Las niñas de Pilar Palomero Uno para todos de David Ilundain
NOMINACIONES A MEJOR DOCUMENTAL
1778, la muerte en el teatro de Raúl Ortega La mujer que soñaba con números de Mirella R.Abrisqueta Marcelino, el mejor payaso del mundo de Germán Roda Nebra, el triunfo de la música de José Manuel Herráiz Otra forma de caminar de Laura Torrijos-Bescós
NOMINACIONES A MEJOR CORTOMETRAJE
En racha de Ignacio Estaregui Loca de María Salgado Gispert Por un instante de Jorge Aparicio Sebastienne de José Alberto Andrés Lacasta Souvenir de Cristina Vilches y Paloma Canónica
NOMINACIONES A MEJOR DIRECCIÓN
Germán Roda por Marcelino, el mejor payaso del mundo Ignacio Estaregui por En racha Ignacio Estaregui, Pilar Palomero, Nata Moreno, Alejandro Cortés, Javier Macipe, Pablo Aragüés y Gaizka Urresti por Reset Mirella R.Abrisqueta La mujer que soñaba con números Pilar Palomero por Las niñas
NOMINACIONES A MEJOR DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN
Ana Esteban por La mujer que soñaba con números Gloria Sendino por En racha José Ángel Delgado y Clara Vallés por Por un instante José Manuel Herráiz por Nebra, el triunfo de la música Patricia Roda por Marcelino, el mejor payaso del mundo
NOMINACIONES A MEJOR ACTOR
Alberto Castrillo-Ferrer por Marcelino, el mejor payaso del mundo Jaime García Machín por The market Mariano Anós por Solo Rubén Martínez por Nosotros Saúl Blasco por En racha
NOMINACIONES A MEJOR ACTRIZ
Ana Esteban por El espejo Andrea Fandos por La niñas Laura Contreras por Pierde turno Laura Gómez- Lacueva por Marcelino, el mejor payaso del mundo María José Moreno por La mujer que soñaba con números
NOMINACIONES A MEJOR FOTOGRAFÍA
Adrián Barcelona por En racha Adrián Barcelona por La mujer que soñaba con números Daniel Vergara por Marcelino, el mejor payaso del mundo Fernando Medel por Abriendo ventanas José Manuel Herráiz por Nebra, el triunfo de la música
NOMINACIONES A MEJOR GUION
Daniel Calavera por Unas cuantas bestias Germán Roda y Miguel Ángel Lamata por Marcelino, el mejor payaso del mundo Ignacio Estaregui, Pilar Palomero, Nata Moreno, Álex Rodrigo, Javier Macipe, Pablo Aragüés y Gaizka Urresti por Reset Mirella R.Abrisqueta por La mujer que soñaba con números Pilar Palomero por Las niñas
NOMINACIONES A MEJOR MONTAJE
Fernando Medel por Las luces del amanecer Germán Roda por Marcelino, el mejor payaso del mundo Jorge Yetano y José Alberto Andrés Lacasta por Sebastienne José Manuel Herráiz por Nebra, el triunfo de la música Marisa Fleta por La mujer que soñaba con números
NOMINACIONES A MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL
Carlos Naya por Las niñas David Angulo por Marcelino, el mejor payaso del mundo Jesús Aparicio por Por un instante Luis Antonio González Marín por Nebra, el triunfo de la música White Coven e Isabel Catalán por Unas cuantas bestias
NOMINACIONES A MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA
Ana Bruned por Sebastienne Carmen Arbues por Las niñas Esperanza López y Yolanda Real por La mujer que soñaba con números Irene Tudela por En racha Kike Franco por Las luces del amanecer
NOMINACIONES A MEJOR VESTUARIO
Ainhoa Sánchez y Raúl Navarro por La mujer que soñaba con números Ana Sanagustín por En racha Arantxa Ezquerro por Las niñas Leonor Villaluenga y José Alberto Andrés Lacasta por Sebastienne Silvia Puyal por Las luces del amanecer
NOMINACIONES A MEJOR DIRECCIÓN ARTÍSTICA
Cristina Vilches, Paloma Canónica y Alicia Bayona por Souvenir Lorenzo Montull por Solo Raúl Navarro por La mujer que soñaba con números Sadie Duarte por Las luces del amanecer Víctor Abad por En racha
NOMINACIONES A MEJOR SONIDO
Álvaro Pérez Peirote por Las luces del amanecer Cristina Vilches y Eric Martín por Souvenir José Manuel Herráiz por Nebra, el triunfo de la música Pablo Gacías por Perfect day Vicente Bordonaba por La mujer que soñaba con números
NOMINACIONES A MEJORES EFECTOS ESPECIALES
Ana Bruned y Diego Martín por Sebastienne Fernando Medel por Las luces del amanecer Juan Remacha por Solo Juan Remacha y Paul Lacruz por En racha Roberto Torrado por Una venganza personal
NOMINACIONES A LA MEJOR OBRA POR SU CONTRIBUCIÓN SOCIAL
La mujer que soñaba con números de Mirella R.Abrisqueta Las niñas de Pilar Palomero Otra forma de caminar de Laura Torrijos-Bescós Por un instante de Jorge Aparicio García Reset de Aragón TV
¿Alguna vez os gustaría regresar a los tiempos de instituto? No nos vamos a poner en plan cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí que sentimos morriña de aquellos años una vez por curso, cuando descubrimos la programación de ese año del ciclo ‘Un día de cine’. La actividad, que comenzó su andadura en 1999 en el IES Pirámide de Huesca, persigue la alfabetización audiovisual de los jóvenes aragoneses y este año llega a 29.000 estudiantes no universitarios, de 10 años en adelante.
Los alumnos súper atentos en una de las proyecciones del ciclo ‘Un día de cine’. ¡Esto sí que mola y no solo estudiar teoría!
El cineasta y educador Ángel Gonzalvo coordina el programa que este año presenta dos novedades: la primera de ellas, proyecciones también en los centros de educación de adultos de la comunidad y, la segunda, obligada por la pandemia, las sesiones en cines han pasado a ser recursos en aula, un cambio que “esperamos sea transitorio” y en próximos cursos los alumnos puedan regresar a los cines.
En este curso, ‘Un día de cine’ está trabajando la inclusión. “Pensamos en trabajar con ellos normalizar la discapacidad”, señala Gonzalvo. “Conocía el corto ‘The present’, de Jacob Frey, y el documental ‘Otra forma de caminar’, de Laura Torrijos-Bescós, y vimos que había posibilidad de que funcionara y tratar de hacer sesiones diferenciadas por edades”, de modo que unos estudiantes vieran ‘The present’, y en otras aulas se trataran los trabajos de Torrijos-Bescós y el corto ‘Robarte una noche’, de Fernando Vera, facilitando también guías didácticas para trabajar los temas tanto antes como después de ver los audiovisuales.
Laura Torrijos-Bescós, directora de ‘Otra forma de caminar’, y Josán Rodríguez, el protagonista, en una videoconferencia con el IES Lázaro Carreter de Utrillas, respondiendo las preguntas de los alumnos sobre su docu
Pero, ¿aún es necesario hablar de estos temas y trabajar la inclusión? La respuesta es sí. “Todavía hay una visión un poco paternalista” de las personas con diferentes capacidades, asegura el coordinador, para defender que “tenemos que acostumbrarnos a mirar a las personas como son y adaptarnos todos a todos”. Gracias al ciclo y al trabajo en el aula, el mensaje “cala poquito a poquito”, si bien es esencial que se refuerce en la educación informal, fuera de clase.
“DE MARAVILLA”
El objetivo, por tanto, ha sido este año integrar en los contenidos la discapacidad, el crecimiento personal y la alfabetización audiovisual con trabajos, como cada curso, “no al uso, sino diferentes”, una fórmula que funciona “de maravilla”, resalta Gonzalvo, indicando que también se ha apostado por incluir a cortometrajistas aragoneses para tratar otros temas sociales, como el Alzheimer con Jesús Bosque y su corto ‘Recuerdos’; o la importancia de las relaciones, y su vinculación con la pandemia y el confinamiento, en ‘A dos metros de distancia’, de Alfonso Rodríguez Naranjo y María Díaz Megías.
Además, se trabaja con la obra de Segundo de Chomón, coincidiendo con el 150 aniversario de su nacimiento, en un curso en el que se han ofertado 40 cortos y once largometrajes diferentes. Debido al cambio de formato, se ha duplicado el número de alumnos asistentes, mientras el pasado curso fueron 14.000, este año 29.000 estudiantes disfrutarán de las actividades programadas.
El ciclo propone también disfrutar de trabajos en inglés y francés. We love it!!
La siguiente edición, sin conocer aún si podrá regresar a los cines o se mantendrá como recurso en el aula, trabajará con cine aragonés, como ‘Huidas’, de Mercedes de Gaspar; se centrará especialmente en el cine realizado por mujeres y se mantendrá la oferta de audiovisual en inglés y francés, en colaboración con el British Council y el Instituto Francés, que en este curso ha permitido proyectar cortos y largos en ambos idiomas para 400 alumnos.
ROBARTE UNA NOCHE
Uno de los cortometrajes incluidos este año en la programación del ciclo es ‘Robarte una noche’, con guión y dirección del zaragozano Fernando Vera. El corto “trata sobre las muletas que usamos para vivir y cómo, en algún momento de nuestra vida, queremos desprendernos de ellas”, seamos conscientes o no de que las llevamos. Una mujer, a la que da vida la actriz Miren Ibarguren, entra a robar una noche a la casa de Leo, interpretado por el actor Telmo Irureta, y nos regalan una historia tierna y divertida, así que ¡dadle al play también vosotros!
Miren y Telmo dispuestos a robarnos una noche con mucho humor
“El trato a las personas con discapacidad depende mucho de la experiencia que tenemos con ellas, si en nuestra vida hemos tenido oportunidad de tratarles”, indica el dire. Formado como maestro de educación especial, Vera ha tratado habitualmente esta cuestión y considera que quien esté ajeno a ese mundo “estará muy verde” y se tiende a “sobreproteger, infantilizar e, incluso, a rechazar a veces”. Aunque esta situación ha cambiado, “quiero pensar que a lo mejor, todavía hay ciertas resistencias y aprendizajes necesarios” para darnos cuenta de que cada uno de nosotros tenemos unas capacidades o discapacidades en cierto grado y para ciertas cosas.
De hecho, el corto no se planteó inicialmente como un trabajo sobre la discapacidad, sino que un actor con discapacidad era el protagonista y el guión tenía que tener eso en cuenta, si bien el personaje de Miren “tiene sus propias carencias y están reflejadas”. ‘Robarte una noche’ se rodó durante tres días en 2018 en San Sebastián y el piso donde transcurre la acción, como curiosidad, es la propia casa del director.
Fernando Vera trabaja desde hace diez años en San Sebastián temas de cine en el aula, como herramienta didáctica y pedagógica. “Es una cosa súper necesaria y muy evidente, los chavales de 13 a 15 años consumen muchísimo contenido audiovisual, pero no siempre tienen los filtros ni entienden las claves para interpretarlo, ven mucho redes sociales y el trabajo de un ciclo como este es muy pertinente”, subraya.
La directora Gala Gracia está seleccionada en la 49 Edición del Festival Internacional de Cine de Huesca con su nuevo cortometraje ‘La pared’. «He sentido mucha alegría y sorpresa, primero porque es en Huesca y segundo porque es estreno nacional» y es que la directora va a tener la suerte de estrenar el cortometraje en su ciudad.
¿Vamos a Huesca hija? Vamos, coge la A-23. Fotograma de ‘La pared’.
Con 14 años llegó a esta ciudad desde Benabarre y descubrió este festival en el que se pegó maratones de cortos y largos: «me enamoró el formato de cortometraje y contribuyó a que estudiara comunicación audiovisual». Y también tuvo sus primeras citas con el cine menos comercial. «Con él me inicié en el cine de autor y es un festival que conozco a fondo» y es que no olvidemos que en esa época las plataformas como Filmin no habían llegado al panorama audiovisual y los festivales eran una oportunidad para ver cortos, cortos y más cortos.
CLARA Y SU PADRE
Os contamos de qué va ‘La pared’. Tras el divorcio de sus padres, Clara pasa el primer fin de semana con su progenitor al que apenas conoce, vaya movida. Y es que ella tiene una relación muy estrecha con su madre, pero a su padre como que no lo conoce tanto, así pasan un finde de lo más curioso en el que Héctor, que no está acostumbrado a tratar con niños, trata a su hija como una adulta y a Clara, de carácter introvertido, le va a costar abrirse a él por su timidez. Pero tienen algo en común que les une, una pared que van a tener que romper para ser padre e hija con normalidad.
Aunque no es autobiográfico, Gracia sí que ha tirado de su experiencia personal para escribir esta historia: «sí que está inspirado en mi experiencia, con la situación de mis padres, como fue la experiencia de pasar los fines de semana con mi padre». Además, su padre también es veterinario, como el prota del corto, y aparecen unas ovejas muy especiales de las que os hablaremos más adelante.
Nacho Rubio señalándole a Elena donde está Teruel. Fotograma de ‘La pared’.
Para dar con la niña protagonista hizo un casting en Madrid y encontró a Elena Serrano. «Necesitaba una niña con muchos matices en su expresión» y eligió también a uno de los actores turolenses del que somos fans, Nacho Rubio. «Nacho y Elena la verdad que pegan un montón. El padre tenía que ser una persona severa, con carácter, pero a la vez con un fondo muy tierno. Era algo difícil de encontrar y Nacho me dio esto«, por lo que son una pareja perfecta para representar a padre e hija.
La madre es Bárbara Oteiza, de Vitoria; también aparece la actriz zaragozana Felicidad Galindo y el actor Rufino Ródenas, que hace de ganadero y que no se pierde un papel en el audiovisual aragonés, haciendo honor a su pueblo, Ródenas.
RODAR EN ARAGÓN
Gala Gracia, aunque vive entre Barcelona y Zaragoza, con este corto vuelve a Aragón para rodar como ya hizo en su anterior trabajo ‘El color de la sed’con el que ganó numerosos premios. Más concretamente regresa a Quicena (Huesca), donde tiene una torre con su hermana y le pareció buen lugar para situar una acción. Oye, siempre viene bien tirar de lugares propios como escenarios cinematográficos. Un piso en la plaza de la Inmaculada de Huesca y el Molino de Yeste, cerca de Riglos (Huesca), también hacen aparición estelar en el corto.
La dire Gala Gracia comentando la escena con Elena Serrano y Bárbara Oteíza en un caluroso día julio.
Es una coproducción entre la aragonesa Nut Producciones y la catalana Bastian Films. «A nivel de producción fue complicado, una niña protagonista, traer a gente de fuera, la mitad del equipo venía de Cataluña y otros de Zaragoza y alojar a toda la gente, más localizaciones, más sets, carretera nacional … fue más despliegue de medios que el anterior«, relata Gracia a Secuenciadas.
En el rodaje, que duró seis días en julio de 2020, ocurrieron anécdotas, como por ejemplo un incendio cerca del piso de Huesca en el que estaban rodando. Aunque la directora confiesa que se enteró más tarde y es que ella como buena profesional concentrada en la dirección del corto pues no se dio ni cuenta del fuego, eso sí que es una buena producción.
El oscense Daniel Vergara, cámara en mano, haciendo una panorámica de la silla de madera a las coletas de Elena Serrano.
¿Os acordáis de las ovejas que hemos mencionado antes? Aparecen en una escena , ya que el prota visita granjas, lo curioso es que ya aparecían en el anterior corto de Gracia y es que lo hicieron tan bien que la directora ha querido volver a contar con ellas. Os cotilleamos que no han pasado ningún casting. «Eran de mi padre, estaba muy interesado en el mundo de la producción animal en ecológico, empezó con estas ovejas y luego las heredamos mi hermana y yo». Claro que sí, siempre es bueno tener un plan B en esto del audiovisual. Además hemos visto que están muy activas en redes y la web la ha diseñado la propia Gala.
En un equipo que bien se podría decir que tiene reminiscencias de la Corona de Aragón, la mitad del equipo es de Aragón y la otra mitad de Cataluña:
Producción ejecutiva: Arturo Méndiz y Estela Rasal Guión y dirección: Gala Gracia Dirección de producción: Estela Rasal Dirección de fotografía: Daniel Vergara Dirección de arte: Begoña Baeza Bonmatí Vestuario: Ana Sanagustín Maquillaje y peluquería: África Pérez Edición: Mariona Solé
‘La pared’comienza su distribución por festivales con su selección en Huesca y Gala Gracia ya adelanta algo de su próximo proyecto más prometedor. «Estoy escribiendo un largometraje. Contamos con dos ayudas al desarrollo de la comunidad de Madrid y Aragón y esperamos poder financiarlo para rodar, pero es es muy incierto», reconoce. Le deseamos mucha suerte a esta guionista y directora y nosotras aquí estaremos para contarlo en Secuenciadas.
Despliege de toldos en el rodaje de ‘La pared’ en el altoaragón.
Sebastienne es un restaurador de patrimonio del Palacio de la Aljafería que un día recibe un grabado sobre el martirio de San Sebastián. Desde ese momento, le empiezan a pasar movidas extrañas que le llevan al límite entre la realidad y un mundo onírico en el que lucha contra sí mismo y sus fantasmas por reivindicar su propia personalidad y su manera de ser. ¿Cómo os quedáis? Pues si ya alucináis con la trama aún lo haréis más al contemplar la belleza visual que ha creado el realizador oscense José Alberto Andrés Lacasta en ‘Sebastienne’.
Ingrid y Antonio en un momento del rodaje de ‘Sebastienne’ (Foto: Leonor Villaluenga)
“Indagando en los archivos del Palacio de la Aljafería descubrí que tenían un grabado del santo, una estampa que nunca habían expuesto, pero que forma parte de sus colecciones, y gracias a los conservadores descubrí que era un grabado magnífico, en el sentido más colorista”, nos explica el realizador. Mientras las representaciones de otros santos son más austeras, clásicas y sobrias, éste es “totalmente colorista”, con tonos rosas, verdes, azules, y esa estampa le inspiró en su trabajo.
A la figura de San Sebastián se le vincula una leyenda en la que se elucubra sobre la posibilidad de que estuviese enamorado de una persona de su mismo sexo y que esa circunstancia le costara el martirio, relata Lacasta, para destacar que en la representación del martirio aparece “ajeno al dolor, lleno de flechas, pero sin dolor, y posando, a diferencia de otros santos”, algo que le pareció muy curioso.
(Foto: Leonor Villaluenga)
CINE EXPERIMENTAL
Este trabajo “tiene mucho de cine experimental” nos confiesa su director y no tiene un desarrollo tradicional de presentación, nudo y desenlace, aunque lo pretende. “Bailamos con las estructuras clásicas de la narración y proponemos al público que haga un viaje con el personaje”, una experiencia a momentos inquietante, con unos bailarines hipnóticos y visualmente una pasada.
Se rodó en distintos espacios del palacio, como la escalinata, la biblioteca o la Torre del Trovador, “grabamos en tres noches” y, salvo el inicio y el final, todo transcurre de noche. “Fuimos un millón de veces antes para preparar el rodaje, a medir la luz, a preparar los tiros de cámara”, recuerda el director, agregando que todo se inicia con la creación de la banda sonora, para la que Lacasta ya tenía una idea y que es obra de Pablo Contreras, y de la coreografía exclusiva, que idearon e interpretan los bailarines Antonio Ayesta e Ingrid Magrinyà.
El director y Antonio, súper concentrados, antes de grabar (Foto: Leonor Villaluenga)
EQUIPAZO
Todo el equipo participó y aportó sus ideas para llevar a escena esta danza, en la que también aparecen como actores Félix Martín y Ana Pórtoles. Producido por Factory du Cardelin, encontramos a Lacasta y Leonor Villaluengua en la dirección de producción; a Óscar Lorente y Javier Espada como productores asociados; a las cámaras a Diego Martín y Jorge Yetano; M.A. Ochoa y Jorge Claver como eléctricos; Ana Bruned es la responsable de maquillaje y efectos especiales; Diego Martín, de VFX; y Leonor Villaluengua y el dire están a cargo del vestuario. Además, Daniel Peña se ha hecho cargo del sonido; Jorge Yetano de la edición; Jorge Armengod y Jorge Yetano de la dirección de fotografía; y Carmen Pérez ha ejercido de ayudante de dirección.
Todos ellos han contribuido a lograr esa puesta en escena con una iluminación “muy barroca”, en la que han tenido como referente a Caravaggio. “Trabajamos con un concepto de la teatralidad con el fondo imponente de la arquitectura de la Aljafería, focalizando mucho en la expresión facial de los personajes, eso me obsesionaba”, reconoce el realizador. Rodado con dos cámaras Blackmagic URSA en 4k, el resultado es, según su director, “elegante, con una parte de deleite visual”. “Queríamos que fuera algo digno de ver y que le sacara partido a la arquitectura de la Aljafería y al propio baile”, subraya.
Un momento del rodaje en la escalinata, Ingrid ante la cámara de Lacasta (Foto: Leonor Villaluenga)
Hay algo muy bizarro, un gallo que es una “aparición buñuelesca, una presencia casi demoniaca”. Pobre gallo, tan tranquilo paseando por el palacio sin saber que está encarnando a una figura diabólica. En cuanto al vestuario, está basado en dos bocetos de la diseñadora Miriam Ocariz, con referencias en su paleta de colores y la forma de tratar determinados tejidos, aunque es creación de Villaluengua y Lacasta.
NON STOP
La cinta se presentó en formato online en el estreno de los trabajos del ciclo ‘‘La Aljafería, un lugar de cine’, liderado por Vicky Calavia y que este año ha reunido además los trabajos de Javier Estella, ‘Retirada’; Pilar Gutiérrez, ‘Centella’ e Ignacio Lasierra, ‘Parresia’ con más de 400 personas disfrutando de los cortos desde sus ordenadores. Desde entonces, “estamos teniendo un aluvión de selección en festivales”, tanto en el circuito de cine experimental y de videodanza, como en certámenes generalistas y el feedback “está siendo muy positivo”.
José Alberto Andrés Lacasta tiene una extensa trayectoria en el audiovisual aragonés, como los docus ‘La Nakba permanente’ o ‘Una mujer sin sombra. Asunción Balaguer’; el docu largo ‘Tras Nazarín’, o los cortos ‘Residencia el Milagro’, ‘Epílogo para la muerte del Fauno’, ’Prelinger: chapter 19’ y su más reciente ‘Ofra & Khalil’, que lo está petando aún en el circuito festivalero, con su selección para el próximo Festival de Cine de La Almunia.
En estos momentos se encuentra grabando un documental sobre Manolo Kabezabolo, con la participación del cantautor y al que dedicará este año; así como escribe a cuatro manos junto al actor y dramaturgo José Luis Esteban un proyecto de serie. ¡Un no parar! del que nos alegramos enormemente.
El actor zaragozano José Luis Esteban se define a sí mismo como un vehículo diésel, que ha ido cogiendo velocidad de crucero en su carrera profesional y está en continua reinvención, un “culo de mal asiento” que mantiene intacta su pasión por aprender.
Nosotras lo vemos como un fórmula 1, en el que todas las piezas encajan como un reloj para cumplir con sus metas. Tenaz, persistente, apasionado. Actor, dramaturgo y poeta, pero por encima de todo actor, de larga trayectoria en teatro y, después, en televisión y cine. Entre sus últimos trabajos en el audiovisual, sus apariciones en las series ‘Servir y proteger’, de TVE, y ‘El último show’, de Aragón TV.
Charlamos con él sobre los inicios de su carrera, sobre la necesidad de entender el mundo para explicarlo en los escenarios o en las letras de sus textos. Admirador de Berlanga y orgulloso vecino, en su juventud, del barrio de San José de Zaragoza, os invitamos a conocer a José Luis Esteban en este ‘Secuenciando a’.
¿Qué te llevó a ser actor?
Surgió en el último curso de Bachillerato, en el instituto, convocaron un taller de teatro, un profesor de francés, para montar ‘La cantante calva’, una obra de Eugène Ionesco. Jamás había pensado en el teatro ni remotamente, me parecía una de esas cosas absurdas en el mundo, que existían no se sabía muy bien por qué. Pero entonces, haciendo el taller en el instituto, me subí al escenario y ahí hubo un click brutal, porque yo era un crío muy tímido, con muchos problemas para entablar una relación cordial con el mundo, con mis compañeros y conmigo mismo y, de repente, el escenario era un lugar en el que yo me sentía libre. Y encima sentía que con lo que hacía la gente se lo pasaba bien; el escenario contribuyó a mejorar mi autoestima y entonces ya no me bajé nunca más.
A partir de ahí montamos un grupo aficionado de teatro, fuimos por los pueblos, en los años 80, íbamos en tren o en autobús, con la maleta al hombro, nos pagaban lo que nos pagasen, ni me acuerdo. Luego me puse a estudiar Filología enseguida, la literatura me salvó la vida, y me matriculé en la escuela de teatro y con 22 años me monté una compañía de teatro con colegas. Y pasamos directamente de que nos gustara mucho el teatro a deber un huevo de pasta, y allí empezó la cosa.
¿En ese momento comienza tu carrera profesional?
Sí, estando en la escuela de teatro, en primero, hay una compañía, el Teatro de la Ribera, que buscaba gente para un espectáculo y me hacen el primer casting de mi vida y, sorprendentemente, me cogen. Ese fue el verano del 85, mi primera gira cobrando dinero, 3.000 pesetas por función. Me quedaba afónico después de estar cantando en la furgoneta, después de seis horas seguidas de viaje, todas las canciones que sabíamos porque aquello era una fiesta.
Si no fueras actor, ¿dónde te encontraríamos actualmente?
En la universidad, dando clase. Al acabar la carrera, acabé a la vez Filología y la escuela de teatro, enseguida montamos la compañía, pero simultáneamente hubo un concurso público en la Facultad de Educación, me presenté, me lo dieron y estuve trabajando tres años en la universidad, dando clase. Salí espantado, porque el escenario era una competencia muy dura, pero estuvo bien y me permitió ganar dinero en un momento raro de mi vida, en que era todavía muy jovencito.
«El oficio ha sido muy generoso conmigo»
Empezaste en el teatro, pero ¿cómo diste el salto a la tele?
La tele vino muchísimo, muchísimo después. De hecho, todos los días me levanto, abro los ojos y pienso “gracias azar, cosmos, Paulo Coelho”, porque he hecho muchas cosas que no imaginaba ni en mis mejores sueños. En ese sentido, el oficio ha sido muy guay, muy generoso conmigo.
Empecé a hacer televisión en serio en el año 2004, hace cuatro días en comparación con los años que llevo en el oficio y fue porque fui a Madrid a trabajar, con un montaje del Centro de Arte Dramático de Aragón, que se titulaba ‘Misiles melódicos’, estuvimos en el Teatro Español de Madrid y entonces yo dije: “esta es mi oportunidad”. Venía de hacer una serie de trabajos muy buenos con el Centro de Arte Dramático de Aragón, Ricardo III, que había tenido mucha repercusión, me habían dado un par de premios de interpretación y sentía algo que nunca había sentido, que estaba en una situación distinta y que necesitaba dar un paso más allá. Así encontré mi primera representante, empecé a hacer mis primeros episódicos, teniendo en cuenta que yo no había hecho nunca tele, lo que quiere decir que lo hacía muy mal, era muy distinto, sobre todo la manera de trabajar.
Aunque los fundamentos son los mismos, cuando te has educado en un ecosistema donde lo único que existe es determinada manera de hacer el teatro, que no digo que sea buena, además, descubrí que tenía que desaprender todo lo que había aprendido y cuando llegué y me puse delante de una cámara me di cuenta de que tenía que volver a desaprender todo lo que había aprendido después de desaprender por primera vez. Veo, aunque no los veo nunca, mis primeros trabajos en ‘Siete vidas’, en ‘Matrimonio con hijos’ y pienso: “eras un pringadillo, chiquillo, no sabías de qué iba el oficio realmente”. En ese sentido creo que mi carrera es como yo, un poco diesel. Luego la aparición del cine fue ya el summum porque adoro el cine. Y todo nos lleva al ahora, un momento de una ilusión tremenda porque veo que tantos años de oficio me ponen en situación de aprender de verdad.
¿Cómo fue el aterrizaje en el cine?
En cine he hecho papeles secundarios, media docena de películas, he hecho muy poco cine en realidad. Con el primero que hice cine, aunque fue un mediometraje, fue con mi amigo José Miguel Iranzo, que falleció el verano pasado. Él rodó en 1996 un mediometraje en 16mm, titulado ‘Tempora y Violeta’, que fue un hito en el audiovisual aragonés porque era la primera vez que un realizador de aquí se metía en un pollo como aquel. A mi amigo Iranzo le debo que fue el primero que confió en mí para algo que no fuera teatro. Luego fue Paula (Ortiz), en ‘De tu ventana a la mía’ (2011) me hizo un pequeño regalo que luego por cosas de montaje quedó muy disminuido, pero yo siempre se lo he agradecido muchísimo a Paula.
Luego vino la película que más me ha dado, no por el trabajo en sí mismo sino por lo que supuso, que fue ‘Altamira’ (2016), por el hecho de trabajar en inglés, con un grupo de actores ingleses a quienes admiro mogollón y allí había tres o cuatro de los que a mi me molan mogollón, Rupert Everett, Henry Goodman, Antonio Banderas que es un tipo genial, y eso me dio un plus de confianza, porque ya el casting lo hice en inglés con Hugh Hudson. Nunca pierdo de vista de dónde vengo, dónde empecé y yo empecé prácticamente en los carromatos, en las eras, en los campos, y este tipo de oportunidades me han dado un corpus, un bagaje que para mi es muy valioso y un empuje muy grande para seguir trabajando.
Después hice ‘La higuera de los bastardos’ (2017), con Ana Murugarren, que fue también una cosa de estas extrañísimas porque a Ana, que es una de las personas más punkis que he conocido en mi vida, yo no la conocía de nada. Fui a trabajar a Bilbao, a una cosa de teatro a casa de Ramón Barea, que es mi maestro, y me llaman y me dicen que había una directora que me había visto en una foto en Facebook y que me quería para su próxima película porque necesitaba mi careto. Pues vamos para allá y allí fuimos a grabar ‘La higuera de los bastardos’ que fue otra escuela, con un rodaje durísimo, que nunca había hecho, de noche prácticamente entero, con el tiempo vasco, frío, lluvia, unas condiciones durísimas, haciendo un personaje que era un secundario, pero con presencia. Y trabajar con Karra Elejalde que es una escuela en sí mismo, un tipo fascinante. Fue muy grato, y ahí andamos.
Has hecho cine, teatro, tele, eres poeta, dramaturgo, ¿qué te aporta cada una de esas facetas?
Entender el mundo, entender lo que pasa, intentar explicarlo, ese es mi oficio como actor. Yo siempre digo que soy un actor que escribe, que publica libros de vez en cuando, que de vez en cuando da una clase de hablar en público, pero siempre es el actor el que está detrás y un actor que necesita entender, aunque todo sea incomprensible, pero necesito entender algo para poderlo contar después en el escenario. Porque además pienso que estamos en un momento flipante a nivel cósmico, terrenal, cultural, artístico, teatral, es un momento flipante.
Hay una frase de Antonio Gramsci, que era un pensador marxista italiano, que decía: cuando lo viejo todavía no se ha muerto del todo y lo nuevo todavía no ha terminado de nacer del todo, en ese periodo incierto es donde surgen los monstruos y yo creo que estamos en un momento de esos. Los antiguos paradigmas, a todos los niveles, están en cuestión, hay una nueva realidad y explicación de la realidad, un nuevo humanismo, hay un cambio brutal y el cine, el teatro, la novela, la literatura, la moda, todo tiene que explicar eso que está pasando, contarlo.
«En estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesía en el escenario»
Además de la pasión por el teatro, conocemos tu pasión por escribir
Esa pasión llegó más tarde, son cosas que han ido surgiendo con el tiempo. No pude escribir nada hasta que no me compré mi primer ordenador. Y se podrá pensar: “pues vaya pijada”, pues es que es verdad. En el año 2000 me compré mi primer ordenador y empecé a escribir. ¿Por qué? No lo se. Buñuel decía que somos básicamente un 80 por ciento de química y un 20 por ciento de misterio, pero lo que realmente detona las cosas es el misterio y eso me ha pasado, se han ido detonando pequeñas cosas ahí.
¿Empezaste a escribir obras teatrales o poesía?
Empecé haciendo una obra de teatro, escribiendo teatro. Soy culo de mal asiento, me gusta trabajar, pero siempre me ha costado permanecer en un sitio mucho tiempo, periódicamente necesito conocer gente distinta, modos de trabajar distintos, visiones distintas, puntos de vista diferentes, necesito salir de mi zona de confort casi constantemente porque es lo que me mantiene vivo, en forma, alerta.
¿Y cómo empezaste en la poesía?
El actor una vez hubo un momento en que descubrió la poesía, una cosa que no me interesaba nada en absoluto, como a otros jóvenes, pero en un momento de mi vida determinado cae en mis manos un libro de Allen Ginsberg, que se titula ‘Aullido’, y me pega una patada en la frente tan descomunal que me doy cuenta de que no puedo seguir viviendo si no hago eso en un escenario, no se cómo ni con quién, pero tenía que hacerlo ya. Entonces me junté con un músico amigo, José Javier Gracia, un maravilloso guitarrista de rock, él con su guitarra eléctrica y yo con el libreto de ‘Aullidos’. Nos emborrachamos juntos una noche pensando en lo que íbamos a hacer y a la mañana siguiente pasó algo mágico, y es que realmente nos juntamos, con una resaca del siete, pero los dos acudimos a la cita que teníamos y creamos ‘Territorio beat’.
Y la poesía empieza a formar parte de mi actividad de manera constante, porque funciona de puta madre en el escenario, porque la poesía tiene un poder escénico que es algo que fue para mí completamente inesperado, pero en lo que me volqué y en estos últimos veinte años mi gran proyecto personal ha sido la poesíaen el escenario, que me ha permitido conocer a mogollón de músicos, trabajar con ellos, descubrir la relación maravillosa que hay entre la palabra, la música, el gesto, el movimiento, la cámara, porque hemos hecho experimentos con televisión y seguimos, me flipa.
Empecé a leer la poesía que me gusta a mí, no con la que nos han torturado durante años en el colegio y nos han hecho que nos alejemos de la poesía, sino la poesía que se está haciendo ahora, la mayoría de mujeres, que escriben una poesía que es la rehostia. Pero hay versos que no he leído y esos modestos versos que no he leído los tengo que escribir yo y por eso publiqué ‘Big Bang’ hace año y medio.
En ‘Don Quijote somos todos’, con Teatro del Temple, además de interpretar un papel en la obra, con la que estás nominado en el Teatro Rojas de Toledo, eres autor del texto. ¿Cómo te enfrentas a esa escritura? Pones a Don Quijote a solucionar la despoblación
Para empezar a escribir siempre me hago preguntas, en este caso una pregunta: en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Por qué, qué pasa en ese pueblo, por qué no te quieres acordar, dónde está, quiénes son, quiénes quedan hoy en día? Y de la respuesta a esa pregunta surge todo el texto. Yo estaba leyendo, además, ‘La España vacía’, de Sergio del Molino, que me había flipado, y eso sumado a la influencia de Berlanga, Azcona y Cuerda. No les conocí personalmente, pero es como si estuvieran muy cerquita de mí y no me explico por qué no han dejado más huella, por qué nadie sigue esa estela tan nuestra, ese humor cervantino.
A raíz de todo eso surge y porque estoy muy interesado en cómo se funden cine y teatro, aunque a veces tienen problemas de relación. Pero yo no creo que deban tener problemas de relación, el cine es un hijo aventajado del teatro que en el siglo XX toma vida propia, aunque a veces se consideren que son dos fenómenos separados el uno del otro. Tanto en dramaturgias como en guiones hay esa sinergia en el tratamiento de diálogos, en el desarrollo de los personajes, en el uso de la elipsis y la economía expresiva. Fruto de todos estos movidones surge ‘Don Quijote somos todos’, una manera de dialogar, de replica contrarréplica que sea muy rápida, que trascienda el ritmo del teatro.
Volvamos a tu faceta audiovisual, ¿cuál ha sido el último trabajo en el que has participado?
‘Servir y proteger’, en TVE, como actor. Estoy muy ilusionado con la tele porque empecé mayor, mi carrera es incomparablemente más corta en la tele que en teatro, pero es que le pongo mucha ilusión y soy muy tozudo e insistente, persistente y cabezón, cuando quiero algo de veras no tengo prisa, y estoy acostumbrado a salirme con la mía. En este momento de mi carrera me gustaría mucho, y en ello estoy, espaciar un poco más el teatro y frecuentar un poco más los platós, que es una cosa que ahora, con 57 años, aunque me quedan muchos años buenos de carrera, siento que estoy en un momento muy bueno para reinventarme otra vez. Con esta pandemia esto nos está ocurriendo a todos, pero estoy muy ilusionado con eso, y rodeado de gente estupenda, que me quiere mucho y me están apoyando mogollón y ahí vamos a estar.
¿Cómo es trabajar en una serie diaria?
Encantador. He hecho dos series diarias, en ‘Servir y proteger’ he estado dos meses y en ‘Amar es para siempre’ estuve una temporada y estaba entonces haciendo teatro en Madrid. Yo descanso cuando trabajo, con ‘Servir y proteger’ estuve en diciembre y estaba haciendo ‘Don Quijote somos todos’, en Valencia y recuerdo el primer día de grabación en ‘Servir y proteger’, entraba en el primer turno de grabación del día, lo que significa que tenía que estar en maquillaje a las seis y media de la mañana. Me pasaban a buscar a las 5:45 horas del jueves. Pero yo estaba en Valencia haciendo teatro, la función empezaba a las ocho de la tarde y acababa a las nueve y media.
Me tuve que coger un coche de alquiler, algo de cena, y conducir pitando a Madrid; llegar, devolver el coche de alquiler, que parece una cosa sencillísima, pero que a las dos de la madrugada es una putada enorme; irme al hotel, dormir, pasar a buscarme, grabar hasta las dos y media de la tarde, ir a Atocha, coger un AVE y volver a Valencia para subir al escenario a las siete de la tarde. No digo esto como quien vive un vía crucis, no lo puedo decir, hubiera preferido que hubiera habido Aves por la noche, pero es que este oficio es así y me críe viendo como los grandes actores y actrices hacían un ‘Estudio 1’ que se pegaban diez horas grabando y luego se iban al teatro a dos funciones. Hay que currar.
«El gran producto que Aragón exporta es cultura y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí»
Has participado en otras series nacionales, ‘Los hombres de Paco’, ‘Cuéntame’, episódicos, ¿pero qué te han aportado esos papeles?
La necesidad de adaptarte enseguida a un equipo que funciona perfectamente, eso fue lo primero que aprendí en estos episódicos en que grabas un día y desapareces. Llegas a un ecosistema compuesto por ciento cincuenta millones de piezas que funcionan todas de puta madre y donde lo único que te exigen es hacer un ensayo con cámara y una toma. Siempre he pensado que una de las responsabilidades de los actores es, lo primero, no dar mal, lo segundo solucionar problemas y, lo tercero, adaptarse a los ritmos, a los estilos, a los modos de trabajar de cada equipo y ficción.
Ese trabajo era la única manera de hacer tele porque ahora en casa, en Aragón, parece que empieza a moverse algo, pero hace diez años no podía pensar en hacer nada aquí en tele. La única manera que he sabido ha sido esta, empezar de muy abajo, que sigo estando ahí, e ir haciendo cosas y que me sirva para progresar. Luego pienso que de alguna manera las cosas cuadran, porque luego surge la oportunidad de ‘El último show’, con un personaje que no era para mí, que no estaba escrito para mí, que no era la primera opción, ni la segunda, seguramente tampoco la tercera, pero que al final hubo casting, convencí a Alex (el director) de que era yo. Y sin todo lo de antes, y el background del teatro…
Te vimos en ‘El último show’ y en la película ‘Reset’, en la que participas en el corto de Nata Moreno, ¿qué piensas de esa apuesta de la tele por la ficción desde Aragón?
Qué os voy a decir, esto lo necesitábamos. Hay una cosa que me llena siempre de perplejidad y es que en Aragón, si echamos un vistazo a su historia y le decimos a cualquiera que nos diga cinco aragoneses ilustres, me juego el dinero que no tengo a que de los cinco nombres cuatro son de artistas. El gran producto que Aragón exporta es cultura, es arte, artistas, y lo que está pasando ahora en el audiovisual no es más que la cristalización de un talento oculto que ha estado ahí, como las lombrices de los terrarios que hacen el hueco en la tierra para que eso se oxigene, la tierra no se compacte y acabe aplastando la raíz; pues eso es lo que ha pasado. Lo que hace falta es que esa trayectoria continúe.
Me hizo muchísima ilusión participar en ‘El último show’. La época dorada del audiovisual está por venir, todavía están los monstruos ahí, todavía lo nuevo no ha nacido del todo y todavía lo viejo no acaba de morir. Esta ciudad es un ecosistema muy complicado, pero tengo mucha ilusión por la gente joven, que algunos son los que nos están dando momentos de exaltación como ahora mismo Pilar Palomero, Javi Macipe, lo que está haciendo Paula Ortiz, no quiero reducirlo a ellos tres, pero es brutal, en una comunidad como esta. Yo trabajo mucho en Bilbao, que es una comunidad mucho más potente y con un concepto de lo propio mucho más desarrollado que el nuestro, un afán de intervenir y de proteger su fenómeno cultural que es indiscutible y que está plasmado en lo práctico, en la pasta, y mis colegas vascos me dicen: “pero por qué os queréis tan poco en Aragón si las cosas que vemos son de puta madre, pero no os queréis” y les digo que nos queremos mucho, pero que los que no nos quieren son los que podrían hacer esto más fácil, los políticos, los gestores, los funcionarios.
Además de teatro con ‘Don Quijote’, ¿dónde te podremos ver ahora?
Hay un proyecto muy bonito en el que llevo ya tres años con él, que es una versión de Macbeth de Shakespeare, he escrito una versión para cabaret y ese espectáculo debería haberse producido este año pasado en Madrid, pero por la pandemia no se pudo hacer, retrasamos el plan de producción y se va a hacer el año que viene. Estoy muerto de ilusión con ese trabajo porque llevo tres años peleando con él.
En lo audiovisual, como soy un poco supersticioso, me vais a permitir que me calle. En cada una de las facetas en las que estoy intentando desarrollarme tengo proyectos estupendos, estoy ahora acabando mi segundo libro de poesía y estoy escribiendo un proyecto de serie de televisión a medias con Alberto Andrés Lacasta.