Zaragoza y su noche más Feroz

Zaragoza y su noche más Feroz

Tiempo de lectura: 7 minutos

San Valero nos ha regalado este año, además de sus tradicionales roscones, a las estrellas del cine español reunidas en la gala de los Premios Feroz. El evento ha congregado en el Auditorio de Zaragoza a los rostros más conocidos del cine y la televisión española, todo un despliegue de glamour. 

Más de 600 invitados y 200 periodistas acreditados han disfrutado de la noche zaragozana más feroz. Tras acoger los Forqué en 2018 y 2019, la ciudad ha albergado este año la ceremonia que organiza la Asociación de Informadores Cinematográficos de España. Y, con esta trayectoria estelar, confiamos en que nuestro querido Goya no tardará en llegar con su celebración también aquí. Lo que nos gusta una buena fiesta, y si es de cine, mucho mejor. 

Desde las 19.30 horas de este sábado los zaragozanos han visto desfilar a actores y directores por la alfombra roja. Entre ellos, las aragonesas Pilar Palomero, Paula Ortiz, Elena Rivera, Carlota Gurpegui, acompañadas por otros rostros conocidos como Rodrigo Cortés, Javier Cámara, Javier Bardem, Paco León, Inma Cuesta, los Javis (Calvo y Ambrossi), Clara Lago, Najwa Nimri. Daniel Grao, Yolanda Ramos, Eduard Fernández. ¡¡Esto sí que es un San Valero fiestero!!

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Álvaro de Juana y Carlota Gurpegui con vestidazo de Patricia Proko, diseñadora de Zaragoza. ¡Grandes promesas!. Foto de Carlos Gurpegui

A las diez y siete minutos de la noche ha comenzado la novena fiesta feroz, presentada por Nacho Vigalondo y Paula Púa. ¿Y cómo va a empezar un evento en pandemia? Pues con los dos presentadores auto-haciéndose un test de antígenos. Que no cunda el pánico, negativos y a seguir con un show que nos ha ofrecido grandes dosis de humor. 

¡Por los adoquines del Pilar! ¿Pero qué hacen los rostros más conocidos del cine español en Zaragoza? Pues tiene toda la lógica. De Aragón son Segundo de Chomón o Luis Buñuel y aquí se rodó la primera película española, ‘Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza’, ha recordado la cómica Paula Púa, apuntando que la ciudad también ha dedicado las calles de uno de sus barrios, Valdespartera, al séptimo arte. 

Por su parte, Nacho Vigalondo ha bromeado con el tamaño de la estación de tren de Zaragoza, que le ha dejado claramente alucinado. Se llama Delicias, pero no os dejéis engañar. Todos los maños sabemos que allí se fabrica el frío, no dulces. El presentador ha dicho que la terminal es tan grande que “cabe la posibilidad de que estemos ahora en la estación”. Con la música de la jota de Los Sitios de fondo, ha comentado que es tan grande que hay zonas que tienen acento propio y donde las mujeres todavía no pueden votar; tan grande que hay una sección entre andenes que se considera técnicamente España vaciada; tan grande que “algunos piensan que la estación de Zaragoza no está en Zaragoza, es Zaragoza la que está en la estación”, afirmaba entre risas del público. 

HACERLE LA OLA A ZARAGOZA

El primer premiado en subir al escenario ha sido Enric Auquer, como actor de reparto en la serie ‘Vida perfecta’, quien ha mencionado el desarrollo en Benidorm del festival en el que se ha elegido a la representante española a Eurovisión. ¡Viva Rigoberta y las Tanxu! No decimos más. Bueno, sí, que quizá pasaremos un rato por la calle de la Llorería para superar el evento musical de ayer. Menos mal que el cine nos cura las penas. 

La presidenta de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, María Guerra, ha reivindicado en su discurso estos premios de quienes tienen una mirada “ajena” y crítica a la industria. Ha destacado la presencia en la misma mesa institucional del alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón (PP), la vicealcaldesa, Sara Fernández (Ciudadanos), el ministro de Cultura, Miquel Iceta (PSOE) y la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz (Unidas Podemos). La magia del cine y de los Feroz, que ha conseguido unirlos y que se demuestre así su compromiso con la cultura.

En el aspecto laboral, ha lamentado lo “angustioso” de las entrevistas por zoom o cronómetro en mano y ha expresado su preocupación por las entrevistas “súper tochas” en programas premium y con presentadores que no han visto las películas ni preguntan por el cine. Sin embargo, “los periodistas de cine elevamos vuestro trabajo, vuestro arte, y la ciudadanía está interesada” en ello, como demuestra la presencia de público siguiendo la gala desde la plaza Miguel Merino del Auditorio de Zaragoza en pantallas gigantes y a pesar del frío. 

Guerra ha agradecido a Zaragoza su apoyo y, especialmente al ayuntamiento, su patrocinio. “Vamos a hacerle la ola a una ciudad súper cinéfila y de una calidez impresionante”, ha subrayado la presi, animando a brindar por el cine, las series y San Valero. Ha finalizado su discurso con un sonoro ‘Viva la virgen del Pilar’, así que, desde aquí, María, solo declararte nuestro profundo love. 

FEROZ DE HONOR 

Las zaragozanas Pilar Palomero y Paula Ortiz se han colado entre las realizadoras encargadas de entregar el Feroz de Honor a la directora y guionista Cecilia Bartolomé, una pionera y referente del cine español, una cineasta comprometida. Ha brindado su premio a todas las directoras que pelean por su cine y ha manifestado que disfruta tanto de crear que “ya no me acuerdo de los disgustos”, como cuando se tuvo que pelear con algún productor o cuando quería hacer una peli que le entusiasmaba y le decían que no.  

Sobre el premio Feroz, ha explicado su propia historia con el lobo. La del mediometraje ‘Margarita y el lobo’, que se llamaba en inicio ‘Margarita y el lobo feroz’, pero en la escuela de cine “me dijeron que le quitara eso de feroz, porque esa palabra podía traer mala suerte y me obligaron a quitarla. Eran unos soberanos imbéciles”, ha dicho entre risas del público. “Este premio me ha llegado al alma en un momento de la vida en que parece que has terminado, pero no, no he terminado, aún estoy aquí y me dan un premio”, ha agradecido, deseando suerte a las seis directoras que le han acompañado en el escenario. 

Como formula innovadora para agilizar la entrega, y previa explicación al inicio de la actriz Inma Cuesta, cada ganador de premios de interpretación ha presentado la siguiente categoría. Claro que sí, las grandes ideas hay que aplicarlas. Y entre los momentazos de la noche, os destacamos el de Javier Cámara y María Pujalte juntos en el escenario con sus Feroces por ‘Venga Juan’

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El actor Javier Cámara posa con su lobo feroz ¡Enhorabuena! Foto de Secuenciadas

¡VAMOS JUAN Y VIVA PETRA!

Estaban tan contentos que Cámara se ha animado ¡¡hasta a cantar!! al estilo jotero. Y ha entregado a su vez el premio a la mejor actriz de una película, que ha recaído en Petra Martínez. Con el público en pie hemos podido vivir otro momentazo, ya que la intérprete nos ha enternecido y nos ha hecho reír con la historia sobre cómo conoció a su marido y el hecho de que ahora ambos son mayores y mencionando un tema tantas veces tabú, la masturbación femenina. 

“La masturbación está completamente callada y ahora me masturbo como tres o cuatro veces al día, porque he cogido la manía y mi marido, Juan, me dice “vamos a la cama”, pero yo prefiero en el sofá, viendo la tele”. No nos digáis que no es el discurso más maravilloso que habéis escuchado en vuestra vida, con alegato al satisfyer incluido. Porque al final, la vida también es eso, como su película. ¡Olé por la mejor actriz!

Y también como la vida, mientras en el escenario sucedía la acción, periodistas, cámaras de tv y fotógrafos se afanaban por contarlo todo al minuto. Desde la sala de prensa han seguido la ceremonia los “plumillas”, nuestros compañeros redactores que han estado currando hasta bien entrada la madrugada; en el photocall y la alfombra roja, los reporteros gráficos han disparado sin cesar para sacar de las estrellas sus mejores poses y sonrisas. Y para quien necesitaba un momento de relax, lo podía encontrar en una pequeña zona de bar. ¿Qué nos ha parecido la gala? Una maravilla, obviamente. En Secuenciadas lo hemos pasado fenomenal, así que solo esperamos poder repetir más noches feroces como la de este San Valero en los próximos años.  

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Claudia Costafreda y Ana Rujas, creadoras de la serie ‘Cardo’ premio a mejor serie dramática. Foto de Secuenciadas.

Los Feroz 2022 han sido organizados por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, con el patrocinio principal del Ayuntamiento de Zaragoza. La AICE es un grupo plural de más de 230 periodistas y críticos dedicados a informar sobre cine en televisión, radio, prensa e Internet de todo el país. Desde 2014 entregan los Premios Feroz para destacar lo mejor de la producción audiovisual española del año.

PALMARÉS

‘El buén patrón’ de Fernando León de Aranoa – Tres premios ⭐⭐⭐

Mejor película de comedia

Mejor actor protagonista en una película a Javier Bardem

Mejor guion a Fernando León de Aranoa

‘Venga Juan’ de Diego San José – Tres premios ⭐⭐⭐

Mejor serie de comedia

Mejor actor protagonista de una serie a Javier Cámara

Mejor actriz de reparto de una serie a María Pujalte

‘Maixabell’ de Icíar Bollaín – Dos premios ⭐⭐

Mejor película dramática

Mejor actor de reparto en una película a Urko Olazal

‘Madres paralelas’ de Pedro Almodóvar – Dos premios ⭐⭐

Mejor actriz de reparto en una película a Aitana Sánchez-Gijón

Mejor música original a Alberto Iglesias

‘Cardo’ de Claudia Costafreda y Ana Rujas Dos premios ⭐⭐

Mejor serie dramática

Mejor actriz protagonista de una serie a Ana Rujas

‘Vida perfecta’ de Leticia Dolera – Un premio

Mejor actor de reparto en una serie a Enric Auquer 

‘Espíritu Sagrado’ de Chema García Ibarra – Un premio

Premio Arrebato de ficción

‘Sedimentos’ de Adrián Silvestre – Un premio

Premio Arrebato de no ficción

‘El amor en su lugar’ de Rodrigo Cortés – Un premio

Mejor dirección a Rodrigo Cortés

‘La abuela’ de Paco PlazaUn premio

Mejor cartel a Javier Jaén

‘La vida era eso’ de David Martín de los SantosUn premio

Mejor actriz protagonista en una película a Petra Martínez


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«Cuando vi ‘Ciudad de Dios’ supe que quería hacer algo así, contar una historia que hiciese flipar a la gente»

«Cuando vi ‘Ciudad de Dios’ supe que quería hacer algo así, contar una historia que hiciese flipar a la gente»

Tiempo de lectura: 15 minutos

Alex Rodrigo, director, El Embarcadero, El último show, guionista, La casa de papel, series, televisión, Veneno, Vis a vis

Director y guionista, el zaragozano Alex Rodrigo (1988) desborda creatividad, buena intuición para los proyectos y talento. Asistimos en CaixaForum Zaragoza a una charla en la que desgranaba cómo ha evolucionado el panorama audiovisual nacional y aprovechamos la ocasión para repasar también su trayectoria. 

Os hacemos un spoiler nada más empezar: también le pedimos que posara en una foto como si fuera un vampiro (cosas nuestras) y accedió de buen grado y con una amplia sonrisa. Estamos seguras de que si le hubiéramos pedido atracar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre también hubiera accedido de buen grado. Director de éxitos de series como ‘El partido’, ‘Vis a vis’, la archiconocida ‘La casa de papel’, ‘El embarcadero’ o ‘Veneno’, ha creado y combinado su labor de director con la de guionista en la primera ficción televisiva aragonesa, ‘El último show’. Pasen, lean y descubran a Alex en este nuevo Secuenciando a. 

¿Cómo eras de niño? 

Mi infancia se ha marcado mucho porque la persona que más me ha criado ha sido mi abuela. Mis padres se divorciaron teniendo yo cinco años y, por circunstancias de la vida, ha sido mi abuela la que se encargó un poco más de mi. En esa crianza con mis abuelos me han marcado mucho mis salidas al pueblo, a Broto, que está en el Pirineo. Íbamos todo lo que podíamos y había algo como muy de descubrimiento, fascinante, en ir al pueblo con mi abuelo. Un poco más mayor también mi pueblo ha sido el lugar del primer amor, de la primera pandilla de amigos, el primer beso que te das escondido en el río, esos momentos del crecimiento. 

Aprendí a hablar antes que a andar, me empezaba a inventar historietas y eso sí que me lo recuerdan mucho. También recuerdo mucho el nacimiento de mi hermana como un bofetón de volverme adulto sin transición, de tener responsabilidades. Me flipaba quedarme cuidándola. 

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Además de esta fascinación por crear tus propias historias, ¿cuándo se inicia tu vinculación con el audiovisual? ¿cuándo te das cuenta de que quieres ser director?  

Primero quería ser escritor, porque se me daba muy bien escribir. En quinto de Primaria un profesor me dijo que podía ser escritor y me voló la cabeza porque no tengo un referente en el mundo de las letras ni de las artes en mi familia como para entender que eso era un oficio. Eso me motivó muchísimo, me puse a escribir más y luego fue con 14 o 15 años que descubrí el lenguaje cinematográfico como una forma de narrar igual que el escrito. Me di cuenta de que las historias que tenía en mi cabeza eran más audiovisuales que de literatura. 

Descubrí que hay un oficio que es director de cine, de guionista, y flipé porque el universo audiovisual en ese sentido es mucho más amplio, en cuanto a los distintos departamentos, al equipo, cómo se trabaja. Vi la película ‘Ciudad de Dios’, y además de flipar con la historia, porque entonces se estaba gestando mi identidad política, a nivel de narrativa audiovisual también fue increíble ver cómo trabaja con las líneas temporales, el montaje, que era una locura en ese momento, te volaba la cabeza. Con esa dije: “yo quiero hacer algo así, no se cómo, ni el camino, ni los años que tardaré, pero quiero contar una historia que haga flipar a la gente como acabo de flipar yo”.

«La primera vez que me sentí director fue en unos campamentos en Villanúa. Éramos cincuenta chavales y rodamos tres cortos»

A los 18 años te fuiste a estudiar a Madrid, ¿cuál fue tu primer trabajo, en el que te sentiste director? 

Por una parte, me puse a grabar a una compañera que hacía danza del vientre sus vídeos de fin del curso y siempre le intentaba sacar jugo, quedarme con las miradas que tenían entre ellas, con sus historias. En esos pequeños curros alimenticios, porque era puramente para pagar el alquiler, puedes encontrar mucho brillo a nivel creativo si le pones el foco y lo quieres ver desde ahí. 

La primera vez que me sentí director fue en unos campamentos que hacía el Gobierno de Aragón, ‘Vacaciones de cine’, que te llevaban a Villanúa y tenías que hacer un corto. Recuerdo que éramos como cincuenta chavales aragoneses y gallegos y se rodaban tres cortos, todo el mundo que tenía una idea la tenía que contar en público y luego se elegían solo tres. Tenía 15 o 16 años y me marcó mucho ese campamento, convencer a la peña de que rodaran conmigo y todo el proceso de aprender por qué funciona un plano y por qué no. 

¿Qué parte de intuición hay en tu carrera, de saber qué funciona y qué no?

Para bien o para mal, el hecho de no ir a una escuela de cine, que era un sueño mío, hace que surjan soluciones creativas o una identidad más fuerte, a pesar de que tiene muchas carencias. Estaba en Madrid con una beca de renta baja, que me permitía casi el 80 por ciento de mis ingresos y el otro 20 por ciento venían de las danzas del vientre y bodas, bautizos y comuniones. Envidiaba un poco cuando los finalistas de festivales de cortos eran todos alumnos de grandes escuelas y pensaba que yo no estaba en esa liga. De ahí surgió que un grupo de chavales formáramos una pseudoproductora, que en realidad no lo era: éramos cuatro mataos de 18 años que no teníamos ni cámara propia y luego se la teníamos que pedir a alguien. Hay algo en el no haber tenido profesores académicos con reglas claras que igual te hace más ecléctico, aunque en las artes tener buenos formadores es enriquecedor, hay tutores que son padres artísticos y yo no lo tuve. 

Estaba en la Complutense (estudiando Comunicación Audiovisual) con gente que no había pisado un rodaje, no había prácticas, no tocamos una cámara prácticamente en toda la carrera, tuvimos que ponernos a rodar por nuestra cuenta, buscar un par de libros del tema e ir cruzando la información que tenías con lo que grababas y lo que veías que funcionaba o no funcionaba. De pronto un día te saltabas el eje y pensabas que molaba.

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¿La webserie ‘Libres’ te cambió la vida? 

Hay dos proyectos que me marcaron la vida. Uno es ‘Los ojos de Laia’ (2011), un cortometraje que hicimos en una maratón de 36 horas de supervivencia fílmica. Íbamos equipos de chavales de toda España a Donosti y hacías un corto en 24 horas y lo montabas en 12. Lo hicimos el grupo de la facultad y ganamos el primer premio y el de mejor actriz. El primer premio eran 5.000 pavos y éramos seis personas; de pronto veías que habíamos contado una historia de 6 minutos y volvíamos con 900 pavos, que es es un salario de puta madre. Vimos que se podía vivir del cine. 

Los jóvenes de mi generación nos comimos la crisis de 2008, hemos salido al mercado laboral ya de por sí con una carrera (Comunicación Audiovisual) que no tiene salidas y teníamos una sensación de que si a lo que nos dedicábamos para pagar el alquiler tenía que ver con cámaras o con escribir, ya nos dábamos con un canto en los dientes si no teníamos que acabar en otro sector o en el paro o fuera de España. El logro era dedicarte a algo que tuviera que ver con el audiovisual y conseguir un salario haciendo un corto fue como ¡hostia! 

Después, con ‘Libres’ (2012) la movida fue conseguir financiar la serie. Estábamos orgullosos del contenido final y técnico, la levantamos con un crowdfunding por internet y sentimos que había un público al que le interesaba mucho lo que le contabas, por eso me cambio la vida, porque más allá del circuito de festivales sentimos que con el teaser se había movido gente interesada en la serie, que la apoyaba con el crowdfunding y, encima, empezamos a ganar premios fuera de España y surgieron entrevistas en medios nacionales. La suma de ello, de estos dos trabajos, fue mi toma de consciencia de que se podía dedicar uno a esto y con un curro creativo. A nivel mental, con ‘Los ojos de Laia’ y ‘Libres’ rompí esas barreras. 

«El primer día de rodaje en Vis a Vis pregunté cuánto costaba el capítulo y entré temblando»

¿Cómo llegas a la televisión y a dirigir capítulos de ‘Vis a Vis’? ¿Esa fue tu gran oportunidad? 

Sin duda. Ha habido como un camino doble para llegar a ‘Vis a Vis’. Por un lado, estábamos haciendo ‘El partido’ (2005), que era una webserie que estaba ya dentro de Atresmedia, estábamos en Flooxer haciendo ficción online y de corta duración; y por otro lado, porque hice un cortometraje (Un millón) con Miguel Amoedo como director de fotografía. Había visto de Amoedo su trabajo en ‘De tu ventana a la mía’, de Paula Ortiz, me flipaba y pensé que igual tenía buen rollo con los maños y que le podría entrar. Me acerqué, le moló el guión y fuimos a rodarlo y fue una suerte que él, cuando ya estaba tan consolidado, aceptara hacer un corto con un chaval poco conocido. 

Después, en la segunda temporada de ‘Vis a Vis’ necesitaban un director más y ya surgió el debate de si llamar a alguien con más recorrido en la tele o abrir la puerta a sangre fresca y joven. Yo estaba bien posicionado porque ya conocía a Miguel, él me recomendaba, ‘El partido’ estaba funcionando muy bien en Flooxer y me colé. 

¿Qué sentiste el primer día de rodaje en ‘Vis a Vis: emoción, temor? 

El impacto más grande fue que pregunté cuánto costaba el capítulo y casi me caigo al suelo y entré con las piernas temblando, no lo debería de haber preguntado justo el día que empezaba a rodar, tuve bastante pánico. Lo bueno, que me empecé a comunicar con el equipo, dirigiendo a actores y hablando con el equipo técnico vi que era gente con la misma pasión y motivación, aunque me sacaran veinte años, que tenían esa chispa en las ganas de hacerlo bien y conecté con ellos. Fue primero pánico y, cuando vi que nos entendíamos, después me sentí a gusto. 

¿Cómo es dirigir una gran producción televisiva?  

Si destilas todo, te quedas con el grano y quitas la paja, es igual que hacer una webserie. Hay mil condicionantes, si tienes ochenta figurantes, un rappel por no se dónde y una explosión con un especialista que sale volando, pues lo que necesitas para este tipo de secuencias, que técnicamente son tan complejas, es exprimir muchísimo cada segundo de rodaje, porque cada segundo de rodaje es carísimo. Cuanto más caro y menos puedes perder el tiempo, más trabajo requiere en preproducción. 

En la quinta temporada de ‘La casa de papel’ ha habido un capítulo que era especialmente complejo por la acción y por primera vez he contratado a un dibujante de storyboards, por no hacerlos yo. Esto no lo haría en una serie más sencilla. Luego hay que hablar mucho con el equipo de cámara para saber si un plano es mejor con un tipo de grúa o con otra, si se hace con dron, o mil movidas que cuanto más caro es todo, más responsabilidad tienes en no perder ni un segundo de tiempo. Por lo demás, hay que intentar que toda esta carcasa de dimensión, presupuesto y técnica no te quite energía para dirigir actores, eso es algo que me intento autoimponer mucho en estos rodajes tan complejos, solucionar todo antes del set, de dar acción, y luego dedicarte a los actores

En ‘La casa de papel’ los guiones están vivos, se escriben conforme transcurre el rodaje. ¿Con qué margen disponéis de los guiones para trabajarlos? ¿Es un proyecto muy colaborativo entre directores y guionistas?

Los propios guionistas, más en la primera temporada, cuando los capítulos eran más sencillos, veían cómo se montaban las secuencias y hablábamos de qué trama era guapa y darle pie, por la química entre personajes, o al revés. Es cierto que conforme la serie se vuelve más compleja eso se puede hacer menos, porque el plan de rodaje es mucho más complejo, las secuencias son mucho más difíciles de montar, hay más planos, más técnica, hay que integrar más VFX. 

Tenemos los guiones con semanas de antelación en plural y, a veces, con una semana en singular y te tienes que pegar una semana encerrado. Yo planifico las secuencias con música, cada capítulo me hago mi selección en Spotify y cada secuencia la trabajo con mis cascos. Igual dos semanas me encierro en mi cuarto o en la oficina del plató de Vancouver, me pongo mis cascos y de ahí no salgo hasta que no tengo los dibujos de las plantas, me apunto las emociones de cada momento de la secuencia, la subrayo con colores, indico si lo quiero llevar más a tensión, a drama intimista o a comedia. Me hago una especie de mapa de tramas por capítulo, con una línea temporal del minuto 1 al 45, y veo qué tono le quiero dar tanto a nivel actoral como de cámara, de encuadres, de arte. Voy viendo si un capítulo queda demasiado intenso en cuanto a tensión o si tiene demasiada comedia y se pierde el espíritu adrenalínico de la serie y voy modificando en base a eso; aunque cuando salen los guiones más pegados a rodaje lo haces todo más rápido y te frustras más o te pegas una semana sin dormir. 

«Lo mejor de este oficio es estar rodeado de gente apasionada»

Tienes proyectos para dar el salto al cine. ¿Te gustaría que formara parte activa de tu futuro?

Sí, pero para ya forma parte, lo rodaría igual que ruedo una serie, trabajaría el guión igual que trabajo en una serie, ensayaría con los actores igual, preproduciría con el equipo técnico igual, montaría de la misma forma porque seguramente llamaría a los montadores con los que ya he currado y tengo una química increíble y trabajaría todo igual, excepto la emisión final, dado que el tipo de pantalla sería distinto. Me gustaría sacar la idea que tengo de largometraje como largometraje, pero en sí el cine ya forma parte de mi vida. 

Oye, ¿pero a qué se dedica un director exactamente? 

Separando el director del guionista: te llega guión, te reúnes después de la lectura para proponer las cosas que no te encajan o posibles cambios que se te ocurren a nivel estructura o diálogos. Luego pides ensayos con actores, las localizaciones técnicas con las características que crees que tienen que tener, hablas mucho con el departamento de arte y vestuario para ver cómo configuras visualmente y cómo hablas de los personajes a través de elementos externos. Con el director de fotografía también, y vas dando pasos y tomando decisiones, que esto es algo que al principio llevaba muy mal y que ahora ya he asimilado y es que cada paso que das tienes que tomártelo como que no hay marcha atrás, ser consciente del peso que tiene cada una de las decisiones, que es una de las cosas que más vértigo da de dirigir. Una vez que entra el chorro de desembolso presupuestario de por medio, ahí cada paso es un paso hacia adelante. 

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Una vez que tienes los ensayos, has trabajado bien el tono, sabes la puesta en escena, cómo vas a colocar a los actores dentro de la secuencia, o si has pedido materiales a arte, llegas al día de rodaje que es un día de curro en el que cada departamento sabe lo que tiene que hacer, lo habéis hablado en la preproducción y llegas y ejecutas los planos, la puesta en escena y todo lo que tenías en la cabeza. Previamente tu has dibujado una planta, que es, como a vista de pájaro, dónde están los personajes y las cámaras, los elementos de atrezzo que intervienen y demás y, según como sea el proyecto, también dibujas un storyboard para que cada plano vaya acompañado de una viñeta. En las secuencias complejas lo hago, en las sencillas, con un equipo congeniado, no es necesario.   

Y con eso te pones a rodar, toma a toma, todo lo que te falta tanto técnico como interpretativo lo vas matizando; para dirigir a actores tienes que conocerlos y saber cómo reconducir su interpretación para que acabe teniendo la secuencia el sentido que querías. 

Una vez que tienes esto te vas a montaje, primero el montador hace un premontaje suyo, que llamamos en broma un ‘premonster’, porque es un monstruo que asusta y generalmente en ese primer visionado piensas: “mierda, no valgo para esto, he engañado durante toda mi trayectoria a los productores para que pensaran que valgo, pero esto es una puta mierda”. Te pones a trabajar en el tempo, en la interpretación por tomas, en la música, en lo que se te ocurre viéndolo, hay muchísimo debate y diálogo con el montador y de ahí sacas el montaje del director y lo presentas a los productores ejecutivos, que mandan cambios, algunos más rígidos e incontestables y otros debatibles, y de ahí sale el corte que se lleva a la plataforma o a la cadena y ellos vuelven a dar sus notas de cambios, que generalmente son poquita cosa, matices. 

¿Qué es lo mejor y lo más complicado de tu trabajo?  

Lo más complicado, en algo práctico, es cuando crees que hay mucho potencial en lo que estás haciendo, pero no tienes el tiempo suficiente para exprimirlo. La falta de presupuesto es una condición dada y no hay nada que hacer, pero cuando no se ha organizado bien la producción y tienes menos tiempo del que deberías para hacerlo bien y sabes que no va a quedar todo lo bien que podría por falta de tiempo, es muy frustrante y gestionar eso puede que sea lo más complicado. Y el miedo a que tu futuro laboral siempre depende de lo bien que salga lo que estás haciendo ahora; depender de eso a veces es complicado a la hora de gestionar la autoestima.

Lo más bonito es estar en un trabajo en el que estás rodeado de gente muy apasionada, que está ahí porque desde una edad muy temprana han tenido una vocación y que disfrutan haciéndolo, a pesar de que con las tensiones hay broncas y con las diferencias de opiniones hay tensiones, pero es una industria en la que te rodeas de gente con mucha pasión. De las artes, junto con la música, es una de las más colectivas y me parece muy bonito la energía que desprende, el debate creativo que genera y como al final es algo como muy de comuna: parimos, criamos y cuidamos a una criatura, que es la serie, entre un grupo muy heterogéneo de personas, de distintos departamentos. Obviamente el director tiene la voz final y dirige como es su rol, pero somos como una comuna de gente que está dando vida a algo entre todos. 

En tu labor como guionista, ¿cómo te planteas la escritura de un guión?

Lo normal es que tengas una idea más o menos vaga, que evalúes si tiene salida o no con las necesidades actuales de plataformas y teles, y a la que ves que tiene potencial, aunque no sea comercial, te lo curras más y lo presentas. También verbalmente lo peloteo con la gente que conozco y me voy fijando en las caras de la gente que la recibe y, en base a eso, me motivo o me desmotivo, que puede ser algo infantil por mi parte, pero voy apostando más por unas ideas o menos por otras muchas veces porque las voy contando a mis colegas y me fijo en sus caras

Ahora estoy en desarrollo de una idea con una plataforma y la idea en sí misma surgió del confinamiento. Tenía unos insomnios brutales, habíamos parado de rodar ‘Veneno’ y no sabíamos cuándo íbamos a volver y en esos insomnios cogí cosas de mi infancia, una obsesión que tengo desde entonces, con referentes que había visto en pelis últimamente y fui cuajando una movida que luego le conté a mis representantes y ellos me dan feedback de si a eso en el mercado le ven salida o no. Era una locura personal, pero me dijeron: “dale caña que sueña muy bien”. La primera plataforma que recibió la idea me dijo que la quería y ahora estoy escribiendo con otro guionista, poniendo negro sobre blanco, porque el dossier era un tratamiento global y estamos haciendo el guión puro y duro. En cuanto acabe ‘La casa de papel’ nos pondremos a desarrollarla. 

Por otro lado ha ocurrido al revés, que una persona que ha tenido una idea se la ha comprado una tele y me ha llamado a mí. Sobre una idea de una chica de Valencia nos hemos puesto a escribir los dos. Coescribir es muy bonito, no tienes estrés de tiempo como en un rodaje, hay más ensayo error y es guay y tienes toda la libertad para soltar barbaridades y ya te dirá otro que no funciona. 

«Si había algún lugar en el que podía hacer ‘El último show’ era en Aragón»

Si no fueras director y guionista, ¿qué serías? 

Siempre me ha gustado mucho la música, he tocado el saxofón con varias bandas durante muchos años y en la carrera me salió más curro de músico que de realizador, hacía música para publicidad. Al final me reconduje, le metí más tiempo a dirigir que era lo que más me gustaba, pero el mundo de la música me fascina porque tiene algo que no tiene la escritura y es que utiliza un código que no tiene que ver con el lenguaje humano, el lenguaje musical genera emociones sin ser tan literal, me parece superior.

Has liderado la primera ficción de la televisión autonómica de Aragón, ‘El último show’, una idea fruto de tu encuentro cuando eras pequeño con el humorista Marianico el Corto. ¿Cómo fue ese momento de decirle a la tele quiero que Marianico sea Buñuel?

Lo primero fue hablar con Miguel Ángel Tirado para contarle la idea, que le fascinó porque a su personaje le vio enseguida la dimensión dramática. Conociéndole, vi la dimensión dramática que tenía él y la ternura que despertaba y con él a favor pensé en intentarlo. En la reunión (con la tele) se que no esperaban que les fuese a presentar algo así, creo que toda la gente de la tele a la que dije que quería hacer esta serie interpretó muy bien el papel de no decir “qué coño nos has traído” (ríe). Me escucharon, se leyeron el dossier y sentí que si había algún lugar en el que podía hacer esa serie era aquí y era también la oportunidad de darle la vuelta a una tele autonómica, que bajo el disfraz de tele regional había hecho algo muy moderno. Creo que ellos lo entendieron, cuando otra gente en lugares mucho más grandes no entienden algo así. 

¿Fue un orgullo llevar a cabo esta idea en tu tierra, sientes que tiene algo de reconocimiento? 

Es una forma poética del destino, justo cuando lo ha megapetado ‘La casa de papel’ a nivel internacional, el siguiente paso lógico es tocar Hollywood y precisamente lo bonito era que lo que me tocaba hacer era esta serie. 

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¿Has pensado en dar ese salto a Hollywood?

No puedo avanzar mucho, pero estoy escribiendo, en desarrollo, ahora dos series, una de ellas estamos negociando en EE.UU. porque la propia historia tiene que transcurrir allí. Apunta bien y esperemos que se llegue a materializar. Es una comedia, de 30 minutos. 

¿Sigues el panorama audiovisual aragonés?

Dentro de Aragón igual sigo más a la gente con la que he compartido experiencias y conozco más, o que han estado en ‘El último show’, a ellos sí que los sigo más de cerca. Estoy ahora con los dientes largos de que Miguel Casanova me enseñe el primer montaje del corto que va a hacer (‘No te verán correr’), porque el guión me pareció putoincreíble, y también estoy salivando con las pelis de Paula Ortiz y la que va a empezar Pilar Palomero

¿En qué estarán próximamente?

Ahora mismo me espera por delante un año de escribir, tengo apalabrados dos desarrollos con plataformas, son dos ideas en las que estoy como creador, que voy a estar desarrollando, pero que no quiere decir que se lleguen a rodar. Todo esto es un proceso de ir superando pantalla a pantalla, impredecible. Uno de ellos seguramente rodemos parte de la historia en Aragón, el otro es de época y transcurre en EE.UU., son súper distintos, uno es un thriller de 50 minutos con algo de comedia negra, y el otro es comedia pura, de época y al otro lado del charco. Iremos escribiendo, teniendo feedback de la plataforma y viendo cómo encaja luego si se llegan a rodar los dos o solo uno. Este año he dicho que no a muchos rodajes para poder concentrarme en esto, siempre me pide el cuerpo cuando estoy en una etapa muy larga rodando el escribir y viceversa, soy un culo inquieto. 

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«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

«Descubrí que el escenario era un lugar en el que me sentía libre y no me bajé nunca más»

Tiempo de lectura: 13 minutos

El actor zaragozano José Luis Esteban se define a sí mismo como un vehículo diésel, que ha ido cogiendo velocidad de crucero en su carrera profesional y está en continua reinvención, un “culo de mal asiento” que mantiene intacta su pasión por aprender. 

Nosotras lo vemos como un fórmula 1, en el que todas las piezas encajan como un reloj para cumplir con sus metas. Tenaz, persistente, apasionado. Actor, dramaturgo y poeta, pero por encima de todo actor, de larga trayectoria en teatro y, después, en televisión y cine. Entre sus últimos trabajos en el audiovisual, sus apariciones en las series ‘Servir y proteger’, de TVE, y ‘El último show’, de Aragón TV. 

Charlamos con él sobre los inicios de su carrera, sobre la necesidad de entender el mundo para explicarlo en los escenarios o en las letras de sus textos. Admirador de Berlanga y orgulloso vecino, en su juventud, del barrio de San José de Zaragoza, os invitamos a conocer a José Luis Esteban en este ‘Secuenciando a’.     

¿Qué te llevó a ser actor?

Surgió en el último curso de Bachillerato, en el instituto, convocaron un taller de teatro, un profesor de francés, para montar ‘La cantante calva’, una obra de Eugène Ionesco. Jamás había pensado en el teatro ni remotamente, me parecía una de esas cosas absurdas en el mundo, que existían no se sabía muy bien por qué. Pero entonces, haciendo el taller en el instituto, me subí al escenario y ahí hubo un click brutal, porque yo era un crío muy tímido, con muchos problemas para entablar una relación cordial con el mundo, con mis compañeros y conmigo mismo y, de repente, el escenario era un lugar en el que yo me sentía libre. Y encima sentía que con lo que hacía la gente se lo pasaba bien; el escenario contribuyó a mejorar mi autoestima y entonces ya no me bajé nunca más. 

A partir de ahí montamos un grupo aficionado de teatro, fuimos por los pueblos, en los años 80, íbamos en tren o en autobús, con la maleta al hombro, nos pagaban lo que nos pagasen, ni me acuerdo. Luego me puse a estudiar Filología enseguida, la literatura me salvó la vida, y me matriculé en la escuela de teatro y con 22 años me monté una compañía de teatro con colegas. Y pasamos directamente de que nos gustara mucho el teatro a deber un huevo de pasta, y allí empezó la cosa. 

¿En ese momento comienza tu carrera profesional? 

Sí, estando en la escuela de teatro, en primero, hay una compañía, el Teatro de la Ribera, que buscaba gente para un espectáculo y me hacen el primer casting de mi vida y, sorprendentemente, me cogen. Ese fue el verano del 85, mi primera gira cobrando dinero, 3.000 pesetas por función. Me quedaba afónico después de estar cantando en la furgoneta, después de seis horas seguidas de viaje, todas las canciones que sabíamos porque aquello era una fiesta. 

Si no fueras actor, ¿dónde te encontraríamos actualmente?

En la universidad, dando clase. Al acabar la carrera, acabé a la vez Filología y la escuela de teatro, enseguida montamos la compañía, pero simultáneamente hubo un concurso público en la Facultad de Educación, me presenté, me lo dieron y estuve trabajando tres años en la universidad, dando clase. Salí espantado, porque el escenario era una competencia muy dura, pero estuvo bien y me permitió ganar dinero en un momento raro de mi vida, en que era todavía muy jovencito. 

«El oficio ha sido muy generoso conmigo»

Empezaste en el teatro, pero ¿cómo diste el salto a la tele? 

La tele vino muchísimo, muchísimo después. De hecho, todos los días me levanto, abro los ojos y pienso “gracias azar, cosmos, Paulo Coelho”, porque he hecho muchas cosas que no imaginaba ni en mis mejores sueños. En ese sentido, el oficio ha sido muy guay, muy generoso conmigo.

Empecé a hacer televisión en serio en el año 2004, hace cuatro días en comparación con los años que llevo en el oficio y fue porque fui a Madrid a trabajar, con un montaje del Centro de Arte Dramático de Aragón, que se titulaba ‘Misiles melódicos’, estuvimos en el Teatro Español de Madrid y entonces yo dije: “esta es mi oportunidad”. Venía de hacer una serie de trabajos muy buenos con el Centro de Arte Dramático de Aragón, Ricardo III, que había tenido mucha repercusión, me habían dado un par de premios de interpretación y sentía algo que nunca había sentido, que estaba en una situación distinta y que necesitaba dar un paso más allá. Así encontré mi primera representante, empecé a hacer mis primeros episódicos, teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca tele, lo que quiere decir que lo hacía muy mal, era muy distinto, sobre todo la manera de trabajar. 

Aunque los fundamentos son los mismos, cuando te has educado en un ecosistema donde lo único que existe es determinada manera de hacer el teatro, que no digo que sea buena, además, descubrí que tenía que desaprender todo lo que había aprendido y cuando llegué y me puse delante de una cámara me di cuenta de que tenía que volver a desaprender todo lo que había aprendido después de desaprender por primera vez. Veo, aunque no los veo nunca, mis primeros trabajos en ‘Siete vidas’, en ‘Matrimonio con hijos’ y pienso: “eras un pringadillo, chiquillo, no sabías de qué iba el oficio realmente”. En ese sentido creo que mi carrera es como yo, un poco diesel. Luego la aparición del cine fue ya el summum porque adoro el cine. Y todo nos lleva al ahora, un momento de una ilusión tremenda porque veo que tantos años de oficio me ponen en situación de aprender de verdad

¿Cómo fue el aterrizaje en el cine?   

En cine he hecho papeles secundarios, media docena de películas, he hecho muy poco cine en realidad. Con el primero que hice cine, aunque fue un mediometraje, fue con mi amigo José Miguel Iranzo, que falleció el verano pasado. Él rodó en 1996 un mediometraje en 16mm, titulado ‘Tempora y Violeta’, que fue un hito en el audiovisual aragonés porque era la primera vez que un realizador de aquí se metía en un pollo como aquel. A mi amigo Iranzo le debo que fue el primero que confió en mí para algo que no fuera teatro. Luego fue Paula (Ortiz), en ‘De tu ventana a la mía’ (2011) me hizo un pequeño regalo que luego por cosas de montaje quedó muy disminuido, pero yo siempre se lo he agradecido muchísimo a Paula. 

Luego vino la película que más me ha dado, no por el trabajo en sí mismo sino por lo que supuso, que fue ‘Altamira’ (2016), por el hecho de trabajar en inglés, con un grupo de actores ingleses a quienes admiro mogollón y allí había tres o cuatro de los que a mi me molan mogollón, Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas que es un tipo genial, y eso me dio un plus de confianza, porque ya el casting lo hice en inglés con Hugh Hudson. Nunca pierdo de vista de dónde vengo, dónde empecé y yo empecé prácticamente en los carromatos, en las eras, en los campos, y este tipo de oportunidades me han dado un corpus, un bagaje que para mi es muy valioso y un empuje muy grande para seguir trabajando. 

Después hice ‘La higuera de los bastardos’ (2017), con Ana Murugarren, que fue también una cosa de estas extrañísimas porque a Ana, que es una de las personas más punkis que he conocido en mi vida, yo no la conocía de nada. Fui a trabajar a Bilbao, a una cosa de teatro a casa de Ramón Barea, que es mi maestro, y me llaman y me dicen que había una directora que me había visto en una foto en Facebook y que me quería para su próxima película porque necesitaba mi careto. Pues vamos para allá y allí fuimos a grabar ‘La higuera de los bastardos’ que fue otra escuela, con un rodaje durísimo, que nunca había hecho, de noche prácticamente entero, con el tiempo vasco, frío, lluvia, unas condiciones durísimas, haciendo un personaje que era un secundario, pero con presencia. Y trabajar con Karra Elejalde que es una escuela en sí mismo, un tipo fascinante. Fue muy grato, y ahí andamos. 

Has hecho cine, teatro, tele, eres poeta, dramaturgo, ¿qué te aporta cada una de esas facetas?

Entender el mundo, entender lo que pasa, intentar explicarlo, ese es mi oficio como actor. Yo siempre digo que soy un actor que escribe, que publica libros de vez en cuando, que de vez en cuando da una clase de hablar en público, pero siempre es el actor el que está detrás y un actor que necesita entender, aunque todo sea incomprensible, pero necesito entender algo para poderlo contar después en el escenario. Porque además pienso que estamos en un momento flipante a nivel cósmico, terrenal, cultural, artístico, teatral, es un momento flipante.

Hay una frase de Antonio Gramsci, que era un pensador marxista italiano, que decía: cuando lo viejo todavía no se ha muerto del todo y lo nuevo todavía no ha terminado de nacer del todo, en ese periodo incierto es donde surgen los monstruos y yo creo que estamos en un momento de esos. Los antiguos paradigmas, a todos los niveles, están en cuestión, hay una nueva realidad y explicación de la realidad, un nuevo humanismo, hay un cambio brutal y el cine, el teatro, la novela, la literatura, la moda, todo tiene que explicar eso que está pasando, contarlo.

«En estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario»

Además de la pasión por el teatro, conocemos tu pasión por escribir

Esa pasión llegó más tarde, son cosas que han ido surgiendo con el tiempo. No pude escribir nada hasta que no me compré mi primer ordenador. Y se podrá pensar: “pues vaya pijada”, pues es que es verdad. En el año 2000 me compré mi primer ordenador y empecé a escribir. ¿Por qué? No lo se. Buñuel decía que somos básicamente un 80 por ciento de química y un 20 por ciento de misterio, pero lo que realmente detona las cosas es el misterio y eso me ha pasado, se han ido detonando pequeñas cosas ahí. 

¿Empezaste a escribir obras teatrales o poesía?

Empecé haciendo una obra de teatro, escribiendo teatro. Soy culo de mal asiento, me gusta trabajar, pero siempre me ha costado permanecer en un sitio mucho tiempo, periódicamente necesito conocer gente distinta, modos de trabajar distintos, visiones distintas, puntos de vista diferentes, necesito salir de mi zona de confort casi constantemente porque es lo que me mantiene vivo, en forma, alerta. 

¿Y cómo empezaste en la poesía?

El actor una vez hubo un momento en que descubrió la poesía, una cosa que no me interesaba nada en absoluto, como a otros jóvenes, pero en un momento de mi vida determinado cae en mis manos un libro de Allen Ginsberg, que se titula ‘Aullido’, y me pega una patada en la frente tan descomunal que me doy cuenta de que no puedo seguir viviendo si no hago eso en un escenario, no se cómo ni con quién, pero tenía que hacerlo ya. Entonces me junté con un músico amigo, José Javier Gracia, un maravilloso guitarrista de rock, él con su guitarra eléctrica y yo con el libreto de ‘Aullidos’. Nos emborrachamos juntos una noche pensando en lo que íbamos a hacer y a la mañana siguiente pasó algo mágico, y es que realmente nos juntamos, con una resaca del siete, pero los dos acudimos a la cita que teníamos y creamos ‘Territorio beat’.

Y la poesía empieza a formar parte de mi actividad de manera constante, porque funciona de puta madre en el escenario, porque la poesía tiene un poder escénico que es algo que fue para mí completamente inesperado, pero en lo que me volqué y en estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario, que me ha permitido conocer a mogollón de músicos, trabajar con ellos, descubrir la relación maravillosa que hay entre la palabra, la música, el gesto, el movimiento, la cámara, porque hemos hecho experimentos con televisión y seguimos, me flipa. 

Empecé a leer la poesía que me gusta a mí, no con la que nos han torturado durante años en el colegio y nos han hecho que nos alejemos de la poesía, sino la poesía que se está haciendo ahora, la mayoría de mujeres, que escriben una poesía que es la rehostia. Pero hay versos que no he leído y esos modestos versos que no he leído los tengo que escribir yo y por eso publiqué ‘Big Bang’ hace año y medio. 

En ‘Don Quijote somos todos’, con Teatro del Temple, además de interpretar un papel en la obra, con la que estás nominado en el Teatro Rojas de Toledo, eres autor del texto. ¿Cómo te enfrentas a esa escritura? Pones a Don Quijote a solucionar la despoblación

Para empezar a escribir siempre me hago preguntas, en este caso una pregunta: en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué, qué pasa en ese pueblo, por qué no te quieres acordar, dónde está, quiénes son, quiénes quedan hoy en día? Y de la respuesta a esa pregunta surge todo el texto. Yo estaba leyendo, además, ‘La España vacía’, de Sergio del Molino, que me había flipado, y eso sumado a la influencia de Berlanga, Azcona y Cuerda. No les conocí personalmente, pero es como si estuvieran muy cerquita de mí y no me explico por qué no han dejado más huella, por qué nadie sigue esa estela tan nuestra, ese humor cervantino. 

A raíz de todo eso surge y porque estoy muy interesado en cómo se funden cine y teatro, aunque a veces tienen problemas de relación. Pero yo no creo que deban tener problemas de relación, el cine es un hijo aventajado del teatro que en el siglo XX toma vida propia, aunque a veces se consideren que son dos fenómenos separados el uno del otro. Tanto en dramaturgias como en guiones hay esa sinergia en el tratamiento de diálogos, en el desarrollo de los personajes, en el uso de la elipsis y la economía expresiva. Fruto de todos estos movidones surge ‘Don Quijote somos todos’, una manera de dialogar, de replica contrarréplica que sea muy rápida, que trascienda el ritmo del teatro. 

Volvamos a tu faceta audiovisual, ¿cuál ha sido el último trabajo en el que has participado? 

‘Servir y proteger’, en TVE, como actor. Estoy muy ilusionado con la tele porque empecé mayor, mi carrera es incomparablemente más corta en la tele que en teatro, pero es que le pongo mucha ilusión y soy muy tozudo e insistente, persistente y cabezón, cuando quiero algo de veras no tengo prisa, y estoy acostumbrado a salirme con la mía. En este momento de mi carrera me gustaría mucho, y en ello estoy, espaciar un poco más el teatro y frecuentar un poco más los platós, que es una cosa que ahora, con 57 años, aunque me quedan muchos años buenos de carrera, siento que estoy en un momento muy bueno para reinventarme otra vez. Con esta pandemia esto nos está ocurriendo a todos, pero estoy muy  ilusionado con eso, y rodeado de gente estupenda, que me quiere mucho y me están apoyando mogollón y ahí vamos a estar. 

¿Cómo es trabajar en una serie diaria?

Encantador. He hecho dos series diarias, en ‘Servir y proteger’ he estado dos meses y en ‘Amar es para siempre’ estuve una temporada y estaba entonces haciendo teatro en Madrid. Yo descanso cuando trabajo, con ‘Servir y proteger’ estuve en diciembre y estaba haciendo ‘Don Quijote somos todos’, en Valencia y recuerdo el primer día de grabación en ‘Servir y proteger’, entraba en el primer turno de grabación del día, lo que significa que tenía que estar en maquillaje a las seis y media de la mañana. Me pasaban a buscar a las 5:45 horas del jueves. Pero yo estaba en Valencia haciendo teatro, la función empezaba a las ocho de la tarde y acababa a las nueve y media.

Me tuve que coger un coche de alquiler, algo de cena, y conducir pitando a Madrid; llegar, devolver el coche de alquiler, que parece una cosa sencillísima, pero que a las dos de la madrugada es una putada enorme; irme al hotel, dormir, pasar a buscarme, grabar hasta las dos y media de la tarde, ir a Atocha, coger un AVE y volver a Valencia para subir al escenario a las siete de la tarde. No digo esto como quien vive un vía crucis, no lo puedo decir, hubiera preferido que hubiera habido Aves por la noche, pero es que este oficio es así y me críe viendo como los grandes actores y actrices hacían un ‘Estudio 1’ que se pegaban diez horas grabando y luego se iban al teatro a dos funciones. Hay que currar. 

«El gran producto que Aragón exporta es cultura y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí»

Has participado en otras series nacionales, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuéntame’, episódicos, ¿pero qué te han aportado esos papeles?

La necesidad de adaptarte enseguida a un equipo que funciona perfectamente, eso fue lo primero que aprendí en estos episódicos en que grabas un día y desapareces. Llegas a un ecosistema compuesto por ciento cincuenta millones de piezas que funcionan todas de puta madre y donde lo único que te exigen es hacer un ensayo con cámara y una toma. Siempre he pensado que una de las responsabilidades de los actores es, lo primero, no dar mal, lo segundo solucionar problemas y, lo tercero, adaptarse a los ritmos, a los estilos, a los modos de trabajar de cada equipo y ficción. 

Ese trabajo era la única manera de hacer tele porque ahora en casa, en Aragón, parece que empieza a moverse algo, pero hace diez años no podía pensar en hacer nada aquí en tele. La única manera que he sabido ha sido esta, empezar de muy abajo, que sigo estando ahí, e ir haciendo cosas y que me sirva para progresar. Luego pienso que de alguna manera las cosas cuadran, porque luego surge la oportunidad de ‘El último show’, con un personaje que no era para mí, que no estaba escrito para mí, que no era la primera opción, ni la segunda, seguramente tampoco la tercera, pero que al final hubo casting, convencí a Alex (el director) de que era yo. Y sin todo lo de antes, y el background del teatro… 

Te vimos en ‘El último show’ y en la película ‘Reset’, en la que participas en el corto de Nata Moreno, ¿qué piensas de esa apuesta de la tele por la ficción desde Aragón?

Qué os voy a decir, esto lo necesitábamos. Hay una cosa que me llena siempre de perplejidad y es que en Aragón, si echamos un vistazo a su historia y le decimos a cualquiera que nos diga cinco aragoneses ilustres, me juego el dinero que no tengo a que de los cinco nombres cuatro son de artistas. El gran producto que Aragón exporta es cultura, es arte, artistas, y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí, como las lombrices de los terrarios que hacen el hueco en la tierra para que eso se oxigene, la tierra no se compacte y acabe aplastando la raíz; pues eso es lo que ha pasado. Lo que hace falta es que esa trayectoria continúe. 

Me hizo muchísima ilusión participar en ‘El último show’. La época dorada del audiovisual está por venir, todavía están los monstruos ahí, todavía lo nuevo no ha nacido del todo y todavía lo viejo no acaba de morir. Esta ciudad es un ecosistema muy complicado, pero tengo mucha ilusión por la gente joven, que algunos son los que nos están dando momentos de exaltación como ahora mismo Pilar Palomero, Javi Macipe, lo que está haciendo Paula Ortiz, no quiero reducirlo a ellos tres, pero es brutal, en una comunidad como esta. Yo trabajo mucho en Bilbao, que es una comunidad mucho más potente y con un concepto de lo propio mucho más desarrollado que el nuestro, un afán de intervenir y de proteger su fenómeno cultural que es indiscutible y que está plasmado en lo práctico, en la pasta, y mis colegas vascos me dicen: “pero por qué os queréis tan poco en Aragón si las cosas que vemos son de puta madre, pero no os queréis” y les digo que nos queremos mucho, pero que los que no nos quieren son los que podrían hacer esto más fácil, los políticos, los gestores, los funcionarios. 

Además de teatro con ‘Don Quijote’, ¿dónde te podremos ver ahora? 

Hay un proyecto muy bonito en el que llevo ya tres años con él, que es una versión de Macbeth de Shakespeare, he escrito una versión para cabaret y ese espectáculo debería haberse producido este año pasado en Madrid, pero por la pandemia no se pudo hacer, retrasamos el plan de producción y se va a hacer el año que viene. Estoy muerto de ilusión con ese trabajo porque llevo tres años peleando con él. 

En lo audiovisual, como soy un poco supersticioso, me vais a permitir que me calle. En cada una de las facetas en las que estoy intentando desarrollarme tengo proyectos estupendos, estoy ahora acabando mi segundo libro de poesía y estoy escribiendo un proyecto de serie de televisión a medias con Alberto Andrés Lacasta. 

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Una ruptura en blanco y negro

Una ruptura en blanco y negro

Tiempo de lectura: 7 minutos

Estás confinada en casa y te llama HBO y las productoras Warner y Caballo Films. Oye, ¿que si te apetece grabar el capítulo de una serie sobre todo esto de que nos tengamos que quedar en casa por un tiempo desconocido porque un virus circula por las calles? Sí, que te damos libertad creativa y temática, pero que lo vas a grabar todo con un smartphone y con mucha imaginación. 

A la serie la llamaremos ‘En casa’ para no darle muchas vueltas, pero dejaremos claro en el título que ‘la imaginación no se puede confinar’. ¡Ay, Paula! Pero tendrás muy buena compañía, porque el resto de capítulos estarán dirigidos por Rodrigo Sorogoyen, Leticia Dolera, Carlos Marqués-Marcet y Elena Martín. Con estos ingredientes es normal que te animaras a participar en esta aventura, querida Paula Ortiz.

Pero, ¿qué historia querrás contarnos? Pues en tiempos de pandemia, qué mejor que una comedia: se declara el estado de alarma y rompes con tu pareja, vamos, que te deja. Vaya panorama, ¿eh? Pero decides irte a casa de una amiga, porque las penas, en buena compañía, seguro que se convierten en risas. Y ya está, de este modo surge el capítulo ‘Así de fácil’

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Las actrices Julia de Castro y Celia Freijeiro consultando su futuro en un algodón pelocho en una escena de la serie ‘En casa’.

“Una persona de Warner me hizo la propuesta de intentar el experimento de contar historias exclusivamente desde casa y contando solo con un móvil y pensé que quizá sí que podría hacerse”, explica nuestra dire, Paula Ortiz, a Secuenciadas, subrayando que este proyecto ha supuesto “un aprendizaje muy fuerte”, un reto que ha tenido limitaciones y dificultades añadidas en todas las fases de trabajo. 

De hecho, la principal dificultad es que se tuvo que dirigir a distancia, dado que Paula Ortiz se encontraba en Zaragoza cuando se decretó el estado de alarma y el capítulo se ha rodado en un piso de Madrid. “Enviamos el móvil a casa de las dos actrices (Celia Freijeiro y Julia de Castro), que estaban confinadas juntas con otra compañera (Milena Suárez) que ha sido quien las ha grabado” y ha ejercido como cámara y ayudante de dirección, de manera que la directora ha tenido que realizar el trabajo por videoconferencia. 

CAFÉ Y VIDEOLLAMADA  

¿Os imagináis rodar en un espacio que no conocéis, sin saber cómo, ni cuándo, ni dónde incide la luz o cuáles son las mejores posiciones de cámara? Pues lo imposible parece sencillo en manos de la directora de ‘La Novia’ y ‘De tu ventana a la mía’

Hemos ensayado por videollamada, probando estrategias con las actrices”, si bien lo más complicado de este rodaje ha sido el hecho de que “no veía el plano real cuando se rodaba, solo veía por videoconferencia a las actrices y más o menos el lugar, pero sin saber en ese momento cómo había quedado técnicamente la toma y la impresión del plano”. Si era necesario repetir, tenía que dar las indicaciones a través de la pantalla y repasar el material del mismo modo, “todo a distancia”. 

“El rodaje fue complejo y gracias a la capacidad y disposición que tuvieron las actrices ha salido adelante”, subraya, elogiando también la labor de su ayudante de dirección, Milena Suárez, que en realidad se dedica profesionalmente a la distribución y “nunca había hecho de operadora de cámara”. Para todas ha sido “un entrenamiento contrarreloj”, del que han surgido “planos muy buenos”.   

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La directora Paula Ortiz, en casa superando las barreras tecnológicas y actualizando todas sus apps.

LA NOCHE NOS CONFUNDE 

Para cumplir tiempos en esta contrarreloj se había previsto un calendario de una semana de rodaje, otra de montaje y una última de postproducción, con planes de trabajo “muy severos”. Antes de ponerse manos en la cámara, en primer lugar escribieron el guión; una vez que tenían luz verde por parte de las productoras, estudiaron los espacios para conocer cómo entraba la luz en la casa, cómo estaba orientada y a qué hora era mejor rodar cada escena. “Las escenas de noche han sido muy complicadas” por la falta de luz para poder grabar con un móvil, reconoce, detallando que las productoras les facilitaron un smartphone Huawei, algunos accesorios de sonido y un estabilizador, “pero la iluminación se hizo con lo que había en casa”. 

En la distancia,“desayunábamos juntas, ensayábamos y nos poníamos a rodar”, si bien el rodaje se alargó dos o tres días más, algo que también le ocurrió al resto de directores. “Nos íbamos comunicando y todos estábamos desesperados”, bromea la cineasta. 

Como en este proyecto manda la inmediatez y las circunstancias de producirse durante el confinamiento y el estado de alarma, se trataba de que cada director ideara un relato, una fabulación o contara su experiencia, las sensaciones del encierro, y desde las productoras “no pusieron cortapisas en cuanto a los temas a tratar”. 

EN BLANCO Y NEGRO 

Yo quería hacer un capítulo en blanco y negro y no pusieron problema, aunque en televisión es una decisión costosa, pero dieron total libertad creativa”, rememora Ortiz. No será un formato habitual, pero las que somos black and white lovers estamos deseando disfrutarlo. Además, según la directora, “le iba bien” a la historia. 

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Celia Freijeiro y Julia de Castro, en gran plano general, tostándose al sol por fases en los días de confinamiento madrileño.

Como ya os hemos hecho un pequeño spoiler antes, el capítulo que dirige Paula Ortiz se titula ‘Así de fácil’ y comienza cuando a una chica le deja su pareja en el mismo día que se decreta el estado de alarma y, ni corta ni perezosa, decide que ella no se queda a llorar sola por nadie y se planta en casa de su amiga. Narra “el proceso de duelo de una ruptura, en clave de comedia”, todo ello en unos veinte minutos de duración de los que ya podemos disfrutar en HBO. 

Participar en este proyecto ha sido para la zaragozana “un buen ejercicio en muchos sentidos”, en el narrativo, dramático, en aprendizaje y en el análisis de las herramientas de que se dispone para contar una historia. “Ha sido una experiencia muy positiva”, aunque Ortiz reconoce que esta no es la manera de hacer ficción, porque técnicamente a veces ha sido “muy frustrante” y se han dado una serie de restricciones que no se producen cuando se rueda con recursos en condiciones y con un equipo técnico humano “que es imprescindible”. 

VOLVER DESDE VENECIA 

Nuestra dire estaba en Venecia cuando tuvo que regresar a casa ante el inicio del estado de alarma. “Íbamos a rodar otro proyecto en primavera, estábamos allí y tuvimos que volver la semana de antes”, recuerda, agregando que en el caso del rodaje de ‘Nada’, la adaptación de la novela de Carmen Laforet, el proyecto aún está “muy incipiente, están escribiendo los guiones, eso lleva su cauce y yo estoy ahí, pero tangencialmente de momento”. 

El parón ha afectado gravemente a todos los profesionales, pero ya se están reanudando rodajes y proyectos. “El sector audiovisual exige mucho sobreesfuerzo económico, técnico y humano, inversiones muy fuertes y condiciones que ahora mismo son complicadas”, admite, para lamentar que el sector vive “una incertidumbre muy fuerte y veremos cómo se recompone y se reactiva, aunque quiero ser positiva y poco a poco volveremos”. 

No obstante, considera que este periodo de privación de libertad no va a incentivar la creatividad, aunque sí que ha servido para que los profesionales del sector puedan “automirarse, por obligación a veces”, y tomar conciencia de la necesidad de resistir, en un momento en el que la cultura ha sido “esencial” para toda la población. “Nunca se habían visto tantas películas y series”, estima. 

En el caso del audiovisual aragonés, en su opinión existe una cantera “fuerte” de profesionales y proyectos y “si estábamos en un buen momento, se retomará. Había buenos profesionales, ideas, y volverán a salir a la luz”

Entre los próximos trabajos de Paula Ortiz encontramos ‘Teresa’, una adaptación de la obra de teatro ‘La lengua en pedazos’ de Juan Mayorga, basada en la figura de Santa Teresa de Jesús y que tiene previsto su estreno en otoño de 2021, así como la adaptación de la novela ‘Nada’, de la que Ortiz resalta su “modernidad aplastante”. “Es una novela iniciática muy certera, con trascendencia y es un reto muy bonito llevarla al cine, merece una buena adaptación”. 

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Paula Ortiz, directora del capítulo ‘Así de fácil’ de la serie ‘En casa’, posando en este retrato mucho antes de ser confinada. Foto de Laura Bersabe.

La zaragozana Paula Ortiz (1979) es directora, guionista y productora, así como profesora e investigadora y se ha formado en dirección de cine y guión en Nueva York y Los Ángeles. Su ópera prima, ‘De tu ventana a la mía’ le valió la nominación a los premios Goya en 2011 como mejor director novel. En su segundo largo, ‘La novia’, nos dejó a todos alucinados con su adaptación de la obra ‘Bodas de sangre’, de Federico García Lorca. Fue nominada en doce categorías de los Goya 2016, entre ellas mejor película, mejor director y mejores protagonistas, llevándose la estatuilla en mejor actriz de reparto, para nuestra adorada Luisa Gavasa, y mejor fotografía, para Migue Amoedo.

En sus películas nos transporta a un mundo único, con una cuidadísima imagen y plagado de drama y emociones fuertes, así que estamos deseando ver esta nueva versión de Paula en esta comedia confinada de la que ya podéis disfrutar en HBO cuando queráis. ¡Así de fácil!

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«Siempre me ha gustado actuar, no me imagino haciendo otra cosa»

«Siempre me ha gustado actuar, no me imagino haciendo otra cosa»

Tiempo de lectura: 8 minutos
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Foto de Ana Moreno

Para este ‘Secuenciando a’ nos hubiera encantado quedar a tomar algo, hablar en persona, hacer unas fotos y un vídeo chulísimos en algún lugar especial de la ciudad… pero las entrevistas en tiempos de coronavirus es lo que tienen y nos hemos adaptado a las circunstancias. Hace años que seguimos con interés la trayectoria de Laura Gómez-Lacueva Peralta; vamos, que somos muy fans. Esta actriz zaragozana tiene una brillante carrera en teatro, televisión y cine y, haciendo caso omiso a Fangoria, asegura que quiere tanto dramas como comedias en sus proyectos profesionales. 

Inició su formación en 1994 en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza (EMTZ) y creó cuatro años después, junto a Ana García, su propia compañía teatral, Muac Teatro. En 2011 comenzó otra aventura teatral con la compañía Nueve de Nueve Teatro, acompañada por Jorge Usón, Carmen Barrantes y Hernán Romero, que sigue activa sobre las tablas. 

En el panorama audiovisual, la encontramos en nuestra pequeña pantalla en ‘Oregón TV’ y el las salas de cine en películas como ‘El reino’, de Rodrigo Sorogoyen, ‘La novia’ y ‘De tu ventana a la mía’, de la también aragonesa Paula Ortiz, ‘Incierta gloria’, de Agustí Villaronga, o ‘Los futbolísimos’, de Miguel Ángel Lamata. Como os decíamos, dramas y comedias que completará este año, cuando el COVID lo permita, con los estrenos de las películas ‘Las Niñas’, de Pilar Palomero, la docuficción ‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’, de Germán Roda, y las ‘Historias lamentables’, de Javier Fesser, donde interpreta uno de los papeles protagonistas y que, estamos seguras, será memorable. 

¿Cómo surge tu interés por el mundo de la actuación? 

Cuando era cría siempre jugaba a actuar y a escribir, me juntaba con mi prima Begoña y con algunas vecinas y hacíamos representaciones para nuestros padres, para los vecinos; nació allí. Lo del audiovisual fue casual, comencé en el teatro y después lo primero que hice de audiovisual lo hice con Lobomedia —productora de ‘Oregón TV’ (ahora ZapZapMedia)—, con la sitcom ‘Tres eran tres’, para Aragón TV. 

¿Qué hubieras sido si no fueras actriz? 

Nunca lo he pensado, porque incluso cuando en su día pensé en qué carrera me gustaría estudiar, me di cuenta de que no me gustaba nada. Me hubiera ido hacia las letras, pero siempre me ha gustado actuar y me fui a estudiar interpretación; no me imagino haciendo otra cosa

Te asociamos irremediablemente al humor, ¿pero en qué género prefieres trabajar?

Que no me quiten ninguno: en drama y en comedia. 

Está claro que se la dan bien tanto el humor como los dramones. Fotos de Javier Mantrana

¿Qué ha significado para ti el programa ‘Oregón TV’?

‘Oregón TV’ me ha abierto muchísimas puertas, me ha dado visibilidad, porque llevamos muchos años, lo emite la autonómica y con las plataformas de internet ha llegado a España y al mundo. Por el fenómeno viral, algún vídeo engancha y la gente te conoce y desea trabajar contigo. Ha supuesto también poder seguir trabajando con compañeros y amigos con quienes ya trabajaba en teatro, como Marisol Aznar, Alfonso Palomares, Francisco Fraguas, Pablo Lagartos o Jorge Asín. A muchos niveles me colma ‘Oregón TV’, a nivel profesional y humano. 

Es difícil abstraerse de la actual situación causada por el COVID, ¿qué ha supuesto en el caso de tu trabajo? 

A nivel audiovisual, a finales de abril tenía previsto el estreno de la película de Fesser y no va a poder ser, no sabemos cuándo se estrenará ni de qué manera, porque cambiarán los protocolos a seguir en cines y teatros. En septiembre tenemos el estreno de ‘Las niñas’, de Pilar Palomero, aún falta tiempo e igual se han buscado soluciones y se puede hacer un estreno más normal.

Tenía trabajos audiovisuales realizados y no estrenados, pero no proyectos que se hayan parado mientras los hacíamos, en eso he tenido suerte. Sin embargo, se han paralizado tres proyectos teatrales y no se si se podrán recuperar y, si se puede, cuándo podría ser.

Estás teniendo un buen año, audiovisualmente hablando. Has participado recientemente en la primera serie de ficción aragonesa ‘El último show’, ¿qué pensaste cuando te dijeron de participar en una serie en la que el protagonista era Marianico el Corto?

Ya había trabajado con Miguel Ángel Tirado, él ha hecho cameos en ‘Oregón TV’, nos conocíamos y hemos coincidido muchas veces. Como conocía la idea de Alex Rodrigo me pareció una idea surrealista, maravillosa, me gustó mucho estar ahí, siendo además la primera ficción que producía Aragón TV con semejante elenco, con un porcentaje tan elevado de técnicos y artistas aragoneses. Era como estar en el mar en verano, una maravilla. 

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Dos grandes actrices, Luisa Gavasa y Laura Gómez-Lacueva, comentando la jugada de Marianico en un momento del rodaje de la serie ‘El último show’

También te podremos ver en la ópera prima de Pilar Palomero, ‘Las niñas’, ¿cuál es tu papel? 

Soy una monja, la profesora de música, es un papel muy chiquitín, pero fue un gusto participar. Había participado en el corto ‘Niño balcón’ con Pilar Palomero, me llevo bien con ella, me gusta lo que hace, tiene mucho gusto y mucho arte. Una parte de mi papel en ‘Las niñas’ la rodamos en el Pedro Cerbuna, donde se recrea un final de curso en el que las niñas cantan, y la clase en sí está grabada en el IES Miguel Servet. Pilar y yo habíamos ido a ese instituto, fue volver a los orígenes

Hice el casting para interpretar a otra de las monjas, pero como tenían una edad más elevada, Pilar pensó en la de música y así acabé siendo la profe de música. 

Eres una de las protagonistas de las ‘Historias lamentables’ de Javier Fesser, que se estrenará próximamente, ¿cómo llegaste a participar en la peli?

Son tres historias y un prólogo. Una de las historias sucedía en Zaragoza, buscaban actores aragoneses y querían que tuvieran acento aragonés. Accedí a ese casting por esta historia, pero me llegó la información un poco rara, no me enteré de que había que hacer el casting en aragonés y lo hice con acento neutro. Luego lo repetí en aragonés y les gustó mucho, quedaron conmigo para las pruebas de vestuario y de maquillaje, pero antes de llegar a las pruebas, como les había gustado mucho, me dijeron que querían que fuera la protagonista de otra de las historias, en lugar del personaje secundario en la historia aragonesa. Pasé otro casting y me dieron el papel, me hizo muy feliz. Así que tengo muchos amigos en la historia aragonesa, pero yo estoy en otra.  

¿Cómo es rodar con Fesser? 

Una maravilla, es muy inteligente, sabe de todo, de interpretación, de cámara, de luz, y tiene muy claro lo que quiere. Es fácil que si te pide algo confíes, porque lo que hace es maravilloso. Crea muy buen rollo entre el equipo, todo el mundo trabaja con positividad y muy contento 

Cuéntanos algo de ese papel protagonista 

Es en la historia ‘El cumpleaños de Ayoub’, que es un africano que pide trabajo a Tina (Valentina), que es mi personaje, y es lo peor que ha podido hacer ese hombre, porque mi personaje es… Uno es la bondad y ella es una mujer que le va a poner en una y mil problemáticas. Rodamos en varias localizaciones, entre ellas en Valencia y Torrelaguna (Madird).

¿Qué valor das a la dirección de actores? ¿Y a la improvisación? 

Depende del director, valoro muchísimo el trabajo del director, algunos son más proponedores o lo tienen muy claro, otros son menos flexibles y quieren que sigas su ruta y a otros les gusta que el actor aporte su parte. Depende de con quién trabajes. También se ve en los ensayos, que están bien para crear el personaje y para darte cuenta de cómo trabajar con ese director. Cada maestrillo tiene su librillo. 

¿En qué momento crees que está el panorama audiovisual aragonés? 

Cada vez va más hacia arriba, comenzamos a caminar más tarde que otras Comunidades, se hacían muchos cortos de aficionados, pero ahora es profesional, hay mucho talento, actores muy buenos, buenos guiones, es un buen momento para Aragón, esperemos que esta crisis no nos de un bofetón y se siga creando como hasta ahora. 

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Uno de los personajes de esta camaleónica actriz Gómez-Lacueva, el de Adela en Oregón TV, Luis Rabanaque le hace los coros caracterizado como el sufridor marido Roque. Programa que lleva en antena 12 años en Aragón TV.

Asociamos tu nombre al cine y la televisión, pero también has hecho mucho teatro. ¿Qué te aporta el teatro?

Aparte de que es mi primer amor, lo primero que conocí, el sentir al público en directo, cómo te sigue en el viaje que estás llevando, notarle ahí no es comparable a nada, es fantástico. 

Has creado dos compañías teatrales

La primera la formé con Ana García en 1998, Muac Teatro, pero decíamos Muac Teatro Clown, porque bebíamos de la comedia, pero era una dramedia o tragicomedia, uníamos humor y drama. Esa compañía duró ocho años. La siguiente fue Nueve de Nueve Teatro y seguimos en ella (con Jorge Usón, Carmen Barrantes y Hernán Romero), pero no estamos en todas las producciones todos. En ‘Al dente’, la primera, estuvimos los cuatro, pero ‘En la extinta poética’ solo participamos Carmen y yo y, por ejemplo, en la última, ‘La tuerta’, solo está Jorge, pero de director. Según lo que nos pide el cuerpo, vamos haciendo. 

Si pudieras elegir papel y compañía en el escenario o la pantalla, ¿qué te hubiera gustado interpretar, con quién y bajo qué dirección?

En teatro me hubiera encantando con La Zaranda y ya lo he hecho, Eusebio Calonge, el dramaturgo, y Paco nos dirigieron en ‘La extinta poética’, ese es un sueño cumplido. Hay tantos directores y tantos buenísimos, tanto aragoneses como nacionales, y también con alguno internacional, pero es complicado trabajar en otros idiomas.

No soy muy mitómana, no me gusta una compañía o un grupo, me gusta, por ejemplo, trabajar con los mejores y las mejores, pero los que tienen más arte, más riesgo, los que hacen proyectos maravillosos, yo quiero estar ahí con los mejores, tener los mejores compañeros que pueda tener. 

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La extinta poética’, obra de la compañía Nueve de Nueve, donde Laura Gómez-Lacueva lo da todo junto a sus compis Rafael Ponce y Carmen Barrantes. Foto de Bruno Rascão.

¿Algún día te veremos detrás de las cámaras?

De momento no he sentido la llamada, de momento no, porque soy muy feliz interpretando. Dirigiendo he hecho pequeñas cosas en teatro, pero no controlo la parte de atrás del cine tanto como para ponerme a dirigir, podría ayudar a un director con la parte actoral, pero ponerme a dirigir me parece demasiado valiente. 

¿Dónde te podremos ver próximamente? 

En ‘Historias lamentables’ de Javier Fesser, ‘Las niñas’ de Pilar Palomero, ‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’, de Germán Roda y, para quien no la haya visto en Aragón TV, en la serie ‘El último show’ que ya está disponible en HBO.

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Uno de sus próximos estrenos, la docuficción ‘Marcelino, el mejor payaso del mundo’ junto al prota Pepe Viyuela. Audiovisual aragonés dirigido por Germán Roda.

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