«Cuando grabo, ya estoy viendo prácticamente la imagen final»

«Cuando grabo, ya estoy viendo prácticamente la imagen final»

Tiempo de lectura: 8 minutos

No hay rodaje aragonés que Secuenciadas se pierda, o casi, y en este amor por el audiovisual aragonés nos acompaña Roberto Torrado. Corto al que acudimos, aparece detrás de la cámara, la melena de Torrado. Lleva más de 20 años en el gremio y nos apetecía mogollón hacerle un Secuenciando a. Le mandamos unos «wasap» proponiéndole este reportaje y nos responde: «Soy un trabajador más del audiovisual, pero si habéis valorado entrevistarme, venga pues». Así que quedamos con él en el restaurante La Bamba de Zaragoza, gracias a nuestro amigo Cotton Filgaira que nos abre un lunes para poder realizar con calma y buen ambiente la entrevista. Os presentamos a Roberto Torrado; cámara, editor, cineasta y director de fotografía. ¡Un hombre muy completo!

¿De dónde eres, Roberto?

Nací en Suiza, en un pueblecito pequeño que se llama Rorschach, al lado del lago Constanza. Mis padres fueron allí a a trabajar en los años 60 y yo estuve hasta los tres añitos. Luego nos vinimos, porque mi madre es de Zaragoza.

¿Y cómo empezó tu interés por el cine?

Mi padre trajo de Suiza una cámara Kodak y yo cogía la cámara y empezaba a disparar. Sin el carrete, porque me daba mucho apuro gastar las fotos. Luego en las bodas familiares le decía: «Oye ¿puedo hacer fotos yo?», y me decía: «Venga, que quedan cuatro en el carrete, las terminas tú». El detonante fue ver a un tío mío, que tenía un 8 mm. Tengo imágenes mías con pantalón corto y mis padres jovencitos con las patillas de los 70. También fue que a mis primos les regalaron un cinexin y estábamos siempre dándole.

¿Pudiste estudiar algo relacionado con el cine?

Di un poco de tumbos. Hasta que un día estaba con mi primo, cargando un camión, a las 4 de la madrugada, y pensamos: «Oye, ¿qué hacemos aquí?» Nos fuimos a Madrid a una escuela muy cara, con todos nuestros ahorros, con el paro que teníamos, y con ayuda también de mi padre y de mi tío.

Estudiamos fotografía publicitaria de 3D, edición, cámara… Ahí se me abrió el universo, empezabas a ver directores y gente que venía a dar clase, que conocías de la televisión. Veías cámaras de verdad. Estuve cerca de 2 años así y luego ya me vine y ya empecé, pero no definitivamente, porque no había trabajo, iba alternado.

¿En qué momento te dedicas a trabajar en el audiovisual de forma profesional?

En 2006 hablé con Francisco Javier Millán y le dije: «Oye, ¿por qué no nos ponemos por nuestra cuenta?». Porque antes, o eras del cine de 35 mm, y te gastabas un pastón, o eras el videoaficionado cutre salchichero y había un vacío en medio. Creamos Impacto Producciones y nos compramos un poco de equipo. Un montón de realizadores vieron ese nicho y empezamos a hacer cortos, documentales y todo lo que había.

El primer corto que hicimos me parece que fue con Javier Macipe, tenía 19 añicos. El primer corto que hizo ‘Cuídala bien’, que ganó cuatro premios en el festival de Fuentes de Ebro. Estuvimos como 9 años con la productora y al final la cosa flojeó bastante. La empresa no daba para los dos y nos separamos.

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¿En qué trabajos has participado últimamente?

En el cortometraje de Aneta Kotwica ‘Dla mnie‘, que quería contar una historia personal que le ocurrió y llamé a Javier para que hiciera la parte de producción y dirección. Hoy he recibido la banda sonora para colocarla y creo que ya estará. También hice otro de Paco Gómez Luesia ‘Amo a mis amos’. Luego vino el señor Cotton con los gangsters (One of those things) y luego Neil Santolaya con un tema deportivo (Match Ball).

Roberto, eres muy polivalente. ¿En qué puestos has trabajado en el audiovisual?

Antes era operador de cámara y editaba. Pero desde hace unos 3 años dije ahora voy a ser director de foto. Porque yo también hacía dirección de foto, pero siempre me quedaba más en la cámara y venía otro. Ahora le digo al realizador, opero la cámara, la edición y el color. Agradezco mucho la confianza porque, en cuanto me ven dicen: «Ah, este me va a hacer todo», y descansan. Entonces ellos ya se centran en dirigir.

La parte que más me gusta es la dirección de foto porque das tu personalidad, además de que el realizador lo apruebe todo, ¿no? Envuelves el proyecto como eres tú. Me gusta mucho tocar las imágenes y cuando grabo ya estoy viendo prácticamente la imagen final.

Estoy invirtiendo mucho en iluminación y voy a coger unas ópticas un poquito más suaves, más soft. En el momento que tocas un poco la luz, para bien, te sube el caché de la imagen de la leche. No hace falta irse a una cámara que vale 40.000 euros, la luz lo es todo. Entonces también ofrezco estos materiales. Veo que hay directores de foto que se presentan a los rodajes con las manos en los bolsillos. Van de jefes y vienen sin equipo. Las cosas que podrían hacer cuatro o cinco personas las hago yo. Hombre, si hay más presupuesto, pido un asistente o dos, pero claro, como es equipo en propiedad, me gusta llevarlo yo.

Cuenta un poco cómo ha sido tu idilio con el cine aragonés, en concreto, con los realizadores aragoneses. ¿Cómo has trabajado con ellos durante tu trayectoria?

He trabajado con Fernando Usón, Roberto Aznar, que son de los históricos. También con Rubén Pérez Barrena, José Ángel Delgado, Raúl Guíu. Lo que sí que he estado haciendo durante ciertos años es fidelizar a todos los realizadores, tampoco a punta de pistola (bromea). También tengo un grupo de confianza de técnicos, que me llevo muy bien con ellos, y cuando viene el realizador, le digo: «No te preocupes, que yo te facilito todo, de alguna manera». Entonces al año siguiente vuelven a repetir, porque son unos jodidos adictos (a hacer cortometrajes) esta gente (ríe).

¿Qué tipo de cine te gusta y en qué directores te fijas?

Realmente tampoco soy muy de directores. Soy más de películas. Me gustan las películas de desconectar 2 o 3 horas, lo que me den. Me gustan películas de superhéroes, de Star Wars, de zombies… de algo que cuando yo entre en el cine, me olvide de lo de fuera.

Estos largometrajes que estás con un plano de una vaca 20 minutos… A los directores que hacen estas cosas los admiro y respeto pero no termino de conectar con ese tipo de cine. Me han venido clientes así, ¿eh? Me dicen: «Oye, quiero hacer un corto, pero solo va a haber 20 planos». Y digo: «Jo, pues tienen que ser larguísimos esos 20 planos». Ojo, estos que te cuentan por ejemplo un movimiento en 15, 20 planos que hacen tá tá tá, tampoco. No me lo expliques tan videoclipeado.

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Roberto, ¿qué trabajo tuyo como director destacarías?

El documental ‘Cutanda. La batalla olvidada’. Estaba hablando por otro proyecto con un experto medievalista y me dijo: «Estoy haciendo prospecciones en Cutanda en el campo de batalla. Hemos sacado cerámicas, hemos sacado tal» y le contesté: «Hostias, ¿no fastidies?». Y me fui a Cutanda (Teruel). Estuve ahí con drones de infrarrojos y con escáneres para ver si hay tumbas debajo de la tierra. Puse la voz de Jordi Boixaderas, que es la voz de Russell Crowe en ‘Gladiator’. Pensé, ya que me pongo, me pongo. Además es un tío super enrrollado. Conectamos por zoom, él estaba en su estudio, y le iba dando indicaciones y te lo clava.

Si no te hubieras dedicado al audiovisual, ¿qué estarías haciendo ahora?

He estado en ‘Juego de tronos’ de figuración y el vestuario me gusta mucho, el vestuario de época. Luego también estuve en la película ‘La promesa’, que sale Christian Bale. Éramos 400 figurantes vestidos de armenios. Así que si volvieran a nacer y tuviera que irme a otra profesión, me iría a vestuario.

Por ejemplo, con Luis Sorando, cuando lo he contratado, me quedo ahí mirando porque es un tío que domina un montón y se nota que le gusta mucho.

¿Y cómo valoras el momento que vive en el audiovisual en Aragón?

A ver cómo te lo cuento. Lo que veo es que no hay una unión. Cada uno va a su guerra. Entiendo que el trozo de tarta no es muy grande y estamos bastantes. También hay muchos jóvenes que cuando salen de estudiar, se juntan dos o tres y duran un año, dos años y desaparecen. No tienen paciencia, y en el momento que salen de audiovisuales, ven que el percal está como está y tiran los precios y aún así, cierran, pero claro, ya se ha hecho mucho daño.

Y los que estamos ya hace tiempo, lo que he comprobado, que cuando he intentado aliarme con un productor, para tomarte un café está muy bien, pero ya no hay colaboración, nadie pasa el trabajo de otro. Yo soy abierto: ¿quieres colaborar conmigo? o ¿te puedo cubrir en un sitio?, o te llamo yo, porque igual tengo necesidades y quiero que vengas tú. Eso no lo veo, cada uno va a su aire.

He hecho un último intento este año para hacer algo conjunto y en el momento que te tomas el café, después cada uno por su lado y se olvidan de ti. Entonces ya voy a por el cliente directamente y ya está.

En Aragón, se ha ido mucha gente fuera, pero hay gente muy válida y con buenos equipos y mucho potencial. Podríamos hacer un montón de proyectos. Tenemos una historia que cualquier cineasta de Hollywood mataría por la historia que tenemos aquí de muchos siglos.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy terminando de rodar con Antonio Valdovín el largometraje ‘Murmullo Cósmico’, del cual haré el montaje y el color. El próximo más inmediato creo que será un corto de Sergio Montes, que me tiene que pasar el guion, que hizo ‘La Virgen Pálida’ y ‘Lo Mereces’.

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¿Por qué no te vemos nunca en un estreno o en un festival?

Cuando disfruto es en el barro, manejando focos, la cámara, grabando en la calle, eso es lo que más me gusta. Todo lo que es alfombra roja, photocall, famoseo y poses, es lo que peor llevo, no conecto con eso. Entiendo que puede ser necesario, pero lo veo más para actores y actrices que viven delante de la cámara o el realizador que es el responsable. Yo soy un técnico.

Los técnicos también tenéis que daros a conocer, es una labor muy desconocida y ¿si te dan un premio al montaje o a dirección de foto?

Me horroriza salir, no puedo, digo: «Sal tú y dile que estoy en el Cairo rodando una de egipcios». Además, eso queda muy bien siempre (ríe). Pero sobre todo prefiero que lo gane el resto del equipo con el que he estado, me hace más ilusión que tengan sus estatuillas porque yo alguna que otra he ganado.

¿Han recogido premios por ti?

Sí, sí. Incluso les digo: «A los estrenos de los cortos nunca voy». Es que no lo termino de pasar bien. Mi trabajo termina cuando le doy al realizador el archivo, le deseo lo mejor y a partir de ahí es su trabajo difundirlo.

Sí que acudo a pequeños pases de equipo, para verlo, tomar notas. «Ah, pues este plano voy a dejarlo más largo, o este no sé qué». Además siempre les digo a los realizadores: «Del presupuesto guardaros algo para pillaros una sala de cine o incluso podéis estrenar dos cortos a la vez, para ir a pachas».

Porque haces un DCP y eso va ahí como un tiro, a una sala de cine como Dios manda. La gente cuando va a una sala de cine dice: «Hostia, buen nivel» y habla bien de ti. No vas a un salón de actos cutre, que se ve y escucha mal. Además es un insulto a todos los que hemos trabajado. Baja el nivel un montón.

Una última pregunta, ¿tienes algún proyecto soñado que te gustaría cumplir?

Algo del siglo XVII. Cualquier tema de aquí de Aragón, de esa época, me gustaría. También me gustaría una web serie. Meterme en esa piscina. Hacer capítulos pequeños, muy potentes de ciencia ficción, que desde que empiezas a darle al play ya dan un poco de mal rollo y enganchan.

Eso me va a exigir hacer una fotografía mucho más depurada, efectos visuales y entornos que no son de aquí. Para público de internet. Hay un canal que se llama DUST (en YouTube) que tiene millones de seguidores y no te pide dinero, ni nada, y tú lo colocas allí. Es como un contenedor, donde todo el mundo que le gusta este tipo de género va. Lo único que ponen es su logotipo al principio de tu corto.

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El periodista, escritor y productor Francisco Javier Millán vuelve a ponerse detrás de las cámaras con una historia basada en hechos reales: ‘Dla mnie (A mi)’. Un cortometraje que cuenta como una mujer pierde a una hija debido a una negligencia médica. Esta historia llegó al director a través del DOP Roberto Torrado, que le pasó el guion de Aneta Kotwica a su amigo.

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Trío de actorazos

«Es una experiencia que le ocurrió a la propia guionista, Aneta«, explica el director a Secuenciadas. «El guion venía ya retocado por la guionista Marta Marín«. Marianna es una mujer polaca que vive en España. Durante su embarazo tiene una serie de infecciones que le hacen tener un parto prematuro de sus mellizas. Una de ellas no sobrevive. «Siempre ha creído que los médicos no le diagnosticaron realmente qué infección tenía. No hubo un protocolo correcto. Entonces decide denunciar al hospital por mala praxis, con la mala suerte de encontrarse por el camino con un abogado corrupto«.

El primer desafío. «Teníamos que buscar a una actriz polaca que hablara perfecto español». Buscaron en diferentes agencias, hasta que un día conocieron a Yulia Demóss. No era polaca pero al ser rusa daba el perfil. Además, vieron su papel en la serie ‘Ana Tramel’. El juego, que hacía de madre y todo encajaba. «Vimos que tenía una capacidad interpretativa brutal y que desde luego podría defender perfectamente al personaje, como lo ha hecho», señala el director.

Salvo la niña, que es la madrileña Amaia Miranda, los demás son actores aragoneses. Néstor Arnas es el malvado abogado que la engaña y le acompañan: Alba GallegoSusana MartínezAna María Pavía, Carmen Gutiérrez y Javier Vázquez, . «Fui colaborador en el programa ‘Escúchate’ en Aragón Radio durante diez años y Javier también ha llevado un recorrido como actor. Es un homenaje también a todos esos años en los que hemos trabajado juntos en la radio», reconoce el director.

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Roberto Torrado a la cámara, que no se pierde ningún rodaje aragonés. Francisco Javier Millán indicando el plano. Yulia Demóss, actriz de método. Foto de Gaby Martínez.

El cortometraje se rodó el pasado mes de marzo, durante 11 días, en Zaragoza. «Teníamos muchas localizaciones y quisimos ir con cierta tranquilidad. Ha sido uno de los cortos donde he trabajado más cómodamente. No me he sentido coaccionado por la falta de tiempo», cuenta Millán. Parte de esa tranquilidad la ha aportado su equipo, con el que lleva toda la vida trabajando. «Como el que vuelve otra vez a a montar en bicicleta desde hace mucho tiempo. Parte de ello es haberme rodeado de gente con la que he trabajado siempre».

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Javier Vazquez le explica a Yulia Demóss que significa la expresión ir de propio. Foto de Gaby Martínez

EL DESTINO DE VOLVER A RODAR TRAS 20 AÑOS

Francisco Javier Millán no rodaba como director desde que dirigió el largometraje ‘El silencio’ (2006) una historia de terror ambientada en un convento. Todos estos años ha centrado su carrera en la producción audiovisual, el periodismo, la escritura y la docencia. Pero el destino quiso que volviera a interpretar el papel de director. Cuando este proyecto llegó a sus manos, iba a ser el productor e incluso había una directora. Pero a la directora le surgió otra oportunidad que hizo que se saliera de la ecuación.

Millán, que ya se había sentido tentado al leer el guion, tomó las riendas de la situación. «Consulté a la productora que financia el corto, Aneta Kotwica y le dije ¿y si lo dirijo yo?». Se rodeo de un equipo técnico muy majo. Roberto Torrado, socio y compañero de batallas en la productora Impacto Producciones (2007-2017), como director de fotografía y montaje, Irene Marco como jefa de producción, Ainhoa Sánchez en diseño de vestuario, Irene Solanas en sonido y Miriam Zapata y Miriam Sánchez en maquillaje y peluquería.

Acaban de estrenar el trailer de ‘Dlna mnie (A mi)’ y están en la fase de posproducción de sonido y banda sonora. Para la primavera de 2025 esperan terminarlo y empezar a ir a festivales. ¡Estaremos atentas a la pantalla!

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