“El cariño que recibo de la gente es motivador y me da ganas de seguir”

“El cariño que recibo de la gente es motivador y me da ganas de seguir”

Tiempo de lectura: 10 minutos

Desde que era un niño ha tenido el impulso, el instinto y la intuición de hacer reír. Con raíces en Tardienta (Huesca), Rafa Maza se inició en la carrera militar y estudió Historia, pero siempre tuvo el humor como objetivo y prioridad en su vida. El actor y cómico igual te presenta una gala, que te llena un teatro o te clava una interpretación en una pieza audiovisual, es un auténtico todoterreno. 

Su alter ego es Fabiolo, de quien dice haber aprendido mucho por el carácter alegre y desenfadado del personaje que él mismo creó. Aprovecha estos días de verano para “cargar pilas” en Tardienta, pero antes pasamos una tarde muy divertida, como es Rafa, charlando sobre la vida y su trayectoria en este nuevo Secuenciando a. Localización, el Parque Grande de Zaragoza, ciudad a la que volverá en octubre con su espectáculo más viral ‘Fabiolo Connection’.

Rafa, imagina que llega un marciano a la tierra, pongamos que es Gurb, el personaje de Eduardo Mendoza, y pregunta: ¿quién es Rafa Maza?

Empezaría por la palabra comediante y le diría que soy alguien que, de siempre, he sentido el instinto de hacer reír a los demás. Lo he mantenido hasta ahora, porque me sale como un impulso, y luego me he formado como actor. Pero de niño no pensaba en ser actor de películas, no quería ser Paul Newman o un actor dramático, me gustaba Chaplin, Jerry Lewis, los cómicos ingleses, los Monty Python, los cómicos del ‘Un, dos tres’, ‘Martes y trece’, La Codorniz, Jardiel Poncela, la tradición del humor absurdo en España. 

¿Qué soñabas ser cuando eras pequeño?

Como se me daba muy bien el ejercicio físico, la educación física –lo ganaba todo, las carreras, el atletismo–, tenía esa cosa de dedicarme al deporte. Pero mi padre es militar, ya jubilado, y lo veía como algo aventurero. Mi padre me dijo: “tienes que ser militar” y ahí tuve una crisis de identidad, porque me puse a estudiar después del instituto para la Academia General Militar, pero pensé “dónde me he metido”, porque nunca había perdido el deseo de querer hacer reír.

¿Dónde estudiaste?

Estudié dos años en Ronda, en Málaga, en un centro para hijos de militares. Pero después estudie letras, Historia. En segundo de BUP me di cuenta de que lo mío eran las letras y de que tenía sensibilidad poética, cuando una profesora quiso leer mi texto en literatura porque le pareció muy bonito. De hecho, cuando estudiaba en Ronda me llamaban el poeta. Tras decirle a mi padre que no quería ser militar, estudié Historia en Zaragoza, la acabé y me fui a Madrid a estudiar arte dramático

¿Te gustaba Historia o la estudiaste un poco forzado?

Me hubiera gustado estudiar Filología también, pero no quería perder el tiempo, quería irme a Madrid y pensé: “estudio el primer ciclo de Historia y me voy a Madrid”. Con Historia podía estudiar optativas como literatura del Siglo de Oro, cultura y mentalidades de la Edad Moderna, de la Edad Media, literatura grecolatina. Quería tener una base para irme a Madrid y me quería quitar esa espinita de las letras, así que me licencié en Historia.

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«Cuando llegué a la RESAD en Madrid me eché a llorar al pensar que lo había conseguido, que iba a estudiar lo que siempre quise hacer»

¿Cómo fue tu llegada a Madrid y a estudiar teatro?

Fue muy ilusionante, no me lo creía. Tenía 23 para 24 años, ya había estudiado Historia en Zaragoza, había hecho teatro universitario aquí, trabajado en eventos, hacía cumpleaños, comuniones, hacía malabares, me metí en el mundo del clown, había hecho campamentos de verano y tenía cierta formación. Al llegar a Madrid recuerdo ver esa curva donde está la escuela de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) y echarme a llorar, pensar que lo había conseguido y que iba a estudiar lo que siempre quise hacer. Tenía 24 años, no 18, pensaba que ya había llegado tarde y fue como volver al cole, porque las asignaturas eran divertidas, hacíamos acrobacias, expresión corporal, literatura dramática, mimo, interpretación…

Éramos muy poquitos, once en clase, y era un privilegio tener a tantos profesores y empezar a empaparme del teatro gestual. Terminando la RESAD me llamaron del Centro Dramático de Aragón para hacer ‘Las tres hermanas de Chejov’ y antes me habían becado para irme a estudiar en un proyecto europeo de actores, con el que pasé un verano maravilloso en Italia, en Francia y Portugal. En ese proyecto hicimos ‘El sueño de una noche de verano’ y me dirigió el actor italiano Carlo Cecchi. 

Al acabar la RESAD hice más cursos del actor ante la cámara, castings. En uno de ellos, la actriz Carmen Utrilla me dijo que yo servía para hacer de malo. También entonces comenzó ‘El Intermedio’ y me llamaron para hacer la voz de Jiménez Losantos. 

Uno de mis primeros pinitos en la tele fue en la serie ‘Hermanos y detectives’. Un día, en 2007, me desperté y vi en una página web que buscaban a un actor que hablara japonés. Les envié un audio presentándome en japonés (no lo habla, aunque con lo que escuchamos en la entrevista nosotras nos lo creeríamos). Me llaman y me dicen que están entre otro chico que había estado en Japón y yo, pero que yo hablaba muy fluido, así que me cogen y me dan un texto en japonés. Pido ayuda a un compañero de la RESAD y llego el primer día al rodaje con Assumpta Serna, cuyo personaje visitaba un colegio de niños superdotados, hablaba a un grupo de niños japoneses y yo era el traductor. Cuando le dije al director que en realidad no hablaba japonés, se quedó en blanco. Pero lo más surrealista es que los que hacían de japoneses eran chinos, a quienes conocía de Malasaña, ¡y ese capítulo salió! (ríe). 

Tras esa primera toma de contacto con la ficción televisiva, continué haciendo castings y cursos. Uno de ellos, con la Unión de Actores, con Susan Batson, que fue un antes y un después, porque la coach de actores me dijo que tenía que estar en un teatro actuando porque era muy bueno, y me busqué un teatro. 

¿Fue tu impulso para empezar?

Sí, porque con la crisis de 2008 yo hacía un espectáculo de malabares en la calle que triunfaba en Madrid. Me empecé a meter en teatro, decidí embarcarme más en el mundo de mis proyectos, ver que podía vivir de actuar, pero en el teatro, me busqué una persona que me llevara, comencé a ir ferias de teatro, me hice autónomo.

Creaste también tu propia compañía

A finales de 2012-2013 empecé a hacer el primer espectáculo con Fabiolo, me presento en la feria de Huesca y a los programadores vascos les encanta. Son los primeros que me empiezan a contratar, entro en la red del País vasco y me empiezan a llamar, a preguntarme por mi caché, y a cerrar fechas. A raíz de eso y de que siempre he actuado en Madrid con mis espectáculos, llevo ya tres producciones, empiezo a girar. 

Un paso importante fue presentar la gala del Festival de Cine de Fuentes de Ebro. Ahí me ve gente de ‘Oregón TV’, el director del certamen, José Antonio Aguilar, me trata con cariño especial y me anima a conocer gente y allí conozco al director José Manuel Herraiz (con quien ha trabajado en su último corto ‘Vuelve con mamá’ por el que ganó el Premio Simón del Cine Aragonés a mejor actor), entre otros. 

¿Qué supone para ti ‘Oregón TV’?

‘Oregón’ está siendo muy importante porque da muchas tablas a nivel de comedia en televisión y esa sección que tengo de piso compartido es un poco Friends para todos los públicos. El oficio de actor es un oficio artesanal y hay que estar. Decía Anthony Hopkins, que para mí es un referente en todo, que no hay proyecto al que un actor que comienza tenga que decir que no, hay que hacerlo todo porque es experiencia y no sabes dónde te va a llevar una cosa o la otra. Por eso me dijeron de hacer de jurado de ‘Jotalent’, y aunque de jota no sabía, dije sí.

«Fabiolo ha enseñado mucho a Rafa, con su actitud desenfadada y de aprender a ponerse en ridículo él primero»

Has creado un personaje muy icónico, Fabiolo, pero ¿de dónde surge? 

Fabiolo nace un poco en la calle. Yo estaba en ‘El Intermedio’, haciendo otras producciones con otras compañías y me iba al Retiro a entrenar, a correr, me llevaba mis pelotas de malabares, mis mazas, y conocí a un brasileño que hacía semáforos y también entrenaba en el Retiro con el monociclo. Un día lo acompañé a ayudarle a hacer semáforos y pensé en hacerlo también. Me puse a hacer malabares en un monociclo debajo de mi casa y con una hora allí vi que ya no tenía que trabajar de otras cosas. 

Un día me metí en un bazar y compré tres raquetas por siete euros cada una, para hacer malabares con las raquetas. Me vestí de tenista y me fui a la Caja Mágica, el primer año que abrió, a la final del Madrid Open, pero fue un caos de coches y pensé: “qué horror, a qué vengo yo aquí”. Al regresar a casa me llegó la canción ‘Estoy loco por el tenis’, que ponía Gomaespuma en su programa por las mañanas, y pensé en hacer el show con esa canción. 

Entonces me imaginé el personaje: años 70, Manolo Santana. Me fui a Malasaña, me compré un polo de segunda mano vintage azul celeste, unos pantalones, calcetines y me fui al Retiro con un radiocasete a pilas a interpretar la canción. Después me compré un aparato con micro y comenzó a salir ese personaje pijo (en 2009). 

Lo hago dos años, al tercero paro, me voy a Shanghái –a actuar en el pabellón de España en la Exposición Universal de 2010–, y cuando regreso en 2011 me dice un amigo que fuera a una fiesta de cumpleaños vestido de tenista. Ahí retomo el espectáculo en la calle y un tío que tenía una sala de teatro me dice que quería que estuviera en su sala. Al año siguiente nace el primer espectáculo ‘Tenis show’; después le pongo nombre al personaje, Fabiolo, y tras ver un anuncio de Loewe que decía ‘solo Loewe’, le pongo nombre al espectáculo, ‘Solo Fabiolo Gran Slam’. Lo estreno en el Teatro Alfil el 11 de junio de 2013; y antes ‘Tenis show’ se había estrenado el 27 de noviembre de 2012. Así, algo mío entra al escenario. 

¿Qué tienes de Fabiolo y qué tiene Fabiolo de ti?

Ahora ya tiene mucho. Creo que Fabilo ha enseñado mucho a Rafa, destacaría su carácter de vivir la vida con alegría, con actitud desenfadada, de bufón, de clown, de aprender a ponerse en ridículo él primero y luego poner en ridículo a los demás. El escritor, director y guionista Ray Loriga me dijo que funcionaba porque yo era el primero en ponerme en ridículo con los gestos, la vestimenta, y luego podía ridiculizar a los demás, y que los chistes tienen que caer de pie y los míos lo hacían.   

Siempre has estado vinculado al humor, casi podríamos decir que estabas destinado a ello, pero ¿es lo más difícil, hacer reír a la gente?

Sí, pero como he tenido ese impulso desde niño, cada vez me lo creo más, desde la humildad y desde ese carácter aragonés de no presumir de lo que no eres, pero siempre me han dicho que me lo tenía que creer más. 

¿Lo tuyo es pura pasión por el teatro y los escenarios?

Sí, sin duda. Solamente lo que es el edificio, un teatro, ver el escenario y el patio de butacas ya me generaba de niño una fascinación, quería estar ahí. Y sin embargo, no era una persona que quisiera mostrarse o que fuera súper extrovertido; de hecho me echaban para atrás los actores muy extrovertidos. 

Si no estuvieras subido en un escenario, ¿a qué te estarías dedicando?

A esto. Volvería a salir a la calle, he aprendido muchísimo en la calle. He aprendido qué es un teatro, porque a veces en la calle uno tiene que generar la experiencia teatral, y si no tenía un escenario, me lo inventaba y seguro que me lo volvería a inventar. De hecho, fue lo que pasó en la pandemia. Nos encerraron en casa, tenía actuaciones cerradas que se cayeron y ¿qué hice? Vídeos, y ese fue mi escenario y lo hice inconscientemente. Había que asumir que no podría subir al escenario y empecé a darle a la creatividad, y soy conocido por los vídeos de la pandemia. 

Eres un gran imitador, pero ¿imitador se nace o se hace?

Aristóteles dice que el principio del aprendizaje es la mímesis, imitar, que los niños empiezan no aprendiendo, sino imitando. Yo en el colegio, sin querer, imitaba a los profesores, de escucharles me salía solo. Y me gustaba eso. A veces envidio a un Carlos Latre que se lo prepara bien; a mí me sale espontáneo y me cuesta. ¿Qué pasaría si me lo preparara un poco más? El acento africano (lo imita, como ejemplo) fue un ejercicio de la RESAD, porque quería hacer la historia de un africano que llega en patera y me fui a Lavapiés y solo así de escuchar cogí el acento de Senegal.

«Es un privilegio trabajar desde, por y para mi tierra, Aragón, pero que también sirva como impulso»

Te hemos visto recientemente en el corto aragonés ‘Vuelve con mamá’ y en distintos trabajos en Aragón, ¿qué supone para ti trabajar en tu tierra, cuando estás triunfando en toda España?

Es que hay que empezar por ahí, por trabajar en tu tierra. No solo me siento afortunado, sino que es un privilegio trabajar desde, por y para mi tierra, pero que también sirva como impulso. Porque nunca me fui de aquí, nunca me llegué a ir del todo. Siempre he tenido ese vínculo y he podido vivir en Madrid porque he trabajado en Aragón, porque me han salido actuaciones en pueblos en verano y me ha dado dinero para seguir viviendo en Madrid. Ahora creo que Aragón está siendo el motor de hacer cosas, tanto en televisión, en el teatro, ahora estaré en el Pilar los diez días en las Esquinas (con ‘Fabiolo Connection Match to the future’). 

Tengo dos ciudades talismán: una es Zaragoza y la otra es San Sebastián, donde siempre trabajo. También Teruel, con el Desafío Buñuel; Huesca y Sevilla. 

¿Qué te satisface más de tu trabajo? 

Lo más estimulante ha ido evolucionando con cada año, pero ahora el cariño que recibo de la gente me resulta supermotivador, estimulante y me da ganas de seguir, de esa cosa de creérmelo un poco más, eso me ayuda. Igual es porque lo intento hacer desde la naturalidad o desde la buena voluntad de hacer un vídeo gracioso y que luego la gente te agradezca que les hagas reír…

¿Quiénes son tus favoritos del audiovisual aragonés?

Me gusta mucho Paula Ortiz, con la que tuve la suerte de coincidir en un campamento de teatro en verano con 18 años; con José Manuel Herraiz queremos hacer algo más; José Delgado me llamó para ver si hacíamos esa película de Fabiolo tipo Torrente; me gustaría conocer más a Ignacio Lasierra, me gustaría trabajar con él; también con Alex Rodrigo, con quien estuve en el Festival de Huesca y que se llevó buena sensación mía de la serie ‘El último show’; con Carlos Val; me gustaría conocer a Pilar Palomero. Del audiovisual aragonés destacaría la iniciativa ‘Desafío Buñuel’, que es para mí una experiencia muy bonita, inmersiva, es vivir el cine, una fiesta, y allí tuve al suerte de conocer a Verónica Forqué y a otros actores. 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Ahora descansar, que tiene narices que sea un proyecto; también el espectáculo de Fabiolo Connection; nuevos retos en televisión; y me gustaría, sería un sueño, hacer ‘Fabiolo, la película’, pero también que confiaran en mí para un proyecto o película, una sorpresa con un papel en una peli guay, me encantaría llevarme esa sorpresa.

¿Y te pasarías al drama más profundo si fuera el caso?

Claro, sí. Lo difícil es hacer reír y Carmen Utrilla ya me dijo que yo valía para hacer de malo (ríe). 

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“Cuando hay proyectos en Aragón vengo con el doble de ganas porque es hacer lo que me gusta y en casa”

“Cuando hay proyectos en Aragón vengo con el doble de ganas porque es hacer lo que me gusta y en casa”

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Rubén Martinéz, actor guapo, actor aragonés, cine aragonés, cine español, personajes élite, élite, padre esther expósito élite

El actor zaragozano Rubén Martínez estaba destinado a ser una estrella, aunque de pequeño se resistiera a interpretar ese papel en una función navideña de la escuela (sííí, luego os explicamos). El interprete dejó su trabajo como profesor para apostar por la actuación y afirma que, en este tiempo, ha sido como una hormiguita, un incansable trabajador que ha logrado crecer en su carrera

‘Élite’, ‘Antidisturbios’, ‘El último show’, ‘Planeta 5000’, ‘Nosotros’, ‘Grupo 2: Homicidios’. Su nombre forma parte de un sinfín de obras en televisión, teatro y cine. Firme defensor de sus personajes y de dar lo mejor de sí mismo en cada papel, es también coach de actores. Amable, paciente y divertido (es un amor, eso es así), nos transmite su pasión por la profesión mientras paseamos junto a la ribera del Ebro, y convertimos nuestra charla en esta entrevista sobre su vocación como actor y su trayectoria profesional. 

¿Cómo surgió tu vocación, ya de pequeño querías ser actor?

Surge de cuando iba al cine, cuando hacía teatro en el colegio, el típico festival de Navidad, y veía que era algo que me gustaba, me lo pasaba bien, me despertaba curiosidad, y de alguna manera siempre que había oportunidad me apuntaba. 

Recuerdo en el colegio que, en el festival de Navidad, me tocó hacer de pastorcillo 3. Mi madre me preguntó si en la función hablaría y cuando fui al reparto de personajes, como era rubito, me dijeron que iba a ser la estrella. Yo me imaginaba que iba a estar toda la función de medio lado encima del portal y decía: “¿pero la estrella habla?” y me decían “no, la estrella no habla, pero es la protagonista”. Entonces les dije que no quería ser la estrella y las monitoras flipaban porque la estrella de Belén es a quien todos buscaban, pero yo pensaba “si no habla, no quiero” y pensaba en la bronca que me echaría mi madre si venía a verme y se quedaba en los ensayos y luego no abría la boca en la función. 

Me ofrecieron ser pastorcillo y me acuerdo que me dieron un papelito mecanografiado y mi texto era: ‘queremos que nos ayudes a buscar la estrella’. Nos dijeron que teníamos que hablar claro y alto para que nos entendiera el público en el salón de actos. 

Llegó el día de la función, me tocaba salir y, milagrosamente, había un micrófono aquel día; yo me quedé con que había que hablar alto y claro y dije: “¡¡QUEREMOS QUE NOS AYUDES A BUSCAR LA ESTRELLA!!” (gritando). Creo que mi madre debió de pensar: “para qué le diría yo que hablara”. Reventé el tímpano de todos los asistentes y me quedé a gusto pensando que se me había oído. Y vaya si se me oyó (ríe). 

Eras profesor, pero ¿cuándo decides dar ese cambio, irte a Madrid y apostar por la actuación?

Me había dedicado a nadar, una actividad que requiere mucho tiempo y dedicación, y cuando me retiro de nadar tengo tiempo y digo, ahora voy a ser actor. Empecé en un grupo de teatro universitario que se llamaba ACME Teatro, que lo dirigía María Ángeles Pueo, actual directora de Teatro Che y Moche. 

Acabé magisterio de educación física, era también entrenador de natación y durante un momento compaginaba el trabajo de educación física con el teatro, de una manera amateur, pero veía que me servía para jugar, para divertirme, para evadirme y seguir aprendiendo. 

En clase tenía que poner yo las actividades, corregir, pero en el teatro era abandonarte y decir qué hay que hacer. Me lo pasaba bien, disfrutaba y llegó un momento que sentía que quería profundizar más en la interpretación y me dije “date la oportunidad” porque veía que pasaba el último tren y era “o coge y súbete o lo pierdes”. Decidí correr y hasta el día de hoy; me fui para un año a Madrid y van a ser ya veinte años. 

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«He sido una hormiguita que ha ido subiendo escalones; sentía que iba siempre en camino ascendente, que cada trabajo sumaba y aportaba»

En Madrid seguiste formándote 

Allí estuve en la escuela de interpretación de Antonio Malonda, en Bululu2120, y luego he complementado mi formación con cursos, con canto, con danza, y también aprendes mucho trabajando. 

¿Cuándo comienzas a trabajar como profesional?

En teatro empecé haciendo alguna cosa aquí en Zaragoza y como de alguna manera en ese momento yo me estaba ganando la vida con otro trabajo, no era mi prioridad. Para mí, la mayor de las recompensas era actuar, aunque luego llega un momento en que dices “esta es mi apuesta profesional”, pero al principio no lo consideraba ni trabajo, era un placer pagado, una maravilla. 

¿Qué recuerdas de aquella etapa?

La historia era que era llegar a Madrid y comenzar a construir desde un solar enorme, porque no conoces a nadie, nadie te conoce, no sabes por dónde empezar. Y ahora echo la vista atrás y pienso en todo lo que he conseguido, sin pegar un petardazo, ni hacer una carrera explosiva, pero en veinte años he sido una hormiguita que ha ido subiendo escalones, que ha ido consiguiendo logros pequeños, pero firmes; sentía que iba siempre en camino ascendente, que cada trabajo sumaba y aportaba y que de un trabajo salía otro. 

Y ahora soy consciente y me pregunto: “¿a día de hoy tendrías fuerza para empezar algo así como en aquel momento?” y piensas “no lo se”. Pero no me ha parecido que haya sido costoso ni duro, echo la vista atrás y me fui con nada, sin conocer a nadie ni tener ningún contacto y no me puedo quejar porque no he parado de trabajar en teatro, cine, televisión, ahora también como coach. Qué suerte, qué afortunado soy que sigo aprendiendo y sigo creciendo y estoy muy contento. 

Si no fueras actor, ¿qué serías ahora? 

Seguramente seguiría siendo profesor. 

¿Te lo has planteado alguna vez?

Estaba en un colegio dando clases y en una piscina, y si tuviera que volver a la enseñanza creo que lo llevaría bien porque me gusta. Pero después de haber estado veinte años como actor y dedicado también a la enseñanza, pero más enfocada en el tema de la interpretación, después de probarlo sería como más duro. Pero no me importaría volver, me encanta, prefiero ser actor, pero si tuviera que volver no sería una tortura. 

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«‘Grupo 2: Homicidios’ fue un master en el audiovisual, aprendimos mucho y tengo un buen recuerdo»

¿Cuál crees que fue el proyecto que te dio esa oportunidad en el mundo del audiovisual? 

He ido sumando pequeños trabajos, cortometrajes, en televisión, pero ‘Grupo 2: Homicidios’ fue como el master que hice de audiovisual, porque poder estar siete capítulos coprotagonizando con Jorge Usón, y aprendiendo mucho de Jorge, haciéndote con la parte externa de la interpretación en el audiovisual, que hay que tener en cuenta cámaras, focos, marcas, y fue tan intensivo y tan gratificante. 

Aprendimos mucho y fue de una manera divertida, relajada y tengo un buen recuerdo. Ese fue un máster y siento que en los trabajos que he hecho después esa experiencia está ahí. Me pesa a favor, es una mochila cargada de buenas herramientas. 

Te hemos visto en cine, en televisión y en teatro, ¿qué te aporta cada uno? 

Me encantan los tres medios, tienen sus matices. El teatro es la magia del directo, el riesgo, la adrenalina del pase lo que pase hay que seguir y esto ni se tiene que notar ni se puede parar y es maravilloso, además del contacto con el público, porque hay un diálogo evidente, aunque no hables directamente con el público, lo sientes, lo percibes y compartes la función con ellos. 

Eso en audiovisual no lo puedes sentir, en el teatro sí, y es mágico y precioso. En audiovisual, la tele requiere de una inmediatez y un tiempo y eso también te permite ser ágil y tienes el reto de hacer creíble algo que no es nada creíble.

El cine te permite construir de una manera más profunda, que los personajes tengan capas, darle más tiempo al proceso de creación del personaje, al trabajo con el director. Es el que menos tengo trabajado como actor a día de hoy, pero cuando me ha tocado hacer algo me ha gustado mucho. 

¿Cómo construyes tus personajes? 

Me gusta mucho investigar los entornos. En ‘Grupo 2’ tuve la suerte de poder tomar un café cada capítulo con el personaje real que interpretaba, y eso era maravilloso. Otras veces desde lo corporal, ves personajes que tienen una actitud, o el vestuario ayuda mucho y te coloca. Aprovechar los elementos de caracterización, vestuario, peluquería, maquillaje, arte. Porque de repente arte te pone un vestidor lleno de relojes y de trajes y ya no tienes que apretar en la interpretación porque lo cuenta el entorno. 

Observando mucho, en la calle hay unos personajes maravillosos. Me encanta observar porque sacas cosas y matices de personajes y te los quedas. A veces también me gusta hacer un homenaje a personas de mi entorno a través de un personaje. Por ejemplo, mi trabajo de fin de carrera en la escuela, que era ‘El enfermo imaginario’ y yo interpretaba a Argan, era un homenaje a mi abuela Emiliana, que era la mejor enferma imaginaria que te podías encontrar, porque siempre estaba mala y se iba a morir, y se murió a los cien años. 

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«Construyo a los personajes para que no haya un juicio desde el actor, que sea el espectador el que los etiquete o valore»

¿Recuerdas algún personaje especialmente? 

Cuando me confirmaron el personaje de ‘Élite’ le dije a mi madre: “mamá, voy a tener una vida que nunca he tenido y nunca tendré”. De repente era decir qué guay jugar a ser rico, que es algo que yo no busco porque no creo que la riqueza me vaya a dar la felicidad, pero jugar a ser rico, a tener poder y ser malo, poderte permitir tener licencia para hacer maldad. Además, me encanta no juzgar a los personajes, sino defenderlos a tope, y para mí Teo en ‘Élite’ no es malo. Se por qué hace las cosas, y construyo para que no haya un juicio desde el actor, que sea el espectador el que le de una etiqueta o lo valore, pero personaje que haga siempre lo voy a defender a muerte y le voy a dar dignidad. 

Me gustó mucho ponerme en el lugar de Teo porque era divertido. Y también me está ayudando en mi carrera, para posicionarte en la profesión, como una referencia, que no eres ni mejor ni peor actor, pero de cara al escaparate estar en una serie que ha sido de las más vistas a nivel mundial en su estreno, un productor que no te conoce ya te coloca en un sitio que le das confianza. Sin ser ni mejor ni peor actor que antes, pero te ayuda de cara a la profesión. 

¿Cómo es el trabajo en una serie como ‘Élite’?

Pues está muy cuidado en todos los aspectos, a nivel de foto, vestuario, arte, peluquería, maquillaje, guion, y sientes que estás muy protegido, trabajas de manera muy relajada, trabajas con varios directores, entre todos vas sumando cosas y construyendo el personaje y ha sido una experiencia muy agradable. 

Tuve la suerte en la primera temporada de trabajar con Ramón Salazar, que es un excelente director de actores, y el primer día en el set de rodaje estábamos la familia y dijo una frase que me ayudó a colocar al personaje: “me encanta esta familia porque sois perfectos por fuera y estáis podridos por dentro”, y con eso ya sabía que es todo fachada, apariencia y aunque por dentro sienta que hay cosas que huelen mal, no tienen que salir, no se tienen que notar. Los buenos directores con poquitas palabras te abren un mundo como actor y te dirigen. Ha sido un gustazo poder trabajar con muchos directores en ‘Élite’ y con Ramón empezar a construir a Teo. 

Es muy importante la dirección de actores

Muy importante. Un buen director puede salvar a un mal actor y un buen actor puede salvar una mala dirección. Cuando esas dos cosas son buenas, la magia se da y el resultado es evidente. Cuando a un director le encanta trabajar con actores, le encanta escucharlos y crea un clima de confianza en el proyecto. 

En eso recuerdo a Rodrigo Sorogoyen. Yo tenía una secuencia pequeñita en ‘Antidisturbios’, tuvimos un día de ensayo con él y con los compañeros y allí miraba a mi alrededor y pensaba “aquí hay más Goyas que en el Prado”. Rodrigo escucha a los actores, no le importa cambiar el guion, tachar, corregir, poner notas nuevas, cambiar las líneas de orden cuando ve que suma a la historia, a lo que quiere contar. Si el actor le vende la propuesta y él la entiende y cree que aporta, no tiene ningún problema en ajustarla, no va a considerar que es una debilidad del director. Eso sí, una vez trabajado, hablado, dado forma y todos de acuerdo, el día del rodaje no nos ponemos creativos. Y el día del rodaje ya teníamos todos los deberes muy bien hechos, sabíamos lo que quería transmitir y contar, sabíamos cómo teníamos que intervenir, él operaba cámara en mano. Todo el mundo tiene claro lo que tiene que hacer y por qué lo hace y es genial. 

«No entiendo el trabajo del actor como un sufrimiento, tiene que ser siempre como un juego»

Deseas hacer un papel dramático, algo que todavía no hayas hecho, ¿qué te gustaría? 

Me gustaría un personaje que tuviera una referencia en un momento histórico concreto por hacer el trabajo también de documentarme; Edad Media, Guerra Civil, Guerra Mundial. Estos regalos como actor que tienes que hacer tus deberes, documentarte, leer, y que haya una carga emocional interesante, que al personaje le pasen cosas, que haya conflicto, sufrimiento, aunque me encanta la comedia. 

María Ángeles Pueo me dijo que con esta cara no iba a hacer drama en mi vida y ahora lo que no hago es comedia, ¡será posible! (ríe). 

Me apetece hacer como comedia en teatro y en audiovisual algo muy potente, un poco lo que hice en el corto ‘Nosotros’ (dirigido por Silvia Pradas), pero poder disfrutar ese trabajo más tiempo, porque lo rodamos en un fin de semana a tope y fue como muy duro. 

Me gustaría hacer un trabajo con profundidad, con peso, porque además creo que bajaría a los infiernos y lo trataría de hacer de una manera saludable. No entiendo el trabajo del actor como un sufrimiento, tiene que ser siempre como un juego porque si no puede ser muy peligroso, se te puede ir la pinza. 

¿Cuál ha sido tu último trabajo?

El último fue en julio, en ‘Desaparecidos’. Era un personaje pequeño, hacía de sospechoso y tenía dos escenas. Fui dos días, tenía una secuencia cada día y eran dos interrogatorios, pero tuve la suerte de trabajar con una directora maravillosa, Begoña Álvarez Rojas. A veces es muy difícil que en tele se dedique tiempo al actor y ella lo hacía, siempre apoyando, te decía anotaciones para ir afinando la interpretación. Un poco como yo hacía con Miguel Ángel Tirado (Marianico el Corto) en ‘El último show’, donde yo era coach. Cuando ya lo teníamos me acercaba, le decía que ya lo teníamos y que íbamos a por el doble tirabuzón. 

Cuando ves que el actor ya está tranquilo porque está a lo que el director quiere, se puede seguir arriesgando, jugando y por eso disfruté mucho también. El trabajo con el actor Chani Martín (en ‘Desaparecidos’) también fue muy guay y lo rodamos en una hora, pero fue una sensación muy bonita. 

No hay personaje pequeño, a veces vas a una serie y haces dos secuencias, pero las disfrutas y luego luce el trabajo en pantalla. 

¿En qué momento de tu carrera surge tu trabajo como coach de actores?

De una manera natural, en Madrid ayudaba a compañeros a preparar pruebas de casting y me decían que se me daba muy bien, pero no le daba valor. 

Pilar (Palomero) empieza ‘Las Niñas’ y aunque siempre se dice “no trabajes con animales, ni con niños”, pues ella en su primera película como directora novel se mete con un reparto de niñas. Se acordó de mí y me dijo si me gustaría ayudarla con la interpretación de las niñas. Por varios factores: porque yo era profe, había conocido la Zaragoza del año 92, había estudiado en un colegio de curas, donde éramos todo niños, y ella y yo nos conocíamos de hace tiempo. 

Me lo dijo y me pareció fascinante. Estuve de coach y mientras hacía el rodaje de la película hice casting para la serie ‘El último show’, con Alex Rodrigo, que fue muy divertido, me cogieron y vieron que haría falta un coach también y me ofrecieron esa doble función

De una manera natural he ido enlazando lo que mis amigos decían y yo de alguna manera no les creía, parece que era una posibilidad que se está dando. 

¿Cuál es tu método para trabajar como coach? 

Como coach me gusta trabajar siempre con el director, porque mi labor es ser el canal de comunicación entre director y actor. Primero tengo que saber qué quiere el director y después ayudar al actor a conseguir lo que el director necesita. Si como coach trabajo solo con el actor, vamos al set y el director dice que eso no es lo que quiere habría mareado al actor y hecho una propuesta de dirección cuando no es mi película. 

Me gusta trabajar bien con el director y cuando me transmite qué quiere de los personajes, del tono de la interpretación, voy a ayudar al actor a conseguir eso. Es como un acompañamiento del actor, pero teniendo muy claro que no es lo que yo considero como director, sino lo que el director necesita y qué herramientas te doy para conseguir llegar a lo que pide.

Si es naturalidad, si es energía, el estado emocional que necesite el personaje, si tienes problemas para memorizar el texto qué consejos te puedo dar, si tienes problemas porque el texto te canta cómo lo podemos matar de ritmo y darle naturalidad. Darles herramientas que les ayuden.

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¿Cómo ves el panorama audiovisual aragonés? 

Afortunadamente en los últimos años hay un antes y un después aquí en Aragón, creo que se están haciendo las cosas muy bien. Vamos a echar mucho de menos a Jaime Fontán (jefe de producción de Aragón TV), que ha hecho mucho por el audiovisual aragonés, y cada trabajo y éxito de estos años estaba esa firma discreta de Jaime, porque era un hombre de una discreción maravillosa y que siempre estaba dispuesto a escuchar a todo el mundo.

Espero que se siga en esa línea, en apostar por darle cabida a todo el mundo, por apoyar los trabajos y hacer que el talento que hay en la tierra sea mejor, más visible y que sigamos creyendo en lo que tenemos en casa porque es muy grande, tanto a nivel técnico como artístico. 

Los últimos años han sido muy buenos y hay que seguir apostando. Y esto también lo dice la industria, tenemos directoras como Paula Ortiz, Nata Moreno, Pilar Palomero, Elena Cid o Silvia Pradas que están teniendo repercusión con sus trabajos a nivel nacional. En Aragón hay unas directoras estupendas. 

Eres un actor de trayectoria nacional, pero cuando puedes vienes a trabajar a Aragón. ¿Te sientes profeta en tu tierra y sientes ese cariño de los aragoneses? 

Me siento muy querido y es una suerte, me siento privilegiado porque podría haber gente que piensa que reniegas de tu tierra porque te vas, pero no, no es eso. Es seguir aprendiendo, creciendo como actor, pero se de dónde vengo y tengo claro a dónde quiero volver siempre que me necesiten. Cuando la agenda lo permite, cuando hay proyectos interesantes que se hacen aquí en casa yo vengo con el doble de satisfacción y de ganas, porque es hacer algo que te gusta y, encima, en casa.

 

¿Dónde te podremos ver próximamente? 

El mes que viene se estrena ‘Historias para no dormir’ (Amazon Prime Video) y tengo una pequeña participación en el capítulo ‘El asfalto’, que ha dirigido Paula Ortiz. También la segunda temporada de ‘Desaparecidos’ (Amazon Prime Video) irá en breve y en ‘Fuerzas de paz’ (TVE), que es lo último que he hecho en julio. Y hay un proyecto dentro de poco, después de la pandemia vamos retomando el ritmo, y este proyecto para los próximos meses me apetece mucho. 

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Sin ti no soy nada

Sin ti no soy nada

Tiempo de lectura: 10 minutos

 

¿Os habéis preguntado alguna vez qué sería del cine, la televisión o el teatro sin el vestuario que caracteriza a los personajes o las canciones que nos cuentan sus historias? Imaginemos la oscarizada Titanic sin ‘My heart will go on’, y dediquemos otro momento a pensar que Jack sí que cabía en esa tabla y que Rose igual se pasó un poco no dejándolo subir. O, en esta misma cinta, que los personajes no vistieran con trajes de la época y los hubiéramos visto en su viaje en el transatlántico con las mismas galas que utilizamos nosotros para bajar a la playa o la piscina en verano. No sería lo mismo, ¿verdad? 

Seguramente sin el trabajo de los responsables de vestuario, con Deborah Lynn a la cabeza, y de los autores de la canción original, James Horner y Will Jennings, nuestro corazón no seguiría latiendo al ver el taquillazo de James Cameron. Porque los detalles importan y son elemento fundamental para captar nuestra atención y meternos en la piel de los personajes y en su historia

Carlos Naya explicando a ‘Las Niñas’ que la canción original no será al ritmo de Chimo Bayo. Celia (Andrea Fandos) memoriza la letra enseguida, mientras el coach Rubén Martínez analiza cómo sumarse al coro en esa escena. (Foto: Carlos Naya)

Por ello, nos hemos conmovido al escuchar la canción ‘Lunas de papel’, de Carlos Naya, en la película ‘Las Niñas’, de Pilar Palomero, y nos hemos metido de lleno en la historia y en nuestros recuerdos gracias al trabajo en vestuario de Arantxa Ezquerro. Ambos nos ayudan a viajar a los 90 y a sentir, de nuevo, cómo es el paso que todos hacemos de nuestra niñez a la juventud, un trabajo que les ha valido a ambos la nominación en sus respectivas categorías en la próxima edición de los premios Goya, que tendrá lugar el próximo 6 de marzo. 

Una gala en la que ‘Las Niñas’ tendrá la oportunidad de arrasar en nueve categorías: mejor película; dirección novel y guión original, con la zaragozana Pilar Palomero; mejor actriz de reparto, con Natalia de Molina; dirección de fotografía, con Daniela Cajías; montaje, con Sonia Escudé; dirección artística, con Mónica Bernuy; y en canción original y diseño de vestuario, con los aragoneses Carlos Naya y Arantxa Ezquerro con quienes hemos hecho ‘match’ para conocer mejor sus trabajos. 

UN CHISPAZO 

Arantxa Ezquerro se incorporó a ‘Las Niñas’ gracias a la recomendación de uno de los productores de BTeam Pictures y por el boca oído que llevó su nombre hasta Pilar Palomero. “Nos pusieron en contacto, tomamos un primer café en Zaragoza y el chispazo fue al momento”, recuerda Arantxa. Amor a primera vista acompañado por las risas que ambas se echaron recordando cómo fueron sus (y nuestros) 90, ya sabéis: hombreras, cinturones con margaritas y corazones en la hebilla, todo bien de colorinchi… A esta primera cita tan prometedora le siguió la lectura del guión y “me atrapó, porque hay una parte de mí en ese proyecto, cuenta cosas que he vivido”, asegura a Secuenciadas. 

Arantxa Ezquerro y Pilar Palomero en un momento del rodaje, comprobando cómo quedan en cámara los uniformes del cole de monjas. (Foto: Jorge Fuembuena)

De este modo quedó enganchada por la historia, pero había que ir a lo concreto, ver cómo era la gente en 1992 y tener en cuenta que la peli presentaba un colegio de monjas, con las alumnas con uniforme, lo que a priori podría parecer que simplificaba la labor de vestuario, pero no, amigos. 

“Es un reto porque para demostrar la personalidad de cada niña solo tenía complementos o la peluquería y la paleta de colores”, aunque Pilar y la directora de fotografía “tenían muy claras algunas cosas” y fueron completando esas ideas investigando con fotografías de sus familias y amigos en aquella época y con documentales de TVE. “Fue divertido y escandaloso, porque te das cuenta de que te has hecho mayor y te acuerdas perfectamente de ese año, de las olimpiadas, de tus amigas, del verano y las fiestas”, relata, señalando que tiene recuerdos maravillosos, siendo “muy feliz”.

La forma de vestir no era la misma entonces en Zaragoza que en San Sebastián o en un pueblo de La Rioja, aunque ahora en este mundo globalizado no nos demos cuenta. Así que fueron seleccionando vestuarios y probando cosas, algunas funcionaron en cámara y otras no: “en pruebas de cámara vimos que el tamaño de las perlas que llevaban las niñas cogía mucho protagonismo y brillaban mucho”, afirma.  

Ven conmigo, Mary, que te voy a dejar look 90 casual. Arantxa trabajando concentrada con los complementos. (Foto: Jorge Fuembuena)

FASCINACIÓN EN ESTAMPADOS Y A COLOR 

Los 90 fueron una época de estampados y mezcla de colores, aunque Arantxa, con espíritu deportista, vestía mucha ropa deportiva y se quedaba alucinada cuando veía a su vecina ultragótica o a la ultrapija. Esa fascinación por el vestuario le llevó a querer estudiar moda, pero su madre se negó. De este modo, se decantó por el cine y el audiovisual y en cada proyecto de clase se dedicaba con pasión a la parte artística, dando paso a una carrera que le llevó a trabajar en producción, realización y, cuando le salió la oportunidad, a diseño de vestuario, una labor en la que trabaja con un equipo integrado por otras tres personas.  

Oye, ¿pero en qué consiste este trabajo? Arantxa nos lo explica: “lo primero es conocer lo que quiere el director; lo segundo, la documentación es fundamental para saber qué vas a contar”. Ella trabaja con paneles de referencia, nos la imaginamos en plan Grissom con la pizarra investigando un asesinato, pero en realidad son fotografías de la época que tenga que recrear y, luego, crea los figurines, los dibujos concretos de los personajes vestidos. Después solo queda lograr lo que se ha propuesto y, para ello, pelearse con el presupuesto, que suele ser ajustado, y las tallas para materializarlo. En ‘Las Niñas’ hay vestuario de segunda mano, cedido por el proyecto Arropados de Cáritas, otra parte de alquiler y mucho de cosecha propia. 

No penséis que una vez que se consigue todo eso es coser y cantar. “La última semana de preparación se hacen las pruebas de figuración y en cámara”. Arantxa es meticulosa e hizo desfilar a toda la figuración para probar sus trajes, pero ella y la responsable de peluquería, Carmen Arbués, crearon tan buen rollo que todos acabaron encantados. No obstante, todo el proceso es “como una yincana” con el tiempo y el presupuesto como principales obstáculos a sortear, pero no los únicos. 

Recordamos que las perlas quedaban demasiado vistosas en pantalla, pero a tres días de comenzar a rodar se dieron cuenta de que las camisas de los uniformes de las niñas hacían demasiado ruido con el movimiento y se notaba en el audio. “Tuvimos que buscar corriendo otras camisas para ver si sonaban o no, como locas por el Corte Inglés mirando camisas”, afirma entre risas, agregando que, además, como en la peli no hay blancos puros, sino colores rotos, después de comprarlas había que teñirlas y las horas escaseaban. Pero esto “no son dificultades, son cosas de la vida”. 

Y cuando acaba el rodaje, ¿qué pasa con el vestuario? Pues la mayor parte de las veces se lo queda la productora o, si es alquilado, se devuelve; también algunas piezas se usan como recuerdo para los actores; otros protagonistas piden por contrato poder quedarse con algo; pueden destinarse a regalos o subastarlo en mercadillos para recuperar algún fondo. 

LUNAS DE PAPEL 

Como decíamos al principio al ritmo de Celine Dion, la canción original es otro elemento esencial para cualquier proyecto audiovisual. En ‘Las Niñas’ la firma el profesor de sonido Carlos Naya, quien acompaña a Celia, la protagonista, en su principal momento emocional con el tema ‘Lunas de papel’. 

Este apasionado por la música, también realizador, mantiene amistad con Pilar Palomero desde sus años mozos, mucho antes de dedicarse al audiovisual. “Siempre compartimos proyectos que tenemos en mente, guiones, ideas, y ‘Las Niñas’ lo he seguido desde casi el comienzo, desde las primeras versiones de guión en 2017”, relata a Secuenciadas. El cambio del terreno de la amistad al profesional se produjo cuando una amiga en común le hizo llegar a Pilar Palomero una canción compuesta por Carlos. “La escuchó, algo le hizo click y me llamó para pedirme la canción de la peli. Como ya sabía a qué momento se refería, le dije que sí”, detalla. 

Carlos Naya en el estudio, durante la grabación con el coro Amici Musicae, alucinando al escuchar ‘Lunas de papel’

En un primer encuentro acordaron cómo sería la canción o, más bien, cómo no sería: nada de un tema religioso, aunque el contexto fuera un colegio de monjas; ni nada naif; un piano, un coro, algo sencillo, que fuera hermoso y bonito, que transmitiera la carga emocional del personaje. ¡Pues no pides nada, Pilar! “Desde ese punto me puse a componer y fue bastante rápido, las ideas gustaron y fue fluida la cosa”, manifiesta. 

Respecto al título y la letra de la canción, ‘Lunas de papel’, utiliza conceptos que se contraponen entre sí, porque la propia película está llena de esos contrastes, ya que el personaje de Celia se mueve entre la niñez y la adolescencia, vemos la vulnerabilidad y el empoderamiento en su madre, preocupación y esperanza en cómo Celia contempla su situación familiar. “Intenté evocar estos contrastes, la esperanza, el paraíso perdido de la infancia”, algunas veces desde el subconsciente y los recuerdos de su propia infancia, cuando era niño y pasaba a jugar con unas vecinas que cuidaban de Carlos y su hermano Ignacio. 

“Una se llamaba Chelo y en su cuarto tenía pegatinas de lunas y estrellas en el techo, fosforescentes, y al apagar la luz se veía una noche estrellada”, algo de esa dulzura se transmite en el tema principal de la película, pero sin que la letra tenga que ser explícita, sino evocativa, ya que su objetivo era crear ese contexto para la imagen en la que vemos a Celia, su cara, su mirada y el cambio que se produce en ella. “Tenía que acompañar y emocionalmente potenciar ese momento”. Las voces corresponden al coro zaragozano Amici Musicae, dirigido por Isabel Soriano, y al piano está el propio Carlos Naya que con ‘Las Niñas’ está viviendo “un sueño por formar parte del equipo humano que ha hecho está película. Es un orgullo, un episodio de mi vida que voy a recordar con mucho cariño”. 

Carlos le cuenta a Isabel Soriano aquella vez en la que subió al Moncayo y cantó ‘To the moon and back’ bajo las estrellas.

PACO, VEN A CASA

Por sus espléndidos trabajos ambos han sido nominados a los premios Goya. Arantxa se enteró de su nominación a través de un mensaje de WhatsApp de una compañera y asegura que le dio “vértigo”, pero sobre todo “una alegría brutal” y desde ese momento ha recibido innumerables muestras de cariño. 

Las mismas que están llegando a Carlos Naya, quien también está nominado a los Gaudí y que el día en que se anunciaron los candidatos a los Goya tenía que trabajar cuatro horas seguidas dando clase y, cuando su móvil comenzó a vibrar como un loco decidió ponerlo en modo avión para verlo en su descanso. “Justo un poco antes un alumno que estaba metido en redes me dijo que me habían nominado y fue un momento muy bonito porque la clase se puso a aplaudir”, asegura. Solo de pensarlo nosotras ya nos emocionamos, Carlos. A este momento le siguió “un torbellino mediático, una locura que vives con mucha alegría, con felicidad, gratitud y con un sentimiento de deuda, de alguna forma”.  

Ambos vivirán una edición de los Goya especial y pandémica, ya que la gala será online y conectarán con nominados y ganadores. Como queremos que vengan cuantos más Goyas mejor, deseamos que el equipo al completo tenga que pasar por la sede de la Academia a recoger sus cabezones. Antes, la noche del 6 de marzo, los nominados de la película podrían seguir la ceremonia reunidos en un hotel de Barcelona, si bien cumpliendo los aforos, las distancias y con la mascarilla incluida. 

Tanto Carlos como Arantxa elogian el talento y la capacidad de trabajo de Pilar Palomero. “Siempre he tenido fe absoluta en ella, pero aún así esto ha sido una locura, porque es una película tan nominada, tan vista y tan valorada”, afirma Carlos Naya, haciendo suyas las palabras de la propia Pilar: “ni en mis mejores sueños pensaba que esto podría pasar”. 

¡ENHORABUENA EQUIPO! Deseamos que los Goya se vengan con vosotros a Aragón. Carlos apoya esta idea.

CARLOS NAYA Y ARANTXA EZQUERRO 

Carlos Naya lleva en la música toda su vida y actualmente trabaja de profesor de planificación de proyectos de sonido en CPA Salduie. En este sentido, cree que la nominación no cambiará su vida laboral, sino que le supone “una motivación para hacer muchas cosas que tengo en mente, proyectos creativos audiovisuales y musicales”. 

Ahora, de hecho, se encuentra en fase de premontaje del documental ‘Isolée’, que dirige y promueve junto a su hermano Ignacio y que dedican a la figura de José María Javierre, francoespañol pero jacetano de nacimiento, el primer ciclista español que corrió el Tour de Francia, en 1909, cuando ese tipo de carreras era una aventura “casi épica”. En este trabajo reivindican su figura, desconocida, contactando con sus familiares y expertos en ciclismo. 

Por su parte, Aranxta Ezquerro, también nominada a los Gaudí y que posee dos premios Simón del Cine Aragonés, ha trabajado con buena parte de los cineastas aragoneses más reconocidos, como Miguel Ángel Lamata, que “con 24 años me ofreció hacer el vestuario de su película, le dije que no estaba preparada y me dijo que o lo hacía o no hacía nada en su peli; me dio el gran empujón” en su carrera. Ha pasado también por ‘De tu ventana a la mía’ y ‘La novia’, ambas de Paula Ortiz, y en la que se tuvo que pelear en esta última con nuestro querido cierzo. 

Ha participado también en los proyectos ‘Dantza’, de Telmo Esnal; ‘Tensión sexual no resuelta’ y ‘Nuestros amantes’, de Lamata; ha trabajado en teatro, montajes de óperas clásicas, y en televisión, en la serie para Movistar ‘Justo antes de Cristo’, una comedia ambientada en Roma y que dirige Pepón Montero, Borja Cobeaga y Nacho Vigalondo.  

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Video mapping en un cubo

Video mapping en un cubo

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Visitamos Etopía: Centro de Arte y Tecnología en Zaragoza y la gozamos con la instalación 48CUBE, una escenografía en forma de cubo de madmapper, videomapping y lightmapping que alberga actuaciones musicales, performances, danza contemporánea, poesía y cuenta cuentos, de reconocidos artistas nacionales e internacionales. Sus creadores nos confiesan todos los secretos de este original proyecto.

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48 Cube: la nave espacial del arte y la tecnología

48 Cube: la nave espacial del arte y la tecnología

Tiempo de lectura: 5 minutos

En Etopia, el Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza, ese sitio donde ocurren cosas rarísimas y súper interesantes, podemos encontrar la exposición interactiva 48 Cube (Pleyaleds), una nave espacial que os hará viajar a otro mundo sin salir de esa sala gracias a sus imágenes proyectadas y a los artistas multidisciplinares que actúan en su interior. 

¿Os acordáis del cubo de Rubik? Pues en esta instalación un enorme cubo proyecta una sucesión de imágenes relacionadas con el trabajo de distintos creadores, rapsodas, bailarines, cantantes experimentales, DJ. En la entrada a la sala se encuentra también una instalación con leds que convierten a luz esas mismas imágenes. Todo ello gracias a los padres del invento: Edu Cortina y Yaguar

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Yaguar y Edu Cortina, orgullosos con su obra de arte tecnológica. Foto de Secuenciadas.

Ambos se conocieron precisamente en los cursos que se imparten en Etopia. “A través de procesos de formación nos encontramos y conocimos que teníamos pasiones y gustos en común”, explica Yaguar a Secuenciadas, resaltando que el arte y la tecnología unieron sus caminos y decidieron emprender diferentes proyectos. 

48 Cube es el más grande que hemos desarrollado, es una nave espacial de arte y tecnología que alberga un sinfín de gráficos” y que muestra la investigación que ambos han llevado a cabo, su proceso de autoconocimiento, de acercamiento a otras disciplinas, materiales y soportes de desarrollo tecnológico. 

También los materiales de este proyecto forman parte de Etopia: “las dos instalaciones surgen de recuperar objetos que había olvidados aquí”, detalla Edu Cortina. Uno de ellos es la instalación de 48 metros cúbicos, que da origen al nombre de esta singular propuesta y que formaba parte de una exposición anterior, ‘Bioestética’ de Quimera Rosa, en la que el cubo estaba rodeado de plásticos y simulaba una habitación con plantas en su interior. 

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48Cube en estado puro, los artistas visuales Yaguar y Edu Cortina, creadores en la sombra.

DIÁLOGO DE LUZ 

“Estaba desmontado en los trasteros de Etopia, lo montamos un poco a lo pirata y vimos que era el espacio perfecto para proyectar”, asegura Edu, para indicar que el proyecto se completa con Pleyaleds, una instalación publicitaria tipo araña con leds reactiva que han reconvertido para conectarla con el cubo y que transforme la información que se proyecta en luz. 

Su nombre proviene de pléyades, un cúmulo abierto de estrellas que se ve en el hemisferio norte en la constelación de Tauro y se compone de 2.400 estrellas led reactivas que interpretan en tiempo real el contenido visual que se proyecta en 48 Cube, estableciendo un diálogo constante entre ambos. Ahí es nada, no sabemos si os estaréis enterando de algo, pero os aseguramos que la idea es una pasada y ver a los artistas actuando allí es toda una experiencia. 

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Yaguar y Edu Cortina dentro del conjunto de estrellas Pleyaleds, menos mal que la factura de la luz es de bajo consumo. Foto de Secuenciadas.

En un inicio, su idea era crear una instalación fija, en loop, de modo que se repitieran las imágenes, “pero vimos que también se podían incluir artistas, contactamos con cada uno de ellos y todos estuvieron muy por la labor de trabajar”. Cada uno tuvo que crear una pieza que relacionara el hombre con la máquina y así se suceden en escena el baile contemporáneo, la música electrónica, las performances o la poesía. 

TRES AÑOS DE TRABAJO 

48 Cube se ha desarrollado durante tres años y, como en cualquier proceso de experimentación, “no sabíamos cómo iba a terminar”, relata Yaguar. Porque con la tecnología hemos topado y, cómo no, en el camino han surgido problemas técnicos que los dos creadores han ido solucionando, contando para ello con los medios técnicos que les ha facilitado Etopia. “En este camino hay muchos prueba error”, agregar Cortina. 

No obstante, “desde el momento cero hasta ahora hemos aprendido un montón, especialmente del trabajo con otros artistas de otras disciplinas”, asegura Yaguar, de modo que el proyecto se nutre de ese aprendizaje común y cuando se pone en escena “es muy satisfactorio ver a la gente actuando dentro y ver la respuesta del público también”.  

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Una de las actuaciones de 48Cube con público ¡Espectacular!

Así, la expo permanente repasa todas las propuestas artísticas, mientras que en los directos el público se puede sorprender con contrastes como las actuaciones de la bailarina Laura Val, la música electrónica de Antony Maubert, el pop sutil de Anazul, Virginia Canedo y Emilio Larruga, el rapsoda Luis Trébol o el cantante experimental Gustavo Giménez. 

¡A METAMORFOSEARSE!

En cuanto a las cuestiones técnicas, los ordenadores que utilizan también se han recuperado de Etopia, tres proyectores lanzan las imágenes contra el cubo y, también, a las paredes y suelos de la sala, que al ser blancos se aprovechan como espacio de proyección. 

Para crear los grafismos se han utilizado programas como MadMapper, After Effects y otros recursos que les permiten trabajar en tiempo real con el vídeo y el sonido. La pantalla que recibe las imágenes en el cubo es en realidad una membrana, como una tela de tul. “Con Edu experimentamos con muchos materiales y vimos que lo más efectivo y limpio era usar este”, afirma Yaguar. 

“Es un montaje muy potente y muy grande”, subraya, al indicar que no descartan la posibilidad de mover esta pieza cuando finalice su estancia en Etopia. “Las piezas artísticas se acaban, mueren, o mutan; esperemos que mute”, desea. 

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Los DJs dándolo todo con su sonido electrónico interactuando con los gráficos a tiempo real.

Como sabemos que os habéis quedado con ganas de verlo en vivo, podéis encontrar info sobre las próximas sesiones, que tendrán lugar hasta el 28 de noviembre, en la cuenta de Instagram y Facebook de 48 Cube y en la página web de Etopia. Es necesario reservar entrada, pero el acceso es gratuito y en las redes sociales encontraréis también contenido y emisiones en directo sobre esta experiencia. 

CONÓCELOS 

Edu Cortina estudió Imagen y Sonido y Diseño Gráfico en Zaragoza y completó su formación con cursos en Zentrum Clip, Etopia y Artnet en Madrid. Ha trabajado en Insertos Videoproducciones, como VJ en Europa FM, para los DJ Brian Cross o Quique Tejada; y ha desarrollado la técnica del videomapping sobre arquitectura o personas. 

Por su parte, Yaguar es pedagogo y artista visual, nacido en Colombia, pero viviendo en Zaragoza. Tiene una larga trayectoria en street art, video proyección y videomapping. Ha participado con sus trabajos en distintos festivales y actualmente forma parte del colectivo visual Tagtoolcrew – Austria.

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