias y me lo pusieron facilísimo. Yo aparezco como parte de la compañía

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José Luis Esteban alucinando cuando le comunicaron que Marianico el Corto no estaba en el reparto de la compañía.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Solamente tengo una localización, he rodado en la sala Oasis (en Zaragoza), en una jornada.

¿Cómo fue el rodaje?

Fue maravilloso, fue una experiencia muy nueva, que yo quería probar, basada en la improvisación, con textos diferentes para cada uno, entre ellos no conocían los unos los textos de los otros y era un gran misterio para todos. Los iba a buscar ya con las cámaras, los microfonaba y ya grababa. Está planteado como un falso documental, pero también entramos dentro de la ficción.

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Nata Moreno explicando como sostuvo el Goya por ‘Ara Malikian: Una vida entre las cuerdas’, Laura Gómez-Lacueva, Jorge Usón y Carmen Barrantes ¡atentos!.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

Nunca me lo planteo mucho, no me pongo una expectativa, yo quiero que lo disfruten, que les mueva algo en el corazón, que sientan algo bello, la parte que sea, la fotografía, la música, los textos; no tengo una expectativa muy clara, obviamente que todos queremos gustar. Lo hemos hecho con un equipo íntegramente aragonés, con unos actores fantásticos, hacemos un trabajo que nos chifla, con el que nos sentimos todos muy identificados y muy en la línea de lo que queremos contar, así que ahora dependerá del espectador.

Pilar Palomero – ‘A un metro y medio’ 

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Me pareció un proyecto súper interesante por el hecho de que es el primer largo conjunto hecho en Aragón, por poder hacer una pieza en la que colaboremos directores que nos conocemos desde hace mucho, que hemos coincidido en festivales, y por hacerlo tras los meses de confinamiento y de falta de actividad. Era una propuesta bonita por el apoyo a la industria audiovisual por parte de Aragón TV; por trabajar con cineastas aragoneses y por retomar la actividad después del confinamiento y la historia que he propuesto me tocaba de cerca y me parecía que podía aportar algo al proyecto. 

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

La verdad que lo empece a reflexionar a raíz de la propuesta de la tele, había aprovechado en el confinamiento para escribir todo lo posible, pero de cara a un rodaje no me había planteado nada por lo incierto del momento. 

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Sobre todo lo que quiero transmitir es la sensación que han vivido las familias de no poder reencontrarse durante este periodo de confinamiento y lo importante que es el contacto físico, sobre todo para las personas mayores. Abuelos y nietos no han podido verse y se necesitan mucho mutuamente, ese es el punto de partida.

¿Quiénes aparecen en el corto?

Son mi familia. Es un corto documental en el que mi madre es la protagonista, aparecen mis hermanos y sobrinos. He trabajado con ellos porque al ser un corto documental refleja la realidad que ha vivido mi madre y la necesidad que ha tenido de contacto físico de su familia. El confinamiento le ha producido ansiedad y depresión, lo ha pasado realmente mal y el corto es una manera de entenderla, de comprender algo que le ha pasado a mucha gente y de tratar de buscar la luz dentro de toda esa tristeza que ha producido el confinamiento a ella y a otras personas mayores. 

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La mama de Pilar Palomero prota total de ‘A un metro y medio’.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se puede ver el Pilar desde el Puente de Hierro y varias calles de Zaragoza no tan reconocibles. Hemos grabado en casa de mi madre y varios días por el centro de Zaragoza. Estuvimos rodando una semana aproximadamente. Cuando grababa con mi madre, por protegerla y cuidarla, estábamos solamente la persona que me ha ayudado en todo y yo, manteniendo todos los protocolos de seguridad y grabamos menos horas al día, por lo que se extendió más en el tiempo. 

Con mi familia habíamos hecho ya alguna cosa, en los cortos ‘Horta’ (2017) y ‘Niño balcón’ (2009) aparecen como figurantes; siempre que he rodado han estado próximos y han participado de alguna manera, pero es la primera vez que protagonizan uno de los cortos. 

¿Cómo fue el rodaje?

Éramos un equipo reducido, tratando de cumplir las medidas de seguridad todo el tiempo porque trabajamos con niños, con mi sobrinos, y con una persona mayor, como mi madre. Fue muy familiar y con ilusión y ganas después de todo este tiempo de parón y a la vez difícil porque la situación es muy pesada y el shock de lo que todos hemos vivido estaba ahí, pero también muy bonito. Lo que ocurre en el corto ocurría de verdad, ese cariño entre mis familiares

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Pilar Palomero con vestido rayado dirigiendo a su propia familia y Carlos Naya en el sonido.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

No lo he pensado mucho, me encantaría conseguir que la gente logre empatizar y producir alguna emoción en quien lo vea. 

Gaizka Urresti – ‘Sitiados’

¿Qué te animó a sumarte a este proyecto?

Primero que llevábamos muchos meses sin poder rodar en la circunstancia de la pandemia y era una oportunidad de salir y de intentar recuperar cierta normalidad. Luego, me parece muy bonito que sea un trabajo colectivo, siempre me han gustado este tipo de películas colectivas que tienen como escenario un sitio, como puede ser ‘París je t’aime’, y de hecho yo he fantaseado alguna vez con hacer en Zaragoza, si hubiera una financiación pública, entre varios directores historias sobre la ciudad. 

En este caso no es el tema, no era sobre la ciudad, pero sí que era un grupo de cineastas aragoneses sobre un tema y al final ahí está como obra colectiva y eso fue la máxima motivación, me parecía un proyecto bonito, una excusa para rodar e incluso para facturar también, para poder dar de comer a la máquina.

¿Ya habías pensado en hacer algo relacionado con la pandemia antes de esta propuesta?

No directamente, no tenía una idea muy clara, creo que estaba la idea germinando en la cabeza de lo que se podía contar, pero tampoco tenía yo mucho la cabeza para esto. Yo creo que ha sido el aliciente del encargo lo que me ha movido.

¿Cuál es la historia de tu cortometraje?

Con el telón de fondo del Covid, es la vivencia de una familia normal que tiene que convivir con el teletrabajo estando confinados y teniendo a un niño en casa que también está teleestudiando y los conflictos que ello genera. Aunque es dramático como lo hemos vivido muchos padres, lo he planteado como una comedia costumbrista, llevando las situaciones al exceso, estirándolas para llevarlas a la comicidad.

¿Quiénes aparecen en el corto?

Al ser una historia tan personal, que está ambientada en mi casa, con vivencias personales, pues me animé a poner a mi familia como protagonista. Mi mujer, mi hijo y yo somos los actores principales y luego se cuelan por internet otras historias, en algunas son personajes reales como mi madre y los problemas que tenía con la tecnología, y luego he cogido actores profesionales para hacer, por ejemplo, de una paciente de mi mujer, que es psicóloga, a Carmen Barrantes y como uno de los profesores de mi hijo, a Jorge Asín. Básicamente somos actores naturales, no somos profesionales, yo de hecho nunca había interpretado, además de dirigir. Es una autoficción.

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Jorge Asín interpretando a un profe entendiéndose con las nuevas tecnologías.

¿Dónde se ha rodado, en cuánto tiempo y qué localizaciones aparecen?

Se rodó en tres días, básicamente en mi casa, unos exteriores en Zaragoza, de madrugada y al amanecer que no había gente, y la escena final en la Plaza de los Sitios. Hubo planos recursos que se hicieron un cuarto día, pero lo que es con los actores en tres días. 

¿Cómo fue el rodaje?

Es complejo seguir la normativa de seguridad y la distancia social con un equipo de rodaje. Yo limité tanto por presupuesto como por seguridad el número de personas, fue un equipo reducido de un operador, un ayudante de cámara que se encargaba de las luces, un técnico de sonido, una directora de producción y un director de actores o coach, en total cinco personas, además de los actores.

Prescindimos de maquillaje, de peluquería, de dirección de arte, porque también la historia lo permitía, al ser nuestra propia casa ejercíamos también de maquillaje y vestuario, nos encargábamos de seguir el racord y de mover los muebles si era necesario. 

No había interpretado y es muy difícil estar encargándote de todo, de que el equipo esté preparado, dar acción y de repente ser tú el que tienes que empezar a decir las frases. Fue una experiencia muy interesante, pero no se si la repetiré porque es agotadora, si antes respetaba a los directores-actores ahora ya me parece que es dificilísimo estar siendo consciente de lo que estás haciendo y mirando a los demás estando tú en escena.

En cuanto a las interpretaciones, la mía creo que es correcta, me sabía el texto, lo había escrito yo, pero me quedé muy contento con la interpretación de mi mujer y de mi hijo. Estamos en general bastante bien y naturales.

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Mamá, ¿si un tren va a 180km por hora desde Bilbao…?, pregúntaselo a tu padre.

¿Qué recibimiento esperas por parte del espectador?

La comedia es un género puro, espero que la gente se ría con esta historia y que, de alguna forma, mucha gente se sienta identificada con esta vivencia que hemos tenido y que quedará como testimonio de lo que hemos vivido. Igual en diez o veinte años no nos acordamos y la gente que no lo vivió viendo el corto verá en parte esas situaciones emocionales, las noticias que había en la prensa, los balcones, la policía en la calle, las calles solitarias; eso quiero reflejar pensando en el futuro, en dejar un legado de todo eso.

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Al otro lado del muro

Al otro lado del muro

Tiempo de lectura: 6 minutos

Imaginad que algo os separara físicamente de otras personas. De la persona que amáis. Que, además, la religión, la cultura y la historia os situarán en bandos opuestos. Que vuestras familias jamás lo llegaran a aceptar. 

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Maite Sequeira en un momento muy dramático del cortometraje ‘Ofra & Khalil’ .

Después de una semana de confinamiento en casa por el coronavirus seguro que todos comprendemos mejor lo que significa no ver a alguien, no poder tocarlo, abrazarlo, no poder llevar la vida que antes considerábamos normal. Pero qué difícil sigue siendo meterse en la piel de palestinos e israelíes y hacernos una idea de lo que significa en sus vidas esa frontera física y mental, ese muro que los separa.

El director José Alberto Andrés Lacasta ahonda en este conflicto en el cortometraje ‘Ofra & Khalil’, en el que también firma el guión y que surgió de su interés por Palestina, donde ha trabajado como observador en varias ocasiones. “Mi estancia allí me permitió entrar en contacto con la cultura y el cine que se hacen en Palestina e Israel, con el conflicto, y me sirvió de inspiración”, explica a Secuenciadas. 

También le llevó a dirigir un ciclo de cine Palestino Israelí organizado en Zaragoza y Huesca entre 2007 y 2010 y dedicar una historia a las relaciones de Israel y los territorios ocupados de Palestina era “una espina que me quería quitar”. 

Con Sófocles, Shakespeare y Wajdi Mouawad como referentes (¡ahí es nada!), Lacasta se lanzó a escribir esta historia que “no pretende ser un manifiesto político”, aunque se vislumbre entre sus fotogramas su opinión, sino que desea conocer la esencia de sus personajes y que tiene la frontera y el muro como grandes protagonistas. 

HEAVY 

Así, el cineasta aborda esa frontera “no como un lugar, sino como un espacio de confrontación” que tiene repercusiones a ambos lados. Es muy heavy vivir así y aún más heavy que, frente a dos mundos que se tocan y se repelen a partes iguales, surja una pequeña historia de amor de dos jóvenes que tienen toda la vida por delante, pero con un futuro ya escrito por sus familias

La verdad es que nos presenta a dos joyitas de familias, desestructuradas y muy condicionadas por sus respectivas tradiciones, religiones y costumbres. A nosotras, que somos fans del ‘liberté, égalité y beyoncé’, nos horroriza que Ofra y Khalil tengan que pasar por estas situaciones que José Alberto escribió para ellos, pero está claro que es una buena forma de transmitir un mensaje: el amor, al final, es universal y mueve a las personas. Tanto, que os quedaréis con ganas de saber qué pasó después con estas dos familias y nuestros dos jóvenes protagonistas.

Para este trabajo, “tenía bastante claros a algunos actores”, como los dos protagonistas: Francesc Tamarite (Khalil) y Laura Contreras (Ofra), a sus padres, interpretados por Félix Martín, en el lado israelí, y Maite Sequeira, como palestina, a los que después se sumaron otros “fantásticos profesionales”, como José Luis Esteban, como hermano nada amable de Khalil antes de pasar a ser representante de Marianico el Corto; Carlota Callén; Cristina de Inza; Fran Calvo; Javier Guzmán; Ana Portolés y Federico Basigalup

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Jose Alberto Andrés Lacasta, el dire con gafas, dando indicaciones a los actores Laura Contreras y Félix Martín . Foto de Leonor Villaluenga

Como anécdota, de ‘Ofra and Khalil’ surgió una pareja artística, ya que Cristina de Inza y Fran Calvo se conocieron en este proyecto y ahora interpretan en los teatros la obra ‘El coronel no tiene quien le escriba’, dirigidos por Carlos Saura. ¡Te alabamos el buen ojo, José Alberto!. Y otra curiosidad, aquí coinciden dos grandes actrices que son madre e hija en la realidad Maite Sequeira (madre) y Laura Contreras (hija), aquí en bandos opuestos y que ganaron en el Festival de Cine de Fuentes de Ebro sendos premios a mejor actriz, aunque Contreras por el corto ‘Fjalbo’, pero qué momento más bonito vivimos.

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Cristina de Inza y Ana Portolés en una furgoneta, intentando cruzar la frontera, en un momento del cortometraje. Foto de Leonor Villaluenga.

THAT’S CRAZY  

Ojo, que no os hemos contado un pequeño detalle: todos ellos rodaron en inglés, con la ayuda de un coach para atinar con los variados acentos del english que se habla en Israel y Palestina. Si ya es una locura rodar en el idioma de uno, no queremos imaginarnos en otro. Nosotras somos de la época del ‘if you wanna be my lover’ y nos da vueltas la cabeza como a Regan en ‘El exorcista’ solo de pensarlo. “De toda la película fue lo que más nos costó, pero el esfuerzo de los actores fue ímprobo”, elogia el director.   

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Francesc Tamarite en un momento del rodaje, delante del objetivo. Foto de Leonor Villaluenga

Todo el equipo de la película es aragonés, excepto el editor, Iván Aledo, a quien adoptamos en Aragón porque somos muy fans de sus trabajos y que pronto se encargará de la próxima película de Javier Macipe «La estrella azul», paralizada en estos momentos por las circunstancias. Factory du Cardelin produce este corto en el que participan Aragón TV y Huesca La Magia del Cine.  

‘Ofra and Khalil’ se rodó durante seis días en octubre-noviembre de 2018 en Zaragoza, Villanueva de Gállego, los Monegros y los montes de Valdespartera, así como en el aeródromo de Tardienta, que puso una alfombra roja a este trabajo para grabar en esa zona cercana a la sierra de Alcubierre, “una orografía exactamente igual que la de Palestina, por sus montañas, el tipo de matorral, el color de la tierra”. 

Sin embargo, no todo iban a ser facilidades. Unos intensos días de lluvia cambiaron los colores del paisaje y volvieron algo loco al equipo, nada que no se pueda solucionar en edición. “Fue un rodaje complicado, nos llovió mucho, tuvimos que suspender un día de rodaje de noche, pero la buena voluntad del equipo técnico y artístico hizo que la cosa saliera adelante”, destaca. 

Al rodaje le siguieron unos meses en que Lacasta dejó reposar el trabajo para hacerlo crecer. Contó con Juanjo Javierre para la banda sonora original y con el tema ‘Storm engine’ de Jocelyn Pook como cierre de oro; y, como mención especial, con nuestra querida Ana Bruned en maquillaje y peluquería (guiño, guiño, storie, storie, darling abrumada). 

LO ESTÁ PETANDO LOCAMENTI 

Como no podía ser de otra forma, ‘Ofra & Khalil’ lo ha petado fuertemente en todo el mundo y en decenas de festivales, atesorando numerosos premios. Y sigue en ello. Ha viajado ya a Irlanda, Francia, Italia, Inglaterra, Chile, Perú, México, Venezuela, Nigeria, Bosnia, India, Holanda, Colombia, Rumanía… y a distintos puntos de Aragón, como Zaragoza, Fuentes, Bujaraloz y Huesca con el ciclo ‘Visiona’, y España.

¡Y lo que le queda! Debido al coronavirus, ese bicho al que todos odiamos, se han aplazado distintos festivales en los que iba a participar este corto que. “Estamos muy contentos y satisfechos, un poco para nuestra sorpresa, de la repercusión que ha tenido la película”, reconoce Lacasta, agregando que a este trabajo aún le quedan muchos kilómetros por recorrer. 

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¡Esa foto de equipo que no falte!

El oscense José Alberto Andrés Lacasta (1969) ha liderado numerosos trabajos en su extensa trayectoria en el audiovisual aragonés, entre ellos los docus ‘La Nakba permanente’ y ‘Una mujer sin sombra. Asunción Balaguer’, los cortos ‘Residencia el Milagro’, ‘Epílogo para la muerte del Fauno’ y ‘Prelinger: chapter 19’, el docu largo ‘Tras Nazarín’ o el videoclip ‘La camiseta del 92’, así como es autor de distintas publicaciones sobre cine. Ya tiene en mente y entre manos nuevos proyectos, cortos y un largo, de los que esperamos informar próximamente. 

Aquí podéis ver el cortometraje ‘Ofra & Khalil’


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