Nos encontramos con Antonio Magén en una cafetería nada céntrica de la ciudad y le robamos más tiempo del decorosamente permitido para cualquier entrevista. Pero, para quien no lo sepa, Antonio es un hombre paciente y muy profesional, que atiende todos nuestros requerimientos sin rechistar y siempre con una sonrisa. Y no, no estábamos amenazando a Antonio con un arma blanca para ello. Solo con nuestra cámara, la grabadora y el bolígrafo afilado.
Antonio es un actor muy polifacético. Cine, series, cortos, teatro, doblaje, formador, modelo. Hablamos con él tras el estreno de su último corto, ‘La virgen pálida’, que dirige Sergio Montes y que protagoniza junto a Ibone Becana.
Antonio, haces cine, teatro, televisión. Eres un todoterreno, pero ¿qué registro prefieres?
El teatro es lo que más nos aporta a la mayoría de los actores. Ahora estoy trabajando en cine y es un registro que me gusta mucho, que me hace crear, pero no es lo mismo que el teatro, que es directo, o la televisión, que es muy rápida. Llevo desde los once años trabajando, más de cuarenta años de profesión y también he hecho doblaje.
¿Siempre supiste que querías ser actor?
Sí. Cuando era niño en la terraza de mi casa creaba escenografías, el guión, ponía telones y daba premios —bromea—. Soy actor de vocación, aunque luego me he preparado con clases, me he ido reciclando y aprendiendo, pero lo llevo dentro.
¿Qué te atrae de un papel y qué sopesas a la hora de implicarte en un proyecto?
Valoro la persona que me lo ofrece, si voy a estar a gusto trabajando. Si no disfruto haciéndolo y estoy sufriendo me costaría mucho hacer un trabajo, pero si estoy bien todo lo demás me va a dar igual.
¿Qué papel te ha marcado más?
En teatro el que más me ha marcado es la obra ‘Tres rosas y una botella de coñac’, con textos de Edgar Allan Poe, en la que estaba hora y media en el escenario, con monólogos de 25 minutos. Cuando acababa necesitaba un momento de respiro, tras hora y media intensa. He tenido muchos papeles y cada uno me encanta y lo recuerdo, pero ese es el que más he disfrutado.
¿Cómo se lleva esa tensión de estar tan cerca del público?
En esa obra no había cuarta pared y en teatro les ves las caras y las reacciones, tienes que estar metido en tu papel para no irte. En el cine estás a la expectativa, a ver qué van a decir, pero ahí lo vives.
¿Cuáles son tus referentes en la dirección y en la actuación?
Me gusta mucho el tipo de dirección inglesa, son muy rectos preparando los personajes. Y los actores también. Muchas veces me han comparado en estilo a Jeremy Irons o Anthony Hopkins, son actores muy carismáticos, con una forma de trabajar más naturalista, lo viven, se dejan llevar y eso a la hora de trabajar también cansa más, porque están poniendo mucho de su parte. Cuando lo vives más se puede hacer técnicamente o aportando mucho de ti.
¿Dejas lugar a la improvisación?
En teatro soy mucho de texto, pero sí que aporto algo si en un momento dado hace falta, aunque es muy arriesgado dejarlo a la improvisación y si trabajas con un compañero no puedes, porque lo vuelves loco. Hay que saberse el texto y trabajarlo, aunque cada día pueda salir distinto.
¿Con quién te gustaría trabajar?
Me identifico más con la gente joven, me aportan más y cojo las cosas muy rápido, ahora hay muchos directores muy buenos. Con Daniel Calparsoro y Santiago Segura me gustaría trabajar.
¿Qué papel te hubiera gustado interpretar?
Me apetecería interpretar un papel de mujer, pero no hacer una parodia de una mujer, sino un estilo a ‘Mi querida señorita’ o ‘Un hombre llamado flor de otoño’, de José Sacristán o José Luis López Vázquez, pero dando un toque complicado y siendo tú, sacando la feminidad de una mujer. Creo que será un reto próximo que posiblemente lo haga.
¿Qué importancia le das a la dirección de actores?
Toda, tienes que estar bien dirigido. Es muy importante la labor de dirección y que el director tenga muy claro qué es lo que quiere y luego el actor le aporta al personaje. Yo, además, me dejo dirigir y doy ideas, pero me gusta que haya una dirección, que sepamos todos a dónde vamos.
¿Cómo ves el momento que vive el audiovisual aragonés?
Lo estoy viendo genial. Hay proyectos muy buenos, pero este año lo veo un pelín parado, aunque yo estoy haciendo cosas. También es un mundo difícil y complicado, pero hay mucho futuro y gente muy buena en dirección, en cámaras, y creo que se puede llegar a lograr que se cree un mundo aquí del audiovisual. Pero hay que lograr que la gente se quede aquí.
¿Habría alguna forma de fomentar que el talento se quede aquí?
Si haces un largo, no recurrir a que todo el equipo sea de fuera, aquí hay actores también, no nos vayamos a Madrid, porque allí ya tienen su campo y los que estamos aquí tenemos que salir.
Cuéntanos alguna faceta tuya menos conocida.
Hice doblaje, fui profesor de doblaje también. Doy clases de interpretación y estoy dirigiendo una obra de teatro. También he hecho radio, relatos, he sido modelo.
Como formador, ¿con qué alumnos trabajas?
Ahora estoy con mayores, con jubilados, pero que tienen una ilusión tremenda. Están metidos en proyectos de teatro, aprendiéndose los textos y hemos hecho una muestra con tres escenas e incluso algunos se atreven a cantar, son una maravilla.
¿Y tu también cantas?
Como muchos actores yo no soy cantante, soy un actor que puede manejar la voz y hacer un musical y cantar, pero yo no se cantar. Soy actor y puedo trabajar con la voz y cantar, que es complicado, porque es interpretar, cantar y cuando acabas seguir con tu personaje.
Desde pequeño querías ser actor, pero si no te encontráramos en esta profesión, ¿qué hubieras sido?
No lo he pensado, he trabajado en otras cosas, en oficinas, he sido administrativo, electrónico, pero llevo desde crío siendo actor e insisto para conseguir hacer más cosas fuera de aquí; no tengo en mi cabeza otra profesión
¿Cuál será tu próximo trabajo?
En teatro tengo dos proyectos en el aire, una comedia y un melodrama, y en septiembre participaré en un corto de época. Será un registro distinto, con ropa de época, del siglo XVIII. Rodaremos fuera de Zaragoza, en un monasterio, en Huesca y en otras localizaciones.
Un músico y actor que ha estado insistiendo veinte años para conseguir un papel. Una actriz y cantante que nunca se había montado en los caballitos del Parque de Atracciones. Un director alocado que se embarca en un corto musical. Los protagonistas del cortometraje de Fuera de tono nos lo cuentan todo, una locura que os invita a soñar despiertos.
Lo reconocemos, somos muy de montarnos nuestras películas y muchas de ellas son musicales, porque no solo de drama vive la humanidad. Por eso, cuando supimos del estreno de ‘Fuera de tono’, el último trabajo de Raúl Guíu, no dudamos ni un segundo en acudir a la premier.
Un corto musical, de 15 minutos de duración y con canciones originales, ¿cómo se os queda el cuerpo? A nosotras con ganas de cantar y bailar, por supuesto.
Además, cuando nos trae tan buenos recuerdos por su localización en el Parque de Atracciones de Zaragoza. ¿Quién no ha vivido aventuras en el Mississipi o se ha perdido y encontrado a sí mismo en el Labertinto Espejo?
Los bailarines de «Fuera de tono» cruzando el Mississipi
Esta historia nace vinculada a la música. Raúl Guíu termina su anterior cortometraje, ‘Selección de personal’, con un tema de los Twangs, un grupo de rock and roll de Zaragoza, y esa colaboración lleva al director a grabar un videoclip de este grupo, donde conoce a Esther Ballestero, la protagonista de ‘Fuera de tono’. ¡Las vueltas que da la vida!
Raúl Guíu y Esther Ballestero posan con estampados ochenteros
Ese videoclip musical acaba siendo nominado a los Premios Simón, nuestros Goya en Aragón. No gana, pero el ritmo sigue sonando y Raúl y Esther comienzan a pensar en la idea loca de hacer un corto musical.
Tras 25 años de trayectoria
y más de una veintena de trabajos, Guíu se embarca en esta nueva aventura
musical que supone el reto de crear las canciones originales, el guión, encajar
los bailes en todo ello y buscar una localización que aporte el toque mágico al
corto, en este caso el Parque de Atracciones.
Apuesta por ‘Fuera de tono’ porque, al fin y al cabo, todos estamos buscando nuestro lugar en el mundo, intentando encajar las piezas. Como si estuviéramos en la atracción de La Casa Magnética queriendo ir en la dirección opuesta.
Con el músico zaragozano Cristian Baquero y Esther Ballestero como protagonistas, y bailarines de swing de la ciudad, Guíu refresca el verano con un trabajo divertido, un proyecto que incia hace dos años que “han pasado como un suspiro” para la actriz, que se estrena en un papel protagonista delante de las cámaras. No os perdáis su voz, os dejará ojipláticos.
Esther Ballestero, Raúl Guíu y Cristian Baquero felices después de la proyección
Pero no penséis que todo ha sido coser, bailar y cantar. Cristian Baquero ha tenido que reclamar durante años a Raúl protagonizar uno de sus trabajos hasta que, finalmente, ha tenido su oportunidad. Cristian, ¡estamos contigo! Bravo por tu perseverancia y por este papel tan tierno y cómico que nos regalas.
“Hemos pasado 15 minutos muy buenos y Raúl lo ha hecho con su talento y con su trabajo, con muchísimas horas, por amor al arte y para que todos pasemos un buen rato”, dijo Baquero al público que acudió al estreno, celebrado en el Acuario de Zaragoza.
Foto grupal de todo el equipo del cortometraje «Fuera de tono»
Para Guíu, “es muy divertido hacer cortos, aunque haya momentos de nervios o de responsabilidad”. Como encontrarle un papel a Cristian, ¡que ya te lo has pensado bien!.
En ‘Fuera de tono’, Esther es una aplicada y voluntariosa taquillera a la que ascienden como jefa de operaciones. Sin embargo, su primera tarea será despedir a Lucas, un desastre como trabajador, pero del que está enamorada.
Esther Ballestero durante el rodaje de «Fuera de tono», una cosica te voy a decir y que no te sepa mal
Entre atracciones y algunos giros de guión, descubriréis que vuestros pies se os van solos dispuestos a salir a la pista de baile. Y allí nos encontraréis a nosotras cantando y bailando al ritmo de Raúl Guíu.
Sergio Montes tenía un proyecto y las ideas claras: quería a Ibone Becana y a Antonio Magén a su lado. Ellos quedaron fascinados por «La virgen pálida», a pesar de que aún no conocían todos sus secretos. Los tres nos cuentan sus impresiones sobre este trabajo tras la primera proyección del corto en Zaragoza ¡Sonido, cámara y acción!
Hay días que una se levanta y, pues oye, que le apetece disfrutar pasando miedo y algún susto con la gran pantalla.
Aprovechamos que Sergio Montes acaba de presentar su segundo cortometraje, ‘La virgen pálida’ y asistimos al estreno. Ya te podemos confirmar que la virgen está muy pálida y que te dejará con el susto en el cuerpo.
El zaragozano rindió tributo en su primer trabajo al inigualable Tarantino y apuesta ahora por homenajear al maestro del suspense, Alfred Hitchkock. Como protagonistas, Ibone Becana y Antonio Magén.
Ibone Becana y Antonio Magén se comen la cámara. Foto de Josian Pastor.
La protagonista Alicia, abandona el nido familiar para ir a estudiar a la ciudad. Vamos a ver, alma cándida, sabemos que lo vintage está de moda, pero irse a vivir a un piso de los 80 con decoración setentera y con unos cuadros inquietantes nunca es garantía de una estancia apacible.
Alicia descubrirá muchas cosas de su nuevo hogar y vosotros aprenderéis una buena lección de vida: si la decoración del piso tiene más años que vosotros mismos, decid NO y seguid buscando.
En un acto celebrado en la Ciudad Escolar Pignatelli de Zaragoza, y con gran desparpajo y alguna anécdota, Montes presentó este nuevo trabajo acompañado del grupo El Punto y la I y con el previo del corto ‘De Ki’, de Jesús Carabias.
Sergio Montes da un speech mientras su equipo lo mira atónito. Foto de Josian Pastor.
Rendir homenaje a Hitchkock ha sido un reto para Montes, que ha querido dar “mucho más” de sí mismo en este corto, con 30 hojas de guión, 15 jornadas de grabación y seis localizaciones que ejercen por sí mismas un papel protagonista.
Vemos la vida a través de los ojos de Alicia y vivimos su temor, unas sensaciones que Montes descubrió de pequeño, cuando encontró la cinta de ‘Los pájaros’ en su videoclub –os recordamos, queridos, que antes no existían las plataformas digitales– y se adentró en el mundo del suspense.
Terminar una obra y darla a conocer “es como desnudarse”, admitió el director, al detallar que desde que comenzó a escribir este corto se imaginó a Ibone Becana y a Antonio Magén como sus protagonistas.
Una vez que ambos dieron el sí quiero, el siguiente reto fue encontrar la localización perfecta para esta idea, porque “ese papel pintado de los años 70 es un personaje más”. Y vaya si lo ha sido, ¡qué tensión!.
El rodaje contó con la colaboración de María José Moreno en un papel breve, pero fundamental, y nos alegramos de verla, porque siempre está espléndida. We love you, María José. Participan también Rodrigo Moreno, Luis Trébol y Stefy Castro, con papeles que no te dejarán indiferente.
Rodrigo MorenoLuis TrébolStefy Castro
El equipo trabajó durante quince días, con unas jornadas “muy largas” y tensas por el ambiente necesario para recrear las escenas, según señaló Ibone Becana, para reconocer que disfrutó mucho en esta grabación.
Para Antonio Magén, este papel ha sido “un bombón”. “Tampoco había visto el corto entero y estaba nervioso, pero me ha sorprendido porque me ha creado tensión”, afirmó.
El equipo de «La virgen pálida» postureo al final de la presentación. Foto de Josian Pastor.
Ese suspense ha caracterizado el proyecto desde su inicio, dado que Montes no quiso contar el final de la historia a Ibone Becana hasta diez días antes del rodaje y lo ha mantenido también antes del estreno, no dejando a los protagonistas ver el trabajo completo hasta que lo conocieran junto al público.
Sergio, ¡tenemos claro que tú sí que sabes lo que es guardar un secreto! Y nosotras guardaremos el tuyo para que la virgen pálida siga sorprendiendo a quien la conozca.