El director José Manuel Herraiz juega al despiste con el título de su nuevo cortometraje ‘Una bombilla en California’. Una historia de dos mujeres que se conocen, desde tiempos inmemoriales, y que tienen que tomar una importante decisión: Seguir enfadadas o hacer las paces. «Llega un día en el que el el tiempo se les acaba y tienen que decidir si quieren seguir con esa enemistad o quiere recomponer la relación», explica el director. Las protagonistas son Luisa Gavasa y María José Moreno, dos grandes del cine aragonés que alguien tenía que reunir en la pantalla grande. «Este corto es más de ellas que mío», sostiene el dire.
Luisa Gavasa y María José Moreno echando una siesta entre toma y toma
Esta historia, podría tratarse de una sitcom, con público, en la que la trama llega a su fin y te dispones a ver el último capítulo. El episodio en el que la lagrimita se te escapa sin que puedas evitarlo. A las grandes les acompañan otros personajes fijos. Yolanda Blanco en el papel de portera y Berta, hermana de Moreno en la ficción, que interpreta Olga Aguirre. También hay un personaje, que podría ser episódico, de un cura, que está interpretado por Jaime García Machín.
Como curiosidad el director escribió esta historia, de propio, para Luisa Gavasa, ya que hace unos años le oyó decir que ningún director aragonés la llamaba para trabajar en un cortometraje. Herraiz se dispuso a poner remedio al asunto. Al día siguiente escribió una sinopsis en su libreta de ideas y con María José Moreno también en la cabeza. La guardó en su cajón. «Creo que las ideas en cine y en audiovisual deben madurar. Nadie tiene la capacidad tan genial como para escribir de tirón y a la primera algo bueno», recalca el director. «Esta idea estuvo un tiempo y de vez en cuando la miraba, la releía y cambiaba algo».
DEL PAPEL AL CINE
A finales de septiembre del 2025 la historia tomó vida. Con parte de su equipo de cabecera y parte nueva, el director rodó en Zaragoza. Una escena se filmó en un portal de Paseo Constitución y otra en la productora de Herraiz, Albella Producciones. «Lo hicimos en la sede de la productora porque teníamos un un sitio perfecto. Luis Sorando trabajó el arte muy bien y transformamos una habitación en el dormitorio de una de los protagonistas«, detalla Herraiz a Secuenciadas. El director quería un rodaje sencillo y lo consiguió. «Todo fue muy fácil, muy fluido y las localizaciones ayudaron», apunta.
Yolanda Blanco, triste porque no le dejan dormir la siesta. El DOP Mario López retrata el momento
Entre las nuevas incorporaciones al team Albella está el director de fotografía Mario López, David Navarro en sonido directo y Lucía Sopeña en ayudante de dirección, entre otros. Repiten Camino Ivars, en dirección de producción, Irene Tudela en maquillaje y peluquería y Josian Pastor como eléctrico. Emilio Gazo, fijo de Herraiz, ha realizado los créditos iniciales que sirven para conocer a los protas de la historia. Una intro muy guay que no te dejará indiferente. «Es una forma muy bonita de iniciar el corto y creo que va a sorprender», sostiene Herraiz.
El director José Manuel Herraiz chequeando la toma
‘Una bombilla en California’ tuvo un estreno mundial en Daroca, acompañado de otros cortos del realizador. El trovador (2024), Vuelve con mama (2022) y El astronauta (2018). «Fuimos a Daroca en un día lluvioso y frío de un 26 de diciembre y yo decía: Bueno, no sé quién va a acudir al cine de Daroca a ver mis cortos. Al final vino muchísima gente y estuvo muy participativa«, recuerda el también guionista. Pronto confía en empezar la distribución en festivales e invitar al público a que descubra el por qué de ese título.
Algunas personas nos pasamos la mitad del día buscando nuestro móvil y la otra mitad lo tenemos en la mano. Esto es lo que le ocurre al protagonista de esta historia, pero con algo más retro: un walkie talkie. Esta pérdida da comienzo al nuevo cortometraje de Jorge Aparicio, ‘Entre un mar de árboles’, una historia que quiere concienciar sobre la salud mental. El filme se ha estrenado en la localidad de Biescas (Huesca), lugar que también acogió el rodaje.
Blanca Laínez pidiendo una pizza en mitad del rodaje
«No podemos dar soluciones a este problema, pero sí dar visibilidad a través del cine«, explica el director a Secuenciadas sobre el tema que ha elegido para su nuevo corto. «Ponemos el foco en el abandono social y familiar que pueden llegar a sufrir las personas con algún tipo de enfermedad mental, y las posibles consecuencias a las que pueden verse arrastradas». Para ser fieles a la realidad, han contado con el asesoramiento de distintas asociaciones. «De la Fundación Rey Ardid y de la Asociación Paso a Paso de Aragón, que trabaja en la prevención del suicidio», detalla el director.
El guion, escrito por Marta Marín, se basa en una obrade microteatro en la que actuaba Jorge Aparicio, titulada ‘Lalo Cura’. «Me gustaba mucho cómo trataba el tema de la salud mental, pero le hemos dado la vuelta«, señala. A partir de esa idea, la guionista desarrolló varias posibles historias y decidieron quedarse con una. ¿Con cuál? Lucía y José Luis son dos agentes para la Protección de la Naturaleza y él se da cuenta de que ha perdido su walkie talkie. Mientras sale a buscarlo, al aparato de ella le llega la voz de un desconocido que lo ha encontrado. Entablan una conversación y una conexión especial comienza a surgir entre ambos. Hasta aquí podemos escribir.
Parte del equipo viendo el partido del Real Zaragoza. Foto Carmelo Esteban
Que mejor que irse a un sitio que el director Jorge Aparicio conoce muy bien. «Decidimos rodar en Biescas porque ahí tenemos nuestra segunda residencia y nos iban a dar facilidades para rodar». Además, una cosa estaba cerca de otra. El equipo se trasladó a la localidad oscense y en tres días dieron vida a esta historia. Recibieron, casi, la llave maestra del pueblo, rodaron en el ayuntamiento, en el centro cívico de mayores, y la biblioteca sirvió de maquillaje y peluquería para la puesta a punto de los actores.
¿Quiénes son? Blanca Lainez, Ignacio Viscasillas, Pedro Endolz, Óscar Sánchez, Jorge Artal y los paisajes increíbles del Soto del Oliván en Biescas. El director recuerda otras historias en las que la naturaleza también tiene protagonismo; la serie ‘La caza’ o ‘El cuco de cristal’ y la trilogía escrita del Baztán, convertida en películas. Aunque en estas historias, en vez de walkies, desaparecen personas que da mas yuyu.
En esta ocasión, y tras varios cortometrajes a sus espaldas, el dire Jorge Aparicio ha querido contar con la figura de dirección de casting y de actores con La Ballena Producciones, con Ana Pavía y Paco Formento. «He delegado la dirección de actores y casting. El resultado ha sido muy bueno. Reivindico esa figura que quizás no conozcamos tanto», cuenta el director.
GRAN HERMANO ‘ENTRE UN MAR DE ÁRBOLES’ EN BIESCAS
El equipo vivió su propio Gran Hermano en Biescas durante tres intensos días. «Quiero destacar el equipo humano que participó en el rodaje», remarca el director. A pesar de la convivencia y de la filmación, amenazada por lluvia, nadie tuvo que ser expulsado de la casa. «Nos felicitaron a mi padre y a mí porque todo el mundo estuvo muy a gusto«. Todos ellos son muy profesionales; como ayudantes de dirección Manuel Aparicio (el padre) y Mary Carmen Bozal, Irene Marco como jefa de producción, Roberto Torrado en dirección de fotografía, Alfredo Piqueras en foto fija y ayudante de producción, Ruth G. Molero en arte y vestuario, Álvaro Pérez Peirote en sonido, Irene Joven en maquillaje y peluquería y Jorge y Manuel Aparicio (El VIllano FIlms) en la producción.
El equipo, a vista de dron, con Jorge Aparicio (chaqueta gris) en el centro
Tras su paso por Biescas, la película tendrá su estreno en Zaragoza a principios del año que viene. Sin embargo, este 17 de diciembre tendrá una sesión muy especial en el CPA Salduie, ya que Jorge Aparicio, exalumno de este centro de estudios audiovisuales, les tenía prometida una visita. Proyectará el cortometraje y explicará el proceso de hacer ‘Entre un mar de árboles’.
No hay rodaje aragonés que Secuenciadas se pierda, o casi, y en este amor por el audiovisual aragonés nos acompaña Roberto Torrado. Corto al que acudimos, aparece detrás de la cámara, la melena de Torrado. Lleva más de 20 años en el gremio y nos apetecía mogollón hacerle un Secuenciando a. Le mandamos unos «wasap» proponiéndole este reportaje y nos responde: «Soy un trabajador más del audiovisual, pero si habéis valorado entrevistarme, venga pues». Así que quedamos con él en el restaurante La Bamba de Zaragoza, gracias a nuestro amigo Cotton Filgaira que nos abre un lunes para poder realizar con calma y buen ambiente la entrevista. Os presentamos a Roberto Torrado; cámara, editor, cineasta y director de fotografía. ¡Un hombre muy completo!
¿De dónde eres, Roberto?
Nací en Suiza, en un pueblecito pequeño que se llama Rorschach, al lado del lago Constanza. Mis padres fueron allí a a trabajar en los años 60 y yo estuve hasta los tres añitos. Luego nos vinimos, porque mi madre es de Zaragoza.
¿Y cómo empezó tu interés por el cine?
Mi padre trajo de Suiza una cámara Kodak y yo cogía la cámara y empezaba a disparar. Sin el carrete, porque me daba mucho apuro gastar las fotos. Luego en las bodas familiares le decía: «Oye ¿puedo hacer fotos yo?», y me decía: «Venga, que quedan cuatro en el carrete, las terminas tú». El detonante fue ver a un tío mío, que tenía un 8 mm. Tengo imágenes mías con pantalón corto y mis padres jovencitos con las patillas de los 70. También fue que a mis primos les regalaron un cinexin y estábamos siempre dándole.
¿Pudiste estudiar algo relacionado con el cine?
Di un poco de tumbos. Hasta que un día estaba con mi primo, cargando un camión, a las 4 de la madrugada, y pensamos: «Oye, ¿qué hacemos aquí?» Nos fuimos a Madrid a una escuela muy cara, con todos nuestros ahorros, con el paro que teníamos, y con ayuda también de mi padre y de mi tío.
Estudiamos fotografía publicitaria de 3D, edición, cámara… Ahí se me abrió el universo, empezabas a ver directores y gente que venía a dar clase, que conocías de la televisión. Veías cámaras de verdad. Estuve cerca de 2 años así y luego ya me vine y ya empecé, pero no definitivamente, porque no había trabajo, iba alternado.
«El primer corto que hicimos con Impacto fue ‘Cuídala bien’ de Javier Macipe«
¿En qué momento te dedicas a trabajar en el audiovisual de forma profesional?
En 2006 hablé con Francisco Javier Millán y le dije: «Oye, ¿por qué no nos ponemos por nuestra cuenta?». Porque antes, o eras del cine de 35 mm, y te gastabas un pastón, o eras el videoaficionado cutre salchichero y había un vacío en medio. Creamos Impacto Producciones y nos compramos un poco de equipo. Un montón de realizadores vieron ese nicho y empezamos a hacer cortos, documentales y todo lo que había.
El primer corto que hicimos me parece que fue con Javier Macipe, tenía 19 añicos. El primer corto que hizo ‘Cuídala bien’, que ganó cuatro premios en el festival de Fuentes de Ebro. Estuvimos como 9 años con la productora y al final la cosa flojeó bastante. La empresa no daba para los dos y nos separamos.
¿En qué trabajos has participado últimamente?
En el cortometraje de Aneta Kotwica ‘Dla mnie‘, que quería contar una historia personal que le ocurrió y llamé a Javier para que hiciera la parte de producción y dirección. Hoy he recibido la banda sonora para colocarla y creo que ya estará. También hice otro de Paco Gómez Luesia ‘Amo a mis amos’. Luego vino el señor Cotton con los gangsters (One of those things) y luego Neil Santolaya con un tema deportivo (Match Ball).
Roberto, eres muy polivalente. ¿En qué puestos has trabajado en el audiovisual?
Antes era operador de cámara y editaba. Pero desde hace unos 3 años dije ahora voy a ser director de foto. Porque yo también hacía dirección de foto, pero siempre me quedaba más en la cámara y venía otro. Ahora le digo al realizador, opero la cámara, la edición y el color. Agradezco mucho la confianza porque, en cuanto me ven dicen: «Ah, este me va a hacer todo», y descansan. Entonces ellos ya se centran en dirigir.
La parte que más me gusta es la dirección de foto porque das tu personalidad, además de que el realizador lo apruebe todo, ¿no? Envuelves el proyecto como eres tú. Me gusta mucho tocar las imágenes y cuando grabo ya estoy viendo prácticamente la imagen final.
Estoy invirtiendo mucho en iluminación y voy a coger unas ópticas un poquito más suaves, más soft. En el momento que tocas un poco la luz, para bien, te sube el caché de la imagen de la leche. No hace falta irse a una cámara que vale 40.000 euros, la luz lo es todo. Entonces también ofrezco estos materiales. Veo que hay directores de foto que se presentan a los rodajes con las manos en los bolsillos. Van de jefes y vienen sin equipo. Las cosas que podrían hacer cuatro o cinco personas las hago yo. Hombre, si hay más presupuesto, pido un asistente o dos, pero claro, como es equipo en propiedad, me gusta llevarlo yo.
«Mi mejor trabajo como director es Cutanda. La batalla olvidada«
Cuenta un poco cómo ha sido tu idilio con el cine aragonés, en concreto, con los realizadores aragoneses. ¿Cómo has trabajado con ellos durante tu trayectoria?
He trabajado con Fernando Usón, Roberto Aznar, que son de los históricos. También con Rubén Pérez Barrena, José Ángel Delgado, Raúl Guíu. Lo que sí que he estado haciendo durante ciertos años es fidelizar a todos los realizadores, tampoco a punta de pistola (bromea). También tengo un grupo de confianza de técnicos, que me llevo muy bien con ellos, y cuando viene el realizador, le digo: «No te preocupes, que yo te facilito todo, de alguna manera». Entonces al año siguiente vuelven a repetir, porque son unos jodidos adictos (a hacer cortometrajes) esta gente (ríe).
¿Qué tipo de cine te gusta y en qué directores te fijas?
Realmente tampoco soy muy de directores. Soy más de películas. Me gustan las películas de desconectar 2 o 3 horas, lo que me den. Me gustan películas de superhéroes, de Star Wars, de zombies… de algo que cuando yo entre en el cine, me olvide de lo de fuera.
Estos largometrajes que estás con un plano de una vaca 20 minutos… A los directores que hacen estas cosas los admiro y respeto pero no termino de conectar con ese tipo de cine. Me han venido clientes así, ¿eh? Me dicen: «Oye, quiero hacer un corto, pero solo va a haber 20 planos». Y digo: «Jo, pues tienen que ser larguísimos esos 20 planos». Ojo, estos que te cuentan por ejemplo un movimiento en 15, 20 planos que hacen tá tá tá, tampoco. No me lo expliques tan videoclipeado.
Roberto, ¿qué trabajo tuyo como director destacarías?
El documental ‘Cutanda. La batalla olvidada’. Estaba hablando por otro proyecto con un experto medievalista y me dijo: «Estoy haciendo prospecciones en Cutanda en el campo de batalla. Hemos sacado cerámicas, hemos sacado tal» y le contesté: «Hostias, ¿no fastidies?». Y me fui a Cutanda (Teruel). Estuve ahí con drones de infrarrojos y con escáneres para ver si hay tumbas debajo de la tierra. Puse la voz de Jordi Boixaderas, que es la voz de Russell Crowe en ‘Gladiator’. Pensé, ya que me pongo, me pongo. Además es un tío super enrrollado. Conectamos por zoom, él estaba en su estudio, y le iba dando indicaciones y te lo clava.
«Si volviera a nacer y tuviera que dedicarme a otra profesión, sería al vestuario«
Si no te hubieras dedicado al audiovisual, ¿qué estarías haciendo ahora?
He estado en ‘Juego de tronos’ de figuración y el vestuario me gusta mucho, el vestuario de época. Luego también estuve en la película ‘La promesa’, que sale Christian Bale. Éramos 400 figurantes vestidos de armenios. Así que si volvieran a nacer y tuviera que irme a otra profesión, me iría a vestuario.
Por ejemplo, con Luis Sorando, cuando lo he contratado, me quedo ahí mirando porque es un tío que domina un montón y se nota que le gusta mucho.
¿Y cómo valoras el momento que vive en el audiovisual en Aragón?
A ver cómo te lo cuento. Lo que veo es que no hay una unión. Cada uno va a su guerra. Entiendo que el trozo de tarta no es muy grande y estamos bastantes. También hay muchos jóvenes que cuando salen de estudiar, se juntan dos o tres y duran un año, dos años y desaparecen. No tienen paciencia, y en el momento que salen de audiovisuales, ven que el percal está como está y tiran los precios y aún así, cierran, pero claro, ya se ha hecho mucho daño.
Y los que estamos ya hace tiempo, lo que he comprobado, que cuando he intentado aliarme con un productor, para tomarte un café está muy bien, pero ya no hay colaboración, nadie pasa el trabajo de otro. Yo soy abierto: ¿quieres colaborar conmigo? o ¿te puedo cubrir en un sitio?, o te llamo yo, porque igual tengo necesidades y quiero que vengas tú. Eso no lo veo, cada uno va a su aire.
He hecho un último intento este año para hacer algo conjunto y en el momento que te tomas el café, después cada uno por su lado y se olvidan de ti. Entonces ya voy a por el cliente directamente y ya está.
En Aragón, se ha ido mucha gente fuera, pero hay gente muy válida y con buenos equipos y mucho potencial. Podríamos hacer un montón de proyectos. Tenemos una historia que cualquier cineasta de Hollywood mataría por la historia que tenemos aquí de muchos siglos.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy terminando de rodar con Antonio Valdovín el largometraje ‘Murmullo Cósmico’, del cual haré el montaje y el color. El próximo más inmediato creo que será un corto de Sergio Montes, que me tiene que pasar el guion, que hizo ‘La Virgen Pálida’ y ‘Lo Mereces’.
«Mi trabajo termina cuando le doy al realizador el archivo«
¿Por qué no te vemos nunca en un estreno o en un festival?
Cuando disfruto es en el barro, manejando focos, la cámara, grabando en la calle, eso es lo que más me gusta. Todo lo que es alfombra roja, photocall, famoseo y poses, es lo que peor llevo, no conecto con eso. Entiendo que puede ser necesario, pero lo veo más para actores y actrices que viven delante de la cámara o el realizador que es el responsable. Yo soy un técnico.
Los técnicos también tenéis que daros a conocer, es una labor muy desconocida y ¿si te dan un premio al montaje o a dirección de foto?
Me horroriza salir, no puedo, digo: «Sal tú y dile que estoy en el Cairo rodando una de egipcios». Además, eso queda muy bien siempre (ríe). Pero sobre todo prefiero que lo gane el resto del equipo con el que he estado, me hace más ilusión que tengan sus estatuillas porque yo alguna que otra he ganado.
¿Han recogido premios por ti?
Sí, sí. Incluso les digo: «A los estrenos de los cortos nunca voy». Es que no lo termino de pasar bien. Mi trabajo termina cuando le doy al realizador el archivo, le deseo lo mejor y a partir de ahí es su trabajo difundirlo.
Sí que acudo a pequeños pases de equipo, para verlo, tomar notas. «Ah, pues este plano voy a dejarlo más largo, o este no sé qué». Además siempre les digo a los realizadores: «Del presupuesto guardaros algo para pillaros una sala de cine o incluso podéis estrenar dos cortos a la vez, para ir a pachas».
Porque haces un DCP y eso va ahí como un tiro, a una sala de cine como Dios manda. La gente cuando va a una sala de cine dice: «Hostia, buen nivel»y habla bien de ti. No vas a un salón de actos cutre, que se ve y escucha mal. Además es un insulto a todos los que hemos trabajado. Baja el nivel un montón.
Una última pregunta, ¿tienes algún proyecto soñado que te gustaría cumplir?
Algo del siglo XVII. Cualquier tema de aquí de Aragón, de esa época, me gustaría. También me gustaría una web serie. Meterme en esa piscina. Hacer capítulos pequeños, muy potentes de ciencia ficción, que desde que empiezas a darle al play ya dan un poco de mal rollo y enganchan.
Eso me va a exigir hacer una fotografía mucho más depurada, efectos visuales yentornos que no son de aquí. Para público de internet. Hay un canal que se llama DUST (en YouTube) que tiene millones de seguidores y no te pide dinero, ni nada, y tú lo colocas allí. Es como un contenedor, donde todo el mundo que le gusta este tipo de género va. Lo único que ponen es su logotipo al principio de tu corto.
A principios de los 90, cuando las Secuenciadas realizaban su primera comunión, nacía un lugar donde la música electrónica era la reina de la noche. Y de la mañana. Surgía un nuevo género, la música Coliseum. Montaos en nuestro autobús bakala hacia Almudévar (Huesca), pero no a comer trenza. El director Antonio Luis Bernal dirige el documental ‘Coliseum, 30 años a fuego’, que descubre la historia que hay detrás de la emblemática discoteca aragonesa.
Las luces led también están de moda
Los años 90 están de moda, series, documentales y espectáculos nos hacen remember de la época, para recordarnos que ya vamos teniendo una edad. Nos hablan de la ruta del Bakalao, un recorrido noventero por las discotecas más populares de la Carretera del Saler (Valencia). El director vio que este tema tenía tirón e investigó si en Aragón había ocurrido un fenómeno parecido. «Me topé con un pequeño reportaje que hicieron en Aragón TV con motivo del 25 aniversario de la discoteca Coliseum». Bernal sacó el ábaco y echó cuentas: «Me puse un poco a sumar fechas y decidimos intentar hacer un documental sobre los 30 años de vida de la discoteca«.
Bajo su sello ‘Ya casi no quedan canis’, el dire se puso en contacto con los propietarios, a los que les pareció una idea maravillosa que se contara su historia. «Estuvieron entusiasmados con la propuesta», recuerda. La web de la discoteca cuenta una breve historia. Cuatro de los mejores soñadores formaron un comando de apasionados por la música electrónica. Fueron tachados de locos por un pecado que no habían cometido, el conformismo; y no tardaron en tener un sueño que fue llamado Coliseum. Algunos de ellos tristemente se fueron y ya no están con nosotros, otros sobrevivimos con la ilusión del primer día, sin hacer fortuna. En recuerdo de Pedro y Simón.
Hacemos una parada con nuestro autobús en el rodaje, que se divide en dos partes, realidad y ficción. Entrevistas a DJ de las diferentes épocas , a los socios y al personal. «Me ha llamado mucho la atención que cada uno tiene su visión de cómo han sido estos 30 años o de cómo han sido ciertas anécdotas», asegura Bernal a Secuenciadas. Uno de los principales impulsores de la discoteca fue DJ Frank, uno de los socios fundadores. «Él vino de Valencia influenciado por todo el tema y fue uno de los pioneros aquí en Aragón», destaca el director. También aparece Javi Aznar, que lleva 25 años en la discoteca, y nuevas generaciones de DJ. “Un punto de vista más moderno, o de cómo ha evolucionado el género».
Hellraiser observando a sus próximas víctimas
Aparece una parte de ficción que nos lleva de ruta por su historia, con su actor fetiche, el hermano del dire Andrés Bernal. O uno de los personajes más simbólicos de Coliseum, Alfredo Serrano. «Lleva 30 años interpretando al César en todas las performance que hacen en la discoteca. También ha aportado su granito de arena en el proyecto».
El César decide quién vive y quién muere en esta fiesta
El documental sorprende con un archivo audiovisual y fotográfico que nos convence de su importancia. «Nos han dejado entrar en sus discos duros», reconoce. Un santuario de la música electrónica que lleva 30 años abierto y sigue en activo. El dire había ido alguna vez allá por 2008. «Antes para mí todo este mundo del bacalao, de la música máquina, era muy similar. Pero he descubierto que Coliseum tiene ciertos matices muy especiales a nivel sonoro e incluso a nivel estético me atrevería a decir». El equipo técnico lo completan Adrían Guillén en cámara y montaje y Belén Ruiz en producción.
Llegamos a la última parada. El pasado 27 de diciembre ‘Coliseum, 30 años a fuego’ se pudo ver por primera vez en la sala Las Armas de Zaragoza. Había mucha expectación, lo que les llevó a hacer dos pases seguidos con lleno absoluto. Próximamente nos prometen que habrá estreno online para verlo en bucle y seguir disfrutando de la fiesta.
Antonio Luis Bernal explicándole al DJ el argumento de Hellraiser ‘y entonces mueren todos’.
FILOSOFÍA DE YA CASI NO QUEDAN CANIS
Antonio Luis Bernal es educador social y se ha metido en el mundo del cine, como se dice, por amor al arte. Ha fundado junto a su equipo una productora audiovisual independiente. Ya casi no quedan canis surgió a raíz de‘Cerdos ibéricos’ (2022) una web serie de temática quinqui que lleva ya más de 9.000 reproducciones en YouTube. Después han realizado varios cortos; Nada (2022), Alacranes (2023) yQuemaduras (2023) . Y tras sumergirse en el género documental, van a dar el paso al largo con ‘Eterna mirada’, que ya se encuentra en fase de rodaje.
«A mi me gusta decir que somos un poco el underground de audiovisual» bromea Bernal. ¿Por qué? Sus audiovisuales se inspiran en la temática de barrio y estética callejera, apuestan fuertemente por actores no profesionales y sus trabajos nunca han sido seleccionados en ningún festival. Para dar visibilidad a sus trabajos y al de otros compis acaban de crear el festival Ya casi no quedan canis. El 20 y 21 de enero podrán verse 8 cortos seleccionados de toda España en el centro cívico Río Ebro de Zaragoza.
«Conozco a personas que hacen sus trabajos y al final se quedan en el limbo, y eso es lo que nosotros no queremos que pase. Preferimos compartirlo, aunque no nos repercuta económicamente en nada». Con este lema comparten todos sus trabajos en la plataforma YouTube. «Pienso que igual que ha pasado con la música, va a llegar un momento en que todo el tema audiovisual también se va a democratizar. Todo el mundo que quiera va a poder hacer cine». Con esta profecía a lo Nostradamus despedimos nuestra noti más maquinera. Po po po po…
Quedamos en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza con Miguel Ángel Lamata, un contador de historias que a veces escribe, dirige o produce o todo a la vez. Su historia de amor por este medio comenzó a través del teatro, los cortos, la televisión y el cine.
En 2003 cerró el Paseo Indepencia de Zaragoza, como si de Pilares se tratase, para rodar su primera peli ‘Una de zombis’; en 2006 escribió y dirigió ‘Isi/Disi: Alto voltaje’ con Segura y Flo como protas y luego se atrevió con ‘Tensión sexual no resuelta’ (2010), el título lo dice todo. En 2016 vivimos la bonita historia de amor entre Jenner y Noriega en la Zaragoza más cuqui en ‘Nuestros amantes’ y el cine familiar llegó a su vida con ‘Los futbolísimos’ (2018). En 2022 se pasó a la producción con el documental que todos los aragoneses estábamos esperando ‘Héroes: Silencio y rock & roll’. Estamos deseando conocer a este director aragonés que dejó Zaragoza para buscar fortuna en la capital de España. ¡Ya lo vemos abrir la puerta del teatro!
Miguel Ángel, ¿cómo empezaste a interesarte por el mundo audiovisual?
Desde muy pequeño me gustó mucho siempre ver películas, así de sencillo. Y, paralelamente, me interesaba mucho escribir historias y fantasear con convertirlas en algo más. Esta especie de pasión me acompaña desde los 7 años, entonces parecía bastante inevitable. Es verdad que el mundo del cine te da miles de razones para no dedicarte a él, pero las he ido desoyendo.
¿Cuando fuiste mayor te empezaste a formar en el audiovisual?
En mis tiempos era terriblemente caro, me hablaban de una escuela que había en Londres, la London International Film School que valía una pasta estudiar ahí y nosotros éramos una familia de clase media, así que me venía un poco a desmano irme a Londres. Pero no quería renunciar al sueño y lo que hice fue ponerme a hacer cortos, obras de teatro… He aprendido un poco a base de hostias (se ríe), autodidacta, por decirlo más finamente.
Y cuando comenzaste a trabajar en esto, ¿qué vino primero?
Primero de todo vino el teatro y los cortos. Una amiga me metió un empujón para dirigir un grupo de teatro, porque si no se iba a disgregar, fue una etapa en Zíngaras Teatro, una grupo universitario, de lo poquísimo que sé como director de actores lo aprendí haciendo teatro. Y después ya vino la televisión y enseguida Santiago Segura me propuso producir mi primera película.
¿En la televisión qué hiciste?
Empecé en Antena Aragón, después salté a Antena 3, luego estuve en Vía Digital con Pepe Navarro, después con Bertín Osborne, trabajé con Juan Ramón Lucas, trabajé en El Informal, y alguna cosa puntual de encargo. En televisión tampoco estuve tanto tiempo. A veces se cree que he estado más tiempo en televisión pero en realidad estuve desde 1997 y en 2002 lo dejé y me dediqué a poner todos mis esfuerzos en que mi primera película, ‘Una de zombis’, fuese una realidad.
«He aprendido un poco a base de hostias, autodidacta, por decirlo más finamente»
Vivías en Zaragoza, ¿por qué te fuiste a Madrid?
Yo trabajaba en Antena Aragón y hubo una oferta de trabajo muy buena de Antena 3, con una cantidad de dinero que me sigue pareciendo astronómica, 3.000 euros, y me apetecía probar un poco como era la supuesta liga mayor. Tenía la novia allí, muchos de mis amigos se habían ido para allá y la verdad es que pensé que en ese momento cambiar a Antena 3 podría enseñarme cosas. Yo siempre he funcionado así, donde veo que hay aprendizaje pues tengo una tendencia a acercarme a eso. Era un programa concurso muy ambicioso, aspiraba a ser el rey de su franja, se llamaba ‘Trato hecho’, y ahí que me fui. Fui solamente guionista, pero tuve la sensación de que aprendí mucho, porque la televisión te enseña mucho a no mirarte el ombligo, a pensar que hay un público al que tiene que gustarle lo que le presentas. Esto te lo enseña mucho la tele.
¿Cómo definirías en una frase el rodaje de cada una de tus películas?
‘Una de zombis’ fue una guerra en positivo para la que no estábamos preparados. Al final se puede decir que triunfó, fue un exitito. ‘Isi & Disi: Alto Voltaje’ me dio la confianza de saber que podía seguir siendo un director. ‘Tensión sexual no resuelta’ es la primera película abierta y totalmente personal que hice. Conjugaba las historias que a mí me interesaban contar, sobre todo en clave de relaciones, con lo que entiendo que puede ser un cine de entretenimiento para el gran público. ‘Nuestros amantes’ es una película quizá incluso demasiado personal, pero que también le tengo un cariño enorme porque fue la primera película que además de escribir y dirigir, produje. Es Lamata cien por cien, para bien o para mal.
Y ‘Los futbolísimos’ es una película totalmente de encargo que me dio un montón de cosas muy bonitas, sobre todo en mi relación con los chicos y las chicas. Además es una película extraordinariamente difícil de hacer y que todos disfrutamos muchísimo.
«La televisión te enseña mucho a no mirarte el ombligo, a pensar que hay un público al que tiene que gustarle lo que le presentas»
También has producido el documental ‘Héroes: Silencio y Rock & Roll’ que estuvo nominado a mejor documental en los Goya 2022.
Sentí una gran responsabilidad haciendo esa película y es quizá una de las cosas de las que más orgulloso me siento porque creo que ha hecho feliz a mucha gente. El alcance de esa película, en la que pusimos mucha ambición bien entendida y mucha ilusión, se ha visto más que recompensada.
¿Ese proyecto cómo nació?
Por Alexis Morante, que es un tipo que yo conocí en Los Ángeles cuando fui a hacer la música de ‘Nuestros amantes’. La hicimos allí porque Roque Baños, el compositor estaba allí, y él conocía a otros españoles afincados allí, entre ellos a Alexis que es un gran director. El caso es que Bunbury me escribió y me dijo “oye, este chico que conociste en Los Ángeles quiere hacer una película sobre nosotros, los Héroes, y queremos que se haga, ¿Qué te parecería producirla?”. Tuve una gran responsabilidad porque se la podían haber llevado a productores que tienen mucha más andadura que yo, que solo había producido ‘Nuestros amantes’. Pero me reuní con mis compañeros habituales de fatigas, Raúl García Medrano, Nacho Blasco, que fue guionista, editor de sonido y editor de imagen, y pensamos que merecía la pena arriesgarse.
La película estuvo nominada a varios premios.
La nominación al Forqué llegó porque sí, no hicimos campaña, y la del Goya lo mismo. Fue la constatación de que habíamos hecho algo un poquito a derechas, de que la cosa había hecho click, para empezar porque a los Héroes les había gustado la película, porque ellos eran un poco mi público principal. Se hace la película pensando en una audiencia lo más amplia posible, pero si al objeto del documental no les hubiera gustado, yo personalmente me hubiera llevado un disgusto.
Casi todas tus películas están orientadas hacia el humor, ¿Qué es lo que te atrae de este género?
Hay un escritor que me gusta mucho que dice que el humor no es tanto la capacidad de hacer reír a tus semejantes, que también, sino la herramienta de la que echamos mano diariamente para no volvernos locos. Y es verdad que el humor es algo que necesitamos y, de hecho, en obras de teatro extraordinariamente dramáticas, como ‘Un tranvía llamado deseo’ o en muchas de Chéjov, hay mucho humor. En Shakespeare, en sus tragedias, hay mucho humor. A mí me ayuda a sentirme vivo cada día.
¿Qué te gusta más: ver una buena serie o ver una buena película?
Una buena película, no tengo nada en contra de las series, me gustan mucho y veo muchas, pero realmente mi formato son historias que oscilan entre una hora y media, dos horas o dos horas y algo. El teatro también me apasiona mucho, aunque soy una persona más de cine.
¿Y te gustaría dirigir una serie?
Bueno, ha habido acercamientos, ideas, hemos movido proyectos, y es una cosa que me gustaría. Hay cosas que no quiero morir sin hacer. Por ejemplo, siempre quise hacer una película juvenil y ya la he hecho; siempre quise rodar una historia de amor pura y dura, la hice. Hacer una serie no estaría nada mal. Hay conceptos que tenemos en la cabeza que podrían cristalizar más como serie que como película, pero en general siento una irresistible atracción hacia las historias de aproximadamente dos horas.
Últimamente el cine dirigido por aragoneses está on fire, ¿cómo lo ves?
Para mí es maravilloso verlo y formar parte de ello, yo soy el abuelo de casi todos estos, tengo 56 años. Javier Macipe que acaba de hacer su película ‘La estrella azul’, que es buenísima, es un peliculón del primer al último fotograma, o ver las películas dePaula (Ortiz), de Pilar (Palomero), deNacho (García Velilla), de Gerald (B. Fillmore). Ahora Gerald está haciendo un largometraje que he leído el guion y es también formidable, super original. Las películas de Pablo Aragüés, Natalia (Moreno), Gala (Gracia), yo nunca he vivido un momento así del cine aragonés y hay que apoyarlo porque ya no es un sueño, es una realidad. Hay gente que está saltando de nuestras fronteras, no al resto de España, sino a Europa, el cine aragonés empieza a ser algo muy gordo y me hace muy feliz.
Siempre que puedes vuelves a Aragón, te vemos en festivales, en estrenos de películas, ¿te tira tu tierra?
Absolutamente. Mi familia está aquí, muchos amigos míos están aquí y me resulta siempre muy excitante rodar en Aragón. Además me gusta mucho la búsqueda de decir esta historia cómo aterriza en Aragón o ¿puede aterrizar en Aragón la historia? Y siempre es sí, entonces te pones a buscar los sitios y cuando la cosa empieza a cristalizar, eso me parece muy wonderful. Empiezas a ver que, verdaderamente, no es una cuestión de encabezonamiento tuyo, sino que Aragón es realmente muy buen plató y con muchas facilidades para rodar aquí.
«Aragón es realmente muy buen plató y con muchas facilidades para rodar aquí«
Ahora estás en Zaragoza porque recibes un homenaje en la Muestra de Cortometrajes Aragoneses de Delicias.
Completamente inmerecido, pero sí, lo recibo. Lo acepto.
¿Y qué tal?
Lo de los homenajes siempre da cierta congoja porque mientras haya por ahí un señor que se llama Steven Spielberg que sí que tiene una trayectoria… pero la verdad, que te reconozcan en tu tierra siempre mola muchísimo y sirve de espaldarazo para hacer más cosas. Hemos hecho seis peliculitas, se acuerdan de uno, eso está muy bien, y vamos a ver si hacemos otras seis a continuación.
Les quiero dar las gracias porque el corto es la base de todo. Los directores de cine existimos, hacemos películas, porque nos dio por hacer un cortito, con el cortito descubrimos que nos gustaba la experiencia, no nos quitó las horas de sueño suficientes ni nos dio los sinsabores suficientes para tirar la toalla y no se si habrá muchos directores que no hayan hecho cortos. Me parece bastante sensacional que exista esta Muestra porque le da la oportunidad a mucha gente de que podamos ver sus películas y eso es decisivo.
Si te jubilaras ahora, ¿dónde te irías a vivir?
Se me ocurren varios sitios, vivir en otra dimensión estaría bien, a ver qué se cuece ahí. Vivir una temporada en el cielo y otra en el infierno, para ver si el cielo es el sitio donde todos queremos estar, o el infierno es en realidad el sitio que mola, pero tiene peor agente de prensa. Pero me apetece jubilarme el día en que muera, ese es el día en que diré bueno pues me jubilo ya.
¿Cuál es el futuro laboral de Miguel Ángel Lamata?
Producir y dirigir la película ‘El árbol y el ruiseñor’, estamos produciendo aquí (Zaragoza) con Raúl García Medrano, que es una historia de amor en clave de cine de terror, después me espera ‘Los futbolísimos 2’, hay un proyecto de una película musical que tiene muy buena pinta y estamos trabajando para que ‘Mujeres que compran flores’, la adaptación al cine del best seller de Vanesa Montfort, se haga en 2025.
¿Empiezas a rodar próximamente alguna de ellas?
Sí, el año que viene, en el primer trimestre del 2024, atacaremos ‘El árbol y el ruiseñor’.