«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

Tiempo de lectura: 13 minutos

El actor zaragozano José Luis Esteban se define a sí mismo como un vehículo diésel, que ha ido cogiendo velocidad de crucero en su carrera profesional y está en continua reinvención, un “culo de mal asiento” que mantiene intacta su pasión por aprender. 

Nosotras lo vemos como un fórmula 1, en el que todas las piezas encajan como un reloj para cumplir con sus metas. Tenaz, persistente, apasionado. Actor, dramaturgo y poeta, pero por encima de todo actor, de larga trayectoria en teatro y, después, en televisión y cine. Entre sus últimos trabajos en el audiovisual, sus apariciones en las series ‘Servir y proteger’, de TVE, y ‘El último show’, de Aragón TV. 

Charlamos con él sobre los inicios de su carrera, sobre la necesidad de entender el mundo para explicarlo en los escenarios o en las letras de sus textos. Admirador de Berlanga y orgulloso vecino, en su juventud, del barrio de San José de Zaragoza, os invitamos a conocer a José Luis Esteban en este ‘Secuenciando a’.     

¿Qué te llevó a ser actor?

Surgió en el último curso de Bachillerato, en el instituto, convocaron un taller de teatro, un profesor de francés, para montar ‘La cantante calva’, una obra de Eugène Ionesco. Jamás había pensado en el teatro ni remotamente, me parecía una de esas cosas absurdas en el mundo, que existían no se sabía muy bien por qué. Pero entonces, haciendo el taller en el instituto, me subí al escenario y ahí hubo un click brutal, porque yo era un crío muy tímido, con muchos problemas para entablar una relación cordial con el mundo, con mis compañeros y conmigo mismo y, de repente, el escenario era un lugar en el que yo me sentía libre. Y encima sentía que con lo que hacía la gente se lo pasaba bien; el escenario contribuyó a mejorar mi autoestima y entonces ya no me bajé nunca más. 

A partir de ahí montamos un grupo aficionado de teatro, fuimos por los pueblos, en los años 80, íbamos en tren o en autobús, con la maleta al hombro, nos pagaban lo que nos pagasen, ni me acuerdo. Luego me puse a estudiar Filología enseguida, la literatura me salvó la vida, y me matriculé en la escuela de teatro y con 22 años me monté una compañía de teatro con colegas. Y pasamos directamente de que nos gustara mucho el teatro a deber un huevo de pasta, y allí empezó la cosa. 

¿En ese momento comienza tu carrera profesional? 

Sí, estando en la escuela de teatro, en primero, hay una compañía, el Teatro de la Ribera, que buscaba gente para un espectáculo y me hacen el primer casting de mi vida y, sorprendentemente, me cogen. Ese fue el verano del 85, mi primera gira cobrando dinero, 3.000 pesetas por función. Me quedaba afónico después de estar cantando en la furgoneta, después de seis horas seguidas de viaje, todas las canciones que sabíamos porque aquello era una fiesta. 

Si no fueras actor, ¿dónde te encontraríamos actualmente?

En la universidad, dando clase. Al acabar la carrera, acabé a la vez Filología y la escuela de teatro, enseguida montamos la compañía, pero simultáneamente hubo un concurso público en la Facultad de Educación, me presenté, me lo dieron y estuve trabajando tres años en la universidad, dando clase. Salí espantado, porque el escenario era una competencia muy dura, pero estuvo bien y me permitió ganar dinero en un momento raro de mi vida, en que era todavía muy jovencito. 

«El oficio ha sido muy generoso conmigo»

Empezaste en el teatro, pero ¿cómo diste el salto a la tele? 

La tele vino muchísimo, muchísimo después. De hecho, todos los días me levanto, abro los ojos y pienso “gracias azar, cosmos, Paulo Coelho”, porque he hecho muchas cosas que no imaginaba ni en mis mejores sueños. En ese sentido, el oficio ha sido muy guay, muy generoso conmigo.

Empecé a hacer televisión en serio en el año 2004, hace cuatro días en comparación con los años que llevo en el oficio y fue porque fui a Madrid a trabajar, con un montaje del Centro de Arte Dramático de Aragón, que se titulaba ‘Misiles melódicos’, estuvimos en el Teatro Español de Madrid y entonces yo dije: “esta es mi oportunidad”. Venía de hacer una serie de trabajos muy buenos con el Centro de Arte Dramático de Aragón, Ricardo III, que había tenido mucha repercusión, me habían dado un par de premios de interpretación y sentía algo que nunca había sentido, que estaba en una situación distinta y que necesitaba dar un paso más allá. Así encontré mi primera representante, empecé a hacer mis primeros episódicos, teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca tele, lo que quiere decir que lo hacía muy mal, era muy distinto, sobre todo la manera de trabajar. 

Aunque los fundamentos son los mismos, cuando te has educado en un ecosistema donde lo único que existe es determinada manera de hacer el teatro, que no digo que sea buena, además, descubrí que tenía que desaprender todo lo que había aprendido y cuando llegué y me puse delante de una cámara me di cuenta de que tenía que volver a desaprender todo lo que había aprendido después de desaprender por primera vez. Veo, aunque no los veo nunca, mis primeros trabajos en ‘Siete vidas’, en ‘Matrimonio con hijos’ y pienso: “eras un pringadillo, chiquillo, no sabías de qué iba el oficio realmente”. En ese sentido creo que mi carrera es como yo, un poco diesel. Luego la aparición del cine fue ya el summum porque adoro el cine. Y todo nos lleva al ahora, un momento de una ilusión tremenda porque veo que tantos años de oficio me ponen en situación de aprender de verdad

¿Cómo fue el aterrizaje en el cine?   

En cine he hecho papeles secundarios, media docena de películas, he hecho muy poco cine en realidad. Con el primero que hice cine, aunque fue un mediometraje, fue con mi amigo José Miguel Iranzo, que falleció el verano pasado. Él rodó en 1996 un mediometraje en 16mm, titulado ‘Tempora y Violeta’, que fue un hito en el audiovisual aragonés porque era la primera vez que un realizador de aquí se metía en un pollo como aquel. A mi amigo Iranzo le debo que fue el primero que confió en mí para algo que no fuera teatro. Luego fue Paula (Ortiz), en ‘De tu ventana a la mía’ (2011) me hizo un pequeño regalo que luego por cosas de montaje quedó muy disminuido, pero yo siempre se lo he agradecido muchísimo a Paula. 

Luego vino la película que más me ha dado, no por el trabajo en sí mismo sino por lo que supuso, que fue ‘Altamira’ (2016), por el hecho de trabajar en inglés, con un grupo de actores ingleses a quienes admiro mogollón y allí había tres o cuatro de los que a mi me molan mogollón, Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas que es un tipo genial, y eso me dio un plus de confianza, porque ya el casting lo hice en inglés con Hugh Hudson. Nunca pierdo de vista de dónde vengo, dónde empecé y yo empecé prácticamente en los carromatos, en las eras, en los campos, y este tipo de oportunidades me han dado un corpus, un bagaje que para mi es muy valioso y un empuje muy grande para seguir trabajando. 

Después hice ‘La higuera de los bastardos’ (2017), con Ana Murugarren, que fue también una cosa de estas extrañísimas porque a Ana, que es una de las personas más punkis que he conocido en mi vida, yo no la conocía de nada. Fui a trabajar a Bilbao, a una cosa de teatro a casa de Ramón Barea, que es mi maestro, y me llaman y me dicen que había una directora que me había visto en una foto en Facebook y que me quería para su próxima película porque necesitaba mi careto. Pues vamos para allá y allí fuimos a grabar ‘La higuera de los bastardos’ que fue otra escuela, con un rodaje durísimo, que nunca había hecho, de noche prácticamente entero, con el tiempo vasco, frío, lluvia, unas condiciones durísimas, haciendo un personaje que era un secundario, pero con presencia. Y trabajar con Karra Elejalde que es una escuela en sí mismo, un tipo fascinante. Fue muy grato, y ahí andamos. 

Has hecho cine, teatro, tele, eres poeta, dramaturgo, ¿qué te aporta cada una de esas facetas?

Entender el mundo, entender lo que pasa, intentar explicarlo, ese es mi oficio como actor. Yo siempre digo que soy un actor que escribe, que publica libros de vez en cuando, que de vez en cuando da una clase de hablar en público, pero siempre es el actor el que está detrás y un actor que necesita entender, aunque todo sea incomprensible, pero necesito entender algo para poderlo contar después en el escenario. Porque además pienso que estamos en un momento flipante a nivel cósmico, terrenal, cultural, artístico, teatral, es un momento flipante.

Hay una frase de Antonio Gramsci, que era un pensador marxista italiano, que decía: cuando lo viejo todavía no se ha muerto del todo y lo nuevo todavía no ha terminado de nacer del todo, en ese periodo incierto es donde surgen los monstruos y yo creo que estamos en un momento de esos. Los antiguos paradigmas, a todos los niveles, están en cuestión, hay una nueva realidad y explicación de la realidad, un nuevo humanismo, hay un cambio brutal y el cine, el teatro, la novela, la literatura, la moda, todo tiene que explicar eso que está pasando, contarlo.

«En estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario»

Además de la pasión por el teatro, conocemos tu pasión por escribir

Esa pasión llegó más tarde, son cosas que han ido surgiendo con el tiempo. No pude escribir nada hasta que no me compré mi primer ordenador. Y se podrá pensar: “pues vaya pijada”, pues es que es verdad. En el año 2000 me compré mi primer ordenador y empecé a escribir. ¿Por qué? No lo se. Buñuel decía que somos básicamente un 80 por ciento de química y un 20 por ciento de misterio, pero lo que realmente detona las cosas es el misterio y eso me ha pasado, se han ido detonando pequeñas cosas ahí. 

¿Empezaste a escribir obras teatrales o poesía?

Empecé haciendo una obra de teatro, escribiendo teatro. Soy culo de mal asiento, me gusta trabajar, pero siempre me ha costado permanecer en un sitio mucho tiempo, periódicamente necesito conocer gente distinta, modos de trabajar distintos, visiones distintas, puntos de vista diferentes, necesito salir de mi zona de confort casi constantemente porque es lo que me mantiene vivo, en forma, alerta. 

¿Y cómo empezaste en la poesía?

El actor una vez hubo un momento en que descubrió la poesía, una cosa que no me interesaba nada en absoluto, como a otros jóvenes, pero en un momento de mi vida determinado cae en mis manos un libro de Allen Ginsberg, que se titula ‘Aullido’, y me pega una patada en la frente tan descomunal que me doy cuenta de que no puedo seguir viviendo si no hago eso en un escenario, no se cómo ni con quién, pero tenía que hacerlo ya. Entonces me junté con un músico amigo, José Javier Gracia, un maravilloso guitarrista de rock, él con su guitarra eléctrica y yo con el libreto de ‘Aullidos’. Nos emborrachamos juntos una noche pensando en lo que íbamos a hacer y a la mañana siguiente pasó algo mágico, y es que realmente nos juntamos, con una resaca del siete, pero los dos acudimos a la cita que teníamos y creamos ‘Territorio beat’.

Y la poesía empieza a formar parte de mi actividad de manera constante, porque funciona de puta madre en el escenario, porque la poesía tiene un poder escénico que es algo que fue para mí completamente inesperado, pero en lo que me volqué y en estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario, que me ha permitido conocer a mogollón de músicos, trabajar con ellos, descubrir la relación maravillosa que hay entre la palabra, la música, el gesto, el movimiento, la cámara, porque hemos hecho experimentos con televisión y seguimos, me flipa. 

Empecé a leer la poesía que me gusta a mí, no con la que nos han torturado durante años en el colegio y nos han hecho que nos alejemos de la poesía, sino la poesía que se está haciendo ahora, la mayoría de mujeres, que escriben una poesía que es la rehostia. Pero hay versos que no he leído y esos modestos versos que no he leído los tengo que escribir yo y por eso publiqué ‘Big Bang’ hace año y medio. 

En ‘Don Quijote somos todos’, con Teatro del Temple, además de interpretar un papel en la obra, con la que estás nominado en el Teatro Rojas de Toledo, eres autor del texto. ¿Cómo te enfrentas a esa escritura? Pones a Don Quijote a solucionar la despoblación

Para empezar a escribir siempre me hago preguntas, en este caso una pregunta: en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué, qué pasa en ese pueblo, por qué no te quieres acordar, dónde está, quiénes son, quiénes quedan hoy en día? Y de la respuesta a esa pregunta surge todo el texto. Yo estaba leyendo, además, ‘La España vacía’, de Sergio del Molino, que me había flipado, y eso sumado a la influencia de Berlanga, Azcona y Cuerda. No les conocí personalmente, pero es como si estuvieran muy cerquita de mí y no me explico por qué no han dejado más huella, por qué nadie sigue esa estela tan nuestra, ese humor cervantino. 

A raíz de todo eso surge y porque estoy muy interesado en cómo se funden cine y teatro, aunque a veces tienen problemas de relación. Pero yo no creo que deban tener problemas de relación, el cine es un hijo aventajado del teatro que en el siglo XX toma vida propia, aunque a veces se consideren que son dos fenómenos separados el uno del otro. Tanto en dramaturgias como en guiones hay esa sinergia en el tratamiento de diálogos, en el desarrollo de los personajes, en el uso de la elipsis y la economía expresiva. Fruto de todos estos movidones surge ‘Don Quijote somos todos’, una manera de dialogar, de replica contrarréplica que sea muy rápida, que trascienda el ritmo del teatro. 

Volvamos a tu faceta audiovisual, ¿cuál ha sido el último trabajo en el que has participado? 

‘Servir y proteger’, en TVE, como actor. Estoy muy ilusionado con la tele porque empecé mayor, mi carrera es incomparablemente más corta en la tele que en teatro, pero es que le pongo mucha ilusión y soy muy tozudo e insistente, persistente y cabezón, cuando quiero algo de veras no tengo prisa, y estoy acostumbrado a salirme con la mía. En este momento de mi carrera me gustaría mucho, y en ello estoy, espaciar un poco más el teatro y frecuentar un poco más los platós, que es una cosa que ahora, con 57 años, aunque me quedan muchos años buenos de carrera, siento que estoy en un momento muy bueno para reinventarme otra vez. Con esta pandemia esto nos está ocurriendo a todos, pero estoy muy  ilusionado con eso, y rodeado de gente estupenda, que me quiere mucho y me están apoyando mogollón y ahí vamos a estar. 

¿Cómo es trabajar en una serie diaria?

Encantador. He hecho dos series diarias, en ‘Servir y proteger’ he estado dos meses y en ‘Amar es para siempre’ estuve una temporada y estaba entonces haciendo teatro en Madrid. Yo descanso cuando trabajo, con ‘Servir y proteger’ estuve en diciembre y estaba haciendo ‘Don Quijote somos todos’, en Valencia y recuerdo el primer día de grabación en ‘Servir y proteger’, entraba en el primer turno de grabación del día, lo que significa que tenía que estar en maquillaje a las seis y media de la mañana. Me pasaban a buscar a las 5:45 horas del jueves. Pero yo estaba en Valencia haciendo teatro, la función empezaba a las ocho de la tarde y acababa a las nueve y media.

Me tuve que coger un coche de alquiler, algo de cena, y conducir pitando a Madrid; llegar, devolver el coche de alquiler, que parece una cosa sencillísima, pero que a las dos de la madrugada es una putada enorme; irme al hotel, dormir, pasar a buscarme, grabar hasta las dos y media de la tarde, ir a Atocha, coger un AVE y volver a Valencia para subir al escenario a las siete de la tarde. No digo esto como quien vive un vía crucis, no lo puedo decir, hubiera preferido que hubiera habido Aves por la noche, pero es que este oficio es así y me críe viendo como los grandes actores y actrices hacían un ‘Estudio 1’ que se pegaban diez horas grabando y luego se iban al teatro a dos funciones. Hay que currar. 

«El gran producto que Aragón exporta es cultura y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí»

Has participado en otras series nacionales, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuéntame’, episódicos, ¿pero qué te han aportado esos papeles?

La necesidad de adaptarte enseguida a un equipo que funciona perfectamente, eso fue lo primero que aprendí en estos episódicos en que grabas un día y desapareces. Llegas a un ecosistema compuesto por ciento cincuenta millones de piezas que funcionan todas de puta madre y donde lo único que te exigen es hacer un ensayo con cámara y una toma. Siempre he pensado que una de las responsabilidades de los actores es, lo primero, no dar mal, lo segundo solucionar problemas y, lo tercero, adaptarse a los ritmos, a los estilos, a los modos de trabajar de cada equipo y ficción. 

Ese trabajo era la única manera de hacer tele porque ahora en casa, en Aragón, parece que empieza a moverse algo, pero hace diez años no podía pensar en hacer nada aquí en tele. La única manera que he sabido ha sido esta, empezar de muy abajo, que sigo estando ahí, e ir haciendo cosas y que me sirva para progresar. Luego pienso que de alguna manera las cosas cuadran, porque luego surge la oportunidad de ‘El último show’, con un personaje que no era para mí, que no estaba escrito para mí, que no era la primera opción, ni la segunda, seguramente tampoco la tercera, pero que al final hubo casting, convencí a Alex (el director) de que era yo. Y sin todo lo de antes, y el background del teatro… 

Te vimos en ‘El último show’ y en la película ‘Reset’, en la que participas en el corto de Nata Moreno, ¿qué piensas de esa apuesta de la tele por la ficción desde Aragón?

Qué os voy a decir, esto lo necesitábamos. Hay una cosa que me llena siempre de perplejidad y es que en Aragón, si echamos un vistazo a su historia y le decimos a cualquiera que nos diga cinco aragoneses ilustres, me juego el dinero que no tengo a que de los cinco nombres cuatro son de artistas. El gran producto que Aragón exporta es cultura, es arte, artistas, y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí, como las lombrices de los terrarios que hacen el hueco en la tierra para que eso se oxigene, la tierra no se compacte y acabe aplastando la raíz; pues eso es lo que ha pasado. Lo que hace falta es que esa trayectoria continúe. 

Me hizo muchísima ilusión participar en ‘El último show’. La época dorada del audiovisual está por venir, todavía están los monstruos ahí, todavía lo nuevo no ha nacido del todo y todavía lo viejo no acaba de morir. Esta ciudad es un ecosistema muy complicado, pero tengo mucha ilusión por la gente joven, que algunos son los que nos están dando momentos de exaltación como ahora mismo Pilar Palomero, Javi Macipe, lo que está haciendo Paula Ortiz, no quiero reducirlo a ellos tres, pero es brutal, en una comunidad como esta. Yo trabajo mucho en Bilbao, que es una comunidad mucho más potente y con un concepto de lo propio mucho más desarrollado que el nuestro, un afán de intervenir y de proteger su fenómeno cultural que es indiscutible y que está plasmado en lo práctico, en la pasta, y mis colegas vascos me dicen: “pero por qué os queréis tan poco en Aragón si las cosas que vemos son de puta madre, pero no os queréis” y les digo que nos queremos mucho, pero que los que no nos quieren son los que podrían hacer esto más fácil, los políticos, los gestores, los funcionarios. 

Además de teatro con ‘Don Quijote’, ¿dónde te podremos ver ahora? 

Hay un proyecto muy bonito en el que llevo ya tres años con él, que es una versión de Macbeth de Shakespeare, he escrito una versión para cabaret y ese espectáculo debería haberse producido este año pasado en Madrid, pero por la pandemia no se pudo hacer, retrasamos el plan de producción y se va a hacer el año que viene. Estoy muerto de ilusión con ese trabajo porque llevo tres años peleando con él. 

En lo audiovisual, como soy un poco supersticioso, me vais a permitir que me calle. En cada una de las facetas en las que estoy intentando desarrollarme tengo proyectos estupendos, estoy ahora acabando mi segundo libro de poesía y estoy escribiendo un proyecto de serie de televisión a medias con Alberto Andrés Lacasta. 

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Una novedad en Zaragoza

Una novedad en Zaragoza

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Si eres de los que te pones Netflix y te pegas media hora intentado decidir qué ver y al final no ves nada, ha llegado la solución a tu aburrimiento. Te vamos a hablar del universo ‘Confluye Zaragoza’, que dirige Hugo Falcón, un portal en el que pinchar en lo que más te interese, que seguro que es mucho. Vas a disfrutar del arte maño como nunca antes lo habías hecho.

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Todos los artistas que se encuentran delante y detrás de las cámaras de ‘Confluye Zaragoza’. Les ha quedado un collage bien majico.

Siete artistas de diferentes disciplinas componen esta locura que ha nacido en la capital aragonesa; David Ballestar (escultura), Elena Gil (danza), Gustavo Giménez (voz-poesía), Laura Mesones (pintura), Pilar Serrano (pintura mural), Evyenia Tzortzi (joyería) y Yaguar (video-arte).

¿ESTO TAN MODERNO QUÉ ES?

Si los términos documental web hipermedia hacen que te encuentres más perdido que Marco el día del padre, te diremos que hipermedia es la suma de hipertexto y multimedia, algo muy chulo con lo que mostrar las facetas más desconocidas de los artistas de manera personalizada para el espectador.

«La idea es crear una página que sea ver, escuchar y leer. Cada usuario va a poder hacer el recorrido que quiera», explica Falcón a Secuenciadas. Y es que el usuario se va a convertir en el autor de su propio documental: «es la gran diferencia que hay con el documental normal y corriente que es algo lineal, tú le das a play y te lo terminas», pero aquí podrás vivir una narración interactiva en formato web en función de tus motivaciones. ¿Cómo? explorando vídeos, textos, bocetos, fotografías, audios y animación. Un popurrí de multimedia que te dejará ojiplático.

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El director Hugo Falcón flipa con David Ballestar y las herramientas de trabajo que utiliza para hacer sus esculturas. Foto de Aránzazu Navarro.

EL PROCESO CREATIVO

Para la realización de este documental Hugo Falcón pidió a cada artista una obra inédita. «A veces ves una obra que te gusta o no te gusta, pero no sabes todo el proceso que ha tenido el creador», mientras que aquí podremos descubrir el proceso creativo que les ha llevado a crear la obra y que nunca vemos. Falcón, que cuando no graba estudia Historia del Arte, destaca: «algo que me parece esencial es transmitir el interés didáctico, que la gente aprenda cosas del arte y valore más la cultura».

En este documental vemos a creadores que llevan años trabajando. «Vamos a crear una comunidad para que la gente pueda ver obra y trabajo de personas que a lo mejor no tiene tanta visibilidad», afirma el director. «Es darles un poco de valor e importancia, una forma de unir. Yo creo que el arte une a la gente«, sentencia.

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La bailarina Elena Gil y Hugo Falcón que también opera la cámara, luchan contra el cierzo en plano aberrante al lado del Ebro. Foto de Aránzazu Navarro.

REMINISCENCIAS

Hugo Falcón, que reconoce que desde pequeño ha estado rodeado de artistas, recuerda sus primeras inmersiones en el audiovisual. «Con una cámara minidv grababa ensayos y algún concierto. Esa inquietud por grabar a artistas la he tenido siempre«. Entre sus artistas más cercanos se encuentra su hermano, Ignacio Falcón que es músico y colabora también en el documental haciendo la música original. Más de un concierto de piano del tato le habrá tocado grabar a Hugo.

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Gustavo Giménez (voz-poesía) y Hugo Falcón (dire) conversan sobre la peluquería a la que van a cortarse las puntas. Foto de Aránzazu Navarro.

Más adelante, como muchos, se fue a estudiar a Madrid, en este caso dirección de fotografía, y con su mejor amigo Diego García, le surgió la idea de este documental. «Pensamos en crear una comunidad para dar visibilidad a tanta gente que hay buena por ahí y que está escondida«. García se quedó en la producción y se unió al equipo Nuria Rubió. Así nació ‘Confluye Zaragoza’ en el que todo confluye a cascoporro. «Confluir es unir las diferentes disciplinas en un mismo sitio«, precisa el dire.

CONFLUYE Y HAZ TU APORTACIÓN

Actualmente están grabando a los artistas del docu y, para que todo fluya, han abierto una campaña en la que tú puedes aportar dinero al proyecto y llevarte una recompensa. «Me está sorprendiendo mucho el apoyo que está teniendo de gente que no conozco de nada y eso me llena un montón y también que me apoye la gente más cercana que me quiere» y es que en menos de diez días ya han alcanzado el 50 % del objetivo. «Esperamos llegar a la meta que son 3.600 euros». Ya sabes, si te mola colabora y podrás conseguir productos de edición especial de ‘Confluye Zaragoza’ con su logotipo, como una bolsa o una súper camiseta y si eres de los que te gusta ser protagonista podrás salir también en los créditos.

Hugo Falcón dirigió en 2016 otro documental, esta vez al uso, sobre las radios libres en Aragón, con el título ‘Ondas en libertad‘, que se pudo ver en diferentes ciudades. Con ‘Confluye Zaragoza’ afronta su proyecto más personal y ambicioso. «Voy a coger a gente de Zaragoza pero quiero ampliar a Aragón, a España e ir a más. Quiero ser ambicioso en ese sentido». Nosotras estamos encantadas y esperamos disfrutar de esta comunidad de artistas que esperamos vaya creciendo hasta convertirse en un portal web de referencia de la escena artística.

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El director Hugo Falcón coge foco a uno de estos siete artistas del documental web y se prepara para traspasar fronteras. Foto de Aránzazu. Navarro.

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Somos personas

Somos personas

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Una clase de interpretación en la escuela de cine Un Perro Andaluz de Zaragoza es el origen del largometraje documental ‘Personas’, una historia de inclusión social a través del arte, dirigido por la periodista y realizadora María de Rada, quien además ejerce como guionista y es la profesora de interpretación en este aula en la que ocurrían cosas tan mágicas, y majicas, que María se decidió a grabarlas para la posteridad.  

Adrián lee con atención el guión del corto mientras piensa que podría venir como actor secundario Clint Eastwood. El compañero a su lado se le da un aire, pero no domina tanto el inglés. (Foto: Personas)

El trabajo se basa en una historia real, en lo que ocurre en esta clase con unos 25 alumnos que reúne desde niñas de 7 años a personas de 67, treinta y quinceañeros y, “en medio de todo eso, también había una persona con Asperger, Adrián, una persona con síndrome de down, Paola, y otra con autismo, María”, explica María de Rada a Secuenciadas momentos antes del estreno de su docu en el Centro de Historias de la capital aragonesa, donde se podrá ver de nuevo este domingo, día 7, a las 13.00 horas. 

“Al principio fue un reto poder dar esas clases y pensar si sería capaz de hacerlas con gente tan diversa”, recuerda. Sin embargo, se formó un grupo “tan bonito, era tan mágico lo que ocurría en esas clases que pensé: aquí hay una historia que se debe contar sobre cómo fomentar la inclusión social a través del arte” o, en este caso, de la interpretación y el teatro, que tienen el poder de unir a personas tan diversas.    

Después de unos tres o cuatro meses impartiendo esta clase, y al comprobar “lo potente” que era el grupo, decidió comenzar a grabarles con el objetivo de evidenciar que «no es tan sencillo para las personas con discapacidad ser incluidas en actividades de ocio” porque en muchas ocasiones resulta difícil normalizar esa inclusión. “No estamos acostumbrados a tratar con personas con discapacidad, quería que se viera que es normal y es maravilloso”, subraya, para aclarar que el mensaje de este docu es, sencillamente, que la inclusión es posible

Los alumnos María, Adrián, Paola y Eva, metidos a tope en sus papeles. ¡Sí a los selfies! (Foto: Personas)

LECCIÓN DE VIDA 

En esta experiencia, María de Rada ha aprendido que “todos somos capacitados en algo y discapacitados en otra cosa” y de eso habla el documental, destacando también el poder que tiene el arte para facilitar la inclusión. “Al final es jugar con nuestro cuerpo, con las emociones, jugar con los demás, volver a ser niños, favorece el compañerismo, fomenta la alegría”. Vamos, que da un buen rollo muy necesario ahora mismo, tras este año pandémico que nos ha impedido muchas veces mantener esas relaciones con los demás.   

“Siempre que doy clase aprendo muchísimo de mis alumnos, más que lo que aprenden ellos”, asegura. En este caso concreto, “aprendí que tenemos mucho desconocimiento sobre las personas con discapacidad y que, al final, es más sencillo de lo que parece, que hay que normalizarlo un poco más” porque todos somos distintos.  

‘Personas’ se grabó en 2019 y, en su inicio, el realizador, fotógrafo y creativo Lorenzo Izquierdo se apuntó al proyecto como director de fotografía y responsable de edición. “Le conté la idea y se unió enseguida, de manera voluntaria y altruista desde el principio”, recuerda María. Gracias a una ayuda de Zaragoza Cultural han completado las entrevistas en estos últimos dos meses y han llevado a cabo la edición final, “que ha sido un trabajazo tela, pero estamos muy contentos”, relata. El resultado del trabajo en el aula, además de revivirlo en el docu, se puede conocer en los cortos que ruedan en estos talleres y que están disponibles en la página web de la escuela.  

María de Rada, con la mente a cien por hora pensando en su próximo audiovisual. ¡Esta mujer no para! ¡Olé! (Foto: Secuenciadas)

HISTORIAS NECESARIAS 

Tras su presentación en el Centro de Historias, con entradas agotadas en las proyecciones, la realizadora intentará “mover” el documental entre asociaciones y fundaciones que trabajan la inclusión y “sería maravilloso” poder llevar este trabajo a colegios e institutos, porque “el mensaje que se muestra es claro y necesario”. También se presentará en festivales y se organizarán nuevas proyecciones en los próximos meses, si bien lo primero será “conseguir financiación para poder distribuirlo, porque en estos momentos no tenemos”. Ya sabéis, give her the money! Para que el mensaje siga calando. 

La zaragozana María de Rada siente pasión por los temas sociales en su doble faceta como directora y periodista. “Me encantan las historias de la gente que lucha día a día”, esas historias que “casi nadie cuenta y que son muy necesarias y bonitas de contar”

Actriz y formadora, ha trabajado como guionista y reportera en varias cadenas de televisión y programas de radio y, en los últimos años, ha creado su propia productora audiovisual ‘El patio de las pinzas’, con la que ha dirigido, con este trabajo, tres largos documentales, los dos primeros dedicados a los barrios de Torrero-La Paz y la Madalena. Tras concluir ‘Personas’, se centrará ahora en su distribución, pero estamos seguras de que en su mente ya idea nuevas historias sociales que llevar a la pantalla.  

Paola alegrando el estreno de ‘Personas’, con Lorenzo Izquierdo, María de Rada, Adrián, María y la directora de Un Perro Andaluz, Leonor Bruna, partidos de la risa con su speech. (Foto: Secuenciadas)
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Javier Macipe vuelve a luchar por el Goya

Javier Macipe vuelve a luchar por el Goya

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Después de su primera vez con el cortometraje ‘Os meninos do río‘ (2016), Javier Macipe repite nominación a los Goya con ‘Gastos incluidos’, en una gala que se celebrará de manera telemática el sábado 6 de marzo. ¡Hay que reinventarse!

Venga chavales, que este año me llevo el cabezón sí o sí. Javier Macipe en el medio, Roberto Cabrera (izq) y Ramón Barea (dcha).

CLAÚSULA UNO: EL HABITANTE SE COMPROMETE A IGNORAR LA EXISTENCIA DEL OTRO

¿Firmaríais un contrato con esta cláusula? Sí. Imaginad, alquilas un piso, por el precio de uno compartido, pero sin tener que interactuar con la otra persona ¡un chollo! ¿no? «Se plantea un mundo distópico, pero en realidad es un futuro muy cercano que podría ocurrir mañana», explica el optimista director a Secuenciadas. Javier Macipe da ideas a la inmobiliarias y nos cuenta una historia en la que una empresa ofrece viviendas multidimensionales, en las que la gente firma una cláusula que le impide interactuar con su cohabitante, como si viviera cada uno en una dimensión diferente de ese piso. No descartamos que Matthew McConaughey haga una aparición interstellar.

Los dos protagonistas del corto viendo Eurovisión.

Javier Macipe coescribió este original guion junto al escritor y guionista salmantino David Manjón, una historia con la que querían denunciar el problema de la vivienda. Una escritura que el dire nos confiesa caótica, pero que les ha valido numerosas nominaciones y premios. «Lo primero que hicimos fue recoger anécdotas, cada uno por su lado, del entorno cercano para documentarnos» y así confiesa una de las más graciosas.

«Tenemos un amigo que convivió con una persona durante meses sin saber su nombre porque se lo había dicho al principio pero lo olvidó». El problema vino después: «tuvo que hacer un cuadrante de limpieza y no sabía que nombre poner, así que se arriesgó y se equivocó». Al director no le ha pasado nada de esa dimensión, pero reconoce: «sí que he vivido con gente de la que no sabía absolutamente nada. Al final te ves obligado a convivir con personas con la que no tienes ningún tipo de vínculo«.

CLÁUSULA DOS: SI HACES UN CORTO, ELIGE BIEN A LOS ACTORES

El cortometraje está narrado desde el punto de vista de Joaquín, que busca desesperadamente piso y se encuentra con esta situación tan extraña. El actor canario Roberto Cabrera interpreta a este personaje que tiene que ignorar a su no compañero de piso Ramón Barea, el otro.

«Para la elección del personaje de Joaquín hicimos un casting abierto y acabó siendo él, que yo ya lo conocía porque habíamos coincidido en una residencia juntos y es un actor buenísimo», recuerda Macipe. No sabemos si tuvieron mucho contacto en esa convivencia o si fue como los protagonistas del corto que nos ocupa. La elección de Ramón Barea la tenía clara porque «es un actor con una vis cómica tremenda pero sin estar encasillado en la comedia, hace gracia desde la seriedad» y es que no todas las convivencias son como ‘Friends’ en los 90 y ver a este actor en pantalla emociona a la vez que te ríes, es así de tragicómico. «La verdad que fue muy generoso y es una bellísima persona», asegura el director.

Javier Macipe jugando con Ramón Barea a piedra papel o tijera en un momento de descanso del rodaje.

La tercera en discordia es la pérfida mujer de la inmobiliaria que interpreta Nata Moreno. Nata es más conocida como directora y ganadora de un Goya por el docu ‘Ara Malikian, una vida entre las cuerdas’, pero aquí Macipe la sitúa delante de las cámaras: «tengo mucha cercanía con ella por el mundo aragonés y Amelia Hernández, mi socia (El pez amarillo), trabajó con ella en el docu y me apeteció proponerle volver a la actuación y lo hizo muy bien».

Nata Moreno poniéndole a Roberto Cabrera una canción de Ara Malikian en el móvil por cuarta vez.

CLAÚSULA TRES: SI ESTAMOS NOMINADOS LO CELEBRAMOS A MODO ZOOM

Parte del equipo y amigos varios, conectaron en una videollamada múltiple para recibir la gran noticia de la sensual voz de Ana Belén que leyó en directo los nominados mejor corto de ficción, Gastos incluidos. «Fue una alegría enorme», recuerda Macipe, y no se refiere a volver a ver a Ana Belén en el mundo del cine sino «una buena noticia en este tiempo que nos empuja a seguir». Y es que Javier Macipe y su equipo comenzaron a rodar la peli ‘La estrella azul’ en la capital aragonesa, pero debido al confinamiento el rodaje fue paralizado. Esperan volver a rodar a finales de este año en Argentina, pero todo está sujeto a las restricciones.

Premio a mejor corto en el Festival de Almería en corto, premio Simón del cine aragonés, mejor corto de ficción en el Festival de Fuentes de Ebro, premio de la prensa en el Festival de cine de Guadalajara y muchos más, pero esto de ganar premios, de estar nominado a los Goya ¿sirve para algo?  «Las productoras reciben tantas cosas, que al final necesitan algo que le des la seguridad de que ese tiempo que le van a dedicar les va a servir de algo». Y es que estar nominado a los Goya una vez puede ser suerte, pero estar dos ya es complicado y este realizador tiene estrella.

Javier Macipe operando la cámara él mismo para que no haya más gastos incluidos en el corto.

Este año los Goya se celebrarán en streaming, online o como queráis llamarlo, pero la verdad que va a ser una gala rara rara y nosotras no nos la queremos perder. Sobre todo este año que viene ¡muy aragonesa! con Pilar Palomero, Arantxa Ezquerro, Carlos Naya y el propio Javier Macipe.

Nuestro director, aún no sabe cómo ni con quién verá la gala, lo que sí que nos puede cotillear es que desde la Academia le han indicado que tiene que estar las tres horas que dura la gala o más frente a la pantalla del ordenador por si en algún momento quieren pincharle en plano. Aunque reconoce que a los cortometrajistas no es que les den mucho protagonismo, sería algo distópico Javier. Así que esperamos que Antonio Banderas y María Casado hagan una gala divertida que no duerma al personal en sus portátiles y que Antonio Resines no cante un rap.

Javier Macipe confiesa sus favoritas: la peli ‘Las niñas’ y el documental ‘El año del descubrimiento’. Nosotras ya tenemos cortometraje favorito, que Ramón Barea define como Black Mirror castizo, le copiamos la idea, así que os dejamos que queremos verlo otra vez en ‘Filmin’. Que sois más de Netflix y no tenéis suscripción a ‘Filmin’, no os preocupéis que Aragón TV emitirá el corto el viernes 5 de marzo a las 22:35 y le seguirá ‘La novia’ de Paula Ortiz ganadora de dos premios Goya. ¡A por el cabezón, Macipe y equipo!

¡Equipazo! en el rodaje que duró cinco días.

GASTOS INCLUIDOS

Productora:  EL PEZ AMARILLO S.L.

Producción:  AMELIA HERNÁNDEZ

Director:  JAVIER MACIPE

Guion:  JAVIER MACIPE Y DAVID MANJÓN

Fotografía:  ÁLVARO MEDINA

Dirección Artística:  VICTORIA PAZ

Sonido:  VÍCTOR PUERTAS

Montaje:  JAVIER MACIPE

Animación:  SERGIO DUCE

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